Todo sucedió tan rápido, en un momento le estaba jugando una pequeña bromita de bienvenida a uno de los nuevos visitantes del pueblo, y al siguiente sentía como si su mejilla hubiera colisionado a toda velocidad contra una pared de piedra. Definitivamente no se necesita super fuerza para hacer daño.

«Ouch, esto sin dudas dejará una marca» pensó mientras iba de camino a Casita. Dentro de poco sería hora de la cena y esperaba poder tomar un bocado de la mesa antes de que alguien notara la marca en su rostro. Y por sobretodo esperaba que por algún otro milagro divino toda esa conmoción haya pasado desapercibida por...

—¡Camilo! —Ni siquiera debió dudarlo, una cosa es pedir un milagro y otra un imposible. Adoraba a su hermana pero su audición combinada con su facilidad para soltar información eran receta para el desastre.

—Hola hermanita ¿cómo ha estado tu día? —intentó ser casual mientras intentaba llegar al comedor, pero sabía que era inútil.

—Escuché lo que provocaste hoy en el pueblo, y la manera poco discreta en la que te cubres el rostro con tu mano sólo lo confirma —le dijo Dolores con su expresión calmada característica, pero aún así el chico podía sentir su molestia.

—¡Dolores lo sé! Pero por favor podrías guardar el secreto sólo por está vez, ya sabes como se pone mamá con...

—¿Con qué? —preguntó su madre mientras bajaba las escaleras en compañía de su padre.

—Nada mamá, es sólo que...

—¿Y por qué no te sacas la mano de la mejilla? —le interrumpió su madre. «Demonios, debí correr a la mesa cuando pude» se lamentaba mentalmente el chico.

—¡No es nada! Me tropecé eso es todo, y si me permiten quisiera ir a la mesa a... —Pepa tomó la mano con la que cubría el moretón y ya con eso sabía que no habría escapatoria. Se preparó mentalmente para lo que estaba por llegar.

—¡No me mientas! Si sólo hubiera sido una caída no estarías tan concentrado en cubrirlo ¡¿Camilo Madrigal en que problemas te metiste esta vez?! No me digas que te metiste en una pelea —le regañó su madre, ya con una nube oscura sobre su cabeza que se expandía más a cada segundo.

—¡No madre! Claro que no fue una pelea —dijo Camilo intentando calmarla.

—¿Entonces que fue Camilo? —preguntó Félix, quién se dividía entre darle a él una cara de decepción y a su madre una de preocupación.

Camilo intentó responder pero no supo ordenar las palabras en su cabeza, lo cuál era muy extraño en alguien tan hablador como él, pero simplemente no había manera de contar lo sucedido sin que suene mal.

—¿Dolores, tienes algo que decir sobre esto? —interrogó Pepa, ligeramente más calmada.

La hija mayor al ver todas las miradas sobre ella se limitó a hacer su clásico sonido y mirar fijamente a la nada, pero aún así Camilo podía ver como la mente de su hermana hacía cortocircuito al debatirse entre hablar o no. Decidió liberarla de su «sufrimiento», al fin y al cabo este ya era un caso perdido.

—Puedes contarlo Dolores, yo sé que quieres —y a este aviso Dolores no perdió ni un segundo.

—Camilo recibió el golpe al hacerle una broma a la hija de los nuevos visitantes —dijo la chica a toda velocidad.

—¿Qué clase broma? —siguió insistiendo su madre.

—Camilo tomó la forma de Cecilia y se hizo pasar por su gemela, después comenzó a hablarle de manera coqueta aún usando el cuerpo de niña, asustando a la chica hasta acorralarla contra una pared...

—¡Dolores suficiente! Me haces quedar como un loco, sí quizás me pasé un poco pero juró que no fue mi intención. Yo sólo quería sorprenderla pero la manera en la que comenzó a retroceder me hizo... querer ver que sucedía después.

—Tú mismo te haces quedar como un loco —contraatacó su hermana.

—Camilo... —dijeron ambos padres al unísono con incredulidad.

—¿Qué sucede? ¿Están discutiendo? —preguntó de repente la abuela, ahora esto sí se veía mal.

—Bueno mamá lo que sucede es... ¡A la mesa! —dijo Pepa con una risa nerviosa, guiando a su madre a la mesa en un intento por cambiar de tema, pero sabía que Alma no los dejaría ir tan fácilmente.

Al final decidieron contar lo sucedido intentando omitir las partes más incómodas, por suerte la abuela se enfocó más en las consecuencias de la broma que en la broma en sí.

—Camilo, no puedes olvidar que las personas más allá del pueblo no saben de la existencia de la magia, no tratar el tema con discreción puede traer muchos problemas —dijo la abuela con voz serena, pero eso no cambió la manera en la que el joven lo escuchó, él lo seguía sintiendo como un regaño.

—Lo sé abuela —respondió Camilo avergonzado sin atreverse a levantar la mirada de su plato, incluso con la cabeza baja podía sentir todos los ojos sobre él.

—Esto podría darle mala imagen a nuestra familia y a Encanto —continuó la abuela conservando su tono formal.

—¿Dolores, podrías decirnos como está la situación con los visitantes? —le preguntó Pepa a su hija, pero cuando Dolores estaba a punto de responder la abuela Alma levantó su mano, pidiéndole que se detenga.

—No es lo más conveniente, los habitantes del pueblo son conscientes de la habilidad de Dolores pero los nuevos visitantes son ajenos a su existencia, no sería correcto invadir su privacidad. Lo mejor será que Camilo se disculpe con la jovencita mañana, y que le hagamos ver a la nueva familia que no hay nada que temer —concluyó Alma mientras la familia se levantaba de la mesa.

Camilo se alejó del comedor rápida pero discretamente antes de que otros familiares le hicieran preguntas, refiriéndose específicamente a Isabela y Mirabel. Probablemente lo harían tarde o temprano pero ahora él tenía que averiguar algo, antes de entrar a su habitación le susurró a Dolores que quería hablar con ella, sabía que escucharía, unos segundos después su hermana también entró.

—Dolores por favor necesito que me digas que escuchaste en la casa de los visitantes —le pidió a su hermana.

—La abuela dijo que no era correcto, además no eres tú él que siempre dice que no debería decir a los cuatro vientos todo lo que escucho —dijo la mayor con cara escéptica.

—Dolores por favor lo necesito, si no me ayudas puede que no me disculpe de la manera correcta.

—Ese es el riesgo que corren todas las personas que están en tu posición —con esas palabras Camilo sintió que ya había perdido —pero podría decirte una pequeña parte que parece importante, claro, siempre y cuando pueda seguir hablando de todo lo que quiera sin que me detengas.

—¿Y cuando he podido detenerte? —preguntó Camilo levantando la mirada incrédulo.

—No tientes tu suerte niño —le respondió Dolores dándole un pequeño empujón en el hombro, a lo que ambos se rieron un poco, esa pequeña «discusión» entre hermanos logró que Camilo se sintiera un poco mejor.

—Bien, escuché que...