Muchas gracias a La Familia Brief por el apoyo al fic, espero que este nuevo capítulo sea de tu agrado!


Capítulo 3: El fin de la amistad

A medida que pasaba el tiempo y el trío de amigos crecía, llegando a los dieciséis años, cada uno de los dos varones, a su modo, desarrollaron sentimientos de admiración y algo más hacia la cada vez más bella Petra, haciendo que los dos mozuelos empezaran una rivalidad silenciosa por sus atenciones. Zeke llevaba una gran ventaja, ya que sabía tratar a la gente, y engalanaba a Petra con detalles que a ella le encantaban. Levi, en cambio, tenía un complejo de inferioridad debido a eso, para él hacer esas cosas era impensable. Cada vez que le gustaba una chica simplemente la acorralaba y ya, no se andaba con rodeos. Y sabía que con Petra no podía hacer eso, ella valía demasiado y merecía lo mejor de lo mejor.

Kenny, como era de esperarse, ya lo había llevado al burdel del pueblo para iniciarse en las artes amatorias y empezar a considerarse todo un hombre. El jovencito, en ese momento, apenas era consciente de lo que hacía, no tenía ni idea de por qué su tío lo dejó solo en una perfumada habitación con una mujer algo mayor, ya que a juicio de Kenny, las veteranas eran mejores a la hora de iniciarse. Volvió a la mañana siguiente para pagar generosamente y llevarse a su sobrino de allí, encontrando a un pobre Levi aún turulato por su primera experiencia aunque algo apesadumbrado. Y es que el pobrecito tenía ganas de llorar: él quería que fuera con Petra, no con una mujer desconocida y que apestaba a perfume barato y cigarrillo. Pero tampoco podía defraudar a Kenny.

No tenía ni idea de si Zeke había pasado por lo mismo. Seguro que sí, pero de forma más discreta que él; Grisha no era como Kenny, que se la pasó aclamando su desfloramiento como si fuera el acontecimiento del año. Siempre había notado que el rubio se mantenía frío e imperturbable cuando pasaban delante del burdel, aunque las chicas lo saludaran sólo a él (Zeke era alto y mucho más guapo que él). Quién no querría desflorar a ese muchachito, al que apodaban "el príncipe de Aubagne". Un día se enteró de casualidad que Zeke en efecto ya había debutado, sólo que su padre tuvo cuidado de que fuera en otra ciudad, a fin de no ser la comidilla local.

Sólo quedaba Petra, a quien ambos muchachitos soñaban no sólo con hacerla suya, sino también con que sea la señora Jäger o la señora Ackerman, respectivamente. Pero la pelirroja no le daba importancia a esas cuestiones; sus padres, en vez de ser los típicos santurrones que guardan la virginidad de sus hijas al mejor postor conyugal, prefirieron educarla para que llegado el momento, hiciera las cosas guiada única y exclusivamente por el amor y la responsabilidad, aunque en el fondo sí soñaban con verla casarse de blanco con todo el derecho del mundo.

Y ahí era donde entraban esos dos.

Pero Levi sabía que si no se apuraba, Zeke terminaría siendo el vencedor de esa guerra fría entre ellos. El joven Jäger era el candidato y yerno ideal, y los Ral no serían la excepción a la hora de dejarse impresionar por el muchacho. Y aunque los dos eran ricos herederos, había un abismo de diferencia en cuanto a clase y estirpe. Se trataba del jumento de Levi Ackerman, hijo de unos inmigrantes y de un don nadie, contra Zeke Jäger, descendiente de los respetados Jäger y los nobles Fritz.

Así que un día se confesó así sin más.

-Quiero hablar contigo. – le pidió/ordenó a su amada en secreto mientras se pasaba la mano por sus cabellos negros, visiblemente nervioso y algo sonrojado.

-Dime, Levi. – respondió Petra con su voz cantarina una vez que llegaron y se sentaron en un lugar más privado en la serranía.

Levi caminaba de un lado a otro, colorado hasta las orejas.

-Mierda, Petra, no sé cómo hablar. – empezó el chico – Pero desde hace mucho tiempo que siento cosas por ti. Tsk, cómo explicarlo…

Petra estaba roja como un tomate, ya que estaba empezando a entender. Levi la contemplaba con el rostro ceñudo.

-Quiero hacer contigo cosas que no hacen los amigos y ya no quiero que Zeke ande cerca de ti. – soltó, haciendo que la pobre pelirroja hiperventilara, pues le correspondía.

Aunque no podía dejar pasar ese guiño hacia Zeke.

-¿Qué tienes contra Zeke? Es nuestro amigo. - le reprendió ella, aún sonrojada.

-Nada, pero sé que le gustas y Kenny siempre dice que a la mujer de uno hay que alejarla de los rivales. – contestó de mala manera el otro, celoso.

Petra pasó de un momento a otro a estar furiosa.

-¿Y desde cuándo soy tu mujer? – inquirió molesta.

-¡Desde siempre, mocosa!

-¡Bueno, para tu información no lo soy! – exclamó la chica poniéndose de pie, pero antes de irse dijo – Levi, yo también te amo (aunque ni siquiera lo hayas dicho de manera apropiada), pero no puedo aceptar estar con alguien que me limita y me cela todo el tiempo. No soy propiedad de nadie y…

Se vio interrumpida por el apasionado beso de Levi, haciendo que perdiera el aliento y desfalleciera en sus brazos. No importaba la resistencia que quisiera aparentar, ella no podía con él, y con ese pensamiento, correspondió a su beso con igual intensidad.

Cuando se separaron por falta de aire, Levi apoyó su frente contra la de ella.

-Perdóname, dejaré de ser tan imbécil contigo, pero entiende que tengo miedo. Zeke es todo lo que yo nunca podré ser y hasta te conviene más que un burro como yo, pero es que no puedo evitarlo…

-Levi, Levi, Levi… - suspiraba Petra llenándole la cara de besos. Ambos reían para luego hablar con cierta preocupación sobre cómo tomarían sus familias su relación. Sobre todo, les preocupaba más Zeke; Levi era el más intranquilo: lo había vencido como rival pero también quería conservarlo como amigo.


Lamentablemente, al día siguiente fue el turno de Zeke para confesarse a su adorada, con resultados infructuosos, aunque él aún no lo sabía.

Se presentó en la casa de los Ral con un ramo de peonías y le pidió a Petra salir a pasear contemplando en atardecer. La jovencita aceptó, con el corazón lleno de culpa y dolor, pues también se había dado cuenta de los sentimientos de su amigo hacia ella y no podía corresponderle.

Paseaban tranquilos cuando de repente un nervioso Zeke comenzó.

-Petra…escribí este poema para ti. – le entregó un papel que ella leyó conmovida – Quiero confesarte algo desde lo más profundo de mi corazón. – tomó la mano de la chica y la posó sobre su propio pecho – Desde la primera vez que te vi, cuando éramos niños, quedé prendado de tanta belleza, gentileza y dulzura tuyas, que para mí fue inevitable enamorarme de ti. Eres el ser más puro y amable, y por eso te amo, Petra. Dentro de poco mi padre me enviará a Marsella para estudiar, y como no estaré aquí tan seguido, quisiera pedirte que me deleites con el placer de tu amor y tu compañía. – ella lo miraba impresionada y con lágrimas en los ojos – Te amo tanto que me da miedo, es un amor fuerte y sincero el que siento por ti.

Silencio.

El chico sudaba frío y casi se afiebró del terror al verla llorar. Eso no era buen augurio, pues ésas no eran lágrimas de felicidad.

Eran de culpa.

-Zeke… yo… me encantaría corresponderte, pero sabes que en el corazón no se manda. – le dijo Petra entre lágrimas – No puedo aceptarte por dos razones: no puedo obligar a mi corazón a sentir algo por ti más allá del cariño incondicional que siempre te tuve, pues te terminaría lastimando. Y porque… - vaciló – Empecé una relación con Levi…

Notó de inmediato cómo el rostro de Zeke se teñía de verde para luego empalidecer como un muerto. Él estaba paralizado.

Ella seguía llorando desconsoladamente, pero si había algo que el joven Jäger había aprendido dada su posición, era el no perder la compostura. Y este rechazo no sería la excepción.

-Ya veo. – dijo con voz ronca y apagada – Disculpa que te haya molestado. – se dio media vuelta y desapareció de la vista de una atribulada Petra.

Zeke llegó a la finca Soubeyran dando un portazo que hizo que hasta en las cocinas dieran un respingo del susto. Grisha y su flamante esposa Carla, quienes sabían de los planes del rubio, estaban esperándolo en la sala ansiosos, confiando en que Petra pronto pudiera ser parte de la familia. Grande fue su sorpresa al ver al joven regresar solo y con la mirada llena de furia.

-¿Zeke…? – comenzó su padre con cautela.

-Haré mis maletas. – le cortó su hijo – Adelantaré mi viaje a Marsella.

-Pero si aún falta…

-¡QUE ME VOY! – bramó Zeke subiendo por las escaleras y lanzándole una mirada de odio a Carla. Ése era otro problema que tuvo que soportar desde la muerte de su madre: una intrusa que sólo servía para consolar a su padre, así la veía él. Ahora se marcharía de allí y se alejaría de las personas que a su juicio, le estaban fastidiando la vida.

Carla agachó la mirada con tristeza, ella realmente quería llevarse bien con Zeke. Más ahora que estaba embarazada y pronto le daría un hermanito.


Al día siguiente, Levi y Petra se encontraron en su lugar de encuentros, el mismo lugar donde el chico Ackerman se le había declarado. Levi notó que Petra estaba con los ojos hinchados, pero él lo sabía todo, pues los había espiado a lo lejos la tarde anterior. No necesitó escuchar nada para darse cuenta de lo que pasaba con Zeke.

-Los vi. – dijo entre culpable y celoso mientras la abrazaba – Pero no creas que le estamos haciendo algo malo a él, tiene que entender que nos queremos. Y nosotros tenemos que tener paciencia para recuperarlo, debemos darle su espacio.

-Me sentí muy mal por decirle todo eso. – dijo ella apenada – Espero que ahora que dentro de poco se irá a la ciudad, pueda distraerse con sus estudios y las cosas que hay allí.

Levi no estaba muy seguro de eso pero asintió. La pelirroja se abrazó más a él y eso despertó algo en el azabache, por lo que en un impulso empezó a repartir besos por sus cabellos y bajando por su cuello.

-Levi… - empezó Petra, ruborizada.

-¿Quieres que me detenga? – le preguntó él bajando las tiras de su vestido.

La joven Ral tenía un tórrido duelo interior, entre la razón y el deseo. Mandó al diablo a la razón.

-No, quiero que sigas. – le respondió abalanzándose sobre él y ayudándolo a despojarse de sus ropas.

Él sonreía contra su boca mientras seguía en lo suyo.

Y rendidos ante la pasión, se dejaron caer para luego dar lugar a caricias y suspiros más atrevidos, que con el correr de los días aumentarían de intensidad y frecuencia. No había un día en que no se exploraran, llegando al punto de conocerse a la perfección mediante sus manos y sus besos. Y Petra sabía que estaba bien lo que hacía, porque se estaba entregando al hombre que amaba.

Fue así que Levi tuvo la dicha de ver sus sentimientos correspondidos, aunque no permitía que la emoción se le notara mucho y viéndose en la dificultad de expresarse como era debido con ella. Maldecía a su tío y a su abuelo por hacer de él un chico bruto y sin modales. Todo lo contrario a Zeke, quien parecía haber nacido con el don de la palabra y el buen gusto, pero teniendo que conformarse con la amistad de la chica de cabellos rojizos y mirada melada.


Y hablando de Zeke…

Pasó el tiempo y no lo veían, hasta que Levi se enteró de paso que el chico había estado preparando todo para adelantar su viaje a Marsella. El azabache frunció el ceño: entendía su desilusión y su enojo, pero no que ni siquiera se dignara en avisarles apropiadamente para despedirlo y tratar de limar asperezas.

Fue una tarde que lo vio salir de su casa rumbo a la Gare d'Aubagne, en medio de la ciudad, para tomar el último tren a Marsella. A pesar de que su padre y su madrastra quisieron acompañarlo, Zeke no lo permitió, deseando ir solo y ahorrándose las despedidas sin sentido. Enojado, Levi lo siguió. Y cuando llegaron a la estación, se dejó ver para encararlo.

-¿Se puede saber qué te pasa para que andes desaparecido? – le reprochó el joven Ackerman.

A Zeke se le erizaron los vellos del brazo al escuchar esa voz que ahora se le antojaba molesta y suspiró, pues tarde o temprano tendría que enfrentarlo.

-¿Para qué preguntas si ya sabes la respuesta? – replicó mirándolo con desprecio – Debes de estar más que contento, pues bien: que les vaya bien y déjenme seguir con mi vida.

Anunciaron la llamada para los pasajeros.

-Zeke… - empezó Levi, pero éste no le dio tiempo para nada y rápidamente tomó sus maletas y subió al ferrocarril.

Levi quedó paralizado donde estaba, conmocionado. Cuando el tren empezó a ponerse en marcha, se puso a correr por el andén para llamar a su amigo.

-¡ZEKE!

Pero el rubio de lentes en ningún momento lo miró, y el tren se alejó hasta desaparecer en la lejana tarde dorada.

Zeke Jäger se marchaba de Aubagne sin mirar atrás.

Debido a tales desavenencias y a sus estudios que lo hacían ausentarse, su relación con Levi y Petra terminó totalmente fracturada, haciendo que los otros dos lo extrañaran, ya que incluso durante las vacaciones el rubio se la pasaba en la ciudad. No ayudaba el hecho de que su madrastra Carla diera a luz hacía poco a un niño de nombre Eren. Otra razón para mantenerse alejado de Aubagne.


Pasaron los meses y Grisha Jäger, cansado de la actitud altanera y evasiva de su hijo mayor, lo obligó a pasar tiempo en la hacienda para convivir con su nuevo hermano, y una noche, mientras el jovencito iba por un vaso de agua en la cocina, vio las luces del despacho de su padre encendidas y al acercarse fue inevitable para él oír sorprendido una conversación que se daba entre él y nada más y nada menos que Kenny Ackerman.

-Nadie sospechará de nosotros, haremos pasar como que fue un accidente. – le decía Ackerman con voz malévola – Después, esas tierras se subastarán a falta de herederos y podremos comprarlas por un precio ridículo. – y agregó entrecerrando los ojos – Sé que tú también deseas tanto como yo ese manantial, así que la mitad será para ti y la otra para mí.

Grisha Jäger lo escuchaba aterrorizado.

Era verdad, él también ambicionaba esas tierras. La primera vez que puso un pie en Aubagne se interesó por ellas al oír hablar del mentado manantial, por lo que en un paseo furtivo quedó prendado de la vegetación y los suelos de esas propiedades, más verdes y rozagantes que el resto de la región. Al principio, le hizo la competencia a Kenny para ofrecerle un buen dinero a Pierre Ral por Romarins, a lo cual éste respondió con un amable pero firme rechazo. Se terminó rindiendo, pero fue testigo de cómo Kenny Ackerman seguía procurándole y acosando a causa de esas tierras, pero el austríaco sospechaba que había algo más en Ackerman que el mero hecho de aumentar su patrimonio.

Pero no podía prestarse a esto que le proponía ese hombre. Por nada del mundo.

-¿Estás hablando de matar a toda la familia Ral provocando un incendio en su propia casa? – chilló, haciendo que a Zeke se le erizaran los vellos de la nuca. No podía ser, no podían matar a Petra.

-Será fácil, ya que prácticamente viven en un cuchitril, y sus pocos trabajadores viven lejos de ellos. – le explicaba su socio – Mañana por la noche mandaré a mis hombres para llevar a cabo la faena. Los tomarán desprevenidos durmiendo y me aseguraré de que bloqueen todas las salidas. Sólo hacen falta más hombres tuyos para colaborar.

Zeke sudaba frío mientras se llevaba una mano a la boca para no gemir del terror, mientras gruesas lágrimas corrían por sus mejillas.

-No, no, no, no, Kenny. – replicaba Grisha compungido con las manos en la cabeza – Así no se hacen las cosas. Ya hemos hecho diferentes ofertas que Ral rechazó, es hora de resignarse. Además, tengo una reputación que cuidar. – agregó, mirándolo a los ojos y pensando en su familia y posición social.

Kenny Ackerman hizo una mueca de desprecio.

-¿Así que no quieres apoyarme con esto? Como quieras, Jäger. Pero antes de que intentes algo estúpido, déjame decirte esto: ahora sabes lo que pretendo hacer, y si te atreves a abrir tu bocota, yo también abriré la mía para sacar ciertos trapitos sucios tuyos, con pruebas incluidas. Eso, sin contar lo que pudiera sucederle a tu mujer y a ese par de mocosos que tienes. – le amenazó con una sonrisa de oreja a oreja. Luego se levantó, y acomodándose el sombrero, cambió el tono – Bueno, me despido, señor Jäger. Aunque poco fructífera nuestra reunión, fue un placer departir contigo. Cuida mucho de tu familia. Buenas noches.

Dicho eso, se retiró dejando a Grisha en un estado de aturdimiento y culpabilidad, ya que estaba siendo cómplice de un asesinato en contra de su voluntad. Zeke salió de su escondite y encaró a su padre, provocando que éste diera un brinco al verse sorprendido.

-Escuché todo. – dijo Zeke con voz seca y mirando a Grisha con rencor - ¿No harás nada en serio, Pater?

Luego de la sorpresa de verlo aparecer ante él, su padre sólo se limitó a sonreír con desgano.

-No puedo Zeke, ya oíste lo que dijo Kenny. Estaremos acabados si intentamos algo.

-¡PERO NO PUEDEN MATAR A PETRA! – rugió el joven destilando odio. Además, se preguntaba en qué asuntos turbios se habrá metido su progenitor como para que Kenny Ackerman tuviera la desfachatez de amenazarlo. Si no fuera por ese detalle, sería más fácil ayudar a los Ral.

-Siempre te gustó ella, ¿no? – le dijo Grisha tranquilamente, interrumpiendo sus cavilaciones, era evidente que estaba en un estado de trance, evitando la realidad – Aunque terminó envolviéndose con el chico Ackerman, qué ironía. Lo que sucedió con el propio Kenny en su juventud ahora sucede contigo.

Zeke lo observaba furibundo y avergonzado. Se estaba dando la vuelta para volver a su habitación cuando la voz quebrada de su padre lo detuvo.

-Salva a Petra. – dijo Grisha haciendo que el joven lo mirara asombrado – Tráela aquí bajo cualquier excusa. – luego se levantó y se fue.

Esa noche, tres familias pasaban las horas de acuerdo a sus realidades. Los Ral durmiendo apaciblemente, en la ignorancia de lo que se les venía, pensando que el día siguiente sería como cualquier otro y los que vendrían; los Jäger, sin poder dormir debido a la culpa y la impotencia; y los Ackerman (dícese Kenny y Jon, quien lo orquestó todo), soñando más que felices con su futura nueva propiedad.