Una dama de burdel

¿Clausulas?

Angielizz (Anbeth Coro)


Cláusulas

Ella

Durante la cena esa noche

Cuando era niña mamá intentó poner reglas y horarios en casa, hora para despertar, la regla de tender la cama, hora para comer, la regla de lavar los trastes, hora para jugar, la regla de cumplir con mis deberes.

Añadía siempre que me rebelaba: cuando tengas tu propia casa podrás hacer lo que se te dé la gana.

Mientras tanto debía seguir sus reglas. Era un acuerdo implícito para poder llevar la fiesta en paz en casa.

Así que entiendo mientras camino detrás de Edward que está por presentarme las reglas y cláusulas para poder vivir bajo su protección.

Me imagino cuestiones simples: horario de llegada, reglas de limpieza. No dejar mis artículos personas fuera de los cajones. No invitar extraños a casa. No traer a nadie más a vivir aquí. No drogarme. No emborracharme. No fumar.

Pienso que estoy de acuerdo con todas estas posibles condiciones.

Quizás incluso me dé un límite de tiempo para conseguir un trabajo decente, porque no espero que él me mantenga. Además yo ya tengo la responsabilidad de la manutención de mi hermano como para darme ese lujo.

Pero mientras camino detrás de Edward no puedo dejar de pensar en la última vez que alguien puso las reglas y condiciones ante mí.

Era mi primer día laboral, podría decirse que era mi entrevista de trabajo. Don estaba sentado detrás de su escritorio con sus pies encima del mueble, mirándome. No había manera que pudiera relacionar la mirada que me estaba dando con una de deseo, sino como quien va a comprar una res al matadero para saber si lo que está por adquirir vale la pena el gasto.

Me había entregado mi primer uniforme, un disfraz rídiculo de colegiala para servir tragos que consistía en una falda diminuta y un top que llegaba a mis costillas con forma de camisa de estudiante color blanca con botones.

Mis manos estaban frente a mi abdomen intentando cubrir mi desnudez. Pero Don me miraba como si pudiera desnudarme de esa manera. Y yo estaba parada frente a él luchando contra el deseo de irme, el hambre y el recordatorio del pequeño niño que dependía de mí. Me quedé. Así que Don pasó lo que me pareció una eternidad poniendo las reglas del lugar para mí. Me estremezco al recordarlas.

Aquí y ahora.

Dejó de pensar en Don, porque si pienso en él y en esa vida jamás dejaré de llorar. Nunca pienso en mí, ni en lo que hago, sólo vivo en automático sin reflexionar sobre mis actos. Aquí y ahora.

En la isla de la cocina está el plato grande y plano con la pasta de bolognesa, los cubiertos -que tardé varios minutos en encontrar entre todas esas puertas y cajones de la cocina, y un vaso de cristal; además de agua mineral, una botella cerrada de soda y vino.

No tenía idea de cuál de todas esas opciones podrían ser de su agrado, así que decidí dejar a su alcance las tres. Quería agradarle lo mejor que pudiera, quien sabe, tal vez yo podría aspirar a convertirme en su empleada doméstica veinticuatro siete como la tal Dolores y con suerte él podría presentarme a sus vecinos a quienes también podría ofrecerle mis servicios de limpieza.

-¿Cenas?

Niego con mi cabeza y me siento en el banco a su lado con las manos fuertemente amarradas a mi regazo para ocultar el nerviosismo que esta conversación me produce.

-Creo que sería buena idea comenzar con algunos puntos importantes antes que nada -asiento animandolo a seguir-, ¿entiendes que no puedo darte un duplicado del apartamento, no? Al menos…-lo interrumpo.

-Soy una extraña, lo entiendo -no tenía ninguna esperanza a que dormir aquí significara tener el apartamento para mí todo el día, tampoco debía hacerlo sentir que mi presencia era un peso encima de él, así que estaba dispuesta a ser tan invisible para él como pudiera- ¿a qué hora llegas tú?

Mira hacia el techo como si estuviese pensando en la respuesta a una pregunta complicada, aunque debe serlo, ahí estoy yo exigiendo su horario, seguramente él no ha tenido que deberle a nadie explicaciones ni mostrar su apretada agenda a una extraña. Estoy por asegurarle que no importa mi impertinente pregunta, que lo escucho para que prosiga con las reglas pero él responde:

-Usualmente llego tarde. Mañana tengo un día ocupado. Pero Teodoro puede abrirte la puerta, y le pediré a Dolores que espere -asiento, no confía en mí lo que es quizá la cosa más sensata que ha dicho desde que nos encontramos. Me alegra que sea tan insensato como para haberme traído aquí, o para haberme invitado a vivir aquí temporalmente, pero al menos corroboro que es lo suficientemente cuerdo para desconfiar de mí.

-De acuerdo.

-Puedes comer lo que quieras, Dolores hace la comida, aunque tendrás que hacer tu propio desayuno y cena. Me gusta la casa limpia, puedes usar la televisión y la sala de la televisión, sólo no

-¿Sala de televisión? -lo interrumpo de nuevo.

¿Había eso aquí?

Levanta una ceja, quizás dándose cuenta que soy demasiado entrometida.

-La puerta al fondo -estiro mi cuello hacia el pasillo, aunque desde donde me encuentro es imposible mirar la puerta a la que se refiere. Hay un cuarto de t.v. y puedo utilizarlo, recuerdo mis mañanas enseñándole a Charlie a jugar carreras con la consola y sonrío-, pero tienes que dejar todo en su lugar, ¿de acuerdo?

-Tendré limpio, lo prometo, además solo tengo ropa, es imposible que veas cosas mías por tu apartamento -me da una mirada incrédula.

-Ya lo veremos. Hay unos aparatos de ejercicio, también puedes usarlos. -esos sí los ví, un salón con piso alfombrado, y toda clase de máquinas para hacer ejercicio. Asiento en silencio y él continua-, tengo eventos sociales que atender este mes así que es posible que yo llegue tarde algunas noches, eso no significa que puedas invitar a nadie ni hacer fiestas ni hacer uso del estante de vinos -asiento tres veces, lo entiendo. Edward se levanta del banco y abre el refrigerador, saca un envase de yogurt y del tercer estante de la cocina, sobre el lavavajillas, toma un frasco con frutos secos, miro el plato de pasta que no ha probado ¿acaso esa comida está echada a perder? huele deliciosa, aunque sólo él sabe el tiempo que lleva guardada en el refrigerador-. Mañana comienzas a trabajar, tendrás una entrevista y Alice decidirá qué puesto darte.

-¿Trabajaré en el café de Alice? -es quizá la noticia más emocionante, bueno, la segunda más emocionante, la primera es que ya no viviré en ese sucio estudio lleno de vagos y drogadictos.

-No tengo tanta influencia con mi hermana, así que tendrás que ganarte eso por tu cuenta, pero al menos tienes la entrevista.

-Gracias -Edward saca un plato pequeño donde sirve frutos secos y cuatro grandes cucharadas de yogurt, se me hace agua la boca así que dejo de mirar su comida y me concentro en mirar otra cosa, sus ojos son demasiado penetrantes para mantener la mirada en ellos más de unos segundos, y sería grosero de mi parte mirar hacia otra parte que no sea él, así que termino bajando la mirada hasta encontrar un lunar al nivel de su garganta. Miro fijamente ese punto.

-Y por la tarde, Alice te llevará de compras.

Abro la boca para protestar, pero me detiene.

-No está a discusión, necesitas ropa, será un préstamo y cuando recibas tu primer salario puedes devolvérmelo.

¿Cómo podía explicarle que ya tenía gastado ese primer salario que aun no ganaba? Tenía deudas que debían ser liquidadas. Charlie necesitaba el dinero. Ya había intentado trabajar antes en cosas decentes pero la paga era siempre inferior a lo que Tía necesitaba.

-¿Puedo protestar sobre ese único punto?

Niega con su cabeza.

-¿Algo más que debería saber?

-El más importante, por supuesto, al primer problema que des, estás fuera.

Siento un vuelco en el estómago.

-No daré problemas -le juro a él y a mí.

-Ya lo veremos.

Asiento repetidamente, como si fuese un conejito asustado antes de ir a una prueba de laboratorio. Esta es mi propia prueba de laboratorio.

¿Sabes que sería un problema gigante? Ser honesta con este gentil hombre.

Me convertiría en la puta que una noche de buenos gestos y gran corazón trajo a vivir a su casa. Y se odiaría por completo. Y me echaría de aquí. En la vida real el hombre millonario que lleva a vivir a su apartamento a una mesera de burdel no se enamora de ella ni viven felices para siempre, en la vida real te lanzan de vuelta a la calle. Lo miro, pero él está demasiado ensimismado con su plato de yogurt.

Debería haber una regla sobre ser sincera sobre quién soy y qué hago, eso me motivaría a decir la verdad. Pero no la hay. ¿Y si la hubiera? Si la hubiera no tendría tiempo de demostrarle que merezco esta oportunidad, me lanzaría de regreso a las alcantarillas.

Me levantó, dispuesta a encerrarme en la habitación y obligarme a dormir.

-Y vas a comer, Bella. No tienes ninguna razón para pasar hambre aquí -mira hacia el plato de pasta boloñesa, y yo también miro la comida, paso saliva.

-Comí mucho esta tarde.

-Comer es una de mis solicitudes, así que hazlo.

Él no tuvo que decir más, agarré el tenedor, agradecida de esa última regla que en realidad era un pase a la libertad.

Él

Durante la madrugada

Heidi.

Me senté de golpe saliendo de la pesadilla, estaba en mi cama, mi habitación, en mi apartamento. Dejé salir el aire de mis pulmones.

Había sido sólo un sueño.

El mismo sueño. El sueño que tenía desde hace más de una semana y que parecía estar obstinado a perseguirme durante un rato más.

Aunque en el sueño era yo quien perseguía, siempre corriendo trás ella. Y por más que obligaba a mis piernas a avanzar más larga era la distancia, más oscuro era lo que había a nuestro alrededor, y ella nunca miraba hacia atrás, pero yo sabía que era ella porque podía escuchar su risa suave y elegante delante de mí.

Quité el sudor de mi frente y volví a acostarme en la cama. Con el antebrazo derecho sobre mis ojos. Necesitaba dejar de ser el imbécil al que le habían visto la cara.

Pero no ha pasado ni siquiera un mes, la tuve todos los días de los últimos dos años a mi lado y de alguna manera mientras yo la extrañaba al no tenerla cerca, ella se follaba a otro idiota a mis espaldas.

Estaba decidido a no volver a pensar en ella, aunque mis pesadillas parecían pensar diferente respecto a ese punto.

Rodeé de un lado a otro, pero el sueño no regreso. Así que bajé de la cama, me calcé las pantuflas y salí de la habitación. Me sorprendió encontrar la luz del pasillo encendida porque estaba seguro de haberla apagado antes de entrar a mi recámara. Tuve este pensamiento estúpido sobre fantasmas o ladrones, pero entonces recordé a Bella.

Mi compañera de piso, como la había llamado mi hermana.

Aún no podía creer que lo hubiese hecho. Había traído a mi apartamento a una desconocida. ¿Estaba yo tan vulnerable para cometer tal desliz? ¿O era la vulnerabilidad de ella que me había vuelto imprudente? , ¿era todo real? Porque de pronto a las tres de la mañana me parecía un hecho inverosímil.

Por un segundo estuve tentado en abrir la puerta de su habitación y asegurarme que todo fuera real, pero debía serlo, porque recordaba perfectamente haberle pedido privacidad al negarle la entrada a mi cuarto, así que me parecía justo darle un poco de privacidad también.

Caminé hacia la sala, no había sonido pero la televisión estaba encendida, me acerqué más y encontré a Bella sentada dandome la espalda y viendo un programa de televisión sin sonido y con subtitulos. Yo le había pedido que no fuera una molestia, aunque no pensé que ella pudiera creer que me refería a esto. Busqué con la mirada el control de la televisión. Me acerqué a este y subí el volumen de la televisión.

Bella miró hacia atrás como si hubiese jalado su cuello con una cuerda.

-Lo siento, no quería despertarte -se apresuró a pedir disculpas, se levantó del sillón de un salto.

¿Qué hora era? y ¿cuánto tiempo llevaba ella aquí?

-¿Tienes problemas para dormir? -pregunté ignorando su constante habito de disculparse, eso podría resultar exasperante a la larga.

Miró a sus manos antes de levantar la vista y responder:

-Tengo muchas cosas en la cabeza ahora mismo.

La miré, llevaba puesto un pantalón deportivo y una camiseta de manga larga, dificilmente podría considerarse eso como una pijama aunque supuse que debía ser lo más cómodo que pudo encontrar entre las pocas prendas que traía consigo.

-¿Qué estás viendo? -no tenía ninguna intención en hacerla de anfitrión y terapeuta.

-Friends -me fijé por primera vez en la televisión.

-¿El reencuentro, no? -asintió, asentí de regreso, la había visto en el estreno, la serie favorita de mi hermana.

Nos quedamos en silencio con el sonido de la televisión de fondo, así que caminé hacia el sillón largo donde estuvo ella antes sentada y tomé lugar. Ella miro el sillón y hacia el pasillo, supuse que hacia su habitación.

-Tampoco puedo dormir.

-No quise despertarte -se disculpó de nuevo.

-No fuiste tú.

-Oh, ¿quieres ver algo diferente?

Negué con mi cabeza y ella volvió a sentarse en el otro borde del sillón. Ya había visto el episodio así que en realidad era díficil concentrarme en algo que no fuera darle vueltas al significado de mi sueño. Necesitaba dejar de pensar.

-¿Haz podido contactarte con alguien? -pregunté de pronto, recordando que quizás no tenía padres pero seguro existía algun primo, tio, o amiga que estuviera al tanto de su situación.

-No -mantuvo su mirada en la televisión pero ya no sonreía.

-Puedes usar el teléfono si lo necesitas.

-¿Sí? -pareció ilusionada, pensé entonces que no la había visto utilizar el celular, los jovenes siempre llevaban el celular en la mano, incluso yo lo hacía, así que asumí que ella no tenía celular. Y me pregunté si Laura, su compañera de cuarto drogadicta, tenía algo que ver con eso. Demasiadas preguntas no formuladas de mi parte y ninguna solución al alcance.

-¿Tu familia sabe que vives en esta ciudad?

-Mis padres eran hijos únicos –explicó.

-¿Alguna amiga? -torció un poco la mandíbula, como si sintiese un repentino enojo pero pronto recompuso su rostro, pensé que quizás Laura era esa amiga que la había traicionado.

-No. Sólo soy yo -me miró a mí y de nuevo a la televisión.

No quería que la lástima fuese la emoción principal para actuar por ella, puede que me conmoviese su juventud y al mismo tiempo su desagradable situación, pero por otro lado si actuaba conmovido y sentimentalista terminaría, justo como dijo Alice, ofreciéndole mi puesto en la empresa.

-La cafetería siempre tiene gente y tendrás compañeros, así que pronto conocerás más personas -asintió aunque aún sin sonreír, era un público difícil.

-Siempre y cuando consiga el empleo.

-Bella, es la primera vez que hago algo como esto, así que confía en que si has conseguido que yo haga esto por ti, mi hermana te dará un puesto mañana.

-Bueno, aún estoy esperando que recuperes un poco de cordura y me saques de aquí, ¿sabes?

Sonó sincera. Me pregunté si esa era la razón por la cual no podía dormir. Me habría gustado decirle que aquí estaba a salvo, que ya no tenía de que preocuparse y que la ayudaría a adaptarse e independizarse, pero no podía, aun no estaba seguro de ser capaz de mantenerme firme a mi palabra.

¿Era yo tan vulnerable por la infidelidad de Heidi que había permitido a Bella entrar? ¿O era Bella tan vulnerable que era imposible hacerme a un lado cuando podía hacer algo al respecto? Mientras no pudiera resolver la duda, mi palabra carecía de valor, y no quería romper ninguna otra promesa.

-Bien, supongo que tengo que dormir si quiero despertarme temprano y ser un humano funcional el día de mañana.

Se levantó del sofá y me miró con su sonrisa amable.

-Buenas noches, Edward-me levanté también del sofá. mañana yo también debía atender mis pendientes desde temprano.

-Buenas noches, Bella.

Y no pude evitar preguntarme cuanto tiempo nos despediríamos de esta manera antes de que cada uno entrara a su respectiva puerta.


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Un agradecimiento especial a: Gibel, Adriu, Maryluna, Nera, Lore562 y Lizi.