Alicia intentaba calmarse del susto tomando una taza de té de manzanilla, habían acabado de cenar y la familia estaba sentada en la sala de estar, donde finalmente su padre le contaría la historia completa. Pero por más que lo intentara no podía comprender como su padre, un hombre de ciencia dedicado a buscar respuestas a los misterios de la vida, estaba tan tranquilo con todo esto.

—Padre, es que simplemente no hay explicación para esto, ese chico, en caso de que realmente sea un chico ya que nada me prueba que esa sea su forma real, según lo que vi literalmente puede cambiar su código genético, al menos en términos de apariencia, al instante. Lo que significaría que con sólo pensarlo su cerebro activa mutaciones de ADN que ni siquiera son posibles, y todo eso de manera reversible y sin dejar secuelas —dijo casi quedándose sin aliento al decir todo de forma apresurada.

—Sé que es increíble, créeme a mí también se me pasó por la cabeza muchas veces cómo todas las maravillas de esa familia eran posibles. Pero llegué a la conclusión de que algunos fenómenos de la vida simplemente no tienen explicación, supongo que por esa razón se llama magia —le explicó su padre con una sonrisa.

—Padre realmente no esperaba que alguien como tú aceptara el concepto de la magia con tanta facilidad y estando tan sereno —le respondió Alicia con algo de incredulidad.

—Bueno mi niña yo me crié aquí —dijo Fernando riéndose un poco —supongo que crecí pensando que era normal que hubieran personas con magia, de hecho al mudarme a la ciudad al principio me pareció extraño no encontrarme con nada parecido. Todo esto se hubiera evitado si te hubiera contado todo mucho antes, discúlpame por eso.

—Tranquilo papá, entiendo tu punto, lo vi con mis propios ojos y aún no lo creo, si me lo hubieras contado seguramente lo habría tomado como un cuento de hadas —dijo su hija ya más calmada —pero al menos hubiera estado sobre aviso acerca de la persona capaz de cambiar de forma, claro seguramente me habría asustado igual, pero quizás no tanto.

—No creo que hubiera podido advertirte sobre eso hija, en mis tiempos no existía un Madrigal con esa habilidad, lo más probable es que sea hijo de uno de los miembros del trío original, por lo que es muy posible que en verdad sea un chico —intuyó su padre —y también es muy probable que haya más, cada uno con un don diferente.

—¿Entonces sus poderes son hereditarios? —preguntó Alicia dejándose ganar por la curiosidad.

—El chico con la habilidad que me describes me hace pensar que así es, los Madrigal que yo conocí eran niños de mi escuela, hermanos trillizos, Julieta, Pepa y Bruno —narró su padre —recuerdo que cuando ellos cumplieron cinco años se hizo una gran ceremonia, en su casa aparecieron unas puertas con un resplandor dorado, que antes no estaban ahí. Al tocar sus picaportes se dibujo una imagen de ellos en sus puertas en el mismo tono dorado, simbolizando sus nuevos dones.

—Dios mío, he leído y escrito cientos de historias, pero nunca ni en mis sueños más locos me imaginé que algo así pudiera existir. Definitivamente es cierto que la realidad supera a la ficción —dijo Lucero, quién no perdía la sensación de sorpresa a pesar de ya haber escuchado la historia mientras Alicia daba su caminata —y tú eras un niñito con muy buena memoria amor, inteligente desde pequeño.

Gracias linda —dijo Fernando a su esposa con una sonrisa —desde ese momento cualquier comida hecha por Julieta era capaz de curar toda herida al instante con sólo un bocado. Recuerdo que en el recreo todos los niños hacían fila, ya sea por una rodilla raspada o por algo tan pequeño como una picada de hormiga.

Las emociones de Pepa se conectaron con el clima, su felicidad invocaba el sol; y su tristeza y enojo invocaban lluvia, granizo o vendavales, dependiendo de la intensidad de la emoción en ese momento. Los niños eran felices jugando bajo los cielos despejados, pero secretamente algunos deseaban que provocara lluvia para no ir a la escuela.

—Pero yo no claro —dijo dando una pequeña pausa a su relato, su esposa e hija sonrieron viéndolo con sospecha.

—Lo juro, continuemos con la historia —agregó con una risa un poco nerviosa —Bruno tenía la capacidad de predecir el futuro, para hacerlo tenía que hacer un círculo de arena amplio, dentro de él entraban Bruno y la persona interesada en ver su futuro. Al entrar sus ojos se tornaban verdes al igual que la arena, la cuál daba vueltas en una especie de tornado, mostrando imágenes del futuro a su alrededor. Al finalizar su visión la arena formaba un impresionante grabado en cristal que incluso tenía movimiento.

—¡Wow! Podría igualmente decir todo lo que no tiene sentido con eso, pero supongo que sería redundante —dijo Alicia con voz calmada mirando hacía el frente casi sin parpadear, aún tratando de asimilar todo.

—Te acostumbrarás hija —le animó su padre mientras se levantaba del sillón —si todo sigue en su lugar aún debe estar justo aquí...

El Sr. Hernandéz buscó en un gabinete hasta encontrar una placa de cristal color jade, justo como la de la historia.

—¡Aquí está! Tus abuelos no son muy fanáticos de la magia pero irónicamente hicieron esto realidad —dijo enseñando la imagen del cristal, un niño pequeño junto a una maleta frente a la casa que ellos habitaban actualmente, al mover un poco la imagen se veía al niño alejándose con tristeza.

—Eres tú papá —susurró Alicia tomando la placa en sus manos.

—Sí, mis padres querían dejar atrás todo lo relacionado con la magia, y guardé esa visión esperando no verla nunca más. Es de una vez que le pedí a Bruno que leyera mi futuro, era como un juego en aquel entonces, no esperaba ver algo así —se detuvo al ver las expresiones de su esposa e hija.

—Vamos ¿por qué las caras tristes? quizás me confundió al principio pero está imagen realmente simbolizaba el inicio de muchas cosas maravillosas, y la prueba la tengo justo aquí —dijo abrazándolas a ambas.

—Él que realmente me preocupó en aquel momento fue Bruno, el pobre estaba comenzando a ser temido por algunos habitantes del pueblo, especialmente otros niños, quienes lo acusaban de provocar desgracias. Parte de la razón por la que le pedí una lectura era para desmentir esos rumores, pero al final mi visión sólo lo hizo sentir peor aún cuando le aseguré que no estaba enojado y que no le contaría a nadie.

—Un niño pequeño pasando por todo eso a causa de algo que no pidió, es horrible —dijo Lucero no pudiendo ocultar su indignación.

—Lo es, a veces los niños pueden ser crueles, y algunos padres apoyaban a sus hijos en lugar de decirles que eso estaba mal. La ceremonia dejó en claro que su don era predecir el futuro, no crearlo, sus acusaciones no tenían ningún sentido, y aún en el caso que su don fuera diseñar el futuro no justifica tratar así a nadie. Por suerte esa era una minoría, seguramente quedó como una cosa de niños.

—Cosa de niños malos, sin mencionar que es una pésima idea molestar a alguien que crees controla el futuro «o a alguien capaz de hacerse pasar por cualquier persona» —Alicia abrió sus ojos de golpe ante ese pensamiento.

—¿Hija, sucede algo? —preguntó su padre preocupado ante ese súbito cambio.

—Padre yo golpeé a esa persona, seguramente la hice enojar, si quisiera vengarse podría hacerlo y nadie lo sabría, no podríamos hacer nada —dijo al borde del llanto, toda la calma que ya tenía esfumándose en un instante.

—Hija tranquila, los Madrigal no son vengativos, la líder de la familia siempre dejó en claro que sólo usarían sus dones por el bien de la comunidad.

—Entiendo padre, pero ha pasado mucho tiempo desde que viviste aquí, no sabemos cómo sea todo hoy en día. Quizás los puse en peligro.

—Alicia si te hace sentir mejor podemos irnos mañana mismo —propuso su padre.

—Padre no quiero arruinar este viaje que has deseado hacer durante tanto tiempo, habríamos pasado horas de carretera en vano. Si tú dices que todo estará bien te creo.

—Vinimos aquí para pasarla bien, si no te sientes cómoda no vale la pena. Y sobre las horas en carretera, aún estamos de vacaciones, podemos visitar muchos otros lugares —intentó animarla.

—Papá no creo que sea necesario, lamento todo mi alboroto.

—No es tu culpa, fui irresponsable al dejarte caminar sola sin explicarte todo. Creo que ha sido un día muy largo, que tal si vamos a dormir. En la mañana seguramente veremos todo con más claridad.

—Hija si quieres puedes dormir con nosotros está noche —dijo su madre.

—Sí, puedo mover la cama, no tardará mucho.

—No por favor, estaré bien, ya no soy una niña pequeña. Buenas noches.

Fernando y Lucero igualmente le desearon buenas noches a su hija. Y con un abrazo se despidieron hasta la mañana siguiente.

Alicia cerró la puerta de su habitación en el segundo piso, la cama estaba justo al lado de una amplia ventana que daba a la calle. Se asomó por unos momentos sintiendo el suave viento frío en su piel, era una noche tranquila que en otra ocasión la habría relajado, pero que en su actual situación era un poco inquietante.

Al recostar su cabeza sobre la almohada se preguntó si hubiera sido mejor idea dormir con sus padres, su duda se respondió cuando escuchó unos ligeros golpes en la ventana.