Una dama de burdel
Nueva vida, nuevo empleo
Angielizz (Anbeth Coro)
Ella
Lunes, 09:25
A la pareja de adolescentes, dos frapuccinos de galleta.
Al anciano con boina, un café sin azúcar ni leche.
A la mesa de las cuatro estudiantes, un mocha, un descafeinado, un latte y un frapuccino de menta.
A la pareja de casados que se lanzaban miradas de odio, un vaso de agua y un café con dos de azúcar y leche.
Al chico de la patineta, una rebanada de pastel de moras y una malteada de fresas.
Era sencillo, claro que había más personas aquí lo que significaba que necesitaba mayor concentración y andar a las carreras, pero sólo tenía que usar el mandil negro sobre la ropa y pasearme entre las mesas entregando y recibiendo pedidos sin el peligro de ser manoseada o sin tener que estarme cuidando de hombres que querían poner sus manos en mis pechos. Realmente sencillo.
Le paso la lista de órdenes a Susana, la chica de la barra que prepara las bebidas y espero mirando hacia las mesas por si acaso alguien necesitara algo más.
-Eres rápida -dice Susana poniendo en la bandeja el pedio de la pareja de adolescentes- tienes que entregar por mesa, Alice no quiere accidentes.
Más vueltas, pero mayor seguridad. Tomo los dos frapuccinos de la bandeja y me acerco a la mesa de los adolescentes.
La cafetería de Alice era una mezcla de café y restaurante, se ofrecía un menú con bebidas calientes y frías, pero el otro lado del menú contenía variadas opciones de alimentos. Aunque la mayoría de los clientes llegaban por bebidas y postres, por lo menos los clientes de las ocho a las diez de la mañana.
Imposible saberlo. Al final de cuentas este era mi primer día de trabajo y no tenía idea de qué tipo de clientes recibían aquí de manera usual. Aunque por los precios elevados podía darme una idea. Venga, había una bebida con el valor de tres salarios. Increiblemente ya habían pedido dos como ese.
-No es posible que estén juntos –mis pensamientos fueron atropellados por la voz aguda de una de las clientes adolescentes, para su edad, lo sé, me estoy convirtiendo en una anciana, llevaba innecesarias capas de maquillaje, uñas largas postizas rosadas y su cabello con tinte rojizo, ¿qué tendría?, ¿quince?, ¿catorce años?
-Debe ser por su dinero -dijo el joven frente a ella riendo.
Desagradables.
¿Qué hacía yo a los quince años? Perdiendo mi virginidad con mi segundo novio. Laurent. Un chico de piel morena que tenía los ojos más verdes que había visto en mi vida.
Sacudí mi cabeza regresando a donde me esperaba Susana y entregué una orden anterior.
Había conseguido el empleo.
Si tuviera que describirla en una frase diría que Alice, la hermana de Edward, era simpática, aunque aterradora.
Y la entrevista laboral tuvo de todo menos preguntas sobre mi experiencia laboral, quiso saber mi nombre, mi edad, dónde había estudiado, la historia de mis padres, cuánto tiempo llevaba en la ciudad, detalles sobre mi infancia, detalles sobre mi adolescencia, me preguntó por los tíos, primos y amigos que no existían y tuve que ser tan sincera como me fue posible, siempre manteniendo la historia lo más decente posible.
Así que no le conté de Charlie, ni de mi tía, ni de Eric. Vaya. Llevaba mucho tiempo sin pensar en Eric, había pensado en él cuando Edward preguntó por mis amigas yo no pude evitar pensar en Eric y en Ángela, mi exnovio y mi mejor amiga, un maldito cliché.
La historia entre nosotros tres era simple, habíamos entrado a la misma universidad juntos, Ángela y yo habíamos sido amigas desde que andábamos en pañales, así que siempre hablamos de estudiar en el mismo lugar, fue más por ella que por mis gustos que decidí estudiar derecho. Ahí conocí a Eric.
Dejo el pedido del chico de la patineta y ahora me entretengo en las nuevas órdenes y en entregar la cuenta a las mesas que los solicitan.
Eric siempre me pareció un tipo lindo, así que cuando comenzamos a platicar la química entre nosotros surgió de manera instantánea. De vez en cuando salíamos los tres, aunque Ángela quería estar más enfocada en sus estudios que en las salidas. Y como a mí no me gustó la carrera de derecho, prefería pasar mis horas libres con Eric que estudiando.
Café latte, para el hombre de chaleco verde.
Hasta que decidí aceptar que esa carrera no era para mí, me di de baja, me despedí de Ángela, y Eric y yo mantuvimos la relación a distancia. Funcionaba, o al menos eso creía. Nos veíamos en vacaciones, cuando podía iba a visitarlo y nosotros teníamos la química. Durante un tiempo yo trabajé como ayudante en la clínica dental de papá, me gustaba eso. Así que papá decidió meterme a estudiar para convertirme en dentista, y como eso parecía de su agrado y en realidad a mí también me gustaba, acepté.
Dos malteadas de menta con fresa y extra crema batida, para la joven de vestido floreado.
La relación con Eric era fuerte, él siempre hablaba de casarnos cuando yo egresara y cuando el consiguiera abrir un despacho o por lo menos consiguiera un empleo a su altura. Porque a Eric siempre le gustó soñar en grande.
-¿Aún tenemos emparedado de pavo? -pregunté a Gerald, el encargado de la comida, asintió y fue a traerme uno.
Lo que sea, estaba tan maravillada con Eric y enamorada de él, que en algún momento dejé de preguntarle por Ángela, o siquiera recordar su existencia. Durante las vacaciones ella se quedaba en la universidad o de viaje con amigos, o algo así, pero Eric siempre volvía. Cuando mis padres murieron, él viajó a casa y dejó la temporada de exámenes olvidada, pasó las siguientes dos semanas a mi lado, incluso cuando le pedí que regresara a la universidad.
Fue a su lado que descubrí el testamento de mis padres, los problemas con la hipoteca y la cantidad de dinero heredado. La cuestión era simple, hacía uso de la herencia para pagar la casa, o me despedía de mi herencia y de la carrera de pintora, porque no podría tener una cosa y la otra.
Fue en esos días en que conocimos a nuestra tía abuela paterna, pienso que, si ella hubiera mostrado su verdadera cara en lugar de su máscara de ternura, yo no habría elegido la casa. Pero ella era muy buena, nos hacía galletas y siempre estaba hablando bien de mamá y papá a nuestros vecinos que iban a casa a dar el pésame, así que pensé que la tormenta estaba pasando y ahora vendría la calma. Creí que podíamos sobrevivir con la pensión de Charlie mientras yo decidía qué hacer. En resumen: que teníamos tiempo.
Así que Eric regresó a la universidad cuando se aseguró que todo se había calmado.
-Bella, ¿tienes un minuto? -miré a la mujer que me hablaba, Irina, era la persona al mando cuando Alice no estaba en la cafetería por lo que sabía, así que sin preguntar la seguí. Caminamos por la cocina hasta subir unas escaleras y llegar al área de oficinas.
-¿Sí? -pregunté parándome frente a la silla del otro lado del escritorio en el que se encontraba ella.
-¿Todo bien? -¿acaso me había sacado de mis tareas para venir a preguntarme si todo iba bien?
-Sí, claro, todo perfecto.
-La señora Alice estará fuera durante el resto del día. Necesito que te encargues de limpiar los baños esta semana, y al llegar por las mañanas quiero que revises que no haya chicles pegados debajo de las mesas.
Asentí, haría lo que fuera si eso significaba sobresalir en mi primer día laboral.
-Aunque aquí no pagamos tiempo extra, así que espero que durante tu horario puedas limpiar las ventanas y los muebles -fruncí el ceño, pero me apresuré a recomponer mi sonrisa.
-De acuerdo.
Pero en lugar de que mi disposición me hiciera subir puntos con Irina, parecía que eso sólo la hacía añadir un pero más para mí.
-¿Te dijo la señorita Alice que esta semana estarás a prueba sin salario? -negué con mi cabeza sintiendo un agujero en mi estómago, no tenía hambre, tenía un techo demasiado costoso sobre mi cabeza y me encontraba en un lugar seguro, pero aun así debía juntar la mesada para Charlie antes del siguiente sábado.
-Creo que no lo discutimos.
-Tu carpeta de experiencia laboral y referencias está vacío -continuo, para que entendiera que el anterior punto estaba zanjado.
-No cuento con referencias laborales aquí -mentí-, y no tengo cómo hacer que me envíen cartas de recomendación. Aunque antes he trabajado de mesera, y también fui asistente en un consultorio dental. Sé todo lo que se necesita sobre administración y -levantó su mano frente a mí, me recordó a Diana, la vecina de Edward.
-Usualmente yo soy quien contrata al personal. Así que yo decidiré si te quedas o te vas, ¿entendido? -asentí- Necesito al menos una referencia laboral para mañana.
-¿Y si no puedo conseguirlo? -pregunté con el corazón latiendo con fuerza, sonrío.
-Entonces esperaría tu carta de renuncia. Por ahora puedes continuar con tu trabajo.
Salí de la oficina con las manos temblorosas y el pulso martillando contra mi pecho.
Mi nueva vida apenas estaba comenzando, yeah por mí.
Él
Lunes, 21:10
Alice me envió un mensaje a las ocho de la mañana para confirmarme que Bella trabajaría de mesera, de siete de la mañana a tres de la tarde. Le recordé que la cafetería abría a las ocho, aunque no conseguí ninguna explicación cuando añadió que ella sabía lo que hacía con su café.
Más tarde Alice me avisó que había hecho las compras para Bella, que la ropa nueva estaba en mi apartamento. Lo que era su manera orgullosa de cumplir su promesa, conseguiría nuevos cambios de ropa para Bella, pero no haría el papel de niñera llevándola de la mano a elegir la ropa nueva.
A las cinco de la tarde Teodoro me llamó, para informarme que la señorita Bella aun no llegaba.
A las siete y media volvió a llamar, para decirme que Bella acababa de entrar al edificio y que iba subiendo en el elevador.
A las nueve me llamó Dolores, para comentarme que mi invitada aun no llegaba. A las nueve y media, Dolores volvió a llamar para insistir en que ya había revisado todas las habitaciones y que en efecto Bella no había entrado al apartamento.
A las diez, se disculpó Dolores porque tenía que irse, pero Bella seguía sin aparecer. Así que llamé a Teodoro mientras conducía hacia al edificio y él aseguró que no se había despegado de su sitio y que en ningún momento vio a Bella bajar del elevador.
Así que cuando bajé del automóvil y se acercó Teodoro para llevar el vehículo al estacionamiento, volvió a repetirme que no había señales de ella. ¿Se habría ido? Bella sabía de la existencia de una puerta trasera para el personal, recordé, quizás había decidido salir por ahí. Entré al elevador sintiendo una oleada de enojo aparecer.
Le había dado una nueva oportunidad y ella había decidido lanzar mis buenas intenciones a la mierda ni bien habían transcurrido veinticuatro horas. Lo peor, pensé, es que Alice ahora sabía de todo esto y jamás me permitiría olvidarlo.
Miré hacia mi puerta, era imposible que Bella estuviera en el apartamento si Teodoro no había subido a abrirle y Dolores no le había abierto la puerta. Me detuve en el pasillo del piso 32 y miré hacia los lados, tuve una corazonada y caminé hacia la puerta de emergencia que daba a las escaleras, necesitaba verificar que ella realmente no estuviera aquí.
Abrí la puerta, creyendo que iba a encontrarme con Bella fumando alguna droga o con una inyección en el brazo, tenía mi garganta preparada para elevar la voz y gritar que se fuera de mi casa, pero lo que me encontré en su lugar me silenció por completo.
Bella estaba sentada en el segundo escalón, con sus brazos y piernas convirtiéndola en un nudo de huesos y completamente dormida.
Me agaché frente a ella, no olía a marihuana, alcohol ni ninguna otra droga, llevé mis dedos a su cuello. Venga, tenía que asegurarme.
Respiraba, aunque pude notar que estaba helada. El área de escaleras carecía de la ventilación e iluminación, así que contrario a lo que se esperaría aquí se convertía en una zona muy fría durante la noche, aunque caliente durante el día.
Llevaba una blusa delgada y sus brazos descubiertos parecían estar formando a su alrededor un protector del frío, en vano porque su piel estaba fría.
-Bella–mi voz fue clara, aunque no elevada.
Abrió sus ojos de par en par y miró de un lado a otro hasta enfocar su vista en mí, parpadeó.
-¿Qué hora es?
-Pasan de las diez.
-¿Me quedé dormida?
Se puso de píe de golpe, como si estuviera recargada de energía, me paré también y abrí la puerta de emergencias para que volviéramos al pasillo. No tuve que decir nada y ella comenzó a caminar fuera de la zona de escaleras de emergencia, al salir de ahí encontré a Diana entrando a su apartamento. Nos lanzó una larga mirada reprobatoria, como si viniéramos de follar de las escaleras.
Le sostuve la mirada, pero cuando eres un hombre adinerado y con poder tienes vecinos con la misma cantidad de dinero en sus bolsillos y el mismo poder en sus manos, así que Diana sostuvo mi mirada, hasta que decidió desviarla y mirar a Bella.
Sonrío burlona antes de darse la media vuelta y mirarnos de frente.
-Edward, querido –uso su voz nasal falsa y yo puse la mejor sonrisa de cortesía que pudo salirme. Bella en cambio casi tropezó con sus pies para detenerse a saludar, lo que hizo que irremediablemente tuviera que poner mi mano debajo de su antebrazo para sostenerla.
En cuanto se enderezó me alejé de ella y volví a mirar a la mujer.
-Diana.
-¿Se perdieron sus maletas en el avión?
Bella miró hacia mí, como si intentara escapar de la mujer que vestía ropa de diseñador y que parecía tener una evidente alergia a la vestimenta de Bella.
No había manera de engañar a Diana, o a nadie en este edificio, era necesario prestarle unos segundos de atención a Bella para saber que no pertenecía a nuestro mundo de poder, lujos y derroche.
Pero no iba a detenerme a darle explicaciones a Diana.
-Buenas noches, Diana.
Y seguimos avanzando hasta llegar a mi apartamento, el más grande del piso. El segundo más grande del edificio.
Abrí la puerta y entramos sin mirar atrás, incluso cuando Diana insistió con preguntas detrás de nosotros sobre cuándo llegaría la ropa de Bella.
-¿Qué hacías ahí? -pregunté una vez que estuvimos dentro, no tenía intenciones de darle de que comer a los vecinos chismosos del piso. Pero no planeaba mantenerme por un minuto más con la curiosidad, ¿cómo es que mis indicaciones habían sido tergiversadas de esta manera?
-Esperar.
-¿Esperar? -¿esperar a alguien?
-La verdad es que tenía el píe en la puerta para poder ver cuando llegarás, pero supongo que sólo me dormí.
¿Estaba esperándome a mí?
-¿Por qué?
-¿Por qué? -repitió mi pregunta.
-¿Por qué estabas esperando ahí?
-Cuando llegué, Teodoro estaba muy ocupado y no quise ser una molestia para Dolores. Así que decidí esperar, iba a hacerlo en el pasillo, pero tus vecinos podrían verme, así que preferí hacerlo en las escaleras. Nadie va a las escaleras hasta que ocurre una emergencia, ¿no?
Tenía sentido que hubiese decidido esperar en las escaleras en lugar de esperar en el pasillo, aunque no tenía sentido que hubiese decidido esperar por mí. Por lo menos había sido lo suficientemente consciente de las habladurías de mis vecinos para darles más información para sus chismes de las tardes.
La imagen de ella esperando sentada en el pasillo, era inaceptable. No que la imagen de Bella esperando en las escaleras, no lo fuera. Pero al menos nadie la había visto.
-¿Ya cenaste? -pregunté intentando hacer que dejara de mirar hacia la foto de mi versión infantil sosteniendo a mi recién nacida hermana, negó con su cabeza, dejando de mirar la foto. Claro, seguramente salió de la cafetería y se dirigió aquí, para quedarse en las escaleras ¿Tres horas? Vaya, no sabía si tenía un gran don de paciencia o le gustaba desperdiciar su tiempo de esa manera.
La miro. Pero por alguna razón me parece imposible mantenerme disgustado, lo intento, sobre todo porque si consiguiera alcanzar un nivel suficiente de molestía tendría las agallas de salir de este aprieto y sacarla de mi apartamento, pero es imposible, aunque quizá todo se debe a su apariencia, ella no parece cansada, y por otro lado me sigue pareciendo una pequeña joven indefensa y agotada. ¿Será por qué es demasiado delgada? Tiene unas ojeras debajo de sus ojos que la hacen ver decaída, aunque sus ojos se ven llenos de vida. Y sus brazos son extremadamente delgados, ahora que lo pienso incluso sus mejillas parecen haber sido succionadas, ¿así se veía ayer? ¿o antier?
Me pregunto por un segundo si no tiene problemas alimenticios como anorexia o bulimia, pero recuerdo el desayuno de la tarde anterior e incluso la cena, parecía demasiado...
Divago.
-Dolores dejó la cena lista.
Camino hacia la cocina y ella me sigue a unos pasos de distancia. Dos platos están sobre la barra con una tapa de plástico encima. Quitó ambas tapaderas para revelar la cena de hoy: pescado y verduras al vapor.
Busco los vasos, el agua en la nevera y los cubiertos, ella se sienta en uno de los bancos y yo tomo asiento del otro lado de la isla para mantener la distancia. Apenas voy a poner mi tenedor sobre la comida cuando ella suelta de pronto:
-Creo que voy a perder el empleo –la miro, no puedo decir que sorprendido, aunque en realidad no esperaba que ser mesera le durara unas horas. Supuse que Alice sería dura con ella, pero había tenido la esperanza que resistiría hasta ganarse la confianza de mi hermana.
-¿Crees?
-La gerente me pidió referencias laborales para mañana, yo no tengo eso.
-Eso no es un problema, ¿no crees?
Ella me mira con sus ojos brillantes, mira el plato de comida y de nuevo a mí.
-No tengo referencias laborales aquí.
-Seré tu referencia laboral.
-¿Tú?
Si Alice quería jugar sus cartas no significaba que yo no podía utilizar las mías. Además no imaginaba a Alice hablándole de un asunto tan delicado y personal a su gerente como que Bella era mi inquilina. La gerente aceptaría mi referencia laboral y no volvería a preguntar sobre el tema.
-Seguro.
-Pero yo nunca he trabajado para ti.
La miré, ¿en serio?
-Soy quien te recomendó al café, Bella, lo justo es escribir una formal referencia laboral.
-Sólo no mientas mucho por mí, lo suficiente para mantener el empleo.
La miré fijamente mientras ella llevaba de manera veloz la comida a su boca, seguro que había pasado hambre esperando en las escaleras.
Aunque no la miraba por eso, la miraba sin creer que fuera tan importante para ella que yo no mintiera ni siquiera para salvarle el pellejo de perder el empleo.
¿Y qué iba a escribir?
Porque era obvio que esa referencia debía salir de mi puño y letra sin hacer que Jessica, mi secretaria, interviniera con preguntas. Llevaba ¿Cómo tres días? Conociéndola pero de alguna manera intuí que esa referencia se escribiría por su cuenta.
Esa noche cenamos en silencio solo escuchando el ruido del tenedor contra el plato, sabía que debía hacer preguntas, el tipo de preguntas que Alice sí hizo esta mañana, pero honestamente no tenía el ánimo que se requería para asegurarme que mi compañera de piso no fuera una psicópata, tampoco es que importara del todo.
Y no pude evitar que Heidi se colara en mis pensamientos, me pregunté qué de todo esto desaprobaría si tan solo se enterara.
A la mierda.
Seguro que desaprobaría todo, pero ya no tenía que importarme. Ahora mi única meta era hacer que Bella mantuviera el empleo, juntara dinero y saliera de mi casa a un mejor futuro.
Esperaba que fuera pronto, aunque algo me decía que eso podría tomarme al menos un par de meses.
