Capítulo 4: Noche de tragedia

Al día siguiente, Petra se encontró con la sorpresa de la llegada de su prima favorita Nifa Langnar. La joven se había quedado sin trabajo en el pueblito lejano donde vivía, y al verse sola y en tan mal panorama, escribió a sus tíos por ayuda. Estaba sola en el mundo desde que sus padres habían muerto y su hermana Ilse desaparecido. Su plan era buscar trabajo en Aubagne y por qué no, en Marsella. Pierre, sabiendo que su hija se pondría loca de la felicidad al ver a Nifa, preparó la llegada de la joven como una sorpresa. Y bien que lo fue.

-¡NIFAAAA! – vociferó Petra feliz al verla y lanzándose sobre la recién llegada. Aunque no muy parecidas físicamente, compartían características como el mismo color de ojos y hasta la misma estatura y complexión.

-¡Petra, te extrañaba tanto! – decía su prima entre lágrimas – Queríamos que fuese una sorpresa. – y le explicó sus circunstancias, además de agradecer a la familia por recibirla.

-¡Bueno, basta de llanto! – les reclamó Farlan mientras Moblit llevaba las maletas de la joven dentro de la casa. - ¡Hay que festejar! – exclamó, mientras toda la familia Ral entraba entre risas.


Más tarde, un nervioso Zeke Jäger hacía su aparición en casa de los Ral, buscando a Petra.

La joven pelirroja quedó de una pieza al verlo nuevamente después de tantos meses. No sólo por el hecho de la incomunicación entre ellos, sino porque además, estaba más apuesto y más alto que nunca, además de bronceado y con el cuerpo más robusto y musculoso. Sí que Marsella le estaba sentando bien. Y es que el rubio de lentes, en un intento de no carburar demasiado sobre sus desgracias, se dedicó a tiempo completo al estudio, al gimnasio y a las actividades y deportes marinos, como la vela y el remo; todo con tal de no tener ni un segundo de descanso donde su mente le hiciera una mala pasada para deprimirlo.

-¡Zeke! – gritó ella entre lágrimas y abalanzándose sobre el pecho del muchacho - ¡Qué bueno volver a verte! ¡Te extrañé tanto! – Petra parecía prácticamente una niña en los brazos de ese apuesto joven, pues haciéndose éste más grande, ella lucía más pequeñita y frágil a su lado. El corazón de Zeke volvió a encenderse de amor con sólo tocarla, cosa que lo hizo gruñir mentalmente; tanto tiempo tratando de olvidarla y bloquear sus sentimientos, para que apenas con su delicado roce hiciera que todo su amor estallara como una tormenta.

Y recordando a qué venía, se juró proteger a Petra de todo y de todos. Era su oportunidad.

-¡Ella es mi prima Nifa! – los presentó Petra de buenas a primera mientras la mencionada se acercaba tímidamente, haciendo que el rubio diera un respingo y las mirara con curiosidad. Era distintas pero al mismo tiempo parecidas.

Luego de responder a las presentaciones de rigor, Zeke se aclaró la garganta y comenzó a dar la excusa que salvaría a Petra de la muerte – Vine para hacerte una invitación para cenar en casa de parte de mi padre, hace mucho que no te ve, y además, Mater quiere que conozcas a Eren, que ya cumplió cuatro meses. – dijo como si lo hubiera estado ensayando.

-¡Me encantaría! – dijo Petra, que no se daba cuenta de nada – Es una lástima que sólo sea para mí, hubiera querido llevar a Nifa. – agregó mirando a su prima con cariño.

-Prometo que será en otra ocasión, de tantas que se repetirán. – le dijo Zeke amablemente a una sonrojada Nifa, que lo miraba como si de un Apolo se tratase.

-Por mí no se molesten, llegué de repente y sin avisar, así que no quiero que cambien sus planes por mi causa. – dijo la joven agitando las manos.

Más tarde, Petra se preparó y se encaminó junto a Zeke a la finca de los Jäger sin que nadie los viera en el camino, sólo se cruzaron con Dot Pixis, uno de los trabajadores de confianza de Pierre Ral, quien se dirigía borracho hacia su casa al otro lado de Romarins. El rubio no pudo evitar mirar hacia atrás con tristeza a la casa de la familia de su amada. Buscaría una excusa más para que la chica se quedara a dormir con ellos.


Era medianoche, y unas misteriosas sombras se movían cautelosamente por los alrededores del pequeño rancho de los Ral, protegidas por la oscuridad. Después de haber envenenado a los perros y de cerciorarse de que nadie estuviera rondando por ahí, así como de que todos los habitantes de la casa estuvieran en silencio, señal de estar durmiendo y con las luces totalmente apagadas, los hombres de Kenny Ackerman se dispusieron a tapar las puertas desde afuera con unos tablones que fueron llevando poco a poco, así como las ventanas. Terminado eso, observaron satisfechos su obra: la casa de los Ral estaba bloqueada por todos lados. No tenían salida.

A continuación, procedieron a derramar alrededor de la residencia de madera varios litros de gasolina, con cuidado de no hacer ni un ruido o paso en falso que alarmara a los dueños. Una vez vacíos todos los enormes bidones con el combustible, empezaron a prender cerillas para tirarlas por varios puntos de los exteriores de la casa, provocando en el acto un fuego que rápidamente empezó a devorar el rancho. Lo hombres de Ackerman se alejaron del lugar, pero permanecieron contemplando su obra complacidos y controlando que nadie saliera.

Sus sonrisas se ensancharon al escuchar gritos y golpes desesperados que provenían del interior del hogar. Con el correr de los minutos, los alaridos fueron mermando, dando a entender que los miembros de la familia Ral estaban muertos al fin.

-Ve donde el señor Kenny, y dile que la misión fue un éxito. – ordenó uno de ellos a otro, que tomó un caballo y se dirigió a todo galope hasta la hacienda Ackerman.


Los Jäger habían logrado que Petra se quedara a pasar la noche con ellos, alegando que se había pasado la hora y ya era muy tarde para regresar, gracias a que Carla mantuvo a la pelirroja bastante entretenida con Eren. Petra aceptó la cortesía de la invitación y a la mañana siguiente a primera hora Zeke la llevaría de vuelta a su casa.

Unos golpes frenéticos en la puerta principal la despertaron abruptamente de su sueño. Había estado soñando con Levi, a quien no había visto el día anterior; su tío empezaba a llenarlo de trabajo insistiendo en que al ser el heredero debía empezar a manejar esos asuntos. Moría por ir a verlo, jamás habían estado separados ni un día. Además, tenía algo que decirle…

Se tocó el vientre esbozando una pequeña sonrisa nerviosa.

Volviendo a su sueño interrumpido, salió de su habitación para ver qué pasaba, viendo a todos los Jäger en el salón recibiendo a un agitado empleado de la familia. Petra se quedó estática y a medio bajar de las escaleras al escuchar lo siguiente:

- ¡La casa de los Ral se está quemando! ¡Toda la familia está dentro, no vi a nadie afuera! ¡Sin duda han muerto todos! – gritaba como loco.

Grisha ordenó que se llevaran al hombre en shock para atenderlo y luego mandó a buscar ayuda para asistir en el siniestro, dejando a los demás. Carla lloraba mientras abrazaba a un Eren que no entendía nada mientras que Zeke sólo podía bajar la cabeza impotente y culpable. Hasta que vio a Petra, quien estaba congelada en medio de las escaleras, con la mirada perdida y metida en un plano existencial totalmente diferente al real, sin poder dimensionar lo sucedido.

-¡Petra! – exclamó Zeke yendo a su encuentro para abrazarla.

Fue allí que Petra reaccionó y deformó su rostro de horror y angustia.

-¡MI FAMILIA! – rugió de tal manera que se lastimó la garganta, quedándose afónica al instante - ¡ELLOS NO PUDIERON SALIR! – hizo a Zeke a un lado y bajó rápidamente para dirigirse como sea hasta su casa. No podía ser cierto, tenía que ser un error.

Zeke la detuvo y la abrazó con todas sus fuerzas.

-¡No puedes ir Petra! ¡Es peligroso para ti!

La joven trataba de zafarse desesperadamente de sus brazos, con los ojos desorbitados y en un ataque de histeria.

-¡TENGO QUE IR ALLÍ! ¡ELLOS NO PUDIERON SALIR! ¡TENGO QUE IR ALLÍ! – se lamentaba con aullidos roncos.

-¡Quédate aquí! – exclamaba Zeke, luchando por retenerla - ¡No puedes volver allá!

-¡¿Por qué?! – masculló Petra tomándolo por el cuello de la camisa en un estado de turbación total - ¡¿Por qué no puedo ir a ayudarlos?!

-¡PORQUE FUERON LOS ACKERMAN! – gritó Zeke sin contenerse - ¡ESTOY SEGURO DE QUE FUERON ELLOS! ¡SIEMPRE QUISIERON EL MANANTIAL DE TU PADRE Y ES PROBABLE QUE ESTO SEA OBRA DE ESA GENTE!

De repente, Petra se quedó quieta en sus brazos.

-¿Ellos? Pero…no… - balbuceó.

-Siempre fui testigo en casa de Levi cómo su tío hacía planes en voz alta con respecto a esas aguas. – le explicaba el rubio con más calma y con el rostro surcado de lágrimas – Era más que sabida su ambición hacia las propiedades de tu padre. Y sabes que en tu casa no hay nada que pueda provocar un incendio. Por eso estoy seguro de que fueron ellos. Todos ellos. – proseguía – Si apareces por allá lo más probable es que te persigan hasta poder matarte a ti también. Te protegeremos, así que quédate con nosotros. Quédate conmigo. – la abrazaba tan fuertemente que no se dio cuenta de que la chica se había desmayado en sus brazos.

Carla, quien tenía conocimientos médicos por haber sido enfermera, cuidó de ella toda la noche. Zeke no se despegó de ella en toda su convalecencia, llegando a pensar egoístamente en que por cómo se estaban dando las cosas, la vida le estaba dando una oportunidad con Petra.

Además, después de revisarla, Carla le había comunicado al joven otra razón más de su desmayo, dejando al joven atónito. Ahora más que nunca se quedaría a su lado.

Al cabo de unas horas, Petra despertó y se encogió para llorar amargamente, de un momento a otro lo había perdido todo y todavía era difícil de entender el cómo y el por qué.

-Mamá…papá…Moblit…Farlan…Nifa… - gemía ella mientras Zeke no podía hacer más que abrazarla y consolarla con palabras de amor.

Se negaba a pensar que Levi tuviera algo que ver en algún plan de su tío, aunque sabía que Kenny Ackerman era una persona bastante persistente en sus planes. Pero aunque no le simpatizara mucho esa familia, no los veía dispuestos a semejante atrocidad, y por amor a Levi era capaz de acercarse a ellos en buenos términos. Pero ahora se encontraba con que era probable que Levi también estuviera envuelto en todo ese delirio, y ahora ella se hallaba en una situación demasiado complicada. Estaba sola, y peor aún, según Zeke, los Ackerman no dudarían en buscarla para terminar su exterminio y así hacerse con el manantial. Y ella era débil, no tenía nada y sólo le quedaba Zeke. Además, había una razón poderosa para seguir con vida y salir adelante.

Además, aunque Levi no tuviera nada que ver en las acciones de Kenny Ackerman y ésta le presentara a esa familia la posibilidad de poner las manos sobre Romarins por matrimonio con el azabache siendo la heredera, sería imposible que después de semejante calamidad ella accediera a unirse a ellos, independientemente de la culpa o inocencia de Levi.

Carla le volvió a suministrar los calmantes apropiados para que volviera a dormir, ya en la mañana despertaría más tranquila, si era posible eso en tal situación, y verían la manera de ayudarla. Pero Zeke ya estaba planeando llevársela con él a París apenas tuviera oportunidad, con cambio de nombre incluido. Era hora de empezar una nueva vida y hablaría con su padre al respecto.


El mensajero llegó hasta el despacho de Kenny Ackerman para comunicarle las buenas nuevas. La familia Ral ya no existía en este mundo, las tierras ya no tenían dueño y en las próximas semanas tal vez se habilitaría la subasta. Él estaría en primera fila tirando dinero a diestra y siniestra para obtenerlas.

Le ordenó que llevara a los mismos hombres a ayudar con el incendio, y cuando el empleado se fue, un satisfecho Kenny fue a alistar su caballo para galopar hasta una pequeña cumbre desde donde vería el espectáculo de la casa en llamas. Vio a varios hombres además de los suyos tratando de controlar el indomable fuego, que ya estaba haciendo que el rancho se desplomara en pedazos. Supuso que eran hombres de Jäger junto con otros vecinos y gente de los Ral. Ese idiota sí que era astuto: desentendiéndose de lo planeado pero haciéndose el hombre solidario para calmar su culpa. Eso no quitaba que fuese su cómplice.

Pero él también estaba teniendo una procesión interna contra la que estaba luchando. No tenía nada que ver con Pierre Ral, aunque pensaba que si no hubiera sido tan terco y hubiese aceptado la oferta que le vivía haciendo, nada de esto hubiese sucedido. No, él pensaba en otra persona que no tenía nada que ver con todo ese juego de tener y no tener. Porque aunque nunca la tuvo, no la consideraba algo que pudiera comprar y exprimirle el uso.

Se bajó del caballo y cayó de rodillas al suelo con el rostro ahora desencajado.

-Manon… - farfulló con lágrimas en los ojos. Si lo hubiera aceptado a él y no a Ral, esos tres mocosos serían suyos y lo hubiese hecho feliz como nunca lo fue.

Ahora por fin tendría la propiedad de Romarins, pero a cambio viviría una cadena perpetua de infelicidad por haber matado a la mujer que amaba.


Si bien de por sí ya tenía el sueño liviano y había veces en las que simplemente no podía dormir, la noche en que casi lo lograba Levi se vio bruscamente interrumpido por el ir y venir de la gente alrededor de la finca. Se asomó por la ventana a escudriñar y notó que todos los hombres de Kenny se estaban dirigiendo a algún lado en masa. Bajó para preguntar qué pasaba y si podía ayudar en algo.

-Hubo un incendio en casa de los Ral. – le dijo uno de ellos – Parece que todos murieron; pero tenemos que ayudar a extinguir el fuego antes de que se… - no terminó su reporte porque Levi simplemente ya no estaba allí.

Como un poseso, corrió a buscar a su caballo para luego montarlo de un brinco y azuzarlo sin piedad hacia el lugar de los hechos.

-No…Petra, no…no… - musitaba con los dientes apretados y el pulso acelerado, podía sentirse a sí mismo temblando aunque estuviera en movimiento. No podía ser, Petra tenía que estar viva, no podía morir, no podía dejarlo…por lo menos ella, por lo menos tenía que salvarse ella…

Cuando llegó al lugar vio con terror cómo el fuego había devorado todo lo que era antes el bonito rancho de los Ral. Estaba desesperado, no podía hacer nada y aunque ese infierno cedía de a poco, todavía no podían acercarse. Se sentía un inútil ahí mirando sin hacer nada, así que con lágrimas en los ojos empezó con buscar por los alrededores en busca de algún sobreviviente que pudiera haber escapado. No dejaba de moverse de aquí para allá en un intento de mantenerse ocupado y con una tenue esperanza en su corazón, ordenando a los gritos a los demás a que hicieran lo mismo.

Y así pasaron las horas, hasta que las llamas finalmente se extinguieron con los primeros rayos del sol. Ojeroso y sudado, más por el horror que por el trabajo y el calor, Levi buscó junto a los demás con el corazón en la garganta. Su desesperación haría que en cualquier momento le diese algo. En poco tiempo encontraron lo que parecían ser los cuerpos de los Ral, tres hombres y dos mujeres, todos calcinados. La familia entera había perecido.

Levi cayó de rodillas, con los ojos salidos de las órbitas, temblando como una hoja y con lágrimas incontrolables corriendo por sus mejillas. Se acercó al cuerpo más pequeño, el cuerpo de Petra. No lo soportó más y empezó a gritar presa de un ataque de locura.

-¡PETRA! ¡NO, PETRA! ¡NOOOOO! ¡ME DEJASTE! ¡ME DEJASTE, PETRA! ¡NO! – los demás trataban de tranquilizarlo, y temían que cayera redondo por la conmoción o que se desgarrara la garganta con sus berridos. Levi los apartaba a golpes y gritaba incoherencias mezcladas con el nombre de Petra mientras vomitaba bilis del horror.

-¡PETRA, QUÉ VOY A HACER SIN TI! ¡QUÉ HAGO AHORA! ¡QUIERO MORIRME! ¡QUIERO MOR...! – hasta que alguien le dio un golpe certero en la nuca, dejándolo inconsciente. Al despertar, se encontró a sí mismo en su cuarto, y recordando todo lo sucedido, lamentó no haber muerto también. ¿Ahora qué haría con su vida, si Petra representaba eso para él? Ella, que había llegado a su vida para cambiarla por completo, haciendo de él una persona completamente diferente de lo que su tío y su abuelo planeaban. Haciendo de él un niño que no tuviera más objetivo que ser merecedor de su gracia. Haciendo de él alguien que quisiese mejorar cada día y ser un hombre digno de su amor. Ella, de quien se había enamorado siendo sólo un niño, sin tener conciencia ni dimensión sobre el significado del amor. Ella…

Ella estaba muerta.

-¡AAAAHHHHHHH…! – gritó como un demente mientras su madre y el médico ingresaban a su cuarto a las corridas para calmarlo.

¿Ahora qué haría con su vida, si su vida había acabado?

Fin de la primera fase.