Se quedó petrificada en su cama ¿por qué no se quedó en la casa en vez de caminar por un lugar desconocido? ¿por qué no aceptó dormir acompañada? Sintió un escalofrío al escuchar nuevamente el golpeteo.
Por un momento pensó en correr hacía la habitación de sus padres, pero al pensarlo mejor se dio cuenta de que era algo bueno no haberse quedado allí. Si realmente algo acechaba era mejor que sólo la tome a ella.
Preparándose mentalmente para lo peor comenzó a mover la cortina lentamente hacia un lado, encontrándose con lo que más temía, el rostro de aquel chico cambiaformas. Se quedó paralizada hasta que este le sonrío de manera aparentemente amable, señalando la ventana con su dedo en un intento de que Alicia la abriera.
Ella dudó unos segundos pero al ver que no había salida de esto comenzó a abrirla lentamente, teniendo un ojo abierto y otro cerrado a causa del miedo aún cuando trataba de mantener la mirada alerta. El chico no la apresuró, se quedó sentado en el tejado esperando pacientemente.
—Por favor no me hagas daño —dijo Alicia con la voz ya entrecortada, cerrando sus ojos con fuerza, al abrir completamente la ventana todo el terror que sentía se multiplicó de golpe en contra de su voluntad.
—Tranquila, no te voy a hacer daño —respondió Camilo suavemente intentando calmarla, instintivamente movió su mano para tocarla pero se detuvo a medio camino, el joven temía que eso empeore las cosas.
—Vengo a disculparme, sólo quería hacerte una broma, suelo hacer eso con todos por aquí —se rió un poco para aliviar la tensión pero al continuar se hizo notable la tristeza su voz —Sabía que eras una visitante pero en ese momento no pensé que te asustaría tanto, lo que quiero decir es que... lo siento, por favor no creas que yo o mi familia somos peligrosos, y por favor no te vayas por mi culpa.
La manera en la que lo dijo rompió algo dentro de ella, ahora era su turno para sentirse culpable. Sin pensarlo sacó su mano de la ventana para tomar la del chico.
—Por favor no te sientas mal, yo exageré... también lo siento —de repente se dio cuenta de donde estaba su mano, retirándola inmediatamente —Perdón —dijo avergonzada.
Camilo, quién estaba embelesado con esa acción, despertó de su «trance». No esperaba esa reacción de ella, fue agradable... porque eso mostraba que su visita iba por buen camino, claro está. Agitó su cabeza un par de veces para despejar su mente y prosiguió.
—No te preocupes, eso significa que ya no estás tan asustada —pero la alegría que comenzaba a sentir se desvaneció al ver lágrimas en el rostro de la chica.
—¿Estás llorando? Lo siento, lo siento, lo siento —esto estaba mal, muy mal. Camilo amaba hacer bromas, a veces incluso divirtiéndose al ver las caras de molestia de sus «víctimas», pero si había algo que no soportaba era ver a alguien llorar, mucho menos hacer a alguien llorar. Se equivocó, nada estaba bien, y ya no sabía que decir. De repente una mano tocó su hombro.
—No, no, tranquilo, estoy bien, estoy bien —dijo ella preocupada pero sin poder evitar reírse un poco, eso tranquilizó a Camilo. Había actuado lo suficiente en su vida como para saber distinguir una risa real, por muy pequeña que está fuera. La chica continuó hablando mientras se limpiaba la cara con su mano.
—Las lágrimas ya estaban ahí, supongo que tenían que salir —otra vez se rió, está vez con más fuerza —No te preocupes, soy muy llorona. Hay días en los que lloro sólo porque me vean, cómo te había dicho yo exageré.
Él también se rió un poco, obviamente ella dijo que las lágrimas ya estaban ahí y lo fácil que era hacerla llorar para hacerlo sentir mejor. No podría decir que funcionó exactamente, él aún seguía siendo la razón de que las lágrimas estuvieran ahí en primer lugar. Pero le alegraba ver, está vez con toda seguridad, que ella estaba completamente cómoda con su presencia.
—No exageraste, al vivir aquí toda tu vida es fácil olvidar que la mayoría de las personas no creen que la magia existe, no me justifica, pero es bastante raro recibir visitantes. Literalmente los últimos fueron mi padre y mi tío, y eso fue hace como 25 años. Lo que quiero decir es que no tienes que fingir que no fue nada, créeme eso puede ser muy malo, lo digo por experiencia propia.
—Entiendo, gracias, pero créeme todo está bien, no estoy enojada.
—Estoy feliz de que no lo estés, pero aun así debes tener algo que decir. Adelante, desahógate —dijo mientras hacía gestos con sus palmas como si estuviera llamando a alguien.
—Bueno, como tú dijiste la mayoría de las personas no saben que la magia es real, verla sin previo aviso frente a ti, esos primeros segundos son... indescriptibles. Incluso después de la explicación de mi padre no me sentí tranquila por completo, hasta llegué a pensar en la posibilidad de que tomarás represalias contra mí por el... golpe que te dí. Lamento eso.
—No lo lamentes, me lo merecía. Y sobre lo otro, te juró que ni yo ni mi familia usaríamos nuestros dones para algo así, jamás.
—Te creo, acabo de conocerte pero siento que puedo confiar en ti. A menos que también tengas el don del control mental, en ese caso es muy efectivo.
Ambos se rieron, Camilo se dio cuenta que su nueva vecina también tenía gusto por las bromas, y que se sintiera segura para bromear sobre la magia era una buenísima señal.
—Eso sería muy útil pero no, ninguno en nuestra familia tiene ese poder —se acercó para susurrarle a pesar de que estaban solos —con lo estricta que es mi abuela nos hubiera venido de maravilla.
El miedo de Alicia ya había desaparecido por completo. Su sentido común le decía que estaba siendo demasiado confiada pero no podía evitarlo, realmente se sentía así con Camilo. De repente notó algo que no había visto antes gracias a la oscuridad.
—Me alegra ver que no te golpeé tan fuerte como yo creía, estaba segura que dejaría una marca —mencionó sintiéndose aliviada.
—Créeme que sí dejó marca, y dolió como no imaginas —respondió Camilo aún sonriendo.
—Lo siento —dijo sintiéndose apenada al instante —¿estás usando tus poderes para ocultarla?
La chica acercó su mano a la mejilla que lastimó con su libro y rozó dos dedos sobre esta. Fue una acción incentivada por la curiosidad y Alicia no le dio mucha importancia, Camilo por otro lado.
—No... —susurró el chico mirándola perdidamente, reaccionó enseguida dándose cuenta que debió haberse visto como un idiota, pero por suerte Alicia estaba concentrada en su rostro y no pareció notarlo.
—No puedo hacer eso, si tengo una herida se verá también en el cuerpo que use —terminó de explicarle, afortunadamente con un tono de voz más normal.
—Lo que significa que es obra del don de la comida sanadora —dedujo la chica retirando su mano.
—Correcto, estás bien informada.
—Mi padre contó todo lo que recordaba sobre su vida aquí, probablemente no es mucho porque se fue a los ocho años. Sólo nos habló sobre tres personas de tu familia ¿eres hijo de uno de ellos verdad?
—Sí, Camilo Madrigal, hijo de Pepa Madrigal, un placer —se presentó el chico extendiendo su mano.
—El placer es todo mío, mi nombre es Alicia Hernández —dijo ella igualmente extendiendo la suya para tomar la de él, un poco sorprendida de no haber recordado presentarse en todo ese tiempo.
—Hermoso nombre... —respondió Camilo con una sonrisa y un tono de voz que le resultó bastante familiar, y que definitivamente combinaba mucho mejor en su respectivo dueño.
—Gracias, también me encanta el tuyo, rima con camaleón, lo cuál combina perfecto con tu habilidad —al haber tomado confianza su cabeza se lleno de preguntas —Mis padre me contó que tu familia recibe su poder a los cinco años ¿el don que reciben está relacionado con los nombres o algo así? ¿o tus padres tenían una idea de cuál sería el tuyo? Lo digo porque es una gran casualidad.
—Sí combina muy bien, pero es solo una coincidencia. Los nombres de mis otros familiares no tienen nada que ver con sus dones, y nadie sabe cuál será el don que recibas hasta el momento de la revelación. Mejor así, es más divertido que sea sorpresa.
—Interesante... disculpa si te molesté con tantas preguntas —eso solía pasar con frecuencia, no quería que su nuevo vecino pensara que era entrometida o habladora.
—Para nada, puedes preguntarme todo lo que quieras —le aseguró Camilo a su nueva amiga, feliz de haber podido calmarla y hacerla confiar en él.
—Muchas gracias —respondió ella sinceramente, pero pensó que aún con el permiso de Camilo seguir haciéndole más preguntas sobre la magia era demasiado invasivo. Apenas se conocían, él seguramente solo había dicho eso para ser cortés —pero mejor seguimos hablando en otra ocasión, te aseguro que la estoy pasando muy bien pero ya debe ser muy tarde y no me perdonaría que alguien te atacara en tu camino de regreso.
—¿Atacar? ¿Por qué... ¡oh, es verdad! De donde tu vienes eso suele pasar, tranquila no podría ser más seguro, un niño podría caminar a estas horas y no pasaría nada. Es más estoy seguro que la mayoría de ellos no saben que esas cosas existen.
—Has vivido aquí toda tu vida, si lo dices debe ser verdad. Pero aún así ten cuidado al regresar.
—Gracias por la preocupación... espera, dijiste que hablaríamos en otra ocasión ¿eso significa que ya no te vas del pueblo verdad? —preguntó el chico esperanzado solo para notar que Alicia lo miraba como si no lo conociera.
—¿Cómo sabes que pensábamos en irnos? Ahora que hago memoria lo mencionaste desde el principio de la conversación —preguntó con voz monótona, estaba tan concentrada en su miedo que no se había fijado ese detalle... quizás sí se había dado prisa en confiar.
—¡Por favor no pienses nada malo! Es solo que... mi hermana mayor tiene el don de escuchar todo en la ciudad, y yo le pedí que me dijera que había pasado contigo después de lo que pasó. Quizás debí disculparme de inmediato pero después de ver como te asusté supuse que era mejor esperar.
—¿Así que le pediste que me espíe? —preguntó Alicia usando el mismo tono de voz.
—No se lo pedí, pero sí le pregunté. Estaba preocupado de no... disculparme de la manera correcta, incluso mi hermana me dijo que ese es el riesgo que todos corren. Lo siento, supongo que tenía miedo, por favor no te enojes.
—¿Y si ella no te hubiera dicho nada tu disculpa habría sido distinta? —interrogó ella hablando más normalmente.
—Puede que no, pero probablemente hubiera esperado hasta mañana, y quizás habría sido demasiado tarde.
—Es verdad, además quizás no habríamos tenido tanta privacidad y quietud. Me alegra que lo hayas hecho —dijo Alicia finalmente sonriendo de nuevo.
—Gracias al cielo —suspiró aliviado el chico.
—Mejor lo dejo así, hoy te has disculpado mucho —bromeó la chica riéndose un poco —no necesitabas pensarlo tanto, la mejor disculpa es la que es sincera, como la tuya.
Camilo sonrió y asintió con la cabeza, intercambiando ambos miradas por unos segundos. Se quedaron en silencio por unos segundos hasta que la a chica se le vino una duda a la mente.
—¿Significa que tu hermana ha escuchado toda nuestra conversación?
—Estoy seguro que no, salí de la casa a una hora que sé que ella está dormida, y aunque estuviera despierta estaba en su cuarto, el único lugar donde realmente puede controlar que tanto quiere oír, y la mayoría del tiempo lo tiene en silencio total. Pero claro a horas del día ella siempre está alerta de todo.
—¿Y las personas están bien con eso? Ahora me dará vergüenza decir o hacer algo.
—Tranquila te acostumbrarás, admito que siempre está el riesgo de que ella cuente cosas sobre ti de repente, pero además de eso es inofensiva. Aunque claro muchas veces cuenta cosas que te meten en problemas, a mí me lo ha hecho muchas veces.
—Lo siento por eso.
—A veces es un poco molesto pero por favor no me malinterpretes, ella es una gran hermana y persona —agregó el chico no queriendo hacer quedar mal a Dolores frente a la visitante —supongo que después de escuchar tantas cosas tiene que desahogarse de alguna forma, además todos los hermanos se pelean de vez en cuando ¿no?
—Bueno, yo no he tenido hermanos. Pero en experiencia con mis primos puedo decirte que es verdad —dijo Alicia mientras se le venían a la mente algunos recuerdos —Debe ser muy difícil escuchar todo y a todos sin poder controlarlo, seguro cualquier cosa que me imagine ni siquiera se acerca a como realmente es. Todas esas voces, sin contar todo lo demás, sonando al mismo tiempo... tu hermana es muy fuerte.
—Sí lo es, su don es sin dudas el más difícil de llevar. Ella escucha todo pero me ha dicho que prestar más atención a un sonido en particular apacigua un poco todos los demás, también ayuda que el pueblo sea pequeño. Eso se traduce en concentrarse al escuchar a su hermanito meterse en problemas.
—¿Ella escuchó cuando nos conocimos? Bueno debí suponerlo ¿Te contó la charla que tuve con mis padres? Fue bastante larga.
—No... créeme que quería hacerlo, pero mi abuela la detuvo justo antes de empezar, no lo vio correcto, especialmente porque tu familia desconocía el don de mi hermana. Aun así no solemos usar su oído para espiar a la gente, sólo para saber si una visita está cerca o encontrar personas o mascotas perdidas o en problemas, cosas así. Yo le pregunté después por mi cuenta pero ella solo me dijo lo importante... que tu familia planeaba irse.
—Eso fue lo que te hizo decidir disculparte hoy...
—Lo decidí apenas Dolores me lo dijo, esperé a que todos se durmieran y cuando llegué a tu casa casualmente te vi asomada en la ventana. Sinceramente no tenía nada planeado, solo sentí que tenía que venir, tuve suerte supongo.
—Yo también la tuve —dijo ella bajando un poco el tono de voz —Mi padre me dio la opción de irme, yo no quería arruinar el viaje que él deseó por tanto tiempo pero admito que en varios momentos llegué a dudar. Pero tú me hiciste cambiar de opinión, ahora estoy ansiosa de ver todo lo que este pueblo tiene por mostrar.
—En ese caso permíteme ser tu guía en el pueblo, arruiné tu primer paseo, por favor déjame compensarlo.
—Te agradezco, pero no quiero interrumpir tu día. Escuché que ustedes dan servicio a la comunidad.
—No te preocupes, hasta donde mi familia sabe mañana iba a disculparme contigo. Además ¿que mejor servicio a la comunidad que mostrarle el pueblo a un nuevo visitante? —Camilo de repente pensó que quizás Alicia realmente no se sentía suficientemente a gusto con él, tal vez ella solo quería rechazar su propuesta cortésmente... mejor se lo facilitaba —Claro, si tú estás de acuerdo, honestamente otras personas podrían hacerlo mejor que yo, mi prima Mirabel es muy simpática.
—No, no, si estás disponible me encantaría hacerlo contigo ¿que hora me propones? —respondió ella sonando muy ansiosa, eso emocionó igualmente al chico, quitándole un peso de encima.
—La que tú quieras está bien, mañana o tarde, todo mi día está disponible... o noche si prefieres —agregó con una sonrisa coqueta.
—Me tientas, pero para un primer recorrido es mejor la luz del día, el paseo nocturno tendrá que esperar —respondió ella sonriéndole igualmente —¿Lo decías en serio?
—Puedes apostar que sí —aseguró Camilo guiñando un ojo. Alicia agradecía en ese momento que la oscuridad ocultara sus expresiones, sabía que la calidez que sentía en su rostro era solo una reacción normal al estar hablando con un chico a solas, pero igualmente se sentiría tonta si Camilo lo hubiera notado.
—¿Está bien en la mañana? Es tarde y es fácil quedarse dormido —continuó ella la conversación con normalidad.
—Está perfecto, Mirabel nos despierta a todos tocando nuestras puertas muy temprano todas las mañanas, aunque quisiera es imposible que me quedé dormido. Aún así activaré el despertador, por si acaso.
—Tu prima es muy energética —agregó ella con unas cuantas risas —¿te parece bien a las ocho y media?
—Excelente, estaré aquí muy puntual. Estoy seguro que le caerás muy bien a mi familia, todos son simpatiquísimos, incluso mi abuela cuando la conoces bien.
—No lo dudo, ya conocí al primero —susurró dulcemente mientras activaba su despertador —Buenas noches Camilo, duerme bien, y ten cuidado al regresar.
—Buenas noches Alicia, dulces sueños, te veo mañana.
El chico agitó su mano en señal de despedida antes de bajar del tejado, ella agitó su mano igualmente. Camilo había dicho que no había peligro pero aún así ella quiso quedarse en la ventana hasta perder su figura de vista, en un momento él se volteó y ambos volvieron a agitar sus brazos una última vez.
Alicia se acomodó en sus sábanas finalmente sintiéndose segura para dormir, esa conversación le había traído la tranquilidad que el té de manzanilla no pudo darle. Definitivamente fue una buena decisión quedarse en esa habitación.
Camilo por su parte entró a Casita tan sigiloso como salió, todo había salido mucho mejor de lo que esperaba, había sido una buena decisión seguir sus instintos. Se dispuso a entrar a su habitación y descansar, mañana tenía que estar más despierto que nunca.
