Camilo había activado su despertador tal y cómo había dicho, pero esté nunca llegó a sonar... ya que el chico Madrigal ya se había despertado con más o menos quince minutos de adelanto, y aunque probablemente no había dormido tanto como acostumbraba increíblemente no se sentía cansado.
Definitivamente su mente y su cuerpo se habían puesto en sincronía, ninguna parte de él quería perderse de este encuentro. Se miró en uno de los muchos espejos de su habitación antes de salir, una y otra vez, hablándose a sí mismo.
—¿Me veo bien? ¡Claro Camilo tú siempre te ves bien! —se da una palmada en la frente después de eso.
—¿Qué estoy haciendo? Si sigo así terminaré llegando tarde de todas formas. Creo que tantos cambios le han hecho daño a mi cabeza, ya ni siquiera puedo mantener mis pensamientos dentro de ella... como ahora —dijo exasperándose un poco consigo mismo.
Bajó las escaleras, la mañana todavía estaba un poco oscura, pero aún así él no era el primer Madrigal en despertar, ese lugar le correspondía a Julieta. Su tía siempre se despertaba antes que el sol para recibir a la familia con el desayuno listo, un hecho que solo cambiaba en muy contadas y específicas ocasiones.
—¡Buenos días tía! Bonita mañana ¿no? —saludó con entusiasmo dándole un abrazo a Julieta para luego tomar un lugar en la mesa.
—Buenos días Camilo ¿dormiste bien? —preguntó Julieta con su característica voz cariñosa —Me sorprende verte despierto tan temprano.
—Muy bien tía gracias, supongo que hay días en los que hay buenas razones para despertar.
—Me alegra ver que pienses así, ayer te vi muy nervioso por tener que disculparte con esa jovencita, pero hoy te noto mucho más optimista.
—Lo estaba, creo que dormir me hizo bien —respondió el chico con notable nerviosismo en su rostro. Por suerte su tía estaba ocupada rellenando algunas arepas, de otra forma lo habría notado.
—Una buena noche de descanso siempre ayuda a despejar la mente Camilo, y hoy te corresponde la primera arepa del día —agregó Julieta mientras le servía el desayuno a su sobrino, cuando de repente notó que algo faltaba —mejor busco más queso en la despensa, ya casi se termina.
—Yo voy tía —se ofreció Camilo inmediatamente.
—Gracias Camilo pero no es necesario, además tu desayuno se enfriará. Buen provecho, no tardaré mucho.
El chico Madrigal asintió y se dispuso a disfrutar su desayuno cuando de repente...
—Mentiroso, no fue una noche de sueño la que te puso de buen humor —Camilo casi tiró su plato del susto, solo para voltear y encontrarse con la sonrisa «diabólica» de su hermana. A veces su voz susurrante era más aterradora que cualquier grito.
—¿A qué te refieres? —dijo el hermano menor recuperando el aliento.
—Escuché toda tu escapada de anoche —respondió la mayor como si fuera lo más normal del mundo mientras también tomaba asiento en la mesa.
—¿Pero cómo? ¡Salí a una hora en la que sé que todos están dormidos! —interrogó Camilo con un volumen más alto de lo planeado, incrédulo de haber sido descubierto aún con todas sus precauciones.
—Si lo dices así terminarán sabiéndolo todos, y también me provocarás dolor de oído —le respondió Dolores con un tono de voz calmado, aunque con un toque de molestia.
—Te lo mereces por espiarme —susurró Camilo escuchándose enojado.
—Esa no fue mi intención, casualmente estaba en la cocina buscando un poco de agua al momento en que tú saliste. Y no tuvo nada que ver con «espiar», no puedes esperar que escuche a mi hermano menor escapando a mitad de la noche y luego me vaya a dormir como si nada —dijo Dolores sintiéndose algo ofendida, cosa que su hermano notó.
—Lo siento —respondió Camilo sinceramente —no estoy enojado, solo estoy asustado. No quiero que nadie se entere de lo que hice, incluso si no se enfadan seguramente me harán un montón de preguntas, y quiero que esto solo quede entre nosotros.
—Algo me dice que no estoy incluida en ese «nosotros» —dijo Dolores con una pequeña sonrisa.
—Oh ya veo te quieres vengar por las pequeñas bromas que les hice a Mariano y a ti —mencionó Camilo queriendo desviarla discretamente del tema —pero no es eso, solo quiero hacer sentir bien a Alicia y tal vez conseguir a una nueva amiga mientras lo hago, eso es todo.
—Claro, entiendo —dijo su hermana con un tono un poco burlón pero decidiendo no insistir más con ese tema, por ahora —supongo que te preocupa que se me escape algo.
Al escuchar eso Camilo sintió que lo único que se escapaba era el aire de sus pulmones, lo que hizo reír un poco a la mayor.
—Admito que tienes tus razones, es verdad que suelo ser indiscreta. Por eso le advertiste a tu amiga sobre mí.
—¡No! No, no es eso, no quise... —ahora sí era oficial, Camilo se había quedado sin palabras.
—Tranquilo, si sigues así te desmayaras y no llegarás a ningún lado —respondió Dolores sonriendo mientras le daba una palmada en el hombro para hacerlo «reaccionar» —Recuerda que escuché todo, tú también eres un gran hermano y persona. Y al final hiciste lo correcto, manejaste la situación muy bien, debo decir que me sorprendiste.
—¿Cómo que te sorprendí? ¿Acaso dudabas de tu hermano? —preguntó Camilo con un falso tono de sorpresa, aliviado de que su hermana no estuviera molesta por lo que hizo la noche anterior.
—Sinceramente... si —dijo Dolores, golpeando un poco el ego del chico en el proceso —no tienes de que preocuparte, sé cuando un secreto está mejor siendo guardado, creo que lo demostré con lo del tío Bruno. Además que le contaras a tu amiga sobre mi significa que estará sobre aviso si se me escapa algo sobre ella.
—Muchas gracias hermana... pero por favor olvida eso último.
—Ya veremos... —se limitó a responder la chica mientras se servía un poco de café.
—¿Te levantaste temprano solo para ver mi cara de susto al saber que me descubriste verdad? —el distintivo sonido de su hermana le dio su respuesta.
—¡Rayos! ¿Cómo pude distraerme hablando? Tengo que irme —Se levantó de golpe de la mesa, dejando su plato en el fregadero y tomando la mitad de arepa que le quedaba con una servilleta para terminar de comérsela en el camino.
—No puedo creer que Mirabel no se levante todavía, menos mal que no me confíe con que ella me despertaría, es verdad que siempre fallan cuando uno más los necesita —dijo a manera de broma sobre su prima antes de salir —Deséame suerte, y por favor dale a la tía Julieta gracias por la comida de mi parte.
—Claro, aunque no creo que sea necesario... ¿Verdad tía? —le preguntó Dolores a su tía Julieta quien se encontraba justo detrás del muro.
—Eso estuvo mal —se lamentó Julieta —me devolví al escuchar que Camilo se asustó y al final no pude evitar escuchar toda su conversación, lo siento. Solo quería asegurarme de que Camilo estuviera bien, me alegra confirmar que es así.
—Está bien tía, nadie se enterará, últimamente estoy guardando muchos secretos.
—Gracias mi niña, ahora déjame servirte tu... ¡Oh es cierto! Nunca fui por el queso, vuelvo enseguida —dijo Julieta mientras volvía a salir de la cocina.
—Buenos días, parece que hoy me desperté un poco más tarde de lo normal —admite Mirabel, quien entra justo después de salir su madre.
—Fallaste —le dice Dolores con voz y rostro inexpresivos, para luego solo continuar bebiendo su café como si nada, dejando sin explicaciones a una Mirabel muy confundida que solo se preguntaba —¿Qué?
Mientras tanto en casa de los Hernández, Alicia estaba lista desde muy temprano, el despertador no había sido necesario ya que su cuerpo lo había hecho por sí mismo, estaba sorprendida de no sentirse cansada a pesar de haberse dormido tan tarde.
Sus padres seguían durmiendo, lo que era comprensible después de tan largo viaje, así que la chica simplemente se hizo un sandwich con lo que había disponible en la cocina y tomó un vaso de jugo de manzana. Justo cuando había terminado de lavar lo que había ensuciado tocaron a la puerta, se acomodó su sombrero y sacudió un poco el vestido rápidamente antes de abrir.
Detrás de esta estaba Camilo, con una sonrisa confiada que hacía un buen trabajo al ocultar lo nervioso que estaba realmente.
—Buenos días, te ves muy bien —saludó Camilo amablemente, la voz del chico solía sonar siempre un poco coqueta aunque esa no fuera su intención, así que estaba intentando controlar eso un poco. Lo que menos quería era que Alicia se sintiera incómoda.
—Buenos días, gracias tú también te ves muy bien, y es verdad que eres muy puntual —le respondió ella sintiéndose también un poco nerviosa, era la primera vez que saldría a solas con un chico, y aunque se repetía a sí misma en su mente que era solo un simple paseo para mostrarle el pueblo no podía evitarlo del todo.
—Gracias ¿Estás lista para comenzar tu recorrido? Confía en mi, vas a pasarla muy bien.
—Yo estoy lista, pero mis padres aún no han despertado. Los pobres no durmieron casi nada durante nuestro viaje, no puedo irme sin avisarles, si me permites un momento iré a despertarlos y...
—Alicia —fue interrumpida por la voz de su padre.
—¡Oh! Buenos días papá, me asustaste un poco ¿Dormiste bien?
—Sí hija, gracias. Aunque ayer me quedé preocupado por ti ¿Tú dormiste bie... ¿Quién es ese jovencito? —notó la presencia de Camilo al acercarse más a la puerta.
—Sí papi dormí bien, gracias. Él es... Camilo Madrigal —le respondió Alicia visiblemente nerviosa, su padre había llegado de manera sorpresiva sin darle tiempo de planear bien cómo le explicaría todo.
Camilo, quien se había quedado paralizado de la sorpresa hasta ese momento, reaccionó al escuchar su nombre. ¿Qué clase de impresión daría si dejaba a Alicia hablar sola por él? Eso ni en sueños, tenía que dar la cara y explicar todo.
—Mucho gusto señor, soy Camilo Madrigal —se presentó Camilo estrechando su mano, ocultar sus nervios de repente había alcanzado una mayor dificultad.
—Mucho gusto jovencito, soy Fernando Hernández, como ya sabes padre de Alicia —que le respondieran amablemente no apaciguó para nada sus miedos, esto apenas empezaba.
—Según recuerdo tu familia solía mandar a uno de sus miembros como altavoz para dar mensajes en ciertas ocasiones, como saludos, despedidas, felicitaciones o bienvenidas. Si no me equivocó esa es la razón de tu visita ¿verdad? A menos que las cosas hayan cambiado desde que nos fuimos —preguntó el Sr. Hernández de manera casual.
—Sigue siendo como usted lo recuerda, pero me temo que esa no es exactamente la razón de mi visita —explicó Camilo intentando sonar de la manera más educada posible —En realidad su hija y yo ya habíamos tenido un encuentro, ayer. Como usted ya sabrá tengo el don de tomar la forma de cualquier persona y admito que a veces suelo usarlo para gastar bromas, aún sabiendo que su hija era nueva en el pueblo lo intenté con ella, juró que no pensé que todo saldría tan mal.
El joven Madrigal estaba decidido a ser completamente sincero, aunque aún manteniendo en secreto la visita en la ventana de la noche anterior. El Sr. Hernández estaba escuchando con atención cada palabra que este decía con una expresión indescifrable.
—Mi visita se debe a que vine a compensarle todo a Alicia, estoy completamente arrepentido de haberla hecho pasar un mal rato. Y también me disculpo con usted señor por haber molestado a su hija y arruinarle a su familia su primer día aquí.
Camilo respiró profundo al terminar de hablar, durante todo ese tiempo tuvo que resistirse a desviar la mirada. Fue especialmente difícil con la cara inexpresiva que tuvo el Sr. Hernandez durante todo ese momento, pero el chico sabía que lo correcto era mantener la mirada hacía el frente. El padre de Alicia le puso velozmente una mano en el hombro de manera inesperada haciendo que Camilo se sobresaltara, milagrosamente no gritando del susto.
—Te entiendo —comenzó a hablar el padre de Alicia, finalmente recuperando algo de la emoción en su rostro —yo también fui joven, yo también sentí la emoción de hacerle bromas a otros... de asustar a otros. Entiendo que se te fue de las manos, y también puedo ver que tu arrepentimiento es sincero, fuiste muy valiente al disculparte en persona, estoy seguro de que fue muy difícil.
—Sí lo fue —lo seguía siendo en realidad, Camilo todavía no bajaba la guardia —pero me alegra que todo haya salido bien.
—A mí también, me alegra ver que mi hija parece sentirse en confianza contigo. Es increíble la gran diferencia entre como se sentía ayer con hoy, para lograr ese cambio en tan poco tiempo debes de ser muy bueno con las palabras.
—No fue tan rápido como usted creería —dijo el joven con una sonrisa insegura, inconscientemente desviando la mirada hacia un lado.
—Yo diría que sí —le respondió el Sr. Hernández calmadamente.
Alicia estaba a punto de decir algo cuando se escuchó un «Buenos días», lo que hizo voltear a todos los presentes.
—Buenos días mami —saludó la joven con cariño al ver que su madre había despertado.
—Buenos días cariño —Fernando recibió a su esposa con un rápido beso, y procedió a presentar a su visitante —él es Camilo Madrigal, uno de los miembros de la famosa familia de la que te hablé.
—Mucho gusto jovencito, soy Lucero Hernández, que emocionante conocer a alguien con magia real —se presentó la madre de la familia.
—El gusto es mío señora, pero debe saber que la razón de mi visita es que... —Camilo se detuvo al ver a Lucero levantar su mano.
—Tranquilo, no necesitas explicarlo todo de nuevo, estaba bajando por las escaleras pero me detuve al escuchar su conversación. Lamento la intromisión.
—Amor, tú nunca podrías ser una intromisión, debiste haberte unido.
—Tal vez, pero tú estabas manejando todo bastante bien, no lo vi necesario —dijo dándole a su esposo una sonrisa con complicidad —¿Alguien quiere desayunar? podrías unirte a nosotros Camilo.
—Muchas gracias señora pero ya comí —rechazó Camilo respetuosamente.
—Yo también ya desayuné mamá, gracias, me hice algo rápido con lo que había en la cocina. Quería decirles que Camilo se ofreció a darme un paseo por el pueblo. Por favor ¿Puedo ir? —pidió Alicia a sus padres juntando ambas manos, quienes se miraron por un momento antes de responder.
—No veo porque no, te ves muy emocionada ¿Tú que opinas Fernando?
—Concuerdo contigo, es una gran oportunidad para que conozca bien el pueblo, y además guiada por alguien que vive aquí.
—Si quieren pueden acompañarnos también señores, no hay ningún problema. No se los había ofrecido antes porque no los había conocido —nuevamente los señores Hernández intercambiaron miradas, con esa simple acción ya se habían comunicado muchas cosas.
—Gracias Camilo pero mejor no. Es bueno que los jóvenes convivan con otros de su edad, y lamentablemente, aunque mi esposa es una belleza —dijo orgulloso guiñándole un ojo a la susodicha —ya no entramos en esa categoría.
—Mi guapísimo esposo tiene razón —continuó Lucero devolviendo el halago —nosotros podemos hacer un recorrido familiar en otro momento, aún nos queda mucho tiempo aquí. Estamos seguros de que ustedes quieren charlar con libertad, nuestra presencia podría provocar que se sientan incómodos.
—¡Mamá claro que no! —se apresuró Alicia en negar la afirmación de su madre, lo decía sinceramente.
—Créeme que sí, y eso no está mal, los jóvenes deben ser jóvenes —le respondió su madre con una sonrisa relajada, tranquilizando a su hija.
—Bueno ya que todo está decidido ¿A qué hora esperamos su regreso? —preguntó Fernando a Camilo, quien dudó un poco antes de responder.
—Sinceramente no lo había pensado, el pueblo es pequeño pero a la hora de recorrerlo a fondo puede ser increíblemente grande. Y ahora que lo pienso, si ustedes me lo permiten, me gustaría invitar a Alicia a almorzar a un restaurante del pueblo que me encanta, la mejor comida del valle, después de la de mi tía Julieta claro. Los invitaría a todos a Casita pero a mi familia le gusta planear las visitas con tiempo.
—Eso es muy amable de tu parte, y por nosotros está perfecto. Creo que nuestra conversación se está alargando un poco y ustedes seguramente querían disfrutar de la mañana ¿Ya calculaste cuanto tiempo les llevará?
—¡Oh cierto! —entre tanta explicación había olvidado responder la pregunta —quizás a las dos, tres de la tarde, si a ustedes les parece bien por supuesto.
—Nos parece bien Camilo, ya pueden irse, no los detendremos más. Cuídense y pórtense bien —los despidió la Sra. Hernández.
—Muchas gracias, adiós mamá, adiós papá —se despidió Alicia mientras le daba un abrazo a cada uno.
—No es nada mi niña, diviértete —respondió con cariño su padre, para luego nuevamente sobresaltar a Camilo con un toque sorpresivo.
—Te la encargo mucho —le encomendó al chico Madrigal con un tono de voz aparentemente sin cambios, pero el joven pudo notar la seriedad oculta en sus palabras.
—Por supuesto señor —respondió, sintiendo como de pronto toda la presión que se había disipado volvía a caer sobre él sin previo aviso. Alicia notó esto y le puso brevemente una mano en la espalda intentando calmarlo.
—¿Estás listo? —le preguntó con una sonrisa tranquilizadora.
—Claro que sí —respondió con seguridad, parecía que los intentos de la chica habían funcionado —Muchas gracias por todo señores, que tengan buen día.
Ya con todo dicho Alicia agitó su mano en señal de despedida antes de cerrar la puerta, finalmente emprendiendo el camino junto a su nuevo amigo a las calles de Encanto.
