III
Mono ve, mono hace
No sabía por qué, pero, pese a que jamás había hecho ese ejercicio en mi vida, era capaz de hacerlo como si aquello formara parte de mi rutina diaria. La idea era permanecer lo más quieto posible, mientras uno era sostenido por líneas de acero en un punto entre la cintura y las caderas. Con este ejercicio, los instructores eran capaces de determinar si alguien era apto para moverse en tres dimensiones… o al menos eso fue lo que se nos dijo.
Miré a mi alrededor, y noté que muy pocas personas estaban teniendo problemas con el ejercicio. Solamente Krista y Eren lucían complicados. Me preocupé por Eren, pues sabía que si él no pasaba la prueba, sería expulsado del Cuerpo de Entrenamiento y enviado derecho a los campos de cultivo, y estaba segura que Eren no quería eso. Su corazón se hallaba demasiado lleno de odio para tolerar el fracaso en algo, aparentemente, simple.
Miré a mi izquierda, y vi que Krista también estaba teniendo muchos problemas para permanecer erguida. Batallaba y batallaba para mantener su posición, pero se estaba inclinando lentamente hacia atrás. Traté que ella mirara en mi dirección, y ella, después de un rato, lo hizo. Krista pareció darse cuenta que necesitaba calmarse para conseguir recuperar la postura, y comenzó a respirar hondo, y me di cuenta que, poco a poco, lo estaba logrando. Movía menos los brazos, trataba de mantener las piernas más rectas, mirando en mi dirección todo el tiempo.
Cuando la prueba hubo acabado, el instructor entregó el veredicto. Casi toda la promoción había pasado la prueba, salvo Eren y, por alguna razón, Krista, pese a que terminó la prueba correctamente. Me imaginé que el instructor no la había aprobado de inmediato porque albergaba algunas dudas sobre sus competencias, sobre todo por la forma en que había empezado la prueba, pero esa era solamente una suposición. De todas formas, el instructor fue explícito en que tanto Eren como Krista iban a tener una segunda oportunidad mañana, pero igual se me hizo un nudo en el estómago. Pese a que estaba más preocupada por el destino de él, había dialogado lo suficiente con Krista para sentir un poco de pena por ella. Al final, decidí que iba a ayudar a ambos, pero eso debía esperar hasta después de la cena.
Comimos en absoluto silencio. Eren echaba humo por las orejas. Imaginé que no era capaz de soportar las burlas de sus compañeros. Le recordaban que él mismo había dicho que los débiles debían irse para jamás regresar. Armin le insistía en que iba a tener otra oportunidad mañana, pero, mientras veía a los demás burlarse de Eren, tuve mis dudas sobre si él debía permanecer en el ejército o no. Pero la decisión la iba a tomar después que hubiéramos practicado.
Krista también lucía cabizbaja. Pese a que me preocupaba más por Eren, también sabía que ella estaba bajo una presión enorme. Bastaba con recordar mi conversación con ella el primer día en el Cuerpo de Entrenamiento para darme cuenta de eso. Me preguntaba por qué ella se mostró como si alguien amenazara su vida cuando me dijo su nombre, y lo más importante, por qué diablos no podía decir nada sobre sus razones para entrar al ejército. Lo único que había sacado en limpio fue que ella no había accedido a hacerlo libremente.
Cuando la hora de la cena hubo acabado, hice una seña a Krista y miré significativamente a Eren. Ambos captaron la indirecta, y me siguieron hacia el campo. Primero iba a ayudar a Krista, pues supuse que ella no tendría tantos problemas.
—Primero, tienen que calmarse —les expliqué a ambos, percatándome que estaba anocheciendo rápido—. No se desesperen cuando estén en el aire. Mantengan el peso de su cuerpo equilibrado y descansándolo sobre sus caderas. Por eso es que estar calmado es esencial. En el momento que pierdan la calma, no tendrán una buena distribución de su peso y se inclinarán hacia adelante o atrás. Krista, tú primero.
Ella se puso en posición, se ató las líneas a la cintura, y Eren la elevó en el aire. Krista respiró hondo para calmarse, como la primera vez, pero me dio la impresión que se estaba esforzando demasiado por calmarse, y perdió el equilibrio, pero Eren impidió que ella se machacara la cabeza contra el suelo. Entre los dos, la bajamos, y ella se quedó de pie, mirando al suelo. Imaginé que debía estar conteniendo las lágrimas.
—Bueno, creo que es mejor que les muestre cómo hacerlo —dije, recordando que Krista había comenzado a hacerlo mejor mientras me miraba cómo yo lo hacía—. Eren, ayúdame con esto.
Eren obedeció, y ató las líneas a mi cintura. Krista, aún sin mirar al frente, me elevó en el aire y regresó a su puesto a observarme.
—Tienen que comenzar la prueba calmados —dije, haciendo caso a mis propios consejos, resultándome como esperaba—. Vayan con la clara conciencia de que pueden lograrlo.
Tanto Eren como Krista me miraban con atención, pero me dio la impresión que era Krista quien parecía observar cada cosa que yo hacía. Lucía determinada en triunfar en aquella prueba. No era que Eren quisiera fracasar, pero me daba la impresión que no quería depender tanto de mí y hacer las cosas por su cuenta. De hecho, tenía una mirada como queriendo decir "debo poder hacerlo solo".
Cuando acabé con mi demostración, hice que Krista probara primero. Eren la ayudó con la línea y yo la elevé en el aire. Antes de eso, había notado que ella respiraba de forma rítmica, intentando calmarse. Eren también hacía lo mismo, pero lo conozco lo suficiente para entender que a él le resultaría mucho más difícil, porque era un joven impaciente.
Volví a prestar atención al intento de Krista, y vi, para mi gran sorpresa, que había logrado mantener su posición, claro que movía ligeramente los pies y las manos, buscando el equilibrio de forma ordenada. De todas formas, no esperaba que lo hiciera como yo al primer intento, pero aquel había sido un muy buen comienzo. La bajé, y ella me mostró una amplia sonrisa, y yo no pude evitar devolvérsela. No obstante, yo albergaba cierta esperanza de que Krista lo hiciera bien. Quien realmente me preocupara era Eren. Era un chico demasiado impulsivo y era fácilmente secuestrado por sus emociones. Contuve el aliento mientras veía cómo Krista alzaba a Eren.
Por el más breve de los momentos, pensé que él también iba a conseguirlo, pero pasó exactamente lo mismo que la primera vez. Sin embargo, impedí que volviera a golpearse en la cabeza, pues con uno era suficiente. Cuando se puso de pie, miré a Eren. Lucía desconsolado. Yo, por mi parte, fruncí el ceño. Era muy poco probable que Eren fallara ambos intentos del mismo modo, pues en las dos ocasiones se había inclinado hacia la misma dirección. Cuando le manifesté mis sospechas a Eren, sin embargo, él no las quiso aceptar. Decía que él había fallado y que iba a probar suerte preguntando a otras personas sobre cómo mantener el equilibrio.
Muy en el fondo, yo dudaba que encontrara ayuda.
Al día siguiente, yo y el resto de los cadetes nos encontrábamos apiñados alrededor de dos bastidores: en uno se encontraba Eren, y en el otro, Krista. Por el rabillo del ojo, noté que Reiner y Bertholdt miraban a Eren, pero también me di cuenta que Reiner a veces desviaba la mirada hacia Krista, y se podía advertir un leve rubor en sus mejillas. Dicho rubor desaparecía en cuanto volvía a poner atención en Eren. No pensé que fuese algo relevante, por lo que no le di mucha importancia. En fin, recuerdo que Eren y Armin salieron de las barracas con ellos dos, aunque desconocía para qué propósito.
Cuando el instructor indicó que comenzaran, tanto Krista como Eren fueron alzados. Nada dramático ocurrió en los primeros momentos de la prueba y, por un breve instante, creí que Eren lo iba a lograr, pues había conseguido mantener el equilibrio. Por otro lado, Krista había aprendido bastante bien. Lucía más tranquila que ayer, pese a que había más gente mirando, y los resultados de su tranquilidad se estaban manifestando solos. Hubo un murmullo general de aprobación, y yo busqué su mirada. Ella hizo lo mismo. Me sentí curiosamente bien con su triunfo.
Sin embargo, se volvió a escuchar el golpe seco de una cabeza colisionando contra el suelo, y vi que Eren había vuelto a sufrir el mismo problema. Fue cuando me di cuenta que el fracaso de Eren no se debía a su poca habilidad. Sus fallas eran demasiado sistemáticas para ser causadas por simple ineptitud.
El instructor dio la orden que ambos fuesen bajados de sus bastidores e indicó a que tanto Eren como Krista dieran un paso al frente.
—Declaro a Krista Lenz… apta —atronó la voz del instructor, mirándola brevemente, para luego clavar la vista en Eren—, algo que, por desgracia, no puedo decir de ti, Eren Jaeger. Como fallaste un ejercicio básico, no tienes lo que se requiere para convertirte en un soldado. Irás derecho a las tierras de cultivo.
Les juro que quedé helada por la decisión del instructor, pero no era la única. Había muchos de nuestra promoción que miraban a Eren como si él acabara de caer muerto delante de ellos. Pero no todos lucían sorprendidos. Reiner estaba más pendiente de aplaudir efusivamente por el éxito de Krista, lo que hizo que Bertholdt le dirigiera una mirada de desdén. Por otra parte, el cara de caballo y un joven con la cabeza rapada, creo que se llamaba Connie, se miraban entre sí, sonriendo. De inmediato me dieron unas ganas de partirles la cara por burlarse de ese modo de Eren, pero estaba demasiado ocupada mirándolo para pensar en hacer algo al respecto. Lo único en lo que pensaba era en que no quería que estuviera solo. No podía permitir que estuviera solo, pasara lo que pasara, aunque tuviera que renunciar a continuar en el ejército. De todos modos, yo decidí ingresar al Cuerpo de Entrenamiento solamente para que Eren no estuviera solo. Eso no me impedía acompañarlo a labrar las tierras.
Iba a acudir donde el instructor para solicitar formalmente mi renuncia al ejército, cuando mi mirada se cruzó con la de Krista. Les confieso que me dio un poco de pena. Ella era la primera persona, aparte de Eren y Armin, con quien había intercambiado palabra, y la iba a dejar atrás, justo cuando comenzábamos a llevarnos bien.
Sorpresivamente, mi decisión de acompañar a Eren a las tierras de cultivo se me hizo más complicada.
Nota: Sé en el canon, Eren sigue en el ejército, pero dije al principio que ésta sería una historia con canon divergente.
Un saludo.
