Una dama de burdel
Vacaciones (2-3)
Angielizz (Anbeth Coro)
Él
Domingo 11:36
Durante toda la primera semana nuestra rutina se había simplificado a despedirnos durante el desayuno, salir al trabajo, llegar al apartamento, cenar juntos, conversar de los documentales o temas de interés general que ella elegía, después Bella limpiaba la cocina y finalmente se despedía para ir a su habitación. De hecho, aparte del constante pensamiento de saber que estoy compartiendo piso con otra persona, lo cierto es que no parecía que lo estuviera haciendo.
Paso menos de dos horas al día en la misma habitación que ella y nuestras conversaciones se limitan a un puñado de palabras de mi parte. Así que, si tenía intenciones de sostener mi palabra, como le había dicho a Alice, y dejarla vivir conmigo hasta que ella pudiera hacerlo por su cuenta, lo menos que podía hacer era ser tan amable como me fuera posible serlo.
Además, Dolores poco iba a durar como mi espía personal. No se me pasaba por alto que ya comenzaba a añadir a sus mensajes señales de esto:
Bella es una niña encantadora. ¿Le he comentado antes que mi servicio no incluye ser niñera?
Y aunque sus pequeños guiños me parecían divertidos, sabía que pronto podría ser un problema. Dolores debía sospechar algo de la historia entre Bella y yo, porque si Bella fuese una invitada no habría necesitado pedirle que en lugar de salir a las tres de la tarde, alargara su horario hasta mi llegada. Tampoco le habría pedido que me enviara un detallado mensaje con las actividades del día. Me preguntaba qué pensaría Dolores de todo esto. Por suerte sus quejas se limitaban a pequeñas frases, y algo de eso tenían que ver los diez días de vacaciones pagados y las horas extras que se veían reflejadas en su salario.
Y ya que Bella no era una niña y por lo tanto no requería de una niñera, era hora de ponerme a descubrir con quién estaba realmente compartiendo mi apartamento.
Aunque hoy no se sentía exactamente como un buen día para hacerlo. Tampoco era un día para quedarme en el apartamento. Hoy me era imposible seguir dentro de esas paredes. Sólo llevaba un día de vacaciones, pero el encierro no era lo que me tenía así.
Necesitaba salir, a como diera lugar. Necesitaba mantener mi cabeza lo suficiente distraída para no tener el constante recordatorio del día que era hoy. Había estado bien hasta que mamá llamó esta mañana para recordarme que por algo pasan las cosas, que debería ir a visitarle un día de estos y que olvidara que hoy era el día en que se suponía que debía estarme casando.
Lo estaba haciendo bien hasta que ella llamó, y aunque las intenciones de mamá eran buenas, que funcionaran era algo completamente diferente.
Aunque pude perfectamente salir por mi cuenta y sin compañía del apartamento, sin embargo me convencí que era demasiado pronto para dejar a Bella sola en mi piso sin supervisión, pero necesitaba dejar de sentir. Y había demasiada historia en el apartamento para fingir lo contrario, así que sin muchas explicaciones le dije a Bella que saldríamos hoy, no aceptaría un no por respuesta, aunque como ocurría con Bella, no opuso resistencia y aceptó, sin preguntar siquiera a donde íbamos.
Anduvimos de principio solo dando vueltas en el carro, y por la conversación que tuvimos y la nariz de Bella pegada a la ventana la mayor parte del trayecto, descubrí que en realidad no conocía la ciudad, sino solo las afueras de ella, y la universidad, en la que estuvo apenas un semestre antes de decidir que leyes no sería lo suyo, aunque dijo que durante ese tiempo no salió del campus ni la residencia, limitándose a zonas a las que pudiera llegar a pie, entonces no conoció la zona céntrica de la ciudad ni lo turístico.
Y cuando le pregunté qué había estudiado después de abandonar leyes su respuesta fue bastante simple:
-Iba a ser dentista, eso se suponía que podría pagar mis deudas, aunque si el dinero no hubiera sido el motor de elección, habría elegido Arte.
-¿Arte? -la miré mientras esperaba que el semáforo cambiara a verde. Especialmente hoy necesitaba estar tan distraído como pudiera y ya que Bella estaba un poco encadenada a mí con toda nuestra situación parecía ser una buena excusa para usarla de distracción, aunque no esperaba encontrarme tan interesado con lo que ella tenía para decir.
-Dibujo, soy muy buena, por cierto -lució una sonrisa presumida al decirlo y lo creí-, pero pensé que si estudiaba algo que me diera dinero entonces eso pagaría los materiales y yo podría dibujar en mis ratos libres.
-Parecía un buen plan.
-Bueno –ella mira hacia el frente con el ceño fruncido y la veo tomar una respiración- entonces supongo que creía que todos mis planes parecían funcionales. No contaba con la vida metiéndose en mi camino.
Entonces supe lo que quería hacer este día: museos. Además, los museos son silenciosos y lo suficientemente grandes para perdernos dentro y dejar de pensar, no era necesario estar uno al lado del otro ni conversar, solo pretenderíamos mirar los cuadros y podríamos recorrer todos los museos de la ciudad hasta que pudiéramos terminar el día.
La ciudad tenía la suficiente cantidad de museos y galerías incluso para pasar así el resto de la semana. Al menos ese era mi plan. Aunque de nuevo, no contaba con el factor de ella como compañía.
A Heidi le gustaba visitar los museos y galerías exclusivamente cuando se trataba de una presentación o un evento donde asistirían más personas y entre ellas el artista, así que en esos eventos uno conversaba más y hacía uso de las reglas de sociedad más que prestar atención a las obras.
Al llegar nos separamos como tenía previsto, pasé el primer cuarto de hora frunciéndole el ceño a los cuadros, aunque no por las obras sino por los pensamientos de mi cabeza.
Iba a sorprenderla esa noche, recordé, al menos esa era la intención. Acababa de regresar de un viaje de negocios y había conseguido tomar el último vuelo del día en lugar de llegar dos días más tarde. Conseguí un ramo de tulipanes como le gustaban a ella y estacioné frente a su edificio. Y ya que quería que fuese una sorpresa tomé la primera decisión del caos: subir por las escaleras de emergencia que estaban al exterior del edificio.
Durante los dos años que llevaba con ella cada vez que yo llegaba el portero tenía que llamarle a su piso para que me dejara subir, ya me había quejado en el pasado sobre esa insistente desconfianza del personal, aunque ella insistía que era sólo parte del reglamento interno del edificio.
A la mierda con sus reglas estúpidas. Íbamos a casarnos en dos semanas. Heidi se había quejado de este imprevisto que era mi viaje de negocios, yo también me había quejado con Jasper por enviarme a mí en lugar de ir él, pero dado que era mi cliente lo correcto era que yo asistiera. Pero en poco tiempo estaríamos casados.
Al fin.
Si hubiera sido por mí nos habríamos fugado a Las Vegas, pero Heidi era más romántica y quería un evento con amigos y familiares. Aunque para ser honestos pronto me encontré tan emocionado como ella por la fiesta que no volví a tocar el tema de Las Vegas. Lo había sabido en cuanto la conocí. Tenía un aire enigmático, una risa preciosa y una manera de hablar que me hacía quedarme colgado de cada palabra que decía, como un embrujo.
Esta pequeña semana de viaje había sido lo más lejos que habíamos estado el uno del otro desde que nos conocimos. No vivíamos juntos, pero dormíamos siempre en la cama del otro. Íbamos y veníamos de un edificio a otro. A Alice no le gustaba Heidi, había insistido en que lo que hacía era mantenerme alejados de todos, pero Heidi tenía el defecto de gustarle los planes, y sus planes siempre me incluían a mí. Así que ¿cómo podría quejarme de que le gustara tenerme cerca? Cuando a mí me gustaba estar a su alrededor.
¿Era una relación dependiente? No precisamente. Podía vivir sin ella, aunque a ella le gustaba tenerme ahí, su dependencia no se limitaba a mí. Se limitaba a sí misma y querer tener a un idiota tras sus zapatillas todo el día. Y cuando no estaba yo, entonces alguien debía estar.
Y eso pensaba, que estaba loco por ella hasta que entré por la ventana de su habitación.
Pero ir por la mañana a un museo, y en domingo, es básicamente asistir a un lugar casi desierto. El silencio era reinante hasta que
-Son dos personas desnudas –dice Bella parada detrás de mí, la miro, nos habíamos separado al entrar y llevábamos aquí casi media hora hasta que nos reencontramos en el segundo piso, la presentación de la obra de un artista local reconocido. Volví la mirada a la pintura de la que hablaba Bella, pero no encontré nada, la miré de nuevo y ella mantenía una mueca en los labios con disgusto como si se tratara de una verdadera crítica de arte.
-¿Qué dices? -la miro a ella y a la obra frente a nosotros de nuevo, ¿personas desnudas?
Retrocedo esperando encontrar los cuerpos al cambiar de ángulo, pero sigo viendo sólo el paisaje de la ciudad que va deformándose de izquierda a derecha hasta convertirse en polvo. Ella ladea su cabeza de un lado a otro.
Apunta a ningún lugar en específico y asiente.
-Lo es –se encoge de hombros y camina a la siguiente obra de arte. Miro por última vez a la ciudad, pero no encuentro nada, camino a su lado y vuelve a detenerse-. Definitivamente, un unicornio –vuelve a la pose seria de crítica de arte. Miro lo que es, no tengo idea qué sea, son colores entremezclándose entre sí- y la bandera nacional –intento encontrar los colores de la bandera, nada-. Un mensaje sobre la fantasía y lo políticamente correcto. Claro –gesticula con sus manos.
-¿Estás tomándome el pelo?
Sonríe por un segundo, antes de volver a la mirada seria. Me mira levantándome una ceja como si fuese un tonto por no saber de lo que hablo.
Siguiente pintura.
-Esta obra habla de la tristeza y la decadencia humana en tiempo de crisis.
Miro la obra y no puedo evitar la carcajada que brota de mis labios, Bella también se ríe, aunque estoy seguro que es de mí. La obra es un autorretrato del autor, un hombre con bigote alargado, lentes oscuros y un pincel en los labios como si fuese un cigarrillo.
-Eso sí lo veo –acepto cuando recupero la compostura.
Un hombre uniformado de seguridad se acerca y nos mira con el ceño fruncido parece que va a protestar del escándalo que estamos haciendo, pero solo necesito lanzarle una mirada para hacerlo desistir de intentarlo. El hombre regresa por donde llegó, Bella mira hacia donde estuvo él antes y me mira con una pequeña confusión creándose entre sus cejas.
-¿Acabas de ahuyentarlo solo con tus ojos? –pregunta Bella pasando a la siguiente pintura, sonrío a medias-. ¿Cómo es que esto vale tanto? -se queja al ver el letrero con el signo de venta y la cantidad ridícula a su lado, miro la pintura, es el retrato de al menos dos docenas de gatos-, ¿serán los gatos del artista? -descubro que Bella tiene la habilidad de quitarle el mérito con una frase a obras de arte con un precio de cinco ceros a la derecha.
-Parece ser del tipo que acumula gatos.
-¿Tú que acumulas? -se cruza de brazos y me mira ladeando su rostro con una extraña seguridad y franqueza, no parece estarme juzgando, sino que toma una pose casual en medio de un lugar demasiado sofisticado para alguno de los dos, aunque eso no le importa y ya que he salido de casa con la intención de dejar de pensar pretendo con ella que tampoco me importa.
-Adolescentes curiosas –digo tan serio como puedo y surte efecto porque abre sus ojos escandalizada como la tarde anterior en que le dije que había subido de peso y que antes se veía desnutrida.
-¡No soy una adolescente! -da un grito que no llega a parecerme escandaloso, niego con mi cabeza varias veces.
-No lo eres –digo sarcástico, solo para molestarla un poco más.
-Tengo veintidós años, por si quieres saber.
Avanzo a la siguiente pintura y ella me sigue.
-¿Y esto? -pregunto esperando que pique el anzuelo, le levanto una ceja esperando su respuesta.
Ella mira la pintura y va a decir algo cuando decide callarse con un cierre de su boca un poco agresivo. Me río entre dientes.
-Sabes que quieres decirlo –molesto un poco más.
Ella niega con la cabeza.
-Venga –Bella se queja de la siguiente pintura, miro la obra y tengo que apretar los labios tan fuerte como puedo para no sonreír- no digas que no lo ves –miro de nuevo, ahora es un retrato del artista con varios gatos sobre su cabeza en lugar de cabello.
-Esplendido –paso a la siguiente obra.
-Esplendido –imita mi voz.
-Tiene una buena técnica -miento.
Siguiente pintura
-¿Tú qué coleccionas? -pregunto ahora.
Lo piensa unos segundos.
-Coleccionaba postales. De los lugares que me gustaría conocer y de los que había conocido –no paso por alto que ella habla en pasado.
-Parece una bonita colección. ¿Y cual es uno de esos lugares que te gustaría visitar?
-¿Honestamente? -pregunta manteniendo su mirada en la pintura- sólo se me ocurre un lugar al que me gustaría volver.
Ella lo tiene todo tan terriblemente claro y aquí estoy yo, lamentándome por haber sido engañado sin haberlo visto venir.
-No tiene una buena técnica, eso es pura mierda. Y lo digo literalmente –miro el siguiente cuadro, es una pintura de mierda de perro. Intento ocultar en vano una risa detrás de un ataque de tos.
-Eres infantil ¿lo sabes no?
-Eres... –pero solo niega con su cabeza y no dice nada.
-¿Sí?
-Nada –aunque sé que iba a decir algo, ahí está de nuevo censurando lo que sea que quiere decir en realidad.
-¿Nada?
Niega con su cabeza y pasamos a la siguiente obra.
Descubro durante los siguientes tres museos que visitamos que Bella tiene la habilidad para conversar de lo que sea, de documentales, de arquitectura, del arte en general y aun es mejor para mantener una conversación en trivialidades y absurdos como su opinión sobre las pinturas.
-¿realmente dibujas tan bien como dices?
Me mira con una ceja levantada.
-¿Tú que crees?
-Tal vez estás alardeando.
Se ríe mirando la escultura frente a nosotros.
-Tal vez, o no. Tal vez vives con la próxima Da Vinci y lo estás desperdiciando –sus dedos se acercan a punto de tocar la escultura delineando en el aire el contorno de ella.
-¿Hace cuanto dibujas? -Bella sigue mirando la figura cuando responde.
-No recuerdo que no lo hubiera hecho, era buena con las acuarelas incluso cuando era niña.
-¿Y no pensaste en vender tus dibujos? -ella me mira con una sonrisa condescendiente mientras ladea un poco su cabeza.
-Sí, excepto que nadie quiere comprarlos. Cuando puedes tener una foto de un Da Vinci en tu celular, los dibujos de desconocidos parecen algo innecesario –terrible y cierto.
-¿Por eso no tienes celular? -¿era esa una manera de rebelarse contra el sistema? ¿Algún tipo de protesta absurda en la que...
-Lo empeñé -sus hombros se ven caídos mientras miramos la siguiente escultura de una mujer leyendo un libro con una rosa en la mano. Las esculturas de este museo parecen ser de su agrado porque no se ha lanzado contra ellas, ni hecho comentarios burlescos. Lo cierto es que son mucho mejor que sólo buenas.
-¿Has estado mucho sin teléfono?
-Un par de meses –da una exhalación ruidosa y me mira con los ojos vidriosos-. ¿Un segundo de sinceridad? -pregunta ladeando su rostro y mordiendo su labio inferior con sus dientes.
Asiento.
-Esa mochila con la que llegué a tu apartamento ha sido toda mi ropa desde hace tiempo. Salí con dos maletas con todas mis pertenencias y comencé a venderlas para poder comprar comida. Entre vestir bien o morir de hambre...
Deja que la frase se disipe con el aire y vuelve a caminar.
Me doy cuenta que ya pasé suficiente tiempo lamentándome por la infidelidad de Heidi, modifiqué mi vida a ella por elección y me di cuenta del error a tiempo, pudo ser peor, pude haberme casado hoy a esta misma hora, tener hijos más adelante con una persona que me llevaba a su lado como un buen accesorio de marido.
Si Bella ha tenido que lidiar con más mierdas y por más tiempo y con la cabeza en alto, yo debería ser capaz de hacer lo mismo.
Asi es como lo decido, hoy es solo otro domingo más.
Ella
Lunes
El día inició extraño. No vi a Edward por la mañana porque eran sus vacaciones y no había ninguna razón para que él despertara temprano. Mi día laboral comenzó removiendo chicles debajo de las mesas, limpiando los baños y terminando por los vidrios de las ventanas hasta que ella apareció.
Alice fue la primera en llegar esa mañana, aún faltaban veinte minutos para que dieran las ocho de la mañana, me pidió que pasara a su oficina. Ya tenía un discurso planeado incluso para no ser despedida. No lo había preparado esta mañana, sino durante la semana anterior. Resultaba tan conmovedor que era imposible que no me diera al menos un día extra.
Me senté en el sillón individual frente a su escritorio de madera blanca. Alice dejó su bolso Louis Vuitton sobre la mesa y finalmente me miró.
-¿Qué tal tu fin de semana?
¿Sería posible que ella supiera sobre mi día en los museos? Estaba segura que su desaprobación hacia mí tenía que ver con su falta de aprobación con mi estadía en casa de su hermano, posiblemente me consideraba una zorra cazafortunas. Y no estaba segura de no serlo.
-Tranquilo, ¿el tuyo?
-Igual, ¿Cómo ha estado Edward? -su pregunta no tenía un matiz con doble sentido, de hecho, parecía realmente interesada con la respuesta así que se lo dije.
-Está de vacaciones.
-¿Saldrá de la ciudad? -era solo una hermana preocupada, negué con mi cabeza y ella rodó sus ojos.
-Por supuesto que no -sacó un sobre pequeño de su bolso y estiro su brazo hacia mí para que lo tomara- tu paga de la semana.
El sobre seguía estirado hacia mí, no lo tomé.
-Priscila dijo que la primera semana es sin paga.
-¿Eso dijo, no? -suspiró- pero Edward no está de acuerdo. Y ya que somos socios en esto –se encogió de hombros como si no le diera importancia. ¿Edward había intercedido por mí? Este pequeño detalle me conmovió, pero aun así:
-Él es muy amable, pero trabajo para ti.
Lo que menos quería era interferir en la relación entre hermanos y sus acuerdos de negocios, yo estaba comprometida en no convertirme en ningún tipo de problema, aunque eso me costara mi salario. Alice levantó una ceja mostrándose incrédula por mi respuesta.
-Lo agradezco –me apresuré a añadir-, pero si esto es lo que haces, entonces la primera semana es sin paga.
Miré el sobre, tenía que enviar el dinero a Tía. Aunque ella podía esperar una semana más o dos. Ni siquiera habíamos negociado mi salario, así que desconocía el monto. Además, tenía que abonar a mi deuda con Edward por la ropa y quizás comenzar a apoyar con la comida o alguno de los servicios.
Miré el sobre, pero mis preocupaciones eran mucho menores a las del pasado. No tenía que pagar la renta, no había tenido que pagar la comida, comía mucho mejor que sólo bien, tenía ropa nueva, vivía en un lugar seguro y tenía un trabajo decente. Si no tuviera a Charlie, trabajaría sin paga.
Alice guardó el sobre en su bolsa y me examinó con sus ojos.
-¿Qué hizo ayer Edward? -seguía interesada en Edward. Volvió a levantar su ceja que se sentía como una sutil manera de decirme que sabría si yo estaba mintiendo.
-Me llevó con él a ver museos. Todo el día.
-¿Museos? -asentí y ella frunció el ceño.
-Supongo que sólo quería distraerse, ha tenido una semana pesada en el trabajo.
-¿En serio?
-Llegaba tarde, bueno, no sé si eso sea su horario normal a decir verdad –me removí incomoda al darme cuenta que estaba diciendo cosas sin base-, debe ser complicado estar a cargo de una cafetería -Alice frunció el ceño- qué digo, tú debes saber exactamente lo díficil que es -¿Qué decía? Mi horario de salida había sido a las siete de la tarde, posiblemente Alice se quedara aquí tan tarde como Edward.
-¿Mi hermano te dijo que estaba a cargo del café?
-De una. No pregunté mucho. Aunque tu nombre mola mucho en el café, no sería lo mismo si fuera el café de Edward-conseguí sacarle una risa aplastada con su sonrisa, negó con su cabeza.
-¿No, verdad?
Negué con mi cabeza.
-¿Necesitas que salga a las siete?
Ella me miró a mí y a su bolsa, pareció dudar pero finalmente negó con su cabeza.
-Tengo los turnos cubiertos.
Mi día laboral pasó sin mayores incidentes, todo iba bien, incluso Alice me pidió que me retirara antes de la hora sin solicitárselo, no había tantos clientes ese día y estaban con todo el personal, me fui únicamente porque dijo que no afectaría en mi paga, así que era un buen día hasta que llegué al edificio.
Había un portero diferente en la puerta. Quizás el portero del medio día. Conocía a Teodoro que estaba aquí por las noches, quien había estado abriendo la puerta para mí cuando regresaba de trabajar después de las seis. Y conocí a Rodolfo, un hombre más joven que me daba los buenos días todas las mañanas. Pero el hombre que estaba ahora era nuevo.
Me acerqué a él.
-Hola, ¿podría acompañarme al piso 32? Estoy quedándome en el A32-1
El hombre me miró de arriba abajo y se detuvo más de lo necesario en mis sucios tenis viejos. A pesar de llevar un sueter tejido y un pantalón de marca, el resto de mí seguía siendo solo yo. Sin maquillaje, con el cabello un poco maltratado y calzado viejo. Finalmente, cuando volvió a mirarme me levantó una ceja y sonrío de lado.
-Bien jugado. Lo siento, no tengo autorización.
-¿Podría llamar al apartamento?
Negó con su cabeza.
-No molestamos a los inquilinos, señorita...
-Bella -acompleté.
-Señorita Bella , no tengo autorización -suspiré, había esperado que salir temprano significara poder descansar, pero al parecer sería esperar.
-¿Puedo esperar ahí? -señalé uno de los sillones de cuero blanco del recibidor, negó con su cabeza. ¿No? ¿Dónde se suponía que iba a esperar?-. Teodoro me conoce.
-El señor Teodoro está de vacaciones -había una manera de decir "señor" que se sentía como si me estuviera poniendo en un lugar inferior. No iba a discutir con el portero sobre educación.
-¿Podría llamarlo?
Negó con su cabeza de nuevo.
-No tengo autorización -quería gritar.
-¿Usted tiene autorización para hacer algo siquiera? -pero mi rabieta no pareció surtir algún efecto en él, volvió a negar con su cabeza y señaló con ella hacia la puerta.
-Me temo que deberé pedirle que se retire -intentó acercarse a mí, pero caminé separandome de él.
-¿Sabe que podría perder su empleo por esto, no?
Ahora fue mi turno de levantarle una ceja y cruzarme de brazos, pero tampoco pareció importarle porque sonrío como si estuviera acostumbrado a lidiar con personas que se hicieran pasar como inquilinos del edificio. Vaya. Tal vez sí estaba acostumbrado a esto.
Entró al edificio un hombre con bastón seguido de una mujer de la misma edad, ambos del brazo. El portero les deseo una encantadora tarde y volvío a mirarme como si estuviera a punto de aplastar a una cucaracha. No iba a permitirlo.
-¿Podría llamar al señor Edward? -la mujer y el hombre me miraron, preguntándose seguramente qué hacía yo en un lugar como ese y porqué no dejaba de gritar.
-¿Edward qué? -lo miré confundida sin saber a que se refería-. Necesito el apellido del señor Edward.
¿Apellido? Mierda. Vivía por más de una semana con él y ni siquiera tenía idea de cuál era su nombre completo. Estaba segura que lo había escrito en la carta de recomendación, pero no le presté atención. Mierda. Mierda.
-Señor, olvidé mi celular arriba -mentí-, no tengo como avisar que estoy aquí y necesito subir.
-No es posible, ya se lo dije, sin autorización es imposible.
-Conozco a Edward, sé que su apartamento es el A32-1 y aun así usted no quiere dejarme subir.
La pareja entró al elevador y en mismo momento salió de ahí Diana.
-Rafaelo, mis llaves.
-Ella me conoce -señalé a la mujer. La mujer se detuvo como si le hubiese lanzado una maldición.
-Lo siento, señora. Esta niña dice que se está quedando en el piso 32. En un momento traigo su carro–el tal Rafaelo caminó detrás de la recepción para tomar las llaves.
-¿Podría por favor decirle que estoy quedándome con Edward? -pensé que ella sería capaz de intervenir al respecto, era quizá la única persona que me había visto aquí además de Teodoro y Rodolfo.
La mujer me miró y a Rafaelo, y de nuevo a mí. Finalmente negó con su cabeza.
-No sé de qué está hablando -sólo pude abrir la boca sin lograr hacer que ninguna palabra saliera.
-Señorita, debo pedirle que me acompañe a afuera -volvió a acercarse el portero. Retrocedí.
-Estoy aquí con Edward -repetí mirando a la mujer, pero ella puso su mejor máscara de no tener idea de lo que yo hablaba.
-Llama a seguridad, por favor -pidió la mujer, sentí mi pecho contraerse.
Rafaelo caminó hacia una puerta detrás de la recepción y entró ahí. Miré a la mujer sin poder dar crédito a sus palabras.
-Usted sabe quién soy.
-Yo no sé nada, aunque a veces es mejor saber cuándo no se es bienvenida.
Cuando volvió a aparecer Rafaelo venía acompañado de dos hombres con trajes de seguridad. No tenía idea de que detrás de esa pared existía un equipo de vigilancia, mucho menos dos hombres uniformados dispuestos a sacarme a rastras de aquí.
-Mi auto, Rafaelo -volvió a exigir la mujer y el portero salió del edificio con las llaves en mano.
-Señorita, debo pedirle que me acompañe a afuera –se acercó uno de los dos guardias hacia mí.
-Sólo necesito que llame al apartamento A32-1 -repetí por cuarta vez sintiendo cómo temblaba mi voz.
-¿Al penthouse? No lo creo -la mujer se río del comentario del guardia como si el asunto fuera tan cómico como eso.
-Ella vive en el piso 32. Si yo no viviera aquí ¿Cómo sabría eso? -levanté mi mentón, uno de los guardias pareció analizar mis palabras y se detuvo-. Sólo necesito que haga una llamada.
-Acaba de escucharlo de Rafaelo -mintió Diana. Me temblaban las piernas a este punto. Cualquier duda que pudiera haber generado en ellos se disipó con el comentario de ella, volvió a acercarse uno de los guardias y antes de que pudiera evadirlo me tomó del brazo y comenzó a jalarme hacia el exterior.
¿Cómo se suponía que iba a poder subir? Se me llenaron los ojos de lágrimas, al darme cuenta que sería en vano forcejear contra ellos.
-Si no colabora llamaré a la policía -advirtió el segundo guardia de seguridad que parecía estar actuando de escudo humano de Diana, como si yo pudiera atacarla. Sentía un revoltijo en mi estomago y no tenía nada que ver con hambre; de pronto me sentía vulnerable y minúscula.
El guardia abrió la puerta de cristal dispuesto a sacarme del edificio a como diera lugar, tal vez podía regresar a la cafetería y pedirle a Alice que intercediera por mí, ella seguro tendría manera de comunicarse con Edward. Aunque si ella no estaba en el café sería imposible llamar a nadie.
-Bella.
Miré hacia atrás, al tiempo que el guardia me soltó en cuanto llegó a nuestro lado Edward.
-¿Puedo saber que está pasando aquí?
Justo a tiempo para que Rafaelo apareciera en la entrada, Diana no perdió tiempo de arrebatarle las llaves de su auto al portero y salir del edificio, escabulléndose de esto. Rafaelo me miraba a mí, a los guardias y a Edward.
-Lo siento, señor. Esta niña cree que puede subir. Ya nos estamos haciendo cargo.
-¿El remplazo del portero supongo? -Rafaelo asintió orgulloso y cuando vi la mirada de Edward sobre él casi sentí pena por el hombre, casi-. Voy a dejarlo claro para ti, si Bella dice que sube, entonces tú la acompañas y abres la puerta de mi apartamento para ella. Si no fuera por el señor Moreau y su esposa que me avisaron de lo que ocurría aquí abajo ¿habrías sacado a la calle a mi visita? -asumí que el señor Moreau y su mujer eran el hombre del bastón y su compañera que subieron cuando apareció Diana. Rafaelo tuvo la decencia de quedarse callado sin asentir ni negar.
Cuando Edward me miró a mí su mirada se suavizo, ¿Cómo era posible que unos ojos pudieran ser tan fríos y a la vez tan cálidos en cuestión de segundos?
-¿Estás bien? -asentí sintiendo como lentamente volvía la calma a mí. Aunque aún estaba temblando y con los ojos llenos de lágrimas de enojo contenidas.
Edward estiró una mano hacia mí, fui consciente entonces que los guardias y Rafaelo eran un pequeño muro humano entre yo y Edward. Caminé hacia el interior, de vuelta al edificio y los guardias se hicieron a un lado para dejarme pasar. Tomé su mano con mi mano temblorosa y una vez que conseguí estar a su lado, soltó mi mano para ponerla en mi espalda y guiarme hacia el elevador.
Dejamos tras nosotros a los tres hombres que no parecían encontrar las palabras apropiadas para defenderse o disculparse, no esperaba una disculpa de parte de ellos, aunque su silencio y vergüenza me parecían suficientes.
Hasta que entré al elevador y las puertas se cerraron frente a nosotros pude volver a respirar con alivio, estaba de vuelta en la seguridad.
Este capitulo ha sido dedicado a: Geminis1206, Wenday14, Adriu, Maryluna, Cinti77, Patricia Luguera Diaz, Pax399, Nancy, gugu, Miri y Fae.
Tan largo como el anterior por la espera.
Muchas gracias por leer, seguir, compartir y comentar esta historia.
No sé ustedes pero la amistad entre ellos comienza a surgir con pequeñas chispas.
Espero sus comentarios, son la mejor paga de esto y además me ayuda mucho para saber cómo están recibiendo la historia y detalles que encuentran. Recuerda que al responder tu comentario te dejo un avance del siguiente capitulo.
