Nuevo capítulo!
Leidy RC: Gracias por tu comentario! Siempre fui de la idea de pensar que dentro de esas familias tan tradicionales, la matriarca o el patriarca siempre mete las narices en la privacidad de todos, de manera sutil. Lo considero como una manera de ser celosos de su legado y que los niños sean educados de tal manera que sean dignos representantes de sus casas en el futuro. O por lo menos esa es la impresión que me dan XD. Y esa discusión entre Zeke y Petra es el comienzo del fin: un suceso tan traumático como la muerte de un hijo saca a flote nuestras fortalezas o debilidades... y en el caso de Zeke, sacó lo peor de él: podríamos hasta verlo como un miedo latente por veinte años que el estrés detonó. Y Petra también está cansada de muchas cosas, ella no tiene por qué besarle los pies a nadie. Mikasa tiene sus propios pensamientos y planes, pero como es de pocas palabras, actuará sola y por sus propios medios.
El EruHan para mí es todo un reto que me encanta, imaginate lidiar con un hombre que todavía ama a una persona muerta, ¡y además la tiene idealizada! Hange pierde por todos lados. Y he ahí la cuestión: lograr que con su simpleza y gran corazón, se gane a Erwin sin mover un dedo. Es una pareja que me gusta mucho y que me va a encantar desarrollar en este fic. Jajaja, y no te preocupes por Annie y Armin, es una pareja secundaria así que no le robarán cámara a nadie, esa parte es más para preparar la junta del grupo de amigos de la 104 XD. Espero que este capítulo te guste!
Capítulo 8: Llegadas y partidas
Frente al fuego crepitante de la chimenea de sus aposentos, Kenny Ackerman estaba sentado sin su camisa y sosteniendo con una mano una foto desgastada con el correr del tiempo. Era de su amada Manon: en su juventud se las había arreglado para conseguir fotografías furtivas de ella mediante una cámara que había comprado a escondidas de todos. Fue en la época en la que ella lo evitaba; ya que no podía acercarse, optó por arrebatar instantes eternos de la rutina de la bella pelirroja que reinaba en su corazón. Pero poco después, cuando esta se comprometió con Pierre Ral, el ataque de rabia de Kenny se había cobrado también la bendita cámara, así como casi toda su habitación en ese entonces. Por suerte había revelado las fotos en otra ciudad cercana, por lo que ellas eran su recordatorio apasionado en sus días de soledad y amargura. Contemplaba a la bella pastorcilla recostada bajo un árbol y merendando junto a sus cabras en la imagen. Kenny tenía la mirada fija en ella mientras que, con la otra mano, acariciaba la cinta que se había cosido en el pecho cuarenta años atrás y que allí seguía.
-Ay, mi Manon… - sollozaba con tristeza en su alma - ¿Por qué te fuiste de mi lado? ¿Por qué preferiste a ese idiota de Ral? Ahora serías dueña y señora absoluta de Stohess y la madre de mis hijos, te hubiera hecho la reina de todo Aubagne y más… mi Manon… ¿Por qué te moriste en ese accidente con tu familia? ¿En esa pocilga? Aquí jamás hubiera permitido que algo te lastimara… - gemía como un condenado, enajenado y hasta olvidándose por completo de que había sido él el hacedor de su muerte, obviamente llevado por un estado de negación y escape a la realidad - ¿Cómo pude aguantar todos estos años sin ti? ¿Por qué simplemente no te tomé y te llevé lejos? Yo te amaba, Manon… ya te amaba antes de conocerte, te amé cuando nos conocimos y te seguí amando cuando le diste el sí a Ral… y ahora mismo te sigo amando… y sé que te amaré hasta el día que me muera… Mira – Irguió más el pecho, como mostrándole la cinta a la joven de la foto – Me encontré con esto en uno de nuestros encuentros por el monte, y me lo cosí, ¿lo ves? Aquí en mi corazón, del que sólo tú eres la dueña… nunca te olvidaré. – besó la imagen con lágrimas en los ojos – Yo sé que no estás muerta… algún día te encontraré y nos iremos juntos de este lugar de mierda… mi Manon…
Luego se puso a hablarle de los tiempos actuales de Aubagne y de cómo Romarins prosperaba, de su familia, de los negocios, de los vecinos… cualquier tópico era una buena excusa para mantener la ilusión de que Manon lo escuchaba y estaba junto a él.
Desde la puerta entreabierta de su habitación, Kuchel observaba aterrada ese arranque de misticismo de su hermano Kenny. Se había vuelto completamente loco.
En ese mismo momento, Petra cepillaba su largo cabello pelirrojo mientras se miraba en el espejo con nostalgia.
-Y pensar que ahora soy más parecida a mi madre de lo que nunca fui en mi vida. – suspiraba, extrañándola. Y no lo decía sólo físicamente: con el tiempo, se dio cuenta de que muchos rasgos de personalidad de la fallecida Manon Ral estaban patentes en ella, sus maneras, sus gestos, todo. Y cada día que pasaba se acentuaban más. Además, ya casi la alcanzaba en edad, pues su madre había muerto a los cuarenta y pocos años, mientras que ella estaba a casi nada de llegar a las cuatro décadas. Pero más bella y más etérea que nunca, al igual que Manon, quien jamás pareció crecer a ojos vista.
Se podría decir ya con seguridad que Petra Ral era la viva imagen de Manon Langnar, en todos los sentidos.
Mike Zacharius miraba con atención cómo su esposa Nanaba se quitaba la ropa frente a él, para después sentarse a horcajadas sobre su regazo y dar comienzo a las preliminares. Hacía muchos años que estaban casados y él seguía tan embobado con ella como en el primer día. Se habían conocido en la universidad, ambos estudiando Abogacía, y quedando Mike flechado a primera vista. A ella le había costado un poco más caer bajo las redes del amor, pero el constante cortejo de él y el hecho de que en fondo le gustaba hicieron que un día le estampara un beso sin previo aviso, siendo la rubia quien diera el primer paso en la relación. Con el tiempo se graduaron, trabajaron juntos, se casaron y tuvieron a Zofía. Ahora, después de una conversación teniendo en cuenta los pros y los contras (y con la bendición de su hija), decidieron volver a intentar tener otro bebé.
La sintió más enérgica y apasionada de lo normal (él, encantado), y después de cuatro rondas quedó rendido. Mientras recuperaban el aliento, se pusieron a hablar de sus cosas.
-Ay, mi Nana, no me tengas así de destruido, que mañana tengo que reunirme con un cliente y no quiero llegar tarde. – le reprochó con ironía. – Si me quedo dormido no me lo perdonará…
-Déjame adivinar… es ese pequeñuelo que fue al despacho la semana pasada. – supuso su mujer.
-Te aconsejaría que no lo dijeras en su presencia. – le pidió Mike – Le hice un comentario parecido para aligerar el ambiente, y te juro que, si las miradas mataran, ahora mismo tú serías viuda y nuestra Zofía huérfana de padre…
-Qué exagerado.
-Es en serio… Oye, ¿por qué estamos hablando de él después de hacer el amor?
-No lo sé, tú empezaste. – rió ella – Aguarda, tengo algo para ti. – se levantó y se dirigió hacia su bolso, de donde sacó un sobre. Mike no le quitaba la mirada de encima a su cuerpo desnudo. Parecía un adolescente hormonal, siempre había sido así con su hermosa Nanaba.
Ella volvió a la cama y le entregó el sobre, que él abrió y empezó a leer con curiosidad. En cuestión de segundos, sus manos comenzaron a temblar.
-¡Vamos a tener otro bebé! – gimió con voz quebrada mientras abrazaba a su esposa con una emoción incontrolable, repartiendo besos por su rostro y cuello. Ella rió divertida y complacida.
-Bueno, ahora a festejar. – dijo mientras se volvía a colocar sobre él.
-¡¿Qué?!
A la mañana siguiente, tanto Zöe como Nanaba se pusieron de acuerdo para visitar a Petra, cada una con sus propias razones a compartir. Además, les venía bien pasar otro rato entre amigas, para consolar y contener a la pelirroja. Cuando llegaron, Petra ya las esperaba con un aperitivo en el jardín de invierno, un poco más animada al verlas.
-¡Nina! ¿Cómo estás? – le preguntaron al unísono.
-Ahora que ustedes vinieron a verme, estoy mucho mejor. – respondió ella con una sonrisa triste.
Se pusieron a charlar por un buen rato, hasta que una sonrojada Nanaba les dio la buena nueva.
-Chicas, Mike y yo vamos a ser papás de nuevo. – les soltó. Ambas quedaron boquiabiertas y se abalanzaron sobre ella.
-¡Felicidades Nana! – vociferó la doctora - ¿Cómo te sientes? ¿No tienes ninguna molestia? Ese Mike sí que tiene puntería, no fue hace mucho que dijiste que querían empezar a encargar. – agregó burlona.
-¡Ay, por fin una noticia buena para todos! – gimió Petra emocionada mientras la abrazaba.
Estuvieron un rato riendo y festejando cuando la castaña creyó conveniente dar su respectivo anuncio.
-Pues yo también tengo algo que anunciarles, chicas, y no es tan emocionante como tener un bebé. – dijo seria – Me voy a Liberia, en África. El Dr. Shadis me necesita allí y acepté ir: me marcho ahora mismo.
-¿Pero por qué tan pronto? – inquirió Nanaba.
-Es un caso de extrema urgencia y necesitan gente para investigar. – respondió su amiga – No puedo decirles mucho porque es confidencial, pero lo seguro es que no sé por cuánto tiempo estaré allí.
-¿Y qué hay del señor Smith? Se supone que trabajarían un tiempo juntos, por eso vino. – intervino Petra con cierta angustia.
Zöe Hange frunció el ceño y los labios en un gesto amargo ante la mención del hombre.
-Dejaré el Centro en manos de Keiji y Abel. – dijo – Smith no estará solo en esto. Y yo necesito irme de aquí.
Petra y Nanaba intercambiaron miradas de preocupación, entendiendo más o menos qué quería decir. Pero no creyeron prudente preguntar más.
-Ahora habrá que ver cómo reaccionará él. – dijo la rubia.
-Puede amenazar si quiere, pero yo tengo que irme. – replicó Zöe decidida.
-¿Cómo que te vas, Mater? - chilló Zeke atónito.
-No te preocupes, querido, no me iré de la ciudad. - le dijo Ymir – Hace un tiempo adquirí un piso exclusivo en Parc Monceau y creo que sería buena idea instalarme allí. No está lejos y no pienso irme de París sin Falco, así que me quedaré durante una larga temporada. Además, en esta casa no soy totalmente bienvenida...
-No digas eso, Mater...
-Es verdad, no me lo niegues. - replicó la anciana interpretando el papel de víctima - Tu esposa está muy perturbada y esa chica Mikasa es muy rebelde y voluntariosa, y no las culpo, pero sé lo que es perder a alguien y jamás en mi vida descuidé la compostura por eso. Creo que es mejor alejarme y dejarlas ser.
Zeke no sabía qué decir. Por un lado, quería darle la razón a su bisabuela, pero por el otro, él mismo compartía el estado de turbación que su familia sufría.
-Como digas, Mater. - dijo al fin – Pero deja que te visitemos todos los días.
-Tú y Falco son más que bienvenidos. - le dijo la vieja con una sonrisa tierna, mientras le acariciaba la mejilla.
Al otro lado de la puerta del despacho de Zeke, Mikasa escuchaba atentamente. Con que la vieja maldita tenía una casa, pero prefirió venir a fastidiarnos aquí, pensó. Ni creas que te vas a llevar a Falco, traste histórico, antes te mato.
Erwin Smith llegaba muy orondo al Centro de Investigaciones Karanese. Estaba particularmente confiado en que convencería a la doctora Hange para ser la embajadora de la obra benéfica en nombre de Marie. Pensaba que ambas mujeres se hubiesen llevado muy bien de haberse conocido. Pero de repente, se sonrojó: aunque no tenía la misma belleza matadora de su difunta esposa, la doctora le parecía muy simpática y de buena conversación, además, durante la velada que compartieron, no podía sacarle los ojos de encima, pues su vestido dejaba ver lo muy bien proporcionado de su cuerpo, a pesar de la obvia dejadez. Hasta se imaginó apretando sus caderas con fuerza. Se golpeó mentalmente. Erwin, eres un hombre casado, pensaba el muy tonto.
Él seguía enamorado de Marie.
Y para rematar, sentía una gran admiración por ella incluso desde antes de conocerla. Cuando él y su padre decidían a qué fundaciones o centros patrocinarían, ambos quedaron muy impresionados con el plan del pequeño centro de investigaciones parisino. La genetista a cargo, junto con su equipo, pretendían llevar la clonación humana a otro nivel, no para presumir de crear vida o hacer copias de la gente, sino para en un futuro, tener un banco de órganos que permita a las personas a acceder a trasplantes sin tener que esperar a que alguien más muera. Ahora mismo estaban en la fase de optimización, pues lo órganos todavía les salían defectuosos de una u otra manera. Esa era la gran ambición de Zöe Hange: había perdido a su padre en un accidente, en el cual no murió en el acto, sino en el hospital mientras esperaba un nuevo pulmón que nunca pudo llegar, provocando que muriera a las pocas horas. Jamás permitiría que alguien pasara por lo mismo que ella, su deber como médica era proporcionar gran calidad de vida en poco tiempo. Si tenía éxito, adiós a las largas listas de espera que iban en contra del complejo y frágil reloj humano que no perdonaba. Ella se encargaría de que todos pudieran aspirar a la continuidad de la vida. Era un derecho humano y una obligación de ella como profesional.
El rubio iba pensando en ese arrojo al que estaba encantado de financiar, y tan perdido en sus pensamientos iba, que casi chocó con Abel, uno de los asistentes de la doctora, quien estaba a las corridas.
-¡Perdón, Sr. Smith! - chilló avergonzado - ¡Es que tuvimos un percance y estamos todos alborotados aquí!
-¿Qué sucedió? - preguntó Erwin extrañado - ¿Y dónde está la Dra. Hange?
-¿No le dijo? - se sorprendió el muchacho – Acaba de tomarse un vuelo a Liberia, respondiendo al llamado del Dr. Shadis. ¡Y fue todo tan repentino! ¡Nos avisó esta misma mañana y nos dejó a Keiji y a mí a cargo del Centro!
La quijada de Erwin cayó hasta el suelo. Estaba pasmado y furioso a la vez. ¿Cómo fue que no le dijo nada? ¿Acaso estaba... huyendo?
-¿Y qué tiene que ir a hacer allá que sea más importante que sus investigaciones? - inquirió molesto.
Abel bajó la voz en confidencia.
-No debería decírselo, pero se lo diré porque usted es usted. - le explicó - Hay un nuevo brote de Ébola, señor. El foco está en un pueblo a orillas del río Cavalla, en la frontera con Costa de Marfil. Ella nos dijo que el Dr. Keith Shadis (para mí, el mejor infectólogo del mundo) y el Dr. Onyankopon lo habían descubierto hace poco y que es mucho más peligroso que las anteriores cepas. - y agregó - Y necesitan de genetistas para trazar la ruta del virus y evitar que salga de la región. No sé cómo resultará esto ni cuándo volverá ella, pero nos encargó el Centro y no la vamos a defraudar...
Erwin simplemente no podía hablar. Estaba pálido del terror ante lo que le había comunicado el asistente de Zöe. ¡Pero si la noche anterior se la pasaron tan bien! No había muestras de preocupación en la mujer, salvo al final de la noche que tuvo esa reacción inexplicable luego de su propuesta. Pero estaba seguro de que ella le hubiera informado de todo esto. ¿Ella todavía no lo sabía anoche? ¿O sí? ¿Era por eso que no le dio una respuesta inmediata? ¿O era por otra cosa? De lo único que estaba seguro era de que estaba furioso: furioso consigo mismo, por no haber percibido nada y quedado como un tonto, con lo agudo e inteligente que era. Y furioso con ella, de alguna manera sentía que estaba huyendo de él, que no era un simple llamado al deber lo que estaba haciendo. Pero no se explicaba por qué.
Había algo raro en todo esto y él llegaría hasta el fondo del mismísimo infierno para averiguarlo. Estaba más que convencido de que el dichoso brote no era más que una excusa para alejarse de él. Y el motivo lo iba a descubrir como fuera.
Abel pareció leer su rostro ceñudo y se apresuró a defender a su jefa. Después de todo, él era el jefe supremo, por el simple hecho de darles dinero.
-Si usted no hubiera venido, ella igualmente iría a ese lugar a cumplir con su misión. - le dijo – La conozco lo suficiente como para saber que sus decisiones las toma concienzudamente y sin que otras cuestiones la condicionen. A nosotros la noticia y el viaje apresurado nos tomó por sorpresa, por supuesto, pero es algo que ella siempre hizo, hace y hará. Ya estamos acostumbrados. No piense mal de ella, por favor.
Como toda respuesta, la expresión en el rostro de Erwin se suavizó y se despidió amablemente del médico. Abel tenía razón... además, ¿con qué derecho venía él a proponerle algo que era una tontería comparado con la contención de un virus? ¿Con qué derecho se enojaba con ella por haberlo "dejado plantado"? ¿Con qué derecho suponía que huía de él? ¿Con qué derecho pensaba inclusive que había una conexión especial entre ambos?
Pero no podía dejar de atormentarse: si bien apenas se conocían y le habían dicho que esa era la manera de ser y actuar de ella, Erwin no podía dejar de sentir celos de su independencia; era como si lo dejara afuera de todas sus decisiones y lo limitara a ser un mero espectador de su vida. Él, que estaba más que habituado a ser el centro de atención de todos, a controlar las vidas de todos, a leer a través de todos, a ser convincente con todos... y llegaba esta mujer a ponerle un muro adelante que se le hacía difícil romper. Ya desde su primer encuentro en el aeropuerto había visto hostilidad en la doctora, pero siempre había sido así para él: gente que se le resistía pero que luego caía ante sus encantos. Pero ella no lo hacía, o por lo menos no lo demostraba... y eso lo enfurecía y frustraba.
Tomó su celular e hizo un par de llamadas a sus asistentes para que actuaran en nombre de él en el Centro Karanese. Luego hizo otra llamada.
-Buenos días. Necesito un pasaje de ida para Monrovia, para hoy mismo.
Levi Ackerman resoplaba molesto, como siempre. Había llegado al despacho de los Zacharius para por fin terminar con esos trámites, pagarle al tipo y largarse de vuelta a Aubagne. Esa semana en París fue la muerte para él: no soportaba el bullicio, el cemento, los colores, la gente, las idas y venidas, la gente, las luces, la poca tranquilidad, la gente y la GENTE.
A lo sumo había salido una o dos veces del hotel en donde se hospedaba, como para no decir que no llegó a caminar por la Ciudad Luz y para comprarle algunos regalos a su madre. A Kenny y a Jon no les llevaría ni una mierda.
Y allí estaba, ultimando los detalles y las firmas con Mike Zacharius, a quien se lo veía radiante. Y es que el hombre alto le había comunicado al recibirlo que sería padre por segunda vez. Levi lo felicitó con el sentimiento sin reflejarse en su rostro duro, envidioso de la felicidad del rubio quien vivía una vida plena junto a la mujer que amaba y con dos frutos de ese amor. Ojalá el destino hubiera sido menos cruel con el azabache...
Aunque debía confesar que el narigón le había caído bien, y era una excelente compañía para tratar temas de todo tipo. Aunque Levi no era muy hablador, le gustaba escuchar a la gente, no sólo le servía para informarse, sino también para formarse una opinión sobre las personas.
Así que decidió quedarse un rato más en la oficina de Mike a brindar por su nueva paternidad y a aceptar los bocadillos que este le invitaba.
Abrigadas de pies a cabeza, Petra y Mikasa daban una caminata por las calles de París. Ambas estaban cansadas de estar encerradas, y aunque hacía un frío de pelar, preferían despejarse con el ambiente gélido del exterior antes que seguir sofocándose en la casa familiar. Falco quería salir con ellas, pero Zeke no se lo permitió.
-Mira Mikasa, estamos cerca del despacho de Mike y Nanaba. ¿Te parece si pasamos un rato a verlos? Me gustaría felicitar a Mike. - propuso la pelirroja.
-Vamos. - concordó Mikasa – A mí también me gustaría felicitarlos.
Cuando entraron fueron primero a la oficina de Nanaba. Estuvieron conversando por unos minutos hasta que la rubia supuso que el cliente de su marido ya se había ido, por lo que les invitó a las dos mujeres Jäger a que la acompañaran hasta donde estaba Mike.
-¡Mike, querido! ¡Llegaron Nina y Mikasa para festejar! - chilló Nanaba emocionada para luego pararse en seco al ver que el enano malhumorado ese no se había ido aún. - Disculpen, pensé que el señor ya se había marchado.
-No pasa nada, Nana. - dijo Mike contento – Es más, estábamos brindando. Pero ya que llegaron Nina y su hija, festejemos entre todos.
Nanaba sonrió y se apartó para que Petra y Mikasa entraran a la oficina del rubio. Al mismo tiempo, Levi se levantaba y se giraba para presentarse a las damas.
Ese preciso instante determinó el final de una etapa y el comienzo de otra.
-Nina, Mikasa, él es el señor Levi Ackerman, de Marsella. - los presentó Mike – Levi, ellas son Nina Magnolia y su hija Mikasa Jäger.
Y el tiempo se detuvo cuando Levi Ackerman y Petra Ral se miraron a los ojos al ser presentados como dos desconocidos. Pues ellos se conocían, y muy bien.
Levi abrió los ojos descomunalmente y llenos de terror y sorpresa.
El hombre de cortos cabellos azabaches y ojos grises y duros, sentía que su corazón no resistiría la marea de emociones que se desataba en él. Con los ojos como platos, contemplaba a quien había sido siempre su gran amor, preguntándose qué demonios había sucedido.
La mujer pelirroja frente a él lo miraba de la misma manera. No pensaba que después de tantos años lo volvería a ver. Pese a los sentimientos negativos que le provocaba, no podía evitar sentir una calidez en el fondo de su corazón, al recordar esos años dorados. Aquello, junto con el rencor y el asombro desmesurado, con el agregado de su frágil sensibilidad por la muerte de Colt, fue demasiado para la pelirroja.
Tanto, que no recordó nada más que negro mientras escuchaba gritos a su alrededor.
Nota: Monrovia es la capital de Liberia.
