Capítulo 9: El primer día del resto de nuestras vidas

Petra despertó poco a poco de su desmayo gracias a las sales que Nanaba le había hecho aspirar para que recuperara la conciencia. Mike la había cargado hasta una salita de emergencia que tenían en el despacho, donde la acostó sobre un enorme sofá. A medida que abría los ojos, recordaba el motivo de su desvanecimiento, y sus orbes doradas volaron hacia Levi, quien estaba sentado en una silla al otro lado de la pequeña habitación, mirándola fijamente y con los ojos brillantes de ira. A su vez, Mikasa no le quitaba la mirada de encima a él, estando junto a su madre.

Todo esto la llevó a recordar la noche de la masacre: ella estando en casa de los Jäger, el incendio brillando a lo lejos en la noche, su estado de histeria, Zeke consolándola, la huida posterior… Y se quebró. Se quebró y empezó a llorar desesperadamente y sin contenerse, con unas preocupadas Mikasa y Nanaba a su lado tratando de calmarla, mientras Mike buscaba su teléfono para llamar a un médico (¡Justo ahora a Zöe se le ocurre irse!). Levi seguía congelado en su sitio, con la mirada clavada en ella y sin expresión en el rostro.

-Tranquila, Nina. – la arrullaba Nanaba – Mike llamará a una ambulancia. Te darán algo para que te tranquilices y te llevarán a casa. Nosotros las acompañaremos. – agregó mientras le daba un vaso de agua.

-No… dile a Mike que no llame a nadie… ya estoy bien… - sollozaba la pelirroja. Su amiga le hizo indicaciones a su marido para que ya no intentara llamar.

-¿Conoces a ese hombre, Mater? – le preguntó la alta joven azabache, quien observaba Levi con desconfianza y soberbia a través de sus ojos grises. Quienquiera que fuese, no permitiría que ese enano se acercara a su madre.

Tan concentrado en la pelirroja estaba Levi, que no reparó ni escuchó a la jovencita que lo miraba como perro rabioso.

-Déjenme solo con ella. – ordenó de repente, con voz ronca y mirada de diablo.

Nadie se movió. Todos lo miraron pasmados.

-¡QUE ME DEJEN SOLO CON ELLA! – bramó el azabache sin dejar de mirar a la mujer encogida de miedo en el sofá.

Mikasa ya se estaba poniendo de pie para encarar y propinarle una patada al atrevido ese. La furia en los ojos de la muchacha era idéntica a la de él. Nanaba la abrazó por detrás deteniendo sus intenciones.

Petra levantó la cabeza, juntando valor para lo inevitable.

-Mikasa, Mike, Nanaba. – dijo – Déjennos solos un momento, por favor.

Y los tres salieron, sobrecogidos. Mikasa le dirigió una última mirada asesina a Levi, quien ni se inmutó.

Una vez solos, Levi se inclinó cual buitre sobre Petra, quien hizo todo lo posible por retenerle la mirada.

-Yo no sé si esto es cosa del destino, de Dios o del Diablo. – siseó él de forma amenazadora – Lo que sí es seguro que vamos a tener una larga charla tú y yo, pero no aquí. – se incorporó y sacó pluma y papel para anotar algo que luego le entregó – Esta es la dirección del hotel donde me estoy quedando. Más te vale aparecerte esta tarde… sé que lo harás. Te espero. – y dicho esto, abrió la puerta bruscamente y se marchó del lugar.

Mikasa entró como rayo para ver cómo se encontraba su madre.

-No te preocupes, estoy bien… pero necesito ir a casa, por favor. – dijo Petra aparentando cierta tranquilidad y sin dar lugar a preguntas. – Mike, Nanaba… disculpen el espectáculo… quería festejar con ustedes, pero no salió según lo planeado…

-No pasa nada, ve tranquila. – la animó Nanaba – Más tarde iremos a verte.

Mikasa llamó a un taxi y ambas partieron del despacho.

-¿Pero qué cosa acaba de suceder aquí, por todos los cielos? – se preguntó Nanaba asombrada, cuando se quedaron solos.

-No lo sé… pero tengo que hablar con Zeke cuanto antes.

-¡No lo hagas! – saltó su mujer alarmada – Algo me dice que no nos metamos en esto. Puede ser cualquier otra cosa y nosotros estamos sacando conclusiones apresuradas. – y añadió – Además, Zeke se enterará de todos modos: si no se lo cuenta Mikasa, se lo contará la misma Nina… pero por favor, no intervengas.

Mike la abrazó.

-Está bien, está bien. – le dijo – No haré ni diré nada. Pero estaremos atentos.


Madre e hija estuvieron en silencio todo el viaje hasta su hogar, y una vez que llegaron, Petra corrió a encerrarse en su habitación. Mikasa simplemente la observaba extrañada mientras subía las escaleras, pensando en lo que había sucedido… ¿Qué fue todo eso? ¿Quién era ese hombre? Era más que obvio que se conocían, pero jamás lo había visto antes, así que tampoco podía explicarse si su padre lo conocía.

Su gesto se hacía cada vez más grave a medida que carburaba más… ¿acaso era algún amante? La azabache se llevó la mano a la boca aterrada, no concebía que su progenitora, quien era la más dedicada de todas las madres y esposas fuera capaz de engañar a su padre, el mejor de los hombres. Descartó rápidamente la idea de la cabeza, mientras decidía no decirle nada a Zeke… tal vez era otra cosa y no quería provocar malos entendidos entre los dos. Ya bastante tenían con la muerte de Colt, y ya bastante tenía ella con Ymir Fritz. No facilitaría las cosas para que sus padres se pelearan por tonterías. Jamás permitiría que su familia se resquebrajase.

El desfile de empleados llevando baúles y maletas detuvo su propio camino a su habitación, para ver después a Zeke acompañando a Ymir hasta la puerta. Con alegría, supuso que al fin ella se iría de la casa a su nueva propiedad. Bajó para despedirse, cambiando notablemente a un buen humor.

-¿Estás segura de que no quieres que te acompañe, Mater? – preguntó Zeke angustiado.

-No, querido. – replicó su bisabuela – Aún puedo manejarme sola. Pero prometo que te llamaré apenas me instale. – le dedicó una mirada despectiva a una contenta Mikasa - ¿Vienes a despedirte, Mikasa?

-¡Claro que sí, Mater! – respondió ella – Espero que tu piso sea cómodo y digno de una noble como tú.

-Noble… la sangre noble. – suspiró Ymir Fritz en medio de ese duelo de ironía – Es una lástima que no todos puedan decir lo mismo para su propia sangre…

Pero Mikasa no entendía nada y no le importaba. Lo único seguro era que esa vieja del demonio se iría. A unas cuantas calles, pero se iría de su casa.

Ymir se dirigió a Zeke.

-Sabes que tú y Falco son más que bienvenidos. – le recordó - ¿Puedes llevarme al niño cada tanto, por favor? Me gustaría pasar más tiempo con él, ya sabes, como planeo que viaje conmigo por un tiempo…

Fue allí que la mirada de Mikasa cambió a una de extrema peligrosidad, pero no dijo nada.

Ymir Fritz sabía que la joven estaba más que encantada con su partida de la mansión Jäger, por lo que a modo de despedida le dejó a la azabache unas noticias no le resultarían muy gratas.

-¡Ah, casi me olvidaba! – se dio una palmadita en la frente – La semana que viene, Yelena vendrá a París. Muere por verte, Zeke, sobre todo después de lo de Colt. Sus asuntos en Berlín no le permitieron venir antes, pero ya estará aquí para consolarte. – le dijo a su bisnieto pero mirando con maldad a Mikasa – Además, vendrá con ella Historia, la hija de Uri. Se matriculará también en la Sorbonne y por ende, ya se instalará aquí. Yo querría que viviera conmigo, pero ya ves que soy una vieja, y ella seguramente se aburrirá…

-Si te preocupa eso, Mater, Historia se puede quedar a vivir con nosotros. – repuso Zeke, más animado – No creo que Nina se oponga. Además, Eren también se instalará con nosotros por sus estudios, y los dos se llevan muy bien. A esta casa le hará bien la energía y felicidad de la juventud, pero me encargaré de que te visiten.

-Se vienen tiempos muy interesantes. – se despidió por fin la anciana, saliendo de la casa y dejando a un Zeke nostálgico y a una Mikasa pálida de muerte.

-Tengo que ir a mi habitación, Pater. – se disculpó para subir corriendo las escaleras.

Una vez en su habitación se sentó y se cubrió la cabeza con las manos. La vieja maldita había hecho su última jugada antes de irse. Ahora no sólo tenía que lidiar con ella por lo de Falco, tratar de vivir sin Colt y averiguar sobre todo este asunto extraño alrededor de su madre… sino que también se le agregaba el problema de la mustia de Historia Reiss, de quien Eren estaba enamorado. Y sobre todo la ofrecida de Yelena, quien desde siempre moría por meterse en los pantalones de su padre. Tenía más problemas de los que pensaba.

Respiró más tranquila y confiada. Se organizaría y solucionaría sus problemas uno por uno… nadie podía con ella.


Cayó la tarde, y Petra estaba frente al lujoso hotel donde se hospedaba Levi Ackerman. Supuso que la reserva no la había hecho él, pues no era su estilo. A menos que los años y los nuevos lujos lo hubieran cambiado.

No había avisado a nadie en la casa para dónde iría, por lo que suspiró nerviosa ante la excusa que tendría que dar al volver cuando le preguntaran. No era momento de decírselo a Zeke y confiaba en que Mikasa no le dijera nada. Primero tenía que aclarar las cosas ella sola y luego hablaría con Zeke para enfrentar las consecuencias de sus actos.

Había pasado toda su vida entre la espada y la pared, y ese día sentía por fin que esa pared se hacía más dura a sus espaldas y que, por lo tanto, la espada terminaría por atravesarla. Estaba segura de que la sangre que se derramaría después le traería muchas más angustias.

Se sentía atribulada.

Se presentó en la recepción, en donde le indicaron la suite y que el señor la estaba esperando. Frente a la puerta, Petra suspiró muerta de miedo y entró.

Y allí, en medio de la ostentosa e impecable suite, Levi Ackerman se encontraba sentado en un sillón frente a la chimenea, escaneándola con mirada inquisitiva. Se levantó y le dio la espalda para contemplar el fuego, idéntico al fuego abrasador que él sentía por dentro. Había estado reflexionando durante toda la tarde con amargura, buscándole la explicación a todo esto y recordando con cólera creciente el apellido Jäger que escuchó y la joven que acompañaba a Petra, presentada como su hija.

Y la conclusión que sacaba de todo no le gustaba ni una mierda.

Con razón Zeke también había "desaparecido" de su vida después de ese día. Él lo achacó a que también se sumió en la más absoluta oscuridad por la muerte de la pelirroja, queriendo alejarse de todo y de todos al largarse de Aubagne. Grisha sólo le había dicho que se había mudado lejos y que no quería hablar con nadie.

Pero el muy astuto había movido sus hilos de alguna manera para quedarse con ella. Y no entendía cómo.

Sintiéndose culpable al verlo en tal estado lamentable, Petra estaba por abrir la boca cuando el grito del azabache no le permitió decir palabra alguna.

-¡¿SE PUEDE SABER QUÉ MIERDA ES TODO ESTE TEATRO, SEÑORA NINA MAGNOLIA?! ¡O MEJOR DICHO, NINA JÄGER! – se dio la vuelta para volver a mirarla, llorando… era el mismo llanto de hace veinte años atrás, cuando vio con sus propios ojos cómo el rancho de su familia caía en pedazos sobre sus habitantes muertos.

Petra tampoco podía controlar su llanto.

-Levi…

-¡VEINTE AÑOS, MALDITA SEA! ¡VEINTE AÑOS LLORANDO TU MUERTE Y TÚ MUY FELIZ CON OTRA IDENTIDAD! ¿POR QUÉ… por qué lo hiciste…? - se quebró.

-Levi… yo… yo estaba de invitada en casa de los Jäger esa noche… y no… no pude hacer nada… - trataba de explicarse la pelirroja, sin estar segura aún de entrar en detalles.

-Te casaste con Zeke, ¿verdad? – Levi parecía poseído – Así que todo fue un plan: querías huir de Aubagne con Zeke y aprovechaste ese incendio no sé cómo para largarte con él… - no pudo continuar debido a la cachetada marca diablo que una furiosa Petra le propinó.

-¡CÁLLATE! – le gritó - ¡NO TE ATREVAS A HABLAR MAL DE MÍ! ¡MUCHO MENOS DE ZEKE, QUIEN ME AYUDÓ EN TODO ESTO! ¡JUSTO VIENES A HABLARME TÚ! ¡TÚ QUE CON TU ASQUEROSA FAMILIA TRAMARON LA MUERTE DE LA MÍA PARA QUEDARSE CON ROMARINS!

Levi quedó de una pieza.

-¿DE QUÉ MIERDA ESTÁS HABLANDO? – le lanzó.

-De ustedes, los Ackerman. – ya que él iba a ponerse venenoso, ella también – Quienes querían más que a nada en el mundo quedarse con las tierras que fueron de mi padre, de su tío antes que él, y de otros Ral antes que ellos. Ustedes, que siempre se aparecían con ofertas, amenazas y amistades falsas… ¿te crees que yo no sé de toda la opereta que se montó Kenny para quedarse con la finca y con mi madre? ¿Te crees que nunca me di cuenta de esas cosas que iban más allá de una rivalidad por un manantial?

-Todavía no sé qué tiene que…

-¡CÁLLATE, QUE ESTOY HABLANDO! – le atajó ella, furibunda – Muchas veces mis hermanos y yo veíamos cuando Kenny llegaba a casa para "hablar" con papá, él se estresaba y nos mandaba a jugar al fondo para que no viéramos ni escucháramos nada. Una vez, Farlan se escondió para espiarlos y se enteró de muchas cosas. No era un simple encuentro de negocios: había amenazas de muerte a él, a mi madre y a nosotros. Llegó a decir que lo empalaría en la entrada de Stohess y que a nosotros nos vendería por ahí, mientras él se quedaba con Romarins y con mamá. – las lágrimas caían sin control sobre su rostro crispado - Una vez, incluso… papá no estaba y él trató de violarla después de encerrarnos en un armario… por suerte, Moblit pudo escapar para soltarle los perros y tuvo que irse… ella nos hizo jurar a los tres que nunca le diríamos nada a papá. ¡ÉRAMOS UNOS NIÑOS! ¡ANTES LE TENÍAMOS DESCONFIANZA, PERO DESDE ESE MOMENTO LE TUVIMOS TERROR! ¡POR ESO ESA NOCHE HUÍ CON ZEKE! ¡PORQUE ESOS ANTECEDENTES ERAN MÁS QUE SUFICIENTES COMO PARA SABER QUIÉN ESTABA DETRÁS DEL INCENDIO! ¡ESTABA MUERTA DE MIEDO PORQUE ESTABA SEGURA DE QUE LA PRÓXIMA IBA A SER YO SI SE DESCUBRÍA QUE SEGUÍA VIVA! Además, yo… - se detuvo abruptamente antes de hablar de más.

Levi estaba atónito ante lo que había escuchado. Jamás se había imaginado las cosas que Kenny le hizo pasar a esa familia… era un tipo con mal carácter y algo violento, ¿pero de ahí a cometer todas esas atrocidades? ¡Él, que a pesar de todo era como un padre para Levi! Él… no sabía qué decir…

-Yo no sabía nada de eso. – gimió.

-No tenías por qué saberlo. – replicó la pelirroja – Zeke tampoco lo sabe. Pero él también estaba seguro de que fueron ustedes. Él también había escuchado cosas…

-Zeke, Zeke, ¡ZEKE! ¡SIEMPRE ZEKE, CARAJO! – vociferó el azabache - ¿ACASO TE DIJO ALGO PARA QUE DETONARA TODA LA SITUACIÓN? Le vino de maravilla toda la tragedia, ¿no te parece? ¡ACUSANDO A MI FAMILIA!

-¡CÁLLATE! ¡NO VOY A DEJAR QUE LO OFENDAS! ¡PRIMERO, PORQUE ÉL ME SALVÓ JUNTO A SU PADRE! ¡SEGUNDO, HA SIDO LA MEJOR DE LAS PERSONAS CONMIGO! ¡Y TERCERO, ES EL PADRE DE MIS TRES HIJOS! ¡Y NO VOY A PERMITIR QUE DIGAS NADA EN SU CONTRA! ¡ÉL ES TESTIGO DE QUE USTEDES SIEMPRE TRAMABAN COSAS!

Levi la miraba con odio. Sus ojos grises parecían dos brasas al fuego. Y ella no se quedaba atrás.

-¡NO TE ATREVAS A OFENDER A MI FAMILIA!

-¡¿CÓMO NO?! ¡SI SON UNOS ASESINOS! ¡TÚ, TU MADRE, TU TÍO Y TU ABUELO!

-¡CÁLLATE! ¡Y EN CASO DE QUE ASÍ FUERA, MI MADRE Y YO NO TUVIMOS NADA QUE VER, PETRA! ¡ELLA ES INCAPAZ DE HACERLE DAÑO A ALGUIEN! ¡Y YO…! Yo te amaba, Petra… yo te amo… - volvió a quebrarse.

Ella lo miró sollozando agitadamente.

-Te juro que yo también lo llegue a pensar… - dijo con voz quebrada – Pero así fueras inocente de toda esta tragedia, simplemente lo nuestro ya no iba a poder ser… no estaba dispuesta a unirme al sobrino del hombre que mató a toda mi familia… pues eso también le hubiera venido bien a él… tenerme como garantía para que Romarins fuera de los Ackerman… jamás hubiera podido vivir con ustedes…

-Hubieras hablado conmigo de ello, y yo podría haberte ayudado… ¿o es que no confiabas en mí?

-Yo confiaba en ti más que en ninguna otra persona, pero Zeke…

-¡OTRA VEZ ZEKE, CON UNA MIERDA! – la interrumpió el con un bramido - ¿Qué tanto te llenó la cabeza de cosas como para que de un día a otro mereciera la confianza que alguna vez fue mía?

-Yo tenía miedo, me acababa de enterar de que tu familia había hecho esa salvajada, y no tenía nada más que a mí misma y a… - se detuvo nuevamente.

-Sabes que sin pruebas, lo que dices no es más que tu palabra contra la de nosotros. Esto es grave, Petra…

-Y fue por eso que jamás me atreví a reclamar Romarins cuando pude formarme más y ser adulta. – dijo la pelirroja – No tengo pruebas de nada más que la palabra de Zeke y mis propias experiencias, y ya no tenía caso: con un nuevo horizonte por delante, lo que menos quería era revivir el pasado… además, nadie en el pueblo me hubiera podido asistir como testigo… como todos les tienen miedo…

Se quedaron en silencio por un momento.

-¿De quién era el cuerpo que pasó por tuyo? – preguntó Levi de repente - ¿Por quién derramé lágrimas en vano?

Petra respiró hondo. La conversación iba para largo.

-Era de mi prima Nifa. – le explicó – Ella llegó de sorpresa esa misma mañana para quedarse un tiempo con nosotros. Era huérfana y fue a Aubagne en busca de trabajo y apoyo. Zeke llegó a conocerla cuando fue a buscarme esa tarde para ir a cenar con su familia. Tú no, porque ese día tu tío te mandó todo el día a Font de Mai, casualmente las tierras que también eran de la familia de mi madre. – le espetó.

Levi frunció el ceño aún más. Le pareció raro que Zeke hubiera aparecido cual héroe de la providencia al rescate casual de Petra esa tarde. Ya después ahondaría más en eso.

-Ya veo… - dijo - ¿Por qué te casaste con Zeke? – le cuestionó.

-No hay mucho misterio con eso, Levi. – respondió Petra tratando de evitar detallar esa parte – Tú mismo sabes que él toda la vida me quiso, y yo no podía dejar pasar esa muestra de generosidad de parte de él y su familia al darme un nuevo nombre y ayudarme con mis estudios.

-O sea que estás con él por agradecimiento. – concluyó.

Ella lo miró con tristeza.

-Sí…

Y para sorpresa de Petra, el azabache empezó a reír a carcajadas, como un histérico.

-Y tan agradecida quedaste que le diste tres hijos. – se mofó él entre lágrimas cuando se tranquilizó - ¿Sabes qué es lo más gracioso de todo esto, Petra? Qué tú sí pudiste seguir adelante con tu vida… ¡mientras yo no pude! ¡YO NO PUDE! Casi morí por ti… me dejé consumir por la amargura y el dolor todos estos años… y por nada… Y ahora Zeke tiene todo lo que quería para mí, y ya no hay vuelta atrás… Yo te quería bien, Petra. Yo quería casarme contigo, quería pedírtelo esa misma semana. – la miraba con ojos soñadores, recordando el pasado con nostalgia – Hasta tenía un poco de miedo, porque sabía que tu padre era capaz de correrme con una escopeta apenas abriera la boca para pedir tu mano… o tal vez no… pero hubiera valido la pena. Yo quería tener hijos contigo, Petra.

Y Petra tragó en seco. Era hora de decirle la otra parte de la verdad.

-¿Y quién dice que tú y yo ya no tenemos un hijo? – le soltó.

Levi la miró confundido.

-¿De qué estás hablando?

-Yo no le di tres hijos a Zeke, le di dos. – respondió ella con fingida calma. Por dentro estaba que se moría.

Levi simplemente no podía articular palabra. No entendía nada, y por lo tanto, no podía atar cabos.

-Ese mismo día del incendio, me enteré de algo. – empezó ella – Esa fue la razón más poderosa que tenía para tomar las decisiones que tomé. No quería arriesgar a nadie más en todo ese infierno en el que nos metieron. Y como no pude verte, jamás pude decírtelo… nadie lo sabía…

-¿Pero de qué hablas?

-Yo estaba embarazada en ese momento. – confesó – Estaba esperando un hijo tuyo…

Ambos se miraron largamente; eran segundos eternos. Levi estaba helado, con los ojos ensanchados del estupor y balbuceando.

-¿Cómo… que…?

-Yo me casé con Zeke estando embarazada. – siguió explicando la mujer – Fue por eso que "pude seguir con mi vida" como bien dijiste. Tenía la obligación de hacerlo, ya no se trataba sólo de mí. Quería empezar de nuevo y alejarme de todo, y eso incluía a mi bebé…

Él seguía inmóvil, mirándola con la boca abierta.

-Levi… ¿viste a esa chica que estaba conmigo esta tarde?

-Sí… aunque no me fijé mucho en ella…

-Se llama Mikasa. – dijo ella – Es mi hija mayor y a quien Zeke adoptó como suya… ella… ella es tu hija…

Aturdido, Levi se dejó caer sobre el sofá, con la mirada perdida y pasándose las manos por la cabeza.

-Petra, yo debería matarte por esto…

-Lo sé, y si quieres gritarme y reclamarme, aquí estoy, no pienso defenderme. – repuso ella – Puedes odiarme si quieres. Pues ahora sabes que no fue Zeke quien te arrebató una familia. Fui yo, fui yo quien te arrebató años con tu hija, y tal vez hasta una vida con más hijos. Ódiame, Levi… ¡ÓDIAME!

-¡NO PUEDO! – le gritó él levantándose – Yo… no puedo perdonarte por esto ni por haberme dejado muerto en vida por tantos años… de la misma manera que tú no puedes perdonar a mi familia de masacrar a la tuya… claro, si es que eso es verdad y no fue un mero accidente… -ella lo miró ceñuda - Pero yo quiero llegar al fondo de todo esto, Petra… quiero que lo averigüemos juntos: la muerte de tu familia, la implicancia de la mía, la justicia para la muerte de tu prima… y también… también quiero conocer más a Mikasa… ¡AH, MIERDA! ¡VINE SÓLO POR UN VIAJE DE NEGOCIOS Y ME ENTERO DE QUE TENGO UNA HIJA Y QUE LA MUJER QUE AMO SIGUE VIVA! – esta vez se dejó caer en el suelo y volvió a llorar.

Llevada por el impulso, Petra se acercó a él y sólo atinó a abrazarlo fuertemente. Minutos atrás, la hubiera hecho a un lado de un manotazo, pero en ese momento la necesitaba tanto. Aunque todo fue más que impresionante para él, el hecho de que ella no amara a Zeke y que tuviera una hija suya le daba ciertas esperanzas. Esperanzas que no tenía desde… ¿hacía veinte años? Ya ni sabía cómo se sentía tener esperanza, pero esa sensación en el pecho pese al enojo no podía ser algo tan malo. Se aferró a ella.

-De lo único que estoy seguro es que te amo… pero tú, ¿tú me sigues amando, Petra?

Ella lo abrazó aún más fuerte.

-Yo nunca dejé de amarte, Levi. – sollozó – No ha pasado ni un día en que no pensara en ti… y Mikasa es tan parecida a ti en todo que no podía evitar tenerte presente en mis pensamientos. Perdóname por ella, perdóname por tu madre… y perdóname por haberte hecho esto…

Pero Levi ya la había perdonado. En realidad ya la había perdonado desde el momento en que la volvió a ver. La conocía y sabía que la decisión que había tomado en ese entonces era debido a razones poderosas, sin ninguna maldad ni deseo de venganza de por medio.

-Quiero que dejes a Zeke, tomemos a Mikasa y nos volvamos a Aubagne. – le dijo con su tono de voz mandón – Les patearé el trasero a Kenny y a Jon y comenzaremos nuestras vidas como corresponde. Como debió ser.

Petra rió nerviosa.

-Levi, no es fácil. – le dijo. Sabía que él se estaba dejando llevar por la emoción, ni siquiera la quería soltar – Mikasa no sabe nada y hay que gestionar bien todo esto; tal vez hasta reaccione como tú. O peor.

-Y además están tus otros hijos. – recordó Levi - ¿Dijiste dos?

Y la pelirroja empezó a llorar desconsolada levándose las manos al rostro.

-¡Me queda uno! – se lamentó - ¡Hace una semana perdí al mayor!

-Petra… - ahora era el turno de él de abrazarla y confortarla. Entendía que estaba en un estado de duelo reciente, y por ende, Zeke también. No apresuraría las cosas.

Ambos estaban destrozados, por lo que no tenía caso seguir peleando ni discutiendo por cosas que ya habían pasado y de las que no tenían culpa. Ahora tenían que estar más unidos que nunca en la comprensión y el apoyo. Levi la consoló y arrulló hasta que se tranquilizó, y conversaron un rato sobre sus días tristes sin el otro y más que nada, sobre Mikasa. Hasta que sin previo aviso, Levi se abalanzó sobre ella en un beso apasionado y contenido por veinte años. Veinte largos años en los cuales nunca permitió que nadie lo besara ni tocara, y en los que él no pensaba que volvería a hacerlo. Y allí estaba, volviendo a sentir todas esas emociones abrasivas, y junto a la mujer que amaba y que había despertado todo aquello años atrás. Ella se dejó llevar, por primera vez en muchos años, luego de siempre tener que fingir amor y caricias junto a un hombre al que quería pero como a un hermano. Y de repente, ahora volvía a sentirse viva y libre.

Levi la levantó y la llevó hasta su cama, donde hicieron el amor como si fuera la primera vez.