VI
El día de la graduación
No podía decir que estaba demasiado contenta por haber llegado hasta allí. Lo digo porque algunas personas murieron durante el entrenamiento, otras fueron expulsadas por su bajo desempeño. Sin embargo, no podía quejarme, porque Eren y Armin habían sobrevivido, y ahora, tocaba el turno de graduarnos. Debíamos escoger entre tres ramas del ejército, pero solamente los diez mejores podían escoger ingresar a la Policía Militar. Asumí que pertenecer a ellos era un honor, pues eran destinados al interior, donde había menos posibilidades, por no decir ninguna, de enfrentar a algún titán.
Esa tarde, vi que había gente reunida en el patio, armando todo para la ceremonia de graduación, donde también se anunciarían a los diez mejores de la promoción. Calificaban a los reclutas en base a ciertos atributos, necesarios para ser un buen soldado, cualquiera fuese la rama a la que perteneciera. Aunque no supiera mucho de aquellas tres ramas, sabía que, a menudo, los más valientes y hábiles entraban al Cuerpo de Exploración, sabiendo que hacerlo entrañaba una posibilidad muy alta de perder la vida. Tal vez por eso la mayoría entraba a la Tropa de Guarnición. No había mucha gente que estuviera dispuesta a arriesgar el pellejo peleando contra los titanes. Pero una cosa era cierta: yo seguiría a Eren dondequiera que él fuera.
Oí unos pasos acercarse. Me di media vuelta, y me encontré cara a cara con Krista. Lucía meditabunda, pues miraba al suelo mientras caminaba, sin saber siquiera dónde le guiaban sus pasos.
—¿Krista? —llamé, en un tono incierto.
Ella se estremeció un poco, para luego alzar la vista y mirarme a los ojos. Fue cuando me di cuenta que ella, más que meditabunda, se hallaba muy nerviosa.
—¡Ah! Hola, Mikasa. ¿Cómo estás?
Todo eso lo dijo con una voz más aguda de lo usual.
—¿Qué te pasa?
—¿A mí? —Krista soltó una risa nerviosa antes de seguir hablando—. ¿Pero qué dices? Estoy muy bien.
—No luces como "bien" —dije, arqueando una ceja.
—Es que estoy emocionada por la ceremonia de graduación.
—Tampoco te veo emocionada. —Encaré a Krista y la tomé por los hombros—. Vamos, dime qué te pasa realmente. No me voy a reír o algo parecido.
Ella se quedó en silencio por un momento, durante el cual la evalué. Noté que, como la vez en la que había creído que Eren había sido expulsado, tenía ojeras, pero, en esa ocasión, parecía saltar ante ruidos muy leves, como una brisa de viento o un sonido distante de espadas chocar.
—¿Me juras que no te vas a burlar?
—Por supuesto que no —le aseguré. Krista se sintió un poco más tranquila.
—Bueno, lo que pasa es que… no quiero estar en la ceremonia.
Aquello me tomó por sorpresa. No era la respuesta que esperaba escuchar de una chica como Krista.
—¿Por qué no?
—Es que… aún no sabemos qué nota sacamos —repuso ella, luciendo casi implorante, tanto en los ojos como en la voz—. Si no quedo entre los diez primeros… tendré que ir o a la Tropa de Guarnición, o al Cuerpo de Exploración.
—¿Y cuál es el problema?
—El problema es que… en cualquiera de esas dos ramas, tendré que enfrentarme en algún momento a los titanes… y no quiero morir a manos de ellos.
—No lo harás —le dije en tono tranquilizador, pero eso no causó ningún efecto en ella. Seguía tan nerviosa como siempre—. Mientras tengas en cuenta lo que has aprendido en estos años, todo saldrá bien. Tampoco es como que te pongan una espada al cuello para que elijas ir al Cuerpo de Exploración.
—Pero… pero no quiero…
—Krista, tarde o temprano, deberás hacerlo —le dije, en un tono un poco más severo—. Hayas elegido o no entrar al Cuerpo de Entrenamiento, aprendiste a ser un soldado competente. Imitaste mis técnicas de entrenamiento, rompiste con tus límites, ¿solamente para colapsar por algo que ni siquiera sabes que va a ocurrir?
Krista se quedó en silencio, mirándome con una expresión similar a alguien que estuviera esperando para ser ejecutado por algún crimen.
—Por favor, Mikasa, no me juzgues —dijo, al cabo de un rato. No pude evitar conmoverme por su situación. Sus miedos tenían algo de fundamento. Ella no había escogido ese camino, y se había visto obligada a hacer cosas que no estaba acostumbrada a hacer. También era consciente de que el entrenamiento era una cosa, y pelear contra titanes reales era otra muy distinta. Pero también sabía que no valía la pena amargarse por cosas que no habían ocurrido. Ella misma me había enseñado a no estar siempre asumiendo lo peor.
—Krista, no te estoy juzgando —le dije, con más suavidad y tomándola por uno de sus hombros—. Pero creo que te estás precipitando. Aún no sabes cuál es tu calificación. Yo te sugeriría que esperaras hasta que sepas cómo te fue. ¿De acuerdo?
Estaba segura que el tono de mi voz no ayudaba a que Krista se sintiera más tranquila, pero al menos esperaba que ella entendiera mis intenciones. Por fortuna, ella era una chica perceptiva, y compuso una sonrisa.
—De acuerdo —dijo, tragando saliva—. Haré lo que dices.
—Me cuentas cómo te fue, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
Mientras veía a Krista alejarse, pensé en todo lo que había pasado desde que la conocí hasta ese momento. Recordaba cuando mis propios compañeros de promoción me decían que, últimamente, yo lucía un poco más alegre que cuando entré al Cuerpo de Entrenamiento. Por supuesto, nadie podía ponerle un porqué a la cuestión, y asumieron que, simplemente, había cambiado. Pero yo sabía la verdad, y no iba a admitirla delante de ellos, sobre todo frente a chicas como Annie e Ymir.
Hablando de Annie, después de todo el tiempo que he estado en el Cuerpo de Entrenamiento, había comenzado a sospechar que a ella también le gustaban las chicas. No era que ella coqueteara con cualquier chica que encontrara en su camino, pero siempre me la encontraba en las duchas, y siempre cuando yo estaba sola. No me hablaba, pero me dedicaba miradas furtivas, como esperando que yo hiciera algún movimiento, casi como si Annie quisiera que yo tomara la iniciativa. No obstante, conociendo su carácter, no podía hacerme un marco mental de ella haciendo eso. Eso no quitaba que me molestasen aquellas miradas. Claro, no me decía a la cara que yo era atractiva o algo por el estilo, pero tenía la incierta impresión de que estaba evaluándome con la mirada, como si estuviera considerando si yo era una buena opción o algo por el estilo. No estaba segura de eso, sin embargo. Bien podía estar haciendo eso por razones muy distintas. En cuanto a Ymir, ella jamás mostró algún interés en mí, lo que era algo positivo, pero siempre, sin excepción, me encaraba cada vez que me veía hablando con Krista. Me pregunté en esa ocasión hasta dónde podían llegar los celos de una persona, y si eso me llegaría a afectar alguna vez, de una forma u otra.
Dos horas más tarde, nos llamaron a todos para que supiéramos nuestras calificaciones. El instructor nos fue llamando por nombre, y, después de unas breves palabras, nos decía nuestra nota. Había una pizarra donde se iban anotando las puntuaciones de los reclutas, e iban de mayor a menor. Me imagino que el asunto debió haber sido un hervidero de nervios, porque muchos aspiraban a entrar a la Policía Militar, por lo que siempre se fijaban en quiénes estaban entre los diez mejores de la promoción.
Cuando la lectura de notas hubo acabado, supe que los miedos de Krista habían sido infundados. Su afán por imitar mis prácticas de entrenamiento habían rendido frutos. Así, los diez primeros de la promoción quedaron del siguiente modo.
10. Sasha Blouse.
9. Connie Springer
8. Marco Bott.
7. Krista Lenz.
6. Jean Kirstein.
5. Eren Jaeger.
4. Annie Leonhart.
3. Bertholdt Hoover.
2. Reiner Braun.
1. Mikasa Ackerman.
Después de mirar la tabla, lo primero que vi fue que Krista se acercaba a mí, a paso raudo y con una amplia sonrisa en su cara.
—¡Lo logré! —exclamó, deteniéndose delante de mí, con ojos brillantes—. ¡Estoy entre los diez primeros!
—Te felicito —le dije, mirándola con, asumo, algo parecido a orgullo—. ¿Estás más tranquila?
—Mucho más tranquila —dijo, y en realidad su cara era congruente con sus palabras—, y todo gracias a ti. No sé cómo pagarte todo lo que has hecho por mí.
—No tienes que hacerlo.
Krista no dijo nada. Solamente me miraba con los mismos ojos brillantes. Después, se acercó más a mí, y me abrazó. Nuevamente, no supe cómo mierda reaccionar, pero en esta ocasión, si le devolví el abrazo a tiempo, estrechándola contra mí, antes que ella se separara de mí, aún sonriendo.
—Nunca voy a olvidar lo que hiciste por mí —dijo Krista en un tono tan dulce y suave que, honestamente, me conmovió. Y ella seguía mirándome a los ojos, como queriendo decirme algo sin necesidad de palabras. Yo, por alguna razón, no podía desviar la vista de ella, al menos hasta que una voz me arrancó del trance. Era Eren. Al igual que Krista, también estaba contento.
—Supongo que ahora querrás irte a la Policía Militar —le dije. Su sonrisa se hizo un poco menos pronunciada.
—Es la idea —repuso, aunque sabía que a ella no le gustaba mucho la idea de separarse de mí. Bueno, a mí tampoco, para qué negarlo, pues me había acostumbrado a su compañía de una forma en que no lo creí posible—. ¿Estás segura que no quieres ingresar a la Policía Militar?
—Segura —dije, aunque soné un poco cabizbaja al hablar. Me imagino que porque estaba por despedirme de mi mejor y única amiga por quién sabe cuánto tiempo—. Es una pena que tengamos metas distintas. —Iba a añadir "te estaba agarrando cariño", pero no pensé que fuese inteligente haber dicho esas palabras, pues haría nuestra separación aún más difícil de lo que ya era. Al parecer, Krista notó que yo tenía algunas palabras que decirle, porque me dedicó una mirada inquisitiva. No supe cómo responder, por lo que me quedé callada. Me daba un poco de vergüenza decir las palabras que quería decir.
—Bueno, sea lo que sea que estás pensando, estoy segura que se trata de algo bueno —dijo Krista, ofreciéndome una sonrisa triste—. Yo también tengo buenos pensamientos hacia ti.
Escuchar aquellas palabras de Krista hizo que apareciera un ligero ardor en mis mejillas, el cual no desapareció hasta después de varios minutos.
—No podría tener malos pensamientos hacia ti —continuó Krista, sin poder ocultar su tristeza—. No después de todo lo que has hecho por mí, no solamente durante el entrenamiento, sino que por tu compañía. —A ella le comenzaron a brillar los ojos, pero, pese a eso, compuso una sonrisa más amplia que la anterior—. Realmente te voy a echar de menos, Mikasa.
La voz suave que empleó para hablar hizo que se me contrajera el corazón. Sentí una sensación agridulce en mi interior al escuchar esas palabras. No queriendo quedarme atrás, le respondí de la manera más dulce que pude… lo que no fue mucho, en mi opinión.
—Yo también, Krista.
Decepcionada por la poca dulzura de mi voz, traté de compensar mi falta de emoción con algo que incluso a mí me sorprendió. Me acerqué a ella y, con un poco de tiento, le di un beso suave en su mejilla antes de dar media vuelta e ir donde Eren, tal vez porque no quería ver su reacción. Sin embargo, no sé si fue mi imaginación o no, pero juré ver un pequeño rubor en las mejillas de Krista antes que ella diera media vuelta y fuese donde se encontraba Ymir.
