Chlo: Merci beaucoup! Y hasta ahí llegó mi francés XD. Tu español es perfecto, muchas gracias por tu comentario. Me alegra que la historia te guste, es muy motivador. Debo decir que me inspiré bastante en las películas basadas en la obra de Marcel Pagnol, sobre todo en lo referente al núcleo de Aubagne. Espero que sigas disfrutando lo que sigue. ¡Saludos!
Capítulo 10: Cadena de problemas
Cansada, Petra acariciaba el pecho de su gran amor y ahora amante, dedicándose a ser feliz por un momento sin pensar en nada más. Levi solamente la estrechaba en sus brazos, también cansado, pues el despliegue de amor que dieron compensaba los veinte años del uno sin el otro.
De repente, algo apesadumbrada, la pelirroja se levantó. Y vaya que le costó, no quería dejar ni a esa cama ni al azabache.
-Tienes que irte. – afirmó Levi con el ceño fruncido.
-Sí…
-Qué gracioso. De ser tu novio pasé a ser tu amante. – dijo él amargamente – No quisiera que esta situación se dilate, Petra. Si he de tenerte, tiene que ser todas las noches y en nuestra casa. Como corresponde…
Una vez vestida, Petra se inclinó para darle un beso de despedida y con ello una promesa.
-Sé que todo esto es muy difícil, pero te prometo que saldremos de esto juntos. – le dijo con dulzura – La muerte de mi hijo es muy reciente y la situación con Zeke no es la mejor; además, no quiero darle otro mal trago ahora. Iré gestionando el modo de terminar con mi matrimonio de la mejor manera, pero llevará algo de tiempo. Y luego sí, seré tu mujer en todos los sentidos.
-Tenía planeado volver mañana a Aubagne, pero creo que retrasaré el viaje por tiempo indefinido. – sonrió Levi devolviéndole el beso con fervor. – Sabes que puedes venir aquí cuando quieras.
-Si es por querer, no me iría nunca de aquí. – replicó Petra – Nos vemos pronto. – se despidió para salir del hotel.
Levi simplemente se quedó reflexionando. Su fuero interno era un torbellino de emociones de todo tipo: felicidad por encontrar a Petra, decepción al saberla casada y con hijos, furia hacia Zeke y Kenny. Pero con estos últimos prefería ir despacio, quería disfrutar del momento en el que los hiciera caer y pagar. Pero de la paliza no se salvaban. Sólo Jon por su edad.
Los años le habían enseñado a no actuar precipitadamente, por lo que la guinda de su pastel, que eran ellos, la dejaría para más tarde. Aún si en ese momento le picaban las manos por ir a irrumpir en casa de los Jäger para masacrar a uno y después volver a Stohess para destrozar al otro. Se daría tiempo.
-Sé que va a ser difícil, pero no renunciaré a ti, Petra. – se dijo.
Petra, por su parte, también pensaba en lo mucho que las cosas cambiarían a partir de ahora. Su matrimonio con Zeke nunca fue uno de verdad, y la muerte de Colt sólo había sacado a la superficie las culpas y quiebres que nunca se vieron o que se negaron a ver durante tantos años juntos. Aún con el dolor latente por la pérdida de su hijo querido, también podía vislumbrar la felicidad que le fue arrebatada y una nueva esperanza en el horizonte. Estaba decidida: se separaría de Zeke, pero vería el mejor momento para comunicarle sus intenciones. También estaban sus hijos… Falco era un niño inteligente y maduro para su edad, y sabía que comprendería, pero al mismo tiempo tenía miedo de que los Jäger-Fritz lo manipularan. Y Mikasa… no sabía qué pensar, ella siempre había sido impredecible desde que nació. La pelirroja no estaba muy segura de cómo tomaría las cosas.
Suspiró y llegó a su casa, en donde por suerte, a pesar de ser ya de noche, nadie había notado su ausencia. Salvo una persona.
Observadora como siempre, y alerta a pesar de la alegría que le daba la partida de Ymir Fritz, Mikasa se había percatado de la salida de su madre y obviamente de su posterior llegada. La siguió sigilosamente para descubrir con alarma que la pelirroja ya no dormía en la habitación que compartía con su padre, sino en una para huéspedes. Apretó la quijada y se juró que no permitiría nada que desequilibrara la armonía familiar, negándose de plano a creer que sus progenitores tenían problemas y prefiriendo pensar que todo se trataba de una fase normal luego de tan terrible pérdida.
Con ese pensamiento, se retiró a su propia habitación.
Un par de días después, un Zeke ya harto de la indiferencia de su esposa y su insistencia de dejar de dormir en el cuarto matrimonial, irrumpió en su habitación una noche, en un intento de hacer las paces.
-Nina… - la llamó suavemente, mientras la pelirroja se cepillaba el cabello – Perdóname por haber sido tan grosero contigo… por no haberte defendido ni dado tu lugar como dueña de casa con Mater… pero es que ella sólo quiere el bien de Falco. Ya bastante tenemos con lo que nos sucedió, no dejemos que estos malentendidos afecten a nuestra familia.
-Pues eso de que estoy muerta y que me puedes quitar todo no parecía algo que se malentendiera. – replicó su mujer – Lo dijiste con toda la intención de minimizarme. Y ni siquiera en lo primero tienes razón: Petra Ral sigue más viva que nunca… es Nina quien nunca existió.
-Yo te amo y sólo quiero estar contigo, así seas Petra o Nina… es que es tanto lo que te quiero que termino diciendo tonterías en mi afán de protegerte a ti y a mi familia… es que presiento que en cualquier momento todo lo que construí contigo se irá abajo…
Petra tragó grueso, pues entendía el temor de su esposo, pues se trataba de algo que ya había sucedido. Pero tenía que decírselo, tenía que empezar a revelarle poco a poco los últimos acontecimientos y sus intenciones a futuro. Así que respiró hondo antes de hablar.
-Zeke… Levi está en París. – dijo con un hilo de voz – Nos reencontramos hace unos días en la oficina de Mike.
El rubio quedó paralizado en su sitio, con la incredulidad pintada en el rostro. Inmediatamente comenzó a temblar, era de miedo y rabia. Miedo por ver su presentimiento hacerse realidad y perder a su familia, y rabia por lo que intuía podría llegar a desencadenar en Petra la llegada de ese hombre a su nueva vida. Una nueva vida brindada por él, en el que nadie de apellido Ackerman tenía lugar. Lo atenazaba el terror de verse abandonado por Petra a causa de Levi, y lo carcomía la cólera de tener que enfrentarse a ese bienamado enemigo de toda la vida. Pero él ya no era el muchachito de hacía 20 años, y estaba seguro de que Levi tampoco era el mismo. A pesar de su estado de ofuscación, se sabía gran vencedor, no por nada se había encargado de hacerle dos hijos a la mujer que el azabache y él amaban, ni había preparado tan bien a Mikasa ante la posibilidad de que llegara este día.
-Así que Levi… - dijo más tranquilo, mientras se sentaba en la cama y Petra lo miraba con cautela, desconfiando de su semblante tan relajado - ¿Tu gran amor, Petra? ¿Lo volviste a ver después?
Petra no sabía qué responder ante eso.
-No. – mintió al fin – Él se fue rápidamente y no nos volvimos a ver. Si te lo digo es justamente porque te respeto y tienes que saberlo.
-La semana que viene volveré al trabajo, y llevaré a Mikasa para que empiece a familiarizarse con todo. Pronto comenzará la universidad y es mejor que esté más que metida en el ámbito empresarial familiar, además, nos mantendrá a los dos ocupados. También mandé a preparar todo para contratar a una nueva secretaria, la que tenía decidió jubilarse. Te dejaremos sola con todo esto, pero confío que Historia y Yelena serán una gran compañía para ti cuando…
-¿Vas a hacer de cuenta que no te dije nada? – le interrumpió la pelirroja con el rostro ceñudo.
-Recuerdo tu desesperación y la mía cuando tu familia murió. – continuó él como si nada – También vivimos el peor momento de nuestras vidas con la muerte de NUESTRO hijo mayor.
-¿Pero qué tiene que ver todo esto con Levi y lo que siento por él? – preguntó Petra, ya extrañada.
-Tú estás sensible. – declaró Zeke – Lo que sucedió con Colt, las antiguas heridas y las recientes. Sólo espero que todo esto no te lleve a fantasear, porque solamente se trata de eso: fantasías.
-No me hables como si yo fuera una perfecta idiota. – repuso Petra molesta.
-No te hablo como si fueras idiota, tengo más que claro que eres una mujer inteligente y juiciosa. – replicó Zeke con tranquilo descaro – Y sé que valoras lo que tienes: tu casa, tu vida familiar, tu negocio… y tus hijos. – con una sonrisa, le dio un beso en la frente y salió de la habitación, dejando a Petra confundida.
Una vez solo, Zeke marcó en su móvil el número de Mike. – Hola, Mike… sí, vuelvo a felicitarte a ti y a Nanaba y a decirte que no me olvido de que tenemos que festejar por esta nueva vida que viene para alegrarnos a todos… quería pedirte un favor… los datos de uno de tus nuevos clientes… es un viejo conocido y quisiera saludarlo… Levi Ackerman… muchas gracias, amigo. – colgó y se sirvió un vaso de whisky mientras miraba por la ventana.
-Así que volviste, Levi. – se dijo con odio – Y contigo la fantasía del amor romántico. Justo ahora vienes a representar un problema para mí. – y vació su vaso de un trago mientras empezaba a maquinar planes y dilatar el proceso de negación que mantendría a Petra a raya y con él.
Con el correr de los días, y en contra de su voluntad, la vida de todos debió tomar los rumbos de siempre. Estudios, trabajo y rutinas volvían a protagonizar el vivir de la familia Jäger luego de la tragedia de Colt. En el caso de Mikasa, aunque todavía faltaban unos meses para comenzar la universidad, empezaría a trabajar a medio tiempo en la empresa familiar, más para tener la cabeza en otras cosas que para ir adentrándose al mundo del trabajo. Zeke estaba orgulloso de ello, ya que así pasaría mucho más tiempo junto a su hija, con lo cual aprovecharía para estrechar aún más sus lazos con ella. Siempre la había querido a pesar de que no era de su sangre, pero no podía negar que sus dos hijos biológicos con la pelirroja eran los que ocupaban un lugar más profundo en su corazón, y ahora con la creciente amenaza llamada Levi Ackerman, necesitaba que la relación padre e hija fuera más perfecta que la que tenían actualmente, si cabía. Ella era su carta contra Levi, mientras que los planes de Ymir Fritz respecto a Falco lo era contra Petra.
Como había señalado Zeke, en efecto, la empresa se encontraba entrevistando jóvenes mujeres para ocupar el puesto de secretaria del presidente Zeke Jäger. Mikasa, quien había recorrido y aprendido casi todo en su primer día, decidió "ayudar" en la selección de la mujer que estaría cerca de su padre. Al final, quedaron dos candidatas idóneas para el puesto: Mina Carolina y Pieck Finger. Casi sin dudar, la joven azabache sugirió a la última, con quienes los encargados y el propio Zeke quedaron satisfechos. Pieck Finger era de una modesta familia de los suburbios parisinos, quien a lo más que pudo aspirar por su situación fue a hacer una carrera corta para secretaria, pero no conforme, hizo todo tipo de cursos cortos que reforzaban su título y sus aptitudes. Grandes fueron su sorpresa y alegría cuando le dijeron en ese instante que había sido seleccionada para ser la secretaria de nada más y nada menos que de Zeke Jäger, quien prácticamente era considerado el dueño del mundo en todos los círculos empresariales. Sabía que su camino ahora se tornaría más difícil aún, pues no era fácil estar a cargo de los asuntos de un hombre tan ocupado como ese, pero se sentía confiada en que lo lograría.
-Señorita Finger, muchas felicidades. – la cumplimentó Zeke sin siquiera mirarla – A partir del próximo lunes comenzará con el trabajo, su puesto quedará listo y acondicionado para usted. Espero que se sienta cómoda y lista, pues nos esperan muchos retos. Estuve algunos días retirado y a pesar de estar bien cubierto de espaldas, no es lo mismo que si yo estoy al frente de las cosas, y soy una persona muy quisquillosa y exigente, así que espero que pueda seguirme el ritmo. – y agregó señalándole a la azabache que estaba junto a él – Pero como fue prácticamente elegida por mi hija Mikasa, me quedo tranquilo, confío en que estará a la altura de las circunstancias. – dicho esto, se retiró mientras Pieck lo miraba embobada. Era muy apuesto y le sorprendía que pareciendo tan joven ya tuviera una hija mayor de edad.
Se quedó sola con Mikasa en la salita de entrevistas. La joven de ojos grises la miraba fijamente y con burla.
-Muchas gracias, señorita Jäger. – dijo Pieck tímidamente – Es un honor que fuera usted quien me haya elegido para el puesto.
-No fue nada. – replicó Mikasa amablemente – Pero no te elegí por tu currículum. Esa chica que quedó contigo, Mina Carolina, tenía mucha mejor experiencia laboral que tú.
-¿Entonces, por…?
-Porque no eres bonita. – le lanzó la azabache antes de salir del recinto, dejando a Pieck pasmada y dolida.
En ese mismo momento, la persona más odiada en el mundo por Mikasa hacía su aparición en la recepción.
-¡Vade Retro, Satanás! – exclamó Mikasa con una gran sonrisa a modo de saludo. Cómo la odiaba.
Yelena le devolvió la mirada de odio y la sonrisa resplandeciente. Era una mujer alta y rubia de cabello corto, hija de uno de los socios de la empresa. Una de sus grandes ventajas.
-¡Ay, Mikasa! ¡Tan tierna y amable como siempre! – chilló contenta – Lamento mucho la pérdida de Colt… es más, muero por ver a Zeke para consolarlo y darle mi pésame.
-Ni creas que voy a dejarte sola con él. – le espetó la joven.
-Eres un pollito de leche, no cambias. – dijo la rubia como si fueran las mejores amigas – Pero quieras o no, voy a entrar a verlo. Mi apoyo es crucial en este momento, con la bendición de Ymir.
-No estoy para tus ironías, maldita boche. – masculló Mikasa con furia y una falsa sonrisa – No quieras aprovecharte de la situación para meterte por delante de sus ojos, porque sabes muy bien que no lo voy a dejar ni a sol ni a sombra para que logres tu cometido, mosca muerta insoportable.
-¡Yelena! ¡Qué agradable sorpresa verte! – exclamó Zeke acercándose a ellas, feliz de verla.
-¿Qué te dije? – le susurró Yelena a Mikasa con maldad antes de correr hacia los brazos de Zeke.
-¡Ay, Zeke! ¡Lamento mucho la pérdida del pequeño Colt! – lloró la rubia mientras se hundía en el pecho de Zeke - ¿Pero para qué estamos los amigos si no es para estar en las buenas y en las malas? ¡Siempre estaré a tu lado, mi querido Zeke!
Al final, fue Zeke quien terminó por consolarla como si fuera ella la de la pérdida. Mikasa rodó los ojos. Lamentaba haber insultado a la nueva secretaria; bien podría haber sido una aliada y espía contra esa víbora.
-¡Ah, Mikasa! – le dijo Yelena secándose las lágrimas de cocodrilo desde los brazos de Zeke – Historia ya está instalada en tu casa, tu madre y sobre todo Eren le están haciendo compañía. Se nota que se quieren mucho… - dijo con ponzoña y luego miró a Zeke - ¿No crees que harían linda pareja esos dos?
Zeke se encogió de hombros.
-Pues nunca lo había pensado. – repuso – Pero si se llegara a dar el caso de que se quieran, no seré yo quien se oponga. Eren es un buen chico e Historia es una jovencita muy valerosa e inteligente. ¿Quieren tomar un café? Lo pediré ahora mismo en lo que mando entregar un mensaje.
Yelena sonrió con satisfacción al ver el rostro pálido de Mikasa. Siempre había sospechado que la azabache tenía sentimientos incestuosos hacia su tío. Reconocía que era una gran jugada de parte de la vieja Fritz meter a Historia para que atrapara a Eren. Aunque a la anciana noble no le caían en gracia los Jäger, no podía dejar de valorar la gran fortuna que tenían. Además, quería prevenir algún futuro posible escándalo que esa niña Mikasa pudiera provocar.
-Vamos. – dijo Mikasa lanzándole una última mirada asesina a Yelena, quien le sacó la lengua mientras seguían a Zeke hasta su despacho.
Yelena Kruger era la única hija del mejor amigo de Grisha Jäger, Eren Kruger. Aunque habían convivido muy pocas veces en la infancia, había crecido admirando y amando en la distancia a Zeke, varios años mayor que ella. Lo veía como su héroe y caballero de brillante armadura. No hace falta describir el estado de tristeza y turbación cuando su querido rubio se casó con esa tal Nina Magnolia, salida de la nada. La odiaba como a nadie, y su odio crecía cada vez más a medida que los retoños del matrimonio nacían. Pero sabía que debía tragarse sus sentimientos si quería estar cerca de Zeke, y qué mejor que mantenerse cerca de la familia como amiga, en lo que veía su oportunidad de acabar con ese matrimonio y quedarse con el rubio de barba. El primer obstáculo, que era Colt, estaba acabado por obra y gracia de esa guerra tercermundista que ella agradecía que se estuviera librando en ese momento; ahora tenía que hacer algo para que se separara y ya vería qué hacer con ese mocoso de Falco. Pero su más grande traba era Mikasa, no sabía cómo abordarla, pues su semblante frío e imperturbable hacía que le fuera imposible estudiarla para encontrarle un punto débil. Salvo el asunto de Eren, no había otra cosa que la tuviera entre la espada y la pared.
Pero esta vez, venía a jugar sucio por Zeke, sin importar si tenía que utilizar la muerte del crío mayor para acercarse a su anhelo. Haría lo que fuera con tal de alejar a Nina de quien siempre consideró su hombre, y ahora, con el apoyo de Ymir Fritz, todo sería más fácil.
Lo que nadie más sabía, es que hubo una tercera persona viajando con las dos rubias desde Berlín. Ni siquiera ellas lo sabían. Ymir había planeado todo de tal manera que sus armas llegaran todas juntas. Y justamente esa tercera persona, estaba de pie frente a ella en su lujoso despacho en su piso en la rue Murillo de París. Era un joven apuesto y alto, de cabello rubio con patillas, de apariencia simpática y fácil. La fachada perfecta para un espía y agente especial.
Ymir Fritz lo miraba con suficiencia.
-Qué bueno que llegaste a tiempo, Thomas querido. – le dijo – Ya sabes qué tienes que hacer y a quién debes seguir a toda hora. La información que obtengas será muy importante; eso y la prueba física que necesito.
-Por supuesto, señora. – respondió Thomas Wagner con solemnidad – A partir de mañana comenzaré mi trabajo con Mikasa Jäger.
Mientras, en el hotel donde se hospedaba, Levi recibía extrañado un mensaje. Hacía días que no veía a Petra, salvo por un par de veces en las que compartieron alguna merienda rápida o una caminata por los alrededores. Moría por volver a tenerla entre sus brazos como la vez que se reencontraron, pero era consciente de que no podía ser egoísta, siendo ella quien tenía la situación más complicada de entre los dos. Él no estaba casado ni tenía obligaciones con nadie, mucho menos tener que darle explicaciones a su familia. Así que comprendía a la pelirroja y la apoyaría en lo que ella le daba tiempo a Zeke a recuperarse y así pedirle el divorcio. En el fondo también le ilusionaba el hecho de poder conocer a su hija, pasar tiempo con ella y poder establecer una relación fuerte entre ambos. Confiaba en que la chica hubiera sacado la amabilidad y la capacidad de comprensión de Petra. En cuanto al niño que Petra tenía con Zeke, no le molestaba en lo absoluto; todo lo contrario, también quería conocerlo y ofrecerle su amistad.
Esperaría pacientemente por ella. Había estado en un agujero por veinte años, podría esperar unos meses más, aunque su impulso le dijera que la robara y se la llevara con él lejos. Soltó un gruñido, ya se parecía a Kenny.
Por lo pronto, decidió leer la nota que le enviaron. Sus ojos se llenaron de furia a medida que leía.
Te espero mañana a las 11:oo pm frente al restaurante 58 Tour Eiffel. Tenemos muchas cosas que hablar y dejar en claro. Por favor, no faltes, mi tiempo es valioso.
No tenía firma pero ni falta hacía para saber que se trataba de Zeke. Arrugó el papel mientras sus ojos irradiaban odio.
