Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

Una mentirita (7)

Angielizz (Anbeth Coro)

Dedicado a: Maryluna, Wenday14, Ori-cullen-Swan, Adriu, carita1999, Lore562, Franciscab25, Cinti77, Geminis1206 y a OnlyRobPatti


Espacio informativo: Se suponía que subiría actualización mañana, pero estaba tan emocionada al terminarlo que no pude esperar un segundo más para saber sus comentarios con este capítulo. Así que aquí se los dejo, espero sea de su agrado.


ELLA

VIERNES, ALGUNAS HORAS ANTES

FEELS LIKE HOME - Chantal KREVIAZUK

Esta mañana entré a trabajar a las ocho en lugar de las siete. Alice decidió el día anterior que podía volver a rotar los turnos de limpieza de baños y de ventanas entre todos los empleados así que no era necesario que llegara antes. No iba a preguntar a qué se debía esa decisión, si Edward tenía o no algo que ver en ese cambio no iba a discutirlo, no planeaba pasar un segundo más limpiando chicles.

Descubrí que esa hora de diferencia hacía que el edificio en el que vivía fuera distinto, se veía habitado. Cuando subí al elevador me encontré con cinco nuevas caras, todos me saludaron con un simple asentimiento de cabeza y sonrisas forzadas, pero al menos no recibí miradas escáner sobre mí ni cejas fruncidas. Que asintieran y sonrieran a la fuerza estaba bien para mí.

Edward como los días anteriores seguía en su habitación cuando yo salía del apartamento por las mañanas. Aun no me acostumbraba a no verlo por las mañanas, se sentía extraño, como si estuviese usurpando el lugar de alguien más en la cocina. Aunque verlo en el apartamento toda la tarde por otro lado me parecía… ¿cómodo? Estaba segura que comodidad no abarcaba por completo la emoción, aunque no tenía intenciones de darle vueltas al asunto.

Dolores por su parte era una mujer amable y conversadora, pero Edward era genuinamente simpático. Aún no podía creer que me hubiese obsequiado ese par de cuadernos de dibujos y los lápices.

Llevaba meses sin dibujar y ahora lo único que quería era regresar al apartamento y seguir haciéndolo. El dolor en las yemas de mis dedos era un dulce recordatorio que mi vida había cambiado.

Excepto que aun extrañaba a Charlie.

No me malinterpretes, los días de vacaciones de Edward eran mi oportunidad para conocerlo y permitir que él conociera a la extraña que se había metido en su vida lo que a su vez aumentaba mis posibilidades de quedarme en su apartamento por más tiempo en lo que conseguía independizarme por mi cuenta. Pero tenía un precio.

No había vuelto a hablar con Charlie desde el viernes anterior. Había buscado algún teléfono público en las cuadras del café al apartamento, pero el único que encontré estaba descompuesto. El objeto del que más me afectó deshacerme fue del celular que mamá me había obsequiado en el último cumpleaños. Conseguí enviar todas las fotografías a mi nube, pero me quedé completamente incomunicada de Charlie.

Habíamos vuelto una rutina llamarnos antes de dormir, le contaba un cuento hasta que Tía aparecía furiosa porque era demasiado tarde. Todavía podía recordar la primera noche sin celular, había llorado durante todo el día y toda la noche, estaba inconsolable. Para cuando perdí el teléfono aun no trabajaba en el bar, no conocía a nadie y no tenía manera alguna de ponerme en contacto con él. Y la única vecina del edificio parecía tan incomunicada como yo por lo que no tuve suerte en conseguir un celular de su parte.

Si el bar de Don había traído algo bueno a mi vida, era el teléfono que estaba en los cambiadores. Ahí podía hablar con Charlie, era como tomar aire antes de nadar en la profundidad de la miseria de ese empleo. Charlie era lo único que me mantenía centrada en la razón de vivir a pesar de todo.

Aunque un par de meses atrás, Tía cambió las reglas de nuevo y me prohibió llamarlo tan tarde, decía que solo estaba promoviendo su idiotez con mis cuentos estúpidos. Después cuando llamaba ella era siempre la que respondía hasta que una tarde llegué antes al trabajo y descubrí que ella tenía una hora en la que salía a la iglesia. Esa era nuestra hora para llamarnos. Estaba agarrada al teléfono durante una hora y luego regresaba al apartamento para descansar y más noche volver al bar.

Y ahora mi vida era mucho más que solo decente, podía decir que se acercaba mucho a la tranquilidad, aunque no podía ser feliz, no sin ese pequeño niño que seguramente estaba esperando por mi llamada.

-Estás distraída esta mañana –llamó mi atención Garret, mi compañero de trabajo y que había descubierto hace un par de días que tenía mi edad, él era quien me había pedido mi número de teléfono en mis primeros días. Y siempre estaba detrás de mí para ofrecer su ayuda, desearme una buena tarde al terminar mi turno o sólo intentar llegar a algo conmigo. Forcé un poco una sonrisa a salir, necesitaba quitar mi cara triste a como diera lugar.

—¿Yo? No –negué con mi cabeza con mi mejor sonrisa. Garret era guapo, aunque por lo que me contó se había rapado por una apuesta, así que asumí que debía ser incluso más guapo con cabello.

—Tú, sí –se acerca hacia mí, la cafetería a esta hora reduce la cantidad de clientes así que es fácil quedarnos detrás de la barra conversando mientras nadie levante su mano con una nueva orden- ¿quieres salir a cenar?

-¿Yo?

-Sí, tú.

Garret es agradable, aunque no lo suficiente como… Niego con mi cabeza alejando esas ideas.

Sonrío pensando que me gustaría ser capaz de aceptar una cita con él, pero tengo demasiados asuntos como para considerar una relación romántica. Me resisto al drama extra en mi vida. Ya bastante es complicada la manutención de mi hermano, no tener dinero en el bolsillo, una tía rencorosa y vivir con el hermano de mi jefa para añadir más a la lista.

-No puedo, lo siento.

-¿No? –parece no creérselo.

Sonrío intentando ablandar mi negativa.

-Tengo una agenda un poco apretada estos días.

-Cuando tengas un espacio para mí, házmelo saber –y me da una sonrisa que brilla en todo su rostro bonito.

Aunque…

-¿Tienes celular? –apenas terminé la pregunta y él ya estaba sonriendo, ahora coqueto hacia mí- necesito hacer una llamada.

Se ve un poco decepcionado con mi explicación, aunque eso no impide que saqué el celular del pantalón y lo extienda hacia mí.

-Ve a la puerta al final del pasillo, podemos tener cinco minutos en el callejón.

Asiento feliz y agradecida.

Cuando estoy en el callejón marco el número que me sé de memoria, lo aprendí desde que iba en primaria, papá quería que yo supiera cómo volver a casa si alguna vez me extraviaba y también quería que supiera a quien llamar si me encontraba en problemas. Se me forma un nudo en la garganta al pensar en él. Incluso a veces me parece mentira que por más que llame a este número jamás será papá quien responda y diga con dulzura, "Hola, preciosa".

Parpadeo y sigo en espera de que alguien responda el teléfono, estoy por colgar cuando escucho mi voz favorita responder:

-¿Hola?

-Charlie –siento alivio que sea él y no Tía.

No responde en seguida.

-Hola, Tomy –mi pequeño e inteligente hermano, puedo imaginar a Tía lanzando esa mirada de halcón sobre su pequeño cuerpo mientras él intenta convencerla de que no soy yo.

-No tenía como llamarte, lo siento mucho, te prometo que volveré a llamarte el –intenté hacer cuentas con las vacaciones de Edward con mis dedos- el próximo martes.

-¿Te paso la tarea? –sonreí triste contra el aparato en mi mejilla. Me hubiera gustado poder escucharlo platicar sobre su día y su semana, quería saber acerca de sus planes para esa tarde y las travesuras nuevas, pero esto era todo lo que iba a conseguir.

-Te extraño tanto, ¿estás siendo bueno?

-Sí… yo también –tomé aire para luchar contra las ganas de llorar ahí mismo.

-Sabes que tú eres lo más… -me interrumpí al escuchar.

-¿Con quien estás hablando? –gruñó Tía del otro lado de la línea, guardé silencio.

-Es Tomy.

-Dame acá –gruñó ella, y colgué.

Cuando volví a entrar a la cafetería por la puerta de empleados me encontré a Irina esperándome con los brazos cruzados del otro lado de la puerta.

-No tienes autorización para tomar descansos todavía.

-Lo sient… -la gerente negó con su cabeza y me miró como si quisiera aplastarme con sus dedos.

-En este lugar nos tomamos el trabajo con seriedad. Si te vuelvo a ver llamando a tu novio en horario de trabajo, voy a despedirte –abrí la boca para protestar, pero no había manera en que yo pudiera decir algo al respecto, ¿qué iba a decirle?, ¿qué llamaba a mi hermano? Eso sólo me metería en problemas.

-No volverá a pasar.

-Más vale que no.

Dio media vuelta y se alejó de mí, dejándome con un nudo en el estómago. Lo único bueno del burdel era que podía hacer llamadas a mi hermano, que eso sea lo único malo de la cafetería me hace seguir prefiriendo ser mesera del café que del bar de Don.

Para cuando llegué al apartamento me resistí a pedirle las llaves al portero, tenía la esperanza que Edward se encontrara en el apartamento como los días anteriores. Sin embargo, al entrar en el elevador me di cuenta que había sido una estupidez, si Edward no se encontrara ahí o estuviera ocupado tendría que volver al lobby y pedir ayuda, y eso sería por lo menos bochornoso.

Mientras mi relación con Teodoro era basada en una formal educación, no podía solo hacer borrón y cuenta nueva ante lo ocurrido a inicios de la semana con el tercer portero del edificio, Rodolfo.

Por las mañanas no lo veía, pero al volver del trabajo me limitaba a decirle que: "Necesito subir a mi piso". No era una solicitud, no era un favor, tampoco era una orden o exigencia, sino una equilibrada frase entre una petición que no podía ser rechazada.

Aunque yo era amable, en cuanto abría la puerta del apartamento le agradecía aunque sin voltear a verlo ni mirar hacia atrás, me limitaba a entrar y cerrar la puerta en sus narices. Venga. Luego de tanto tiempo siendo pisoteada, podía darme esta pequeña travesura para mí.

Para mi suerte en cuanto salí del elevador pude notar que la puerta del apartamento de Edward estaba entreabierta. No era algo usual, pero tampoco era del todo extraño, cuando vivía con mis padres alguien siempre olvidaba cerrar la puerta, así que no lo pensé más de lo necesario. Quizás había decidido dejarla así para mí, por la hora pudo haber considerado mi llegada y dejarla abierta para que pasara sin tener que molestarlo.

Como fuera, estaba contenta de no tener que regresar al lobby con el rabo entre las patas, así que caminé despreocupada hacia la puerta semiabierta. Aunque ni bien había entrado me di cuenta del error que cometí.

Ahora tenía cuatro pares de ojos sobre mí.

Él

Bella.

-¿Así que por eso nos estabas sacando de aquí, no? -James sonríe de manera petulante levantando ambas cejas en señal de aprobación- Nueva amiga de Edward, es un placer –hace intento de acercarse a ella y estrechar su mano, pero me interpongo entre ellos. James me mira con la ceja levantada en espera de una explicación de mi parte.

-Estás comportándote como un niño, fuera de aquí –me limito a decir.

Jasper y Emmet miran la escena en silencio, Emmet se ve perdido y Jasper intrigado. Lo sé. Hace más de dos semanas rompí el compromiso con Heidi, yo había actuado agresivo y ofendido ante la mera posibilidad de ir a un burdel, y aquí estaba con Bella en mi apartamento.

James sonríe e intenta mirar detrás de mi espalda a ella.

-Venga, Eddy, estás siendo infantil.

¿Lo estoy?

Tal vez estas son las secuelas de la infidelidad de Heidi, el ultimo amigo amistoso con mi prometida termino metido debajo de sus sabanas. Retrocede ahí.

Bella no es de mi propiedad. Ni siquiera estamos en alguna clase de relación y aquí estoy actuando como un tarado de muralla entre ella y el amistoso de James.

Pero no me muevo.

-¿Quieres que vuelva después? –Bella suena incomoda y nerviosa a mis espaldas. Emmet ladea el rostro intentando mirarla a pesar de mi cuerpo cubriéndola, entrecierro los ojos a él y pronto recupera la postura recta y confundida de antes.

-Estábamos por irnos –se adelanta Jasper, y le doy una rápida mirada de agradecimiento.

-Dibujas bien –dice Emmet mirando en mi dirección, aunque sé que no es a mí, respiro hondo y me hago a un lado para que el campo visual de Emmet llegue a Bella, sin embargo mantengo mi mirada en James que ahora tuerce los labios y parece molesto.

-Gr…Gracias –le entrego el cuaderno a Bella.

-Lo olvidaste en el sillón esta mañana –me excuso por ese acto de invasión a la privacidad de mis acompañantes.

Tardo un segundo en notar el error que acabo de cometer.

James, Jasper y Emmet abren sus bocas sin guardar las apariencias o intentar disimular su sorpresa. Mierda.

James sonríe abiertamente ahora. Emmet me mira con picardía y Jasper parece asombrado ante mi comentario revelador. Miro a Bella y noto sus mejillas volviéndose carmesí, no creo haberla visto ruborizada antes y siento picar mis dedos con la curiosidad de saber si su piel sube de temperatura ahí donde la tonalidad ha cambiado. Para.

Miro al techo intentando quebrar mi cerebro en busca de alguna excusa que pueda dar sin tener que soltar toda la información de nosotros. No necesito a más personas a mi alrededor diciéndome que estoy equivocándome al intentar ser un buen ser humano.

-Sabía que unas vacaciones te harían bien –dice James como si la idea se le hubiese ocurrido a él. ¿Lo niego?, ¿sigo fingiendo que es lo que ellos creen?

-Soy Emmet –dice acercándose a Bella y estirando su mano a ella, claro, todos somos simpáticos repentinamente. Bella extiende su delgado brazo hasta que entra en contacto con la mano de Emmet.

-Bella.

-Estos son Jasper y James –dice Emmet señalando al tiempo que dice sus nombres a cada uno, mientras James parece encontrar divertida la situación de atraparme con una nueva conquista, Jasper me mira con una ceja levantada, no va a pedir explicaciones ahora, pero sé que la próxima vez que estemos solos va a intentar sacarme todo a la fuerza. El don de Jasper, es que sabe demasiado de la gente sin que tenga que hablar.

-Es un placer –dice Bella con formalidad saludando con su mano de manera torpe, mientras la miro nuestras miradas se conectan un segundo- ¿quieres que vuelva después? –pregunta y parece un ofrecimiento sincero. Aunque sé dónde pasara cada minuto desde que salga de aquí hasta que ellos decidan marcharse por su cuenta, en las escaleras.

Y me resisto a que ella vuelva a estar sentada en ese lugar frío y sin ventanas.

-Ellos ya se iban –repito lo dicho por Jasper, y puedo ver sus hombros dejar de verse tan rígidos, sus mejillas siguen coloradas y eso me saca una pequeña sonrisa a pesar de la tensión.

-El siguiente fin de semana haremos una cena por el cumpleaños de Jasper, tienes que venir –sentencia Emmet, eso ni siquiera se ha acercado a ser una invitación. Jasper parece pensar lo mismo porque evadiendo mi mirada sobre él continua:

-Será algo sencillo, sólo una cena entre amigos.

-Estoy segura que será más cómodo para ustedes si no estoy ahí –dice Bella con un encogimiento de hombros, no parece decaída ante eso sino solo como si mencionara una obviedad.

-Nos encantaría conocerte –dice James dándole esa mirada dulce y la sonrisa de galán de cine, aprieto los puños.

Estoy seguro que yo estaría más cómodo si no tuviera a James sobre ella toda la cena.

James y yo siempre hemos competido un poco, con todo y por todo. Eso incluye a las mujeres de acuerdo a él.

No es algo que hayamos dicho alguna vez en voz alta, ni algo que se pueda presumir con más personas, pero siempre he notado que nuestra rivalidad incluye a las mujeres con las que salimos.

Cuando nos conocimos en la universidad salíamos los fines de semana a bares y fiestas, no importaba si íbamos con más amigos o solo nosotros cuatro, había cierto juego entre nosotros sobre eso.

Lo noté después de un tiempo, aunque pronto resultaron obvias las intenciones de James. Él salía a cazar, pero como cualquier cacería carecía de diversión si todas las mujeres a las que él les hablaba estaban dispuestas a salir de ahí y cruzar al siguiente callejón para poder follar con él. Las primeras veces que salimos, y me refiero a todo el primer semestre de la universidad, jamás vi a James siendo rechazado. Mujer a la que él le hablaba, mujer que terminaba saliendo del bar colgada de su brazo.

El primer semestre de la universidad yo me limitaba a tomar cerveza en un rincón mientras los veía ir y venir con mujeres, tenía una novia en ese momento, pero cuando terminamos y entré a la vida de joven soltero e independiente el juego de James tomó un nuevo sentido.

Si las victimas de James eran colaboradoras y receptivas, entonces su entretenimiento era la rivalidad.

Si nos encontrábamos en un bar y yo ponía los ojos sobre alguna mujer en especial, James parecía leer mi mente porque daba justo con la chica por la que estaba a punto de levantarme o invitarle un trago.

La primera decena de semanas, me parecía frustrante que nuestros gustos fueran tan similares. Hasta que Jasper lo dijo:

-Es un cazador –lo miré antes de darle un largo trago a mi cerveza y ver a James caminar por la dulce pelirroja que bailaba en la pista.

-¿Qué?

-No le interesan las mujeres, le interesa que no se las quede ninguno de nosotros.

La siguiente ves que salimos intenté poner la teoría de Jasper a prueba, mis ojos se quedaron fijos todo el tiempo en una mujer que no me parecía atractiva, estaba seguro que era lo opuesto a lo que James quería de una chica, y para reafirmar mi postura le pedí al mesero que le enviara una bebida a ella. Lo siguiente que supe es que James estaba enviándole una botella.

Era un cazador.

Antes de Heidi nunca intenté pelear por alguna de las mujeres de las fiestas, mi técnica consistía en buscar chicas hasta que James se fuera del lugar. Pero cuando apareció Heidi tuve que ser franco con James para que entendiera que mis intenciones con ella eran sinceras, quizá fue la única vez que expresé algo en relación al juego de cacería y rivalidad que tenía James.

-¿Tienes miedo que me prefiera a mí? –sonrío burlesco tomando un trago de ron y mirando a Heidi alejarse hacia los baños.

-No lo hará.

-Por supuesto que sí, ¿quieres verlo?

-¿Quieres ver tu nariz rota? –se río con diversión y choco su puño contra el mío- es tuya, pero sólo porque lo permito.

¿Necesito decir quien fue la tercera persona más feliz con mi rompimiento? Después de mamá y Jessica, James llamó para recordarme que todas las mujeres eran unas zorras y que podría encontrar algo mejor.

Lo sé. James necesita años de terapia. La madre de él lo había abandonado con su padre para escaparse con su amante, él nunca volvió a saber de ella, pero siempre ha sido el fantasma que ha regresado a atormentarlo y joderle la vida.

No sé cuando James va a poder superar sus problemas infantiles, lo que sé es que no lo quiero alrededor de Bella. Y esto no tiene nada que ver con competir por mujeres o no.

-¿Qué dices? –insiste James sin perder la sonrisa.

-Sólo seremos nosotros cuatro y nuestras parejas –dice Jasper, levanto una ceja en su dirección, ¿desde cuándo Jasper tiene novia? Mis vacaciones me tienen totalmente desactualizado.

James sigue mirándola, como si pudiera leerla, como si supiera exactamente cómo hacer que ella aceptara ir tras él, me pregunto por un segundo si ella sería capaz de mirar a alguien tan desagradable y superficial como James, aunque nunca he visto a nadie rechazarlo, y aunque no debería importarme en absoluto. Pero Bella vive aquí, es mi responsabilidad. ¿No? No.

-Oh ya –Bella sonríe al comprender la situación parece aliviada aunque sus cejas siguen mostrando su incomodidad-, entonces nosotros no –la interrumpo a tiempo.

-No lo hemos hablado –alcanzó la mano de Bella que está a centímetros de la mía y le doy un leve y casi imperceptible apretón con mis dedos, ella encuentra mi mirada y sonrío.

Su rostro me parece un libro en blanco, no puedo saber si saldrá corriendo o si va a delatarme frente a ellos. Tiene esos grandes ojos marrones en mí y no tengo ninguna pista de lo que piensa al respecto.

-¿Te gustaría ir? –aguanto el aire esperando su respuesta.

-¿Estás seguro? –pregunta manteniendo su vista en mí.

-Será divertido –dice James, pero ella ni siquiera le dedica una mirada. Sigue mirando a mis ojos, asiento despacio y vuelvo a sonreírle para darle confianza.

-¿Será una cena casual o un lugar snob con gente con corbata? –pregunta levantando una ceja indagatoria, me saca una sonrisa y una risa escandalosa a Emmet.

-Muy snob –aseguro.

Ella frunce el ceño y busca a Jasper con sus ojos.

-No, mi novia lo eligió, es una sorpresa. Nadie irá de etiqueta –juró.

-Lo mismo dijo el año pasado –advirtió Emmet riendo a sus espaldas, Jasper se giró para lanzarle una mirada envenenada.

El año anterior nos había hecho ir a un lugar con traje completo, aprender reglas de etiqueta y comer en menú de tres tiempos.

-¿Podría ir así? –señaló su ropa, llevaba esta mañana uno de los pantalones que Alice había comprado y una blusa con cuello alto y mangas largas color blanco, elección de mi hermano seguramente.

-Iré en pantalones cortos si eso confirma tu asistencia –dijo James y ella se río. Torcí el rostro y exhalé aire, quizá más ruidosamente de lo que asumí, ganándome una mirada de ella, recompuse mi rostro en una sonrisa pequeña.

-¿Qué dices? –le pregunté siendo amable, venga al final sería su respuesta la única que valía aquí.

Entendí mientras miraba sus ojos brillantes y sus labios rosados en espera de una respuesta, la razón de mi insistencia. No tenía que ver con James y su competencia ridícula sobre las mujeres. Tampoco era efecto del ocio del encierro en estos días de vacaciones.

Mierda.

Retrocede ahí.


Muchas gracias por leer, seguir, compartir y comentar esta historia.

Muchas gracias por todos los comentarios que he recibido, me agrada que esta historia les esté gustando tanto a ustedes como a mí escribirla, realmente insisto ustedes y sus comentarios son la mejor paga.

¿Qué les ha parecido este capitulo?, Ya iremos conociendo a profundidad a James y al resto de personajes de la historia. ¿Qué crees que ocurrirá más adelante?

Recuerda que respondo los comentarios con un avance del próximo cap.