Capítulo 13: Sagrada familia

Después del almuerzo en el restaurant, y decidiendo Zeke tomarse el resto del día libre junto a su hija, él y Mikasa fueron rumbo a casa. Habían hablado de muchas cosas durante su comida, siendo Levi Ackerman el tema principal que Zeke tenía preparado para ella. Con gran seriedad y algo de angustia, le comentó a la joven sobre la amistad infantil que tenían los tres en otros tiempos, habiéndose separado sus caminos debido a la decisión de la pelirroja de casarse con el rubio de lentes. Mikasa a su vez le contó con lujo de detalles sobre ese encuentro en el despacho de los Zacharius.

-A pesar de nuestra amistad, él sentía una obsesión que rayaba lo enfermizo por tu madre, mi querida Mikasa. – le mentía Zeke - Y como sabes, tus abuelos maternos murieron en un grave accidente, dejando a tu madre sola en este mundo. Pero por la gracia del destino, yo, con todo mi amor, estaba allí para ayudarla y rescatarla de las garras de Levi, quien vio en su soledad la oportunidad de someterla. – y agregó, desencajando el rostro en un gesto preocupado – Pero tu madre, en su inocencia, siempre creyó en la amistad desinteresada de Levi, y no lo consideraba un peligro, pues él mismo se encargó de no mostrarse de esa manera ante ella. Salvo el primer encuentro, del cual fuiste testigo, seguramente verás que ella no será reacia a recibirlo y querer retomar su amistad con él. – prosiguió – Incluso mantuvieron un breve noviazgo gracias a las manipulaciones de Levi, pero ella se dio cuenta finalmente de que me amaba a mí, y decidió cortar por lo sano con él. Levi no tuvo de otra que morderse la lengua y reprimir su instinto asesino para no quedar mal con ella.

Mikasa se llevó una mano a la boca, aterrada.

-Pero eso es sólo un disfraz, Levi es un lobo disfrazado de oveja, viendo su oportunidad para lanzarse a su presa. Conmigo siempre se mostró tal cual era: todo lo que se cuidaba de ocultar a ojos de tu madre, las amenazas, los juramentos de venganza y demás maldades, las desplegaba conmigo. Aunque actué con toda mi templanza esta mañana, sentí miedo al volver a verlo, pues al fin ha dado con nosotros después de tantos años.

-Entonces eso explica que ese sujeto haya exigido a los gritos hablar con ella esa vez. – concluyó la azabache con expresión de horror - ¡Pudo haber sucedido una tragedia, Pater! ¡Con ese hombre loco y enfermo detrás de mi madre! ¡Y en mis narices!

-No te desesperes, Mikasa. – la tranquilizó Zeke - Igualmente, gracias a los cielos que no le hizo nada en un arranque de locura, pero ni tú, ni Mike, ni Nanaba tenían cómo saber de sus actitudes psicóticas, las cuales, él sabe esconder muy bien cuando le conviene. – y dio rienda suelta a su plan - Tenemos que cuidar de tu madre y mantenerla vigilada… es nuestro deber protegerla y alejarla de ese hombre. Y tenemos que hacerlo discretamente, pues en su carácter impredecible, no sabemos de lo que Levi pueda llegar a ser capaz. Con tu madre se contuvo, con nosotros se pudo contener apenas, pero quién sabe cómo proceda mañana o después de investigar en dónde vivimos.

Mikasa estiró una mano para tomar la de su padre, mostrándole así su decidido apoyo en la cruzada por mantener a su madre a salvo de la venganza y fijación de ese tipo Ackerman. Por otro lado, tampoco podía negar que sentía que conocía a ese hombre de algún lado, aún sin haberlo visto en la vida, pero tal vez eran imaginaciones suyas.

-No te preocupes, Pater. – le dijo con tono conciliador - Precisamente ese bouseux no va a venir a meterse contigo ni con Mater. Si intenta algo, ten por seguro de que me encargaré de hacer que se arrepienta.

-Qué buena hija eres, mi querida Mikasa. – sonrió Zeke con alivio y orgullo mientras la abrazaba. Luego se marcharon del restaurant para pasar la tarde en casa, junto con Petra y los chicos.

Con decepción, ambos se encontraron con que la pelirroja no estaba en su hogar. Sólo Falco, Eren e Historia, quienes asaltaban la cocina en ese momento. Aun así, Zeke no pudo evitar sonreír ante lo que se avecinaba en sus vidas, teniendo él clara ventaja con Mikasa de su lado. Falco notó la sonrisa radiante de su padre.

-¿Buenas noticias? – preguntó mientras sacaba un refresco del refrigerador. Mikasa se había acercado a donde estaban los otros dos, en un intento de acaparar la atención de Eren.

-El resultado de una buena siembra es una buena cosecha. – respondió Zeke mirándolo con amor y revolviendo los rubios cabellos del niño - Jamás te olvides de eso, hijo.

-¿Ganaste millones en la bolsa de Nueva York o qué? – ironizó su hijo con una sonrisa triste. A pesar de que poco a poco iban siguiendo con su vida, la muerte de Colt todavía era una herida sangrante.

-Ganar dinero no lo es todo. – repuso su padre - Ganar una guerra, sí… da un gran placer.


Petra y Levi se vieron en la confitería del hotel en donde el azabache se hospedaba, en una de las mesas más alejadas para poder hablar a sus anchas. Petra lo observaba con alarma, pues había llegado pálido y sudoroso.

-Levi, ¿sucede algo? – preguntó alarmada.

Él se sentó y la contempló con una mirada acongojada.

-Petra, me encontré con Zeke. – musitó - Me mandó una nota citándome y vengo de verlo.

La pelirroja casi se cayó de la silla de la sorpresa.

-¡¿Pero cómo?! – siseó atónita – Yo le conté que estabas aquí, pero no di más datos. Y él se hizo el tonto con el tema, como negándolo.

-Pues de alguna manera supo hasta en dónde me hospedo. – dijo Levi tragando grueso – Petra… él tiene a Mikasa de su lado.

-¿Y qué tiene que ver Mikasa en todo esto? – preguntó ella con el ceño fruncido.

-Ella estaba con él. – le explicó el azabache – Me declaró la guerra alegando que nunca las recuperaría. Él ya sabe todo lo que yo sé: que ella es mi hija, que tú y yo nos encontramos durante estos días… no me amenazó en frente de ella, pero… ella también lo hizo. – y sus fríos y duros ojos amenazaron con dejar caer lágrimas – Petra… - murmuró desesperado – Tengo miedo. Tengo miedo de que ella no me quiera y ayude a Zeke a separarnos de nuevo… de que no me acepte como su padre…

La cálida mano de Petra se posó sobre la de él, tranquilizándolo al instante. Levi vio la determinación en los ojos ambarinos del amor de su vida y se sintió aliviado: si ella estaba a su lado, no todo estaba perdido.

-No conozco a este Levi que tengo adelante, que tiene miedo y se deja vencer antes de pelear. – le dijo en un dulce pero firme regaño – Yo conozco al Levi que, sin importar los problemas y el sufrimiento, lucha por lo que quiere y por quienes ama. Conozco al Levi que no se deja amedrentar por nadie y no permite que las amenazas lo afecten, al Levi que se mantiene fuerte hasta el final. – y añadió – No olvides que yo estoy contigo. Mikasa tendrá que entender a la buena o a la mala la situación que se nos viene… y Zeke también. – dio un bufido - Qué irónico… siempre pensé que la había criado con un amor comparable al que sentía por nuestros hijos menores, incluso mimándola más, bajo la excusa de que era su princesita. Pero ahora lo veo claro: lo único que hacía era afianzar una dependencia de ella hacia él. – masculló, furiosa consigo misma – Pero yo estaré a tu lado siempre. Esta es nuestra lucha, Levi.

Levi le dedicó una sonrisa tímida y procedió a tomar su té para calmarse. Se había mostrado roto en un momento de debilidad ante la peligrosa amenaza de Zeke que incluía a su propia hija. Petra tenía razón: no podía dejarse vencer por la incertidumbre y el miedo al rechazo. Lucharía hasta lo último para tener a Petra a su lado y ganarse la buena voluntad de Mikasa.


Al llegar su casa, vio que Zeke la estaba esperando en el cuarto de huéspedes donde dormía desde la muerte de su hijo. Colérica, tiró su cartera y su abrigo a un lado y cerró la puerta bruscamente para encararlo en privado. Por suerte, los chicos habían salido a dar un paseo.

El respeto que siempre sintió por él, el mismo Zeke se había encargado de barrerlo con su falta de escrúpulos.

-¡¿Qué fue eso de amenazar a Levi y llevarte a Mikasa para restregarla como arma en su cara?! – inquirió.

-Ay, Petra. Lo único que hago es salvaguardar la integridad de mi familia y marcar territorio. – le explicó su marido tranquilamente – En todo caso, soy yo quien debería reclamarte tus encuentros clandestinos con él. Colt no lleva ni un mes de muerto y su madre le guarda luto enredándose con otro hombre. ¿No tienes vergüenza, Petra? ¿Así te consuelas de tu pérdida?

Una enfurecida pelirroja cruzó la habitación velozmente para propinarle un par de cachetadas bien dadas.

-¡No te atrevas a usar la muerte de mi hijo para chantajearme emocionalmente! ¡Y no te voy a permitir que pongas en duda mi respeto y amor a su memoria!

-¡Y yo te recuerdo que Colt también era mi hijo! – le devolvió Zeke - ¡Y Falco y Mikasa también lo son! ¡No voy a permitir que Levi me quite a mi hija y mucho menos a mi esposa!

-¡Aquí nadie le quita nada a nadie porque no soy un objeto! – exclamó ella - ¡Y Mikasa no es un elemento de guerra como la quieres utilizar!

-Tú planeas dejarme y llevarte a mis hijos para vivir idílicamente con quien fuera tu primer amor. – siseó Zeke con odio – Y eres tan ingenua que crees que dejaré que hagas eso en son de paz. Pues desde ya te advierto que jamás te daré el divorcio, mucho menos ahora después de lo de Colt y teniendo otros dos hijos sufriendo por ello. ¡Eres mi esposa y me debes respeto! - Estaba fuera de sí ante este nuevo posible panorama.

Petra sentía que junto a la furia, la angustia y la decepción la llenaban por completo. Y por primera vez, tuvo miedo de Zeke, quien la contemplaba con una mirada llena de amargura, pero con seguridad ante lo que estaba dispuesto a hacer.

-Lo tuyo ya no es amor, Zeke. – le dijo con voz quebrada - Es posesión.

-Tú eres la única en mi vida. – le expresó él con tono amable y pacífico, acunando su rostro con sus grandes manos - Estás en mi mente, en mi corazón y en la hiel de mis entrañas. – sus ojos brillaban intensamente - Si eso no es amor, dime qué es.

-¿A qué juegas, Zeke? – comenzó a sollozar Petra, odiándose por ser tan vulnerable con él - ¿A dónde quieres llegar exactamente?

-Tu historia con Levi es una fantasía. – declaró el rubio como si ella fuera una niña y él, el adulto que debía encauzarla - En el amor que siento por ti, mi querida Petra, caben todos los sueños, las expectativas, los más irrealizables devaneos y quimeras… pero tú no te dejas amar, no completamente. Nuestra realidad somos nosotros y nuestros hijos… nuestra familia. Y a pesar de todos los problemas, no debemos cambiar nuestra vida por una fantasía.

-Zeke…

-Petra, haré lo que sea para que sigamos siendo una familia.

-No debemos estar juntos para seguir siendo una familia. – replicó la pelirroja, nuevamente segura de sí misma - Mikasa, Falco y Colt siempre serán nuestros hijos, Zeke. Ya no quiero ser la esposa a la que cubres con joyas y lujos para mostrarla en los eventos y reuniones, como si fuera un trofeo.

-Nunca fuiste un trofeo. – rebatió él - Esa era una de las tantas maneras con las que te demostraba mi amor. Además, yo fui el más grande incentivador de tu trabajo y de tus estudios.

-Lo sé, y te agradezco infinitamente por ello. – contestó ella, sabiendo que le echaría en cara todo lo que hizo por ella.

-Yo te regalé el spa con el que iniciaste todo: tenía la mejor ubicación, el mejor diseño y el nombre de los Jäger lo hacía atrayente de buenas a primeras. – enumeró Zeke con soberbia - Y ese fue el disparador de tu exitosa franquicia. Te he dado todo lo que quisiste, Petra… y por eso te exijo gratitud y lealtad.

Pero Petra ya no quería escucharlo más. Percibía que la conversación estaba yendo por rumbos que la enredarían a ella y beneficiarían a su esposo. Necesitaba tranquilizarse y pensar mejor las cosas para luego tomar más valor y enfrentarlo en igualdad de condiciones. Detestaba sentirse tan poca cosa comparada con él a la hora de ser mordaz e inteligente en cuestión de palabras y acciones, algo que Zeke manejaba a la perfección.

-No tenemos nada más que hablar. – sentenció dirigiéndose hacia la puerta para huir de tan tensa situación.

Pero Zeke la tomó fuertemente del brazo.

-Petra, piénsalo dos veces, antes de dejar a tus hijos angustiados y estresados. – le dijo en tono bajo y amenazante - No empieces a comportarte como una adolescente, porque mi paciencia tiene un límite. Sé responsable y cuidadosa, o enfrentarás días muy difíciles.

La pelirroja volvió a irritarse. Podría ser miedosa y menos elocuente que su marido, pero cuando sentía que metían a sus hijos en el medio, simplemente su ferocidad la hacía sentirse más fuerte.

-¿Qué quieres decir con eso? – le increpó mirándolo con rencor - ¿Me alejarás de mis hijos?

-Sólo te digo que estés más atenta a las consecuencias de tus actos.

-¡¿Y así dices que no juegas sucio?! – le espetó ella, zafándose bruscamente de su agarre.

-Estoy cansado de tus miradas de desprecio, y no quiero mucho de ti: quiero más de lo que me das, ¡lo quiero todo! – le respondió como si nada y con una sonrisa - ¿Tú qué quieres, Petra?

-¡Quiero vivir!

-¡Pero si ya vives! ¡Lo tienes todo! – proclamó Zeke riéndose. Luego suavizó su expresión, tratando de apaciguarla una vez más - Mira, sé que me he excedido en mis palabras, pero tú pon de tu parte. Somos una familia modelo, siempre lo fuimos y me he encargado de hacerte feliz y de amortiguar tus dolores emocionales.

Petra suspiró fastidiada.

-No niego que he pasado años maravillosos siendo tu esposa, Zeke. – le dijo secamente, tenía que hacerle entender - Pero bien sabes que cuando no hay amor de verdad, la tranquilidad y la armonía no duran mucho. Siempre hemos sido amigos, y esa amistad fue el pilar fundamental para nuestro matrimonio, que de alguna manera supo suplir el amor faltante. Podríamos seguir…

-Amo a Mikasa. – la interrumpió el rubio con la mirada ensombrecida y la voz en clara intimidación - Y no te voy a perdonar si te marchas… eso puede traer consecuencias muy dolorosas. Y no sólo para ti, sino también para Levi.

Dicho esto, le dio un rápido beso en la mejilla y se marchó de su habitación, dejando a su mujer asustada con las horribles posibilidades que rondaban en su cabeza con respecto al papel de Mikasa en todo esto. Le echó llave a la puerta, pues no quería que nadie irrumpiera y la viera en tal estado de angustia.


Ese era uno de los pocos días en que la ciudad no estaba asolada por tormentas de nieve, por lo que, aprovechando que la temperatura también había subido un par de grados más, los jóvenes de la casa Jäger no dudaron en salir a caminar por los alrededores, así como tomar un buen café en la cafetería de Shakespeare and Company, que había sido el lugar favorito de Colt, en donde siempre se la pasaba leyendo los libros que compraba en compañía de un café crème. Pensaban ir allí como homenaje al querido muchacho.

De regreso, caminaron tranquilamente hasta la plaza Marcel Pagnol, a pocas cuadras de la mansión Jäger. Falco se había adelantado un par de metros, rumbo al kiosko para comprarle dulces a su madre, mientras Eren e Historia platicaban animadamente. Una sombría Mikasa iba detrás de ellos a una distancia prudencial.

-¿No regresarás con nosotros? - preguntó Eren.

-Mater Ymir me invitó a pasar el resto del día con ella, tal vez me quede a dormir también. - le explicó Historia – La pobrecita necesita compañía, está muy viejita, pero sigue siendo testaruda. No quiere que nadie la cuide.

-¿No quieres que te acompañe? - se ofreció el castaño - Sé que está cerca de aquí, pero ya sabes, hay que tener cuidado.

-Descuida, no hace falta. Tomaré un taxi y bajaré en la puerta, prometo que no me desviaré. - respondió ella riendo.

Momento de silencio.

-Sabes... - empezó Eren con una sonrisa tonta – No me canso de decir que es muy bueno tenerte aquí con nosotros, y que hayas elegido seguir una carrera en la misma universidad... vamos a estar mucho tiempo juntos...

-Sí, es verdad. - concordó la rubia sonrojada – Igualmente ya la pasamos juntos en la casa, así que lo de la universidad será un extra de tiempo compartido.

-¡Claro! - exclamó Eren - Podríamos repetir esta salida pero los dos juntos, ¿qué te parece?

-Me parece buena idea. - dijo Historia mirándolo a los ojos. Llegaron a la esquina y ella se despidió por el momento, parando un taxi – Ahora debo irme, mañana estaré de vuelta en la casa y les traeré novedades de Mater.

-¡Nos vemos, Historia! - se despidió Falco.

Eren simplemente miraba como bobo el taxi que se alejaba.

Mikasa dejó salir un largo y pesado suspiro. Había pasado todo ese tiempo conteniendo la respiración detrás de ellos mientras escuchaba toda la conversación. Sentía que su día no podía empeorar más, para variar.

-Eren, Falco, volvamos rápido a casa. - dijo secamente - Está empezando a hacer más frío.


Una vez en el cálido hogar, Mikasa se dirigió rápidamente a una de las salas de la casa para leer algo que la distrajera del mal humor que traía. Eren y Falco decidieron ver una película en la filmoteca familiar.

Zeke los había visto volver desde la ventana de su despacho. Escuchó los pasos de su hija dirigiéndose a la sala de al lado y decidió seguir poniendo en marcha su plan. Tenía que jugar el papel de víctima desde el principio. Así que, se desabrochó la camisa y se revolvió el cabello para darse un aspecto desaliñado, y salió a duras penas de su estudio para pasar casualmente frente a donde se encontraba Mikasa, quien lo vio aferrándose a las paredes tratando de mantener el equilibrio. Se alarmó inmediatamente y corrió hacia él arrojando su libro.

-¡¿Estás bien, Pater?! - exclamó angustiada mientras lo ayudaba a sentarse.

-No me siento bien, mi corazón está raro… - balbuceó Zeke con esfuerzo y tomándose uno de sus brazos - Siento un dolor en el brazo izquierdo.

-¡¿Qué?! - se espantó ella y procedió a llamar a gritos a los otros dos - ¡Eren! ¡Falco! ¡Llamen a una ambulancia! ¡Pater está teniendo un infarto!

Desde su habitación, Petra escuchaba el alboroto, pero no se inmutó. Sabía que Zeke fingía para victimizarse a los ojos de sus hijos y ganarse su favor en caso de que ella decidiera dejarlo de una vez. Lamentablemente, era consciente de que tenía dos caminos abriéndose ante ella: o seguir condenándose a un matrimonio sin amor, pero con sus hijos felices, o de lo contrario, hacer su vida feliz con Levi (mientras juntos seguían investigando la muerte de su familia) pero con el revés de tener a sus hijos en su contra.

Suspiró y decidió que haría las cosas por ella y Levi. Sus hijos eran tema aparte, cuyos posibles conflictos tenía que resolverlos sólo con ellos.

Pero mientras, decidió permanecer al lado de Zeke para tantear terreno y poder arreglar las cosas positivamente; aún tenía esperanzas con ello, con el buen tino que siempre caracterizó al rubio. Además, sabía que, de sus dos hijos, con el que más peligraba era con Falco, pues todavía era menor de edad, con el agravante de que Ymir Fritz quería llevárselo al extranjero. No les daría la excusa de oro para que lo alejaran de ella.


Un rato después, en la clínica privada donde llevaron a Zeke, los Jäger recibieron buenas noticias.

-El electro salió normal. - declaró el médico - No hay ningún riesgo con su corazón, Sr. Jäger. Debió ser estrés.

Agradecieron al doctor y con cuidado se prepararon para volver a casa para recuperarse del susto. Como fue una falsa alarma, Zeke les pidió a los tres chicos que no se lo contaran a nadie, con el fin de no provocar preocupaciones innecesarias. Ya estaba todo resuelto y él, sano.

-Pater, deberías tomarte vacaciones. - le sugirió Mikasa mientras lo abrazaba - ¿Por qué no vas con Mater a algún lugar bonito?

-Porque tal vez tu madre prefiere salir a pasear con Levi Ackerman. - respondió su padre con la mirada apagada - Mi malestar tiene que ver con eso.

-¿Qué? - preguntó Eren sorprendido. Falco abría la boca sin entender.

-Levi fue su novio y quién sabe si ella nos deje para irse con ese hombre. - les explicó el rubio de lentes.

-¿Qué delirio es ese, papá? - increpó Falco, incrédulo.

-Mater no haría eso con nosotros. - afirmó Mikasa con rabia - Ella no sería tan egoísta.

-Qué más quisiera yo que equivocarme, hijos míos. - dijo Zeke con una sonrisa triste - Pero me temo que nuestra familia está acabada.

A continuación, una enfermera se lo llevó para hacerle una última revisión general antes de ir a casa. Los tres chicos se quedaron solos en la sala de espera.

-Puede ser que simplemente se lleven bien. - supuso Falco, no muy convencido de lo que había dicho su padre - No te hagas cuentos, Mikasa.

-Pater me lo contó todo e incluso conocí a ese sujeto... está obsesionado con nuestra madre y ella no se da cuenta. - reveló su hermana - Si se está metiendo con Mater, se las verá conmigo.

-Qué paranoia, Mikasa. - insistía el niño en una gran demostración de calma y madurez - Tal vez son amigos.

-Pues un tipo que mira con odio a nuestro padre, no puede sentir amistad por nuestra madre. - se empecinaba la azabache - Más tarde te lo contaré todo con lujo de detalles.

-Mikasa, tú y papá ven tragedia donde no existe.

-Pienso igual que Falco. - intervino Eren - Y si se diera el caso de que tus padres llegaran a querer separarse, es su problema.

-¡Y mío también! - exclamó Mikasa, harta - Mi familia es muy importante para mí.

-Mikasa, eres adulta. - la regañó el castaño - ¿Te pondrás así por cosas conyugales de tus padres? Falco es más maduro que tú.

-Pero me da pena mi padre. - se lamentó ella - Casi le dio un infarto de pensar que ella se puede ir con otro.

-¿Y nuestra madre? - inquirió Falco, hastiado de toda la nueva situación que se avecinaba - ¿Crees justo que, si ya no se quieren, sigan casados sólo para darnos el gusto?

Ni Mikasa ni Eren pudieron responder, quedando boquiabiertos ante el repentino acceso de enojo y decisión del benjamín de la familia. La azabache jamás lo había visto así, y sintió que en su pecho algo se rompía ante la realización de que ella ya no era necesaria para protegerlo. Y es que Falco, después de la tragedia que marcó sus vidas, tuvo muchos momentos de reflexión, habiendo llegado a la conclusión de que ya no podía ser el niño temeroso que se escondía detrás de sus padres y hermanos ante la menor inseguridad. La muerte de Colt le había enseñado, de una manera muy cruel, que no todo estaba asegurado y que no podía depender de los demás. Asimismo, sentía que, en ausencia de su hermano mayor, él tenía que ser quien tomara su puesto en la familia, y siempre había visto que Colt, a quien siempre admiró, había sido un chico juicioso y valiente. Era hora de que, con sólo 12 años, creciera y se enfrentara al mundo soltando la mano de su familia.

Por eso, quería empezar a comprender y sopesar las cosas con madurez. Lo cual no se le dificultaba, ya que había heredado la aguda inteligencia de su padre, junto con la capacidad de comprensión y sensibilidad de su madre. Era un niño con un nivel de razonamiento muy alto, y quería emplearlo bien. A él también le alarmaba la posibilidad que ofrecían su hermana y su padre en cuanto a lo que pretendía su mamá. Pero no se dejaría guiar por el impulso. Como hijo, quería ser justo con ambos progenitores y analizar profundamente las circunstancias antes de dar un juicio que pudiera afectar a alguien sin quererlo.

Aunque por el momento, estaba más inclinado del lado de su madre.