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La sorpresa
Salimos de aquel techo, yo encabezando el grupo, porque se suponía que tenía que despejar el camino de titanes. El objetivo era llegar a las barracas, donde podríamos reabastecernos de gas y salir de la ciudad, pues los ciudadanos hace rato que habían evacuado Trost. Asumimos que íbamos a encontrar titanes dentro de las barracas, por lo que Armin iba a decidir el siguiente curso de acción en cuando estuviéramos a salvo de los titanes que pululaban por las calles de la ciudad.
Pese a que había pasado solamente un día desde que me gradué del Cuerpo de Entrenamiento, ya había segado la vida de tres titanes. Me sentía con la confianza suficiente para llevar a cabo mi papel, aunque eso implicaba separarme de Krista. Como se habrán dado cuenta, yo le había agarrado cariño, y el hecho que no hubiera podido impedir que me besara lo hacía todo más caótico. Siempre me quedaba congelada cada vez que ella me mostraba afecto, y, hasta aquel beso, me preguntaba por qué me ocurría eso. Pero ahora, ya no tengo dudas sobre lo que me pasaba. Otra cosa muy distinta era por qué.
Tal vez no importaba mucho el por qué cuando te sentías atraída por alguien. Y era precisamente eso lo que sentía por Krista. Y, a juzgar por cómo había actuado ella antes que nos pusiéramos en marcha, ella se sentía del mismo modo conmigo. Los sentimientos siempre trataban de imponerse por encima de la lógica, y a veces, en las condiciones adecuadas, lo conseguía, y aquel beso había anulado momentáneamente mi lógica.
Sin embargo, ya no hubo tiempo para reflexionar sobre ello, porque había titanes que matar. Había dos cerca de mi posición, y otros dos cerca del titán excéntrico. Asumí que él iba a lidiar con los objetivos más cercanos a él, lo que me hizo muy fácil escoger los míos. Más allá había otro par de titanes, y justamente pasaban por nuestro camino, así que no iba a necesitar emplear demasiado gas para asesinarlos. Decidí emplear la misma técnica de siempre; usar la inercia de mi cuerpo para minimizar el consumo de gas, y así usar mis espadas para realizar cortes rápidos, precisos y profundos. El primer titán no fue un reto para mí, pero el segundo casi agarró mi línea, y tuve que descender hasta el suelo, arrastrarme por éste, y hacer unos movimientos que nunca imaginé que podía hacer para girar, hacer que mis líneas se anclaran al cuello del titán, y usar una combinación de gas y línea para matar a ese titán.
Dos menos. Quedaban otros dos.
Respiré hondo para el siguiente ataque. Mis siguientes movimientos iban a requerir una mejor planificación.
Tomé la decisión de discurrir por los tejados, para ofrecer un blanco más difícil a los titanes. Cuando estuve a una distancia prudente del titán más cercano a mí, salté del techo, clavé la línea en una casa adyacente, y me columpié, usando solamente la inercia para matar al titán. Llegué a otro techo, donde repetí la táctica, con la diferencia que no necesitaba ir nuevamente por el tejado. Así, cuando acabé con el último titán, quedé en el suelo, recuperando el aire perdido por el esfuerzo. Cuando reanudé la marcha, escuché unos sonidos de piedra rompiéndose y unos gritos sobrenaturales. El titán excéntrico estaba haciendo bien su parte.
Tuve que romper los ventanales de la torre de las barracas con mis pies. Me hice unos cortes en las manos y en la frente, pero nada serio. Mientras me hacía un lado para que los otros entraran por el agujero que hice, vi que había varios soldados escondidos debajo de mesas o detrás de estantes. Cuando los demás hicieron acto de presencia, vi cómo Jean desahogaba su frustración con algunos de los que estaban escondidos. Razón no le faltaba, pues daba la casualidad que ellos eran los responsables de abastecer a los soldados de gas, y por su falta de reacción, muchos soldados perdieron la vida, sin ser capaces de escapar, pero creo que exageró bastante.
Lo siguiente que debía hacerse era despejar el área de suministros de titanes. Armin conocía mejor el interior del edificio, y pronto se le ocurrió un plan para lograr el objetivo. Aunque al principio no se veía muy convencido en su propia estrategia, los demás, en especial Annie y Marco, lo apoyaron, y nos pusimos manos a la obra.
El plan era bastante simple. Un grupo nutrido de soldados (y una buena parte de ellos lo conformaban miembros del Cuerpo de Abastecimiento), montados en un elevador y armados con rifles, atraerían a los titanes, y los dejarían ciegos. Después, sería nuestro turno de actuar. Los mejores soldados de nuestra promoción iban a usar espadas y atacar a los titanes desde las vigas del techo. Como era un espacio cerrado, usar el equipo de maniobras no era una opción. Era matar o morir.
Krista estaba en el equipo de distracción, y aunque no lucía muy entusiasmada sosteniendo un rifle, sabía que esa era la única forma de escapar de Trost. Tragaba saliva de forma constante, y su piel brillaba a causa del sudor.
—Todo saldrá bien, Krista —le dije, haciendo otra cosa que nunca había hecho en mi vida: besarle su frente—. Armin siempre tiene buenas ideas. Sostén ese rifle con manos firmes y dispara con confianza. Ya verás que saldrás de Trost con tu vida.
—¿Podrías dejar de hacer el ridículo y ponerte en posición? —me regañó Ymir desde el elevador. Escogí no decir nada mientras me separaba de Krista. Le había aguantado un golpe y varios regaños. No estaba segura de si iba a soportar más escarnio por su parte.
—¡Ymir! —le gritó Krista en señal de advertencia. La aludida no dijo nada, luciendo contrariada.
—Cuando salgamos de ésta, te prometo que hablaremos con más calma, ¿te parece?
Krista sonrió por toda respuesta.
Dedicándole una última sonrisa, subí al tejado, junto con Jean, Annie, Reiner, Bertholdt, Connie y Sasha. Era muy importante subir sin ser vistos, por lo que empleamos recovecos estrechos, donde sabíamos que ningún titán nos iba a alcanzar. Cuando llegamos a las vigas, vimos que el elevador ya se encontraba en su posición, justo a la altura de los ojos de los titanes de cuatro metros que deambulaban por el interior del edificio. Los tiempos eran igualmente importantes: un disparo en falso, y el plan se iría a la basura. También lo era la distancia después de la cual debían disparar: demasiado lejos, y los tiros no cumplirían con su objetivo; demasiado cerca, y habría un peligro muy real de que el equipo de distracción se convirtiera en pasto para titanes.
Desde las alturas, vi cómo un titán había caído en la trampa. Se acercaba al elevador a paso lento, como si quisiera saborear el placer de tomar a un humano indefenso y llevárselo a su boca. Era evidente que el equipo de distracción se encontraba nervioso. No veía las gotas de sudor resbalar por sus pieles, pero sí podía ver el temblor en los cañones de los rifles y el ocasional balbuceo de un soldado con miedo. Miré a mi alrededor, y me di cuenta que Connie y Sasha sostenían sus espadas con más fuerza de la necesaria, pues las hojas oscilaban levemente. Reiner, Bertholdt, Jean y Annie tenían gotas de sudor en sus caras, pero no movían sus espadas.
Pronto, más titanes se acercaron. Aquello podía ser peligroso, pero era aún más conveniente que todos ellos quedaran ciegos, así, nuestro trabajo sería más fácil. Vi más cañones temblando y más espadas oscilando, a medida que el momento se acercaba para ver si el plan iba a dar frutos o no.
Uno de los titanes se hallaba a escasos centímetros de los cañones, y fue el momento de atacar. Hubo un estacato de estampidos, seguido de mucho humo y exclamaciones de titanes que acababan de perder la vista. Era el momento de nosotros de cumplir con nuestra parte.
Los siete saltamos al mismo tiempo. Yo no tuve problemas para matar a mi objetivo, y tampoco Jean, Reiner, Annie y Bertholdt. Los únicos que habían fallado en su cometido fueron Connie y Sasha. Sus cortes fueron demasiado superficiales, y ambos se encontraban asustados. La pobre Sasha pedía perdón por haber atacado al titán por la espalda, y no tuve más elección que ir en su auxilio. De algún modo, ella escapó de ser tomada y, cuando el titán estuvo en el suelo, aproveché de acabar con él. Annie hizo lo propio con el titán que le correspondía a Connie.
De ese modo, el plan se vio coronado por el éxito. Todos respiramos más tranquilos, y el equipo de distracción descendió del elevador. Armin lucía bastante pálido, pero mostraba una sonrisa de alivio, como el resto. Marco casi se desmayó, y Krista también tenía la piel cenicienta. No hubo tiempo para celebraciones, pues necesitábamos reabastecernos. Llenamos nuestros tanques de gas y salimos de las barracas, rumbo al muro interior. Habríamos escapado, de no ser por algo que nos llamó la atención.
Al parecer, el titán excéntrico estaba llegando al límite de sus fuerzas, porque tres titanes lo habían acorralado y trataban de comérselo. Cuando llegamos al techo de una casa amplia, el titán se había librado del agarre de sus captores, perdiendo los brazos por eso, pero eso no pareció detenerlo. Gritaba como si le hubieran puesto un hierro caliente en el pecho, mientras agarraba a un titán con la boca, mordiéndole su punto débil, y arrojándolo contra otro titán, los cuales colisionaron contra una casa, dejando un reguero de destrucción.
Por un momento, pensé que aquel titán iba a seguir de pie, pero a todos nos sorprendió cuando sus piernas parecieron perder toda voluntad de funcionar, y cayó al suelo con un estruendo que hizo que el polvo saliera eyectado de los techos. Inmediatamente, vapor comenzó a brotar de las heridas del titán, y pensé que le iba a pasar lo mismo que al resto de su clase. Bueno, no estaba tan equivocada, pues el cuerpo comenzó a desintegrarse, pero cuando miré con más detalle, vi que alguien había salido de la nuca del titán. Era una persona, alguien que usaba un equipo de maniobras, o lo que quedaba de éste.
Y estaba ese color de cabello…
Mi corazón se contrajo dolorosamente dentro de mí, porque éste ya sabía lo que a mi mente le estaba costando mucho trabajo procesar. Buscaba pruebas para algo que era tan obvio como la misma muerte. Y era natural que tratara de buscar una explicación, porque lo que estaba viendo no tenía sentido. Y, sin embargo, algo en mí hizo que bajara al suelo y acudiera hacia el cadáver en el titán, para comprobar lo que mi corazón ya sabía.
Cuando llegué al cuerpo decadente del titán, me aferré a Eren como si el destino quisiera arrebatármelo de mis brazos. Aplasté mi cabeza contra su pecho, y, contra todo pronóstico, escuché los latidos de un corazón. Me quedé entumecida por la revelación. No sentía mi cuerpo. Solamente podía sentir las lágrimas rodar por mi piel y cómo mi corazón volvía a romperse, con la diferencia que, esta vez, me trajo una mezcla de dolor y alegría que no supe como diablos procesar. Me sentía confundida, triste y feliz al mismo tiempo, a tal punto que, al final, ya no lo pude soportar más.
Y allí estaba, llorando el alma y lanzando grito tras grito al aire, por alguien que había dado por muerto, y que, sin embargo, seguía con vida.
