¡Nuevo capítulo!

Chica Plutonio: ¡Muchas gracias por tu comentario! Me hace muy feliz :) Jaja, creo que la pareja PetraxZeke justamente por lo extraña es bastante tentadora, más que nada porque él siempre fue el enemigo número 1 de Levi y bueno, para más salseo involucremos a Petra XD
Espero que este nuevo capítulo también sea de tu agrado y que sigas disfrutando de la historia. ¡Saludos!

reader777667: Me alegra que te guste la historia, muchas gracias. Y aquí está el nuevo capítulo. ¡Disfrutalo!

Sheika 360: ¡Hola nuevamente! ¡Bienvenida a esta historia y espero que pueda disipar un poco tus penas! Puntualmente aquí en Fanfiction no sabría qué recomendarte, porque no leo muchos fics aquí y las autoras proliferan más en Wattpad. Allá podés buscar a autoras como eaudetoilettex, C4tsar3love, MelMew-Smith, Nana-Uzumaki y Rosirinoa. Son mis recomendadas :)


Capítulo 16: Las cartas sobre la mesa

A la mañana siguiente de la salida de Petra y Falco de la mansión Jäger, Levi hizo su aparición en el departamento cuya dirección la pelirroja le había dictado la noche anterior. Se sentía feliz, nervioso, emocionado y ansioso. Era un cúmulo de sensaciones agridulces, generadas por la comprensión de que al fin sería feliz después de 20 años de pena y sufrimiento. Lo único que lo incomodaba era el probable rechazo del niño, ya que al menos esperaba que sintiera hostilidad hacia él. No lo culparía, pues técnicamente él era el causante de la inminente separación de sus padres y el quiebre de su familia. Pero no conocía a Falco y no tenía cómo saber que el pequeño no era como se lo imaginaba.

Petra se sorprendió al recibirlo tan temprano en la mañana, pero su sorpresa se vio disipada por el beso que le estampó Ackerman apenas la vio, expresando su emoción y su apoyo ante su decisión final con Zeke. Se abrazaron largamente para luego Petra invitarlo a desayunar con ellos.

La pelirroja se retiró un momento para despertar a su hijo y Levi sintió renacer la sensación de incomodidad y culpa. ¿Y si al niño le daba una rabieta? Al fin y al cabo, era el "nuevo novio" de su mamá, sin importar el contexto ni los antecedentes. O podría ser que se llegara a manejar de una forma más fría y amenazante, tal y como Mikasa se comportó con él y Zeke con Carla cuando esta se casó con su padre. Se pasó una mano por los cabellos tratando de tranquilizarse como el adulto que era.

Estaba tan perdido en sus pensamientos, que no notó que un pequeño rubio estaba sentado frente a él en la mesa, mirándolo con curiosidad. Levi dio un respingo al percatarse de su presencia y sintió un vacío en el estómago. Pues Falco Jäger lo observaba con el ceño fruncido, como estudiándolo.

—Buenos días —saludó el niño.

—Bu-buenos días —balbuceó Levi en respuesta.

—Así que usted es el señor Levi Ackerman —no era una pregunta.

—S-sí.

—Mi nombre es Falco Jäger —se presentó educadamente el pequeño. Volvió a fijar su mirada en él—. ¿Por qué está tan nervioso?

Levi ya no se pudo contener. Aprovechó que Petra también se unía a ellos en la mesa; era hora de hablar.

—Falco, yo sé que esto fue muy apresurado para ti —comenzó—. Y lo que menos quiero es provocarte malestar con esta nueva situación. Quiero que sepas que siempre estarás en primer lugar en todo lo que tu madre y yo hagamos.

Falco lo contempló en silencio por unos largos segundos para luego pasar la mirada hacia su madre, quien le dedicó una sonrisa.

—Ya lo sé todo, mamá me lo contó anoche —replicó el pequeño—. Además, ya me había dado cuenta de que todo iba mal en casa. Hay cosas que todavía no sé mucho, pero me basta con que haga a mi mamá feliz. Ella antes no sonreía mucho.

Petra se abalanzó sobre su hijo para llenarlo de besos, mientras Levi quedaba boquiabierto. La madurez de ese niño era impresionante. Hasta vio un atisbo del Zeke que extrañaba y apreciaba, pero que sabía que no volvería jamás.

Sonrió y estrechó la manita que Falco le extendía. Ahora todo tomaba un rumbo mejor.


Pasaron los meses y mayo era recibido con brisas primaverales y los primeros tintes veraniegos en la bella París. Falco había reanudado sus clases en la escuela después de las vacaciones de primavera durante el mes de abril, habiendo logrado su madre una extraña tregua con Zeke, llegando ambos a un acuerdo en el que el pequeño pasaría días con su padre y su hermana, en lo que resolvían la custodia compartida en paralelo con los trámites del divorcio, que, convenientemente, Zeke se encargaba de ralentizar mediante excusas de toda índole.

Por otro lado, y para su desgracia, Mikasa se negaba a verla y hablarle; la única vez que lo hizo desde que había dejado la casa fue para espetarle que era huérfana de madre, llamándola señora. Petra había terminado llorando desconsoladamente en brazos de Levi al regresar al departamento, haciendo que el azabache se contuviera de ir a darle una lección a esa mocosa malcriada por hacer sufrir a su madre.

Pero, a pesar de las piedras en el camino, Petra no podía ser más feliz. Su relación con Levi, retomada, iba viento en popa, aunque no se dejaban ver mucho en público debido a que la pelirroja técnicamente seguía casada, pero era cuestión de tiempo para que todo se resolviera. Habían empezado a investigar juntos sobre las posibilidades, los beneficios y los inconvenientes de dejar de lado el nombre de Nina Magnolia para volver a ser Petra Ral. En el fondo, Petra sabía que no sería de mucha dificultad, pues su cambio de nombre se puso en marcha años atrás gracias a los Jäger y sus contactos, y que, en el caso de recuperar su verdadero nombre, no tendrían más remedio que ayudarla, ya que ellos mismos estaban metidos en la farsa de Nina Magnolia. Petra confiaba en que Grisha la socorrería.

Pero la parte más complicada de recuperar su nombre era la de sincerarse con sus conocidos, familiares y amigos que desconocían el hecho. Y la primera sería Nanaba.

—No lo puedo creer... —balbuceó la rubia después de que Petra le narrara toda su historia con pelos y señales, un día que fue a visitarla—. Entonces... todo este tiempo eras otra persona y...

—Quiero aclararte, Nana, que mi amistad por ti y por Hange es sincera y nunca cambiará —se apresuró en aclarar la pelirroja—. Perdóname, no era mi intención soltarte esta bomba en tu estado...

—No te preocupes, estoy bien —respondió Nanaba con cariño—. En cuanto a lo otro, no me cabe duda de tu cariño sincero hacia nosotras. Soy adulta y entiendo que, después de lo que me has contado, te hayas visto obligada por las circunstancias a no confiar en nadie más que en Zeke y su familia.

—Gracias, Nana... —se emocionó Petra besándole la mano—. La cuestión es que ya estoy libre de Zeke y quiero recuperar mi vida anterior. Quiero de vuelta mi nombre y la justicia que mi familia merece, Nana. Y para eso, necesito de tu ayuda.

—En ese caso, Ni... digo Petra, no puedo ser tu abogada —se disculpó su amiga—. La primera y principal razón es que este tipo de procesos son muy largos y agotadores, y pronto tendré que darme de baja por embarazo, así que no podré estar al cien por ciento para ti. Y lo segundo... sabes que Mike es el abogado de Zeke...

—Jamás dejaría que te enfrentaras a tu propio esposo, Nana —le aseguró Petra—. Y sé que necesitas descansar mucho en estos meses. Sólo quería saber si me podrías recomendar una buena firma a la que acudir.

Nanaba repasó mentalmente todos sus conocidos en el rubro.

—¿Tienes planeado reclamar tus tierras en Aubagne?

—No lo sé... no me importa eso ahora —respondió la pelirroja—. No quiero volver a Aubagne, pero no sé cómo decírselo a Levi.

Nanaba la miró con compasión.

—Entonces, tengamos en cuenta que tienes tres asuntos que resolver: la recuperación de tu identidad, tu divorcio con la consecuente tenencia de Falco y la investigación por el asesinato de tu familia —dijo—. Sólo conozco un bufete capaz de llevar esos tres casos a la vez y hasta me aventuro a decir que te asegurará la victoria: la firma Tybur.

Con la boca abierta, Petra reconoció el nombre de esa firma de abogados. Primero, porque era la que llevaba los negocios de Erwin Smith en toda Europa, según Hange. Segundo y más importante, era sabido que Willy Tybur, el propietario, y su esposo Zeke se odiaban a muerte. Petra se preguntó si sería inteligente de su parte acudir a ese despacho con Levi.

—Nada pierdo con preguntar —concluyó al fin. Nanaba le sonrió y le entregó una tarjeta con la dirección y el número de teléfono del estudio. Si bien sabía que Mike tampoco le guardaba simpatía a los Tybur, Nanaba prefería ser más pragmática y tener contacto de todos sus colegas. Y esa fue la oportunidad para sacar a relucir su buen razonamiento.

—A partir de aquí me declaro neutral —le dijo mientras la abrazaba—. Te deseo mucha suerte, amiga.

Petra le agradeció y se dispusieron a tomar una merienda mientras seguían poniéndose al día con los últimos acontecimientos.


En Aubagne, las cosas para los Ackerman no estaban yendo por buen camino.

—¡MALDICIÓN! —vociferó Kenny Ackerman—. ¡TIENES QUE DEMOSTRAR QUE ERES SOBRINA DE MANON PARA SIQUIERA CREERTE CON EL DERECHO DE RECLAMAR ROMARINS!

Cuatro meses después de la irrupción de Ilse Langnar en la finca Stohess, la mediación que llevaban a cabo no llegaba a buen puerto. Generalmente, Kenny alegaba mala salud propia y de su padre para alargar innecesariamente el proceso, con el objetivo de que la mujer se cansara y desistiera. Pero como ella no daba el brazo a torcer e insistía con encuentros entre ellos y sus abogados para zanjar el asunto por las buenas, no tardó en sacar a relucir su mal carácter. Ahora quería que Ilse demostrara que realmente era una Langnar, a pesar de su documentación, y no una ladrona de identidades en busca de la oportunidad de su vida.

—¿Se atreve a poner en tela de juicio mi identidad? —se ofendió Ilse, mientras los abogados trataban de calmar las aguas.

—Para empezar, no te pareces en nada a Manon —se ensañó Kenny—. Ella era la mujer más hermosa de este mundo, delicada y con buenos modales. A duras penas la hija heredó algo de su belleza —y la estudió con desprecio—. Y tú con ese aspecto, no sé cómo se te ocurre ponerte en la categoría de familiar de esa bella mujer, que en paz descanse.

Ilse frunció el ceño. Estaba harta de las excusas y los malos tratos y modos de ese hombre.

—Esto no está llegando a ningún lado —sentenció—. Doctores, esto no tiene caso. No hemos logrado un acuerdo en común y dudo mucho que lo obtengamos, dada la mala voluntad del Sr. Ackerman. Quiero acabar con esta mediación y llevar este asunto a una corte.

—¡¿CÓMO TE ATREVES, MALDITA?!

Ilse ignoró el mal comentario.

—Y si tanto exige una prueba irrefutable de mi identidad, entonces se la daré —lo desafió—. Iniciaré los trámites para la exhumación de los cuerpos de la familia Ral, y me haré pruebas con todos ellos, menos con Pierre Ral, por supuesto.

Kenny se quedó de piedra. No esperaba que Ilse Langnar le tomara la palabra y realmente se hiciera pruebas de ADN con los Ral. Hasta ya cavilaba, por las dudas, con ir a cavar las tumbas y reemplazar los cuerpos, pero lo descartó al instante: se darían cuenta de ello.

Estaba frito.


Zeke, por su parte, oscilaba en un ánimo más cambiante. Había días en los que estaba contento, convencido de que los planes que tenía para doblegar a Petra y deshacerse de Levi le funcionarían sin dudar; así como también había otros en los que no se soportaba ni a sí mismo. Había quedado en un estado muy inestable desde que Petra dejó la casa junto a su hijo en común, ilusionándose días después al verla nuevamente, sólo para que esa ilusión decayera al plantearle ella la custodia compartida y la posibilidad de que Falco pasara unos días con él mientras buscaba un abogado para iniciar los trámites del divorcio. Sabía que no acudiría a Nanaba por varios motivos: su embarazo, el tener que contarle la verdad y el hecho de que Mike era su mejor amigo y abogado. Por eso, comenzó a obstaculizar su búsqueda contactando a todas las reputadas firmas de París para que no la apoyaran. Estaba más que seguro de que en cualquier momento se quebraría y desistiría de separarse, volviendo con el rabo entre las patas para volver a ser Nina Jäger.

No podía quejarse. El plan de Falco yéndose a vivir al extranjero tomaba forma, todo con la gran ayuda de su bisabuela Ymir Fritz, quien había pasado de la fría cortesía al total odio hacia Petra. Se había enterado por medio de las palabras de Zeke, con alguna que otra mentirilla de parte de él, de los hechos que llevaron a su mujer a fugarse de la casa con el niño, a causa de un amante y provocando próximamente un gran escándalo social. Y como era de esperarse, se había aliado con el rubio de lentes, en un intento para que esa mujer ingrata lo perdiera todo. Entre los dos harían lo posible para amenazar el futuro que la pelirroja planeaba con su hijo.

Grisha, por otro lado, mantenía contacto con Petra y con Falco, ofreciendo su ayuda en caso de que las cosas se complicaran. Y la complicación para él era ese mentado viaje sin retorno de su nieto que su abuela política y su hijo estaban dispuestos a hacer realidad. Él, junto a Levi, era el aliado más valioso de la pelirroja.

Pero poco podía imaginarse Zeke que Nanaba, a pesar de no poder atenderla, le había facilitado el contacto del único despacho de abogados con el que Zeke no estaba en buenos términos y con el que, por ende, no hizo tratos. Los Tybur.


—No estoy segura, Levi. Willy Tybur es enemigo de Zeke y no quiero provocar una guerra campal a causa de mis problemas —le dijo Petra a su pareja mientras contemplaban la imponente fachada del edificio de la familia Tybur. Era una construcción de estilo barroco de finísimos acabados, digna de una gran firma ubicada en la avenida de los Champs-Élysées—. Zeke se enojará y no quiero que tome represalias...

Levi la miró tiernamente y apretó su mano en apoyo.

—Pues yo creo todo lo contrario, Petra: tenemos que sacar provecho de la rivalidad entre ellos —repuso—. Sin duda, Willy Tybur vería una gran oportunidad para enfrentarse a Zeke y pondría todo de su parte para ayudarte, y nosotros tenemos que aprovechar eso. Son los mejores abogados de París, así que dudo mucho que salgamos perdiendo.

Petra dejó de temblar y le sonrió. Ambos entraron en el edificio para la cita que habían pedido a nombre de Levi Ackerman. El lugar, aunque inmaculado y de buen gusto, estaba atestado de las idas y venidas de pasantes y profesionales que allí trabajaban.

Fue el mismo Willy Tybur en persona quien los recibió en la sala de reuniones. Era un hombre alto y elegante, de larga cabellera rubia y graciosos ojos celestes. Él reconoció de inmediato a Petra, pues la había visto en uno que otro evento acompañando a su marido. Se preguntaba por qué venía a verlo en compañía de ese desconocido, quien, por lo que había averiguado, era un rico hacendado de la Provenza. La curiosidad lo embargó y, pese al desagrado que le causaba ver a la esposa de Zeke Jäger en su territorio, se dispuso a escuchar todo lo que ambos tenían para decir.

Después de varios minutos, Willy Tybur contemplaba a Petra con la boca abierta. Sí que la ahora ex mujer de Zeke había resultado toda una caja de sorpresas. Y por perjudicar a Jäger y por la mirada llena de súplica de Petra, estaba dispuesto a ayudarla.

—Todo correrá por mi cuenta, pagaré lo que sea necesario —decidió Levi al final, pues sabía que Petra estaba atada de manos y pies económicamente, por más que ella hubiera ofrecido destinar sus ahorros con el abogado.

—En ese caso, Sr. Ackerman, debería mantenerse al margen, por lo menos en lo que respecta a los trámites de divorcio y la tenencia del menor —le aclaró Willy—. Zeke puede utilizar y sacar provecho de su relación para ganar el caso. Y cuando los amantes se meten en el asunto, las cosas no salen muy bien para los implicados.

Levi asintió de mala gana y se cruzó de brazos. No le hacía mucha gracia dejar a Petra sola enfrentando a Zeke.

—Tsk...

—En cuanto a sus reclamos, Sra. Ral, me temo que un solo abogado no será suficiente para cubrirlos —se dirigió el rubio a Petra—. Pero no se preocupe: aquí tenemos a profesionales de distintas especialidades que podrán ayudarla —y comenzó a nombrar al equipo que designaría—. Puedo dejar el caso de su identidad al abogado Erd Gin, especializado en Derechos Humanos; será relativamente fácil, pues usted ha dicho que su suegro está dispuesto a ayudar a que el asunto de su verdadero nombre se resuelva de la mejor manera, dado que él mismo fue quien facilitó todo el cambio años atrás —continuó—. Mi hermana, la abogada penalista Lara Tybur podrá encargarse de la investigación por la sospecha de asesinato a su familia. Llamaré a los dos para presentárselos y que puedan observar cada caso con más detenimiento.

—¿Y qué hay de mi divorcio y mi hijo? —se angustió Petra.

Willy Tybur le dedicó una sonrisa de triunfo.

—No se preocupe, señora. Yo mismo me encargaré de representarla.


Con el paso de las semanas, Mikasa había logrado de alguna manera anestesiar el dolor y la frustración de su ser. Se pasaba horas trabajando junto a su padre o estudiando para el examen de ingreso de la universidad, el cual se acercaba. Pero esto último lo hacía sola, pues la complicidad entre Eren e Historia la enfermaba y la hacían desconcentrar.

Así que, con el fin de distraerse de sus males personales, en adición, forjó una especie de amistad con el tal Thomas Wagner. Se reunían todas las semanas para tomar un café o simplemente pasear por algunas zonas de recreación de París. Pero mientras él buscaba la manera de acercarse más a ella e insinuarse, la joven sólo lo consideraba para una sola cosa: investigarlo, pues la espina de la duda y la desconfianza le decía que el rubio la estaba espiando, lo cual se confirmaba cada vez que se juntaban, pues siempre lo notaba atento a las cosas que hacía, decía y usaba, así como a un pequeño block de notas que llevaba en la mano. Sabía que allí anotaba cosas de ella, aunque él explicaba que eran direcciones que necesitaba por ser extranjero.

Así que decidió hacer una prueba para al fin aclarar sus dudas. Después de comer y dejar todo lo sobrante en el plato del bar en el que almorzaban, se excusó para ir un momento al baño. Thomas sólo asintió amablemente con una sonrisa, sin dejar de mirar su plato.

Pero Mikasa no fue al baño.

Se escondió en un rincón cercano en el casi desierto bar para ver qué hacía su joven "amigo". Y lo que vio confirmó todas las películas que se venía haciendo en la cabeza sobre conspiraciones y planes malvados en su contra. Planes con los que, de algún modo estaba segura, la vieja insoportable de Ymir Fritz tenía que ver.

Pues sus fríos ojos grises estaban viendo cómo Thomas, con todo el cuidado del mundo, metía en una bolsa tipo ziploc la servilleta con la que se había limpiado la boca, así como la pajilla de su bebida.

Mikasa simplemente sonrió ante tal descubrimiento.

—¿Qué harás con esas pruebas, Thomas Wagner? —se preguntó para sus adentros.

Ahora le tocaba a ella saber qué diablos pasaba a su alrededor.