XIII
Intentos

Después de presentarnos con el resto del Cuerpo de Exploración, nos indicaron dónde íbamos a quedarnos y nos entregaron nuestros nuevos uniformes. Como pasaba en el Cuerpo de Entrenamiento, las mujeres y los hombres dormían en cuartos separados. Me di cuenta rápidamente que la proporción entre mujeres y hombres era bastante equilibrada. Sin embargo, cuando yo llegué al cuarto de las chicas, había una sola de ellas, barriendo el piso. Tenía el cabello corto y de un peculiar color anaranjado. La expresión de su rostro me recordó un poco a la de Krista, aunque era obvio que ella había visto más acción que mi pareja.

—¿Nueva en el Cuerpo de Exploración? —dijo ella. Tenía una voz agradable, tal como Krista, lo que hizo más fácil lo que venía después—. Sí. Vi el listado de los nuevos. Tú debes ser Mikasa Ackerman, ¿verdad?

—Así es.

—He oído hablar de ti. Tus habilidades son asombrosas. Serás una excelente adición a nuestras filas.

—Tuve buena preparación.

—Como todos, pero no cualquiera mantiene la cabeza fría ante los titanes —dijo la joven del cabello anaranjado, acercándose a mí y dejando la escoba junto a una litera para extenderme una mano—. Mi nombre es Petra Ral.

Estreché su mano con gusto. Petra era una mujer muy simpática.

—Un gusto —dije, tratando de no apretar su mano con demasiada fuerza, pero aun así, Petra arrugó la cara.

—Caray, menudo apretón —dijo, sobándole la mano.

—Lo siento —me excusé, pero luego vi que ella sonreía.

—¿Lo sientes? —me preguntó, como si lamentar triturarle la mano no fuese una ofensa—. Es una prueba más de que serás un enorme crédito para el Cuerpo de Exploración. De hecho, hay una sola persona más en todo el ejército que tiene una fuerza como la tuya, y es el capitán Levi.

Inmediatamente pensé que Petra debía tener alguna clase de encaprichamiento con Levi, a juzgar por la forma en que se había expresado cuando habló de él. Tal vez se trataba de una mera admiración, o podía incluso darse el hecho que ella estuviera, en efecto, enamorada de él. De todos modos, ella recuperó la compostura casi de inmediato.

—¿Y ese Levi, es un soldado muy hábil?

—Es el soldado más fuerte que tiene la humanidad —dijo Petra con algo similar a orgullo en su voz—. Aunque no siempre fue así. Erwin dio con él cuando era un delincuente en la ciudad subterránea. Aquello cambió su vida. Ahora, está al mando de un escuadrón especial, creado como un equipo de especialistas en asesinar titanes. Yo formo parte de ese escuadrón. Levi me escogió personalmente, y no lo puedo culpar, porque desde que entré al Cuerpo de Exploración quise trabajar con él.

Por respeto, no mencioné ninguno de mis pensamientos a Petra. Sin embargo, no necesitaba que me dijese que Levi era un sujeto muy fuerte, porque yo fui testigo de ello, en el juicio, cuando golpeó a Eren, y cuando asesinó a esos dos titanes, después de que Eren tapara la entrada a Trost.

—¿Y cuál es mi lugar?

—Por desgracia, la única cama disponible está al fondo. Dormirás con una tal Annie.

Arrugué la cara. No sabía por qué intuí que Petra iba a decirme algo por el estilo.

—Tiene mal carácter. Ni siquiera me saludó cuando nos presentamos —dijo Petra, también arrugando la cara—. Supe que tiene algo por las chicas.

—Es cierto —dije, recordando muy bien las veces en que ella peleaba conmigo o me dedicaba miradas furtivas en el baño—. No creo que debas preocuparte por eso. Ella está interesada en otra.

—No es muy común ver a chicas interesadas en otras —dijo Petra, encogiéndose de hombros—, pero no hay nada en el reglamento que lo impida, ni aquí, ni en ninguna otra rama militar, tampoco en el código civil. Por mi parte, me gustan los chicos, pero a veces no hay tiempo, ni se dan las condiciones para fraternizar. En el momento en que un chico te interesa, llega una misión, y un titán te lo arrebata. Por eso ni siquiera lo intento.

Honestamente, no me sorprendía aquella mentira. Levi era justamente el tipo de persona por el que Petra podría interesarse sin que él corriera serio peligro de morir a manos de un titán. Sin embargo, no esperé que una chica como Petra mintiera para esconder su atracción por el enano.

—¿Y qué hay de ti, Mikasa? ¿Tienes a alguien especial?

No tenía sentido esconder mi relación. Después de todo, Petra ya me había dicho que no había nada de malo que una chica se interesara en otras chicas.

—Sí —dije, e inmediatamente supe que había tomado la decisión correcta. De otro modo, mi sonrojo habría hablado por mí—. Pero no vino conmigo. Ella entró a la Policía Militar. Tenía sus razones para ello, y no la detuve.

Petra arqueó una ceja.

—¿Ella?

—También me gustan las chicas —dije, sin vergüenza, y, como esperaba, no sentí ningún ardor en mis mejillas—. Lo descubrí hace no mucho. Pero no te preocupes. No me voy a insinuar ante ti, ni ante a nadie más que a Krista.

—¿Se llama Krista tu novia?

—Así es. Es una buena chica.

—Bueno, no te entretengo más —dijo Petra, tomando nuevamente la escoba y reanudando el aseo—. Tengo que limpiar esto, o el capitán no va a estar muy contento.

Iba a preguntarle por Eren, pero me refrené de hacerlo. Era mejor que finalizara su cometido. Levi podía ser muy insistente en cuanto a la limpieza.

Al día siguiente, me levante muy temprano. Cuando bajé de la litera, lo primero que noté fue que Annie no estaba. Seguramente se encontraba en las duchas. Mi sentido común me decía que esperara hasta que ella saliera, pero, en realidad, ella no podía hacerme nada. La había vencido en todo nuestros encuentros. Decidí entrar. Me desvestí, y ocupé un lugar lo más alejado posible de la entrada. Lo complicado era que, a diferencia de lo que ocurría en el Cuerpo de Entrenamiento, las duchas no consistían en cubículos separados, sino que el recinto era como un cubículo gigante. No había privacidad, en absoluto, pero como éramos todas chicas, no había riesgo de que se colara un mirón o algo por el estilo.

Mientras me lavaba el cabello, oí unos chapoteos, y supe que alguien se acercaba a mí. Di media vuelta y, sorpresa, sorpresa, se trataba de Annie.

—No hemos tenido oportunidad de hablar —dijo, con su voz típica, como si nada en el mundo fuese de algún interés para ella—. Especialmente después que Krista escogió entrar a la Policía Militar.

No dije nada. Le di la espalda, y seguí bañándome, como si no hubiera nadie hablándome. Pero Annie era insistente, sobre todo cuando tenía un objetivo que cumplir.

—Me pregunto —continuó, como si yo no hubiera hecho ningún esfuerzo en ignorarla—, ahora que Krista ya no está a tu lado, si podrías hacerle un hueco a alguien más. No creo que tengas muchas opciones aquí, pero estoy segura que si abres los ojos, encontrarás lo que estás buscando

Seguí sin decir nada. Annie seguía siendo tan molesta como siempre. Me habría gustado que ella y Krista hubieran intercambiado lugares. Aquello me habría hecho muy feliz, pero, como ya había aprendido, no siempre se podía ganar en la vida.

—No estaba al tanto de que anduviera buscando algo, especialmente cuando se trata de mi vida amorosa. ¿Por qué te importa tanto con quién esté?

Por supuesto, tenía mis sospechas, pero quería escuchar de la boca de Annie la verdad. Sin embargo, ella me dedicó una mirada penetrante antes de dar media vuelta y desaparecer por donde había llegado. Pensé que ella dejaría de molestarme por un buen rato, que mi respuesta la había disuadido de lo que fuese que quisiese hacer conmigo.

No obstante, me equivoqué.

Annie aprovechaba cada momento libre para entablar una conversación conmigo. Los temas variaban entre asuntos personales, mis gustos y aficiones y demás charla trivial. No podía exactamente rechazarla, porque, si veía el asunto desde afuera, no lucía como si me estuviera hostigando. Lo único que podía hacer era emplear respuestas vagas para dejarla contenta. Annie no parecía estar descontenta con la situación, pero cuidaba de que nuestros "diálogos" no durasen mucho rato y que estuvieran bastante espaciados en el tiempo. Annie era astuta. Su comportamiento, desde el punto de vista de las normas, no caía en la categoría de acoso, por lo que debía aguantar y platicar con ella cada vez que ella lo quisiera.

Un día, tres semanas desde que ingresamos al Cuerpo de Exploración, decidí que era momento de tomar, definitivamente, al reno por las astas. Solicité la ayuda de las personas a cargo del cuartel para documentarme sobre las reglas para la convivencia, y me di cuenta que era totalmente posible solicitar que la persona en cuestión no interactuara con alguien que tuviese algún problema personal con tal individuo. Con la ayuda de Armin, adquirí la información necesaria para presentar mi requerimiento ante la máxima autoridad del cuartel.

—¿Así que no te sientes cómoda con esa tal Annie Leonhart? —dijo Levi. Tenía un tono parejo y bajo que me recordaba bastante al de Annie—. Tu nombre es Mikasa Ackerman, ¿no es así?

—Sí, señor.

—Ya veo. —Levi me dedicó una mirada penetrante, como si estuviera evaluándome en silencio. Al final, después de un buen rato, volvió a tomar la palabra—. Eres la mejor soldado de tu promoción, y nos beneficia que estés concentrada para la misión que viene. ¿Estás segura que no quieres que ella se acerque a ti? Por lo que ve observado, no parece estar acosándote, por lo que me imagino que debe ser un problema personal.

—Lo es, señor

Levi asintió levemente con la cabeza.

—De acuerdo, le pondremos punto final a esta situación de inmediato.

Tal como el capitán había dicho, la situación se solucionó en cuestión de minutos. Un rápido interrogatorio a mis compañeros, y Annie había sido recluida en el subterráneo, donde dormía Eren, claro que en habitaciones separadas. Cuando la vi, me alegró verla enfurruñada por su destino. Sin embargo, cuando me miró a los ojos, mientras era conducida a las mazmorras, me di cuenta que, lejos de rendirse en su cometido, su encierro le había dado una determinación rayana en la obsesión.

Algo que, muy pronto, yo iba a pagar muy caro.