Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

TORMENTA

Angielizz (Anbeth Coro)


ELLA

Domingo, 16:20

I Know places –Likke Li

Cuando desperté llegó la lluvia de recuerdos de la noche anterior.

Alice siguiéndome al baño en el restaurante fue el primer recuerdo que apareció en mi cabeza.

—¿Estás bien? —me encontró mirándome al espejo mientras veía a mi reflejo con ojos duros obligándome a no llorar. Yo sabía en lo que me metía al venir aquí, Edward había sido muy claro. Solo íbamos a seguir con la puesta en escena de nuestro falso noviazgo, pero aquí estaba como si fuera una novia engañada.

—Claro, ¿por qué preguntas?

Con Alice era imposible fingir ser la novia de Edward, ella sabía demasiado.

—Pues porque has salido corriendo después de lo que dijo Victoria.

Me miró a través del espejo, intenté mantener una sonrisa tranquila en mi rostro como si no ocurriera nada dentro de mí. No necesitaba que la hermana menor de Edward me atrapara teniendo una crisis emocional por él.

—Solo me tomó desprevenida. No puedo creer que Edward no me lo haya contado —Alice parecía estarme analizando a través del vidrio, y yo sabía que no estaba siendo buena mentirosa—, ¿Cómo se supone que finja ser su novia si tiene citas sin advertirme de eso?

—¿Seguro que es sólo eso? —asentí.

—Lo que no entiendo es porqué me trajo a mí.

Alice dejó su mano sobre la mía y le dio un leve apretón. No dijo nada, estaba agradecida por su silencio.

—Era solo una cita de tinder —intentó consolarme, y me molesté conmigo misma por hacer que ella sintiera pena por mí.

¿Tinder? Vaya, así que Edward quería salir por ahí con desconocidas. ¿Cuándo podría qué? ¿Salir conmigo? Ja.

—¿Segura que estás bien? —asentí tres veces.

Pareció que iba a decir algo más, pero en ese momento apareció Victoria.

—Bella, lo siento mucho, Rosalie me lo ha explicado, lamento haber sido tan insensible —parecía sinceramente arrepentida por lo ocurrido.

—No es tu culpa. Aun es algo informal, es todo.

—¿No lo he arruinado entre ustedes? —sonaba preocupada, negué con mi cabeza.

—No. Solo fue una cita, ¿no? —miré a Alice a través del espejo y ella asintió confortándome de nuevo—. No es nada importante.

Pero sí que lo había sido.

Así que todo la mañana y parte de la tarde del domingo me la pasé encerrada en la habitación con resaca. Jamás iba a volver a tomar alcohol en mi vida, decidí ese día.

Estaba demasiado avergonzada con mi comportamiento de la noche anterior como para animarme a salir al pasillo, no estaba lista para Edward. Tenía fragmentos de nuestra conversación fuera del club y nada de lo que recordaba me parecía bueno.

¿Por qué había tenido que tomar tanto alcohol?

Si hubiese estado más en control con mi cerebro habría podido manejar mucho mejor la situación, en su lugar, había tenido vomito verbal con todas mis emociones.

Ridícula.

Ahora ni siquiera sabía cómo comportarme con Edward. Pobre. ¿Me habría puesto tan en evidencia como temía?

Toc, toc. Cubrí mi cabeza con la almohada.

—¿Qué tal va tu resaca? —levanté el brazo poniendo mi pulgar hacia abajo.

—Quiero arrancarme la cabeza.

—Toma agua. ¿Te apetece comer?

—¿Qué hora es?

—Las tres de la tarde.

Faltaba demasiado tiempo para que el día terminara.

—Ugh.

—¿Pizza? —sugirió.

—¿Sabes cocinar pizza? —pregunté con escepticismo.

—Hornear —me corrigió como un sabelotodo, me contuve para no rodar los ojos— Sí sé, pero no lo haré. La mandaré pedir a domicilio.

No podía recordar la última vez que me había dado el lujo de comer pizza a domicilio. Quité la almohada de mi cabeza, entrecerrando los ojos ante el cambio de luz, pero aun así forzándome a mantenerlos abiertos, me senté en la cama.

—¿Qué ingredientes? —pregunté hambrienta y emocionada. Si alguien hubiera pasado tanto tiempo sin comer pizza estaría igual de emocionado que yo.

—No tengo uno en especial —él seguía parado en el marco de la puerta de la habitación, me alegré al comprobar que me daba la oportunidad de elegir. Mordí mi labio— ¿alguna sugerencia? —me sentí aliviada que preguntara, sería una pena probar una pizza luego de tanto tiempo y que resultara no ser de mi gusto.

—¿Podrías pedir champiñones con pepperoni? —asintió.

—Seguro, ¿algo más?

—¿Pedirás refresco? —pregunté tímida, estaba estirando mucho mi suerte, pero volvió a sonreír.

—¿Qué sería de la pizza sin soda? —sonreí relajada—. Tomate la pastilla —señaló la mesita de noche, ahí había una caja de pastillas con la jarra de agua y vaso. ¿Cuándo los había traído?

Le agradecí y entonces él salió de la habitación, así que me obligué a levantarme de la cama. ¿Qué tan incómodo había sido la noche anterior para él?

Intenté hacer memoria: le había exigido respuestas sobre su cita con la mujer de Tinder, le había dicho que me parecía muy guapo, y había abrazado su brazo como si fuese un muñeco de felpa. ¿Cómo es que había llegado a la cama? No tenía ni un recuerdo sobre mí llegando aquí. Pero solo supuse que me había arrastrado hasta el elevador y de ahí a la cama. Esperaba no haber seguido dando un espectáculo ridículo, porque no tenía idea de lo que pudo haber pasado.

Me cambié de ropa, eligiendo una de las blusas de manga larga verde que había comprado junto con Alice y unos pantalones de mezclilla, intenté cepillar mi cabello, pero era un desastre, así que opté por agarrarlo en una coleta.

Para cuando salí de la habitación, la pizza ya había llegado. Olía delicioso. Edward estaba sentado en uno de los bancos alrededor de la isla de la cocina, se veía informal y atractivo con sus pantalones deportivos y una camiseta de licra. La ropa se ajustaba muy bien a todo él, sacudí mi cabeza intentando mantener mi hilo de ideas en orden.

—¿Qué tal va tu dolor de cabeza? –preguntó viéndome sacudir mi cerebro para sacar mis ideas sobre su cuerpo de ahí.

—Aún me molesta la luz —pero tenía más hambre que eso.

—Está pronosticada una tormenta eléctrica para esta noche —anunció como meteorólogo, sonreí imaginándolo en la televisión dando el clima—. Espero que tu resaca termine antes que eso.

Una lástima. Yo era una verdadera fanática de las tormentas eléctricas, aunque la idea de escuchar truenos y ver luces en el cielo con mi dolor de cabeza me parecía innecesariamente tortuoso.

—¿A qué hora iniciará?

—Medianoche —bien, teníamos tiempo.

—Iré a dormir antes, ojalá pueda ignorar el ruido.

Sonrío comprensivo y señaló el par de cajas de pizza.

—¿Cómo llegué hasta aquí anoche? —pregunté sacando una rebanada de pizza y sirviéndola en uno de los dos platos de cerámica blanca que había sobre la barra.

Edward se encogió de hombros manteniendo su vista fija en la caja de pizzas. ¿Así de mal había estado?

—¿Y bien?

—Por suerte puedes caminar dormida, ¿sabes? —levanté una ceja, ¿de verdad? Vaya, debería añadirlo a mis cualidades.

—Lo apuntaré en mi currículum —sonrío— ¿completamente dormida? —asintió dos veces únicamente, aunque esta vez la sonrisa no llegó a sus ojos, dudé, ¿estaba diciendo la verdad?—, ¿no dije nada estúpido?

—No. Eras más como sonámbula.

Suspiré aliviada.

La pizza estaba deliciosa comprobé en la primera mordida de mi primera rebanada de pizza, estaba decidida a comer tantas como pudiera. Había extrañado el sabor de la salsa de tomate, el queso derretido y los ingredientes encima. Si pudiera besar a esta pizza y no tuviera compañía, lo haría.

—¿Sabes que esta es mi comida favorita? —por supuesto que no había manera que lo supiera, él me miro con una ceja levantada.

—¿Pizza?

—De champiñones y peperoni —especifiqué.

—Lo añadiré a mi lista.

—¿A tu lista? —asintió, pero no añadió más detalles— ¿Puedo apagar las luces? —las luces blancas de la cocina eran molestas, ya bastante malo era tener que soportar la luz natural que se filtraba por las ventanas para aparte tener que lidiar con estas luces artificiales. Edward no se movió de su lugar.

—Alexa, apaga las luces de la cocina —Apagando luces de la cocina, se escuchó una voz robotica hablar antes de que las luces se apagaran. Yo estaba boquiabierta, lo que lo hizo reír.

—He estado perdiendo mi tiempo caminando a los apagadores. ¿Dónde está ella?

Señaló un aparato esférico y plateado en la esquina de la cocina. Ya lo había visto antes, aunque supuse que sólo era un aparato común para dar la hora.

—Es como el reloj de la habitación —noté.

—Es más que un reloj —señaló, y tuve que apretar mis labios para no sacarle la lengua—, tiene muchos comandos, puedes pedirle que ponga música o cuente chistes.

—Muy útil —me burlé de lo último— ¿la habitación de huéspedes también tiene de esos focos? —asintió. Jamás tendría que volver a levantarme para apagar o encender las luces desde la cama, pareció pensar lo mismo que yo o quizás la expresión en mi rostro decía todo lo que yo pensaba.

—Eres una holgazana —se burló. Le di una mordida a mi pizza, ignorándolo.

—¿Y sabe cocinar, Alexa?

—Si tuviera brazos lo haría mejor que tú —así que estaba de buen humor—. Puedes pedirle recetas de cocina y ella te va dando las instrucciones. Así que supongo que eso cuenta.

—¿Ella te enseñó a hornear pizza, cierto? —asintió con una cara graciosa.

—Por supuesto. ¿Qué tal va tu dolor de cabeza? —cambió de tema y lo permití, ya tendría tiempo de jugar con ese aparato cuando estuviera con Dolores.

—Ya no es tan molesto como en la mañana. ¿Y ya sabes que harás en tu cumpleaños? —pregunté sacando la tercera rebanada de pizza.

—Creo que le pediré a Jasper que lo decida por mí, y yo solo pasaré la tarjeta.

—Si Alice le ayuda, estarás en la quiebra —al parecer el amigo de Edward y su hermana tenían el amor por gastar dinero en común.

—Es probable —pero no parecía preocupado al respecto, ¿lo ves? A Edward no le importa despilfarrar dinero, no entiendo porque de pronto eso había sido un problema con su cita de tinder. Quizás ella no era tan bonita para él, posiblemente el estereotipo de Edward era algo más allá de lo imaginado por una simple mortal.

En otras palabras, su tipo de mujer estaba lejos de ser tan común y corriente como yo.

—Te has puesto sería de repente —señaló, intenté forzar una sonrisa en mi rostro mientras negaba con la cabeza, era observador de manera obsesiva y debía ser tres veces más cuidadosa.

—Tienes una cana ahí —señalé ninguna parte en especial de su cabello para distraer su atención de mí a él.

—Eso es mentira —ni siquiera se había tocado el cabello.

—¿Estás seguro de eso? —insistí jugando con él, negó con su cabeza.

—Sé cuándo mientes —dijo encogiéndose de hombros, pues esperaba que no lo supiera.

—¿Qué harás hoy? —lo más sano y sensato era cambiar de tema.

—Estuve trabajando toda la mañana, planeo ver películas el resto de la tarde.

—¿Tú? —pregunté con cierto asombro, en sus vacaciones solo una tarde estuvo viendo películas.

—No sólo tú tienes permiso para holgazanear los domingos —discutió de manera poco madura.

—Yo no holgazaneo —repliqué infantil.

Pero media hora más tarde ambos estábamos holgazaneando frente a la televisión de la sala de videojuegos.

—Sabía que en el fondo solo eras un raro con consola —dije sonriendo, Edward se sentó a mi lado después de encender la televisión gigante. Me pasó uno de los controles de Xbox.

—El que pierda, limpia la cocina —advirtió retador e ignorando mi anterior comentario.

Sentí un pequeño tirón de mi frente porque aun tenía secuelas del alcohol de anoche, pero estaba decidida a ignorar cualquier atisbo de resaca que me impidiera divertirme con Edward.

El videojuego era bastante simple. La pantalla se dividió en dos y nos encontramos jugando en un juego de armas. Nuestros personajes tenían que encontrarse entre sí y dispararse, resultaba simple.

Grité un segundo antes de que Edward se riera y disparara contra mí.

—Eres un… —volví a aparecer en otra zona. Me disparó, y ahora voy a matarlo. Lo tengo claro. Me incliné hacia mis piernas con el control sujeto con fuerza entre mis dos manos. La mitad de su pantalla podía ayudarme a descubrir donde se encontraba.

—Es una suerte que estés acostumbrada a lavar los trastes —me molesta riendo.

—Eres uno de esos machos opresores, ¿cierto?

—Sólo cuando se trata de ganar.

Ja. Me aseguré esta vez de cargar el arma y mirar al suelo. Tenía una idea de dónde se encontraba escondido. Mientras estaba de cuclillas esperando que apareciera por la puerta.

—¿Podríamos subir la apuesta, sabes?

—¿Quieres lavar mi ropa? —pregunté con saña. No voltee a verlo, porque no necesitaba distraerme. Lo tenía. Lancé dos granadas y corrí hacia el final de la habitación.

—¿Dónde está tu honor? —se quejó cuando el marcador señalaba que íbamos en empate.

—No tengo honor —dije sacándole la lengua.

El personaje de él vuelve aparecer en el techo. Supe dónde estaba.

—¿Estás listo para perder?

—Yo nunca pierdo, Bella.

Sonrió mientras analizaba la situación. Parece copiar mi técnica porque su personaje miraba exclusivamente hacia el suelo. Me dediqué a lanzar granadas en diferentes puntos y correr como desquiciada.

—¿Sabes que te has quedado sin granadas? —volvió a burlarse.

—Pero tengo balas —señalé sonriente.

—Pero tienes balas. Qué lista —se quejó.

—¿Listo para lavar los trastes?

No. No. No.

Su personaje está por apuntarme, así que actué más que pensar. Jalé el brazo de Edward hacía mí, mientras lanzaba a mi personaje desde el balcón.

—Estás haciendo trampa —señala, pero su voz suena divertida.

—Se llama sobrevivir, esto es la guerra y ya sabes lo que dicen.

ÉL

Sé lo que dicen, que en la guerra y el amor todo se vale, eso dicen.

La encuentro corriendo hacia el siguiente edificio, apunto a su nuca. Bella está mordiendo sus labios y pareciera que si pudiera se pondría a saltar de emoción en el sillón. ¿Por qué nunca habíamos hecho esto antes? Solo tengo que presionar un botón y habré ganado.

Jugar videojuegos con Bella no se compara a jugar videojuegos con Jasper o Emmet.

Dejo de apuntar y corro hacia el edificio contrario.

—¡Granadas! —grita emocionada cuando encuentra más provisiones. Suspiro. Voy a lavar trastes esta noche.

—Deberíamos encontrarnos de frente y disparar.

—¿Cómo una disputa de machos?

—Supongo —me río entre dientes buscándola.

—No tengo honor, ¿recuerdas?

Al menos es sincera respecto a ese punto.

La encuentro de nuevo, lo cierto es que me sé este mapa de memoria, así que no tiene muchas ventajas contra mí. La persigo mientras ella comienza a disparar hacia mí. Me escondo detrás de unas cajas, con pecho contra el suelo. Listo para saltar en el momento en que su personaje necesite recargar.

—¿Tregua? —ofrezco.

—Nunca —cambia de arma. Mierda.

Me pongo de pie y lanzo una granada. Bella vuelve a empujarme del brazo intentando distraerme, pero necesitara mucho más que empujoncitos para hacerme perder. Vuelvo a disparar.

—¡No!

Bella se abalanza sobre mí. Bella, no su personaje. Tengo la mitad de su cuerpo encima de mí y estamos a escasos centímetros el uno del otro.

—No es justo —se ríe, sin permitir que pueda ver el resultado en la pantalla con su cuerpo. Me doy cuenta que tiene un lunar que había pasado desapercibido cerca de la punta de su nariz. Tengo todos los años de autocontrol puestos en mantenerme quieto y no alcanzar sus labios. Pero me doy cuenta de lo simple que sería.

—Te gané —señalo intentando que mi voz no muestre lo afectado que me encuentro por su cercanía.

—¿Tregua? —ofrece ahora ella sin quitarse de encima. Intento hacer como si fuera a mirar la pantalla y ella se mueve para evitar que lo haga. La miro sonriendo.

—¿Estás diciendo que perdiste? —le levanto una ceja, mientras mi mano derecha quema por sujetarla de la cintura. Aprieto el puño y lo alejo de su piel.

—Jamás.

Vuelvo a mover un poco mi rostro, aunque mis ojos siguen en ella. Y ella se vuelve a mover, ¿se dará cuenta que está ahora casi completamente encima de mí? Parece estarse dejando llevar totalmente por el juego, así que esta situación debe ser inconsciente de su parte. ¿Cierto? Cierto. Lo único que no es inocente son las ganas de tomar su rostro y terminar con el espacio entre nosotros. Contrólate.

—Porque parece que gané —niega con su cabeza y se ríe.

—Esto fue solo un entrenamiento. No sabía cómo jugar —bate sus pestañas de manera infantil y yo me río entre dientes, de niña no tiene nada, va a acabar conmigo.

—Está bien, no cuenta.

Se quita encima de mí y vuelve a tomar el control remoto como si no hubiese pasado nada. Totalmente ajena a lo que acaba de pasar. Reinicio el juego. Y ella vuelve a posicionarse lista para jugar.

Lo añado a mi lista mental de cosas que me gustan de Bella: no sabe perder. Justo debajo de: Su comida favorita es la pizza. Tal vez si no viviéramos juntos mi lista sería más corta, usualmente una persona tarda meses en conocer a otra, pero eso tiene que ver con las horas que comparten en el día a día. Compartir piso nos hace compartir tiempo, así que culpo a nuestra situación actual de toda esa montaña de sentimientos recién descubiertos.

Intento pensar en la otra lista que me es más difícil llenar: La lista de cosas que no me gustan de Bella. La miro perseguirme con su pistola apuntando a la nada mientras ella se burla de mí. No me gusta que me haga perder. Me dispara sin que intenté evitarlo y pretendo que no lo vi venir.

Supongo que ella tenía razón cuando dijo que en la guerra y el amor todo se vale.

Ella

00:15

Cuando despierto aun es de noche. Me despierto con el pulso acelerado y sin recuerdos de alguna pesadilla. Hasta que escucho el retumbar en las ventanas de un trueno. Y otro. Y otro. Las ventanas están corridas, me levantó sin entender por qué mi cuerpo reacciona tan asustado. Un trueno más y vuelvo a brincar. Respiro hondo y me decido a abrir las ventanas para tranquilizarme. Siempre me gustaron las tormentas eléctricas.

Hasta hoy.

Doy tres brincos en mi sitio ante el siguiente trueno, detrás de la ventana la noche oscura se ilumina tras una serie de relámpagos y de nuevo los truenos. Grito. Sin ser capaz de controlar mis emociones, me siento aterrada. Sin pensarlo salgo corriendo de la habitación, con las piernas temblorosas y sintiendo que me hace falta el aire. El trueno vuelve a sonar y azoto la puerta de la recamara para quedarme en el pasillo. Aquí no hay ventanas. Aunque que no pueda verlo no significa que no pueda escucharlos. La sala se ilumina, se apaga y un segundo después otro trueno.

Cierro los ojos.

La habitación de videojuegos no tiene ventanas, pero está demasiado lejos desde donde me encuentro. Ni siquiera soy capaz de caminar, me sostengo de la pared, otro relámpago otro ruido ensordecedor. Se me llenan los ojos de lágrimas. Siento como si todo a mi alrededor temblara, de pronto me siento como si estuviera dentro de un barco que se hunde, el pasillo se vuelve difuso y el piso deja de parecerme firme, ahora es como arena movediza. Tropiezo con mis propios pies. Caigo de rodillas, pero no me pongo de pie. Me quedo en el suelo. Intentando respirar. Necesito salir de aquí. Un nuevo trueno inunda el silencio del apartamento.

Intento arrastrarme por el suelo, pero es imposible.

Llevo mis manos a los oídos.

Me estoy ahogando.

Cometo el error de cerrar los ojos porque cuando vuelvo a abrirlos mamá y papá están a mi lado, miro a mi alrededor, estamos en el avión y hay gritos, miro hacia la ventana y hay truenos y relámpagos. No. No. No. Sal. Despierta. Despierta.

—Bella. Bella.

Mamá me mira asustada, vuelve a tronar tan fuerte que intento cubrir en vano mis oídos del sonido. Estamos cayendo, siento mi estómago dando piruetas y ahora el avión también gira.

—¡Mamá! —me agarra la mano, papá se estira para alcanzarme, agarro con mis dos manos las suyas. Afuera siguen escuchándose los truenos. Seguimos cayendo. Hay gritos a mi alrededor. Los truenos no se detienen. Tengo que salir de aquí.

Mamá está asustada, lo sé. No voy a soltarte. No voy a soltarte. Pero la mano de ella se me está resbalando, y el viento a nuestro alrededor es más fuerte. Mi estómago da piruetas junto con el avión, grito y cierro los ojos.

Cuando vuelvo a abrirlos estoy en la sala de la casa. Miro el árbol navideño decorado y los regalos debajo de éste, camino hacia la ventana para descubrir que es de noche y que afuera está lloviendo. Miro el reloj, es casi medianoche. Debieron haber llegado hace casi seis horas. Adrián está dormido sobre un colchón de cobijas y almohadas que he improvisado alrededor de la sala, lo convencí de hacer esto mientras esperábamos que ellos llegaran. Afuera está lloviendo. Miro hacia la ventana poniendo mi mano sobre ella dejando que el calor de mi piel evaporice el frío del vidrio. Caen un par de truenos, siempre me gustó ver llover. Excepto que no hoy. Hoy se siente fuera de lugar.

Es Navidad.

Mamá y papá debieron llegar esta tarde, acordamos que tomarían un taxi y nosotros los esperaríamos aquí. Tomo mi celular y los llamo, pero cae directo al buzón, se quedaron sin pila me convenzo. Los truenos comienzan a ser más constantes y la lluvia más fuerte, pero a pesar del sonido alcanzo a distinguir el ruido de una sirena de policías, acerco mi cara a la ventana. El vehículo se detiene frente a nuestra casa.

Comienzo a sentir una opresión. Dos personas uniformadas bajan del vehículo. La lluvia cae, los truenos, y ese par de extraños que ahora tocan el timbre de la casa. Miro a Adrián que sigue descansando ajeno a la tormenta que está creándose afuera. Tomo mi sudadera y camino hacia la puerta.

—Buenas noches, señorita —uno de los oficiales aparece en mi campo de visión en cuanto abro la puerta— ¿esta es la casa de la señora Teresa y Charles Tudor? —las luces rojas y azules se entremezclan con los relámpagos, su voz se pierde en el siguiente trueno.

Y cada vez que ellos hablan solo escucho el ruido de la lluvia y de los relámpagos, me llevo las manos a los oídos pero no importa cuanto lo haga los truenos se convierten en sus voces, mis padres han muerto, ha habido un horrible accidente, lo sienten tanto. Lo siento tanto.

Abro los ojos.

No estoy en el avión, tampoco estoy en el suelo del pasillo. Estamos en la sala de televisión, la puerta está cerrada y la televisión está a todo volumen. Edward sostiene mi cara y me doy cuenta que estoy sentada sobre sus piernas. También descubro que ya no soy capaz de escuchar a los truenos, no soy capaz de escuchar nada excepto el sonido de la música a todo volumen en la televisión.

Mi respiración sigue acelerada al igual que los latidos de mi corazón, intento leer lo que dicen los labios de Edward.

Todo está bien, Bella.

Asiento de manera temblorosa y descubro al tocar mi cara que tengo lágrimas sobre mis mejillas.

Antes disfrutaba desvelarme con papá solo viendo llover a través de la ventana, y hoy estoy aquí llorando sobre las piernas de Edward como si fuera una niña cobarde. Si no estuviera tan afectada me movería y pondría distancia entre nosotros, ya bastante malo debe ser haberlo despertado, pero esta noche, apenas puedo entender nada de lo ocurrido.

Así que me quedo entre sus brazos, mientras intento alejar la imagen de mis padres gritando en ese avión, me aprieta aún más contra él. Entierro mi cabeza en su pecho, pasando mis brazos entre su espalda y el sillón. Respiro llenando mis pulmones de su olor.

Cuando despierto estoy acostada en el sillón con una cobija cubriéndome. Me siento confundida intentando recordar, pero teniendo la extraña sensación que todo ha sido parte de una pesadilla, ¿lo fue?

Estoy en la sala de la televisión. Y no puedo pensar en otra manera de haber aparecido aquí que no involucre truenos y a Edward.

Me siento en el sillón bajando mis pies al suelo justo para ver aparecer a Edward con dos tazas, una en cada mano.

—¿Estás bien?

Asiento sin lograr hacer salir las palabras de mi boca, de pronto me siento demasiado exhibida ante él. Me alcanza una de las tazas, es té caliente, se sienta a mi lado.

—Tengo que ir a trabajar –recuerdo poniéndome de pie.

—Hable con Alice.

—No puedo faltar, estoy a prueba todo el mes.

—Es medio día, Bella —vuelvo a sentarme, ¿he dormido tanto? Las luces bajas de la sala de televisión y la falta de ventanas evitan que pueda medir el tiempo aquí— no sabía que le tenías miedo a las tormentas eléctricas.

Niego con mi cabeza tomando un sorbo del té, hierve en mi garganta.

—No lo sabía hasta hoy.

—¿Nunca habías visto una tormenta eléctrica?

—Sí, toda la vida. Donde vivo hay tormentas seguido —parece ahora más confundido que antes—. La noche en que murieron mis padres estaba lloviendo y había truenos, creo que mi cerebro sólo hizo la conexión —se me llenan los ojos de lágrimas, ¿jamás podré volver a disfrutar de una tormenta eléctrica como lo hacía con papá? ¿Eso es algo más que perdí al perderlos?

—¿Quieres hablar de eso?

¿Quiero hablar de eso?

¿Hablar de la muerte de mis padres?, ¿de cómo perdí mi herencia? ¿De cómo perdí la casa?, ¿de cómo perdí a mi hermano? Hay tanto que quisiera poder decirle, y sería tan simple.

Él me abrazaría y sostendría con fuerza contra sí, y en silencio sin decir ni hacer nada más podría volver a unir todos los pedazos de mí.

¿Hablarle de los meses que siguieron desde que dejé la casa?, ¿De cómo todo salió mal con Eric?, ¿De las puertas cerradas con las que me topé intentando buscar empleo?, ¿Del hambre?, ¿Del miedo?, ¿Contarle de Don y ese burdel en el que trabajé?, ¿Decirle que incluso aunque han pasado varias semanas yo aún sigo pensando que un día despertaré en esa horrible vida?

¿Él sería capaz de sólo abrazarme y sostenerme sin juzgar?

¿Podría?

Niego con mi cabeza, aunque las palabras se atascan y golpean entre sí dentro de mi garganta queriendo ser liberadas

—¿Podrías solo abrazarme y no decir nada?

Me quita el té de las manos, deja su taza en la mesita frente al sillón y me jala hacia él envolviéndome en sus brazos. Me inundo con el olor de su cuello mientras escondo mi rostro ahí. Cielos.

¿Por qué amar y mentir tiene que ser tan complicado?


AGRADECIMIENTOS a: Adriu, Angryc, Wenday14, Carita1999, Narraly, Viridianaconticruz, Geminis1206, Maze2531, Daniela, Nana, Sara, Guest, SindyPaolaJarabaGOnzalez, Noriitha, Florcitacullen, PatriciaLugueraDiaz, Nenita, Erika, Diara, MayJhonsonD, Terewee, AleCas, Cindi77, Diana, OnlyRobPatti, Karlanicolepa, TeamEdward y a todos los que firman con anonimo. Gracias, gracias.

Me pondré en un momento al día con las respuestas a sus comentarios.

Una dinámica un poco más atrevida, ¿creen que podamos llegar a los 500 comentarios antes de la siguiente actualización (vamos en el 412)? Un pequeño adelanto:

—Dolores no está enferma —explicó.

—¿Salió de viaje? —la casa estaba evidentemente bien arreglada.

—Regreso a su horario normal.

—¿Su horario normal?

—El apartamento es pequeño y no somos un desastre, así que solo limpia hasta las dos de la tarde. Ese ha sido siempre su horario.

Oh.

No lo dijo pero supe que la extensión de horario se debía a mí.

—Le pedí a Teodoro que te entregara esa llave ayer.

—¿Tú le pedist... qué?

Sonrío.

—Si hubieras querido robar algo, ya lo habrías hecho.

—Pero no es buena idea.

—¿No? —ahora me miró con el ceño fruncido.