Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
CHARLIE
Angielizz (Anbeth Coro)
Ella
Viernes
16:25
Hoy por fin llega Charlie. Es la razón por la cual he llegado tan lejos, lo único que he deseado todos estos meses ha sido volver a ver esa carita sonriente de nuevo. He sido capaz de trabajar en un burdel para poder cumplir con mi parte de enviarle dinero cada mes, ¿pensaría alguien que no sería capaz de añadir una mentira más por él? ¿Incluso si eso pone en riesgo mi estabilidad?
La llave del apartamento pesa en mi bolsillo del pantalón como si tuviese una tonelada dentro, eso pesa la culpa por engañar a Edward.
Le conté a Edward de mi visita ese mismo sábado porque necesitaba comenzar a crear un nuevo engaño a sus ojos y pensaba que entre más pronto iniciara más sencillo sería mantener la mentira.
—Quería hablar contigo de algo —empecé mientras servía la cena. Edward parecía distraído en el celular, miró hacia mí y sonrío como si todo el estrés y carga laboral anterior hubiera podido desaparecer tan simple como solo una mirada hacia arriba.
Tragué saliva, odiaba mentirle, pero era necesario. Esto era el resultado de mis múltiples omisiones sobre mi pasado. Tal vez si hubiera sido honesta desde el principio… aunque ya era demasiado tarde para echarme atrás. Lo único que podía hacer era seguir tejiendo la larga mentira que me perseguía.
—Un viejo amigo vendrá a la ciudad el próximo fin de semana—comencé intentando hacer que mi voz sonara animada y casual— así que estaba pensando en pasar unos días fuera del apartamento —fingí que la comida necesitaba toda mi concentración mientras ponía queso parmesano encima de la pasta y decoraba con cuidado la ensalada en el plato.
—¿Un viejo amigo?
La idea no era de su agrado, no necesitaba mirarlo para saberlo. Acomodé una hoja de lechuga con lentitud sobre otra.
—Sí, es la única persona de mi pasado así que no hay nada de qué preocuparse, lo conozco bien.
Silencio. ¿Acaso no sonaba lo suficientemente convincente? Añadí el filete de carne.
No había más que hacerles a los platos, puse un tenedor y cuchillo en cada uno y le entregué a Edward el suyo. Tuve que obligarme a ser valiente y mirarlo a la cara.
—Él podría venir a recogerte aquí —asiento una vez como si estuviera considerando esa posibilidad.
—No conoce la ciudad, yo tampoco, así que sólo nos perderíamos. Y no quiero tener que trasladarme de noche y sola —desvíe la mirada y comencé a servir agua en los vasos poniendo toda mi concentración en hacer que mis manos no temblaran.
—Si lo necesitas yo puedo pasar por ti.
—Oh eso es muy amable de tu parte, pero no quiero ser una molestia. Además, él ya hizo las reservaciones del hotel y todo eso.
Silencio, tragué saliva.
—¿Y cuántos días planeas pasar fuera?
—Hablé con Alice esta tarde y me dio el sábado y el lunes, voy a reponer esas horas en la semana, no te preocupes. Él llegara el viernes por la tarde.
Era una mentirosa, pero era una mentirosa responsable.
Edward dio un largo trago a su vaso de agua y me miró. Pensé en Charlie, concentrada en mi único objetivo, hacer esto bien me aseguraría tener al pequeño niño de sonrisa traviesa a mi lado de nuevo y era lo que más quería en el mundo.
—¿Un viejo amigo? —asentí con rapidez, aunque sabía que no lo estaba engañando, a Alice tampoco había conseguido engañarla al teléfono una hora antes, ¿quién podía culparme? Era una terrible mentirosa, aunque todo lo que podía hacer para sobrevivir era mentir.
—Sólo serán unos días.
—No tienes que pedirme permiso, Bella —uh, ¿por qué mi nombre sonaba tan cortante en sus labios?, me moví un poco incomoda en mi lugar—, ojalá te diviertas esos días. Tengo una reunión en línea, comeré desde mi oficina —dijo mientras se levantaba de su lugar con el plato y me dejaba ahí sin ser capaz de formular ninguna oración.
Los siguientes días fueron extraños. Si había pensado que estábamos creando alguna especie de amistad entre los dos, eso se fue al caño por completo.
Edward salía antes de que yo estuviera lista para ir a trabajar y regresaba demasiado tarde. Basicamente pasaba todo su día trabajando, ¿la razón? De acuerdo al post-it que encontré el lunes por la mañana sobre la barra: Bella, esta semana estaré ocupado en reuniones, siéntete con la libertad de andar e ir a donde quieras, es posible que no coincidamos estos días, pero agradecería si no incendiaras el edificio.
¿Con amor? ¿Te extrañaré? ¿Llámame si te sientes sola? No. Nada excepto palabras que cabían sin dificultad en un post-it. Así que tal y como había indicado su mensaje del lunes, no coincidimos los siguientes días. Si estaba molesto por lo de mi falso viejo amigo o no, jamás podría descubrirlo. Lo que me tenía un poco nerviosa, pero honestamente apenas notaba los nervios, entre más se acercaba el viernes más ansiosa y alegre me volvía. Tendría a Charlie.
Había enviado el dinero del boleto de avión, Charlie no paraba de hablar sobre nuestro próximo reencuentro al teléfono, y su felicidad era tan tangible que me hacía quitar cualquier duda que pudiera tener sobre Tía y el viaje. Era un hecho. Llegaría hoy a las ocho de la noche.
Aunque claro, no todo era perlas y brillos. Antes de encontrar a Charlie debía someterme a un día de compras con Alice.
¿Por qué? Porque al parecer mientras Edward me ignoraba de manera olímpica, Alice había aprovechado estos días para acercarse a mí y ahora éramos como amigas. ¿Se puede tener esa clase de relación con tu jefa y hermana del hombre con el que vives? Parece que sí.
Lo que no parecía fuera de serie porque después de la cena de Jasper, de bailar muy borrachas y todo eso, ser amigas se sentía como el siguiente paso.
¿El siguiente paso después de ser amigas? Ir de compras de ropa interior. Por supuesto.
Pasé mis dedos por encima de la tela de encaje con el cuidado de quien sabe que tiene algo costoso entre sus dedos. Encaje esmeralda con diseños elegantes.
—¿Qué te parece? —preguntó Alice a mi espalda.
Era divino, estaba segura que nunca había tenido uno como este entre mis manos. Venga, tenía bonitos brassieres con encaje floreado, pero nada como esto. Esto no era bonito. Era divino, era capaz de hacer que cualquier mujer dentro de estas prendas se convirtiera en un ser deseable.
¿Lo suficiente deseable para tentar a un hombre como Edward? No lo creía. ¿Además qué clase de excusa podría usar para andar con esta ropa interior fuera de mi habitación? Me ruboricé sólo imaginando en las terribles y poco creíbles mentiras que diría cuando me descubriera en su cocina con esto y nada más.
—Lo sabía —dijo Alice ante mi falta de respuestas, la miré con una ceja levantada y Alice me quitó la prenda para añadirla a la canastita plateada con el resto de prendas elegidas.
—Es muy caro —intenté quitarlo de la pila de prendas, pero se movió veloz para evitarlo.
—No. No. ¿Qué tal si me hablas de este "viejo amigo"? —dijo añadiendo comillas con sus dedos en el aire.
Miré al suelo, lo último que quería era añadir más mentiras a mi pila de mentiras interminables. Si pensaba que Edward era amable, Alice le superaba, ella era lo más cercano a una amiga que alguien había sido para mí desde Paulina, sí, desde Paulina quien salía con mi exnovio Eric.
Alice no sólo intimidaba a las personas que intentaban mirarme sobre el hombro, sino que me empujaba constantemente para creerme el rol de alguien que valía la pena, osea que era muy amable con mi autoestima que siempre andaba por el suelo.
—Ya te dije que no es ese tipo de amigo —evadí la pregunta lo mejor que pude. Suspiró, al parecer mi respuesta no era lo que ella esperaba escuchar.
—¿Entonces por qué aceptaste venir a comprar ropa interior? —touché. Me ruboricé de nuevo y ella soltó una carcajada en contrarespuesta a mi rubor. Algunas clientes se giraron a vernos.
—Shhh —intenté callarla haciéndola reír más.
—¿Así que sí es ese tipo de amigo? —negué de nuevo con mi cabeza.
—Necesito ropa interior nueva —evadí. LO que era cierto, ahora mismo llevaba puesto un ridículo sostén de arcoíris y unas panties negras que no iban a juego. ¿Y para que quería yo ropa interior de encaje y a juego? Exacto. Para Edward, lo que era patético porque jamás tendría oportunidad con alguien como él, mucho menos con él.
—Mírame —Alice agarró mi mentón con un poco más de fuerza y menos dulzura obligándome a mirarla.
—Necesito ropa interior nueva —moví un poco mi blusa hasta tomar el tirante de mi ropa interior y mostrarle los arcoíris.
—¿Ropa interior para tu viejo amigo? —negué con mi cabeza y debió ver la verdad a través de mis ojos porque sonrío complacida, soltando mi cara—, ¿sabes que Edward está enloqueciendo ahora mismo, no? —levanté una ceja sin tener idea de cómo relacionar ropa interior, a mi hermano/viejo amigo, y a Edward en la misma oración.
—¿De qué hablas?
—Pues que tú estás aquí, comprando ropa interior. Y más tarde estarás con tu secreto amigo.
—No es un… —sí lo era, era un secreto, aunque no un amigo, bufé infantil y ella seguía sonriendo— ¿y eso qué tiene que ver con Edward? —me crucé de brazos.
Alice imitó mi postura, levantando su ceja, sin dejar de sonreír.
—Ya lo verás. Lo mejor de todo es que le ganaré una apuesta a Jasper —pareció cambiar de tema. Era demasiado mala con seguir los cambios de temas bruscos, pero al menos ya no hablábamos de Charlie.
—¿Una apuesta?
—Oh claro, tú sigue buscando ropa bonita para ti. ¿Crees que esto le guste a Jasper? —dijo eligiendo un babydoll rojo, negué con mi cabeza, era algo que usaría mi madre y no Alice. Elegí una color azul celeste.
—Es más de tu edad.
—Me encanta, ¿podrías sostenerlo para mí?
—¿Para ti? —pregunté levantando una ceja y ella asintió. Sostuve el pedazo de lencería costoso del gancho.
—Para hacer enloquecer a Jasper —dijo mientras sacaba el celular y tomaba una foto.
—¡Alice! —grité al darme cuenta demasiado tarde de sus intenciones.
—Oh creeme, no hay nada mejor que tentar la cordura de un buen hombre —dijo mientras texteaba y enviaba el mensaje. Guardo el celular y yo seguía mirándola.
—¿Y van en serio? —pregunté esperando que Jasper fuera un tema lo suficientemente lejano a Edward o a mi falso viejo amigo.
—Eso creo… no lo sé. Sabes que es el mejor amigo de mi hermano ¿no? Pero honestamente nunca pensé que fuese a salir con alguien tan…
—¿Guapo? —me aventuré y ella se río.
—Diferente a mí. Jasper siempre está metido en relaciones serias o siendo un soltero empedernido, no hay medias tintas con él.
—Pero ahora está contigo.
—Lo que debería tenerme vuelta loca porque me dan repelus las relaciones formales, pero tuve tres citas con él antes de tener sexo con Jasper.
—¿Tres citas es poco? —¿en qué cita la gente debería tener sexo? ¿Existía realmente un numero?
—Usualmente nunca tengo citas antes de tener sexo —dijo Alice agarrando unas panties de colores y añadiéndola a la canastita de cosas para mí.
—¿Sexo con desconocidos? —me miró y asintió.
—No entendía porque perder tiempo con ninguno de esos tontos si lo único que quería de ellos eran orgasmos —fue mi turno de carcajearme.
—¿Y siempre lo consiguen? —negó mostrándose un poco abatida.
—No era un plan muy perfecto —admite—, ¿Edward te ha contado sobre el duplicado que me dio de su apartamento? —asentí sonriendo al recordar la expresión de Edward sobre el tema—, ese sí era un plan perfecto. No había manera que esos locos volvieran a buscarme. Los porteros de su edificio son los mejores en alejar pretendientes.
—¿Así que sí iban? —pregunté arrugando la nariz.
—Uf, por supuesto. ¿Tú no irías después de esas locas noches de sexo? —me reí de nuevo, aunque venga Alice no sólo era divertida y encantadora, era tan guapa como su hermano, la belleza venía en los genes— pero Jasper no, de hecho, se negó a besarme la primera vez que me lancé a él. Pero seguía llamando y buscándome. Distante y cerca al mismo tiempo, sencillamente enloquecieron mis barreras. Y la primera vez que pasamos juntos —negó con su cabeza como recordando—, ni siquiera busqué una excusa para salir huyendo en la madrugada. Eso era tan poco Alice y tan Jasper. ¿Sueno como esas adolescentes enamoradas, no? —preguntó y asentí lentamente—, te juro que esta no soy yo —dijo riendo.
—Pero eres feliz, ¿no?
—Mucho.
Él
Viento de cara - Supersubmarina
Estoy enojado.
Lo sé porque no paro de apretar los puños, jalar mi cabello y morderme las mejillas por dentro. Estoy enojado.
Y sé porque estoy enojado.
Bella.
El novio de Bella.
El novio de Bella con el que ella pretende pasar todo el fin de semana en un hotel.
El novio de Bella con el que ella pretende pasar todo el fin de semana teniendo sexo en un hotel.
El novio de Bella con el que ella pretende pasar todo el fin de semana teniendo sexo en un hotel, mientras a mí me revientan los huevos de coraje.
No es para tanto, y si lo pensara racionalmente debería dar saltos de felicidad porque eso significa que cada día está más cerca de irse de mi apartamento.
Pero no. Estoy enojado. Estoy celoso.
Y son las seis de la tarde, y ella no ha regresado, es viernes y en lugar de que esté aquí ella se encuentra de compras con Alice, porque la arrastró en cuanto se enteró de los planes de Bella para que consiguiera ropa interior acorde a sus intenciones en lugar de ponerse de mi lado.
Miro el celular por decima vez en los últimos dos minutos. Bella riendo con un pedazo de tela que se supone es ropa interior. ¿Alice quiere matarme o algo así?
¿Por qué nunca puedo predecir lo que hará Alice? Pareciera que no importan los años ella siempre va a tomarme por sorpresa, ¿pero tenía que ponerse de su lado justo ahora? Pensé que Bella no era de su agrado, pero parece que una cena, alcohol y varios bailes después son inseparables. ¿No era lo que yo quería desde el principio? Sí. Pero no imaginé que esa amistad fuera a jugar en mi contra.
O sólo quiere desquiciarme al igual que Bella, lo que no sería extraño de Alice.
Una hora después de enterarme de los planes de Bella, lo único de lo que fui capaz fue de encerrarme en el baño de mi habitación y llamar a mi hermana esperando que ella pudiera hacer recapacitar a Bella de la locura que estaba por hacer.
Bella pasó meses sin recibir ayuda de nadie y de pronto aparece un desconocido dispuesto a pasar un fin de semana con ella en un hotel, ni más ni menos, qué considerado de su parte.
Y ella, tan ingenua, acepta sin ver el peligro al que se expone.
—Ni lo sueñes —fue la respuesta que recibí de Alice.
—¿Disculpa?
—Ya le di los días libres, no me voy a retractar, Edward.
—Te estoy explicando la situación y a ti te vale una… —respiré hondo, con maldecir no conseguiría nada de su parte—, te lo estoy pidiendo como tu hermano.
—No puedo hacer eso que me pides, me dijiste que la tratara como una empleada más y se ha ganado esos días por su cuenta.
—Entonces te lo pido como tu socio, no me parece buena idea dar vacaciones cuando no lleva un año con nosotros.
—Oh por favor, ¿ahora nos vamos a ajustar a las leyes? ¿Por qué no eres sincero contigo mismo?
—Ni siquiera había mencionado a un viejo amigo, esto no me parece lógico, es todo.
—¿No tiene nada que ver tus celos en todo esto?
—¿De qué estás hablando? Mientras Bella viva conmigo ella es mi responsabilidad.
—¿No es eso lo que te está molestando? ¿Qué vive contigo, pero está dando brincos por pasar un fin de semana fuera?
—Alice —pero en lugar de que mi tono de voz resultara amenazante sólo la hice reír. Impredecible como siempre.
—¿Por qué no le dices la verdad?
—La verdad es que todo eso es una estupidez y además un riesgo para su seguridad.
—Y que podrías darle todo eso que su amigo le dará y por más tiempo que solo tres días.
—Alice.
—Edward, Edward, Edward. Cuando te digo que soy la ultima persona que esperaba verte en una relación después de Heidi lo digo en serio. Pero eres tan…
—¿Enojón?
—Divertido. Eres muy alegre a su lado.
—¿Lo has deducido por una cita en la que pretendíamos ser pareja? Se supone que debía parecer divertido y alegre a su lado.
—¿Sabes que he aprendido con Jasper? —por favor que no hable de sexo, por favor no sexo, no sexo, mucho menos del sexo con Jasper—, que te toma por sorpresa.
—¿Qué cosa?
—Ya lo descubrirás. Pero mi respuesta sigue siendo no. No voy a cambiar de parecer. Lo siento.
Genial.
Miro a la puerta y espero.
En realidad, no debería estar esperando, debería estar en mi oficina trabajando, pero fue imposible seguir un segundo allá cuando todo en lo que pensaba era en estar aquí, con Bella. Aunque ahora ella no está aquí, sino comprando lencerías para usar con ese idiota.
Aunque ese idiota que pasara el fin de semana con ella, no es tan idiota como yo que desperdicié todos estos días cuando pude haber encontrado una manera de convencerla para modificar sus planes.
Y ahora lo único que espero es que ella llegue y poder persuadirla de dejarme acompañarla al aeropuerto y de ahí al hotel, así sabría quién es el viejo amigo y dónde estará en caso de que necesite mi ayuda.
¿Eso es algo decente, cierto? ¿Por qué ella se reusaría en aceptar ese tipo de ayuda? Para mí parece un plan infalible.
El teléfono de la casa suena. Lo ignoro sin moverme del sillón, el teléfono de la casa nunca suena. Si alguien quiere buscarme me llama a mi celular, y yo nunca estoy a esta hora por lo tanto esa llamada no es para mí. Es para Bella.
Y yo debería ignorar el teléfono, pero en su lugar casi corro hacia él para alcanzar a responderlo.
—Bella.
Una voz masculina, pero infantil, suena del otro lado de la línea.
—¿Hola? —vuelve a hablar la voz.
—¿Quién habla?
Silencio del otro lado.
—¿Está Bella? Soy Charlie, necesito hablar con ella.
¿Charlie?
¿Charlie es el novio de Bella con el que se escapara todo el fin de semana? ¿Charlie con voz aguda e infantil? Vaya gustos.
—Aquí vive, ¿puedo ayudarte en algo?
—Estoy en el aeropuerto, mi avión salió antes y tía no me dejó avisarle a Bella para que estuviera aquí. El señor de seguridad quiere que venga a recogerme un adulto o no me dejará ir. ¿Podrías decirle que venga? —el que entiendo es Charlie, un niño, dice todo eso de corrido como si fuese vital que yo entendiera cada parte de su situación.
—Claro, ¿en qué aeropuerto estás?
—¿En que aeropuerto estoy? —se dirige a alguien diferente—. El principal, duh.
—¿Charlie, puedo hacerte una pregunta?
—Ya la estás haciendo.
Pequeño sabiondo.
—¿De qué conoces a Bella? —venga, podría ser su novio con voz infantil, pero con cuerpo de fisicoculturista, he escuchado que los esteroides te joden la voz.
—¿De qué la conozco? Es mi hermana, duh.
¿Su hermana?
¿Bella tenía un hermano?
—¿Vienes a pasar el fin de semana con Bella?
—Claro, ¿es que tú no sabes nada?
Pues no, de hecho, no sé nada.
Ella
Charlie llegará a las ocho de la noche, lo que me da tiempo suficiente para llegar al apartamento preparar una maleta pequeña, coger un taxi, recogerlo en el aeropuerto y luego ir al hotel que reservé esta semana. Es una pena que el frente frío de estos días nos impida cualquier posibilidad de hacer uso de la alberca incluso si tiene calentadores de agua. A Charlie le habría gustado.
—Muchas gracias, Alice –le digo al bajar de su camioneta negra, Alice sonríe y sacude su mano.
—Mucha suerte –levanta sus pulgares hacia mí.
Pasé toda la tarde eligiendo ropa interior con Alice, me habría gustado sincerarme y decirle que sus esfuerzos por hacerme sensual eran en vano porque yo no pasaría un fin de semana de sexo y desenfreno, como ella creía.
En lugar de ser honesta, estuve eligiendo lencería y encaje, aunque no pensaba en Charlie, sino en un hombre con ojos azules y un lunar en el cuello. Me mordí el labio con fuerza mientras esperaba dentro del elevador a llegar al piso 32.
Desde que lo había visto en toalla y con el abdomen mojado no había vuelto a pensar en él como mi simple salvador. Era un hombre, y uno irresistible, y aunque había sido inmune a su encanto durante varias semanas, no parecía encontrar la fortaleza para volver a esa inmunidad.
Así que iba pensando en el empapado cuerpo de mi compañero de piso cuando las puertas del elevador se abrieron, caminé por el pasillo sacudiendo mi cabeza como si así de simple fuese sacarme de la cabeza a Edward.
Abrí la puerta y lo primero que reconocí fue el olor de palomitas de mantequilla, olfatee en el aire, el sonido no provenía de la sala ni de la cocina. Estos días las cosas con Edward habían estado un poco extrañas y yo no quería fugarme un fin de semana completo sin asegurarme primero que todo entre nosotros estaba bien.
Así que pensé que era imposible que alguien estuviera de mal humor mientras comía palomitas de mantequilla. Me di la confianza que necesitaba y caminé hacia la habitación de juegos con mis dos bolsas de Victoria Secret en cada mano.
Había decidido darle algún detalle extra de este falso viejo amigo, como que era gay y que estaba muy triste por haber roto con su novio, posiblemente eso podría tranquilizarlo.
Eso debía funcionar, ¿no? Abrí la puerta y
—¡Bella!
Charlie.
Muchas gracias por leer, comentar y seguir esta historia. Especialmente a: Yalo Quero, OriCullen-Swan, OnlyRobPatti, Rosiichita, Guest, AngryC, Catita1999, Narraly, Adriu, Cinti77, Noriitha, TeamEdward, Erika, Alecas, Terewee, Indii93, Robersten-22, OnlyRob, Vane, Analy, Sara, ViridianaContiCruz, Erika, Geminis1206, Maze2531, Wenday14 y ClaribelCabrera.
Tengo listo los siguientes cuatro capítulos ;) Nos leemos el próximo lunes o en cien comentarios.
¿Cómo crees que se ha tomado Edward la identidad del viejo amigo de Bella?
