XVII
Corte marcial

Al principio, me permitieron permanecer en mi habitación para descansar apropiadamente de la misión, pero cuando los informes de la expedición fueron entregados a la junta militar, me llamaron inmediatamente al tribunal militar, donde fui acusada de desobedecer una orden directa por parte de mis superiores. Yo les expliqué lo que realmente había ocurrido, pero cuando me preguntaron por alguna evidencia que respaldara mis palabras, solamente les pude decir que contaba con el testimonio del capitán Levi. Entonces, me dijeron que el testimonio del capitán no servía de nada si no había evidencia física. Después de la audiencia preliminar, me comunicaron que el caso sería llevado a juicio, y que éste se llevaría a cabo en Stohess, en el muro Sina. De inmediato comprendí la intención detrás de aquel movimiento. Realizar el juicio en Karanes o en Trost no sería ideal para los propósitos de la Policía Militar, porque en esas dos ciudades ya se conocía que la misión del Cuerpo de Exploración había sido un éxito. Dentro del perímetro del muro Sina, otra era la percepción. Quizás lo único que podía rescatar de aquella decisión era que iba a estar más cerca de Krista. Me pregunté si estaría presente en el juicio, y si ya sabía que yo iba a ser enjuiciada.

El juez dictaminó que yo debía pasar el tiempo de duración del juicio en el calabozo, debajo del tribunal militar. Por esa razón, me trasladaron desde las barracas en Trost hasta el tribunal en Stohess. Varios de mis compañeros de la 104 me acompañaron en el viaje, incluyendo a Eren, quien lucía bastante preocupado por mi destino. Durante el trayecto, fui capaz de intercambiar algunas palabras con él.

—Arriesgaste tu vida para rescatarme de Annie —dijo Eren, quien había recibido permiso para viajar en el carruaje conmigo—. Siempre había pensado que eras demasiado obsesiva para mi gusto, que actuabas como mi mamá o mi hermana mayor. Pero ahora, ya no pienso de ese modo. Quién sabe qué es lo que Annie me habría hecho si tú y Levi no hubieran hecho nada.

—Yo también te debo mi vida —dije, tomando una de sus manos, y, para mi sorpresa, él no la apartó—. Te… pido disculpas si te hice la vida difícil preocupándome por ti. Es que… hay algo que hace que siempre vaya en tu auxilio cada vez que estás en peligro. —Después de esas palabras, no pude seguir, así que decidí permanecer en silencio. No quería cargar a Eren con más problemas.

—Mira, Mikasa —me dijo, retirando lentamente mi mano de la suya—, no es que no agradezca tu preocupación. Es solamente que hay veces en que lo llevas muy al extremo. Lo único que te pido es que seas capaz de dejarme hacer cosas por mi cuenta.

—Lo… lo intentaré —dije, tratando de mostrar una sonrisa, pero me salió un rictus un poco incómodo. Eren no dijo nada, sin embargo.

Después de ese momento, ya no quise hablar con nadie más. El resto del viaje lo hice en completo silencio.

Nos demoramos todo el día en llegar a Stohess. Era la primera vez que viajaba a algún distrito del muro Sina, y era impresionante la seguridad que había en la entrada a la ciudad. Los controles de seguridad eran muy estrictos, porque no cualquiera podía irse a vivir allá. Solamente los más ricos, o aquellos que hayan escogido entrar a la Policía Militar, podían acceder a vivir en los distritos del muro Sina, y especialmente en Mitras, la capital. Era natural que en este sector, la Policía Militar tenga más influencia y sea capaz de conducir juicios en la dirección que ellos deseaban. Y era conocido que la Policía Militar siempre tenía roces bastante amargos con el Cuerpo de Exploración. Había muchas explicaciones para estos choques, y la versión oficial tenía relación con la falta de resultados del ejército comandado por Erwin Smith. Pero yo sabía que tenía más que ver con un complejo de superioridad que con cualquier otra cosa. Hay que recordar que los diez primeros de cada promoción tenían la opción de entrar a la Policía Militar. Todos los que lo hacían, de manera invariable, comenzaban a comportarse como si ellos valieran más que el resto de los soldados del ejército. Pero yo sabía que no todos ellos eran así de arrogantes, pero a los altos mandos les gustaba alimentar aquella noción. ¿La razón? No me pregunten a mí, no soy un miembro de la Policía Militar.

Fui trasladada directamente al calabozo. Me pusieron grilletes, en las muñecas y en los tobillos, cosa que me fuese incómodo dormir, o descansar.

—Maldito explorador —decían los soldados a menudo, lo que no me hacía sentir mejor.

Cuando cerraron la celda, pusieron dos guardias a mi disposición, ambos sosteniendo rifles. Era de las pocas veces que había visto armas de fuego, pues estaba acostumbrada a pelear con espadas, pero, dada mi situación, no podía decir que me fascinase mucho.

No sé cuánto tiempo pasó desde que me encerraron hasta que un grupo del Cuerpo de Exploración me vino a visitar. Eran Erwin, Levi, Hange, y un sujeto alto y corpulento al que le gustaba olfatear a la gente. Creo que se llamaba Mike, o algo así.

—Hemos venido a apoyarte en el juicio —dijo Erwin, mostrando una sonrisa un poco cansada—. Están preparándolo todo allá arriba. Deberían venir por ti en unos pocos minutos.

—Te sacaremos de esta —añadió Hange, luciendo confiada en que iba a salir de esta pocilga—. He estado observando el cuerpo de Annie, y he encontrado evidencias de que tú no desobedeciste ninguna orden. Las presentaremos cuando la parte acusadora haya concluido con sus alegatos. Así, nuestro caso ganará más peso, y este juicio estará en nuestras manos.

—Descansa —dijo Levi con ese tono parejo y desapasionado que le caracterizaba—. Necesitamos que tengas la cabeza clara.

Y con esas palabras, la comitiva del Cuerpo de Exploración se fue de los calabozos. Noté que los dos guardias que custodiaban mi celda hicieron muecas de disgusto bastante visibles. Era como si cualquier soldado del Cuerpo de Exploración no se hubiese tomado un baño en siglos.

Cuando todo estuvo listo, cuatro guardias me escoltaron en grilletes hasta el tribunal. El lugar estaba dispuesto de forma similar a cuando Eren estuvo en la misma situación que yo. Había varios miembros de las tres ramas del ejército, y pude ver a Eren, Armin, Jean y los demás. En el palco de los testigos se encontraban Erwin, Hange, Mike y Levi, junto a varios representantes de la Policía Militar. El juez, por desgracia, no era el capitán general del ejército, sino que era un juez regular, quien vestía el uniforme de la Policía Militar. Aunque me habían asegurado que el juicio iba a ser completamente imparcial, no confiaba en el que juez lo fuese. Puede que sea uno de aquellos que no alimentase rencor alguno hacia el Cuerpo de Exploración, pero eso no lo sabía con certeza. Básicamente, tenía que estar preparada para cualquier cosa.

El juez tomó asiento. De ese modo, el juicio dio comienzo.

—Damas y caballeros aquí presentes —comenzó el juez con una voz alta y clara—, estamos reunidos aquí para buscar justicia ante un hecho de desacato grave de la cadena de mando.

Nadie dijo nada. El juez continuó.

—Su nombre es Mikasa Ackerman, ¿no es así?

—Así es, señor —respondí, con un pequeño nudo en la garganta.

—Mikasa Ackerman, ¿es usted consciente de la gravedad de las acusaciones que enfrenta?

—Lo soy, señor —fue mi respuesta. El nudo se hizo más pequeño.

El juez comenzó a hojear una serie de papeles, leyéndolos rápidamente, para luego ordenarlos y ponerlos en su sitio.

—Bien. De acuerdo a los reportes de la expedición número 57 afuera del muro Rose, usted dio caza a un titán excéntrico que se había llevado a uno de sus compañeros. ¿Es correcto?

—Lo es, señor.

—Usted, en compañía del capitán Levi, aquí presente, dieron caza a esta… titán hembra, y lucharon contra ella, derrotándola y rescatando a Eren Jaeger. ¿Es eso cierto?

—Sí, señor.

—¿Es correcto que recibió una orden explícita de capturar a la persona en el interior del titán hembra con vida?

—Así es, señor.

—¿Y cree usted que cumplió a cabalidad con dicha orden?

—Lo creo, señor.

—Entonces, ¿por qué cuando extrajo a la persona desde dentro del titán, ya se encontraba muerta?

Tragué saliva. Aquella era la pregunta del millón, la pregunta que esperaba que fuese resuelta durante este tribunal.

—Porque creo que la portadora del titán hembra se hizo eso a sí misma.

Hubo un murmullo de desconcierto a lo largo y ancho de la sala del tribunal. Mientras tanto, el juez hizo caso omiso de la conmoción, dejó de clavar su mirada en mí, y la torció hacia uno de los miembros de la Policía Militar, la parte acusadora en este caso.

—De acuerdo a nuestras investigaciones, el cuerpo de Annie Leonhart presentaba daño extenso en la boca y en la parte posterior de la cabeza, inmediatamente superior a la nuca. El corte es demasiado liso para tratarse de una explosión o un disparo de bala. Aquel grado de lisura indica que la cabeza de Annie Leonhart fue atravesada por una espada militar, usando una gran fuerza. Pese a que no se requiere demasiada fuerza para realizar semejante corte, nuestras investigaciones apuntan a que Annie no llevaba una espada consigo en el momento del incidente. Además, los reportes de la misión indican claramente que la soldado Ackerman estaba lo suficientemente cerca de la soldado Leonhart para realizar la maniobra.

Cuando escuché el relato de la parte acusadora, me di cuenta que estaban basando sus conclusiones en evidencia circunstancial. Me permití tener un cierto nivel de optimismo de cara al juicio.

—¿Tiene la espada que realizó el corte? —preguntó el juez al oficial representante de la parte acusadora.

—Sí, señor.

El efectivo de la Policía Militar se acercó al estrado y presentó la espada que había atravesado la cabeza de Annie. Noté que la hoja lucía como nueva, salvo en su parte anterior, la que presentaba evidente desgaste. El juez también se dio cuenta de ello, llevándose una mano al mentón.

—También recuperamos la espada que usó la soldado Ackerman para realizar los cortes que, supuestamente, extrajeron a Annie del cuerpo del titán. —El oficial dejó la espada encima de una mesa, junto a la espada que habíamos encontrado atravesando la cabeza de Annie—. Como puede ver, el nivel de desgaste es el mismo. Como los reportes indican, la soldado Ackerman fue la que estaba más cerca del titán en el momento del incidente, y es sabido que ella posee una fuerza superior a la del promedio de los soldados del ejército. Solamente alguien con su fuerza puede desgastar una espada de acero de ese modo.

Hubo un murmullo de conmoción entre todos los presentes, y yo volví a tragar saliva. Debía admitir que esos tipos de la Policía Militar habían hecho bien su trabajo, aunque eso no representara ningún consuelo para mí.

—¿Y esa evidencia prueba la desobediencia de la acusada?

—Prueba que siempre tuvo la intención de matar a la titán hembra, en total oposición a los parámetros de la misión. También investigamos si pudo haber algún motivo para tal actuación, y encontramos que sí la hubo.

Aquella declaración me sorprendió. Era cierto que yo tenía una motivación para querer muerta a Annie. Esperaba que la parte acusadora dijese que yo quería matar a Annie para proteger a Eren, lo que haría mi defensa bastante más simple. Bastaba con probar que yo nunca desobedecí las órdenes del capitán Levi, y confiaba en que Hange hubiese hecho su trabajo.

—¿Y cuál fue?

—Nuestras fuentes llegaron a la conclusión que, durante el trayecto hacia el bosque de árboles gigantes, la acusada fue secuestrada por Annie Leonhart, después de lo cual, sufrió abusos sexuales en su contra. Aquello, por sí solo, era motivo suficiente para ignorar los objetivos de la misión y emprender una misión de venganza.

Por un momento no estuve segura de que hubiese escuchado bien. ¿Acaso ese reverendo imbécil había dicho que Annie abusó sexualmente de mí? Pero luego, entendí que aquello no era una broma. La parte acusadora había dicho, con una cara seria, que yo había sido abusada sexualmente por Annie. ¿Qué mierda? Annie se comportó extrañamente bien conmigo durante el tiempo que estuve cautiva. ¿De dónde rayos sacaron esa idea?

—¿Es eso cierto, señorita Ackerman?

El juez me dedicó una mirada indescifrable y yo tuve ganas de golpearle en la cara por creer semejante falacia. Me fui calmando de a poco, respirando rítmicamente, pero cuando iba a responder a la pregunta, mi mirada se fijó en algo que no había visto antes… o mejor dicho, alguien. Esa persona tenía una expresión de sorpresa en su cara. ¿De qué otra forma podría reaccionar alguien al enterarse que su pareja pudo haber sido presa de un abuso sexual? Bueno, aquello me beneficiaba. Tener a Krista de oyente en el tribunal me serviría para convencer, no solamente a ella, sino que todos los presentes, de la locura de aquella afirmación.