XIX
Furia

Como una hora después de que Krista se hubo ido, sentí unos temblores que no tenían relación con el movimiento natural del suelo. Eran los mismos temblores acompasados que había sentido en la última expedición del Cuerpo de Exploración, y supe en ese momento que Annie no estaba muerta después de todo. ¿Cómo mierda hizo para regenerar la mitad de su cabeza? Pero, a juzgar por lo que ocurrió inmediatamente después, aquello careció de importancia.

Un soldado de la Policía Militar acudió a mi celda, y la abrió. Yo quedé estupefacta ante la acción.

—¿Qué esperas? Sal de ahí. Eres libre.

Sin decir ninguna palabra, salí de la celda y del complejo, solamente para encontrarme con un espectáculo desolador.

La ciudad de Stohess lucía como un campo de batalla después de meses de asedio. El suelo seguía temblando, y vi a un contingente del Cuerpo de Exploración avanzar hacia el norte. Miré en esa dirección, y vi a Eren, transformado en titán, peleando contra Annie, también transformada en titán. Había varios cuerpos ensangrentados, tirados sin orden ni concierto en las calles y colgando de las ventanas de algunos edificios dañados, varios de ellos eran soldados de la Policía Militar. No me sorprendía, en todo caso. Nadie de la Policía Militar estaba realmente preparado para luchar contra un titán, menos contra uno cambiante.

Mientras miraba la devastación en la ciudad, alguien tocó mi hombro. Pensando que tal vez podía tratarse de Krista, giré violentamente sobre mis talones, pero era Levi. Llevaba un equipo de maniobras en brazos. Inmediatamente, quise saber si el Cuerpo de Exploración había sido responsable de mi liberación, pero Levi respondió mi pregunta sin que yo la formulara.

—Annie está viva —dijo Levi, poniéndose delante de mi y evaluando la situación—. Todo el caso que armaron se desmoronó en cuanto lo supieron. No vieron otra alternativa que retirar todos los cargos en tu contra. Pero ahora deberías preocuparte por salvar a los ciudadanos. Recuerda que estamos en terrenos dominados por la Policía Militar. Ahora, más que nunca, debes medir tus acciones.

Mientras me ponía mi equipo de maniobras, me pregunté si realmente debía hacerle caso. La última vez que lo hice, terminé en un tribunal y condenada a cinco años de prisión.

—Con todo respeto, Levi, la única forma de salvar a estas personas es matando a Annie, y nada de lo que me digas me va a convencer.

Ni siquiera permití que Levi respondiera, porque ya había tomado mi decisión, aparte que ya me encontraba en el aire. La verdad, no solamente había escogido desobedecer a Levi por querer venganza en contra de Annie, sino que también para proteger a Eren. No sabía de lo que Annie era capaz de hacer, sobre todo con su conocimiento práctico de muchas técnicas de combate cuerpo a cuerpo. Eren, sencillamente, no tenía la misma experiencia, y era mi deber ayudarle a lidiar con aquella amenaza.

Sin embargo, noté que Levi no había siquiera intentado detenerme. Se quedó de pie, junto al edificio de la Corte Militar, sobándose ligeramente una de sus piernas. Luego, recordé que él se había lastimado durante nuestra última pelea contra Annie. No lo había mostrado en su momento, pero, desde que lo vi en el juicio, había notado que él caminaba apoyándose ligeramente en su pierna derecha, porque había sido la izquierda la que había resultado lastimada. Aquello, aunque se tratara de algo menor, su lesión limitaba seriamente su capacidad para pelear, y por eso me imaginé que no intentó detenerme. Aunque tal vez tenía un poco de confianza en que no iba a perder la cabeza durante la batalla, no lo supe nunca.

Cuando llegué al centro de Stohess, noté que los miembros del Cuerpo de Exploración no parecían tener intención de entablar combate contra la titán hembra. Cuando vi lo que estaba pasando, pensé que Hange, quien estaba al mando del escuadrón que esperaba en el techo de una casa de tres pisos, tenía un punto.

Eren y Annie no parecían darse tregua en la pelea, y había mucha gente que trataba de escapar, no solamente de ambos titanes, sino que también de los escombros que caían desde las alturas. No fue hasta después que vi a un destacamento del Cuerpo de Exploración entre los civiles, rescatando a cuantos podían. A veces se podía ver a un soldado interponerse entre un civil y un titán, perdiendo la vida en el acto, otros empleaban sus equipos de maniobras para alejar a los ciudadanos del peligro, mientras que los efectivos de la Policía Militar se quedaban de pie en los tejados, sin hacer nada, mirando cómo gente era aplastada por los escombros o por los pies de ambos titanes. Pero, de todas las cosas que me tenían enojada, ver tanto a Ymir como a Krista imitar a sus compañeros, hizo que la sangre me hirviera. ¿Cómo eran capaces de ver cómo los ciudadanos corrían por sus vidas, aterrados, sin siquiera ayudarles en nada?

Una llamarada de furia, como ninguna que hubiera experimentado antes, me dominó por completo, justo en el momento en que Annie, usando una de sus técnicas, había decapitado al titán de Eren, dejándolo expuesto. Ignorando las órdenes de Hange o de cualquier oficial con más rango que yo, me impulsé hacia delante con violencia. Tal vez mi mente estuviera nublada por el odio y la injusticia, pero, de algún modo, mi instinto sabía a la perfección lo que debía hacer.

Annie estaba a punto de echarse a Eren a la boca, cuando hice mi movimiento. Les juro que, hasta el día de hoy, no supe cómo pude extender ambas espadas y hacer ese corte, porque había un margen muy estrecho para ejecutarlo, y un humano normal no habría tenido el tiempo suficiente. Al segundo siguiente, Annie tenía los músculos de la boca cortados.

De algún modo, en ese lapso de un segundo, me las arreglé para clavar la línea a un lado del cuello de Annie, de modo que pudiera columpiarme y usar la inercia resultante para aumentar mi velocidad y cortar los tendones de ambas piernas. Annie cayó al suelo con un estruendo que hizo remecer la tierra, e hizo que algunos escombros sueltos cayeran a la calle. A continuación, como si fuese lo más natural del mundo, supe que Annie trataría de cubrir su nuca con una mano, y, como medida preventiva, corté los tendones de los brazos. El cómo logré hacerlo en dos segundos iba más allá de mi entendimiento, pero, al fin, estaba lista para asestarle el golpe de gracia. Estaba totalmente comprometida a terminar con la vida de Annie por todo lo que estaba haciendo en ese minuto y por lo que le estaba a punto de hacer a Eren. Las vidas de muchas personas clamaban que yo pusiera fin a la amenaza de Annie, e iba a actuar en consecuencia.

Pero no lo hice.

Cuando me calmé lo suficiente, lo que no tardó poco, vi que tenía el cuerpo inconsciente de Annie en mis brazos, o al menos el trozo de cristal que lo envolvía. Era extremadamente pesado, incluso para mí, por lo que lo dejé en el suelo, haciendo un sonido bastante peculiar.

¿Qué fue lo que me pasó para no haber asesinado a Annie cuando tenía la oportunidad?

De acuerdo a lo que me contaron mis compañeros más tarde, esto fue, más o menos, lo que ocurrió.

Supuestamente, iba a hacer el corte final, cuando me detuve en pleno movimiento. Lucía pensativa, como si cobrara conciencia de lo que estaba a punto de hacer. Me dijeron que eso me tomó como tres segundos. Después, a juzgar por lo que me contaron, hice dos cortes verticales, como lo había hecho la primera vez, y, mientras trataba de sacar a Annie del cuerpo del titán, cristal comenzó a brotar de su cuerpo, envolviéndolo, y casi habría quedado atrapada junto con ella, de no haber retirado mis manos de las espadas en el momento justo.

De ese modo, la batalla había llegado a su fin, pero no me esperaba que mis compañeros de promoción mantuvieran cierta distancia conmigo. Incluso Hange y Erwin mostraban cierto recelo al felicitarme por haber acabado con la titán hembra en tan poco tiempo. Levi, por otro lado, no parecía sorprendido. Era más, lucía como si eso ya lo hubiera visto antes.

Sin embargo, la última persona que acudió a mi a felicitarme por mis acciones no fue otra que Krista. Tenía las manos juntas y miraba al suelo.

—Gracias… por salvar las vidas de esta ciudad —dijo, con una voz apagada que hablaba de su arrepentimiento por haber hecho lo que hizo—. Nosotros… nos quedamos paralizados de miedo, porque ninguno de nosotros había enfrentado a un titán antes. Olvidé todo lo que me habías enseñado, eso de pelear por las personas que te importan… lo siento.

Gracias al cielo que estaba lo suficientemente calmada para no mostrar ninguna reacción estomacal. De haberlo hecho, habría arruinado mi vida de formas en que ni siquiera me atrevo a imaginar.

—No deberías desoír los consejos que te da la gente —dije, en un tono monocorde debo añadir—. Bueno, por lo menos ya no tengo que cumplir la promesa que te hice. Es un peso menos de mi espalda.

—Por lo menos ves el lado positivo de las cosas.

—Es algo que aprendí de ti —dije, dedicándole una mirada triste, o me imagino que fue de ese modo—. ¿Sabes lo otro que aprendí de ti? Aprendí que nunca debo hacerme ilusiones por amor. Que te vaya bien, Krista.

Y en realidad, no le deseaba el mal a ella. La calma ayudaba bastante a decir las cosas de forma correcta. Solamente había sacado la pajilla más corta en el juego del amor, y me iba a asegurar que jamás volviera a tener mala suerte. Percatándome de que todavía tenía las espadas en mis manos, las enfundé, y encaminé mis pasos hacia las barracas, donde podría encontrar un transporte de vuelta a Trost, y alejarme de todo lo que había pasado en Stohess. Di una última mirada a mi alrededor y vi a mis compañeros de la 104, dedicándome unas miradas inescrutables. Noté que Reiner intentaba en vano no componer una sonrisa, mientras miraba de soslayo a Krista, quien miraba al suelo.

En cuanto a Annie, la Policía Militar, cuya reputación se vio dañada por su falta de acción en la batalla de Stohess, permitió que ella pasara a manos del Cuerpo de Exploración, donde Hange tendría rienda suelta para experimentar con la envoltura de cristal que rodeaba a Annie, y, si se tenía suerte, averiguar un poco más sobre los titanes. Demás estaba decir que la Policía Militar nunca emitió un comunicado oficial, pidiéndome perdón por ser acusada injustamente. No me importaba, sin embargo. Después de la batalla, muchas cosas dejaron de importarme. Incluso agradecía que nadie quisiera tener una relación de pareja conmigo. Incluso mi interés por Eren fue decayendo, aunque no desaparecería por completo hasta más tarde.

Sin embargo, por fortuna o por desgracia, aquel no había sido el fin de mi historia con Krista.