Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
Muy despierta
Angielizz (Anbeth Coro)
¿Puede mi día ser peor?
Cuando salí de mi recamara vestida, encontré el desayuno servido en la isla de la cocina.
—¿Por qué tienes entonces un comedor? —preguntaba Charlie.
—Para las visitas -respondía Edward mientras se escuchaba el sonido del cuchillo contra la tabla de picar.
—¿Tienes dos salas?
—Para las visitas -repitió él sin dejar de hacer lo suyo.
—¿Y por qué desayunamos en la barra?
—Pues nosotros vivimos aquí —explicó Edward, dio un paso más lo suficiente para verlo partir unas manzanas en rodajas que después puso en el plato que tenía Charlie frente a sí.
—¿Y yo puedo vivir aquí?
Decidí que este era un buen momento para salir al rescate.
—¿Con que quesadillas?
Charlie sonrío, podía ver un par de milímetros del nuevo diente aparecer en donde antes había un agujero negro en su sonrisa.
—Edward dijo que podíamos comer lo que quisiera.
Revisé la isla, me recordó a esa primera tarde en que desperté aquí y Edward tenía toda clase de frutas servidas en diferentes tazones. Pasé el nudo de emociones que se había atorado en mi garganta.
—¿Y decidiste asaltar el refrigerador?
—Tiene kiwi. Yo no sabía que eso existía hasta que Edward dijo que esto era un kiwi.
Bueno, aquí también fue mi primera vez comiendo kiwi. Así que ya éramos dos. Me habría gustado tener el coraje para mirar de frente a Edward y agradecerle por su paciencia con mi hermano, pero era una cobarde así que mantuve mis ojos sobre el niño frente a mí.
—Te vas a comer todo eso —señalé su plato lleno de frutas. Asintió.
—¿Qué haremos hoy? -sonaba emocionado por el día que teníamos por delante.
Miré un segundo a Edward, pero el mantenía sus ojos fijos en mí, así que no conseguí sostener ni un segundo más su mirada, regresé a Charlie.
—Ya veremos, por ahora tienes que comer eso.
—¿Por qué tienes dos habitaciones si solo usan una?
Mientras todos los colores subían a mi rostro, Edward parecía encontrar divertida la situación porque comenzó a reír. Claro, este niño no era su hermano. ¿Qué iba a decirle?
—Para las visitas —respondió a Edward mientras yo hacía trituras mi cerebro en busca de una buena explicación, increíblemente la respuesta repetida de Edward funcionó porque dejo de preguntar y se limitó a seguir comiendo.
¿Qué había dicho él? Si nos besabamos todo iba a cambiar. ¿Significaría que voy a besarte cuando yo quiera? ¿O que vas a aparecer con ropa por arte de magía?, le había preguntado pero no tuve una respuesta a eso. Anoche estaba tomando todos mis objetos personales y metiendolos a una mochila, cargando a mi hermano y bajando por las escaleras de emergencia para irme, ¿cómo es que ahora estaba aquí?
Miré el plato vacío frente a mí, no podía comer, tenía el estómago demasiado revuelto de preguntas para obligarme a darle un mordisco a nada. Aunque yo nunca comía en los sueños.
¿Era un sueño? Entrecerré los ojos.
Miré mi mano que descansaba al lado del plato, lleve mi mano izquierda sobre ella y pellizqué. Dolía, pero quizá si conseguía ejercer cierto nivel de dolor, despertaría y entonces
La mano de Edward sujeto a mi mano derecha alejándola de la izquierda, mi mano izquierda tenía marcas de mis uñas.
—Adrían, ¿Qué te parece si desayunamos viendo una película? —ofreció Edward, ¿Qué? Yo jamás comía ahí. Jamás. Demasiado aterrada a manchar alguno de los muebles, y un niño de siete años con toda esa fruta, era un peligro. ¿Estaba loco?
—¡Sí! —Charlie saltó del banco, Edward actuó con prisas y se ofreció a llevar su plato, dejó más frutas y panqueques y quesadillas en el plato y luego ambos desaparecieron por el pasillo. Mi pierna no paraba de repiquetear contra el piso. No tenía que ser un lector de mentes para saber que enviar a mi hermano a la sala de juegos era una manera de tener privacidad para conversar. Y teníamos mucho de qué conversar.
Si esto era real entonces necesitábamos hablar sobre cómo había aparecido en su cama, sobre mi poco sutil lengua diciendo tonterías y metiéndose en su boca, y el peor tema: lo que haría conmigo a continuación.
Comencé a inspirar y expirar aire para tranquilizarme, prefería que me retiraran la curita de un jalón, ¿No? Así que si esto tenía que pasar quería que fuera pronto.
Él
Al regresar a la cocina encuentro a Bella en el mismo lugar en que la dejé, aunque no es la misma. Parece un manojo de nervios, sus pies repiqueteando, sus manos dando jalones a su cabello y reacomodandolo detrás de su oreja y parece estar haciendo respiraciones de yoga con los ojos cerrados. Camino hasta posicionarme a su lado.
Hay dos semicirculos pequeños cerca de los nudillos de su mano izquierda, tomo su mano y la acerco a mi cara, ella no pone resistencia asi que el movimiento se siente como algo natural. La miro y ella está mirandome sin expresión en su cara, solo unos ojos grandes que están atentos a mis acciones.
—Podrías haberme creído cuando dije que estabas despierta –ella no entrecerró los ojos, ni bufó, ni me lanzó una de esas miradas sarcásticas, mantuvo su rostro firme, como si hubiese una barrera para alcanzar sus emociones.
—¿Cómo llegué aquí?
Beso el dorso de su mano donde están las marcas de sus uñas y consigo que su barrera se desmorone, se ve asustada y nerviosa.
—Salí a buscarte pero no estabas en el departamento, así que bajé y Teodoro dijo que no habías pasado por ahí. Vi el brillante letrero, y pensé que no podías ser tan absurda para bajar todos esos pisos con las maletas y el niño.
Paso mis dedos sobre los dos semicirculos de su piel, la imagen de ella en las escaleras me va a perseguir un tiempo.
—¿Saliste a buscarme?
Parece sorprendida, la miró con el ceño fruncido y ella aleja su mano de entre las mías.
—¿Dónde está tu sentido común? —sentía la ira bullir en mis palabras, dio un paso lejos de mí, así que tuve que controlar mi tono de voz— pudiste haber muerto.
—No dijiste nada. Te quedaste ahí sentado y en silencio. Así que sólo lo supe, yo tenía que irme -¿Sólo lo supo?, ¿qué clase de sexto sentido era ese?
—¿A media noche con todo ese frío? Pusiste tu vida en riesgo y la de tu hermano.
—Cuando me di cuenta de lo imposible que sería encontrar un lugar seguro con ese frío, era demasiado tarde. Cerré la puerta y tú no ibas a abrirme –había seguridad en cada una de sus palabras y eso solo reafirmo mi enojo.
—¿Qué de todo lo que he hecho por ti te hizo pensar que te dejaría afuera?
Tuvo la decencia de no responder. Así que continué:
—Para cuando te encontré eras como un tímpano de hielo, y luego tuve que dejarte ahí para traer a Charlie a la habitación. ¿Tienes idea de lo lento que se movió el tiempo para mí desde que subí con Charlie al elevador hasta que pude regresar a ti?
—Lamento haberte hecho pasar un mal rato —agachó su cabeza. Necesitaba paciencia para esta conversación.
—¿Un mal rato? Estabas muy cerca de la hipotermia cuando te encontré, no importaba si te hablaba o gritaba al oído tu no respondías en absoluto. Tu ropa estaba tan fría que se sentía mojada y tiesa, lo único que se me ocurrió fue quitarte todo eso y meterme contigo entre todas esas cobijas para darte más calor. Tu piel era tan fría que era doloroso tocarte. Estaba por llamar a emergencias cuando recuperaste tu temperatura.
—Eso… —asiente— lo siento.
Ella
Me había desvestido y metido en su cama para mantenerme con vida, se trató de una cuestión de vida o muerte y él decidió no permitir que yo muriera, debería sentirme agradecida con él, pero aún tengo el gigantesco agujero de nervios creciendo en mi interior.
Esa historia solo respondía qué hacia en su cuarto y cómo había llegado ahí. Empezaba a temer que las preguntas acerca de lo ocurrido en su habitación solo podían ser respondidas por mí. Y yo no tenía ninguna excusa a eso que no fuera la verdad. Pero no podía decir la verdad ¿no?
Todo va a cambiar si te beso, Bella.
Charlie corre con un pan en la boca y se estampa contra mi pierna, lo miro sintiéndome aliviada al ser rescatada por este pequeño niño de siete años.
—¿Ya podemos irnos? –pregunta, sé que él se refiere a conocer la ciudad, visitar parques, quizás ir a las atracciones de juego a las afuera de la ciudad. ¿ya tenemos que irnos? Intento forzar una sonrisa para Charlie y asiento.
—¿Cuál es el plan? –Edward le pregunta a mi hermano, ¿Cuál es el plan? Pues recuperar mi reservación de hotel de ayer como tenía planeado. Luego ir al parque durante todo el día porque eso es de entrada gratuita, intentar divertirme y disfrutar mi fin de semana con Charlie. Subirlo a un avión en dos días y luego empezar a planear un nuevo futuro incierto para mí.
—Es una sorpresa –responde con inocencia Charlie y me mira con esos ojos que quieren respuestas— ¿a dónde iremos BeliBeli? –no tengo la menor idea. Me encojo de hombros a falta de una voz y sólo consigo hacer enfurecer al niño frente a mí—. Bella.
—Iremos al parque –esa es la mejor parte de mi plan, no hay manera que falle. Aunque por el ceño fruncido de mi hermano noto que sigue sin hacerle feliz mi respuesta— y luego una nieve.
—Ya. ¿Pero dónde está la sorpresa? —¿él cree que la sorpresa es un regalo? Oh.
—Eso es una sorpresa, no puedo decirte –me escabullo con eso. Mientras intento hacer un repaso de todas mis pertenencias y algo que pueda servir de regalo para él.
—No tienes ninguna sorpresa –se cruza de brazos con un mohín en sus labios. Abro y cierro la boca un par de veces sin que se me ocurra nada bueno.
—¿Dibujas? —pregunta Edward y eso hace desaparecer el enojo de Charlie.
—No tan bien como Bella. Pero estoy en cursos de pintura —sonríe satisfecho de sí mismo—, soy el mejor en mi clase. Incluso mejor que Francis, y Francis tiene dieciséis.
Edward me mira, parece buscar un segundo testimonio de esto, así que asiento.
—Es muy bueno para su edad —confirmo, si la ultima vez que lo vi acababa de cumplir siete años ahora debía ser incluso mejor.
—Supongo que eso bastará.
Edward no añade más y camina hacia donde se encuentra su despacho. Cuando Edward desaparece de nuestra visión, tomo la cara de Charlie y me agacho frente a él.
—Ve por las maletas, tenemos que irnos.
—¿Por mi sorpresa? —asiento luchando con desesperación contra las lágrimas— corre o llegaremos tarde.
Eso parece bastarle.
—¿También tu mochila? —pregunta Charlie y yo asiento, unos minutos después regresa con su maleta de llantas y mi mochila al hombro. Estoy siendo madura, sin cometer el error de intentar irme de aquí en la madrugada, sin poner la vida de nadie en riesgo y teniendo todo el día para pensar en un plan.
—Iré a despedirme, espera un momento aquí.
Siendo madura, sin lágrimas, sin llanto descontrolado, solo pasos firmes y una sonrisa suave en la cara para que parezca todo va bien y que no me estoy desmoronando por dentro.
Toco dos veces antes de entrar a su oficina. Edward parece estar sacando unas bolsas de plástico del armario.
—Sólo quería agradecerte por todo —introduzco el resto de mi cuerpo y me quedo agarrada a la manija de la puerta, lista para escabullirme. Edward se levanta y me mira. Respiro hondo mientras busco en mi cabeza las siguientes palabras para formular y el coraje que requiero para decirlas en voz alta—, aun tengo la reservación del hotel así que —me encojo de hombros como si eso pudiera decir el resto de mi plan por mí—, siento no ser lo suficiente sincera contigo como mereces.
—¿Vas a irte? —su pregunta no suena como tal, sino como una afirmación, asi que asiento.
—Es lo más fácil para todos -lo más fácil para él definitivamente, no necesitaba seguir viviendo con una mentirosa que aparte se había encaprichado con él y besuqueado cuando lo único que quiso hacer por mí fue mantenerme con vida. No, no necesitaba de eso.
—¿Y cuando ya no puedas pagar el hotel, a dónde irás exactamente?
—Hay hogares para personas sin techo —vuelvo a encogerme de hombros—, no sería la primera vez.
Lo que no es mentira. Aunque para poder dormir en ellos necesitas hacer fila de más de cuatro horas y duermes con toda clase de personas, lo que convierte a esos hogares en un verdadero infierno para mujeres jóvenes como yo. No voy a pensar en eso. Charlie está esperando afuera.
—¿Aun puedo trabajar en lo de Alice, no? —asiente aunque su mirada es un timpano de hielo ahora mismo, nada que ver con su cálida mirada de esta mañana. Miro hacia mis tenis, los que Edward me regaló hace algunas semanas, intento pensar en Charlie, mi hermanito que está del otro lado de esta puerta esperando que le obsequie el mejor fin de semana juntos. No voy a llorar, porque no puedo hacerlo. Ya tendré tiempo más tarde para lamentarme por mí. Estos días debo ser tan fuerte como sea capaz, aunque no sé muy bien cómo.
Como veo mis zapatos, veo el momento exacto en que los tenis negros de Edward se paran frente a mí. ¿Por qué he tenido que conocerlo? Yo ya era lo suficiente miserable antes de conocerlo, y ahora lo seré sabiendo todo lo que no podré tener.
—¿Esto es lo mejor que se te ocurre cuando digo que todo va a cambiar?
—Es lo mejor para ti —me encojo de hombros cerrando los ojos y manteniendo mi rostro hacia el suelo. Necesito irme ahora antes que no pueda controlar mis sentimientos. Charlie me está esperando, en cualquier momento se cansará de esperar y vendrá por mí.
—Tú no sabes nada.
El siguiente minuto me olvido por completo que hay un niño del otro lado de esta puerta esperando por mí.
Sólo puedo pensar en los labios de Edward sobre los mios, una de sus manos apoyada detrás de mi cuello y la otra sosteniendo mi cintura. Cielos. Él es
Ninguna frase coherente se puede hilar mientras sus dedos acarician mi nuca y cabello atrayéndome aún más. Me sostengo de sus hombros, abriendo mi boca cuando su lengua lo pide, siento su calor. Me empuja ahora y la puerta tras de mí termina de cerrarse, mi espalda choca contra la madera. La mano en mi cintura se desliza bajo mi blusa de manera lenta, demasiado lenta para mí.
Jalo de su cabello para traerlo más a mí. ¿Es posible estar más cerca? Debe serlo. Mi pulso está acelerado y mi cerebro corre demasiado lento. No tan lento como la lentísima mano de Edward que sube con las yemas de sus dedos hasta mis costillas. Más.
Quiero más de él.
Quier
—Bella.
Seguido de unos golpecitos en la puerta.
Exhalo aire cuando Edward se retira, no lo suficiente, solo echa su cabeza hacia atrás y se ríe, exhibiendo la manzana de adán que se oculta en su garganta y su lunar. Mis mejillas están ardiendo y mi pulso cardiaco al tope.
—Sólo un minuto.
—Ya te di un minuto —reniega del otro lado volviendo a tocar.
—¿Charlie, quieres jugar videojuegos? —pregunta Edward mirando a la puerta.
—No —protesto en voz baja.
—¡Sí! —grita emocionado mi hermano.
Y ahora sus pasos alejándose de la puerta.
—No me hago responsable de esos daños —advierto y Edward se ríe.
—Me parece justo. Ven acá —me abraza y en respuesta paso mis brazos detrás de su espalda—. No quiero que te vayas, me gustaría que dejaras de pensar que voy a sacarte de aquí al primer problema. Promete que no te vas a ir, hasta que no lo quieras o no lo diga yo explícitamente.
—Estoy aprovechándome de ti -aunque él se rehusaba a entenderlo.
—Nunca. Si alguien se aprovecha aquí soy sólo yo.
—Tú no estás aprovechándote de mí —ahora es mi turno de separarme.
—Yo pienso que sí.
—¿Es por la diferencia de años?
—Sabes que hay más que sólo eso.
—Ni siquiera me dejas ayudarte con los gastos del apartamento. ¿Cómo es que estás sacando ventaja de esto? —niega con su cabeza y besa mi frente.
—Eso no importa ya. He decidido no ir contra esto.
—¿Has decidido no ir contra esto? —repito— ¿eso qué significa?
—Que enviaré todas mis listas y reglas a la basura.
—¿Listas y reglas? —eso sólo me deja aun más confundida, sólo niega con su cabeza sin responder, en su lugar vuelve a besarme—, prometelo.
—Pero…
—Sin peros. Sólo dilo.
—¿Qué estoy despierta? —sonríe y niega de nuevo.
—Que no vas a volver a irte -no puedo prometerle eso, ni siquiera él puede prometer que no me querrá fuera de aquí, si he aprendido algo es que hay puertas que deben quedarse semiabiertas para salir cuando sea necesario.
—No puedo.
—Sí puedes —vuelve a besarme, sosteniendo mi cabeza desde la nuca con una de sus manos que me aprieta contra él, su otra mano en mi cintura, muerde suavemente mi labio inferior. ¿Sí puedo?
—Esto no va a funcionar -digo en su lugar.
—Deja que yo me encargue de eso, lo haremos funcionar —dice contra mis labios, y tenerlo tan cerca solo entorpece cualquier idea coherente que pueda tener. Parpadeo intentando pensar.
—Nunca funciona —¿no puede ver que sólo puedo salir herida de aquí? Besa mis mejillas y baja por mi cuello sin parar de besarme, cierro los ojos intentando concentrarme.
—No soy como ninguno que hayas conocido antes, al menos concedeme eso -deja de besarme, mis mejillas arden y mi pulso brinca con fuerza.
Lo que es cierto. Miro sus ojos azules que me ahogan de emociones cálidas. ¿Puedo prometer eso? ¿Puede él prometer que no me pedirá que me vaya? No. Él ha dicho que hasta que él me pida que me marche, y siempre me lo piden. Paso saliva. Lo que no quiere es que vuelva a salir huyendo en la madrugada.
—No voy a volver a irme sin que lo pidas o hasta que —pone su mano sobre mis labios silenciandome y me mira con severidad.
—No vas a irte de aquí hasta que tú lo quieras así.
—O hasta que tú lo quieras así —lo corrijo, no me veo queriendo irme, nunca me veo queriendo irme de ninguno de los lugares de los que he sido sacada a patadas.
—No va a pasar —promete, niego con mi cabeza.
—No puedes saberlo.
—Sí puedo. Sólo deja que yo me encargue de esto.
Suspiro. No se dará por vencido.
—No voy a escapar.
—Ni vas a pensar que he dicho algo que te haga creer que te quiero fuera de aquí, cuando no he dicho nada.
—Ni eso.
Otros toques interrumpiendo el casi beso de Edward.
—¿Ya podemos irnos? Se hace tarde. Quiero ir a la feria.
Le doy una ultima mirada a Edward antes de abrir la puerta, Charlie entra con los brazos cruzados.
—¿A dónde iremos?
Pero ahora no estoy preocupada por no tener ningun plan en mente. CHarlie sonríe mostrando su dentadura y mira a Edward.
—¿Vendrás, cierto? Porque Bella no sabe conducir.
Uh, encantador.
—Charlie —uso ese tono de voz especial de hermana mayor.
—¿Vendrás? —vuelve a preguntar Charlie ante la falta de respuesta de Edward, y supongo que la respuesta es no porque seamos honestos un día en parques y juegos no es exactamente la manera en que alguien como Edward pasa su día.
—No me lo perdería por nada del mundo —Charlie sonríe aun más y sale corriendo hacia la puerta del apartamento, miro a Edward.
—Si tienes otro plan no neces —me interrumpe
—Quiero ir.
—¿Estás seguro?
—Te he enviado de compras con mi hermana, es justo que vaya de juegos con el tuyo.
Sonrío. Un día con Edward y Charlie.
¿Puede mi día ser mejor?
Muchas gracias por seguir, comentar, compartir y leer esta historia. Especialmente a:
Dos pequeñas sorpresas, bueno, tres porque publiqué antes y eso ya era una sorpresa.
Segunda sorpresa el adelanto:
Mientras Bella tomaba una ducha, yo estaba haciéndola de niñera de su hermano. El parecido entre ambos estaba en los detalles, los mismos ojos, la misma sonrisa, incluso la manera de hacer un mohín con los labios era igual.
—¿Vamos a tener la charla? —pregunta Charlie mientras yo parto un poco de fruta para la cena.
—¿La charla?
—Pues sí. Sobre mi hermana.
De pronto me parece que este niño no tiene siete años.
—De acuerdo, ¿y cómo va esta charla?
—Tú estás en sus dibujos.
—¿Cómo dices?
—Sí, en el cuaderno de mi habitación.
Tercerca sorpresa, el summary del que será el segundo libro UNA MUJER SIN CORAZÓN -sobre Alice.
Hay que vivir para follar.
No sé si lo escuché en una canción, en una película, la radio o me lo inventé sola. Pero era el refrán con el que vivía mi vida.
Vivir para follar.
Vivir para divertirte.
Vivir para pasártelo en grande.
Vivir para ser libre.
Vivir para eludir el peso del compromiso y las rutinas.
Y yo quería eso, mierda, yo quería sólo eso. Diversión, risas, libertad. Que es lo opuesto a las relaciones donde todo es dolor, lágrimas y cadenas. Y antes de que me llames puta libertina déjame explicarte un poco el porqué vivir para follar era mejor que sobrevivir para amar. Porque en mi familia existe una maldición. Todas las mujeres de ella terminan solas o con el corazón roto.
Sólo ve a mi madre, mi padre biológico la abandonó el día en que yo nací. Mi nacimiento creo una ruptura amorosa, mi nacimiento fue el mismo día en que ese idiota le rompió el corazón a mamá.
O vayamos a la historia de la abuela: cinco hijos y un esposo que fue a la guerra y jamás regresó.
O la historia de la bisabuela: siete hijos con diferentes hombres y todos ellos se fueron sin mirar atrás a los hijos que dejaban.
O la de mi tía: una mujer que luego de una larga lista de relaciones fallidas y corazones rotos intentando encontrar el amor de un hombre, decidió hacerse de un donador de esperma para tener a su única hija.
Pero la mía no, la mía es diferente. A mí nadie me rompe el corazón, porque me he encargado de sacármelo del cuerpo, yo sólo me divierto con los hombres y a la mañana siguiente los desecho. Porque ellos también desechan mujeres, y yo no creo en el reciclaje ni en las repeticiones. Así que no necesito una segunda vez con nadie. ¿Por qué?
Te lo he dicho, porque yo sólo vivo para follar. No más y no menos.
O eso pensaba, por supuesto, hasta que se entrometió en mi plan perfecto el hombre perfecto.
Sera diferente a esta novela porque la temática y los traumas son diferentes, y lo que tiene que superar la protagonista tambien es distinto, y como lo indica la primera línea, muchas más escenas 18+. Pero me gustaría mucho saber tu opinión sobre ella, ¿sería algo que leerías?
Deja tu comentario para llegar a la meta y tener el siguiente pronto. ;)
¿Qué parte te ha gustado más de este capitulo?, ¿Y el adelanto que tal?
