XX
Donde hubo fuego…

Pasaron dos semanas desde la batalla contra Annie, y hubo varios de mi promoción que deseaban regresar a sus lugares de origen. Sasha, por ejemplo, venía de una aldea de cazadores en las montañas, Connie venía de un pueblo pequeño llamado Ragako, pero yo, Eren y Armin no teníamos ningún lugar al que volver, así que escogimos quedarnos en Trost. Sin embargo, había trabajo que hacer.

Mucho trabajo.

Catorce horas después de la decisión de varios de mis compañeros de volver a sus respectivos hogares, un miembro del Cuerpo de Exploración vino con una noticia que nos inquietó a todos. De acuerdo con su reporte, había avistado titanes dentro del muro Rose. Nadie sabía cómo habían entrado, porque Trost estaba sellado, y no había habido ningún indicio de que otros distritos hubieran sido atacados. ¿De dónde habían provenido entonces? Aquella era la pregunta que el comandante Erwin nos ordenó responder.

Nos ordenaron dividirnos en dos escuadrones, y cada uno de ellos buscaría cualquier hueco en el muro Rose que explicara la presencia de titanes al interior del muro. No iba a ser una tarea fácil, porque la sección del muro que debíamos explorar era bastante extenso, y, dada la urgencia de la misión, íbamos a partir de noche. Aunque sabíamos que los titanes eran menos activos a oscuras, nadie estaba dispuesto a correr demasiados riesgos, y, por obligación, debíamos llevar antorchas, todos y cada uno de nosotros. Lo bueno era que Eren y Armin me acompañaban en esto.

Íbamos a salir de Trost por la puerta norte, cuando escuchamos la noticia de que un miembro de la Policía Militar había sido secuestrado. Aquello no habría sido algo relevante, de no ser por el hecho que las vidas de los soldados de la Policía Militar valían más que las del Cuerpo de Exploración. Hubo una discusión bastante acalorada entre Erwin y Nile, el comandante de la Policía Militar, pero el capitán general de las ramas del ejército intervino, y decidió que la presencia de titanes al interior del muro Rose era mucho más preocupante que un soldado perdido. Nile no estaba contento, para nada.

Sin embargo, el capitán general pidió que un escuadrón pequeño del Cuerpo de Exploración se uniera al destacamento de la Policía Militar que iba a ir tras el soldado perdido. De todas formas, si había titanes allá afuera, tanto el secuestrador como el secuestrado iban a estar en peligro. Por desgracia, fui asignada a ese escuadrón, el que iba a perseguir al secuestrador, separándome de Eren y Armin, quienes iban a colaborar en averiguar por dónde habían entrado los titanes.

Viendo el lado positivo, había una chica en mi grupo que era bastante agradable. Se trataba de una joven pelirroja, que usaba el cabello corto y que parecía estar muy comprometida con la misión a mano.

—He escuchado muchas cosas de ti, varias de ellas increíbles —dijo Nifa, la chica de la que hablé. Tenía una voz agradable, tal como la de Petra, que en paz descanse—. Contigo en el grupo, estoy segura que cumpliremos con la misión.

—Eso espero —dije, mientras subía a mi caballo, porque la misión iba a comenzar en cualquier minuto—. Separarme de mis amigos no es algo que me emocione, pero órdenes son órdenes.

—Sí, es verdad —repuso Nifa, dedicándome una sonrisa pequeña—. Noté que hablabas bastante con el joven del cabello castaño y los ojos verdes. ¿Es uno de tus amigos?

Fruncí el ceño.

—No me digas que no conoces a Eren.

—No lo conozco —dijo Nifa, lo que me sorprendió—, porque no estaba en el castillo donde pasó el mes preparándose para la expedición número 57. He escuchado hablar de él, pero no lo conocí personalmente, así que no sabía cómo lucía. Él puede transformarse en titán, ¿no es cierto?

—Así es —dije. Por alguna razón, no se me estaba haciendo muy difícil separarme de Eren y Armin, y asumí que tenía relación con Nifa—. ¿Tienes miedo?

—El miedo es algo con lo que tenemos que convivir —dijo Nifa, mirando hacia delante y espoleando a su caballo—. Son esos idiotas de la Policía Militar los que deben estar temblando del susto, sobre todo porque vamos a salir de noche.

—¿Sabes? Me estás cayendo cada vez mejor.

Ambas sonreímos, a medida que avanzábamos hacia la noche. No podíamos ir demasiado rápido, pues era vital hallar cualquier pista que nos condujera hacia el secuestrador. Un miembro del Cuerpo de Exploración iba a la cabeza, antorcha en mano, buscando en el suelo rastros de cualquier tipo. Era lógico, porque un soldado de la Policía Militar habría sido una pésima elección, porque ninguno de ellos tenía experiencia de campo. Solamente eran unos fanáticos del orden.

Por una hora, no ocurrió nada interesante. No había ninguna pista que seguir, una huella o cualquier cosa que indicara el paso de una persona. Por eso, aproveché el tiempo para seguir conversando con Nifa, pues me había caído muy bien. No sé, siempre me pasa lo mismo cuando conozco mujeres con personalidades más, digamos, dóciles, como Petra y Krista. Sin embargo, no quiero que piensen que ellas, por ser dóciles, signifique que no sean competentes. Son dos cosas muy diferentes.

Conversando con Nifa, me di cuenta de un par de cosas interesantes sobre ella. Para empezar, había un contraste deslumbrante en su personalidad. Cuando el contexto lo requería, ella podía ser una mujer muy profesional. Se expresaba con claridad y obedecía órdenes con la rigidez que lo ameritaba. Por otro lado, Nifa era una chica muy sentimental, y a menudo hablaba de su familia, y, al parecer, había la confianza suficiente entre nosotras para confesarme que le había dolido tener que abandonar a los suyos para enlistarse en el ejército, pero que había sido necesario. No me dijo qué había gatillado aquella necesidad, pero me imagino que tenía que ver con los titanes. La otra cosa interesante sobre Nifa era que parecía tener una marcada tendencia a evitar hablar sobre chicos. No parecía estar interesada, al menos románticamente, en ellos, y asumí que Nifa no era una chica particularmente enamoradiza. Pues, asumí mal.

—Me gustan las chicas —dijo ella, sin ninguna clase de vergüenza. Aquello me tomó por sorpresa—. Lo descubrí en mi segundo año en el Cuerpo de Entrenamiento, mientras me duchaba junto con una compañera. Fue… incómodo al comienzo, pero luego, algo extraño me pasó, como que me fui acostumbrando. Claro, los chicos nunca me llamaron la atención de ese modo, pero, al menos en un principio, asumí que no quería nada con el amor. Pues, asumí mal.

Me quedé mirando a Nifa como si acabara de conocerla. Me imagino que no hay una sola manera en que una mujer pueda comenzar a sentirse atraída por otras mujeres. ¿Seremos todas nosotras de ese modo? De algún modo, no era plausible, porque había pocas mujeres que tenían esta peculiaridad.

—Por cómo me estás mirando, creo que a ti también te gustan las chicas —dijo Nifa, con una certeza que me desconcertó. ¿Tan obvio era?

—No… no es que me gustes…

—No dije eso. Solamente quería decir que tienes la mirada de una mujer que se siente más cómoda en compañía de otras mujeres. No tienes nada de que avergonzarte.

—Nunca dije que me avergonzara de ello —dije, un poco a la defensiva para mi gusto—. Lo que pasa es que… bueno… estuve con una chica hasta hace un mes atrás. Me separé de ella porque pasaron algunas cosas malas entre nosotros. Ahora, ella está con otra, y yo me quedé sola.

Nifa se quedó mirándome, como si hubiera visto algo en mi cara, o en mi mirada. Después, hizo algo que no me esperaba que hiciera: sonrió.

—Aún te gusta esa chica —dijo Nifa con suavidad, como si creyera que hablando en un tono más duro pudiera herirme—. Como dice el dicho, "donde hubo fuego, cenizas quedan". Yo pienso que deberías intentar recuperar a esa chica.

—No quiero recuperarla —dije, aunque no supe muy bien por qué lo dije. Tal vez me estaba protegiendo de la verdad, por miedo a salir lastimada otra vez—. No quiero forzar las cosas, sobre todo cuando esa mujer está con otra.

—No se trata de eso —repuso Nifa, sin mirarme esta vez, y asumí que estaba más pendiente de la misión—. Se trata de que hay una razón por la que ella estuvo contigo. Tal vez esa razón siga viva en su corazón, porque ciertamente, sigue viva en el tuyo.

Yo, como Nifa, miraba al frente, pero pensé en sus palabras, largo y tendido. No sabía qué era lo que sentía por Krista en ese momento. Cuando me despedí de ella, después de haber derrotado a Annie, solamente había indiferencia en mi interior. Quería que le fuera bien, pese al hecho que no había contribuido en nada en la batalla de Stohess, pero después me di cuenta que solamente estaba haciendo excusas para disfrazar una verdad que ya sabía, y esa verdad era que no quería sufrir por amor nunca más. Había funcionado, al menos hasta que conocí a Nifa. Ella, de entre todas las mujeres, me hizo ver que, en realidad, Krista seguía ocupando un lugar especial en mi corazón. Era yo y mi mente quienes no querían admitirlo. Es típico de la mente humana rehuir asuntos del corazón, porque aquellos no parecían obedecer la lógica y el sentido común. No hay ningún manual que instruya a alguien cómo amar a otra persona. Y yo había pasado ese mes, creyendo que podía escapar del dolor, simplemente pretendiendo que no había sentido nada por Krista. Pero, la verdad sea dicha, esos besos existieron, esos abrazos existieron, esos deseos de hacer el amor existieron. Pretender lo contrario no solamente era un esfuerzo vano, sino que podía causar daño también.

—¿Lo ves? —dijo Nifa cuando vio mi expresión de entendimiento—. Aún sientes cosas por ella. Reconocerlo es un paso muy importante. Sabes lo que debes hacer ahora, ¿verdad?

Sabía lo que venía a continuación. No tenía idea de lo que iba a sentir cuando lo hiciera. Debía encontrarme con Krista otra vez, hablar de estas cosas, sin pretensiones, sin creer que la voy a recuperar o algo por el estilo. Debía hacer a un lado las fantasías y atenerme a los hechos. Lo único malo de todo el maldito asunto era que no tenía ni la más remota idea de cuándo iba a ver a Krista nuevamente.

Por fortuna, aquella oportunidad la iba a tener más pronto de lo que pensaba.