Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
Todo
Angielizz (Anbeth Coro)
Ella
Martes, 07:24
Everything – Roni Bar Hadas
—¡Edward Cullen más vale que salgas ahora mismo!
Abro los ojos hasta sentir mis parpados y me siento en la cama, apenas lo suficiente veloz para encontrar las sabanas a nuestros pies y poder jalarla a mi cuerpo. Justo a tiempo para que ella entre a la recamara.
Nos miramos mutuamente, ella me mira con asombro mientras yo con vergüenza.
—¿Bella? —su voz denota esa sorpresa, a quien sea que esperase encontrar es obvio que no se trata de mí.
—Hola, Alice —intento pretender que todo esto es muy normal, y que no estoy con las sabanas hasta la barbilla intentando cubrir mi evidente desnudez.
Edward abre uno de sus ojos y gruñe al ver a su hermana en la habitación.
—¿Qué haces aquí? —pregunta sentándose en la cama con evidente molestia.
—Mamá está aquí.
Cualquier atisbo de ira por parte de Edward se borra por completo.
—¿Aquí?
—He ganado unos minutos para ti, está esperando en el lobby. Subirá en un momento.
—Sal.
Alice le saca el dedo medio y da media vuelta sobre sus pies. Siento que nuestra situación de pronto está más indefinida de lo que me parecía la noche anterior.
—Creo que deberías vestirte.
Dice levantándose y yendo hacia el vestidor sin darme una mirada. Intento que sus palabras no calen hondo, pero lo hacen. Me está tratando como a una puta.
Pero eso eres, ¿no? Una vocecita en el fondo de mi cabeza recordándomelo.
Salgo de su habitación envolviéndome en la sabana sin rechistar y así hacia el otro cuarto. Hasta que cierro la puerta tras de mi no había estado segura de mantener la compostura.
Teníamos visitas, Alice estaba aquí y pronto llegaría la madre de Edward, y pronto yo estaría fuera de aquí. No te derrumbes ahora, sólo actúa normal.
Creo que deberías vestirte.
No era exactamente las palabras que esperaba que dijera al despertar juntos. Aunque la situación en general no era exactamente lo que habría esperado que fuera.
Reviso la hora en el reloj al lado de mi cama. Son las siete y media de la mañana. Estaba a tiempo para llegar tarde al trabajo. Me apresuré a fingir que sólo era un día normal. ¿Cómo es que me había dado una noche maravillosa? ¿Y ahora era capaz de ser tan distante conmigo?
Ya vestida salgo de la habitación, me encuentro a Alice sentada en la sala con el celular entre los dedos.
—¿Podrías ayudarme a salir de aquí sin ser vista? —pregunto esperanzada de su colaboración, levanta su mirada hacia mí y parece tan confundida como yo debo sentirme. Pero no tengo tiempo, en cualquier momento la madre de Edward llegará.
—Mamá sabe sobre ti.
—Lo sé —¿cómo explicarle a Alice que lo último que quería era estar aquí cuando la mujer hiciera entender a Edward que debería sacarme de su piso?
Alice asintió y marcó su celular llevándolo a la oreja, suspiré aliviada.
—¿Puedes subir? Te estamos esperando aquí —parecía que Alice estaba escuchando con atención, sonrío al teléfono y lo que fuera que su madre estuviera diciéndole en ese momento lo envidié—, venga mamá. Deja el drama y sube ya.
Alice levantó su pulgar hacia mí. Miré hacia el pasillo donde estaban las recamaras, pero Edward seguía sin salir. ¿Qué esperaba?
Creo que deberías vestirte.
Salgo del apartamento despidiéndome de Alice con la mano y me dirigiéndome hacia las escaleras de emergencia. Tardo como quince minutos en llegar a recepción para descubrir con tranquilidad que sólo estaba el portero ahí.
Intento concentrarme en lo que me rodea mientras camino a la cafetería. Las personas caminando, las aves sobre los cables de electricidad, contando los taxis y los autobuses que pasaron a mi lado pero la voz de Edward era más fuerte que cualquier otra idea.
Creo que deberías vestirte.
Pudo haber dicho, gracias por lo de anoche ahora ve y vístete, y habría sido menos ofensivo. El sexo es un arma de doble filo y ahora estaba sangrando por sostener el cuchillo con fuerza.
Cuando llegué a la cafetería le cambié el turno de limpiar los baños a Garret. Estaba tan cansada emocionalmente que era imposible mantener la atención en las ordenes. Después me ofrecí para ordenar la pequeña bodega, y más tarde para limpiar la cocina, lavar los trastes, barrer y trapear el área trasera del local.
Creo que deberías vestirte.
Mientras tallo debajo de las mesas me pregunto si para este punto Edward ya estaría buscando excusas para sacarme de su casa. Eric había tenido una larga lista de excusas para hacerlo, estoy temerosa por descubrir que Edward pudiera ser más creativo que él. Quién sabe, tal vez usaba lo de Adrián ahora y decidía que mis mentiras lo tenían cansado. Aprieto los dientes y muerdo mi lengua obligándome a mantenerme quieta detrás de la caja.
Como había sido muy buena, Susana me dejó quedarme en el área de caja sin rechistar. Mierda, apenas eran las diez de la mañana.
Ni siquiera era medio día, maldito tiempo y su percepción.
—¿Quieres desayunar? —pregunta Garret sentándose en la banquita a mi lado. Me limito a solo negar con mi cabeza— ¿has tenido un mal día? —lo miro, ¿por qué no pude quedarme con un chico sencillo como Garret?
—Sólo lo normal.
—Si quieres hablar… —deja la frase inconclusa y yo asiento comprendiendo sus intenciones.
—Gracias, Garret.
—Estamos para servir.
Para las once el día en la cafetería está tan solitario como un cementerio, así que me tomo unos minutos libres con el teléfono de empleados que hay en el pasillo tras la cocina. Había memorizado el número del apartamento de Edward desde el percance con Diana que casi me deja fuera del edificio, Edward había sido lo suficiente amable para darme el teléfono de él y del edificio, y ya que las tarjetas son fáciles de extraviar decidí memorizarlo. Ojala siguiera en el edificio.
—¿Hola? —Edward, recargué mi mejilla contra el teléfono, sintiendo temblar mi barbilla, ¿era muy difícil haberme dicho que me veía hermosa recién despierta y luego pedirme que me vistiera? Se me llenaron los ojos de lágrimas y luché contra ellas.
No respondo.
—¿Hola?
—Ho-la.
Silencio. Respiro hondo.
—¿Dónde estás? —pregunta y puedo detectar el nerviosismo en su voz, lo que no es común en él. ¿Estará temiendo que esté de regreso al apartamento tan temprano? Por supuesto, lo que menos quiere es tener una reunión con tres mujeres en su cocina ahora mismo.
—En la cafetería, es lunes.
Lo escucho suspirar con alivio. ¿Alivio por no tener que lidiar conmigo en su casa? ¿Alivio por saber dónde me encontraba? ¿Alivio por…
—Iremos a comer más tarde con mamá y su esposo—oh. ¿Eso quería decir que estaría fuera todo el día? ¿Qué esperaba no encontrarme para cuándo volviera? La bola de púas comenzaba amenazar con crecer en mi estómago, respiro hondo para intentar aplacarla.
¿Dónde habías estado toda mi vida?
¿Era tan difícil decirme alguna de esas frases que hacían que mi corazón se detuviera? Al parecer sí, al parecer era más simple decirme las frases que podían destruir mi corazón en una sencilla oración.
—Bien —cuelgo y un segundo después estoy corriendo hacia el baño de empleados para esconder las lágrimas del resto del mundo. Bajo la tapa de la taza y me siento encima llevando mis piernas a mi pecho.
¿Quién pensaría que Don podía tener la razón? Los hombres solo quieren una cosa de las mujeres.
Creo que deberías vestirte.
Me levanto y salgo fuera del cubículo, no voy a llorar por él. Ni siquiera por él. Me miro en el espejo, me aseguro de quitar cualquier atisbo de tristeza de mi rostro antes de salir apretando los dientes como si eso pudiera mantener al margen a mis sentimientos.
¿Qué había pasado con el hombre que me preguntaba dónde había estado toda su vida? ¿Cómo podía mostrarse tan distante después de prometerme estar para mí con solo decir que había un incendio? Me había tragado toda esa mierda romántica pensando que era honesto.
Decido al salir que es buen día para desengrasar los muebles de la cocina.
Y eso hago arrodillada limpiando uno de los muebles metálicos, tallando con más brusquedad de la que debería. Miro hacia el techo y veo que hay telarañas colgando de las paredes, bueno, esa podría ser otra de mis actividades para hoy. A este paso sería la empleada del mes. Qué mejor manera de agradecerle a Alice que esforzándome en mantener impecable su negocio.
Sigo tallando con ira y brusquedad, como si al quitarle la suciedad pudiera sentirme mejor, aunque no es así, las capas de polvo y grasa que retiro no hace ningún cambio en mí.
—¿Me dan un minuto?
Edward estaba parado a mi lado, mientras todos los empleados salían a discreción y sin rechistar. Por supuesto, todos sabían quién era él. Me puse de píe. Cualquier cosa que fuera a decirme más vale que tuviera el valor de hacerlo de frente y no solo dándome la espalda como esta mañana mientras me pedía que me vistiera.
—Esta área es exclusiva de empleados —le indiqué.
—Necesito hablar contigo.
Por supuesto que quiere hablar conmigo, y parece no tener la paciencia para esperar a hacerlo después de que concluya mi horario laboral, ¿pero puedo culparlo? Le doy la espalda y comienzo a caminar hacia el pasillo trasero. Ahí estaban mis compañeros recargados en la pared, listos para escuchar todo. Camino sin detenerme hacia la puerta que da al callejón y cuando Edward sale tras de mí me aseguro de cerrar la puerta a mis espaldas.
Necesito hablar contigo era incluso peor que Creo que deberías vestirte. Aun le daba la espalda mirando hacia la puerta. Cerré los ojos un segundo más y respiré hondo. Venga, yo podía con esto.
ÉL
07:25
Qué carajo.
Alice en la habitación. No sólo mi hermana, sino mi madre en la recepción del edificio. ¿Acaso no sabían llamar por teléfono? ¿Preguntar por mis planes del día?
Lo último que había pensado que haría hoy era darle explicaciones a mi madre sobre mi vida amorosa, no tenía la edad de un niño. ¿Algún día dejaría de meterse en mi vida y tratarme como tal?
—Sal —le grito a mi hermana y lo mejor que se le ocurre hacer es sacarme el dedo medio. Me contengo para no gruñirle como un animal con rabia. Porque eso haría si no fuera por Bella que está sentada en la cama como una muralla entre mi hermana y yo.
Bella.
Ha sido nuestra primera noche juntos y esto no debería ser así. Se supone que debería despertarme envuelto en ella y volveríamos a repetir lo de esta noche. En su lugar tengo que ir y recibir a mis inoportunas visitas.
Toda esa mierda de sólo somos compañeros de piso, lo hago por ella y estoy ayudándola se irá por el caño en cuanto Alice le cuente que nos encontró en la misma cama.
—Creo que deberías vestirte —sugiero poniéndome de pie y caminando hacia el baño. Nunca se sabe con Esme, ella podría cambiar de parecer y subir a mi apartamento sin previo aviso. Por lo menos ha tenido la sensatez de esperar en el lobby mientras estamos presentables.
¿Quién quiere estar presentable para su madre después de pasar tan increíble noche? Lo último que se me podría haber ocurrido sería meter a mi madre en la ecuación.
Conociéndola lo más probable es que quisiera escuchar los detalles de los últimos tres días, si yo había hecho preguntas sobre la omisión de Adrián a la historia, mamá no sólo haría preguntas, sino que me asaltaría con más interrogantes y posibilidades para esas respuestas, y lo que menos necesitaba era a alguien hurgando en el tema.
Ni yo mismo había podido hacerlo de manera directa, básicamente la información importante me la soltó un niño de siete años que no tenía idea de lo relevante que era todo lo que me iba diciendo. Era consciente que me iba a costar más tiempo conseguir lo mismo de Bella, pero estaba decidido a ir un paso a la vez con ella, demostrarle que podía confiar en mí y que yo confiaba en ella a cambio. Pero mamá no sabía de tiempo y espacio personal, a ella le gustaba aparecer a las siete de la mañana un martes sin avisar e interrumpiendo mi día con Bella.
Lo último que se me habría ocurrido sería presentarle a Bella. No necesitaba tener esa discusión con Esme tan pronto. La estuve esperando en las últimas dos semanas y no apareció, sólo había pensado que el tema estaba zanjado. Pero no. Ella estaba aquí.
Me meto bajo la ducha helada apretando los dientes y quedándome quieto debajo de ella. ¿Ves? Otra cosa que no debió ser así. Debería estar con Bella aquí en lugar de…
Mierda.
Mierda.
Mierda.
Cien veces mierda.
Cierro el grifo del agua, me envuelvo en la toalla y al asomarme a la cama corroboro que Bella ya no está ahí. Y si no fuera por Alice afuera yo podría salir a buscar a Bella desnudo. En su lugar tengo que cambiarme con prisas y salir en pantalones al pasillo con mi camisa de vestir en la mano.
Toco a la puerta de Bella dos veces antes de abrir. Vacía y silenciosa, veo la sabana de mi habitación en el suelo de su recamara. Carajo.
—¿Has visto a Bella?
—Bajó hace un minuto —dice con tranquilidad levantando la mirada y viéndome con diversión, lo que me tranquiliza porque si Bella hubiera salido de aquí con una maleta ella no luciría así— Mamá está por subir.
Alice se levanta y cruza de brazos mirándome sonriente, agh.
—¿Te deshiciste de su amigo? Con razón no has respondido mis llamadas.
—Es una larga historia.
—Ya lo veo. Y yo que pensé que habías tenido otra cita de tinder —le doy una mala mirada.
Tocan a la puerta. Me apresuro a terminar de poner la camisa y abrochar los botones. Mierda. Alice y yo compartimos una mirada antes de que ella camine a abrirle la puerta a mamá.
—El hijo prodigo, pensé que me dejarías esperando todo el día —Esme camina hacia mí sonriente pasando sus brazos detrás de mi cuello y dejando un beso en mi mejilla.
—Buenos días, mamá.
—¿Dónde está ella?
—Trabajando —responde Alice por mí. La mirada de mamá parece insatisfecha, claro, interrogar y amenazar a las mujeres de mi vida debe ser divertido y satisfactorio para ella.
—¿Desayunamos? —pregunta mamá recuperando su ánimo anterior, asiento.
—¿Dónde está Carlisle?
—Se quedó en la casa del jardín.
Mamá camina hacia la cocina y me da una mirada con sus grandes ojos azules bien abiertos y una mueca divertida. Miro tras ella y veo mi camisa de la noche anterior y la blusa de Bella.
—¿Tuviste compañía? —¿qué tanto sabe mamá sobre Bella? Miro a Alice que parece aún más divertida.
—Edward asustó al amigo de Bella.
¿Así que mamá sabe de eso? Le doy una mirada larga a Alice, pero no parece arrepentida por ser una soplona, de hecho, se ve bastante orgullosa.
Camino a zancadas y junto la ropa para llevarla al cuarto de lavado. Mamá se ríe al pasar a su lado. ¿Por qué de pronto me siento como un adolescente al que sus padres han atrapado con una chica en la habitación? Este es mi apartamento. No se supone que mi madre deba estar al tanto de mi vida sexual.
Cuando regreso a la cocina mamá ya está sacando comida del refrigerador, desayuno familiar, justo lo que necesitaba. Suspiro y pongo buena cara, llevo más de un mes sin verla y lo único que ella quiere es un día con sus dos hijos, puedo darle eso siempre y cuando ella no exija más de mí.
—Quiero conocerla —declara mamá mientras yo tomo asiento frente a ella. Hablando de no exigir.
—¿Quieres decir interrogarla?
—No. Sólo conocerla.
—¿Quieres decir amenazarla para que se vaya?
—Que no. Alice me ha hablado mucho de ella estos días.
—¿Ah sí? —Alice asiente sonriente. ¿Qué exactamente pudo haberle contado? Mamá parece bastante… simpática. Y simpático no es bueno, mucho menos cuando se trata de mamá.
—¿Y qué te dijo esta soplona?
—Mucho y nada, en realidad. Que enviaste a Alice y a Bella de compras para ti.
Esme cree que Bella también es una caza fortunas, mamá siempre piensa eso de todas las mujeres con las que me involucro, no es una novedad, aunque me molesta. ¿Pero por qué? No es la primera vez que lo insinúa, incluso con Heidi, aunque con Heidi resultó tener la razón. Pero no Bella, ella es todo lo opuesto.
—Quita esa cara —dice mi madre riendo—, ¿y cómo pasó?
—No voy a hablar de eso contigo —preferiría meter mi mano al sartén con aceite, y no es una exageración.
Aprieto los labios.
—Es un caballero —dice Alice burlona.
—Ja. Ja. —finjo reír sin ganas.
—¿Y cuándo vamos a conocerla?
—No creo que sea buena idea.
—Carlisle quiere hacer una parrillada esta tarde. En la casa del jardín —insiste.
La casa del jardín tenía tres mil doscientos cincuenta metros cuadrados de terreno. Por eso el nombre. Y una parrillada ahí significa pasar toda una tarde en casa de ambos, demasiado tiempo para permitir que mamá atormente a Bella.
—No estoy seguro que ella quiera ir. Lo nuestro es reciente. No quiero presionarla.
—Presiónala, porque si no lo haces tú, lo haré yo —Alice. Le doy una mala mirada.
—¿Irá Jasper? —su cara se transforma y sé que he dado justo en su punto débil.
—¿Jasper? —pregunta mamá asombrada mirando a Alice— ¿El amigo de tu hermano?
Alice se ruboriza.
—Llevan saliendo como dos meses —le revelo.
—Gracias, hermanito.
—De nada, hermana.
Mamá se cruza de brazos dejando de cocinar por unos segundos.
—¿Y cuándo ibas a decírmelo?
—Hoy, era una sorpresa —miente.
—¿Cómo seré abuela con tantos secretos?
—No serás abuela, mamá. Para eso la gente se compra mascotas hoy en día —replica Alice y yo me río sin contradecir. Mamá finge estar muy dolida.
—Jasper y Bella. Más vale que vea a ambos en mi casa esta tarde.
Pasamos las siguientes dos horas desayunando y conversando de nimiedades, la salud, el clima, nuevas recetas de cocina en el restaurante de mamá, la cafetería de Alice, un par de los proyectos más sobresalientes de este mes del despacho y todo lo que se nos ocurre para mantener alejada a mamá del tema de Bella o de Jasper, porque Alice lo ha captado a la primera y sabe que si ella empuja con el tema de Bella, volveré a Jasper.
Mamá vuelve a hablar sobre la parrillada de esta tarde y antes de que pueda rechazar su invitación el teléfono de la casa suena, me levanto a responder mientras mamá comienza con su interrogatorio de Jasper a Alice.
—¿Hola? —espero en la línea mirando a mi hermana sacarme el dedo medio cuando cree que mamá no está viendo. Le devuelvo el gesto cuando mamá no me está viendo a mí— ¿Hola?
—Ho-la.
Bella. Ella está llamando, no se ha ido.
—¿Dónde estás? —pregunto dándole la espalda a las dos mujeres de la cocina mientras me dirijo a la habitación de Bella con el teléfono en la mano. Abro la puerta y camino hacia el armario. La ropa sigue ahí. Suspiro aliviado.
—En la cafetería, es lunes.
Ella no se fue, todavía puedo arreglar lo de esta mañana.
—Iremos a comer más tarde con mamá y su esposo —bien, eso no suena como una invitación. No suena como nada en absoluto, pero qué clase de imbécil…
—Bien —escucho su voz enojada antes de que me cuelgue. Voy al identificador de llamadas y llamo.
—Cafetería de Alice —responde una voz masculina. Cuelgo el teléfono.
Necesito resolver esto.
Ella
Martes, 11:17
—¿Y bien? —me cruzo de brazos intentando mantenerme firme ante mis propias emociones. Edward mira con desagrado hacia los botes de basura.
—¿No hay un lugar mejor?
—No tenemos un despacho de construcción aquí, lo siento.
Mi voz suena más acida de lo que pretendía.
—Estás molesta —que receptivo.
—No —aun así, lo niego aunque no habría manera de engañarlo.
—Me comporté como un idiota esta mañana.
—¿De que necesitas hablar? —enfatizo la palabra, sin permitir que se desvíe del tema que lo trajo hasta aquí.
Él no estaba aquí para disculparse, estaba aquí para decirme que todo lo de anoche había sido un error. Que lo mejor era mantener la distancia entre nosotros y que ya no podíamos seguir viviendo juntos. Yo iba a asentir y le diría que ya me las arreglaría por mi cuenta. Y entonces él iba a suspirar de alivio al tenerme fuera de su vida tan fácil como eso.
—Quería disculparme contigo.
—Bien —respiro hondo, siendo valiente mantengo todo el tiempo mis ojos en los suyos. Necesito escucharlo romperme el corazón y entonces yo me las ingeniaré en juntar los pedazos restantes para seguir con mi vida—. Disculpa aceptada —apenas soy capaz de decir más que un par de palabras juntas sin sentir que me ahogara— ¿algo más?
Don tenía toda la razón. Las mujeres del burdel nunca vuelven a ganar lo mismo que la primera noche en que aceptan ganar dinero por sexo. A partistituta, puede que me haya tratado como tal, pero yo jamás he sido una prostituta ni he aceptado dinero por sexo. Incluso aunque nosotros tuvimos sexo y a veces compra cosas para mí, eso no me convierte en…
—Habrá una comida en casa de mi madre por la tarde.
Las astillas de mi corazón se me clavan por dentro. ¿Quiere que saqué mis cosas antes o mientras él se encuentra allá? Tal vez antes, a eso ha venido, a ofrecerse a sacar mis cosas conmigo y llevarme a algún lugar cómodo y alejado de él, y eso en el mejor escenario que se me ocurre. Asiento con comprensión.
—Y quieres que saqué mis cosas ¿antes o para cuando regreses? —estas son las dos mejores opciones que se me ocurren, añado un encogimiento de de hombros como si no me estuviese ahogando por dentro, si esto no le importa a él ¿por qué debería demostrarle que a mí sí?—. Bien.
—No he dicho eso.
—No has dicho nada.
—Bella —camina los pasos que nos separaban y yo retrocedo. Ya bastante difícil es mantener mis sentimientos al límite teniéndolo tan cerca, no necesito más cercanía entre nosotros.
—¿A qué has venido? —repito cruzándome de brazos como si eso pudiera servirme de auto-consuelo.
—Ya te lo dije, me comporté como un idiota esta mañana contigo. Vine aquí en cuanto pude hacerlo.
—¿Pero por qué?
—Porque no debió ser así. Mi inoportuna hermana y madre no debieron llegar esta mañana —me vuelvo a encoger de hombros convenciéndome que eso no importa, pero no hay manera de engañarlo a él—. ¿Me dejarías compensarlo llevándote a comer?
Respiro hondo luchando contra la esperanza.
—Pensé que habías dicho que irías con tu familia.
—Eso haré, pero me gustaría que me acompañaras.
Parpadeo varias veces. Espera ¿qué?
—¿Por qué?
Acomoda uno de mis mechones detrás de mi oreja y deja sus dedos acariciando mi mejilla en lugar de retirarse.
—Porque quiere conocerte, y a mí me gustaría que lo hiciera.
—¿La quieres convencer para que… —me interrumpe.
—No. No hay nadie a quien convencer de nada.
—¿Estás diciendo que ella está de acuerdo conmigo?
—Alice ha intercedido hablando bien de ti con ella —dice para mi asombro, levanto una ceja esperando que diga qué lugar tengo yo y él en esa cena entonces—, solo quiero que la conozcas.
—¿Por qué? —vuelvo a preguntar como grabadora descompuesta.
—Porque estamos juntos ahora, ¿no?
Intentar quitar la sonrisa estúpida en mi cara fue mucho más difícil que evitar llorar en el trabajo. Edward se acerca a mí y deja un beso breve en la comisura de mis labios. Intenta profundizar ese beso, pero retrocede, lo miro con el ceño fruncido.
—Créeme, tengo todo mi autocontrol en mantener mis manos lejos de ti para no terminar haciendo cosas indebidas contigo al lado de un basurero.
—Por favor, hazlas —se ríe negando con su cabeza y en su lugar vuelve a acercarse y dejar un beso en mi frente.
—¿Irás conmigo? —asiento y él jala de mi mano llevándome al inicio del callejón, hacia la calle.
—No puedo irme así —intento poner resistencia en mis piernas.
—Claro que sí, son ordenes de Alice.
—Pero no puedo ir así, he estado limpiando cada centímetro de la cafetería, estoy llena de polvo y manchas.
Sonríe de manera pícara antes de decir:
—Eso puedo resolverlo.
-..-..-..-..-...-..-..-..-..-..-..
Aún sigo adormilada mientras los recuerdos de hace un par de horas llegan con fuerza a mi cabeza.
Habíamos ido al apartamento para que pudiera cambiarme de ropa, o al menos esa había sido la intención principal. Pero sólo cerrar la puerta tras nosotros Edward atrapó mis labios entre los suyos. Parecía muy dispuesto a arreglar lo de esta mañana y yo estaba muy dispuesta a permitir que lo hiciera.
Sonrío contra la almohada aun con los ojos cerrados.
Ni siquiera pudimos llegar a la habitación, recuerdo. Es decir, posiblemente lo intentamos, aunque entre lo que yo desabotonaba su camisa de manga larga y él me desabrochaba el pantalón y lo bajaba con todo y ropa interior, no debimos haber llegado ni al sillón.
No quiero despertar todavía, aquí en los recuerdos se está muy bien.
Lo único que nos importaba era desvestirnos sin importar el dónde, posiblemente si me hubiese besado así con su mano en mi nuca poniendo su fuerza en mantenerme cerca de él pero en el callejón habría ocurrido lo mismo. Que suerte que su voluntad fuese más grande que la mía.
Entierro la cabeza contra la almohada, no quiero despertarme.
Edward tenía una manera de tocarme enloquecedora, era como si supiera exactamente qué hacer para dejarme pidiendo más y más y más. Y yo se lo decía entre gemidos, mientras su boca descendía a mi cuello succionando mi piel y sus manos en mi espalda acercándome a él. Más. Sólo más.
Lo vergonzoso es justamente la falta de pudor entre nosotros.
Como si siempre hubiésemos estado juntos, cuando era nuestra tercera vez. Porque obviamente había existido una segunda vez durante la madrugada. Eres deliciosa, decía Edward mientras aprovechaba la pausa para quitarme la blusa y de manera profesional quitarme el sostén con un par de dedos, haciendo que cayera a mis pies. Y era de día, teníamos las ventanas de la sala a nuestra derecha, agradecía que fuesen polarizadas al exterior porque de lo contrario estaría preocupada por tener algún vecino acosándonos con su cámara, pero no me importaba nada en ese momento. Estaba desnuda en su sala con toda la luz del mediodía y sus ojos me recorrían con una lentitud que era casi igual de efectiva que una caricia.
Edward besa mi mejilla, ahora, aquí mientras yo estoy con la cara entre las almohadas recordando.
Pero hace unas horas no besaba mis mejillas, sino mi piel, toda mi piel. Me besó y de algún modo terminó sentado en el sillón conmigo a horcajadas sobre él. Podía sentir su miembro con la delgada tela de su ropa interior. Su muy erecto miembro, añadamos. Estaba dolorosamente excitada, al igual que él. La mano de Edward fue a mi trasero haciéndome saltar, aunque no sabría decir si fue de la emoción o por tomarme desprevenida.
Edward besa mi cuello, mi clavícula y mi hombro, ronroneo un poco haciéndolo reír, no estoy segura ya de querer seguir dormida o si despertar.
La mano en mi trasero descendió después hasta acomodarse entre mis piernas, corroborando con sus dedos lo húmeda que me tenía, y debía ser eso porque sonrío arrogante antes de volver a besarme. Con él sentado en el sillón descendí un poco para encontrarme con su mano, y pareció entender justamente lo que quería porque metió un dedo en mí igual que la noche anterior. Ahogue mi gemido en la boca de Edward y él comenzó a mover su lengua en la mía siguiendo el mismo ritmo de su dedo en mi interior, enloquecedor, excitante y él, sólo él siendo él. Y él diciéndome lo exquisita, hermosa y perfecta que era para él.
—Más vale que estés soñando conmigo —dice antes de morder mi oreja. Pero no salgo de mi escondite entre la almohada de mi cabeza, aunque una pequeña risa sí sale de mis labios.
¿Y su otra mano? No olvidemos que Edward tiene dos espectaculares manos, su otra mano estaba acariciando el contorno de mis pechos, dando círculos alrededor de mi aureola y finalmente pellizcando con gentileza mis pezones, tan gentil como usar las puntas de su índice y pulgar como pinzas pueden serlo. Dejé de besarlo a él y puse mis labios en su frente intentando recuperar el aliento, pero eso pareció ser altura suficiente para que Edward tuviera alcance a mi otro pecho, porque recordemos que yo también tengo dos, se lo llevó a la boca y cielos, mierda, cielos. Estaba muriendo. Si la noche anterior me había parecido perfecta, esto estaba a un nivel superior.
—Mmhm —es todo de lo que soy capaz de decir, pero mi cuerpo dice más, tengo los pezones duros y sé que estoy de nuevo excitada para él.
El condón está en la habitación, dijo entonces Edward e incluso entonces recordé el bar de Don. En como cuando llegué su primera instrucción fue ponerme un implante bajo la piel del brazo para ahorrarnos problemas con bebés, no había nada que molestara más a Don que perder empleadas por bajas de maternidad, podía tolerar que tuvieran algún ETS, pero no los embarazos. Ese implante aseguraba tres años sin bebés o hasta que yo decidiera retirarlo o cambiarlo por uno nuevo. Sacudí mi cabeza para concentrarme en el espectacular aquí y ahora que tenía debajo de mí.
—Puedo olerte, ¿sabes? —dijo Edward mientras mordisqueaba la piel de mi espalda. Cielos. Entierro aún más mi cabeza contra la almohada.
Me separé un poco de él y puse la mano que estaba en mi pezón en el interior de mi brazo izquierdo, haciendo una leve presión para que sintiera el implante anticonceptivo bajo mi piel. Sin decir nada porque no sabría que decirle en realidad, pero sus ojos se mostraron comprensivos ante lo que le hablaba y una sonrisa traviesa surcó su rostro. ¿Estás segura?, me preguntó besando mi brazo izquierdo haciendo que mi espalda se arqueara. No conocía a ninguna compañera del trabajo que hubiese quedado embarazada, con estos implantes Don no escatimaba dinero, realmente no le gustaban los embarazos. ¿Algún ETS del que preocuparme?, pregunté bromeando mientras besaba y lamía su cuello, en especial el lunar que había ahí. Pude sentir cómo pasaba saliva al estar en contacto con la piel de su garganta.
—¿Y a qué huelo? —pregunto contra las almohadas aun con voz dormida, se ríe y sonrío al escucharlo.
Vas a acabar conmigo, dijo antes de besarme y quitar su mano de entre mis piernas, me quejé apenas un segundo antes de descubrir que ahora sus manos estaban intentando bajar su ropa interior.
—Estás excitada —dice con simpleza mientras el recorrido de sus besos en mi espalda sigue por mi columna vertebral, me estremezco.
Y a la mierda los perfectos recuerdos de hace una hora, puedo crear más y nuevos todos ellos. Me giro debajo del cuerpo de Edward, aunque no es precisamente una buena idea, o sí, o no, su cabeza está frente a mi ombligo.
—¿Me equivoco? —me mira a mí.
—No sé de qué hablas —mantengo cierto tono de seguridad entre mis labios, aunque no me siento segura en absoluto, sino volátil y a su merced.
Y antes de que pueda hilar alguna frase inteligente Edward mete dos dedos al mismo tiempo, sin ninguna dificultad, porque estoy demasiado húmeda, pero sólo para él.
—¿Vas a decirme que soñabas? —pregunta moviendo sus dedos con un poco más de rapidez y fuerza. Enloquecedor movimiento. Mmm. Levanto la cadera para encontrarme con él. Besa mi piel de mi ombligo a mis pechos a mis labios— ¿y bien? —pregunta mirándome de frente.
—Con un hombre muy guapo.
—¿No conmigo? —pregunta con una media sonrisa divertida y me atrevo a negar con la cabeza. Sus dedos son aún más fuertes y ahora pausados. Cielos. Mi espalda se arquea y ahora siento como si no pudiera respirar.
—No —me agarro a la almohada detrás de mí con las manos mientras sus dedos siguen jugando conmigo— ¿Contigo? —jalo aire cerrando los ojos totalmente fuera de mí, ¿de qué hablamos? Oh sí— No.
—¿Eso quieres, no?
Muevo mis caderas, pero en lugar de continuar con lo que sea que me está haciendo retira su mano de mi interior, levanto las caderas en vano, aunque puedo sentir su miembro contra mi pelvis.
—Edward —me quejo.
—Bella.
A este juego podemos jugar dos. ¿Cierto? Mi mano va a su pene, atrapándolo entre mis dedos con cuidado. Gruñe un poco aunque no intenta quitarme ni retrocede.
—Bella —ahora su voz es como una advertencia, lo ignoro.
—Edward —digo divertida y pretendiendo ser seductora mientras mi mano se mueve de arriba abajo, apretando y soltando.
—¿Qué soñabas? —vuelve a preguntar ahora clavando sus dientes en mi piel sobre mi hombro. Mmm. Levanto las caderas, en vano, pero mi mano sigue en lo suyo. Y parece gustarle por la manera en que sus labios siguen succionando y mordisqueando de mi hombro a cuello. Cielos. Su cadera se mueve contra mis dedos y sé que está tan perdido como yo.
Así que me muevo un poco hacia arriba de la cama, dejando ir su miembro para poder enredar mis piernas a su cadera.
—Dilo.
—Contigo.
—¿Ah sí? —asiento mientras siento la calidez de su miembro se acerca a mi interior— ¿qué soñabas?
—Esto —vuelvo a mover mis caderas, sintiendo el principio de él en el principio de mí.
Se detiene y su rostro deja de ser juguetón para darme esa mirada que me hizo enloquecer la noche anterior. Me estremezco y eso que sus manos están sólo acariciando mi pierna y el contorno de mis pechos. Pero su mirada, si su mirada pudiera tocarme como sus manos lo hacen estaría totalmente fuera de mí.
—¿Quieres que use condón? —sé la respuesta a eso ahora.
—No.
Sonríe y un segundo después está dentro de mí, jalo aire de una manera un poco ruidosa y vergonzosa. Pero apenas lo considero cuando sus caderas comienzan a moverse y a llevarme con él.
Más. Más. Lo que sea que esté haciendo. Sólo más.
Cuando vuelvo a despertar, Edward tiene sus ojos sobre mí completamente despierto. Sonrío tímida.
—Buenos días, preciosa.
Me han llamado de todo tipo de formas en este año. Desde las más hirientes a las más vulgares palabras posibles, también me han puesto adjetivos que deberían ser agradables pero que han transformado en insultos.
Llevo demasiado sin escuchar un halago sincero. Pero sé que los ojos no se me llenan de lágrimas sólo por eso, llevo más de un año sin escuchar a alguien llamarme preciosa como papá solía hacerlo.
—¿He dicho algo? —niego con mi cabeza.
—Soy solo yo siendo yo.
Edward quita la lágrima de mi mejilla, parece confundido. Así que se lo explico intentando que mi voz no se rompa en el intento. Cuando termino de hablar besa mi nariz, mi frente y finalmente mis labios. Me dice mirándome a los ojos que y sólo si a mí me parece, él podría llamarme así a partir de ahora. Así que tengo que decirle que no puede solo llamarme preciosa y ya, que debe hacerlo solo cuando de verdad lo considere importante o cuando quiera mejorar mi ánimo o darme la razón en una pelea. Y él dice que no lo encuentra complicado.
—¿Por qué tienes que ser tan guapo? —sonríe divertido.
—Ya lo has dicho antes.
—¿Sí? —asiente.
—Cuando te emborrachaste en el cumpleaños de Jasper —arrugo la nariz recordando la resaca del día siguiente.
—Eso no cuenta.
—Claro que lo hace.
—Soy un libro abierto para ti, juego con desventajas. Dime algo que no sepa de ti.
Lo piensa un largo minuto mientras yo paso la punta de mis dedos en un recorrido alrededor de su abdomen.
—Estuve teniendo sueños contigo.
—¿Desde que nos besamos? —niega con su cabeza y parece un poco avergonzado así que yo le creo, mis dedos recorren el contorno de su mejilla— ¿sueños sucios? —se ríe, pero no niega con la cabeza. Sueños sucios—. ¿Desde cuándo?
—Unos días antes de la desastrosa cita de Tinder.
Uh. Esa cita.
—Pudo ser peor —digo pasando mis dedos por su cabello revuelto.
—No pudo ser peor —niega con su cabeza.
—Pudo ser la mejor cita de tu vida. Y entonces no estarías aquí —sonríe y me besa.
—Te concedo eso.
—¿Cómo es que soñar conmigo te llevo a tener un par de días después una cita?
—¿Honestamente y sin que salgas huyendo?
—No puedo prometerte eso. Tal vez era un sueño erótico con sangre y vísceras. Si es algo así, claro que saldré corriendo —o tal vez no era un buen sueño erótico.
—No, no es eso —pasa sus manos por el contorno de mis pechos—. Pensaba que tenía más que ver conmigo que contigo —su mano envuelve mi pecho como si fuera de la medida de mi copa, tardo unos segundos más de lo necesario en volver a la conversación.
—No lo entiendo.
—Algún trastorno por estar soltero, ese tipo de ideas se me cruzó por la cabeza.
—¿Aun lo piensas? —trago saliva aguantando la respiración, niega con su cabeza. Respiro de nuevo, menos mal.
—No podría tener que ver conmigo. Eres sólo tú —intento no sonreír.
—¿Cómo te diste cuenta?
—No lo sé, pero entendí que era sobre ti después de la fiesta de Jasper.
—¿Fue mientras estaba súper borracha, verdad? —se ríe pasando su mano a mi trasero y acercándome a él.
—No, fue mientras estabas bailando. Lo que me costó mantenerme en mi lugar.
—Ya estaba muy borracha ahí —acepto, ¿así que él había estado al pendiente de mí toda esa noche?
—Entonces sí fue por el alcohol. Aunque yo no tomé —sus dedos recorren con calma de mi trasero a mi cuello por toda la extensión de mi columna vertebral— ¿Y tú?
Me lo pienso un segundo.
—Creo que le di muchas vueltas al post-it que dejaste sobre las cajas de zapatos —el que decía justamente que no le diera vueltas al asunto—. Aunque luego resulto que había sido algo de Alice y que sólo lo habías tenido que pagar tú. Y bueno, un par de días después estabas sin camisa y con toalla en el pasillo.
—Lo noté —admite.
—¿Lo notaste? —me sonrojo, ¿es que no había manera de ocultarle nada a él?
—Venga, Bella, hiciste ese recorrido con tus ojos por todo mi cuerpo, ¿cómo no iba a notarlo?
—¿Y después de eso tuviste el sueño? —niega con su cabeza.
—No. Fue justo antes. Por eso estaba bañándome temprano.
—Oh…
—Lo de los zapatos fue algo mío —confiesa, una sonrisa se asoma en mi rostro.
—¿Sí?
Asiente.
—Estaba en esa zapatería sin tener idea de tu número —se ríe y yo acompaño su risa, podía imaginarlo—, Alice estaba burlándose de mí al teléfono y me hizo esperar hasta que consiguió el número de calzado de todos sus empleados para que no sospecharas.
—Pero debes saber que no tuvieron nada que ver los zapatos —me apresuro a decir.
—Lo sé —no hay dudas en sus palabras, me acerco a él y vuelvo a besarlo, una mano se enreda en mi cabello y la otra atrapa de nuevo mi trasero para acercarme aun más a él—. Lamento lo de esta mañana. Fui un…
—Idiota. Lo sé —abre la boca sorprendido—, lo fuiste.
—Lo fui. Tienes una boca muy sucia, Bella —atrapa de nuevo mis labios y yo me río de manera tonta entre sus manos.
—¿Aún tenemos tiempo? —pregunto besando el hombro de Edward.
—No si quieres llegar a tiempo a la comida.
—¿Estás seguro de esto? —deja un beso en mi frente.
—Totalmente.
Muchas gracias por seguir, comentar, compartir y leer esta historia.
Especialmente a: Carolaap, Lore562, Karlanicolepa, Missy, PatriciaLugueraDiaz, LePetitVampire, Noriitha, Yoliki, Adriu, Rosiichita, CecyDilo, Terewee, Wenday14, Angelus285, AnyLuMg, Narraly, LauryD, Ori-Cullen-Swan, Catita1999, Analy, Ann, Cinty77, Indii93, Maze2531, ViridianaContiCruz, AleCas, MoniBelmudes, Geminis1206, Rosichita, Daniela, Lara, Maydi94, GloriaCullen, AngryC, OnlyRobPatti, Quequeta2007 y a quienes firman con anónimo. Gracias.
Un adelanto para enloquecer:
—¿Alice, nos darías un minuto? —paso saliva. Por favor, quédate, suplicaban mis ojos, pero Clare solo me dio una sonrisa pequeña antes de salir del salón.
—Edward no es bueno juzgando a las mujeres, la mayor parte del tiempo termina viendo lo bueno en lugares equivocados —admite. Ella era capaz de ver a través de mí. Intenté actuar como si estuviera tranquila, aunque estaba segura que no lo estaba haciendo para nada bien.
—¿Qué significa eso?
—Quiero saber quién eres, Bella.
—¿Para convencer a Edward de que soy una mala compañía? —no sería muy difícil.
Recuerda que al dejar tu comentario, te enviaré un adelanto exclusivo con 500 palabras del próximo capítulo. ¿No tienes cuenta? Este es un buen momento para hacerte de una.
¿Qué te ha parecido este capitulo? ¿Subidas y bajadas de emociones?
