XXVII
Deseo, Parte 3
No tenía idea de qué más podríamos hacer, pero luego me percaté del hecho que Historia tenía más experiencia que yo en este tipo de situaciones. Encogiéndome de hombros, decidí seguirle la corriente.
Historia se sentó sobre la cama, inclinándose hacia atrás, abriéndose de piernas, y sosteniendo su cuerpo con sus brazos. Al principio pensé que ella quería volver a experimentar lo mismo que antes, pero cuando iba a inclinarme encima de ella, negó con la cabeza.
—Haz lo mismo que yo, y acércate a mí.
Insegura sobre qué esperar de todo esto, imité la posición de Historia y me acerqué a ella.
—Procura que nuestras entrepiernas se toquen —me instruyó, y me acerqué un poco más, sintiéndome estúpida haciendo eso.
—¿Qué diablos quieres hacer? —pregunté, con una risa floja.
—Es algo que me enseñó Ymir durante mi tiempo en la Policía Militar —repuso Historia, moviendo su cuerpo de forma que su intimidad rozara con la mía. En segundos, me di cuenta que aquella no era una ridiculez. Aquello era, en efecto, placentero. Imité a Historia, y el roce fue mayor, al igual que el calor, y, por consiguiente, el placer.
—Uy, qué rico —gemí, sintiendo aquella conocida sensación de tener fuego en mis entrañas—. ¿Y permiten hacer… oh… estas cosas allá?
—No durante las… uy… patrullas —dijo Historia, mirándome a los ojos, y yo hice lo mismo. Me di cuenta que haciendo eso reforzaba nuestra conexión y daba al momento un aire mucho más personal e íntimo—. Pero… oh… no nos vigilan cuando estamos en nuestras habitaciones.
—Yo… uy, uy… pensé que no permitían… oh, que exquisito es esto.
—¿Ves que fue una buena idea? —dijo Historia, elevando el tono de sus gemidos—. Oh, esto me gusta mucho.
—No dejes de mirarme —añadí, mientras el calor se regaba por mi cuerpo como un incendio sin control—. Tienes hermosos ojos.
—Tú también —gimió ella, y, después de eso, nos costó mucho trabajo decir algo coherente, porque el placer era tal que nos borraba las palabras de la cabeza cada vez que queríamos hablar algo racional. Era como si, de forma instintiva, le diéramos más prioridad a lo que estaba pasando donde nuestras intimidades se rozaban.
—Quiero más —dije, y era increíble que hace unos minutos atrás hubiera preguntado por la hora, como dando por asumido que nuestro momento de pasión había acabado.
—Yo también —dijo Historia, mirándome con una intensidad que podía llegar a quemar. Tenía la boca ligeramente abierta, y deslizaba la lengua por sus labios. Ese mero gesto hizo que mis movimientos fuesen más impetuosos. Ella también hizo lo mismo, viendo el mismo gesto en mi cara.
—Eres exquisita —gemí, e Historia se puso colorada—. Entrégate.
—Ya soy tuya —dijo ella, viendo cómo su cuerpo comenzaba a estremecerse. El mío también reaccionaba del mismo modo, y ambas supimos que íbamos a volver a sentir aquella sensación de desfallecer a causa del placer más exquisito de la experiencia humana.
Fue cuando escuchamos unos toques urgentes a la puerta.
—¡Todos los efectivos del Cuerpo de Exploración deben reportarse ante el comandante en cinco minutos! —exclamó la persona que había tocado a la puerta—. ¡Repito, todos los efectivos del Cuerpo de Exploración deben reportarse ante el comandante en cinco minutos!
Quedamos congeladas en medio de nuestro acto sexual por unos cuantos segundos, al cabo de los cuales tuvimos que separarnos y vestirnos con nuestros uniformes. Teníamos que limpiarnos la entrepierna primero, porque tanto yo como ella la sentíamos húmeda, a tal punto de resultar levemente vergonzoso. Por fortuna, aquello no tomó mucho tiempo, y en cinco minutos, ya estábamos uniformadas. Salimos de mi habitación, y vi que un grupo nutrido de chicos salía de la habitación contigua, varios de ellos de nuestra promoción. Me pregunté por qué había tantos chicos en un mismo lugar, y asumí que estaban haciendo alguna suerte de fiesta. Cuando le dije a Historia lo que pensaba, ella se echó a reír.
—Ay, Mikasa, a veces puedes ser bastante ingenua —dijo, cuando se le hubo pasado el ataque de risa—. Es obvio que ellos estaban en la habitación de al lado para espiarnos. Cuando estaba en la Policía Militar, Ymir me dijo que a los chicos les gusta ver a dos chicas juntas. Y si están teniendo sexo, mucho mejor.
—¿Qué clase de lógica es esa? —pregunté. Pero después entendí que yo era una ignorante sobre muchas cosas sobre el mundo que había descubierto estando junto a Historia. Claro, nunca pensé que sentirme atraída físicamente por una chica fuese algo prohibido o cuestionable, creencia que compartía el resto de la humanidad dentro de los muros. E Historia, a diferencia de lo que pensaba de mí misma, era una chica muy hermosa y atractiva. No pensaba de ese modo cuando la conocí, creyendo que lucía como una niña de doce años, pero la experiencia de hace un rato me convenció, sin un ápice de duda, que su cuerpo no era el de una chica de doce años. Su cuerpo era mucho más femenino que el mío. Sus curvas delicadas, su piel suave y lechosa, sus pechos pequeños pero firmes, la forma de sus caderas… el sólo imaginármela desnuda me hizo dar un cosquilleo allá abajo.
—El ser humano se siente atraído por los retos —explicó Historia, mirándome con un poco de curiosidad. Supe de inmediato que me miraba de ese modo a causa de lo acababa de pasar por mi cabeza, y me dedicó una sonrisa pícara—. Y las mujeres que nos gustan otras mujeres representamos uno muy grande.
—Pero no al punto de querer espiarnos mientras tenemos sexo.
—Bueno, eso es otra cosa —dijo Historia, encogiéndose de hombros—. Es una pena que no pudiéramos acabar nuestro asunto, pero somos soldados. Tenemos que estar listos para la acción, sin importar lo que estemos haciendo.
—Ya habrá otra oportunidad —dije, abrazando a Historia por la cintura, y ella hizo lo mismo, pero con mis hombros—. Por cierto, hay algo que no te he dicho, y necesito decírtelo, antes que nuestra nueva misión no me permita hacerlo.
—¿Y qué es?
Miré a Historia, y ella hizo lo mismo conmigo.
—Gracias por salvarme de ese titán durante la última misión —dije, usando un tono suave, de forma que ella supiera que estaba realmente agradecida por eso—. No tuve la oportunidad de decírtelo antes por todo lo que pasó después.
—También tengo que agradecerte —dijo Historia, acercándose un poco a mí, y supe que quería besarme—. Si no fuese por lo que me enseñaste durante el entrenamiento, no habría podido rescatarte.
—Ahora que lo pienso, nos ayudamos entre nosotras —dije, también acercándome a Historia, sin saber hacia dónde nos dirigíamos por estar más pendiente de nuestras propias miradas—. Ahora puedo decir con toda certeza que somos pareja.
—Oh, Mikasa.
Íbamos a besarnos, cuando chocamos con un caballo. Historia perdió el equilibrio, y hubiera caído al suelo si yo no la hubiera sostenido en el último momento. Noté que había varios presentes, quienes se reían y nos apuntaban con el dedo. Historia se puso colorada, pero yo no mostré ninguna reacción, lo que fue algo bueno, porque el comandante Erwin apareció. Era la primera vez que lo veía de cerca desde cuando emprendimos la misión de rescatar a Historia, y la ausencia de su brazo era aún más notoria. Los demás dejaron de reírse en el acto al ver a Erwin. Me di cuenta que no iba montado en un caballo, lo que me parecía extraño.
—Soldados —dijo el comandante con una voz alta y clara—. Seré totalmente honesto con ustedes. Por mucho tiempo hemos creído que los titanes eran nuestros únicos enemigos, pero hemos obtenido información que indica que habíamos estado equivocados. Un nuevo enemigo se acerca, pero esta vez, no viene de afuera de los muros, sino que desde nuestro mismo gobierno. La Policía Militar ha solicitado de manera formal que les entreguemos a Eren y a Historia. También ha dicho que si no cooperamos, el gobierno estará autorizado para poner bajo arresto a todos y cada uno de nosotros. Dado que no tenemos ninguna intención de entregar a estas dos personas, desde este momento en adelante, siempre tendremos que cuidarnos nuestras espaldas. Cuando la monarquía se entere de que no vamos a cooperar con ellos, vendrán directamente hacia mí. Es por esa razón que dejaré a un escuadrón especial en una casa franca del Cuerpo de Exploración. Los integrantes de dicho escuadrón serán escogidos por el capitán Levi. Su deber será proteger a Eren y a Historia a toda costa. Los demás deberán dispersarse entre los diversos distritos, de modo que a la Policía Militar le cueste más trabajo capturarlos.
Noté que muchos de los soldados tenían ciertas dudas sobre las nuevas órdenes del comandante, y supe que se trataba de Historia. Hay que recordar que ella aún no había puesto a Erwin al corriente de lo que ella sabía.
—Creo que es hora de que le cuente mi historia al comandante —dijo Historia, y yo asentí con la cabeza, totalmente de acuerdo con ella—. Debe poseer toda la información posible, de modo que pueda entender qué es lo que quiere la monarquía conmigo.
—Estaré esperándote —dije, a sabiendas que era posible que no la volviera a ver en un buen tiempo—. Te prometo que acabaremos lo que dejamos inconcluso en mi habitación.
—Lo espero con ansias ya —dijo Historia, dándome un breve beso en mis labios antes de dar media vuelta y acercarse al comandante. Yo, por otro lado, me junté con mis compañeros de la 104. Los únicos que no me miraban raro eran Sasha y Eren. Yo sabía que Eren no había estado entre los que me estaban espiando, porque él tenía mucho en lo que pensar, sobre todo después de lo que pasó cuando, de algún modo, pudo controlar a los titanes que nos rodeaban. Sasha, por otro lado, estaba más pendiente de la patata cocida que estaba comiendo en ese momento. El resto me miraba como si yo perteneciera a una especie aparte. Yo sabía que trataban de disimular el hecho que habían escuchado cómo yo e Historia teníamos sexo, pero no dije nada. Sabía que si lo hacía, sería como echarle más leña al fuego.
Un tiempo después
Mi visión de la tumba estaba velada por las lágrimas. No podía creer lo que había pasado, y eso me traía una congoja que nunca esperé experimentar alguna vez. Saber que alguien que ha pasado mucho tiempo contigo haya tenido que dar su vida por la victoria en esa terrible batalla, era algo de lo que no me iba a recuperar en un buen tiempo.
Me arrodillé delante de la lápida, mirando el nombre de quien yacía bajo ésta, preguntándome cómo diablos habíamos llegado a eso. La escena me parecía surreal, como si formara parte de un sueño, a sabiendas de que no lo era. En absoluto.
Noté que Eren me tomaba un hombro, y yo tomé su mano. Era reconfortante su compañía, porque el frío en mi corazón me impedía decir siquiera una palabra.
—Te prometo que su muerte no será en vano—dijo Eren, quien también sonaba triste, pero soportaba estoicamente el dolor—. Ninguna muerte será en vano.
Por mi parte, yo sabía que ninguna vida iba a perderse en balde, porque logramos lo que nos habíamos propuesto hacer en esa misión. Pero no era justo el precio que debimos pagar por ello. Especialmente para mí. Una parte de mí había muerto ese día, y dudaba que hubiese tiempo suficiente para que mis heridas sanaran.
