Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

34. Cenas, Charlie y Celos (II/II)

Angielizz (Anbeth Coro)


Él

Sábado, 12:28

He estado esperando este día desde que inició la semana, aunque también estoy seguro que ésta es la reunión más complicada que he tenido alguna vez en mi vida. Tan complicada que decidí darle el resto del día a todos los empleados de la empresa para poder reunirme a solas con James y Jasper en la sala de reuniones sin dejar a la posibilidad algún oído curioso.

Jasper está al tanto de todo, no esperaría menos de Alice, así que no hay ninguna sorpresa en su rostro mientras voy narrando cada uno de los eventos importantes desde que encontré a Bella. Pero James, por otro lado, ha pasado de creer que estoy jugándole una broma a serio como un encargado de enterrar un muerto contra su voluntad.

Necesito que sepa tanto como soy capaz de contarle, omitiendo solo aquello que tiene que ver con nuestra reciente relación, es decir, sabe que ahora estamos juntos pero no más allá de eso.

—Que falta de sentido del humor. No tiene gracia —dice James poniéndose de pie.

—Hablo en serio, James.

—Entonces que falta de sentido común, Edward —camina dando círculos en la oficina de juntas como si quisiera hacer un hueco bajo sus pies. Mirando de mí a la ventana que da a la ciudad y de regreso a Jasper. Rodea la mesa de doce sillas un par de veces mientras camina pensando, lo dejo ser porque realmente lo necesito en esto. No podría confiar en otra persona para este trabajo.

Suspira, gruñe, maldice mirando a la ventana y a mí. Ruedo los ojos, pero me mantengo firme en mi postura. Esto es lo que quiero, esto es lo que Bella también quiere, solo necesito hacer que James lo entienda.

—Necesitaré un abogado y quisiera una opinión profesional de tu parte —vuelvo a hablar cuando es evidente que seguirá con su rabieta infantil

—Recapitelemos un minuto, ¿quieres? —se acerca a la pizarra de plumón de la pared y comienza a garabatear siglas que supongo tienen sentido para él—. Sacaste a Bella de un suburbio infernal —añade una flecha y un garabato de un edificio— la llevaste a vivir a tu apartamento sin conocerla ni investigar de donde venía —otra flecha y un edificio nuevo con una C— la metiste a trabajar de mesera con Alice, la hiciste pasar por tu novia cuando tu cita de Tinder fue una putada, resulta que descubriste que sentías algo por ella así que la hiciste pasar como tu novia falsa en la cena de Jasper —el garabato de un avión—, descubriste que tiene un hermano del que no te había hablado, y en lugar de sacarla a patadas decidiste subir de escalón y hacerla tu novia oficial —dibuja cuatro muñecos de palitos—, presentarla a tus padres y ahora quieres conseguir a su hermano —añade un muñeco de palito más pequeño—. Menuda historia. ¿Y tú estás de acuerdo en esto? —pregunta James dándole un golpe en la cabeza a Jasper.

—Relajate —gruñe Jasper enojado por el golpe y poniéndose de pie hasta caminar a la ventana—, Edward ya no es un niño.

—Solo un idiota —suelto el aire para ahorrarme el insulto—. Ahora, hablemos de las incoherencias de esa historia, Edward.

—James, detente ahí. No te lo cuento para que envíes a un investigador privado por Bella. Quiero descubrir cómo quitarle la custodia a su tía, por lo menos conseguir una custodia compartida o algo que le permita ver al niño cuando ella quiera.

Ahora me mira como si lidiara con un retrasado mental, con extremada paciencia y lentitud al hablar, para que mi cerebro no se pierda de ningún detalle de lo que va a decirme.

—El problema, Edward, es que esa tal tía sí que enviará a su investigador por Bella. Si la odia tanto como dices, es seguro que lo hará. Como abogado sería lo primero que recomendaría. Porque estuvo ocho meses viviendo por su cuenta, ¿se gastó en ocho meses toda la herencia? El tiempo que no estuvo contigo podría ser la piedra en su zapato que la haga perder la custodia del niño.

—No todos reciben herencias millonarias, James —le recuerdo. ¿Se supone que ese dinero debía durarle a Bella cuando tuvo que pagar mensualmente dinero para la manutención de su hermano además de sus propios gastos?

—Ese es exactamente el problema. ¿Cuánto dinero recibió ? —no respondo porque no sé la respuesta, Bella no hablo de cantidades y a mí no me pareció necesario preguntar por el dinero que ya no tenía—. ¿Por lo menos sabes cuál es su apellido? —¿apellido? Claro, esa palabra que va siguiéndole al nombre, esa palabra que ni siquiera me molesté en preguntarle a Bella cuando comenzó a vivir conmigo.

—Eh… no —se ríe secamente sin gracia.

—¿No? ¿Cuánto llevas viviendo con ella? Es guapa pero no para idiotizar hombres, así que esto debe ser parte de tu idiotez.

—¿Seguirás insultándome? —comienza a molestarme de verdad, abro y cierro la mano para calmarme.

—Puta mierda, claro que sí. Yo no entiendo de qué sirve que Jasper lo sepa todo, si no te hará entrar en razón.

Miro con cansancio y fastidio a James.

—Necesitas investigar a tu novia, Edward. Porque podría apostarme los testículos a que hay más.

—Ya te lo dije, esto es acerca de la tía de Charlie. Olvida que se trata de mí y ayúdame a conseguir la custodia.

James niega con su cabeza.

—Si su tía contrata un investigador y descubre más podríamos perder la demanda. ¿Dijiste que se veía delgada a un punto enfermizo? ¿No podría ser algo con drogas? Si hay drogas de por medio ningún juez le va a dar la custodia. Y eso quedaría en el registro lo que hará imposible conseguir la custodia incluso cuando el niño tenga la edad suficiente para decidir.

—¿Crees que no sabría reconocer a alguien con problemas de adicciones?

—Ya no sé qué creer sobre tus habilidades cognitivas.

Aprieto la quijada para no insultarlo.

—James —advierto.

—Edward, te lo digo como amigo, investiga más.

—No voy a asustarla de esa manera. Bella está con un pie fuera de la puerta todo el tiempo. ¿Qué crees que va a hacer en cuanto mencione lo del investigador privado?

—Sólo alguien que tiene algo que ocultar se asustaría —no cuando se trata de Bella, ella siempre está asustada.

—Si la tía del niño quiere dinero, tal vez puedas ofrecerle dinero a cambio, como parte de un acuerdo —Jasper habla y tanto James y yo lo miramos analizando esa posibilidad.

—De acuerdo —gruñe James y me mira— siguiente problema con tus actos beneficios: ¿Qué mierda harás con un niño de siete años y una novia?

—¿Qué haré?

—Ni siquiera lo has pensado —me rueda los ojos mientras repiquetea con su dedos sobre la madera de la mesa—. Por lo que entiendo Bella no tiene familia ni un trabajo para sobrevivir.

—Tiene un trabajo.

—Ese trabajo no le hará pagar los gastos de su hermano, rentar un apartamento por su cuenta y todos los gastos de una casa.

—Ella no tiene que buscar un apartamento, está viviendo conmigo.

—¿También quieres que viva contigo su hermano?

—Es su hermano.

—No es como una mamá adolescente, Edward, pero al mismo tiempo es como eso. ¿Estás listo para los dramas infantiles? ¿Llevarlo a la escuela? ¿Pensar en una niñera cuando quieras una cita con la hermanita?, el sexo va a estar limitado a la habitación y bajo llave, ¿estás listo para ese nivel de compromiso?

Tal vez, solo tal vez no había considerado todas las limitantes, pero aun así sabía que no iba a retroceder.

—Lo haré.

—¿Y cuando terminen? Siempre vas a sentirte obligado a ella por el niño, eso te haría estar en una situación complicada y sentirte conectado a ellos o responsable económicamente de ambos. ¿Realmente quieres eso?

No respondo en seguida. No había considerado esa posibilidad, ¿y si terminamos? He considerado que Bella buscara cualquier excusa que la haga pensar en escapar, pero ¿y si no funciona? Ella es increíble, pero apenas llevábamos una semana juntos. No es como que ya pensara en el rompimiento. Aunque había pasado por suficientes relaciones para saber que a veces no todo es lo que parece y que la química en la cama no siempre basta para mantener una relación.

¿Qué pasaría si termináramos?

Me sentiría al menos responsable económicamente de ambos. Sé que no podría dejarla a su suerte. Sobre todo, porque su suerte ha resultado ser más como una bomba en sus manos que fortuna. ¿Sería tan terrible como James cree? Miro a Jasper quien me mira con sus brazos cruzados en espera de mi respuesta. James tiene una línea en sus labios apretados pero al menos ya no parece tan enojado.

—Es lo que haré. Incluso si no funciona.

James mira a Jasper.

—Él quiere eso —dice Jasper a mi favor, lo que agradezco.

El semblante de James se suaviza.

—Esto se trata de la vida de un niño, Edward, no es como adquirir una empresa o ganar un contrato. Es un niño, que perdió a sus padres, que vive en su hogar con su tía y va a la escuela de toda su vida en donde ya tiene amigos. No vas a poder cambiar de decisión cuando esto empiece.

Entiendo entonces que no es acerca de Charlie o Bella o por mí, sino por James. James que fue abandonado por su madre cuando era un niño y luego llevado a casas de acogidas cuando su padre alcohólico perdió la custodia en un accidente en auto con James mientras el hombre iba borracho. Pasó así toda su infancia y adolescencia de casas de acogidas a otras, hasta que llegó a los dieciocho años y se hizo de una beca para estudiar.

James sabe más de esto que nadie, y ha sido por eso que no he pensado en nadie más apto para pelear por la custodia de Charlie que él.

—Bella parece una buena persona —dice James cuando no vuelvo a hablar—, pero si nos equivocamos y sacamos a relucir todos los trapos sucios de su tía, la mujer perderá la custodia. Pero si Bella tiene algún problema en su pasado, también podría perder la custodia. Y no hay más familiares para el niño. Interroga a Bella —se acerca a mí hasta poner su mano sobre mi hombro—. Somos amigos, pero entenderás que esto es personal. Si no sé todo entonces estoy fuera de esto. No voy a arriesgar a un niño por una calentura de tu parte.

Miro a Jasper en espera de que intervenga, pero por el modo en que mueve los labios me doy cuenta que ha cambiado de equipo.

—No sabes su apellido, Edward. ¿Qué cosas más no sabes? —me pregunta James sin darse por vencido, pero yo sigo inmóvil ante lo que quiero.

—Es una tontería.

—Llevo siendo abogado más de diez años, sé cuándo lanzarme en picada y cuando amarrarme el cinturón antes de saltar. Mis instintos me dicen que no salte. No es contra ti o ella. Es por su hermano que no lo hago y lo sabes.

—Lo sé.

—Por lo menos preguntale a Bella sobre su pasado. Hay un vacío de ocho meses en tu historia y no quiero encontrar sorpresas frente al juzgado, Edward.

—Lo único que voy a encontrar será soledad y miedo.

—Esperemos que sí…, mientras tanto podemos ponerle un precio al niño y esperar que la tía pique el anzuelo.

—¿Podría funcionar así? —pregunta Jasper acercándose y tomando asiento en una de las sillas negras.

—Legalmente seguiría siendo la tutora, pero bajo el agua estaría con Bella.

—La custodia del niño sería lo correcto, ambos están sufriendo por—James me interrumpe de nuevo

—Si la tía envío al niño como chivo expiatorio a tomar fotos seguramente podría contratar un buen abogado o a un investigador privado, como mínimo. ¿Crees que va a dejar que le quites al niño, la manutención, la casa y el dinero mensual que recibe de Bella sin pelear? —por supuesto que no—. No voy a meter una demanda, Edward, no hasta que Bella me cuente de frente mes a mes el infierno que vivió y asegurarme que no hay omisiones ni contradicciones en la historia.

—Te lo estoy contando yo, carajo, no hay nada más.

—Lo creería si ella no te hubiese ocultado al hermanito por casi un mes sin que lo sospecharas un segundo. Perdonaras mi resistencia al respecto, pero no voy a ceder y eso es todo lo que diré sobre la demanda. Aunque, claro, eres libre de contratar un abogado negligente que pase por alto ese riesgo y decida ponerse a rezar para que nada malo pase.

Lo que no está a discusión. Jasper vuelve a ponerse de pie y se queda mirando hacia la ventana.

—¿Y mientras tanto? —pregunta Jasper sin mirarnos.

—Esperemos que las llamadas a su hermano la depriman lo suficiente para contarle el resto de su pasado a Edward. Me pondré al día sobre demandas por patria protestad y testamentos mientras tanto —promete James, lo que me indica que no está todo perdido, sino pausado—, si pudieras conseguir acceso al testamento o el nombre del abogado de sus padres, sería un avance. Algunas veces los testamentos tienen clausulas previendo la edad de los hijos.

—Agradecería eso —tomo mi celular revisando los mensajes y llamadas recibidas en la última hora, ninguna es del apartamento o la cafetería— ¿Vendrás a la fiesta de Esme y Carlisle? —pregunto antes de levantarme de mi asiento dando por terminada la reunión anterior.

—¿Irá Tanya? —¿Qué tiene que ver mi prima en su decisión? Lo escaneo con rigurosidad, finge desinterés y naturalidad, aunque no hay nada natural o desinteresado en su pregunta.

—Regresa esta semana de Europa —asiente y mira hacia la pizarra que ha usado para dibujar antes, se acerca a ella y comienza a borrar todo. Vuelve a hablar dándome la espalda

—No creo poder asistir, pero enviare felicitaciones a tu madre personalmente.

Jasper y yo intercambiamos una mirada.

—¿Sigues enviándole flores? —Jasper pregunta burlón.

—A ella le gustan —Jasper me mira con ambas cejas elevadas, me encojo de hombros. En la universidad James fue becado con la mitad del total de la mensualidad, y con la otra mitad para la residencia escolar, milagrosamente, cuando le conté a mamá y Carlisle sobre la situación de James alguien donó anónimamente la otra mitad de sus gastos año a año. Así que cada vacación de verano e invierno, cuando la escuela y residencia cerraba, James pasaba sus vacaciones conmigo y mis padres. Es por eso que le envía flores a mamá en sus cumpleaños y celebraciones.

—A ella le gustan —repito, James deja el borrador sobre la mesa— ¿Tuviste algo que ver en el viaje sorpresa de Tanya? —la sonrisa se borra de su rostro y sé la respuesta.

—¿Has hablado con ella?

Jasper se ríe burlón mientras James le lanza una mirada envenenada. Así que Jasper sabe algo que yo no.

—Ustedes dos deberían salir con mujeres que no sean de mi familia.

Ella

17:01

—Pensé que ya tendrías un celular —confesó Edward cuando apareció en la cocina viéndome marcar el número que me sabía de memoria. Bueno, tal vez le había dicho hace unos días que ya había encontrado uno. Sobre todo, cuando se ofreció a comprarme uno con su dinero.

Yo debería comprarme un celular, por supuesto. No es que no hubiese revisado mis opciones, es que solo necesitaba un poco más de dinero para alcanzar un buen celular con cámara de calidad. ¿Era demasiado pedir tener a Charlie en una pantalla un poquito más grande y en HD? Además, ya había tenido antes celulares económicos que se descomponían demasiado pronto. Solo una semana de ahorros y podría tener el que quería. Aunque la siguiente semana debía ahorrar para pagar la deuda de Tía y también debería ir ahorrando para pagar la deuda de Don. Un escalofrío me recorre al pensar en ese hombre. Los intereses de los prestamos a Don se cobran por día, tenía que apurarme a conseguir todo el dinero y saldar esa deuda. Aunque es posible que Don piense que estoy muerta. Bueno, podría ahorrar para tía y para él y mientras tanto seguir con las llamadas desde el teléfono fijo. Edward no me pondrá restrincciones en el uso del teléfono, ni siquiera lo usa o recibe llamadas a éste, es casi como si fuera mío. Y quizás en unas semanas más podría conseguir el teléfono que quería, aunque era consciente de lo quisquillosa que estaba siendo al respecto.

¿Era tan terrible ser selectiva y además orgullosa, pero pobre? Era una mezcla imposible, quizás, pero no quería sentir que me estaba aprovechando de algún modo mayor a vivir en su apartamento sin pagar un peso y además tener un trabajo con su hermana, pero tampoco había comprado el celular barato a pesar de tener el dinero para comprar ese.

—¿Ya casi? —rueda sus ojos y saca del bolsillo su celular para mí—, no es necesario.

—¿Podrías no hacerte la difícil y aceptar llamar desde mi celular? —niego con mi cabeza mientras marco los últimos dos números para llamar a Charlie— ¿no preferirías tener una videollamada con él? —Edward sabe donde disparar, detengo mi dedo sobre el último número sin presionarlo— tómalo.

Cuelgo el teléfono fijo a la pared y acepto el celular de Edward. No me sorprende que las únicas redes sociales descargadas fueran Telegram y Whatsapp, no parece del tipo que se distrae viendo videos graciosos o quejándose de la existencia por internet. Yo sí, por supuesto, yo era del tipo que tenía todas las redes sociales al día hasta que una mañana tuve que elegir entre comer o reírme de tonterías. Añado el número de mi hermano a sus contactos y le envío un mensaje diciéndole que era yo, que hiciéramos una videollamada cuando pudiera. Regreso al menú principal mientras Edward se sirve un poco de agua del refrigerador dándome la espalda. Tinder.

Un escalofrío me recorre mientras veo el celular a Edward un par de veces. ¿Aun lo usaba? Mi dedo índice va y viene de WhatsApp a Tinder indeciso. ¿Había dicho que estábamos juntos? ¿Pero eso significaba una relación abierta para él? No usamos la palabra con N en ningún momento. Estábamos juntos. Fallábamos juntos. ¿Qué entendían los hombres de treinta y dos años acerca de las relaciones?

—¿No tienes redes sociales? —pregunto en cambio pretendiendo normalidad.

—Absorbía mucho tiempo en ellas. ¿Tú?

—Sí, supongo que deben seguir activas.

¿Serían tan activas como su tinder? ¿o apagadas en comparación a su aplicación de citas?

—¿Puedo ver tu cuenta? —pregunta sonriente y curioso.

—Uh… ¿puedo ver la tuya?

—La borré de manera definitiva hace varios meses, para evitar la tentación.

—Aguafiestas.

—¿No te responde Charlie?

—Estoy esperando que lea mi mensaje.

Y entonces preguntamos ambos al mismo tiempo:

—¿Quieres salir a algún lugar hoy?

—¿Aun usas tinder?

Mierda. Por suerte el celular de Edward comienza a sonar indicando que Charlie está enviando una solicitud de videollamada. Respondo alejándome de Edward y todas las interrogantes de su mirada, mientras el rostro alegre de mi hermano aparece en la pantalla.

Charlie me muestra su habitación decorada con dinosaurios, sus zapatos nuevos, la tarea terminada en su cuaderno y el último libro de colorear que Tía le obsequió en la semana que regresó del viaje. Tiene una buena vida, corroboro. Cuando le pido que me muestre mi habitación se resiste un rato, hasta que lo convenzo de hacerlo. Me arrepiento en seguida. Mi habitación no luce más como mi habitación. Las paredes azules fueron sustituidas por un simplón color blanco, la cama por una máquina de coser, mi pared con fotografías por un cuadro de una flor sin chiste y los cuadros que pinté ya no están por ningún lado.

Me queman las ganas de pedirle que me muestre el resto de la casa, pero tengo miedo de que más cosas hayan cambiado, prefiero quedarme con la imagen que tenía de mi hogar antes que ver en lo que esa mujer lo ha convertido.

—¿Dónde está Tía?

—En la iglesia, duh.

Por supuesto. Esa mujer necesitaría veinticuatro horas de oraciones diarias y no terminaría de pulir sus pecados. Luego de casi una hora al teléfono hablando de caricaturas y documentales que Charlie ha estado viendo esta semana colgamos no sin antes repetirle cuanto lo quiero y extraño.

—¿Podemos hablar un minuto? —Edward introduce su cabeza en la habitación justo cuando cuelgo el teléfono, lo que me hace preguntarme si estuvo espiando todo el tiempo o ha sido pura casualidad.

Uh, suena y parece serio. Palmeo el colchón a mi lado y viene hacia mí.

A veces dormíamos en su cama, otras noches en la mía, una vez dormimos en el sofá del cuarto de televisión luego de una ronda de sexo y videojuegos. Él no me había propuesto mudarme a su cuarto y yo no lo había sugerido, supongo que eso era demasiado, no es como si hubiese en realidad una gran diferencia porque incluso compartíamos la ducha. Lo único que no compartíamos eran los vestidores. Cuando Edward estaba aquí yo podía ir a su habitación, no es que él me hubiese prohibido entrar en su ausencia, pero se sentía un poco como invadir su privacidad a sus espaldas, aunque honestamente yo no entraba a su recamara si él no estaba ahí antes o si no me llevaba a rastras y besuqueos hasta su cama.

—¿De qué quieres hablar? —le pregunto una vez que se acuesta a mi lado, le paso su celular de regreso y él lo deja en la mesita de noche que está a su derecha sin darle una mirada.

—Tienes que prometerme que no saldrás huyendo.

Aunque intenta sonar casual y bromista, sé que habla en serio. Que realmente quiere que le prometa eso que a mí me cuesta darle, mi confianza. ¿Es acerca de tinder? Posiblemente sí lo ha usado otras veces. ¿Incluso desde que empezamos a salir? ¿En qué momento? Respiro hondo.

—¿Tan terrible es?

—No exactamente.

No exactamente no es no.

—No voy a aceptar un celular nuevo —no íbamos a tener de nuevo esa conversación.

—Ya lo sé —oh, eso fue demasiado sencillo.

—Tampoco voy a aceptar dinero de tu parte para comprar uno.

Sonríe un poco.

—No es sobre eso.

—Entonces dime —estoy segura que se trata de esa maldita aplicación de citas, no debí preguntar al respecto. Prefería vivir en la ignorancia.

—Es sobre la custodia de Charlie —se detiene a ver mi reacción y cuando parece que no encuentra nada en mi rostro para alarmarse continua— James es abogado, y cuando quiero llegar a algún trato él siempre se encarga de todo. Nunca hemos perdido un acuerdo o demanda, así que esta tarde hablé con él sobre el tema.

—¿Y? —¿descubrió algo nuevo?

—Quiere ver el testamento, para empezar. A veces los testamentos tienen clausulas especiales considerando el paso de los años y tu posibilidad de cuidar de Charlie por tu cuenta.

—No lo tiene —Eric, que también había estudiado derecho se había encargado de revisarlo por mí a fondo y no descubrió ninguna manera de hacer que la custodia cambiara.

—¿Lo viste?

—No personalmente —no pregunta más al respecto, quizás mi tono decaído es suficiente para hacer que evite presionarme sobre el tema y yo lo agradezco.

—Lo normal, según James, es que se lea el testamento frente a los involucrados para evitar cualquier conflicto de interés.

Tengo el recuerdo, estoy segura, Tía estaba sentada en uno de los sillones de la sala mientras yo estaba en el otro extremo de la habitación y un hombre que se hacía llamar el abogado de mis padres nos leía el documento. Las voces están amortiguadas, como si hubieran hablado debajo del agua todo el tiempo, y yo estoy demasiado distraída pensando en lo deliciosa que están las galletas recién horneadas. Sin ser capaz de pensar en nada o nadie además del sabor en mi boca.

—Recuerdo algo como eso, pero no creo que eso sirva para ti —me mira con una ceja levantada confundido—, me la pasé un poquito medicada esos primeros días así que estuve ahí pero no estuve ahí —asiente comprendiendo de lo que hablo.

—Claro… lo entiendo, pero creo que entonces deberíamos volver a revisarlo por lo mismo.

Tomo su mano y doy un beso contra su dorso.

—Aprecio lo que intentas hacer. No es que no lo haya pensado antes, es que… incluso si pudiera, no puedo arriesgar a Charlie de esa manera. Además, soy mesera en una cafetería. ¿Qué juez me elegiría sobre ella? Y —añadí con prisas cuando vi sus intenciones de interrumpirme— aunque viva aquí, esto no deja de ser propiedad —de mi novio, no lo digas, me detengo a tiempo—tuya. Y esa no es precisamente la manera en que un juez podría considerar mi madurez y capacidad para solventar los gastos de mi hermano.

—¿Y como puedes estar segura que está mejor con ella?

—Porque si no fuera así él me lo diría.

—No lo sabes, Bella.

—Tengo que creerlo de esa manera, ella lo quiere, supongo. Lo único malo en ella es su aberración por mí.

—¿No es esa entonces una buena razón para cambiar de empEdward? Si tuvieras un mejor empEdward no dudarías de tu capacidad para cuidarlo —ingenioso, hay que añadirlo a sus cualidades, ha logrado llevar el tema de Charlie al tema de nuestra cita sobre buscar empEdwards que sean de mi agrado.

—Nadie va a aceptar a una desconocida en una importante galería en la ciudad, ¿lo sabes verdad? Sólo tú recoges gente de la calle y le das todo, pero lo usual es que nadie haga eso.

Ni siquiera mi anterior novio. Mi experiencia me dice que lo último que debo considerar es pelear por la custodia de Charlie. Ni siquiera me atrevo a considerar en pensar en un plan por si lo que tenía con Edward fracasaba, mucho menos un plan en el que incluyera a mi hermanito y a mí en la calle. Sabía lo peligroso que era el mundo para arriesgarlo de manera egoísta. Además aun seguía pensando en esa app que encontré en su teléfono. ¿Qué haría si resultaba que seguía saliendo con otras mujeres?

—Pero gracias por intentarlo. Tal vez más adelante sea una opción.

—¿Cada cuánto viene a visitarte Charlie?

—Nunca lo había hecho antes, pero está bien así, ¿realmente lo imaginas en ese horrible edificio en el que estuve viviendo? Ni loca habría considerado llevarlo ahí. No hay un lugar más peligroso para los niños que ese.

Edward suspira de manera derrotada antes de acercarse a mí y dejar un beso en mi frente.

—Pero ya no vives ahí —lo sé, por supuesto, eso no evita que siga pensando que podría volver.

—Lo sé —besa mi frente de nuevo y yo me derrito ante su tacto.

—Pude haberme ahorrado una discusión con James si hubiera hablado antes contigo —dice contra mi cabello.

—¿Discutiste con James? ¿Por qué?

—Una tontería, aunque ahora has terminado dándole la razón —levanto una ceja sin entender de qué habla.

—¿Vas a contarme o tendré que adivinar?

—Ninguna de las dos, aunque siempre podemos pagarle a la mujer para que deje venir a Charlie cuando tú lo quieras —esa opción es lo mejor a lo que podría aspirar.

—¿Estaría bien para ti? —Charlie puede ser un poquito molesto a veces, es un niño, y le gusta tener la atención de la gente. Edward es alguien ocupado.

—Lo estaría —suena convincente.

—Aunque ahora es temporada de clases, tal vez en las vacaciones de primavera… si a ti te parece, por supuesto.

—Hablaré de eso con James más tarde.

Él habla en serio. Me acerco a dejar besos repartidos en su cara como agradecimiento, no tengo ninguna palabra mejor que esa. Pero cuando Edward pasa sus manos debajo de mi ropa, entiendo que puedo agradecerle de un modo incluso mejor.

Cuando vuelvo a abrir los ojos, Edward está estirándose en la cama para alcanzar su celular. Lo miro con un ojo semiabierto sin moverme. Digita la contraseña y va a la aplicación de Tinder. Oh. Mi corazón se contrae. Cierro los ojos, intentando concentrarme en tener una respiración lenta. ¿Lo usa justo después de tener sexo conmigo?

No supuse que fuera tan descarado al respecto. ¿Pero qué esperaba realmente? Eric no era exactamente un adonis y pasó de mi por mi mejor amiga. Edward se acerca bastante a ser un maldito dios, por supuesto que pasaría pronto de mí. Jamás hablamos de fidelidad ni ser exclusivos aunque pensé que eso estaba entredicho. Pensé que le gustaba más que esto. Pensé que por lo menos tendría la amabilidad de quedar con alguien más cuando no estuviera sobre mi cama.

Tan ingenua.

Lo escucho teclear y el sonido de mensajes llegando. Posiblemente está acordando con su nueva cita de Tinder un lugar para cenar. Vaya. No esperaba que pudiera ser tan frío respecto a lo que nosotros teníamos, pero mientras yo estoy pensando todo el día en él y en el regreso al apartamento para estar en sus brazos, él está acordando citas con desconocidas bonitas. ¿Puede alguien culparlo?

—¿Estás despierta? —no respondo y sigo fingiendo respirar de manera regular, aunque mi respiración es todo menos regular. ¿Y me habla de conseguir la custodia de Charlie? ¿Para qué? ¿Para hacerme más difícil el acto de sobrevivir con un niño? Jamás pondría en peligro a Charlie sobre mis ganas de tenerlo para mí —¿Bella?

—Estoy dormida —y lo que debería ser una suave voz de alguien que duerme suena más como un gruñido molesto de mi parte. Excelente.

Hace apenas un día me llevó a un hermoso restaurante para darme una cita de ensueño. ¿Lo haría con todas? Posiblemente. Ese susodicho restaurante francés, The Moon, había sido al lugar al que llevó a su anterior cita. Tal vez le gustaba impresionar a las mujeres con su dinero y encanto.

—¿A qué hora saldrás? —pregunto aun con los ojos cerrados sin atreverme a abrirlos y mirar sus ojos azules que fingían dulzura y deseo por mí. Tan tonta. ¿Cómo pude caer en la trampa, de nuevo? ¿Cómo pude creérmelo todo? Es mi culpa por pecar de extrema ingenuidad. ¿Va a mentirme? ¿O será honesto y cínico mientras admite que ha quedado con una desconocida por Tinder?

Besa el tope de mi cabeza antes de volver a hablar, sería más simple si se mostrara frío y distante conmigo. Me presentó a sus padres, convivió con mi hermano, ¿por qué tendría una cita con otra persona? No tiene sentido. Aunque una parte mezquina dentro de mí sigue creyendo que tiene sentido que busqué a otra mujer después de mí.

—Todavía es sábado. Dormiste quince minutos solamente.

—Sé que es sábado.

Aprieto los ojos luchando contra las lágrimas. No puedo creerlo. Llevamos juntos solo una semana. Una semana ha sido suficiente para él. Y yo he pensado que jamás tendría suficiente de Edward. Tal vez me ha follado tantas veces porque no es suficiente, porque no logro saciarlo por completo. Tal vez lo que pensé que era deseo y pasión por mí ha sido sólo migajas para él. Necesita más, por supuesto que lo entiendo.

Sólo hoy lo hemos hecho ya tres veces. Definitivamente necesita más. Lo que es comprensible, por supuesto. Pero qué estúpida he sido. No hay nada que ofrecer en mí que él no pudiera conseguir en una app de citas.

—¿Estás despierta?

—S-í.

—¿Estás llorando? —como si mi cuerpo quisiera jugar en mi contra en el peor momento una traicionera lágrima se desliza sin consentimiento sobre mi mejilla. Una y luego otra y otra— ¿una pesadilla?

Me abraza y aprieta contra él. Lo peor de todo es que él es muy bueno conmigo. Increíblemente bueno para mí. No logro encontrarle un defecto que me resulte útil para dejar de sentirme unida de esta manera. Aunque de nuevo, pensé como una idiota que era algo mutuo, al menos que teníamos la misma atracción sexual por el otro.

—Fue un sueño —miento, porque es lo más seguro para todos.

—¿Quieres hablar de eso?

Niego con mi cabeza sin encontrar la voz en mi garganta. ¿Qué podría decirle? ¿Lo idiota que es por ser tan astuto y buscar a alguien mejor que yo? No. ¿Lo mucho que lo detesto ahora mismo por lastimarme al buscar una mujer despampanante en tinder? No. ¿Lo sensato que es por tenerme en su casa para follar mientras queda con otras mujeres para follar mientras yo duermo? No. No hay nada que pueda decirle.

Me levanto diciéndole entre murmullos que tomaré una ducha. Me quedo bajo el agua de la regadera tanto como me es posible. Pronto tendré que encontrármelo de nuevo y tendré que encontrar las palabras y el rostro para decirle que no me importa lo que haga en sus ratos libres. Que somos dos adultos y solteros, que me alegra que pueda salir con más personas. Espero sonar convincente, por lo menos no convertirme en un manojo de nervio y llanto. Para mi suerte cuando salgo del baño, él ya no está en la habitación, seguramente se fue a arreglar para su cita.

Es sábado. Por supuesto que está arreglándose para salir. Me pongo unos pantalones de mezclilla y una blusa sencilla. Agarrando mi cabello mojado en una coleta alta antes de decidirme a salir de mi guarida.

Pero Edward no está. Ni en la sala, cocina, cuarto de lavado, gimnasio, la oficina o el cuarto de videojuegos. Y cuando asomo mi cabeza a su recamara confirmo que no está en el apartamento. Uh. Se ha ido. Busco en mi habitación alguna nota para mí, pero ni siquiera un post it encuentro sobre la cama o pegado al refrigerador. Me paro frente al teléfono de la cocina indecisa, tengo su teléfono grabado en mi cerebro, lo que no tengo es una excusa para llamarle.

Marco su número y suena tres veces antes de que él responda.

—¿Hola? —se escucha ruido de fondo, ¿un bar? ¿un restaurante? ¿un club? ¿esos son murmullos o música? ¿seguirá en la calle?

—¿Podrías traer cena cuando vuelvas? —ugh, pude hacerlo mejor.

—¿Algo en especial?

Muerdo mi labio buscando una respuesta apropiada.

—Eso depende del tipo de restaurante en el que estés.

—¿Por qué piensas que estoy en un restaurante? —suena divertido.

—¿Un bar?

—No podrías estar más equivocada —sigue sonando con su voz de buen humor, posiblemente su compañía lo tiene así de divertido. ¿Qué hice mal?

—¿No podrías haber esperado a que me quedara dormida para tu cita de tinder? —mi labio tiembla y me maldigo por ser tan débil. Solita me metí en la boca del lobo. No dejo que diga nada cuando le cuelgo el teléfono.

Me escondo debajo de las sabanas de mi cama queriendo obligar a mi cuerpo a dormirse, lo último que necesito es enfrentar a Edward cuando regrese, si es que regresa hoy. ¿Y si tiene una buena cita? Sonaba de buen humor, posiblemente su cita iba bien, ¿le habré arruinado la noche con mi llamada? Eso espero, porque él también me la ha arruinado a mí. Aunque ahora temo que no pase la noche aquí para evitar confrontarme. Mierda. Lo he empujado a la cama de una despampanante mujer, maldición.

Sigo sin entender cómo es que ni siquiera pasó una hora desde que me metí a la ducha cuando él se enfadó de esperarme y se fue. ¿Tan rápido había decidido seguir su sábado por la noche con alguien más? Él era insaciable o yo insatisfactoria para él. Posiblemente lo segundo.

El olor a pizza inunda mis fosas nasales. No. Lo que pasa es que tengo hambre. Cuando tengo hambre mi cerebro juega en mi contra y me hace este tipo de ilusiones. Duermete, Bella, solo duérmete. Miro mis manos debajo de la sabana intentando concentrarme en como mi índice y pulgar pellizcan con fuerza la palma de mi mano y no en lo doloroso que se siente que él me rompa el corazón.

Pero no puedo. ¿Jamás seré capaz de distinguir el engaño de la verdad? Supongo que no, porque el olor a pizza es casi convincente. Las palabras, caricias y miradas de Edward también parecían honestas. Se veía preocupado y atento por mí esta tarde mientras me hablaba de la custodia, también se veía excitado y atraído por mí más tarde. Aunque lo mismo pensaba de Eric. Y la infidelidad de Eric me tomó por sorpresa. Pero esto no es una infidelidad, tengo que recordarme, solo acuerdos no mencionados en nuestra situación. Una situación en la que yo siento mucho y él siente mucho por muchas mujeres.

Que jodida vida. Me pica toda la piel del cuerpo por contener el llanto, pero no quiero llorar, necesito pensar con claridad y es que sólo me ha tomado con la guardia baja. Si me hubiese dicho de frente que tendríamos una relación abierta como su amigo James y Victoria, entonces yo habría estado al tanto de la situación y no se sentiría como si un camión me hubiese aplastado. No es como con Eric, que sí era mi novio oficial, que llevábamos saliendo más de dos años y que sin avisar comenzó a salir con mi mejor amiga de la vida, Angela.

¿Lo que tendría con Edward era como amigos con derecho? ¿Compañeros de cuarto con derecho? ¿Eso no era lo mismo que amantes? ¿Amantes sin exclusividad? Vaya porquería. ¿Y yo podría tener ese tipo de relación? Más vale que pudiera, porque no iba a cometer el mismo error que con Eric. No volvería a la calle a vender mi dignidad pensando que al irme sería una salida digna.

—¿Pizza? —la voz de Edward pregunta un segundo antes de que el peso de su cuerpo caiga en la cama. Me aseguro de no tener lágrimas en mis mejillas antes de salir del escondite de sábanas. Hay una caja de pizza en medio de nosotros. No me atrevo a mirarlo, mantengo mis ojos en la caja de cartón mientras mi lento cerebro intenta comprender cómo se las ingenió para regresar en menos de cinco minutos con una pizza en la mano— ¿por qué crees que estaba en una cita? —su voz suena con curiosidad.

Mis mejillas se calientan, pero no respondo. Que no haya estado en una cita justo ahora, no significa nada, tal vez sólo regresó a dejarme la cena antes de irse. Aunque viste una camiseta informal y pantalones de mezclilla con tenis.

—¿Bella? —no se dará por vencido. Mantengo mi vista fija en el lunar bajo su cuello antes de encontrar las palabras correctas.

—Te vi —no son las mejores palabras, ni son muchas pero son las únicas que se sienten posibles de decir.

—¿Me viste?

Doy una gran bocanada de aire antes de atreverme a hablar.

—Cuando desperté estabas en tinder —aprieto los dientes, obligándome a ser tan fuerte y madura ante el tema como no soy capaz—, te vi.

—¿Y pensaste que estaba planeando una cita?

—Sé lo que vi —no necesita tomarme por tonta.

—Estaba eliminando mi cuenta —parpadeo y frunzo el ceño ante sus palabras, debo admitirlo, es un buen mentiroso. Pero no voy a aceptar esa mentira, soy una adulta, puede decirme las cosas a la cara sin que tenga que terminar llorando debajo de las sabanas como hacía hace menos de un minuto.

—No tienes que mentirme, Edward. Está bien para mí —rueda sus ojos y parece molesto ahora, sin la diversión anterior. Mi garganta quema de manera insoportable y siento como si muchas astillas estuvieran incrustándose contra mi pecho. Soy una adulta.

—Déjame entender tu acusación. ¿Hice una cita con una desconocida mientras estabas desnuda a mi lado? ¿No te parece incongruente al menos esa posibilidad? —niego lentamente con mi cabeza.

—Tiene sentido —me encojo de hombros intentando restarle importancia al problema, como si no existiera tal problema para mí.

—¿Qué tiene sentido?

Miro sus ojos azules, quiero saber cómo se transforman cuando descubra que lo sé todo y que al parecer tengo más miedo de volver a la calle que de vivir siendo constantemente engañada, porque si tengo que fingir que no me importa que tenga otras citas es posible que mi falta de dignidad y cero posibilidades de sobrevivir por mi cuenta me hagan quedarme.

—Sólo… lo entiendo, es obvio que no puedo satisfacerte así que has quedado con alguien más, y no es una incongruencia, es una falta de respeto de tu parte quedar con otra persona mientras sigues en mi cama.

Mis palabras suenan más atropelladas de lo que me gustaría y mi frente se frunce con mis cejas de tal manera que sé que debo tener ahora mismo la cara de un perrito que acaba de ser atropellado, pero al menos no estoy llorando. Bien por mí.

—Eso es absurdo —dice mientras niega con su cabeza mirándome con algo parecido a la lástima. ¿Absurdo que sea una falta de respeto? Levanto una ceja. Creo que alguien necesita aprender de modales.

—Solo un poco desconsiderado. Si lo que querías era una relación abierta como tu amigo, James, solo tenías que decirlo.

¿Qué haría si lo decía? Supongo que resignarme a tener una parte de él y compartir sus noches con extrañas. Tal vez debería considerar dejar de tener sexo sin condón, por ejemplo. Aunque no estaba segura de querer dejar de tener sexo con él. Su mano agarró mi mejilla para que lo mirara y mi piel quemaba bajo su tacto incluso aunque me hubiese roto el corazón. Lo que estaba bien, porque si apenas empezaba a quererlo era mejor detener esos sentimientos y limitarme a la cuestión física. No estaba segura que eso pudiera hacerse, aunque lucharía por intentarlo.

Niega con su cabeza sin decir nada y saca del bolsillo del pantalón el celular, mueve algo en la pantalla antes de entregármelo. Una conversación con Alice.

Yo: ¿Sabes cómo eliminar una cuenta de tinder?

ALICE: Eres un anciano en el mundo de la tecnología.

Yo: Eso no puede llamarse a sí mismo tecnología.

Alice: Por supuesto que puede. En mi experiencia tres de siete citas son buenas.

Yo: En mi experiencia, tu experiencia es perturbadora.

Alice: Al parecer tengo mi cuenta activa en tinder todavía. Revisaré como eliminarla y te envío los pasos, anciano. ¿Qué hay en tu sábado por la noche?

Yo: Nada para tus oídos.

Alice: Mis oídos están profanados desde hace mucho tiempo.

Yo: Perturbador.

Alice: Configuración – Privacidad - Cuenta – Desactivar. Hasta un mono podría hacerlo.

Yo: Felicidades, pequeño mono.

No miente. Realmente estaba buscando como eliminar su cuenta, y la conversación con su hermana explica los mensajes de texto que estuvo recibiendo cuando yo desperté.

¿Avergonzada? O ¿Aliviada? Hay una pelea entre ambas emociones al terminar de leer la conversación. La quemazón en mi garganta desaparece al igual que las astillas contra mi corazón. Ugh. Es vergonzoso ahora.

—Ha ganado el juicio, caballero —pretender que es gracioso es lo más sencillo, de esa manera no quedará al descubierto mis elevados sentimientos por él. Edward sigue sujetando mi mejilla para que lo mire, sus ojos azules son intensos y su cara está tan cerca de la mía que lo único que se me ocurre es que quiero besarlo, ¿besarlo por no quedar con una desconocida mientras seguía en mi cama? Supongo que es una buena excusa para besarlo.

—No quiero una relación abierta, Bella. Y no creo que tú quieras eso tampoco —era una biblioteca abierta para él.

—¿Y qué es lo que quieres?

—Sólo una relación contigo, sin terceros de por medio. ¿Podríamos tener eso? —una sonrisa grande e imposible de disimular se escapa entre mis labios, asiento un par de veces antes de que Edward atrape mis labios entre los suyos en un beso demandante—. ¿Qué te hace pensar que no estoy satisfecho? —hay un tono de indignación que se cuela en su voz. Mi piel se vuelve caliente donde sus manos me tienen sujeta.

—Sólo mírame —mi voz es un débil murmullo, sus ojos se abren un poco más como mostrándome que es lo que está haciendo. Suspiro. Su mirada parece volverse más comprensible y tierna, como si pudiera leer los traumas de mi pasado. El miedo, la desconfianza, el engaño, la infidelidad, mi aplastada autoestima, todo.

—Es todo lo que puedo hacer, Bella —muerdo mis labios para evitar que la sonrisa boba vuelva a aparecer en mi rostro. Toma una de mis manos y la lleva hasta el cierre de sus pantalones, puedo sentir la dureza bajo la tela, paso saliva— ¿quieres que te muestre lo muy satisfecho que me encuentro contigo?

Sí, por favor.


Agradezco mucho a quienes siguen, leen y comentan esta historia. Un especial agradecimiento a:

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Y ahora un adelanto para enloquecer, pero de verdad:

El baño de mujeres se convirtió en un pequeño escape de la fiesta, necesitaba este respiro antes de volverme a enfrentar ante todas personas de alta clase y tan por encima de mí. No importara cuan tierno fuera Edward conmigo o que tan cerca estuviera de él, no había manera que pudiera ignorar las miradas que sentía de esas personas sobre mí. Me encierro en uno de los cubículos intentando respirar y tranquilizarme. Escucho pasos y voces de mujeres llegar al baño, supongo que a retocarse el maquillaje.

—¿No iba a casarse hace menos de un mes? -dice una de las mujeres con el tono acusatorio de quien se cree por encima de otra persona.

—Eso escuché, no fui invitada a la fiesta -una voz malhumorada y quejumbrosa continua.

—Heidi será todo lo que dicen que es, pero al menos es buena conversadora -una tercera voz.

—Esa niña parece como si la estuvieran degollando, debería estar agradecida por haber sido invitada. Es bonita y joven, ¿pero no debería ser más?

—¿Más que Heidi? Imposible. Esa mujer sabía cómo hacerse notar -y como si el destino se riera de ellas apareció una cuarta voz a la escena:

—¡Heidi está aquí! –la voz de una cuarta mujer. Vaya fiesta de chismes. y ahí estaba yo pegando el oído a la puerta para escuchar todo.

—¡NO! –gritos de chisme escandoloso. Lo mismo pensaba yo.

—¿Él lo sabe?

—Si no lo sabe aún, lo descubrirá.

—¿Lo sabe Esme? —¿Esme?

—Se coló con el nombre de alguien más, eso seguro. Habrá un escándalo esta noche señoras. No quisiera estar en los pies de su nueva noviecilla.

Honestamente yo tampoco lo quisiera, esperé hasta que las voces se fueron y entonces salí de mi escondite. Venga, quizás por un buen drama podía tolerar esta fiesta unos minutos más.

Chan chan. Nos leemos pronto, recuerda dejar tu comentario para actualizar la historia antes ;)