Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
Baile, tiburones y drama
Angielizz (Anbeth Coro)
Ella
Viernes, 20:00
Era la celebración del aniversario de Carlisle y Esme. Creí que sería algo sencillo debido a que un aniversario de bodas suena a un evento familiar y de amigos cercanos, pero a excepción que el círculo de amigos fuera tan grande y la familia de Esme y Carlisle abarcaran a media ciudad, esto no se sentía como un evento pequeño y sencillo.
Aunque debí sospecharlo.
Alice no aceptó un no por respuesta esta mañana cuando me invitó, sin aceptación de un rechazo, a pasar el día con ella y ausentarme del trabajo, pasó por mí al departamento a pesar de las quejas de Edward por mantenerme alejado de su hermana, y honestamente lo pensé exagerado. Pero pasamos desde las diez hasta las ocho de la noche arreglándonos. Casi doce horas.
Nuestra primera parada fue el estilista, lo que agradecí, necesitaba esto con urgencia. Y lo mismo pensó el encantador y poco sutil caballero que me atendió mientras revisaba mi cabello con una mirada de tragedia.
—Lo siento —dije incluso mirándome atraves del espejo y el hombre se rió.
—Pronto este desastre estará solucionado —me prometió.
—Es el mejor —dijo Alice sentada a mi lado dándome la suficiente confianza para mantener mis manos quietas— ¿ya sabes que te gustaría?
—Creo que algo sencillo, un despunte y quizás dejarlo del mismo nivel para que… —pero entre más hablaba más se acentuaba la mueca trágica del estilista— o no. ¿Alguna propuesta? —el hombre sonrío complacido pasando sus dedos por su cabello teñido y perfecto y me dijo que se lo dejara a él.
Lo único que no le permití fue teñírmelo, mamá siempre decía que teníamos el mismo tono de cabello, parecía bastante complacida de ese dato, y me rehusaba a cambiar ese aspecto. Lo que hizo el estilista, que ya he olvidado el nombre aunque tenía algo de francés, fue cortarlo en distintos niveles para crear un efecto en cascada y estilizar un poco más mi figura para crear un efecto en el que blablablá.
Lo único que sé es que le quedó perfecto como aseguró. Aunque tardó casi dos horas en alcanzar ese nivel de perfección, dos horas en las que dejé a mi mente divagar en los eventos de los días anteriores. Por ejemplo, en Diana, la vecina del piso 32 que había mostrado renuencia por mí desde que llegué al edificio, se había mantenido alejada de mí desde que Edward la confrontó en el elevador amenazándola con no invitarla a la fiesta, pero ahora que seguramente ya tenía la invitación en sus manos como había dicho Esme que haría, no había nada que pudiera persuadiarla de alejarse de mí.
El martes por la mañana Edward me mostró la invitación digital que había llegado a su correo, el tema parecían ser la década de los 20s, así que nuestra vestimenta debía ir acorde a la temática. Tenía solo tres días para encontrar algo apropiado para la fiesta aunque pronto me tranquilizó la compradora compulsiva de su hermana al informarme que ya tenía visto un vestido para mí.
Supongo que por esa razón, fue ese mismo martes en que Diana volvió a hacerse notar. Llegué al apartamento justo después de mi hora de salida, me acerqué al elevador y descubrí que ya había más personas esperando subir, entre ellas Diana.
—Parece que has pisado excremento de perro —Diana se llevó una mano a la nariz mientras me miraba con asco, las dos mujeres que estaban a su lado se llevaron la mano a la nariz y boca, ¿yo? No tenía gran olfato, era esa una buena razón para ser pésima cocinera. Así que con las mejillas sonrojadas y varias disculpas de mi parte di dos pasos hacia atrás y luego de puntillas caminé hasta la acerca deseando que no dejara mancha de mierda por el suelo, pero al revisar mis zapatos…
Esa bruja me había engañado. Entré de nuevo al edificio con intenciones de confrontarla aunque para mi decepción las mujeres habían subido al elevador. Se me llenaron los ojos de lágrimas de impotencia. Me había hecho pasar un momento humillante frente a las otras personas sabiendo que lo conseguiría y que además se saldría con la suya. Entendí que las mujeres como ella siempre se salen con la suya, era imposible luchar contra su ventaja de clase social y la seguridad que eso le confería.
No le dije nada a Edward, las invitaciones ya habían sido enviadas y me creía capaz de ignorar semejante desplante infantil de esa bruja sin armar un alboroto. Sin embargo, el miércoles había un letrero dentro del elevador, una hoja pegada con cinta sobre una de las paredes del interior. "Por respeto a los inquilinos, le invitamos a cuidar donde pisa para evitar manchar con excremento de perro las alfombras del edificio".
Mis ojos se abrieron con ira mientras leía las palabras, aunque Edward ni siquiera deparó en la hoja y lo que había escrito sobre ella. Envíe a la basura mis buenas intenciones de no armar un escándalo al respecto, dispuesta a decirle lo ocurrido el día anterior a Edward, pero en cuanto las puertas se cerraron frente a nosotros y el presionó el botón de la recepción, se dio la vuelta para sujetar mi cuerpo y pegarlo contra sí. Ninguna idea coherente puede existir en una cabeza cuando un hombre como él comienza a besarme de esa endemoniada y fascinante y erótica manera.
Su mano bajó a mi pantalón para darle un apretón a mi trasero acercándome a él.
—Lo que daría por mostrarte lo que quiero hacerte aquí —dijo mientras se separaba de mí y arreglaba mi desordenado cabello como si no hubiese ocurrido nada, su sonrisa ladeada y coqueta hizo temblar mis piernas, pero justo cuando iba a ir tras él las puertas se abrieron mostrando que habíamos llegado a nuestro destino.
Mi semana no había sido tan placentera como se pensaría, ayer Edward me acompañó junto con Alice a comprar la ropa para la fiesta. Los precios eran demenciales, supuse que por eso Alice trajo a su hermano mayor, si ella no podía convencerme de comprar, él lo haría. Aunque Edward parecía muy aburrido sentado en una silla con el celular en mano mientras Alice me hacía meterme en los tres vestidos que había seleccionado para mí.
—Es demasiado, Alice.
—Venga, Bella. Están divinos.
—Y nunca tendré ocasión para usarlo de nuevo, no quiero. ¿No podríamos rentar un vestido para mí? —Alice elevó ambas cejas como si le hubiese sugerido vestir con un perro muerto.
—Nunca.
—Entonces no iré —me crucé de brazos. No iba a ceder sobre esto. Me apresuré a quitarme el vestido, pero en cuanto lo hice, Alice tomó los tres vestidos en sus manos y salió del probador.
Casi me caigo apresurándome a poner mi ropa para ir tras ella, pero cuando logré salir, ella no estaba discutiendo con Edward como pensé sino recibiendo una bolsa con su compra. Edward estaba esperando por mí al lado del probador y se veía divertido.
—Tu hermana es imposible —me quejé haciéndolo reír como si no hubiese despilfarrado dinero en un vestido con un único uso.
—Te concedo un par de puntos por pensar que podrías salirte con la tuya —dijo pasando su brazo sobre mis hombros y haciéndome caminar hasta su hermana.
—¿Cuál compraste?
—Será una sorpresa para ambos. No te preocupes, Bella, lo he comprado para mí. Considéralo como una renta, me llevaré a casa el vestido y mañana pasaremos todo el día arreglándonos para la fiesta —iba a protestar, pero levantó su mano para detener mi alegato—, esa es la cuota por el vestido y no puedes decir que no.
Y fue así como terminé aquí.
Después del estilista pasamos el resto del día en el apartamento de Alice, primero nos hicimos las uñas, después un facial, una película romántica mientras nos hacíamos a nosotras mismas el pedicure y finalmente el maquillaje. Más de una hora completa de tortura sintiendo brochas contra mi piel. Por lo menos, comí unos pequeños emparedados que Alice había improvisado para no perder más tiempo.
—¿Y te trata bien mi hermano? —preguntó Alice mientras me ponía delineador.
—Ajá.
—Venga, Bella, puedes decírmelo.
—Él es genial.
—Por supuesto que lo es —podía escuchar la adoración hacia su hermano mayor—, ¿sabes? siempre quise tener una hermana para hacer esto.
—Yo también.
Alice y yo nos habíamos empezado a acercar antes de mi relación con Edward, y ahora que salía con él nuestro vinculo no había hecho más que volverse más intimo. Era como una mejor amiga, como Paulina, aunque sin el riesgo de que Alice se robara a mi novio; pero tampoco era una amistad del todo honesta porque era consciente que había muchas cosas importantes que le omitía a Alice. Quizás de no ser la hermana de Edward, habría podido contarle a ella el infierno que viví antes de encontrar a su hermano, pero no podía hacerlo, no sin correr el riesgo de que su lealtad fuese hacia él y no hacia mí.
Necesitaba aprender a vivir con la omisión de mi pasado y esperar que esa omisión se convirtiera pronto en un lejano y difuso recuerdo.
¿Sería posible?
Necesitaba que lo fuera.
Cuando estuvimos listas, Alice me informó que encontraríamos a Edward en la fiesta por un pequeño contratiempo. No había esperado precisamente que él viniera por mí hasta el apartamento de Alice, aunque tampoco había pensado que fuese a llegar sin él a la fiesta de sus padres. Debió reflejarse esa incertidumbre en mi rostro porque pronto me explicó Alice que Edward seguramente ya estaría en el evento para cuando nosotras llegáramos.
Pero no fue así.
Sentí las miradas clavadas en mí al llegar, seguro que todos se preguntaban quién era yo y qué hacía alguien como yo en ese lugar. El hombre de la puerta buscó mi nombre y me dejó ingresar sin necesidad de pedir mi identificación. Adentro parecía caer del techo una lluvia de luces cálidas, focos haciéndola de lluvia para nosotros. Me encantó. Era un toque totalmente acorde a Esme.
Había mesas circulares, aunque nadie estaba ahí, todo mundo parecía estar de píe conversando con viejos conocidos, así que me limite a pasearme entre la gente con una copa en mano sin tener idea de qué hacer ahí. Alice recibió una llamada cuando apenas habíamos llegado a la fiesta y se retiró buscando un lugar menos ruidoso, lo que explicaba que ahora estuviera sola y a mi suerte.
El lugar era hermoso y los invitados parecían haber puesto total disposición para disfrazarse de acuerdo a la temática, vestidos brillantes, largos o por encima de la rodilla, lentejuelas y plumas por doquier, peinados alzados, hombres con traje y algunos incluso con sombrero. Todo salido de una película en blanco y negro.
—Tú debes ser Bella —miré detrás de mí, había una mujer joven tras de mí posiblemente de la edad de Alice o incluso de Jasper, jugueteaba con un falso cigarrillo alargado entre sus labios mientras parecía sonriente solo mirándome. Tenía unos ojos azul celeste como tímpano de hielo, aunque no lograba trasmitir frialdad sino sólo calidez.
—¿Tanya? —me aventuré a adivinar.
—La misma —Tanya era la prima de Edward, él me había dicho que era la persona más cercana a él, como su mejor amiga de la vida y por tanto quería ser de su agrado.
—Él me habló de ti —sonríe complacida.
—¿Dónde está Edward? —pregunta mirando hacia los lados, lo mismo me gustaría saber.
—Él llegará un poco tarde.
—¿Y te hizo venir sola? –me encojo de hombros como si no me importara, aunque lo hace, un poquito al menos, ¿qué podría tenerlo tan entretenido como para pensar que había sido buena idea enviarme sola?—, bonito vestido —cambia de tema, señalando mi vestido color esmeralda, lo cierto es que incluso a pesar de mis quejas debía admitir que era mucho más que sólo bonito, tenía diferentes holanes y me llegaba por encima de la rodilla con una abertura casi hasta el muslo en una de mis piernas. El vestido además venía acompañado de toques dorados y unos guantes largos del mismo color, Alice había decidido añadir a mi vestimenta unos largos collares dorados y un tocado de plumas doradas y esmeraldas a mi cabello, y me sentiría ridícula si no fuera porque Tanya viste tan absurda como yo.
—Tu vestido es muy original —Tanya sonríe, ella no era la belleza esquelética de las revistas, era una belleza completamente diferente y por tanto llamativa, tenía curvas que su vestido sabía resaltar y el escote de su vestido ayudaba a dar una apariencia de un cuerpo más pequeño. Su vestido era blanco y le llegaba a las rodillas por el frente, aunque detrás traía una caída hasta el suelo con distintas capas de tela y plumas blancas. Aunque estoy segura que lo que la hacía lucir el vestido de esa manera poco tenía que ver con el vestido y todo con su personalidad.
—Lo confeccioné yo misma —dice orgullosa de su logro.
—Vaya, es precioso de verdad.
—Asegurate de decirle a Edward lo impresionante que te parece mi vestido esta noche. Tengo una propuesta de negocios pendiente con él.
Asiento mientras le aseguro que no perdería tiempo en hacérselo saber.
—¿Y ya cazaste a mi primo? –es brutalmente honesta y directa como había dicho Edward, y saberlo de anticipación no evita que su pregunta me tome con la guardia baja.
—Uh… no estoy segura de que él sea del tipo que puede ser cazado por alguien —mucho menos alguien como yo.
—¿Es el tipo que te caza a ti? —el rubor traicionero aparece para delatarme, así que me apresuro a negar con mi cabeza aunque sé que no engañaba a nadie—. Me encantó conocerte, pero tengo que seguir saludando a los invitados mientras aparecen los verdaderos anfitriones.
—Por supuesto, nos vemos pronto.
—Oh, lo haremos, tenlo por seguro.
Y con esa mitad promesa mitad amenaza amistosa se aleja, le sonrío y cuando ella desaparece entre los invitados pierdo la falsa sonrisa de confianza que le dí. Estaba sola entre un mundo de personas de clase alta, tiburones al acecho.
Regreso de nuevo un rato hacia la puerta esperando que aparezca Edward, pero pronto es evidente que él no aparecerá temprano, así que desisto y retomo mi tarea de sólo pasearme de nuevo en el salón. Y como las zapatillas están matándome pronto termino buscando un lugar cómodo frente al bar en un banco alto.
Aquí viene la gente a pedir bebidas así que es imposible que note alguien que estoy sola, a excepción que me prestaran mucha atención y no creo ser el tipo de mujer que atrae las miradas.
O al menos eso pensaba:
—Así que tú debes ser un ángel–miro a mi lado, un hombre con traje de terciopelo negro y sobrero alto me miraba sonriente. ¿Me miraba? Bueno, al menos a mis pechos porque su mirada no llegaba ni siquiera a mi cuello, me moví incomoda mientras replicaba.
—¿Eso funciona?
—Eso depende de ti, ¿quieres que funcione? –sonrío para no soltar una carcajada burlona. Niego con mi cabeza mirando hacia el bar tender que tardaba demasiado en traer mi bebida.
—Espero a alguien más.
—El mundo está lleno de alguien más, quizá esperas demasiado.
¿De dónde saca toda esa mierda? Seguro que era de los que leen libros estúpidos para ligar.
—Soy Peter Rouge, ¿tú quién eres, ángel? —otra sonrisa forzada para él. ¿El exnovio de Alice? Ugh. Ahora entendía por qué ella lo había botado y el motivo por el cual era de tan poco agrado para Edward.
—¿Tienes la hora?
Ambos miramos hacia el reloj en su muñeca, un reloj plateado con un circulo alrededor de las manecillas color dorado, la marca en mayúsculas resaltaba, BVLGARI. Estaba segura que debería valer una buena fortuna, ¿Quién usaba relojes cuando existían los celulares? Supongo que solo quienes quieren demostrar lo adinerados que son vistiéndolo en la muñeca sin ningún uso más que dar la hora de manera presumida.
Vaya, Bella. Deja de ser tan quejumbrosa.
—Son las nueve en punto.
Llevaba una hora aquí. ¿Edward ya habría llegado? ¿Siquiera él vendría? ¿Y si decidía no venir? No, él no me dejaría plantada… ¿o sí? No. No lo haría. Es el aniversario de sus padres, ¿por qué no habría de venir?, ¿y si le ocurrió algo? Toda clase de escenarios funestos comenzaron a aparecer en mi cabeza en cuestión de segundos, sacudo mi cabeza para hacer desaparecer esas ideas.
—¿Te gusta bailar? –el tal Peter Rouge pregunta y yo sólo niego con mi cabeza— yo te enseño.
Me levanto de mi lugar sin responder y comienzo a caminar en dirección contraria al bar, no necesito sentirme hostigada por un hombre que se presenta con su nombre completo como si eso le aumentara el valor a su persona.
—¡Hey, angel!
Miro detrás de mí y descubro con enfado que Peter Rouge me sigue. Me cruzo de brazos. ¿Qué quiere ahora?
—¿Qué? –intento ir al punto. He lidiado con idiotas más grandes que él así que sé reconocer a uno cuando lo tengo de frente.
—Solo quería asegurarme que supieras lo hermosa que te ves, ¿alguien ya te lo dijo? —asentí forzando una sonrisa y cambiando de un pie a otro en mi lugar sin saber cómo salir de esto, de hecho no, bueno Tanya y Alice pero eso no contaba y la manera en que él no podía desviar sus ojos de mi escote, mirando un segundo mi cara y dos mis pechos, me hacía pensar que ojala nadie volviera a llamarme hermosa— ¿un baile? –vuelve a ofrecer dando un paso hacia mí, ¿debería bailar?, ¿la gente de este tipo baila con quien sea para crear lazos?, ¿alguien nos observa? Porque reconozco la sensación de sentirme observada. Así que me siento acorralada entre las costumbres que no conozco, los modales de personas adineradas y las ganas de huir de este hombre.
Niego con mi cabeza, pero el tal Peter tiene otras intenciones porque levanta su mano hacia mi cara como si fuese a agarrar un mechón de cabello de mi rostro, retrocedo dos pasos para mantener la distancia entre él y yo, voy a dar un tercer paso cuando siento como una mano se posa en la piel desnuda de mi espalda, giro el rostro y me encuentro con Edward.
Suspiro, aunque mi alivio se ve opacado por su expresión.
Se ve enojado, tiene la mandíbula apretada y una forzada línea en sus labios. Miro de nuevo al exnovio de Alice, me encuentro en una batalla de miradas en ese momento, así que me quedo quieta, esperando que lo que sea que ocurre en silencio entre ambos termine pronto.
Al final el tal Peter sólo inclina su cabeza como una silenciosa despedida antes de comenzar a caminar en sentido contrario de nosotros. Vaya. Las miradas heladas de Edward surten efecto porque pronto el hombre desaparece a prisas entre la multitud.
—¿Interrumpí algo? –pregunta Edward sin dejar de mirar por donde Peter acaba de irse.
—Al contrario, has aparecido en el momento oportuno.
Se necesita solo que enfoque sus ojos en mí para que lentamente la expresión de su rostro vuelva a recuperar la calma y darme esa sonrisa ladeada que me gusta. Se separa de mí y en el acto extraño su piel contra la piel de mi espalda. El paso que ha retrocedido es solo para poder mirarme de cuerpo completo.
Ahora me observa de arriba abajo con detenimiento.
—Estás preciosa esta noche, Bella.
No sé si es mi nombre en sus labios, la manera en que me mira como si algo estuviera ardiendo en sus ojos o el hecho de que su mirada revolotea por mi cuerpo, pero comienzo a sentirme acalorada.
—Tú también lo estás –correspondo, aunque ni siquiera he mirado lo que lleva puesto. Lo miro y descubro que los trajes de vestir con corbata lo hacen parecer incluso más atractivo.
Va a hablar de nuevo cuando es interrumpido.
—Edward, tenemos una charla pendiente –un hombre se acerca, parece elevar a propósito la voz para que las personas a su alrededor se giren a verlo— te lo digo, criptomonedas, es el mercado del mañana.
—Francis, negocios hoy no.
—Negocios hoy sí. Tu secretaria olvida pasarte mis llamadas.
Edward parece debatido entre huir o fingir un desmayo. Lo miro divertida sin poder ocultarlo. Él me mira y deja de fruncir el ceño para sonreír.
—Invertí en bienes raíces, en el negocio de refacciones y escucha cuando lo digo, criptomonedas.
—Tengo compañía ahora mismo –me señala Edward como si yo pudiera hacerle ganar tiempo extra, el nuevo personaje adinerado me mira un largo segundo y de nuevo a Edward ahora con una ceja interrogante, una pregunta silenciosa para conocer mi nombre—.Te presento a Bella.
—Claro, Bella, Edward no deja de hablar de ti –dice el hombre asintiendo y sé que miente, luego cuando él cree que no estoy mirando le guiña un ojo a Edward como diciéndole "jamás sospechara que no hablas de ella".
—Bella, él es Francis Cox, hace un par de meses que no hemos coincidido France.
—Un par de meses que no te pasan mis llamadas, yo insisto cada semana, se lo digo a mi mujer, Edward es la llave de nuestro futuro. Se lo dije cuando conocí a tu padre, y aquí estamos, ¿no?
Edward asiente, aunque con la mención de su padre la diversión desaparece por completo de su rostro.
—Carlisle es un gran tipo, se lo digo a Esme todo el tiempo, el mejor esposo del mundo, pero tu padre era una bomba nuclear en los negocios, ese hombre camina hacia adelante.
—Mjm –asiente Edward sin añadir comentario.
—Pero tu padre tampoco acepta invertir en las criptomonedas, dice que subirán y luego se estrellaran contra el suelo. Se niega por completo. Pero yo se lo digo, es el futuro. Así que dijo, ni siquiera Edward invertiría en eso.
Una forzada sonrisa tira de los labios de Edward para ignorar ese último comentario.
—Francis, querido —se acerca una mujer con pendientes largos de diamantes, debe ser la esposa de este hombre parlanchin.
—Mi Lucero, ¿se ve hermosa? Se lo digo siempre que puedo –la mujer manotea el aire queriendo parecer modesta—, ella es Bella, la acompañante de Edward –levanta la ceja un par de veces, Lucero me mira de arriba abajo antes de mirar significativamente a Edward, me remuevo en mi lugar. Están evaluándome como la acompañante de Edward, y algo en mí no parece satisfacer su curiosidad, de pronto me siento tremendamente insignificante a pesar del vestido. No hay manera de engañar a un tiburón que se es un tiburón cuando en realidad sólo eres un pez payaso.
Edward añade una excusa rápida y nos saca de ahí, camino sintiéndome de pronto aturdida ante esa fatal presentación.
—Ese hombre le dice muchas cosas a muchas personas —intento restar presión a la situación con una broma.
—Te lo digo todo el tiempo –imita Edward.
—Se lo digo a todo el mundo.
Desafortunadamente la siguiente media hora nos encontramos acorralados entre viejos rostros de conocidos de Edward o invitados de sus padres, parece que existe chispas entre todas estas personas, en sus tonos de voz escucho el respeto que sienten por Edward aunque algunos le triplican casi la edad, pero en cuanto Edward me presenta algo ocurre.
Cada una de las personas con las que fui presentadas me miraron de arriba abajo, y luego miraron a Edward como si algo no tuviera sentido, confundidas y con una sorpresa evidente.
Puede que pase desapercibida estando sola en esta fiesta, pero desentono al lado de Edward. Y esa idea hace que se me revuelva el estómago. ¿Él se dará cuenta de esto también?
El único alivio que podía sentir eran los breves segundos en que nos quedábamos a solas antes de que aparecieran nuevos invitados interesados en abrir conversación, porque en esos pequeños segundos me olvidaba de la tensión y de que estaba siendo constantemente juzgada, solo éramos él yo.
—Ella es Bella, viene con Edward –nos presentó un hombre gordo y calvo con lentes que ya había visto antes, Edward lo había presentado como Marlon o Arón, algo de eso, "viene con Edward" suena como si fuera la comidilla de la fiesta. Las dos mujeres que acompañan a Marlon o Aron me miran de arriba abajo y luego entre ellas.
Como si un gran chisme estuviese ocurriendo en ese momento y ellas tuvieran la oportunidad de hacerlo correr entre sus muy importantes conocidos. Imagino lo que dirán, la esquelética joven sin chiste que apareció del brazo de Edward, lo más bonito era su vestido, una lástima para un hombre tan guapo como él, ¿de dónde la habrá sacado?
Miro las zapatillas plateadas y no puedo más que desear que esto termine pronto.
—¿Te sientes bien? –Edward se acerca lo suficiente a mí para susurrarme al oído.
Levanto la mirada, Marlon o Arón y las mujeres ya no están aquí. Miro a Edward, parece preocupado, así que recompongo mi rostro y asiento.
—Tal vez debería regresar al apartamento –le digo mirando su lunar en el cuello.
—¿Puedo saber la razón?
—No les agrado.
Miro hacia el resto de invitados para que comprenda lo que intento decir.
—Tonterías —su mirada se suaviza mientras pone su mano en mi cuello para acercarme a él.
—¿No has visto como me miran?
—Te lo imaginas, Bella.
Arqueo una ceja en respuesta y parece que va a replicar cuando una mujer se para frente a nosotros antes de lanzar sus brazos alrededor del cuello de Edward.
—Mi querido Edward —lo abraza efusivamente y Edward termina soltándome para corresponder, se separan y ella me mira, sostengo el aire y muerdo mis mejillas internas esperando la misma reacción que el resto de personas que me ha presentado en lo que va la noche—, y tú debes ser Bella —su mirada sigue siendo alegre al dirigirse a mí—. No sé si he escuchado más de ti por mi hermana o mi hija, pero ten por seguro que Edward es una tumba cuando lo quiere.
Edward luce un poco avergonzado y entonces adivino de quien se trata.
—Soy Kate, la tía de Edward —confirma.
—Es un gusto —digo aceptando la mano que pone frente a ella. Kate pone sus dos manos sobre la mía y se acerca un poco más.
—Un consejo: no lo dejes ir —me ruborizo y asiento como si fuese una orden de vida o muerte, aunque quizás lo sea para mí. Edward rueda los ojos y recupera su lugar a mi lado pasando su mano detrás de mi cintura y acercándome a él— ¿no era esto una cena familiar? —se queja la mujer mirando a nuestro alrededor.
—Originalmente —dice Edward.
—Esto es como una boda en realidad.
—Carlisle quiso darle ese pequeño gusto a mamá.
—Por supuesto que sí —no suena como si los juzgara sencillamente impresionada al respecto—. Carlisle se ve tan enamorado de ella como cuando comenzaron a salir. ¿Te estás divirtiendo?—me pregunta Kate como si recordara que sigo aquí, asiento— ¿No fue un monstruo contigo mi hermana, verdad? —niego ahora con mi cabeza—. No lo creo porque me ha hablado muy bien de ti, no como —Edward la interrumpe.
—Tía, ¿qué tal París?
—París, hermoso, cada vez menos, honestamente, pero hermoso. ¿Alguien le rompió el corazón a Tanya?
—No lo creo —Edward se esfuerza en parecer despreocupado al responder, así que sé que está mintiendo sobre eso.
—Pues ese viaje se sintió como un escape con su mamá para no hablar de ningún hombre. Me gustó, sobre todo porque no pagué, pero ¿qué le cuesta contármelo todo?
—Tal vez no hay nada que contar.
La tía de Edward pone su mano sobre mi brazo y se acerca a mí:
—Los hombres discretos son escasos estos días —me guiña un ojo y yo no puedo evitar que una pequeña y ridícula risa de mi parte se cuele entre mis labios.
—Espero que estén disfrutando la fiesta —aparece Carlisle vestido con traje de gala y un sombrero elegante y discreto en la cabeza, lleva una mano al sombrero para levantarlo como una reverencia hacia nosotras. Kate lo abraza tal y como hizo con Edward y comienza a felicitarlo por aguantar tantos años a su hermana.
—No pierdes tiempo para intentar robarte a mi esposo —aparece Esme sonriente con un vestido dorado con toques perlas. Si ella me parece elegante y magestuosa en un día cualquiera, con maquillaje, peinado, y un vestido de este tipo podría pensar que se acerca bastante a la imagen de alguna especie de diosa. ¿Es que esta mujer no podría ser más perfecta?
—Siempre podemos escapar juntos, Carlisle —bromea Kate guiñándole un ojo aunque él ya está besando el dorso de la mano de su esposa.
Esme se gira hacia nosotros y su mirada se suaviza al mirar a su hijo.
—Feliz aniversario, mamá —Edward avanza hacia su madre para darle un abrazo mientras palmea el hombro de Carlisle.
—¿Qué te parece? Nada mal para planear mi fiesta a distancia, ¿no? —pregunta Esme mirando alrededor.
—Nuestra fiesta —replica Carlisle a su espalda haciéndola reír.
—Eso dije, querido, nuestra fiesta.
—Todo está perfecto, casi tanto como tú —añade Edward separándose de ella.
—Oh querido, gracias —finalmente sus ojos se posan en mí y su sonrisa se amplia mientras me mira—. ¿No tengo un buen ojo? Sabía que ese vestido iba a quedarte divino.
¿Ella lo eligió para mí? Alice había dicho que ella lo había encontrado, debe ver la confusión en mi rostro porque pronto aclara que ella lo encontró hace una semana y dejó a cargo de Alice con la tarea de convencerme de comprarlo.
—¿Fue difícil? —le pregunta a Edward quien asiente sin dejar de sonreír al tiempo que vuelve a pararse a mi lado.
—Te dije que era un poquito testadura.
—¿Testadura dices? —pregunto sin estar realmente molesta. Me mira con una sonrisa divertida mientras añade
—Solo un poco. Pero al final llegó a un acuerdo con Alice y la tenemos aquí.
—Me habló Alice sobre ese acuerdo —dice Esme estando al tanto de todo—, apuesto a que te arrepentiste —honestamente sí.
—No, fui muy divertido pasar el día juntas —miro a Carlisle para alejarme de ese tema tan peligroso—. Felicidades a ambos por su aniversario.
—Ibamos a celebrar esto cuando cumplimos veinte años, pero Esme tiene números de la suerte y dijo que el veintidos nos haría llegar a los cuarenta y cuatro.
—Lo hará —mi voz tenía convicción al hablar, ambos asintieron sonrientes. Y entonces apareció el fotógrafo del evento y pidió una foto familiar con los hijos, Edward me miró inquieto un momento, pero logré convencerlo de ir a tomarse la foto mientras yo iba a retocarme al baño.
El baño de mujeres se convirtió en un pequeño escape de la fiesta, necesitaba este respiro antes de volverme a enfrentar ante todas personas de alta clase y tan por encima de mí. No importara cuan tierno fuera Edward conmigo o que tan cerca estuviera de él, no había manera que pudiera ignorar las miradas que sentía de esas personas sobre mí. Me encierro en uno de los cubículos intentando respirar y tranquilizarme. Escucho pasos y voces de mujeres llegar al baño, supongo que a retocarse el maquillaje.
—¿No iba a casarse hace menos de un mes? -dice una de las mujeres con el tono acusatorio de quien se cree por encima de otra persona.
—Eso escuché, no fui invitada a la fiesta -una voz malhumorada y quejumbrosa continua.
—Heidi será todo lo que dicen que es, pero al menos es buena conversadora -una tercera voz.
—Esa niña parece como si la estuvieran degollando, debería estar agradecida por haber sido invitada. Es bonita y joven, ¿pero no debería ser más?
—¿Más que Heidi? Imposible. Esa mujer sabía cómo hacerse notar -y como si el destino se riera de ellas apareció una cuarta voz a la escena:
—¡Heidi está aquí! –la voz de una cuarta mujer. Vaya fiesta de chismes. y ahí estaba yo pegando el oído a la puerta para escuchar todo.
—¡NO! –gritos de chisme escandoloso. Lo mismo pensaba yo.
—¿Él lo sabe?
—Si no lo sabe aún, lo descubrirá.
—¿Lo sabe Esme? —¿Esme?
—Se coló con el nombre de alguien más, eso seguro. Habrá un escándalo esta noche señoras. No quisiera estar en los pies de su nueva noviecilla —honestamente yo tampoco lo quisiera, esperé hasta que las voces se fueron y entonces salí de mi escondite. Venga, quizás por un buen drama podía tolerar esta fiesta un rato más.
Con esa repentina nueva motivación salgo del baño, encontrándome para mi sorpresa a Jasper parado al lado de la puerta.
—Uh… las fotos siempre toman un tiempo, ¿te acompañó a nuestra mesa?
Acepté, no iba a desairar un ofrecimiento como ese, sobre todo porque no tenía intenciones de volverme a perder como hice antes.
—Lamento haber hecho que Edward llegará tarde —dice Jasper mientras caminamos hacia nuestra mesa—. Mi carro es el mismo desde la universidad y tiene fallas mecánicas severas.
—Él fue a auxiliarte —comprendo.
—Se podría decir. La verdad es que llegó la grua antes que él, pero terminamos atrapados en el tráfico desde la otra punta de la ciudad. Es insoportable cuando está de mal humor.
—No lo conozco de mal humor —admito, ni siquiera cuando se enteró de Adrián había estado enojado, creo que había estado molesto al día siguiente cuando me explicó la manera en que me encontró medio congelada en las escaleras de emergencia aunque aun así no podría pensar que era insoportable y enojón.
—¿En serio?
—¿Es muy… insoportable?
—Tiene esa manera de mirarte como si pudiera hacerte pedazos, seguro que lo has visto —asiento—, enojado es incluso peor.
¿Peor que su mirada congelada? Imposible. Aunque no tenía intenciones de comprobarlo.
—Quería disculparme por hacer que estuvieras aquí sola tanto tiempo, seguro que no fue divertido.
—No te preocupes, hay alcohol gratis —bromeo aunque no había tomado ni siquiera una copa.
—Salud por eso.
Nuestra mesa asignada estaba cerca de la pista de baile, ahí ya estaban sentados quienes reconocí como Emmet y Rose, no pude evitar verla a ella y recordar la anécdota que me había contado la madre de Edward sobre ella, ¿realmente había sufrido en una relación violenta? Era imposible considerar que una mujer como ella pudiera verse envuelta en algo tan turbio como eso.
No sólo porque fuera hermosa sino porque parecía muy segura de sí misma y sonriente, entendí a lo que se refería Esme aquel día, si incluso Rose había podido superar ese pasado, ¿por qué no podría alguien más?
Jasper era un ameno conversador, sabía llevar la conversación para que fluyera sin complicaciones, así que pronto me encontré hablando de pintura, lo que hizo que Rose recordara el retrato que quería para su tercer aniversario.
—Bella, solo di que sí.
—No se dará por vencida —me advirtió Emmet.
—No puedo cobrarte, eres amiga de Edward.
—Me sentiría ofendida si es gratis, ya he cotizado con otros artistas así que sabré si estás regalando tu trabajo.
Finalmente y luego de mucho insistir de su parte terminé cediendo a trabajar en su retrato pero sin fijar un precio, le pedí que me dijera cuánto le cobraban los otros artistas por lo que quería y que me pagara la cotización más baja que había recibido.
Cuando me dio la cantidad quisé irme de espaldas, eso equivalía a más de un mes de mi salario actual.
—Es demasiado.
—Tonterías.
—No se dará por vencida —repitió por segunda vez su esposo y tuve que creerle. Cuando vi acercarse a Edward terminé por aceptar, les pedí que sólo me dijeran un día para poder visitarlos y comenzar con el retrato.
A nuestra mesa se unen Alice, Edward, su tía y Tanya. Pronto los invitados comenzaron a acercarse hacia las mesas para tomar asiento y adiviné que estábamos cerca de cenar, por fin, los emparedados pequeños de Alice no eran suficientes para satisfacer mi hambre por completo.
Edward tenía su mano entrelazada a la mía debajo de la mesa y sobre mi muslo. Lo miro y él también me está mirando mientras Jasper y Emmet están conversando sobre las guerras de principios del siglo XX.
—Dime que la cena está por llegar —bromeo cerca de su oído para que nadie pueda escucharlos.
—Brindis, el baile con mis padres, un pequeño lapso de música y baile mientras los meseros sirven las mesas —me indica, supongo que él conoce tanto como sus padres el orden de la ceremonia diseñado.
Brindis, baile, más baile, cena. Sonaba a que mi comida estaba cerca.
De pronto la voz de Carlisle se escucha en los parlantes, lo busco con la mirada y lo encuentro de pie al lado de una mesa principal de dos sillas al lado de Esme, comienza a agradecer por la compañía, unas palabras emotivas a su esposa antes de ceder el micrófono a un hombre con traje.
Alice se levanta de la silla con una copa de champagne para brindar en la mano y cuando el hombre de traje le entrega el micrófono comienza hablar.
—Mamá, papá. No hay nadie mas feliz de tenerlos juntos que Edward y yo esta noche. Son la prueba de que las segundas oportunidades existen y que a veces el vivieron felices para siempre no toca a la primera. Tenía un discurso de media hora, pero esta salón es demasiado caro para ese brindis. Mami, supiste cuidar de nosotros con la fuerza de cien hombres y con todo el amor de una sola madre, no recuerdo una sola voz que hubieses gritado ante nuestras travesuras, nos has demostrado que una sonrisa es a veces lo único que se necesita para un mal día. Carlisle, papi, tienes un corazón tan grande que fuiste capaz de amar a mamá y a dos niños inquietos, sin poner un segundo de duda en nuestra familia. Nos has dado tanto amor sin poner condiciones que necesitaríamos otros veintidos años para decirte cuán importante eres para nosotros. En nombre mio y de mi hermano queremos desearles mucho amor y felicidad, mientras celebramos con ustedes este logro tan importante que es compartirse mutuamente una vida. Salud.
Mientras los invitados alzamos copas y brindamos por la pareja, Edward y Alice caminan hacia el centro de la pista donde Esme y Carlisle ya están esperándoles con los brazos abiertos. La música comienza a sonar y en algun momento lo que comienza por ser solo un baile entre padres e hijos, se va convirtiendo en un baile más general con los invitados. Tanto Emmet y Rose, como Tanya y Kate se ponen de pie para ir a bailar.
Estoy completamente embobada solo viendo a Edward bailar con su madre que no me doy cuenta de la pareja que toma asiento al lado de Jasper. Una mujer que debería estar compitiendo para ser la mujer más hermosa del mundo y el imbécil del bar. ¿Por qué? Estaba segura que ella podría conseguirse a alguien mucho mejor.
Miro a Jasper en espera de una presentación, pero en lugar de eso se pone de pie y estira su mano hacia mí.
—¿Bailamos? —confundida por el desplante a los recién llegados me pongo de pie.
—Pensé que Edward se buscaría a alguien con más clase —dice la recién llegada y mis ojos van a ella. ¿La mujer más hermosa del mundo? Venga, puede que su cabello pelirrojo estuviera en perfecto orden entre cada una de sus ondas, y puede que sus ojos grises le dieran una apariencia completamente fuera de lo ordinario, o que todo su rostro pareciera tallado por el mejor dermatólogo y cirujano plástico del país, pero estaba segura que lo que tuviera de hermosa era opacado completamente por su personalidad, sus ojos me escanean de arriba abajo sin ningún disimulo y sonríe como si fuera a aplastar a una cucaracha solo por deporte, mira a Jasper y su sonrisa se amplía— ¿de dónde ha sacado a la niña? —le pregunta a él como si yo no existiera, Jasper tira de mi mano.
—Vamos, Bella —parece estar haciendo un esfuerzo sobrehumano para mantenerse tranquilo por el modo en que aprieta sus labios. Miro hacia la pista de baile, Edward sigue haciendo dar vueltas a Esme ajeno a esta pequeña confrontación.
Acepto la mano de Jasper, y dejo que casi me empuje hasta la pista de baile para poner distancia entre nosotros y la pareja de la mesa.
—¿Quiénes son ellos? —pregunto mientras Jasper se para frente a mí y me hace poner mis manos detrás de su cuello mientras me hace valsear con torpe destreza.
—Es solo Peter.
—¿El exnovio de Alice?
Este es el Peter que tenía el aborrecimiento de ambos hermanos. Ahora entiendo la razón, es un imbécil, aunque su novia es innecesariamente grosera.
—¿Conoces a su novia?
—¿Qué te ha contado Edward sobre Peter? —parece confundido. Me encojo de hombros, no mucho en realidad.
—Muy poco.
Asiente como si mis palabras dijeran más, Jasper busca con su mirada alrededor de la pista de baile. Jasper debe saber más, por supuesto, Jasper es novio de Alice. Aunque no parece estar enojado como un novio celoso por el ex.
—¿Quién es él? —vuelvo a preguntar mientras seguimos bailando sin realmente estar atentos al ritmo de la música.
—Uh… ¿quieres meterme en problemas, no? —dice con una sonrisa que no alcanza a llegar a sus ojos, se acomoda sus lentes de manera nerviosa, sonrío atrapada.
—Sólo quiero entender qué está pasando aquí.
—No creo ser la persona adecuada para esta conversación.
—De acuerdo —replico sin ninguna convicción, supongo que sí es algo sobre Alice y debe ser personal.
—¿Cambiamos? —Edward aparece tras de mi con Alice del brazo. Dejo ir a Jasper y me aferró a Edward como si fuera mi salvavidas personal—, también te eché de menos —bromea una vez que nos quedamos solos.
Pasó mis brazos detrás del cuello de Edward mientras sus manos van a mi espalda y cintura moviéndonos con la música lenta.
—Alice es mucho mejor que la nueva novia de su ex —le digo a Edward cerca de su oído para que pueda escucharme. Siento el cuerpo de Edward tensarse y echo mi cabeza hacia atrás para mirarlo a la cara, parece estar buscando entre las personas que bailan el rostro de Peter.
—¿Ella habló contigo?
—Solo un momento, Jasper me invitó a bailar cuando aparecieron.
—¿Qué fue lo que te dijo?
—Solo quería saber si era tu novia.
Miro hacia el techo con globos blancos.
—¿Y usó esas palabras? —me encojo de hombros restándole importancia. Esta noche he recibido peores miradas que esas vacías palabras.
—¿Me haces dar vueltas? —me hace girar sobre mis pies un par de veces antes de volver a atraparme entre sus brazos—, quita esa cara —su quijada apretada y frente fruncida muestra lo molesto que se encuentra—. No hay ninguna razón para tomarle importancia —vuelve a hacerme girar antes de volverme a atrapar acercándome aun más a él. Nuestras narices se rozan gracias a que uso zapatillas.
—¿Ya te dije lo preciosa que te ves esta noche? —pregunta mientras lentamente una sonrisa se plasma en su rostro eliminando la molestia anterior.
—Una vez —mi sonrisa es grande en ese momento.
—Que patán he sido. Te ves preciosa —besa mi mejilla derecha—, preciosa —besa ahora la izquierda dejando un lento beso—. Preciosa —finalmente me da un casto beso en los labios antes de retroceder y volverme a hacer girar.
Cuando vuelvo a ponerme de frente a Edward sus ojos ya no son divertidos, tiene una mirada helada dirigida a mis espaldas.
—Al menos ignora mis llamadas por alguien que valga la pena, Edward —intento girarme a la voz de la mujer tras de mí, pero Edward afirma su brazo en mi cintura impidiéndolo.
—Vamos por una bebida, Bella —busco la voz de la hermana de Edward.
Alice que al parecer bailaba a unos pasos de nosotros se acerca y me toma la mano que está tras el cuello de Edward para llamar mi atención. Sus ojos son fuego y odio hacia la persona tras de mí, suelto el cuello de Edward aunque su brazo sigue manteniéndome cerca de él, inmovilizándome. Los ojos fríos y duros de Edward van de ella a mí, me parecen ahora no enojados sino preocupados, se suaviza su mirada al mirarme a los ojos.
—No te vayas —me dice Edward y me cuesta un segundo entender que no se refiere a que no me vaya por una bebida, sino que no me vaya de manera general. ¿Por qué me iría? Mi corazón comienza a golpetear contra mi pecho mientras suelta mi cintura y se limita a sujetar mi mano. Cuando miró tras de mi, encuentro a la mujer de la mesa, la nueva novia de Peter Clayton Rouge.
Y entonces Alice pronuncia su nombre y entiendo que no es sólo la nueva novia de Peter.
—¿Qué haces aquí, Heidi?
¿Es la mujer de la que hablaban en el baño?
Pero en lugar de que se muestre ofendida por las palabras de Alice, su mirada se endurece mientras me recorre de pies a cabeza, sonríe con acidez y burla haciendo que se me encoja el estomago, Edward da un paso hacia el frente cubriéndome con la mitad de su cuerpo y liberándome de la mirada de ella.
—Hicieron una fiesta de cumpleaños en el evento de la boda, ¿y pensabas que iba a quedarme de brazos cruzados?
¿Boda ha dicho? ¿La boda de ella? Miro la espalda tensa de Edward y no necesito ver sus ojos azules para confirmar que también habla de la boda de él. Edward iba a casarse con ella. Yo soy la nueva noviecilla sin gracia de la que hablaban las mujeres en los baños. La verdad me apuñala con fuerza y brutalidad, la mano de Edward se vuelve más firme alrededor de mis dedos como si pudiera sentir mis emociones. Mis piernas tiemblan imperceptiblemente preparadas para moverme, alejarme, correr o huir. Miro a mi alrededor y entiendo que puedo escuchar la voz de ella sin problemas porque la música se ha detenido por completo y ahora un circulo de mirones se ha ido formado a nuestro alrededor.
Peter aparece entre la multitud abriéndose paso hasta lograr llegar al centro del círculo, tomando lugar al lado de la mujer pelirroja.
—¿Molestando a mi chica, Edward? —alza la voz para que todos puedan oírle, aunque la baja al acercarse a ella —. ¿Qué haces? —su boca apenas se mueve mientras le habla a Heidi, manteniendo siempre sus ojos burlones en dirección a nosotros.
Edward no responde y me gustaría poder verlo de frente para saber qué piensa mientras la tiene a menos de un metro de distancia, intento jalar mi mano para soltarme, pero Edward reacciona entrelazando sus dedos entre los míos afianzando su agarre. No te vayas.
—Cancelaste la boda por culpa de esta zorra y luego me culpaste a mí —aplaude—, vaya imbécil.
Si no fuera yo esa zorra de la que habla también lo creería. ¿Así que de qué está hablando?, ¿se trata de otra zorra? Que no soy una zorra. Arrugo la frente intentando encontrar una explicación lógica a sus palabras, pero no se me ocurre nada. Intento mantener un rostro inexpresivo a pesar de saber cómo los invitados nos miran como si fuésemos un espectáculo de entretenimiento. Edward se ríe sin gracia y secamente.
—Que desesperado intento de arreglar tu imagen, Heidi.
—¿La imagen que tú destruiste, Edward?
—Deten este circo y sal, ahora —la voz de Edward es baja mientras que la voz de ella se eleva como si solo buscara ser escuchada por todos los invitados. Mi pulso golpetea con fuerza, el pulgar de Edward se desliza lentamente sobre mis nudillos como si pudiera calmarme con ese simple gesto. No te vayas.
—Me avergonzaste frente a toda mi familia con esa estúpida fiesta de cumpleaños. Ni siquiera tuviste la amabilidad de cancelar la boda como un hombre y huiste como un niño a esconderte bajo la falda de tu madre —no es algo que Edward haría, no al menos el Edward con el que he vivido por más de un mes. ¿Pero un mes es suficiente tiempo para llegar a conocer a alguien? Por lo menos más tiempo que los breves y ofensivos intercambios que he tenido con ella.
—Cancelé la boda, Heidi. Si no le avisaste a tus invitados, ese no es mi problema.
Alice toca mi hombro y me hace un gesto con su cara para decirme que vaya con ella, pero sacudo mi cabeza indicándole que no planeo moverme de aquí, incluso aunque todo mi cuerpo exija que corra. No te vayas. Edward vuelve a darme un leve apretón, correspondo el gesto. Estoy aquí.
—Eres un maldito egoísta. El digno hijo de tu padre, solo otro alcohólico sin palabra.
No se refiere a Carlisle, sino a su verdadero padre, un murmullo se alza a nuestro alrededor, las voces de los invitados haciendo eco a las palabras de ella. Edward nunca habla de su ausente padre, así que debe ser una bofetada que ella lo compare con él bajo esas características, borracho y mentiroso. Edward nunca se ha emborrachado, bueno, estuvo esa vez que salió con sus amigos, pero llegó dormido, no borracho. Y no es un mentiroso, diría incluso que mantiene su palabra incluso a costa de sus propios intereses.
—Preguntemosle a Peter que opina al respecto —la voz desdeñosa de Edward me indica que está cayendo en el juego de ella, camino un paso a mi derecha para poder ver a Heidi. Sus ojos se enfocan en mí burlescos, miro a Peter que sólo se cruza de brazos mientras niega con su cabeza como si no tuviera idea de lo que habla Edward.
—Tus celos sobre Peter son enfermizos, Edward, enfermizos.
—No voy a jugar a esto. Vete ahora, antes de que alguien llame a los de seguridad —pero Edward ya está jugando a este juego y ella lo sabe por el modo en que sonríe con falsa tristeza y lamentación exagerada.
Heidi se mueve dando un pequeño paso hacia nosotros, doy un paso hacia atrás y ella se detiene, identifico un falso semblante inocente en su rostro.
—¿Qué crees que hace cuando no está contigo? Me llama desesperado por una segunda oportunidad —su preocupación por mí cae contra el suelo, no puede llamarme zorra y luego preocuparse por la zorra con la que se acuesta su… ex prometido, vaya. Él iba a casarse con esta despampanante mujer, esta mujer que es por creces más guapa que la mujer de las fotos con la que salió Edward gracias a Tinder.
—Deja de mentir —la voz de Edward sale a través de sus dientes.
—Todas las noches me llama borracho porque sabe que pude seguir con mi vida después de su humillación.
—¿Todas las noches? —mi voz apenas sale de mi garganta, sin fuerza ni confianza, parece como un murmullo asustado, ella asiente con una sonrisa cínica. Edward mira hacia mí con su semblante preocupado, pero me concentro en ella y su respuesta.
—Y por las mañanas —añade limpiándose falsas lágrimas de sus mejillas, asiento con lentitud—. Siempre insistente, pidiéndome que lo perdone, que me extraña y que…
—¿Antes o después de que yo despierte?
Parpadea una decena de veces antes de mirar a Edward con sus ojos entrecerrados como depredadora al asecho. Vuelve a clavar su mirada en mí y tengo que obligarme a mí misma a no desviar mis ojos al suelo, da un paso hacia mí, pero Edward nuevamente se interpone en su camino cubriéndome de ella por completo.
—Heidi. ¿Qué crees que estás haciendo?
Había una forzada tranquilidad en el tono de voz de él, mientras que ella era una exagerada dramatización.
—¿Cómo puedes humillarte trayéndola a ella a esta fiesta?
Edward no responde y no espero que replique el comentario, ¿qué podría decirle?
Sus palabras no son nada que no supiera ya, pero consiguen herirme, creo que es lo único honesto que ha dicho en todo su discurso. Miro a las personas que se mantienen enfocadas en nosotros, hay un par incluso que han sacado sus teléfonos celulares para grabar la escena como si fuera necesario que existiera una repetición de todo esto. Abro la palma de mi mano y me libero del agarre de Edward.
Doy un paso hacia atrás, pero después ya no me muevo. No solo porque hay un circulo perfecto de humanos que actúan como barrera, sino porque entiendo que si me voy ella ganaría.
Cuando Edward vuelve a hablar sus palabras son un filo de hielo cortante:
—Lo único humillante que he hecho, fue no darme cuenta de la persona que eras a tiempo. Nos ahorramos un divorcio, deberías agradecérmelo.
Se da la vuelta pisando sus talones y cuando nuestros ojos se encuentran veo sorpresa y alivio en su mirada, me da una pequeña sonrisa mientras estira su mano hacia mí, la tomo. Enfocándome únicamente en él, por mucho que mis ojos desean mirar hacia atrás y darle una última mirada a ella.
No he podido responder sus mensajes porque he andado super corta de tiempo, pero los leo y son una motivación importante para seguir escribiendo esta historia. Bienvenidas todas las nuevas personas que estan recientemente leyendo esta historia.
Un agradecimiento especial a:
Carolaap, Wenday14, Noriitha, PatriciaLugueraDiaz, Rosiichita, Catita1999, ElizabhelSwan23, Maribel1925, Isa, SAm Marin, Sara, Narraly, Adriu, Angelus285, OnlyRobPatti, Bella201820, Terevlz.
Pequeño guiño del próximo capítulo: La fiesta narrada por Edward.
—No te vayas —sus cejas se elevan confundidas ante mis palabras, y sé que no hay tiempo para explicarle nada, la he enviado al matadero sin avisarle de lo que iba a pasar. Cuando vuelve a intentar mirar detrás de ella lo permito, pero me aseguro de tener su mano entre las mías como si fuese una garantía de que se quedará aquí, a mi lado. Enfrentando a la exprometida de la que nunca le hablé.
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