XXIX
Emboscada
Al día siguiente, me levanté de buen humor. No dije nada mientras me preparaba el desayuno, pero mis compañeros me miraban con expresiones de desconcierto, como si yo tuviera una mancha de grasa en la cara. No era exactamente una mancha de grasa, pero si se trataba de algo que no había hecho de forma muy frecuente desde que mis padres murieron.
—Estás… feliz —observó Sasha, con los ojos abiertos a más no poder, mientras comía un pan—. No te había visto así… bueno… nunca.
—Está enamorada —añadió Nifa, quien había llegado recién, dedicándome una mirada de complicidad—. Por cierto, tengo noticias que informarles, y no son buenas. Levi y Hange vienen en camino en este momento. Cuando lleguen, nos reuniremos para discutir un nuevo plan de acción.
Los demás pasaron de mirarme con curiosidad a mirarse entre ellos con preocupación. Yo, como era obvio, sabía lo que eso implicaba. Esa casa franca ya no era segura, y mientras más pronto nos fuéramos de allí, mejor. Historia era quien se hallaba más nerviosa que el resto. Entendía su preocupación. Después de lo que dijo aquel miembro del Culto de los Muros, la Policía Militar la buscaba con afán. Yo sabía que la Policía Militar era el brazo derecho del gobierno, por lo que las intenciones de la Policía Militar eran las intenciones del gobierno. Si eso era cierto, ¿por qué sus secretos eran tan importantes para la monarquía? ¿Querían obtener sus secretos, o asegurarse que permanecieran de ese modo, tal como había dicho Ymir?
—Mikasa, ¿puedo hablar un momento contigo? —dijo Nifa, y yo, asumiendo que quería platicarme sobre Historia, me acerqué a ella, indicándole un lugar apartado, de modo que los demás no nos escucharan.
—¿No crees que es muy pronto para decir que estoy enamorada? —dije, sintiendo un pequeño ardor en mis mejillas, contradiciendo mis palabras.
—No son tus palabras las que deciden eso —repuso Nifa, tomando una silla y sentándose en ésta. Yo, por otro lado, decidí permanecer en pie—. Son tus acciones. Por lo que me han dicho, nadie te había visto sonreír de ese modo. ¿Y qué me dices de lo sonrojada que estás ahora? Tus acciones gritan a los cuatro vientos que estás enamorada, y aun así, no quieres reconocerlo.
—Es que vamos muy rápido —dije, pero sonó más como una excusa que como una real preocupación—. Es cierto que somos más unidas después que tuvimos sexo, pero no como para afirmar algo tan radical…
Nifa se quedó en silencio por un rato, pensando en sus siguientes palabras, pero luego de un instante, me miró a los ojos con evidente desconcierto.
—Espera un momento. ¿Ya tuvieron… sexo?
Al escuchar las palabras de Nifa, sentí cómo mis mejillas comenzaron a arder más de lo que ya estaban hace unos momentos atrás.
—Bueno… pensé que no debería sorprenderte. Después de todo, tú misma me dijiste que ya habías hecho eso con tu actual pareja.
—Supongo que tienes razón, pero lo que quise decir es cómo supieron qué debían hacer. No es común que dos chicas sean pareja, y lo es menos que tengan actividad sexual. ¿Le preguntaron a alguien?
—Bueno… sí. Alguien me lo dijo, con lujo de detalles, alguien que está interesada en chicas también.
Nifa se llevó una mano al mentón.
—Para ser justa, yo también me enteré por otra chica lo que debía hacer. No fui sin tiento al ruedo, eso sí. Tenía miedo de hacer algo mal, pero, cuando llegó el momento de la verdad, me di cuenta que no había nada que temer.
Yo solamente podía darle la razón a Nifa. No había absolutamente nada que temer. Mientras pensaba en aquellos momentos de placer, Nifa se aclaró la garganta, y asumí que iba a seguir hablando, por lo que permanecí en silencio.
—Perdón por desviarme del tema, pero es que me sorprendió un poco. Volviendo a lo que estábamos hablando, ustedes se conocieron el primer día en el Cuerpo de Entrenamiento, ¿no es así?
Asentí con la cabeza. Tenía la sensación que si decía algo, me iba a arrepentir después.
—Ahí lo tienes. Pasaron tres años conociéndose. Si comenzaron a gustarse al cabo de ese tiempo, no me extrañaría que el amor naciera entre ustedes. Además, si hicieron algo tan íntimo como tener sexo, entonces eso debería abrirte los ojos ya. Una mujer no acepta hacer el amor con otra persona si no hay una conexión profunda entre ambos, al menos las que no cobran dinero por eso.
No sabía por qué, pero las palabras de Nifa tenían mucho sentido. Claro, había hecho el amor con Historia, pero no fui capaz de dimensionar lo que realmente implicaba hacer algo así con otra persona.
—¿Lo ves? —dijo Nifa, haciendo más amplia su sonrisa—. Hablas como una persona que solamente se siente atraída por otra persona, pero actúas como una chica enamorada. Ya es hora de que lo aceptes. Mientras más pronto lo hagas, mejor será para ti y para la relación. Te lo digo porque yo también pasé por lo mismo. No quería aceptar que estaba enamorada de mi actual pareja, pero fue ella misma quien me hizo las cosas fáciles. Siempre es difícil reconocerlo, porque mucha gente interpreta estar enamorada como una debilidad, sobre todo los hombres. Pero, tarde o temprano, verás que eso no es una debilidad. Te lo garantizo.
Ambas escuchamos que la puerta principal se había abierto, y supimos que nuestra conversación había llegado a su fin. Nifa se puso de pie, y yo la acompañé hasta el comedor, donde Levi y Hange ya se encontraban sentados, junto al resto del escuadrón especial. Yo tomé asiento junto a Historia, y Nifa hizo lo propio entre Hange y Eren.
—Tenemos malas noticias que entregarles —comenzó Levi, mirándonos a todos con una expresión grave—. Hange me comunicó anoche que el pastor Nick fue asesinado. Aún no está claro quién lo hizo o por qué, pero sospechamos que la Policía Militar está atando cabos sueltos. Creemos que el asesinato del pastor Nick fue una medida preventiva para que nosotros no supiéramos nada sobre los secretos de los muros, pero, como ya sabemos, Historia decidió compartir lo que ella sabía sobre su familia, y estamos seguros que la familia Reiss tiene relación con los muros.
—Además —añadió Nifa, luciendo preocupada—, la Policía Militar ya ha puesto al comandante Erwin bajo arresto. Planean interrogarlo para luego ejecutarlo públicamente. Tenemos que actuar rápido. No podemos permitir que el comandante…
—Eso no ocurrirá —interrumpió Levi, mirando a todos los presentes, poniendo las manos sobre la mesa—. Sabemos que ellos están buscando a Eren y a Historia. El gobierno no ejecutará a Erwin sin un interrogatorio, y tampoco lo harán mientras Eren e Historia estén con nosotros. Ejecutar a Erwin no les reportará ningún beneficio si no están en posesión de todas las cartas.
—Y entonces, ¿qué hacemos? —preguntó Jean—. ¿Quedarnos aquí hasta que nos encuentren?
—Esa ya no es una opción —dijo Levi, haciendo que Jean tragara saliva—. Esta casa franca ya no es segura.
—¿Y cómo sabe eso? —volvió a preguntar Jean.
—Encontramos muerto a uno de los nuestros mientras regresábamos de Trost —repuso Levi, sin aumentar o disminuir su tono de voz siquiera una octava—. Era uno de nuestros mensajeros. La Policía Militar ya está al tanto de nuestros movimientos. Debemos irnos de aquí lo antes posible.
—¿Y adónde iremos?
—A Trost —fue la respuesta de Levi—. Usaremos capas neutrales para no llamar la atención de la Policía Militar. Lo más inteligente, por el momento, es escapar de su área de influencia. Para eso, tendremos que adentrarnos en territorio dominado por los titanes. La idea es mantener a Eren y a Historia lejos de las manos de la monarquía, al menos hasta que la situación cambie.
Cuando Levi terminó de hablar, noté que el capitán no se había expresado como si no supiera cuándo la situación podía cambiar, sino como alguien que estaba seguro que aquello iba a ocurrir. ¿Tendrá algún plan para enfrentar esta situación? Después recordé que era Erwin quien desempeñaba ese rol. ¿Qué estaba tramando el comandante, si es que, efecto, estaba tirando de las cuerdas, sin que la Policía Militar se diera cuenta? Sólo el tiempo lo diría.
No obstante, no hubo tiempo para seguir dándole vueltas al asunto, porque el capitán nos ordenó partir de inmediato. Colaboré en cargar lo estrictamente necesario, me puse la capa neutra, monté mi caballo, el que iba a compartir con Historia. Cuando ella me acompañó, me tomó por la cintura y se aferró a mí. Al principio pensé que lo había hecho solamente para evitar que se cayera durante la cabalgata, pero después me di cuenta que también lo había hecho a modo de cariño.
—Confío en ti —dijo ella, poniendo su cabeza sobre mi espalda. Sonreí de forma involuntaria.
Llegamos a Trost en una hora. Hange había decidido que, para proteger mejor a Eren y a Historia, íbamos a usar dobles. El capitán Levi había anticipado que el gobierno iba a tratar de secuestrarlos apenas entráramos en la ciudad. El problema era quiénes iban a desempeñar aquellos roles. Al final, después de pensarlo un poco, ella escogió a Jean y a Armin para actuar como los dobles de Eren e Historia respectivamente.
—¡Tienes que estar bromeando! —protestó Jean, mirando a Eren como si él le hubiera ofendido seriamente—. ¡No quiero ser el doble de él!
—¿Vas a desobedecer una orden directa? —inquirió Hange, poniendo los brazos en jarras y taladrando con la mirada a Jean—. Bien, no lo hagas. Quedas fuera de esta misión, y arréglatelas por tu cuenta para no caer en manos de la Policía Militar.
Jean se quedó en silencio, mordiéndose el labio. Al cabo de un rato, tomó las vestimentas y la peluca que Hange sostenía, y se vistió. Armin ya se había puesto la peluca y sus respectivas ropas. Me sorprendió lo parecidos que eran él e Historia cuando los vi lado a lado.
—Sé lo que vas a decir, así que no digas nada —dijo Armin, quien lucía bastante avergonzado, pero, a diferencia de Jean, no había puesto ninguna objeción a disfrazarse de Historia.
Cuando Jean hubo acabado su transformación, él y Armin se subieron a la carreta, mientras que los verdaderos Eren e Historia iban cubiertos por sus respectivas capas, de modo que fuese más difícil verles la cara.
Llegamos a las puertas de Trost sin incidentes. Pretendiendo ser mercantes, avanzamos por las calles de forma casual, como si no tuviéramos nada que ocultar. Veíamos a soldados de la Policía Militar arrojar pan a los ciudadanos, como parte de la celebración del aniversario de la coronación del rey Fritz. Seguimos nuestro camino, algunos discutiendo sobre la decisión del rey de regalar comida, lo que ayudaba a que nuestra comitiva luciera casual.
Fue cuando escuchamos el sonido de unos cascos aproximarse a gran velocidad. Para cuando nos volteamos, los jinetes ya habían raptado a Jean y Armin, tal como Hange esperaba. Sin embargo, por un momento, Sasha estuvo a punto de arruinar el plan, casi llamando a Jean por su nombre. Todos nos quedamos mirándola, y ella, enrojeciendo, gritó el nombre de Eren para corregirse.
Por mi parte, el capitán me había indicado que, en caso que los secuestradores hubieran picado el anzuelo, siguiera a los caballos de forma inmediata. Y eso fue lo que hice. Colándome en un callejón, usé el equipo de maniobras para seguir a los secuestradores desde las alturas.
Finalmente, los caballos entraron en una especie de bodega, y yo aterricé en el techo del edificio, encontrándome con el capitán Levi.
—Están dentro —informé.
—Bien. —Levi se sobó brevemente la pierna, y recordé cuando entre los dos derrotamos a la titán hembra en aquel bosque.
—¿Cómo está tu pierna? —pregunté.
—Mejor —repuso él, poniéndose de pie y moviendo la pierna, de forma de comprobar que funcionaba bien—. Ya puedo moverme con mayor libertad. ¿Y qué hay de ti?
—Todo bien, por ahora —dije, sabiendo que Levi se refería a mis lesiones durante nuestra última misión.
—Supongo que puedes encargarte sola de esos idiotas.
—Por supuesto.
—De acuerdo. —Levi dio media vuelta e iba a saltar del tejado, cuando dijo unas últimas palabras—. Cuando te reúnas con los demás, comunícales que es posible que tengan que asesinar a otros humanos. No puede haber ni un ápice de duda en esto.
Hice el saludo militar a modo de aceptación, y el capitán se marchó, dejándome sola en el techo. Confiaba en que mis compañeros de escuadrón acudieran rápido a mi posición, porque, si bien me creía capaz de neutralizar a los hombres en la bodega, estaba la posibilidad de que poseyeran armas de fuego. Al final, después de pensarlo un poco, decidí entrar en acción.
