Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
Viejo amor, nuevo amor, falso amor
Angielizz (Anbeth Coro)
Nota al final
ÉL
Tom Odell –Another love
Fragmento de un recuerdo
Venga, Edward, solo son diez pisos. No mires abajo y estarás bien, me iba repitiendo ante cada nuevo escalón de la estúpida escalera de emergencias que quedaba colgando de la pared exterior. Con lo mucho que me aterraban las alturas ninguna palabra sería lo suficiente para hacerme seguir, pero ella lo valía tenía que repetirme, esperaba que incluso valiera el posible paro cardiaco que podría darme en cuanto llegara al segundo nivel.
No sabía en qué momento comencé a pensar que iba a casarme con ella, pero de pronto tenía esa certeza entre mis pensamientos. Comencé una lista especial en mi mente: Pasos para casarme con Heidi.
Buscar casa, planear la propuesta, conseguir el anillo, hablar con su padre, pedirle matrimonio con fuegos artificiales (así lo quería ella), decirle a mamá de mi plan, contratar un planeador de bodas, fiesta de compromiso, elegir el pastel y cuánto Heidi me deje elegir, elegir el relleno del pastel, pagar la música, pagar el salón, pagar el vestido, ignorar las quejas de Alice, ignorar las advertencias de mamá, ignorar las ofensas de papá, elegir el destino de luna de miel, decidir guardar la sorpresa a Heidi con París, decirle a Heidi sobre París para calmarla con el asunto de mi viaje de negocios de una semana. Volver antes para sorprenderla.
Me senté en el escalón mirando hacia arriba. Quinto piso. Será más fácil salir por la puerta de su apartamento que bajar las escaleras de emergencia, voy a la mitad, levántate Edward. Y con esa débil motivación volví a levantarme, mirando solo hacia arriba aunque mi pulso acelerado y la tensión de mi cuerpo me demostró que no engañaba a mis nervios. Estaba en el quinto piso y muriendo de pánico.
No tuve dudas respecto a Heidi en ningún momento, no era dado a dudar, la elección estaba ahí y sabía qué pasos seguir para conseguir mi meta, y ella en algún momento se convirtió en esa meta. Tenía una segunda lista en espera: Mi vida con Heidi.
Heidi se había convertido en una obsesión, era parte de lo que ella era capaz de hacer en las personas. Mis días y noches tenían solo una intención: complacerla. Aunque quizás ese fue mi primer error, confundí obsesión por amor.
Me aseguré por casi dos años que ella tuviera lo que deseaba, ¿Un bolso ridículamente caro? Conseguía ese bolso para ella. ¿Quería salir de la ciudad a pesar de algún evento familiar de por medio? Nos íbamos de la ciudad. ¿No le caía bien a mi madre? Evitar que mi madre y Heidi se encontraran, es decir, evitar a mi propia madre. ¿Tampoco le agradaba Alice? Evitar que ambas estuvieran cerca. ¿No quería ella salir con mis amigos? No salía yo con mis amigos.
Me aferré tanto a lo que ella representaba para mí, el futuro, la familia que podríamos tener, alguien de por vida a mi lado, que me olvidé de lo que estaba sacrificando por esa ilusión, ignoraba incluso que sólo yo estaba sacrificando y complaciendo sin recibir el mismo trato a cambio.
¿Podía culpar de esto a mi padre? Pues sí, carajo, porque nadie había significado tanto para mí en años y ahora no quería perderla, no como lo había perdido a él. Y si para no perderla debía enfrentar un puto miedo a las alturas, entonces subiría diez pisos por la escalera de emergencias.
Viernes, 20:40
Llevábamos un mes y medio viviendo juntos, aunque sólo dos semanas saliendo. Y aun así no era suficiente excusa para sentirme como lo hacía. Como si Bella hubiese estado siempre ahí. Ella era un remolino de emociones constantemente, aunque la mayor parte del tiempo, y por suerte, sus emociones eran solo risas y besos.
Me gustaban sus risas y besos. Esta semana me había esforzado por trabajar solo las ocho horas exigidas, ni un minuto más, esa había sido una de esas cosas que Heidi me echó en cara el día que la encontré con Peter. Y esa mala experiencia me había dejado no sólo un pequeño trauma, sino también una lección. No darle más de mi tiempo al trabajo. Estaba decidido a no cometer ese error con Bella, pero tampoco iba a reducir mi horario laboral a menos, descuidar mi vida no sería una de esas cosas que volvería a hacer.
Así que poco antes de las cinco yo estaba en el apartamento. Bella había notado el cambio, porque ahora me esperaba con la comida servida en la barra de la cocina cuando yo llegaba, ya no tendría que comer en la cafetería del edificio de la empresa como había venido haciendo por meses, así que este recorte de tiempo en la oficina era sólo ganar, ganar.
El miércoles me había escapado del trabajo para ir por Tanya, mi prima, al aeropuerto y luego de un largo secuestro con ella en su apartamento había conseguido llegar a las cuatro de la tarde al mío, abrí la puerta despacio y la música me hizo mirar hacia la cocina donde Bella estaba bailando mientras lavaba trastes. Encantadora, luego de deleitarme observándola en silencio bailar, me acerqué a ella a pasos lentos para sorprenderla.
Cada día de esta semana me dije que debería hablar con Bella sobre Heidi, cada día decidí que ella estaba de muy buen humor para arruinárselo. Cada día me convencí que Heidi no aparecería en la fiesta de aniversario, ¿por qué lo haría? ¿qué razón tendría ella para hacerme una escena en la fiesta? Me convencía que era un miedo sin sentido. Ella había continuado su vida, yo había seguido la mía por fin. ¿Qué razón podría haber?
Y ahora no importa cuanto pueda disculparse Jasper, no hay palabra que pueda detener mi preocupación por Bella, ¿por qué había permitido que Alice jugara a la muñeca con ella? Debí pagar por el vestido en lugar de dejar que Bella interviniera con su pequeño trueque de sí misma por la renta de su ropa, era innecesario. ¿Por qué tuve que hacerla de buen amigo e ir tras la chatarra de Jasper? Debí dejarlo arreglárselas por su cuenta, le he dicho mes a mes que venda ese pedazo inservible que llama vehículo, y ahora he tenido que pagar yo por las consecuencias de sus intenciones de ahorrar. ¿Para qué quiere ahorrar?
Comprarse una casa, supongo, ¿acaso no sabe que existen los créditos del banco? Conociendo a Jasper su intención es comprar esa casa a contado para sentirse orgulloso de sí mismo, lo respetaría si no fuera una estupidez y si su terquedad no me hubiese obligado a dejar a Bella por su cuenta en la fiesta. Cada minuto se siente como una eternidad y cuando menos me doy cuenta ya son casi las nueve de la noche. Vuelvo a golpear con fuerza el volante para hacer salir el sonido del claxon.
—Edwa… —lo detengo con un gesto de mi mano, estoy cansado de sus intentos por amenizar el ambiente de mi automóvil.
—Ni siquiera lo digas.
Su risa llena el silencio del vehículo, encabronándome aún más. Por supuesto, su mayor preocupación es que Alice no lo haga papillas por dejarla esperando.
Le lanzo una mirada que consigue silenciarlo de nuevo. Por suerte, si así se le puede decir, cinco minutos más tarde estoy en el estacionamiento del salón del evento. Me bajo con prisa del automóvil y comienzo a andar con rapidez hacia el elevador que nos llevará a la entrada del salón. Pongo la alarma de mi carro cuando escucho a Jasper cerrar la puerta, pero ya estoy presionando el botón del elevador para subir. Cuando las puertas se abren, entro y presiono desesperado el botón para cerrar las puertas y el botón de recepción. Que se joda Jasper que se ha quedado en el estacionamiento haciéndome una seña vulgar con la mano, como si tuviera alguna razón para estar molesto. ¿No pudo llamar a Emmet?
Cuando las puertas vuelven a abrirse doy zancadas hasta llegar a la persona de la entrada del salón. En cuanto doy mi nombre completo me deja entrar sin revisar la lista y pronto, o tardísimo, me encuentro buscando a Bella. O al menos intentándolo, porque me detienen mis modales, así que me atrapan tres diferentes parejas para hablarme del tiempo, de política y de lo "poco afectado" que me veo tras el rompimiento. Si solo supieran. Esquivo a la siguiente persona que hace intento de acercarse a mí y sigo buscando a Bella, aunque no tengo idea de cómo puedo encontrarla entre tanta gente y con un salón tan grande. ¿Seguirá aquí?
Y entonces justo mientras considero la posibilidad de ir a nuestro apartamento a buscarla la veo, parada al lado del bar esperando una bebida al lado de un rostro que reconozco en seguida. Carajo.
Peter que no deja de mirar hacia su escote mientras le habla, Peter que está intentando romper con la distancia entre ambos, comienzo a caminar hacia ellos, Bella que me había estado dando la espalda se aleja del bar y camina hacia mí aunque va con el ceño fruncido mirando hacia sus propias zapatillas. Peter camina tras ella. Sigo acercándome sintiendo la sangre hirviendo bajo mi piel.
¿Cómo podría saber que ella está conmigo?
No lo sabe. Sólo está aprovechando su tiempo libre mientras llega Heidi. Vaya cretino, pero no me interesa Heidi y su infiel acompañante, sino Bella.
—¡Hey, ángel! —grita Peter levantando su mano y varios invitados se giran a verlo por lo ruidoso que puede llegar a ser al hablar. Bella se gira como si supiera que el apodo va para ella. Me detengo. ¿Y si ella no quiere que aparezca? Muevo el nudo de la corbata sintiéndome como un idiota. No. Ella quería una relación conmigo, sin terceros de por medio, lo habíamos prometido. Su espalda se tensa mientras sus brazos se cruzan al frente, la veo moverse inquieta en su sitio escuchando cualquier estupidez que ese idiota le esté diciendo. Camino hasta poder escucharlos.
—¿Un baile? –dice él con esa sonrisa que me provoca romperle los dientes, espero la respuesta de ella, pero Bella no responde, ¿se lo estará pensando? Se queda estática en su sitio hasta que Peter levanta su mano hacia ella, solo entonces ella reacciona retrocediendo, yo también reacciono acercándome rompiendo con la distancia de un metro que hay entre nosotros. Pongo mi mano sobre su espalda al tiempo que da otro paso hacia mí, pero mi atención está en él que al fin ha decidido dejar de devorarse con la mirada a Bella para prestar atención en mí.
Cada nervio en mi cuerpo se pone en tensión, la sangre corre con prisas llenándome de una inexplicable o quizás totalmente razonable ira. La última vez que nos vimos lo golpee con fuerza en la nariz, habría esperado rompérsela, pero su nariz no parece haber sufrido ninguna torcedura, lo que me parece una lástima, sobre todo porque al parecer no aprendió la lección. Porque aquí está, persiguiendo a Bella y poniéndole apodos estúpidos. Si solo intenta acercarse a ella o siquiera volver a dirigirle la palabra estoy dispuesto a molerlo a golpes. Y esta vez me voy a comprometer a que su nariz no quede recta.
Los ojos de él van de mí a Bella y por la sonrisa petulante en su rostro parece entender que estamos juntos. Inclina su cabeza como despedida y huye como cobarde. Finalmente recuerdo que estoy siendo observado por unos ojos marrones curiosos, aunque sigo mirando hacia donde se escabulló Peter para asegurarme que no vaya a volver.
Aunque Peter es simpático, y posiblemente todo este tiempo que tardé en llegar al evento estuvieron conversando, lo que explicaría que le tenga un apodo tan ridículo y que ella haya respondido a éste. Mis ojos van a Bella que sigue mirándome con una intensa curiosidad. Paso saliva para controlar mis emociones y respiro hondo antes de animarme a preguntar.
—¿Interrumpí algo? –Peter y yo fuimos amigos desde que Carlisle y mamá se casaron, era nuestro vecino de al lado, así que sé lo simpático que puede llegar a ser cuando se lo propone, y sé lo simpático que le parece a las mujeres. Pasamos más de veinte años siendo amigos hasta que decidió simpatizar con la cama de mi ex. ¿Y si Bella esperaba no solo un baile sino también su número?
—Al contrario, has aparecido en el momento oportuno —responde Bella mostrándose tranquila al responder, sin inventar excusas ni ponerse nerviosa, dice la verdad, da un paso hacia mí hasta tomar mi mano y entonces finalmente la miro de verdad.
¿Qué tonterías estoy pensando?
Ella jamás podría hacerme algo como eso. ¿Cierto?
Sacudo de mi cabeza esas ideas y le doy un vistazo. Debería agradecer a Alice en algún momento por ser tan terca cuando se lo proponía, el vestido se ajustaba a cada centímetro de ella, dejando en exhibición sus piernas largas, con hilos sueltos al borde que dejaban ver su piel casi hasta el muslo, ajustándose de manera perfecta al ancho de sus caderas y detallando la curva de su pequeña cintura. El color esmeralda del vestido hace que su cabello se vea más brillante al igual que sus ojos y que contraste con lo blanco de su piel. Y por supuesto, el escote en uve que dejaba volar la imaginación, sé que está haciendo eso con la mía.
—Estás preciosa esta noche, Bella —se me ocurren muchos mejores adjetivos para decir cómo se ve, pero a ella le gusta que le llame de ese modo, me ha dejado darle ese apodo, aunque era el modo en que su padre le decía, no es algo estúpido y vacío como llamarla ángel, es algo importante para ella y definitivamente lo considero algo importante para mí.
Sus ojos se abren un poco más, atentos y cohibidos ante mi mirada, pero mantiene sus ojos quietos en mí cara, sin desviarla al suelo ni al lunar de mi cuello.
—Tú también lo estás –responde sonriente, aunque solo después de que habla me mira de arriba abajo y de regreso, sonríe seductora dejando su mirada un segundo más en mi corbata.
Hay una pista de baile al fondo donde algunas parejas están bailando mientras el evento comienza, talvez podríamos bailar un rato, sería una buena excusa para tener su cuerpo contra el mío.
O eso pienso hasta que aparece interrumpiéndonos Francis Cox, un viejo amigo de papá y mamá, cuando le presento a Bella intenta pretender sin engañar a nadie que yo le he hablado antes de ella, cuando no lo he visto en meses, así que suelto esa información para no permitir que meta esas mentiras tan simples que podrían convertirse después en un problema…
Aunque veamos, ¿qué problema más grande podría existir ahora que sé que Peter está en la fiesta? Sólo uno, con nombre y apellido. Heidi.
Tal vez podríamos solo quedarnos aquí hasta que finalice el brindis y el baile con mis padres, cruzar dedos para esperar que Heidi se mantenga firme a sus viejas costumbres de llegar tarde a las fiestas y quizás podría salir de este evento con la frente en alto. Incluso pensar en todo eso me hace entender que nunca he tenido tanta suerte como para tenerla toda junta en una misma noche. Estoy acabado.
Francis Cox saca a colación el tema de las criptomonedas ahora, su insistencia en hacerme invertir en su moneda digital me parece una piedra gigante en el zapato, pero no voy a comprar nada que no pueda tener entre mis manos. Así que puede insistir todo lo que quiera. Respiro hondo cuando habla de mi padre y tengo que respirar unas cien veces más para no lanzarle un comentario desagradable cuando dice que mi padre ha dicho que ni siquiera yo sería tan estúpido como para invertir en criptomonedas, gracias papá.
Al parecer sigue diciéndole a la gente lo terrible que es que su hijo, el que insiste él en llamar su único hijo, le haya dado la espalda a la compañía que por décadas se esforzó en crear.
—Ese hombre le dice muchas cosas a muchas personas —dice Bella acercándose y hablándome cerca del oído cuando Francis Cox y su esposa se alejan de nosotros.
—Te lo digo todo el tiempo –me burló imitando las frases del anciano.
—Se lo digo a todo el mundo —sigue el juego Bella sacándome una sonrisa sincera y dejando atrás a mi padre y toda su mierda. Esto es otra de esas cosas que me gustan de ella, lo fácil que es sólo sonreír a su alrededor.
Sin embargo, pronto me encuentro en una fila de invitados que quieren hablar conmigo y sin ninguna excusa aceptable para evitarlos, es la fiesta de mis padres, y mientras ellos no aparezcan eso me convierte de alguna manera en el anfitrión. Así que me veo envuelto en una tras otra conversación incomoda.
Bella se muestra seria y formal ante cada rostro nuevo, inclinación de cabeza, asintiendo al escuchar, pero parece no estar realmente ahí. Quisiera poder desconectarme como ella, miro a mi alrededor y encuentro a Alice sumergida en una conversación con una invitada de la tercera edad, si mal no recuerdo es debutante a senadora local, los ojos de mi hermana se encuentran con los míos y una sonrisa burlona aparece en ella como si pudiéramos compartir el sentimiento.
Jasper a su lado está conversando animadamente, gesticulando con sus manos al hablar, Jasper es bueno con la gente, sabe qué decirles para tenerlas complacidas así que no dudo que esté saliendo de esto mucho mejor que nosotros tres.
—¿Quieres un poco de alcohol para sobrevivir a la noche? —le ofrezco a Bella en algún punto intermedio sin conversaciones banales con invitados. Ella choca su frente contra mi hombro mientras niega, levanta su cabeza hacia mí y no puedo resistirme a dejar un beso en el principio de su cabello.
—No puedes emborracharme. Aunque lo necesite —sonrío ante su sentido del humor.
—Sería interesante.
—No creo que tu madre piense eso.
Voy a replicar que a mi madre no le importaría que nos emborracharamos con tal de mantener la diversión en la fiesta, pero aparece alguien más que atrapa nuestra atención.
Estoy seguro que los he visto antes aunque no puedo recordar su nombre, así que mantenemos la conversación en algo seguro. Lo hermoso que ha quedado todo el evento de la fiesta, lo felices que son Carlisle y Esme, y lo mucho que nos hemos echado de menos todos aunque no tenga ni puta idea de sus nombres cuando se retiran.
—¿Y ellos quienes eran? —pregunta Bella al alejarse la pareja, obviamente no hubo manera de presentarla porque no tenía idea de cómo presentarlos a ellos sin pedir sus nombres, me encojo de hombros.
—No tengo idea, sólo sonríe y asiente —consigo hacerla reír.
La siguiente pareja en acercarse son amigos de Carlisle, los he visto un par de veces en casa de él aunque he escuchado sus nombres varias veces por lo que saber de quienes se trata es sencillo, lo difícil es mantener mi concentración en la pareja, no estaba seguro si hablaban de las próximas elecciones o del próximo partido de futbol, pero me mantengo sonriente y asintiendo aunque mi cabeza está en Bella, quien distraída juguetea con el collar largo que cae por su escote, enredando su dedo en el accesorio mientras la piel de su mano se desliza lenta por la piel de su pecho; ella sólo asiente ante cada palabra que el amigo de Carlisle dice, sin sonrisas provocativas, sin mirarme lujuriosa, solo jugueteando distraída con su collar mientras estoy teniendo serios problemas para mantener el problema debajo de mis pantalones en su sitio. Respiro hondo, mientras lanzo una despedida y nos dirijo lejos de ellos.
—Me gusta tu collar —le digo mientras intento por enésima vez alcanzar la pista de baile.
—Es de Alice, me lo prestó para que combinara con el vestido —añado comprar collares largos y blusas con escote a la lista de pendientes—, me gusta cómo se te ve tu corbata.
—Se vería mejor en ti —ella frunce el ceño sin entender el doble sentido de mis palabras y yo no puedo explicarle lo mucho que me gustaría tenerla en mi cama con ese collar y mis corbatas en sus muñecas sin nada más. En lugar de hablarle de mis planes y fantasías me encuentro hablándole a otra pareja de nuestra edad el asunto sobre el crecimiento de la agricultura y lo interesante que sería invertir con ellos, prometen enviarme un documento a mi oficina con toda la información sobre la compañía que intentan expandir.
Varias veces intento llegar a la pista de baile y cada paso que doy hacia ese lugar termino dando tres en sentido contrario, Bella comienza a mordisquear su labio inferior de manera nerviosa mientras sus manos se quedan fijas frente a sí con su cabeza ligeramente agachada. Mi pulgar hace círculos pequeños en su espalda desnuda para mantenerla cerca y queriendo pasarle un poco de tranquilidad.
¿Pero que tranquilidad podría transmitirle?
Heidi va a venir. Lo tengo cada vez más claro, ¿por qué otra razón aparecería Peter? Dudo que él sea capaz de actuar en solitario. Y aunque la víctima de sus mentiras había sido yo, no tenía dudas que volvería a aparecerse por aquí fingiendo que nada había ocurrido. Heidi era una perfecta mentirosa, tan así que estuve a punto de casarme con ella sin descubrir su infidelidad, pero su mezquindad y narcisismo debería tener un límite, ¿cierto?
Estaba cada vez menos seguro de ese límite.
Vuelvo a mirar a Bella. Es demasiado tarde para hablar con ella, ¿dónde podríamos tener tiempo privado aquí? E incluso si encontrara una habitación vacía ¿Cuánto tiempo iba a necesitar para hacer que me creyera a mí y despejar todas sus dudas? No lo suficiente.
Luego de una conversación tensa con Marlon y su esposa e hija, Bella me confiesa que se siente fuera de lugar, preocupada por agradarle a la gente. ¿Bromea? Si ellos están mirando extraño hacia nosotros es por mí, posiblemente la mitad de estas personas estaban en la lista de invitados de Carlisle y Esme, todos deben saber aquí que estuve a punto de casarme y el repentino cambio de planes. Y ahora estoy del brazo con Bella, una hermosa mujer evidentemente más joven que yo, posiblemente han hilado mal los cabos sueltos y decidido alguna historia ridícula sobre nosotros en algún romance a espaldas de Heidi, pero poco puede importarme lo que ellos tengan por decir.
—¿No has visto como me miran? —¿con cero habilidades para ocultar su interés sucio en nosotros? ¿con su elevada doble moral juzgándonos? Lo he notado, pero estas personas son extraños y si alguno de ellos intentara verbalizar lo que sus ojos dicen los pondría en su lugar.
—Te lo imaginas, Bella.
Estoy por decirle que ninguno de ellos importa aquí cuando me veo envuelto por unos brazos en un efusivo abrazo, no necesito mirar su rostro para saber de quién se trata.
—Mi querido Edward —correspondo su abrazo dejando ir la mano de Bella por un momento. Karen ha sido como una segunda madre más que una simple tía, cuando eramos niños ella se hacía cargo de cuidarnos mientras mamá trabajaba y cuando Carlisle apareció ella seguía manteniéndose cerca. Además Tanya era un remolino que solo podía ser contenido por otros niños, lo que explica porque prefirió tenernos a los tres antes que enfrentar a una niña exclusivamente—, y tú debes ser Bella —dice mientras se aleja de mí y le da esa mirada que me da a entender que Karen no hará más que avergonzarme un rato.
No me sorprende que Karen esté al tanto de Bella. Tanya había llegado de su viaje de Europa el miércoles, lo que explicaba por qué decidí escabullirme del trabajo por la mañana y conseguí llegar al apartamento a las cuatro de la tarde. Durante ese lapso de horas pudimos ponernos al día respecto a nuestras ultimas semanas alejados, la ultima vez que la había visto ella había tirado por el lavadero la mitad de una de mis botellas de wisky, la última vez que habíamos hablado por teléfono fue solo para recordarme que yo disfrutará mis días libres y que ella se haría cargo de la fiesta de la boda, luego solo me envió un mensaje avisándome que estaba a punto de abordar un avión junto con su madre a Francia.
Pensé que había sido una de esas cosas extrañas que a Tanya le gustaban hacer, viajar y descubrir el mundo sin ser consciente o importarle asuntos como vida laboral, negocios o lo que podía haber en su agenda.
Hasta el sábado anterior en que James había preguntado por ella antes de declinar la invitación, y si había algo que James no haría sería rechazar a mi madre, no cuando mamá lo ha tratado desde hace más de diez años como ese hijo extra y él a ella como esa madre que no tuvo en ninguna de sus casas de acogida. Así que sabía que debía haber mucho más de fondo. Y después de seis largas horas lo descubrí.
Tanya era muy parecida a Alice en rasgos, excepto que Tanya tenía los ojos azules como yo y era más alta que mi hermana, y mientras Alice era de complexión delgada, Tanya siempre había tenido problemas para mantener un peso acorde a su altura.
—Bajé seis kilos —dijo después de haberle mencionado su buen aspecto mientras dejaba sus tres maletas al lado del sillón—, nada como un viaje por Europa para decidir adelgazar. Aunque todavía debería poder bajar los quince kilos que tengo encima.
—¿Y por qué te fuiste tan repentinamente? —pregunté de manera directa sin intenciones de verme envuelto en esas conversaciones rebuscadas hasta que por fin consiguiera abrirme paso a la verdad. Tanya aparece con unas cervezas del refrigerador.
—Añádeme a la lista de las estúpidas sin seso.
—¿Cuándo?
—El día de mi fiesta de cumpleaños, por supuesto.
Las estúpidas sin seso es el modo en que Tanya llama a los romances de una noche de James.
—Lo que explica por qué huiste al día siguiente sin avisar.
—Nadie huyó… un poco. James es tan guapo e idiota.
—Sabía que eran amigos, pero no pensé que fueran tan cercanos —ella me lanzó uno de sus múltiples cojines del sillón a la cara en respuesta.
—Si con eso te refieres a que eramos amigos ultrasecretos y eso, sí, patético. En mi defensa estaba muy borracha y había terminado con mi novio, y él es guapísimo cuando estas con una botella de tequila, vino y ron encima —le dio un largo trago a su cerveza.
—¿Y te botó al día siguiente? ¿A ti?
—No le di oportunidad de eso, agarré un avión a Europa. Y lo he mandado a la mierda desde entonces, creo que dañé su ego porque no ha parado de llamar desde entonces.
—¿Lo botaste tú? Bueno, un poco de su medicina no le viene mal —ella asintió e incluso forzó una sonrisa que jamás llegó a sus ojos—. Pero él nunca llama. Estoy seguro que ni siquiera le llama a Victoria.
—No me hagas sentir bien, Edw. Fue un error, y me costó nuestra amistad secreta y esa mierda, pero estoy bien… ¿crees que él esté en la fiesta? —me encojo de hombros porque eso es más simple que decirle que no lo estará porque al parecer James debe seguir analizando lo que sea que esa noche signifique para él, y no tengo que preguntarle a él para saber que va a tomarle tiempo hacerlo. Y a Tanya no le gusta esperar, así que sí sabe antes que James no irá no ayudará a nadie.
Y después de eso, como buena negociadora, me pide a cambio todo sobre Bella porque mi hermana ha sido muy vaga al respecto. Supongo que es justo, así que por dos horas enteras me encuentro hablándole de Bella, dos horas enteras, ni yo sabía que pudiera ser capaz de hablar tanto de una misma persona.
Así que no me sorprende que Karen esté al tanto de Bella, después de haber estado hablando sobre Bella dos largas horas en el sofá de su hija, ellas se solían contar todo excepto la vida romántica de Tanya, pero no había problema alguno de comunicación sobre hablar de la vida romántica de otras personas.
—No sé si he escuchado más de ti por mi hermana o mi hija —lo que sospechaba—, pero ten por seguro que Edward es una tumba cuando lo quiere. Soy Karen, la tía de Edward —se presenta sin darme oportunidad de hacerlo yo.
—Es un gusto —dice Esme tomando su mano y luego siendo atrapada por las dos manos de mi tía mientras se acerca peligrosamente a ella rompiendo completamente con el código de la distancia y el espacio personal.
—Un consejo: no lo dejes ir —y también rompe con el código de lo que es correcto decirle a una persona, Bella se ruboriza por la cercanía repentina de mi tía mientras asiente varias veces, le ruedo los ojos a Karen y en cuanto puedo vuelvo a recuperar mi espacio al lado de Bella con mi mano sobre la cálida piel de su espalda—, ¿no era esto una cena familiar?
Miro alrededor, definitivamente a mamá se le salió un poco de las manos la cuestión del aniversario, la última vez que le di un vistazo a su lista de invitados había casi trescientas personas en ella.
—Originalmente.
—Esto es como una boda en realidad.
—Carlisle quiso darle ese pequeño gusto a mamá.
La boda de Carlisle y Esme había sido algo completamente íntimo, sólo habíamos estado Alice y yo, y los padrinos de la boda, Karen y el fallecido tío Eleazar, hermano de Carlisle. Aunque imagino que esa decisión de mamá tuvo más que ver con evitar las habladurías de la gente por el segundo matrimonio de Carlisle con una madre divorciada que por los deseos de ambos.
—Por supuesto que sí. Carlisle se ve tan enamorado de ella como cuando comenzaron a salir. ¿Te estás divirtiendo? —le pregunta a Bella, quien sólo asiente en respuesta, posiblemente porque sonaría falso si respondiera con su voz; miro hacia la pista de baile cada vez más despejada— ¿No fue un monstruo contigo mi hermana, verdad? —niega con su cabeza Bella aunque con una pequeña sonrisa en su rostro, pero Karen se encuentra ahora en un pequeño monologo que no da espacio a mayores respuestas—. No lo creo porque me ha hablado muy bien de ti, no como
—Tía, ¿qué tal París? —es la única pregunta que se me ocurre hacer para interrumpir su indiscreción, ¿estaba por comparar la relación entre mi madre y Esme, con la que existía con Heidi? Supongo que sí, aunque hay una gran diferencia entre ambas y no tiene sólo que ver con el desagrado que sentían mutuamente ambas.
—París, hermoso, cada vez menos, honestamente, pero hermoso. ¿Alguien le rompió el corazón a Tanya?
—No lo creo.
Bella me mira con una ceja levantada ante mi cortante respuesta, y por el modo en que la mirada de Karen se transforma sé que tampoco he conseguido engañar a esta mujer que ha sido como una segunda madre para mí.
—Pues ese viaje se sintió como un escape con su mamá para no hablar de ningún hombre. Me gustó, sobre todo porque no pagué, pero ¿qué le cuesta contármelo todo?
—Tal vez no hay nada que contar.
Karen niega con su cabeza imperceptiblemente para indicarme que no se lo cree, después se acerca a Bella de nuevo para ponerle la mano sobre su brazo y acercársele como si fuera a susurrarle para que yo no escuche nada, aunque su cabeza queda en medio de ambos así que puedo escuchar claro y alto.
—Los hombres discretos son escasos estos días —se separa guiñándole el ojo y esta vez Bella sólo tiene una risa tintineante y nerviosa mientras desvía sus ojos al suelo. Mi mano en la piel de su espalda quema y me comen las ganas de levantarle el mentón y mirar sus mejillas seguramente ruborizadas. Pero Karen no deja de mirarnos a ambos como si pudiera leer lo que ocurre frente a ella. Sus labios se mueven, pero por suerte aparece Carlisle a unos pasos para interrumpir más imprudencias de su parte.
—Espero que estén disfrutando la fiesta.
Nos encontramos pronto en una conversación entre Carlisle, mamá y Karen, pasan de bromear entre ellos, hablar sobre la fiesta organizada por mamá a distancia la mayor parte del tiempo a finalmente hablar sobre la elección de mamá sobre el vestido de Bella y lo complicada que fue dejarse convencer hasta que finalmente Alice se salió con la suya para asegurarse un día de chicas con ella tanto como había querido desde el principio, dándole un poco de crédito mi hermana sabe cómo conseguir lo que quiere. Sin embargo, nuestra conversación pronto se vio interrumpida por el fotógrafo de la fiesta queriendo la sesión familiar. Miré a Bella a punto de invitarla a quedarse al menos cerca mientras la sesión de fotos duraba, pero se apresuró con una excusa para ir al baño y en realidad no iba ser ese cretino que la retiene a la fuerza a su lado, ¿no? No me veía a mí mismo pidiéndole que no fuera al baño por quedarse en mi vista toda la fiesta.
—Bella se ve divina —dice mamá mientras nos paramos frente a una pared llena de flores blancas y rosas mientras Carlisle va a perseguir a Alice.
—Lo está, ¿cierto?
—Y tú te ves muy feliz —el fotógrafo acomoda las luces encendiendo y apagando su equipo de iluminación mientras mamá y yo esperamos pacientes.
—Es porque lo estoy —¿Cuánto podría tardar Carlisle en encontrar a Alice?
—Lamento no haber hecho una fiesta más pequeña, se la habrían pasado mejor.
—Tonterías —aunque lo cierto es que sí.
Sin embargo, mamá está disfrutando su noche, pasó muchos años sin pertenecer a la sociedad a la que pertenece para desaprovechar la oportunidad de ser la anfitriona de un evento en el que celebra su matrimonio sin importarle lo que la gente pueda o no opinar del primer matrimonio que existió antes. Y tal vez si Bella no se viera tan al borde de un colapso, hasta yo lo disfrutaría.
¿Qué digo?
Si no hubiera visto a Peter, yo también disfrutaría de la fiesta. Ahora entiendo que cometí un terrible error al no ser sincero con Bella. Le había dejado toda la responsabilidad a la suerte en lugar de hacerme cargo de esto y contarle lo del compromiso y la infidelidad a Bella a tiempo. Ahora no hay tiempo de nada, ni siquiera de lamentarme.
Sé que Heidi no está aquí, no todavía al menos, si Heidi hubiera llegado las conversaciones y miradas que recibiría de los invitados no serían estas. Además salí dos años con ella para saber que le gustaba llegar tarde para que todos pudieran apreciar su entrada y hablar sobre su elegante retraso.
—Peter es un encanto, ¿no te parece? Llevaba mucho sin verlo. Diana dice que su novia llegara más tarde —fuerzo una sonrisa a aparecer en mi cara cuando el fotógrafo lo indica para hacer una prueba—. Estoy emocionadísima por conocerla —paso con fuerza el nudo en mi garganta, moviendo la corbata como si estuviera asfixiándome—. No pongas esa cara, tu sabes que Peter es como un primo para ti, casi un hermano, y ya es hora de que siente cabeza, por lo menos una vez.
Peter era el vecino al lado de la casa de Carlisle, después de algunos meses de tensión resultó que Diana y Esme tenían más en común de lo que pensaban y se volvieron grandes amigas y confidentes, vivieron una pegada a la otra hasta que el esposo de Diana falleció hace un par de años y entonces la mansión en la que ella había vivido por casi treinta años se comenzó a sentir demasiado vacía para ella. De hecho, a su favor, antes de la muerte de su esposo había sido una mujer muy agradable y divertida.
Carlisle y Esme pasaban muchas tardes en compañía de Diana y Javier, el esposo de la primera, por lo que Peter, Tanya y yo lo hacíamos también. La muerte de Javier cambió a madre e hijo, por supuesto, aunque mientras de Diana hizo de ella una mujer enojada y quisquillosa con el menor de los cambios, como la aparición de Bella en el edificio, en Peter lo convirtió en… ¿un traidor? Supongo que no hay ninguna excusa, ni siquiera la muerte de su padre, para lanzar a la mierda todos los años de amistad.
Así que creo, digo creo porque ahora no estoy seguro de mis motivos, que esa fue la razón por la que le mentí a Esme cuando preguntó con quién me había engañado Heidi. Si el rompimiento con Heidi ya había arruinado una amistad sólida, ¿por qué debería permitir que se arruinara otra amistad como la que Esme y Diana tenían?
Pero ¿de qué me serviría ser honesto ahora mismo con mamá? Sólo conseguiría arruinarle su gran noche antes y ahora mismo parece muy feliz pensando que Peter está por sentar cabeza, cuando lo atrapé persiguiendo a Bella con un estúpido apodo. Lo que me hace sentir ¿lástima? Supongo que lástima puede definirlo, siento lástima por la relación que Heidi envió a la mierda por un tipo que ni siquiera puede mantenerse quieto mientras espera su llegada.
—Supongo —estaba seguro que en cuanto mamá descubriera quien era la cita de Peter toda su emoción se estrellaría contra el suelo dejando a su paso sólo su ira maternal.
—Lo emocionada que está Diana, ella quiere ser abuela como yo, ¿sabes? Y el matrimonio es el primer paso para serlo.
—Hay otros pasos ¿sabes? —intento cambiar el tema de conversación, lo que menos necesito es añadir más mentiras a la montaña de engaños. Y en lo único que puedo pensar es en esa última conversación que tuvimos al teléfono Heidi y yo, al final yo tenía la razón.
Jamás habitaríamos esa casa que elegí para la mujer que se suponía que debía acompañarme el resto de mi vida. Ni la camioneta, ni los tres niños, ni el perro guardián o el pequeño poddle. Nada. Al final del día todo se resume a una relación pasajera que nos arruinó la vida que pudimos tener.
—¿Valió la pena? –pregunto porque necesito saberlo. Necesito que confirme que todo el daño tuvo un motivo más grande.
—No, no, no.
—¿Vas a casarte con él? –insisto.
—No, te amo a ti. Sólo a ti.
—¿Por lo menos habla de su vida a tu lado?
—Edw –gime contra el auricular.
—Heidi, quería todo para nosotros y lo has echado a perder. No puedo. Quisiera tener el coraje para intentar luchar, pero no fui yo quien se rindió primero.
—¿Lo dices así porque no estaba emocionada con tu compromiso, verdad? —levanto una ceja sin saber de donde ha venido ese comentario de mamá—. Una madre nunca se equivoca —mamá me da un beso sonoro en la mejilla mientras el fotógrafo vuelve a acercarse con una nueva cámara para sacarnos otra foto—. Mi emoción por verte sentar cabeza también es grande.
Sacudo mi cabeza.
—¿No te parece precipitado? Hace unas semanas estabas totalmente en contra de mi hospitalidad con Bella.
—Tu encaprichamiento por esa otra mujer, no tiene nada que ver con lo que hay en tus ojos ahora.
—Mamá.
—Sólo digo que una madre nunca se equivoca.
—Bella es muy joven para esta conversación.
—No estoy teniendo esta conversación con ella, sino contigo. Mirame, Edw —renuente miro hacia esta mujer endemoniadamente persistente—. No hay manera que ella pueda lastimarte.
—Lo sé.
Y lo sabía. ¿Pero acaso no estaba yo por lastimarla cuando descubriera mi mentira?
—Eres un hombre honesto, guapo, e inteligente. Si ella no lo ve envíala directo al oculista —dejo que salga una tensa sonrisa.
Tenía muchas virtudes, aunque honestidad no era la que me acompañaba esta noche. Por suerte, Alice llega en ese preciso momento y se cuela entre mamá y yo liberándome de esta conversación, Carlisle toma lugar del otro lado junto con mamá. Jasper se queda quieto al lado del fotógrafo mientras mamá nos indica que posiciones tomar, intento mirar detrás de Jasper, pero no hay señales de Bella.
—¿Podrías buscar a Bella? No sabe dónde está nuestra mesa —le pido a Jasper que asiente—, debería estar en los baños.
Levanta sus pulgares y momentáneamente eso me da cierta tranquilidad, porque como era de esperar, luego de una centena de flashes más tarde por fin soy libre de volver con mi cita.
Aunque intento estirar mis posibilidades y convencerme que Heidi no debería venir, no a excepción que tenga intenciones de hacer un numerito frente a todos los amigos de Esme y Carlisle; y una parte de mí, cada vez más grande, sabe que esa sería su única intención.
Mientras Bella está cerca de personas conocidas, se ve más tranquila así que me comprometo a mantener nuestro círculo de confianza a su alrededor. Por suerte mamá nos ha dejado una mesa para nosotros. Alice, Jasper, Karen, Emmet, Rose, Tanya, Bella y yo estaremos ahí.
—Es hermosa —dice Tanya acercándose a mí cuando estoy por llegar a la mesa en la que está Bella sentada junto a Jasper.
—Te dije que lo era.
—Y simpática —asiento, la miro suspicaz reconociendo las cejas levantadas de preocupación de Tanya cuando me abraza como si estuviera saludándome para decir—, Peter está aquí.
—Lo sé.
Miro hacia la mesa donde Bella parece conversar animada con Rose, Emmet y Jasper.
—¿Hablaste con Bella? —indaga Tanya, claro, Tanya sabe que fui un cobarde y evadí ese tema de conversación antes, aunque incluso ella me animó a decírselo en lugar de lanzarla a los tiburones hambrientos. La culpa se cuela en seguida.
—No encontré el momento apropiado.
—Ay, Edward. Suerte esquivando a esa arpía.
Tanya también cree que Heidi aparecerá, ¿aunque por qué lo haría? Si yo le hubiese sido infiel lo último que se me ocurriría sería hacer un drama en la fiesta de aniversario de sus padres, por mucho que pudieran desagradarme. Ese capítulo de nuestras vidas debería estar cerrado. ¿Cierto?
Aunque por la mirada de Tanya y el tono de voz me demuestra que no cree posible que pueda tener éxito esquivando su presencia. No, es imposible. Aunque cuando miro hacia la mesa donde se encuentra Diana y su hijo no puedo evitar notar que hay una silla al lado de él aun vacía.
Peter parece mantener su mirada sobre mí porque en cuanto nuestros ojos se cruzan sonríe abiertamente y se atreve a levantar su mano y saludar provocativamente desde su sitio. Miro a Tanya.
—No vendrá —pero no sé si me estoy convenciendo a mí o diciéndoselo a ella.
—Bella es el tema de la fiesta —me dice Tanya quedándose quieta y luciendo preocupada.
—¿Sí? —finjo no tener idea de lo que me habla, aunque ya me lo suponía.
—Seguro, es mucho más joven que Heidi pero parece menos extrovertida, la gente está fascinada.
Levanto una ceja, estoy seguro que fascinación no es sinónimo de entrometida.
—Bueno, al menos los hombres, las mujeres creen que te tenían en el mercado de solteros, así que son solo unas arpías envidiosas.
—Y más de la mitad de ellas tienen la edad de mi madre —replico.
—Delicioso —se muerde el labio de manera exagerada pretendiendo ser divertida y seductora. Deja las bromas y se despide avisándome que irá a buscar a su madre. Así que continuo mi recorrido a la mesa, Bella mira hacia mí cuando estoy a una mesa de distancia.
Me doy cuenta que hasta que me siento en la silla a su lado la tensión sobre mis hombros desaparecen, ella sigue pareciendo animada y divertida, todo va bien, ¿por qué no lo haría? Heidi no va a aparecer.
Mis ojos van hacia las mesas a nuestro alrededor, hasta terminar en la mesa de Peter y Diana, no está ahí, si ella iba a aparecer en algun momento este sería el momento adecuado. Así que no vendrá, respiro tranquilo mientras mi mano se entrelaza a la de Bella por debajo de la mesa, la piel de mi mano en cercanía con la piel de sus piernas me parece no sólo una distracción sino una manera ideal para poner a prueba mi autocontrol.
Lo sencillo que sería deslizar mi mano por sus muslos y apretar la carnosidad de su piel. Miro a Bella que tiene el rostro ladeado atenta a la conversación sobre… miro a Tanya, París, le habla del viaje a Paris y los museos que conoció. Bella luce fascinada con el tema y recuerdo que Bella mencionó en nuestra primer salida a museos que ella coleccionaba postales de los lugares que le gustaría conocer, me pregunto sin poder evitarlo si ella tendría alguna postal de París, aunque sospecho que sí por todos los lugares que Bella pregunta a Tanya.
Cuando París los lleva al tema de la torre Eiffel y cómo fue protegida por los parisienses para no ser tomada por Napoleón Bonaparte, siguen el hilo de conversación sobre las guerras y es así como Jasper y Emmet se ensartan en una de sus épicas conversaciones de siempre.
Bella se acerca aun más a mí, ladeando su rostro y recargando su mentón sobre mi hombro para preguntar sobre mi oído.
—Dime que la cena está por llegar —reconozco en su broma la verdad tras sus ojos, tiene hambre, ¿acaso Alice no compró comida para ellas a lo largo de todo el día? Intento tranquilizarla repitiéndole el cronograma de la fiesta y por el modo en que sonríe y mira hacia el techo debe estarse saboreando anticipadamente la cena.
En ese justo momento la voz de Carlisle interrumpe nuestra conversación, está de pie al lado de mamá que lo toma de la mano sentada en una silla a su lado.
—Quiero agradecer a la familia y a los amigos que pudieron acompañarnos esta noche a celebrar este día especial. Pero especialmente quiero agradecer a mi querida esposa, Esme, por la vida que nos hemos dado mutuamente a lo largo de estos veintidos años, por los dos hijos que compartimos, por los lugares que hemos conocido, por la casa que convertiste en un hogar para mí y por despertar cada mañana de buen humor para mí incluso cuando querías asfixiarme con la almohada.
Mamá asiente y se encoje de hombros como si le diera la razón en esa última oración.
—Cada día soy un hombre diferente al que fui antes de conocerte, y cada día soy el hombre que quería ser. Por otros veintidos años, Esme.
Mientras Carlisle le entrega el micrófono al hombre de la ceremonia, Alice se pone de pie con una botella de champagne. Mientras escucho las palabras de mi hermana menor no puedo evitar preguntarme en qué momento se volvió tan sabionda sobre temas del amor, ¿dónde está la Alice que hizo mal uso del duplicado de las llaves de mi apartamento? Miro disimuladamente a Bella que tiene su cabeza recargada contra mi brazo, beso el tope de su cabeza aunque ni siquiera se da cuenta totalmente conmovida como el resto de los presentes con las palabras de Alice.
¿Las segundas oportunidades existen? Mientras mi pulgar se desliza sobre la piel de la pierna de Bella supongo que en eso podría tener razón también Alice. ¿No son Carlisle y Esme prueba de eso? Carlisle consiguió un matrimonio de veintidos años después de la muerte de una esposa a la que le guardó luto una década, y mamá se volvió a casar a pesar de la catastrófica experiencia de su primer matrimonio. Y ahí estaban ellos, sonrientes y mirándose con amor sin importarles qué pudieran pensar sus cientos de invitados.
—… Carlisle, papi, tienes un corazón tan grande que fuiste capaz de amar a mamá y a dos niños inquietos, sin poner un segundo de duda en nuestra familia. Nos has dado tanto amor sin poner condiciones que necesitaríamos otros veintidos años para decirte cuán importante eres para nosotros. En nombre mio y de mi hermano queremos desearles mucho amor y felicidad, mientras celebramos con ustedes este logro tan importante que es compartirse mutuamente una vida. Salud.
Le doy un trago a la copa antes de ponerme de pie y acompañar del brazo a Alice hasta el centro de baile.
—¿Me permite esta pieza, señorita? —le pregunto a mamá mientras Alice se lanza al cuello de Carlisle.
—Eres un caballero —dice poniendo sus brazos alrededor de mi cuello y mirándome con sus ojos azules y brillantes de emoción.
—Tuve una buena maestra.
—¿Lo hicimos bien contigo, verdad? —me encojo de hombros sin nada de modestia—. Por supuesto que sí, tu caballerosidad te llevó a adoptar a Bella.
—No la adopte —digo arrugando la nariz ante la palabra y sus connotaciones.
—Ayudaste, ¿esa está mejor?
—Supongo.
—Debiste ser para ella como todo un héroe con capa y espada —dice mamá sonriendo y mirando hacia la mesa, intento mirar hacia otro lado para no ser tan obvio.
—Bueno, ella también me ayudó, ¿sabes? No puedo llevarme todo el crédito de esto.
—Claro que lo hizo. Apuesto a que te cortarías la cabeza antes de considerar salir con una frivolidad de mujer como ella.
Hice girar a mamá para ganar unos segundos antes de responder.
—Quien sabe, tal vez debí salir con alguien así para entenderlo, ¿no?
—La próxima vez experimenta en zapatos ajenos, mi amor.
—Estás llena de refranes, Esme.
—No me llames así. Los refranes sirven, cariño.
—Toc, toc, mi turno —dice Alice golpeando mi hombro.
Hago danzar a mi hermana con un poco de mayor velocidad sólo por entretenimiento.
—Peter está aquí —dice Alice mientras vuelve a posicionarse frente a mí.
—Eres la tercera persona que me lo dice está noche.
—¿Cómo putas se atreve? Que maldito descaro… —abre los ojos impresioanda— ¿Tú crees que esa zorra vaya a venir?
—No. No hay ninguna razón para que así fuera.
—¿Ninguna dices? —Alice se ríe de su propio chiste privado negando con su cabeza—, menos mal Bella ya lo sabe porque de lo contrario tú… —algo debe ver en mi rostro porque se interrumpe—, no se los has dicho. Mierda, Edward. ¿Qué anda mal contigo?
—No hay ninguna razón para que ella viniera, Peter está aquí porque su madre es tan insistente como la nuestra, es sólo eso.
—¿Planeas quedarte a descurbrilo?
—Me iré después de la cena, se te olvidó que mi novia come.
—Uh tu novia, eso es nuevo, eh —levanto una ceja, no dejaré que cambie de tema—, hice emparedados. Hambrienta, lo que se dice hambrienta, no está. Pero te quedas a la cena y te retiras. Ni un minuto más —hago una señal militar llevando mi mano a la frente mientras dejamos de bailar—, vamos a buscar a nuestras parejas antes de que Jasper le pise los pies a Bella.
—Sigue siendo malo bailando? —pregunto caminando a su lado esquivando los pasos de baile de otras parejas.
—No es su fuerte, pero bailar con él es tener su cuerpo cerca y —levanto una ceja con una línea en los labios—, esto no es lo que quieres escuchar de mí. Ahí están.
—¿Cambiamos? —no tengo que decirlo dos veces, Alice va tras Jasper de un salto mientras Bella se acerca tímida a mí, la envuelvo entre mis brazos mientras posiciono mis manos alrededor de su cuerpo para comenzar a bailar, pero ella me abraza con fuerza y no puedo evitar reír alegre ante su insistente y perfecta cercanía—, también te eché de menos.
Lo que es cierto.
La música es jazz, la favorita de mamá, por suerte seguirá siendo de este género musical por un rato más y si mamá quiere que la música vaya acorde al tema de la fiesta supongo que no habrá música pop ni disco, sólo música para bailar en pareja. Con mis manos en su cintura y las suyas detrás de mi cuello nos muevo lentamente.
—Alice es mucho mejor que la nueva novia de su ex —dice de pronto Bella abriendo un tema de conversación, tengo que repetir la frase tres veces para entender lo que ha dicho y a quien se refiere. El único ex de Alice al que podría referirse es Peter, eso le dije en lugar de contarle la verdad sobre él. Miro a mi alrededor sin identificar a ninguno de los dos, ella está aquí. Bella aleja su rostro de mi hombro para mirarme a la cara e intento recomponer mi expresión.
—¿Habló contigo?
—Solo un momento, Jasper me invitó a bailar cuando aparecieron.
—¿Qué fue lo que te dijo? —no tengo dudas que el soplón y cobarde de Peter le haya contado a Heidi de Bella y de mí después de nuestro pequeño intercambio cerca del bar.
—Solo quería saber si era tu novia —lo confirma Bella.
¿Qué tan profundo pude haber herido el ego de Heidi si se entera de que he venido acompañado en lugar de solo y deprimido como seguramente piensa que nuestro rompimiento me dejó? Lo suficiente para intentar acorralar a Bella sola.
—¿Y usó esas palabras? —Bella deja de mirar la decoración del techo, se encoje de hombros y sé que Heidi que tiene un vocabulario soez no debio referirse a Bella como mi novia.
—¿Me haces dar vueltas? —lo hago.
La noche en que la encontré bailando y cantando en la cocina después de su sorpresa por atraparla danzando nos pusimos a bailar alrededor de la barra mientras nuestra comida se enfriaba. Esa noche ella se veía feliz y desinhibida mientras me pedía que la hiciera dar vueltas más rápido al ritmo de la canción. Tomo su mano de mi cuello y la hago girar en su lugar tres veces antes de volver a atraparla con mi mano en su cintura, está sonriendo, una sonrisa amplia y sincera, quizás la primera de la noche, ojala pudiera ser capaz de prometer que mantendré esa sonrisa el resto de la noche, aunque estoy seguro que será lo opuesto. Todo esto es mi culpa, lo sé.
—Quita esa cara —pasa su mano sobre mi frente intentando deshacerse de las arrugas de ésta—. No hay ninguna razón para tomarle importancia —vuelvo a darle vueltas para darme tiempo de recomponer mi expresión, cuando la vuelvo a atrapar nuestras narices se encuentran, ella entreabre sus labios invitándome a besarla. Es lo único que quiero.
—¿Ya te dije lo preciosa que te ves esta noche? —intento concentrarme sólo en ella y despejar mi cabeza de cualquier tema que estorbe en el medio.
—Una vez —hay un precioso rubor en sus mejillas y va en aumento el sonrojo. Quito un mechón de su cabello rebelde y dejo mi mano sobre la piel de su pómulo.
—Que patán he sido. Te ves preciosa —dejo un lento beso contra su mejilla derecha—, preciosa —beso ahora su mejilla izquierda consiguiendo que abra sus labios de nuevo para mí—. Preciosa —apenas rozo sus labios, si comienzo a besarla es posible que no me conforme con un beso breve, querré más, mucho más de ella y no estamos en el lugar apropiado para convertirme en un hormonal adolescente. Así que la beso rápido, antes de volverla a hacer girar.
Y entonces al mirar detrás de Bella veo a Heidi. Es justo como la recuerdo y a la vez es tan diferente.
Jalo a Bella de regreso a mí sosteniendo su espalda con mi mano con firmeza para impedir que pueda irse, pero también como si quisiera ser capaz de protegerla de lo siguiente, en vano.
—Al menos ignora mis llamadas por alguien que valga la pena, Edward —Heidi cruza los brazos frente a su vestido levantando su ceja izquierda con ese toque de superioridad que alguna vez me pareció atractivo.
¿Cómo iba a saber que esa superioridad la había alcanzado sin importar que tuviera pisotear a otros?
Peter no está a su lado, de momento, pero Bella ha confirmado que vienen juntos, ¿de qué otro modo Heidi habría podido entrar aquí? La música se detiene por completo y tengo que obligarme a pretender que nada de lo que ella pudiera decir va a conseguir herirme. ¿Qué podría decir para herirme que no haya dicho o hecho ya? Mi preocupación no soy yo, es Bella, porque justo ahora tengo entre mis brazos la única manera en que Heidi podría lastimarme de nuevo.
—Vamos por una bebida, Bella —Alice a mis espaldas habla, me gustaría poder decir que agradezco su intervención, pero preferiría asegurarme por mi cuenta que Bella no va a escapar en cuanto la deje ir.
El agarre de Bella en mi cuello se libera e intenta retroceder, la miro a los ojos esperando poder trasmitirle la confianza que sé no existe dentro de ella.
—No te vayas —sus cejas se elevan confundidas ante mis palabras, y sé que no hay tiempo para explicarle nada, la he enviado al matadero sin avisarle de lo que podía ocurrir. Cuando vuelve a intentar mirar detrás de mí lo permito, pero me aseguro de tener su mano entre las mías como si fuese una garantía de que se quedará aquí, a mi lado. Enfrentando a la exprometida de la que nunca le hablé.
—¿Qué haces aquí, Heidi? —Alice vuelve a hablar ante mi repentina mudez. Pero esta no es la batalla que debería librar mi hermanita menor por mí. Esta es la discusión que debí tener hace tiempo. La última vez que hablé con Heidi fue dos días después de la fecha de la boda, sonaba afligida y triste mientras lloraba e imploraba una oportunidad al teléfono, pero no parece afligida ni triste, parece enojada, como si tuviera algún motivo para estar enojada conmigo. Que se joda.
Los ojos grises de Heidi van de mí a Bella ignorando por completo a Alice, mira a Bella como si pudiera convertirla en polvo y hacerla desaparecer. ¿Con qué puto derecho? Después de terminar su escaneo alza su mentón mientras una sonrisa burlona aparece en su rostro arruinando cualquier atisbo de belleza en Heidi. Es más como una maldita bruja dispuesta a joderle la noche a mis padres y dispuesta a joder mi nueva vida por puro ego.
Sigue lanzándole esa mirada a Bella de maldita superioridad y doy un paso frente a Bella sin soltarle la mano para liberarla de esa mirada. Bella no tiene nada que ver en esto. De hecho ninguno de los asistentes que se han ido acercando para estar en primera fila de este ridículo espectáculo tienen nada que ver en esto.
—Hicieron una fiesta de cumpleaños en el evento de la boda, ¿y pensabas que iba a quedarme de brazos cruzados?
Ahí está.
El motivo para aparecer. Tanya y Alice se habían hecho cargo de ese cambio de evento, honestamente ni siquiera pensé en eso dos veces o en lo que pensaría Heidi al respecto, lo único que esperaba del cumpleaños de mi prima era que la gente disfrutara tanto de esa fiesta que se olvidaran por completo de la boda que se había cancelado. A quienes invitaron o quienes asistieron no lo supe. ¿Asistirían los invitados de Heidi? Conociendo a Alice y Tanya, era posible que ellas solo se dedicaran a informarle a mis invitados del cambio de planes.
La mano de Bella tiembla y tengo que sostenerla con fuerza para mostrarle que estoy con ella. No te vayas, Bella. ¿Bella ha hilado los puntos de esta historia y ha llegado a la verdad? Posiblemente.
Peter se abre paso cuadrando sus hombros y moviéndose de manera ridícula como si viniera de una pasarela, la gente le deja pasar así que pronto esta en el circulo de este show que han armado ambos. Se para al lado de Heidi antes de ponerse a vociferar.
—¿Molestando a mi chica, Edward? —no me pasa desapercibido el modo en que enfatiza "mi chica" pero no me importa, por mí puede quedársela—. ¿Qué haces? —su volumen de voz apenas lo perciben mis oídos, le habla a ella cerca de la oreja para que pueda escucharlo únicamente, pero ella no lo mira, me mira a mí con enojo, moviendo su nariz de un lado a otro. Como cuando estábamos juntos y alguna mujer me hablaba y entonces movía su nariz en modo de rechazo y celos.
Lo que es terrible. Porque ya bastante malo es tenerla intentando defender su orgullo herido como además añadir celos a su toxica ecuación.
Siento un jalón de parte de la mano de Bella y vuelvo a darle un suave apretón para demostrarle que tiene mi atención, y mi preocupación también. Si Bella se consigue alejar de mí tengo decidido ir tras ella sin importar lo que alguien pueda pensar.
—Cancelaste la boda por culpa de esta zorra y luego me culpaste a mí —¿qué? Comienza a aplaudir frente a mi rostro de manera ridícula, ¿qué?—, vaya imbécil.
Va a ponerse a jugar a la mártir, venga, qué manera de cambiar las cartas del juego para victimizarse. Dejo que la risa amarga brote de mis labios sin dejar de mirarla, ¿no le bastó con engañarme todos esos meses? Sino que además quería fingir que ella era la buena chica de la historia.
—Que desesperado intento de arreglar tu imagen, Heidi.
—¿La imagen que tú destruiste, Edward? —su rostro se ve afligido y su voz me recuerda a esa última llamada que tuvimos, ¿también actuaba en ese momento? ¿Siempre ha actuado conmigo? Si no la conociera y no fuera yo el afectado también le creería, siento los dedos de Bella en mi mano, ¿ella se lo está creyendo?
—Detén este circo y sal, ahora.
Mantengo mi voz baja y pretendiendo calma mientras la ira bulle en mi sangre, ¿cómo putas se atreve? Bella tensa su mano, paso mi dedo pulgar sobre sus nudillos intentando tranquilizarla, por lo menos uno de los dos debería estar tranquilo.
—Me avergonzaste frente a toda mi familia con esa estúpida fiesta de cumpleaños —aunque intento mantener mi rostro inexpresivo, una involuntaria sonrisa burlona aparece en mi rostro, efectivamente, ella no canceló sus invitaciones— Ni siquiera tuviste la amabilidad de cancelar la boda como un hombre y huiste como un niño a esconderte bajo la falda de tu madre.
Suspiro cansado de esta tontería.
—Cancelé la boda, Heidi. Si no le avisaste a tus invitados, ese no es mi problema.
Si Bella tenía alguna duda hasta aquí no hay manera que pueda confundir mis palabras, Lo siento. No te vayas. Vuelvo a apretar su mano y ella me da un apretón de regreso, ¿qué significa eso? ¿es una despedida? ¿ella me cree? ¿ella no me cree?
—Eres un maldito egoísta. El digno hijo de tu padre, solo otro alcohólico sin palabra.
¿Egoísta? ¿Borracho? ¿Mentiroso? Se me ocurren muchos defectos para definirme, pero ninguno es esos. Ignoro el ruido que se va alzando de las murmuraciones a mi alrededor, para nadie es una sorpresa que mi padre está fuera del foco público desde el último desliz que hizo en la fiesta de cumpleaños de mi madre. Lo invitó Carlisle por mera cortesía y después de años sin aparecer en la casa de ellos decidió hacer su aparición, pronto encontró el bar instalado en el patio para la fiesta y menos de dos horas después estaba dando un espectáculo de su borrachera.
No soy mi padre, al menos no en ese aspecto.
—Preguntémosle a Peter que opina al respecto —mi voz ya no es suave ni tranquila, sé que estoy dejando que la ira me domine, pero ha empezado ella, Heidi sabe dónde clavar sus afiladas uñas para herirme. Esto es lo que ella quiere. Bella se mueve parándose a mi lado, Heidi vuelve a mirarla con burla y cinismo.
—Tus celos sobre Peter son enfermizos, Edward, enfermizos —pero mientras habla no me mira a mí, sino a Bella. ¿Mis celos? Lo último que podría sentir por ellos es envidia, en cambio su actitud sí es celosa. ¿Esperaba que aun siguiera lamiendo mis heridas? Que se joda. Parpadea veloz para atraer a las lágrimas a sus ojos, es una mentirosa y egoísta.
—No voy a jugar a esto. Vete ahora, antes de que llame a los de seguridad —la sonrisa de Heidi se transforma en un rostro herido y atormentado, maldita bruja mentirosa. ¿Cómo pude estar a punto de casarme con ella?
Heidi camina de nuevo hacia el frente y no me sorprende que Bella retroceda en respuesta.
—¿Qué crees que hace cuando no está contigo? Me llama desesperado por una segunda oportunidad —parpadea repetidas veces como si estuviera aguantándose las lágrimas. Respiro por la nariz intentando calmar mi enojo.
—Deja de mentir —mi voz sale como un gruñido en lugar de una voz civilizada. No me importa.
—Todas las noches me llama borracho porque sabe que pude seguir con mi vida después de su humillación —sigue con su estúpida actuación que nadie podría creer en la puta vid…
—¿Todas las noches? —Bella habla por primera vez y detecto la angustia en su voz, la miro, ella lo está creyendo todo, sus ojos apenas paran en mí una fracción de segundo así que no puedo trasmitirle nada, se concentra en Heidi y su respuesta.
—Y por las mañanas —¿cómo puede creerlo? Bella sabe que paso mis mañanas con ella, aunque seguramente está pensando en cada segundo que no estamos juntos y en los que yo podría escabullirme para hablar con mi ex. Quizás Bella está teniendo una película en su cabeza dándole la razón a Heidi, jodiendo la pirámide de confianza que he ido construyendo para Bella—. Siempre insistente, pidiéndome que lo perdone, que me extraña y que…
—¿Antes o después de que yo despierte? —Bella levanta una ceja y una diminuta sonrisa cruza por su rostro, el alivio se instala en mi pecho y si no estuvieran todos aquí la besaría y le haría dar vueltas por toda la pista de baile como habíamos estado haciendo.
Miro a Heidi, entiendo pronto lo que está por hacer, da un par de pasos en dirección a Bella con sus manos cerrándose, me interpongo. No voy a dejar que le ponga un dedo encima, mucho menos si Bella no tiene nada que ver en esta historia que ya terminó.
—Heidi. ¿Qué crees que estás haciendo?
Se detiene. Esta exhibición es innecesaria. Incluso a pesar de la fiesta de cumpleaños de Tanya, las personas que se enteraron de la infidelidad se limitaron a mi círculo cercano que no comentarían los motivos del rompimiento ni aunque los sobornaran. Si de su parte la historia se divulgó y arruinó su reputación no es mi problema. Me lo repito. Ella no es mi problema. Lo que sería un alivio si no estuviera frente a mí dispuesta a ser un problema para mí.
—¿Cómo puedes humillarte trayéndola a ella a esta fiesta?
Es como si nunca la hubiera visto en la vida.
Estaba loco por ella y ahora me parece una locura haber pensado en casarme con Heidi. Había dejado todo por y para ella, mis amistades, mi rutina, descuide el negocio incluso, ignoré los comentarios de mamá y limité mis visitas a la casa de mi madre para las vacaciones o para cuando Heidi estuviera ocupada con otros planes, incluso puse en venta mi apartamento con la intención de mudarnos a la casa que había comprado pensando en ese futuro del que alguna vez habíamos hablado.
Bella suelta mi mano y no consigo detenerla a tiempo completamente atrapado en mis propios pensamientos.
Pero esa Heidi no es esta Heidi. O tal vez lo es, tal vez solo ha existido una Heidi y yo me negué a ver que fuera la misma. Estaba tan ciego y sordo, que, sin importar los comentarios de Alice, Tanya, Jasper, James o mis padres, me negué a pensar que Heidi tuviera algo malo. Era perfecta o una perfecta ilusión que yo me había inventado.
—Lo único humillante que he hecho, fue no darme cuenta de la persona que eras a tiempo —me detengo un segundo, miró a Peter que sigue de brazos cruzados como si fuese solo un idiota que se ha quedado de piedra ante el numerito que se ha armado su novia, ojalá funcione lo que sea que tengan, porque se merecen mutuamente—. Nos ahorramos un divorcio, deberías agradecerlo.
No dejo que responda, no me interesa nada de lo que pueda decir al respecto. Me doy la vuelta dispuesto a buscar a Bella y la encuentro, parada a unos pasos de mí mirándome con sus ojos valientes y heridos por igual. Estiro mi mano hacia ella esperando que la tome y por suerte lo hace, le debo una centena de disculpas y explicaciones, pero al menos, por ahora, me conforta saber que sigue aquí.
Chan Chan Chan. Hermoso sábado para ustedes, ¿qué les ha parecido?
Un agradecimiento especial a:
Adriu, AngryC. Noriitha, Belen2011yani, Wenday11, MayJhonsonD, Yoliki, Bella201820, Narraly, Terewee, Catita1999, Vane, Indii93, Isa, Maribel1925, PeyciCullen, OnlyRobPatti, Angelus285, Maydi94, Paula, Rosiichita, Sara, Cinty77 (x2), NarmaVeg y Ayalafer93. Agradezco también a quienes leen y siguen esta historia de manera silenciosa, por supuesto.
Una pequeña nota: abrí una cuenta en wattpad para subir la historia y sería muy genial si pudieras ayudarme a darle difusión a la historia desde ahí sólo dejando tu voto, sería un gesto muy amable. Además si tienes intenciones de leer algo diferente he publicado ahí COMPLETA otra obra que había publicado antes en FF "La chica del vestido azul" así que mientras esperas la nueva actualización tal vez también te interese leer esa otra historia.
www. wattpad user/angielizz95
Ya sabes, sin espacios.
Dejame saber tu opinión sobre este capítulo, ¿qué te ha parecido toda esta avalancha emocional de Edward? ¿Qué crees que venga a continuación?
Nos leemos en cincuenta comentarios o en una semana.
Pero antes, un adelanto para animarlas a participar:
Edward sigue mirándome como si estuviera evaluándome. Mantengo mi vista en el plato cada vez más vacío, pronto me quedaré sin excusas para no mirarlo. Como de manera lenta, retrasando lo inevitable hasta donde sea capaz.
¿Soy demasiado?
O todo lo contrario. Quizás estoy demasiado rota, para este punto debe estar hilando todas las historias y llegando a las peores conclusiones posibles, tal vez la vida sólo me ha dejado en pedacitos y no hay mucho por ofrecerle. No hay nada para ofrecer. Cierro los ojos intentando concentrarme en el aquí y ahora.
Me levanto del banco sin decir nada y dejo los trastes bajo el chorro de agua. No debí decirle nada. Mierda. Estaba más dormida que despierta, en mi defensa, y me sentía vulnerable.
Le ha lanzado una granada explosiva. Y ahora él debe estar reconsiderando toda nuestra situación porque de otro modo no…
