XXXII
Coronación

Cuando Historia se separó de mí, tomó asiento sobre la cama, y me miró con la misma mirada que siempre reservaba solamente para mí. Después, frunció el ceño.

—¿Qué te ocurre? —me preguntó.

Por un momento, me dio miedo expresar lo que estaba sintiendo en ese momento, pero, como venía siendo usual, su mirada me estaba haciendo las cosas más fáciles. Era como si me estuviera diciendo "no tengas miedo" en un tono dulce y suave. Me sentí un poco más tranquila.

—Es que… no puedo evitar pensar en que nuestra relación va cambiar con esto de que tú serás reina de los muros. No creo que sea… inteligente… que yo siga a tu lado cuando te conviertas en la soberana de la humanidad. No se vería bien.

Historia me miró por lo que me pareció una eternidad, pensando en mil desenlaces posibles para esa conversación. Era lo que siempre ocurría cuando estás a punto de ganar (o perder) algo —o alguien— muy importante en tu vida.

Y ella habló.

—Es cierto —dijo, y mis entrañas se retorcieron dentro de mí—. Saber que soy la verdadera heredera al trono lo cambió todo, excepto lo que siento por ti. Mikasa, quiero que sepas que lo que te dije la noche antes de irnos a Trost sigue siendo cierto. Te amo, y no voy a abandonarte solamente porque soy la reina y deba seguir protocolos. Claro, los seguiré si eso no implica separarme de ti.

Al oír las palabras de Historia, me di cuenta que había pecado, una vez más, de pesimista. Incluso se me hizo un nudo en la garganta, porque no podía hablar. Debí haber sabido que Historia diría algo así. Todos esos momentos que pasamos juntas, desde el Cuerpo de Entrenamiento hasta aquella sala de hospital, no iban a ser en vano, y ella también lo sabía. Era imposible echar por la borda todo lo que vivimos sin perder una parte de tu alma en el intento.

—No he aprendido nada —dije, e Historia frunció el ceño—. Hace años me enseñaste que no había que perder las esperanzas, y Eren me dio esa misma lección antes que tú. Y aun así, sigo siendo tan pesimista como siempre.

Historia se recostó a mi lado, dedicándome una mirada tan dulce como la miel.

—Pues para eso estoy —dijo, acercándose a mí, cuidando de no tocar ninguna parte de mi cuerpo—. Para darte esperanzas. Te juro, Mikasa, que mientras esté contigo, siempre haré lo que pueda para que sigas adelante, ya sea con una palabra, con un beso, un abrazo, o simplemente, estando presente.

Les juro que yo no soy una chica demasiado emocional. Es una buena cualidad para un soldado, sobre todo para un soldado como yo. Necesitas tener la cabeza fría si quieres matar titanes, porque no importa si tienes mi fuerza o mi habilidad… o ambas… serás comida de titán si no logras enfriar tu cabeza. Las emociones eran para momentos como ese, cuando mi visión se nubló a causa de las lágrimas. Sin embargo, sentí los labios húmedos y cálidos de Historia besar los míos. Aquello evitó que me pusiera a llorar como una tonta. La hubiera abrazado, pero aquello habría sido muy malo para mis heridas. Me conformé con su beso, el cual fue breve, pero más no necesitaba. Cuando ella se separó de mí, me limpié las lágrimas, entendiendo al fin lo que Nifa me había querido decir la mañana del día en que ella perdió la vida.

Estaba enamorada, realmente enamorada de Historia.

Me sorprendió que tardara tanto tiempo en reconocerlo, pero, de nuevo, Nifa volvía a tener razón. Existía esta creencia de que el amor te hacía débil, te hacía presa fácil de las malas personas, y era por eso que mucha gente evitaba hacerlo, sobre todo con un clima tan nefasto como el que estaba viviendo en esos tiempos. Pero, ahora que había entendido lo que mi corazón me había estado gritando desde hace días ya, no quise esconderlo más tiempo.

—Parece que te sacaste un mundo de estrés de encima —dijo Historia, e imagino que notó la sonrisa que había compuesto—. Bueno, debo irme. Tengo que asistir a los preparativos de mi propia coronación. Me gustaría mucho que estuvieras presente. De todas maneras, tengo algunos anuncios que hacer, y uno de ellos tiene relación contigo.

Por alguna razón, sentí un nudo en el estómago, y un dolor agudo en el pecho hizo que arrugara la cara.

—¿Y de qué se trata?

—No querrás que te arruine la sorpresa, ¿verdad? —dijo, guiñándome un ojo antes de dar media vuelta y salir de la habitación.

Cuando Historia me dejó sola, volví a acomodarme en la cama, sintiendo que el dolor en mi pecho se iba desvaneciendo de a poco. Traté de no hacer movimientos demasiado bruscos mientras me recostaba nuevamente sobre la cama. Lo que había dicho Historia me tenía en ascuas, y supe que no iba a dormir bien en los próximos dos días, si es que podía hacerlo en absoluto. No obstante, lo que sí tenía claro, era que no me iba a perder por nada la ceremonia de coronación, aunque tuviese que asistir con muletas.

Dos días después

Se suponía que el escenario que había montado la Policía Militar iba a ser destinado para la ejecución del comandante Erwin. Sin embargo, dados los nuevos acontecimientos, aquel escenario iba a ser empleado para la coronación de Historia como la reina dentro de los muros. O al menos eso fue lo que me contaron Eren y Armin el día antes del que se suponía que debían darme de alta.

En la mañana, el enfermero me había ido a visitar para informarme que estaba en condiciones de dejar el hospital, aunque me recomendó que no hiciera movimientos demasiado bruscos. Antes de dejar la habitación, sin embargo, el enfermero retiró los vendajes que cubrían mi pecho antes que pudiera vestirme.

Aún tenía un leve dolor en el pecho cuando salí del hospital, rumbo a las caballerizas. La coronación iba a tener lugar en la capital, por lo que debía darme prisa si no quería perderme el evento. Tomé un caballo, y salí de Trost a todo galope. El sol apenas había salido por el horizonte, y ya llevaba unos diez kilómetros recorridos. Lo único malo de todo el maldito asunto era que no había llevado nada para comer o beber, ni siquiera una mísera ración de combate.

Para cuando llegué al perímetro del muro Sina, mi estómago clamaba en protesta por algo de comida. Sin embargo, hice caso omiso de lo que estaba pidiendo mi cuerpo, y atravesé Stohess como una exhalación. El sol casi estaba en la cúspide de su recorrido por el cielo cuando salí de Stohess, rumbo a Mitras, la capital.

La tarde ya había avanzado bastante cuando finalmente llegué a la capital. Me identifiqué con los efectivos de la Policía Militar que custodiaban la entrada, dejándome pasar a regañadientes. Supongo que Historia había movido unos hilos para que yo y mis compañeros de la 104 pudiera entrar, porque, por norma general, solamente los efectivos de la Policía Militar podían entrar allá. Como fuese, cabalgué hasta el palacio de gobierno, frente al cual se encontraba el escenario. Había mucha gente reunida, varios soldados de la Policía Militar y, encima del escenario, estaba el comandante de la Policía Militar, el capitán general, el comandante Erwin y el comandante Dot Pixis, encargado de la zona sur de la Tropa de Guarnición. Descendí del caballo y me hice un camino entre la multitud, encontrado a mis compañeros de la 104.

Sasha y Connie lucían como si estuvieran en una fiesta en lugar de una ceremonia formal. Jean seguía taciturno, aunque las razones de su estado eran un misterio para mí. Levi seguía tan inexpresivo como siempre, mientras que Eren y Armin tenían los ojos clavados en el escenario, donde, en cualquier momento, aparecería Historia.

No tuvimos que esperar mucho tiempo para que la nueva reina ascendiera al escenario. Mirando con más detalle, vi que el capitán general tenía la corona en sus manos. Pero eso me importó poco, porque mis ojos se desviaron solos hacia Historia. A diferencia de todas las otras ocasiones en las que habíamos estado juntas, ella tenía el cabello recogido y vestimentas típicas de una reina. De algún modo, la combinación le sentaba de maravillas, porque le hacían ver mayor de lo que realmente era. Me costaba trabajo pensar que Historia solamente tuviera dieciséis años.

—Que nuestra soberana se arrodille —dijo el capitán general, y se hizo un silencio tan profundo que daba la impresión que hasta el aire se había quedado quieto. Historia obedeció, y se arrodilló, inclinando la cabeza hacia abajo.

—Desde este momento, proclamo a Historia Reiss, reina dentro de los muros.

El capitán general puso la corona sobre su cabeza, y ella se puso de pie nuevamente. Erguida en toda su estatura, hizo el saludo militar, y todos los soldados presentes la imitaron. Después, el silencio se rompió en una caterva de aplausos y vítores. Yo, por otro lado, hacía el saludo militar, enormemente orgullosa de mi novia. Historia había pasado de ser una chica perseguida por su pasado a ser la regidora de toda la humanidad.

—¡Larga vida a la reina dentro de los muros! —exclamó el capitán general, y todo el público dijo las mismas palabras en un coro que me estrujó el corazón. Historia dio unos pocos pasos hacia delante, mirando al frente. No tenía idea de lo que pretendía hacer, pero sentí como mi corazón se daba prisa por latir.

—Que Mikasa Ackerman suba a este escenario, por favor.

Mis compañeros se quedaron mirándome como si yo acabara de caer muerta frente a ellos. Yo, por mi parte, me quedé enraizada al suelo. Me dio la impresión de que mis piernas se habían convertido en granito. Muévete le ordené a mi cuerpo, y, lenta y tortuosamente, mis piernas cobraron vida, y subí las escaleras, ganando confianza a cada paso que daba. Cuando llegué al frente del escenario, noté cómo mis compañeros tenían sus bocas abiertas. Levi era el único que no mostraba emoción alguna. Era una roca ese sujeto.

No pasó mucho rato para sentir que una mano tomaba la mía. Era la mano de Historia. Fue aquel gesto lo que terminó de tranquilizarme.

—Para todos los que no la conocen, ella es Mikasa Ackerman, la mejor soldado de la 104 —dijo Historia, y yo noté que muchas personas nos señalaban con el dedo, luciendo desconcertados—. En vista de todo lo que ha hecho por defender no solamente a la humanidad, sino que a mí también, a veces arriesgando su vida para ello, he decidido ascenderla al rango de capitán. Pero esa no es la única razón por la que la he llamado a este escenario.

Hubo un momento de silencio, durante el cual se escucharon murmullos, e imaginé que elucubraban sobre qué tipo de anuncio haría.

Y ella siguió hablando.

—Ella está presente aquí, a mi lado, porque quiero anunciar mi compromiso con ella —continuó, y yo tragué saliva, aunque traté de disimular mi conmoción lo mejor que pude. Asumo que no fui la única que reaccionó así, porque el murmullo fue aún mayor—. La boda tendrá lugar después de la misión que llevará a cabo el comandante Erwin Smith para retomar la ciudad de Shiganshina.

Todos los presentes dialogaban entre ellos, asumo que por la noticia del casamiento. Personalmente, creía que era demasiado pronto para dar ese paso. Aunque era cierto que habíamos pasado por mucho juntas, también lo era que un casamiento era otro nivel de compromiso, para el cual no creía que estuviéramos listas… aún. No obstante, por increíble que pudiera sonar, aquel no iba a ser el anuncio más desconcertante de todos.

—En relación con esto último, quiero anunciar que, dada la naturaleza crucial de la misión que el Cuerpo de Exploración va a emprender… —Al escuchar estas palabras, sentí un retortijón de tripas que nada tenía que ver con el posible casamiento—… he decidido participar de forma activa en dicha misión. Sí, como lo escuchan. —Historia tuvo que alzar la voz para que se escuchara entre los dimes y diretes de la gente—. Iré a Shiganshina como un soldado del Cuerpo de Exploración.