Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
Romper o reconciliar
Angielizz (Anbeth Coro)
Agradecimientos : Wenday14. Terewee, Lore562, Mary, Sara, Melissa Belaqua, Vane, Narraly, Noriitha, Nana, Cinti77(x2), Bella201820, NarMaVeg, Miop, Analy, Geminis1206, Twilight-love1694, Angelus285
Ella
Ese martes, 20:30
Con las ganas - Zahara
Había sido un día complicado, aunque extrañamente se debía a lo simple que había sido la jornada laboral, posiblemente era la primera aquí en quejarse por haber sido designada a matar el tiempo sentada frente a la caja registradora, porque en la Cafetería de Alice, eso era a grandes rasgos como un premio.
Nadie quería lavar los baños, ni sacar la basura al callejón, quitar los chicles bajo las mesas, atender a los clientes molestos, es decir, alguien siempre lo hacía pero parecía que entre menos te tocara hacer alguna de esas cosas de la lista entonces era mejor. Excepto para mí.
Durante el sábado, el domingo y el lunes había terminado con cualquier posible trabajo pendiente con el cual distraer mi mente: ya no había telarañas en las esquinas de los techos, ni chicles bajo las mesas, ni baños sucios, ni polvo grasiento sobre el metal de la cocina, ni pisos manchados, ni grasa en la estufa, ni trastes sucios siquiera. Todo impecable. Excepto mi masoquista cabeza.
Todo había empezado a las tres de la tarde, apenas llevaba una hora en la cafetería, acomodando el área de despensa y platos cuando se interpuso en mis buenas intenciones Marlen.
—¿Hay un premio para el empleado del mes del que no me enteré? —preguntó ella con amabilidad y diversión, ella era una de las meseras del turno vespertino, simpática aunque con el defecto de entrometerse en mis aspiraciones. Le sonreí sin ocultar del todo mi incomodidad por haber sido atrapada, si alguien había pensado que era extraño que limpiara como poseída no lo habían mencionado, hasta que Marlen lo hizo y los empleados que estaban en cocina me miraron preguntándose qué mosco me había picado.
¿Sería tan evidente para ellos que sólo quería distraerme para no pensar en los ojos azules que no podía sacar de mi cabeza?
—¿Hay empleado del mes? —preguntó Garret ya sin su mandil negro de uniforme porque su turno había concluido cinco minutos antes. Aunque estaba en la cocina terminando de comer su comida gratis de cortesía del día.
—¿No lo hay? —fingí decepción abriendo los ojos más grandes y luego dando un innecesario suspiro dramático.
—No. Alice insiste que todos debemos ser tratados igual sin competencias internas —dijo Tim, de cocina, sin dejar de batir huevos y sin levantar su mirada hacia mí, pasé saliva incomoda.
—Alice no vendrá por unos días, aquí no hay a quien impresionar —añadió de nuevo Marlen cruzándose de brazos sin perder la sonrisa, ¿entonces porque su comentario con tono amable y sonrisa sincera me pareció una bofetada?
—Deja ese trapo, Bella, mejor ve a servir mesas, ya has hecho demasiado hoy —insistió Garret, caminando hasta mí y quitándome el pedazo de tela con el que estaba limpiando la alacena. Por favor, no, pensé pero ninguna palabra de protesta salió de mis labios.
—La verdad es que mereces el turno de cajera por hoy, debes estar agotada después de todo lo que hiciste ayer —dijo Marlen, y yo me quise morir de vergüenza y decepción. Si había algo más estimulante que la paga era mantener mi mente quieta y lejos de la realidad. Podía hacer cualquier cosa sin pensamientos mientras trabajaba, y lo digo en serio, así es como había sobrevivido en el burdel por ocho larguísimos meses.
—Tonterías, yo puedo meserear —me crucé de brazos haciendo un esfuerzo por hacer lo que yo quisiera hacer para conseguir dejar de pensar en Edward.
—No, no —insistió Garret—, ¿qué pensaría Alice?
—Alice me contrató para ser mesera.
Unas bajas risas y sonrisas divertidas de parte de mis compañeros corroboraron que había algo extraño aquí.
—¿Qué pasa?
—Venga, Bella, deja de fingir. Que ya sabemos que estás con el hermano sexi de Alice.
Me gustaría decir que fui lo suficiente audaz para dar una respuesta y negarlo todo, o que me mostré tranquila para aparentar normalidad y aceptarlo, o que pretendí como actriz galardonada que sólo eramos viejos amigos, pero lo único de lo que fui capaz fue de abrir y cerrar la boca como estúpida para diversión de ellos.
—¿Entonces sí? —insistió Marlen, a quien apenas conocía de hace tres días. Negué con mi cabeza.
—¿Dónde has oído eso?
—Todos lo sabían desde hace tiempo —dijo Garret encogiéndose de hombros mientras le daba una mordida a su baguette.
Aunque Edward había pasado por mí desde el sábado a la cafetería nunca le daba el tiempo suficiente para bajar del automóvil, siempre lista desde la ventana de la cafetería para verlo llegar y poder ir con él sin necesidad de que se estacionara. ¿La razón? Justo evitar que me relacionaran con el hermano de la dueña. Lo último que quería es que alguien pensara que estaba teniendo un trato privilegiado.
Levanté una ceja hacia Garret, quien era posiblemente entre todos a quien mayor confianza le tenía, había sido amable desde el principio, y aunque me había invitado a salir en un par de ocasiones, nunca insistió ni actuó resentido, aceptó mi negativa y continuó con su vida, sin perder su ameno sentido del humor.
—¿Cuándo?
—¿No es el guapo que vino hace un par de semanas a cocina? —preguntó Susana quien acababa de entrar desde el pasillo trasero que daba al área del personal.
Oh cierto. Edward había venido aquí un día después de que dormimos juntos, era obvio que ellos sabían de quien se trataba, aunque supuse que el hecho de que nadie mencionara nada al respecto debía ser porque nadie sospechó que se tratara de algo más grande que de una reprimenda por parte del otro socio de la cafetería.
—Y por el video, claro —continuó Marlén.
¿El video? Levanté una ceja interrogante. Susana sacudió su cabeza con desaprobación hacia Marlén y la curiosidad me podía siempre más, así que tuve que preguntarlo.
—¿Qué video?
Marlén seguía siendo sólo sonrisas, no como una sonrisa falsa sino la de alguien complacida por permitirle darte esa información que le pica en la lengua por entregar, ella parece ser ese tipo de persona. Y yo debería saber que nada bueno puede sacarse de una cotilla, pero necesitaba saber de qué hablaba.
Sacó su celular y luego de teclear un momento me enseñó el video desde Youtube.
Un día de mierda y en aumento, como dije. El video resultó ser de alguno de los invitados que asistieron a la fiesta de aniversario de Esme y Carlisle y que había encontrado oportuno ganar seguidores a cambio de la escena donde discutían Edward y su exprometida. Me alejé del teléfono como si tuviera radiación, ¿no había sido una terrible noche como además inmortalizar ese momento ahora en internet?
Si había conseguido no pensar en Heidi en estos días, el video envió al caño mis avances. Mi día de mierda ya era lo suficientemente malo hasta ahí, me alejé diciendo una excusa simple y fui a ver lo gastada que estaban las teclas de la caja registradora. Por lo menos un par de horas hasta que decidí distraer a mis emociones con mi hermano. Fui al pasillo trasero y usé el teléfono de la pared para llamar a Charlie.
Ahora que Alice sabía de la existencia de Charlie no tenía que preocuparme de ser atrapada llamándole durante el horario del trabajo, y ahora que todos sabían sobre Edward y yo esperaba que eso sirviera para dejarme tranquila mientras intentaba hablar con mi hermano. Eso de no querer que nadie pensara que era privilegiada me importaba muy poco con mi mal humor.
—Saqué nueves y dieces —decía Charlie hablándome de la entrega de boletas de calificaciones del día anterior— y un ocho.
—¿En qué?
—Deportes. No me gusta jugar a los quemados—y además era terrible esquivando las pelotas con sus nulos reflejos.
—Bueno, no necesitas aprender eso si no quieres.
La verdad es que jugar a los quemados no te ayudaba a esquivar los problemas de la vida.
—¿Podrías repetirle eso al entrenador?
Sonreí sacudiendo mi cabeza.
—Te extraño, Charlie.
—Yo también, ¿podrías hablar de eso con Tía? —consiguió una corta risa de mi parte hasta que recordé la realidad.
—No te dejará venir tan pronto, además todavía no son vacaciones.
—Pero cuando lo sean, ¿puedes venir? ¿puedo ir yo?
Dos semanas de vacaciones era lo que tendría Charlie libre en primavera, y no estaba segura que Edward estuviera de acuerdo en tener por catorce días a un niño en su lujoso apartamento. Dos días era suficiente para la paciencia de Edward.
—Intentaré ir. Todavía tengo que ponerme de acuerdo con ella para que me permita ir.
—¿Pero vendrás?
—Lo intentaré —mentí. Durante todo el tiempo que pasé lejos de casa jamás me permitió regresar ella, incluso aquella vez que le rogué por una oportunidad cuando me acabé todos mis ahorros y no tenía a donde ir. Ni siquiera entonces le importó lo que podría ser de mí. Era la hija de otro hombre, de un extraño que había abandonado a mi madre y de acuerdo a su lógica merecía sólo la calle como recompensa.
—Mientes.
—Que no —usé mi tono autoritario de hermana mayor para esquivar el tema pero eso poco funcionó.
—Le pregunté a Edward y él sí quiere venir —uso su tono de voz presumido—. Él no uso excusas como tú.
—¿Le preguntaste… qué?
—Sí, nos enviamos audios por whatsapp.
En lugar de sentirme molesta por el entrometido de Charlie me encontré con mi corazón conmovido ante algo tan simple como eso. ¿De verdad Edward había estado haciendo eso?
—¿Por qué?
—Pues, el sábado no estabas en el apartamento cuando te llamé —el sábado había sido el primer día que trabajé por la tarde. Estaba tan ensimismada en mis sentimientos que hasta ayer, lunes, había recordado que me había ausentado de Charlie por demasiados días.
—¿Y le enviaste mensajes?
—No. No haría eso, me dijiste que era el celular de él y que no lo molestara porque tiene mucho trabajo —la única ocasión en que hice videollamada con Charlie le pedí que no intentara comunicarse por ese medio conmigo con esa excusa, me enorgullecía saber que había mantenido su palabra.
—¿Entonces?
—Te llamé y él contestó, después nos pusimos en videollamada y vimos un documental del cambio climático y eso.
¿Documentales? Una sonrisa boba y un calor en mi interior apareció derrumbando todo avance de poner una muralla sólida y resistente contra mis sentimientos por Edward.
—¿En serio? —quiero saber más, y por suerte Charlie es lo suficientemente imprudente para decírmelo.
—Es que su mamá le dijo de niño que los extraterrestres hacen caricaturas, así que él no veía caricaturas de niño, por eso no le gustan. Pero nos gusta el cambio climático, bueno no, es horrible, parece que vamos a morir antes todos —puse los ojos en blanco—, pero es interesante, me prometió llevarme al zoológico la próxima vez, porque como los polos se están derritiendo ahí está un oso polar.
—¿Eso te dijo él?
—Obvio, duh.
Duh. Suspiré pegando el teléfono con mas fuerza contra mi mejilla.
—¿Y has vuelto a hablar con él?
—Pues sí, tú estabas trabajando. El domingo me pasó stickers de gatos —mordí mis labios para resistir la sonrisa—, yo le envíe unos que tenía de superhéroes, y un amigo suyo le envío todos los que tenía de kung fu panda. Es que es mi peli favorita.
No lo sabía, la última película favorita de Charlie era Monsters Inc.
—¿Y ayer?
—Ayer hablé contigo, pero nos envíamos audios por la mañana, en el receso le conté de mis amigos. Y hoy me envío stickers, porque ha estado ocupado y no pudimos hablar. Tu novio me agrada.
Mi novio. ¿Aún lo sería?
—¿Entonces vas a venir? —vuelve a insistir con su voz infantil que busca llegar a mi corazón y hacer que tome ahora mismo un avión, suspiro sintiéndome derrotada.
—Preferiría que lo hablaramos cuando las vacaciones estén cerca.
—BeliBeli —se quejó al no conseguir de mí lo que quería.
—Sabes que eres todo lo que quiero, pero tienes escuela y Tía no estará de acuerdo.
—Bella.
Pasé con dificultad el nudo en mi garganta que me hacía sentir ahogada, y parpadeé con fuerza lidiando contra las lágrimas. Lo último que necesitaba añadir a mi día era llorar en el trabajo.
—Eres todo lo que quiero —le repetí—, lo más importante en mi vida. Y si hubiera una manera de estar juntos, ya estaríamos juntos.
—¿Y si la convenzo?
Si hubiese una manera de ablandar a esa bruja, yo ya la habría encontrado.
—Aún queda tiempo para las vacaciones, Charlie. Mejor asegúrate de mantener esas buenas calificaciones para que no pueda decirte que no Tía. ¿De acuerdo?
—De acuerdo.
El resto del día me mantuve sentada frente a la caja registradora, cobrando a los clientes y separando de diez en diez las monedas para ponerles cinta. Aunque eso me llevo quince minutos y volvió a demostrar que no era tarea suficiente para mantener mi cabeza alejada de Edward.
De Edward y del ramo de flores que había en mi habitación, ambos esperando por mí en el apartamento. ¿Para qué quería tiempo si lo único que podría conseguir es que fuera él quien recapacitara sobre mí? Era imposible no quererlo cuando él se esforzaba en conseguir lo opuesto. E incluso cuando no se esforzaba y actuaba a mis espaldas también conseguía quedarse con todo mi corazón.
Lo único que había cambiado desde que supe que estuvo a punto de casarse fue corroborar que mis sentimientos no podían ser equiparados a los de él, que yo era una mentirosa de la misma calaña o peor que su exprometida, y que nuestra relación estaba destinada por mi culpa y por culpa de su ex al fracaso. ¿Por qué quién se mete a una relación tan complicada cuando sale de una relación complicada? Nadie. Y no se le podía culpar por eso.
En cambio si me lanzaba de cabeza por esta relación creyendo que podía construir castillos en las nubes terminaría azotando contra el suelo. Así de simple.
¿Pero cuál era la otra opción? ¿Romper con él? Desafortunadamente yo soy lo suficientemente egoísta para no querer eso. Y también soy lo suficientemente ingenua para jurarme que disfrutaré el tiempo que tengamos juntos, que me enfocaré sólo en lo bueno de nuestra relación y que luego… luego pensaré en un plan B.
Me sentía tan miserable de pronto que opto por ir a cocina un rato más, Marlen está de mesera y no hay nadie que pueda impedirme estar donde quiero estar si eso es lo que quiero. ¿No?
O eso pensaba porque ni diez minutos habían pasado, mientras yo ayudaba al lavaplatos a terminar de secar los vasos que volvió a aparecer Marlen, venga, que no era contra ella pero hoy estaba al límite con su presencia. Se acercó hasta pararse a mi lado.
—Tu novio está aquí —parece tan asombrada como debo estarlo yo. Aunque tal vez su asombro se deba a que no se cree que él pueda salir conmigo. Le doy una incómoda sonrisa y le agradezco por avisarme, pero me mantengo secando los vasos.
Al parecer hay rumores de mí saliendo con Edward y no tengo idea de cómo debería sentirme al respecto. Miro el reloj de la pared, aun falta media hora para que pueda terminar mi turno, pero en diez minutos he terminado de lavar los trastes sucios y sin excusas me quito el mandil que llevo encima del vestido para ir al área de las mesas con la libreta de ordenes en mano.
Edward está sentado en una de las mesas de la ventana. Tomo un menú y me acerco hacia él.
—¿Puedo ofrecerle la especialidad de la casa? —sus ojos suben hacia mí juguetones aunque su mirada no parece divertida ni alegre.
—Tengo la especialidad de la casa frente a mí —los colores suben a mis mejillas haciéndolo sonreír.
—Simpático —le entrego el menú sin acercarme a él, Edward lo toma entre sus manos sin perder la sonrisa.
—¿Puedo invitarte a cenar? —niego con mi cabeza—. ¿Puedo invitarte al cine? —vuelve a intentarlo, le doy una sonrisa compasiva.
—No creo que sea buena idea.
Sus ojos bajan al menú y su sonrisa desaparece por completo. Le da vueltas al menú un par de veces antes de volver a hablar sin mirarme.
—He estado todo el día con Alice. Y estoy cien por ciento seguro que en cuanto te deje en el edificio voy a ir a buscar a Peter y voy a matarlo a golpes, así que de verdad, apreciaría una distracción.
Y también suena cien por ciento honesto. Una gigantesca bola de púas se instala en mi estómago. ¿Va a ir a golpearlo por Heidi? Pienso en el hermoso ramo de rosas blancas que encontré anoche al lado de mi cama. Idiota. Idiota. Idiota. ¿Cómo se me ocurrió que esos eran detalles para demostrarme cariño? Era evidente que se trataba sólo de alguna especie de regalo de disculpa. Respiro hondo. La muralla que he creado entre él y mi corazón se tambalea peligrosamente. Y él sigue entretenido dándole vueltas al menú y yo solo estoy de pie frente a él parada con una pequeña libreta para apuntar su orden deseando que no suba la mirada y vea como sus palabras son capaces de destruirme así de fácil.
Desde la barra me mira una cajera que no me he aprendido el nombre y un chico a su lado que tampoco recuerdo si es Sam o Max. Parpadeo y respiro, me acomodo de tal modo que quedo ahora dándole la espalda a Sam o Max y la cajera. Aclaro mi garganta antes de animarme a hablar.
—Si lo matas a golpes no vas a poder casarte con Heidi desde la cárcel. Estoy cien por ciento segura de eso.
Su respuesta llega apenas termino de pronunciar la última palabra de la oración.
—Lo que es una suerte, porque preferiría castrarme y lanzarme al fuego antes que eso pase.
Y también suena cien por ciento honesto cuando dice eso. La bola de púas desaparece tan rápido como llegó. Me siento en la silla a su lado y le presto atención, parece realmente decaído y creo que nunca lo he visto así.
—¿Quieres hablar de eso?
Me mira un momento antes de decidirse por negar lentamente con su cabeza.
—Hoy no.
Sigue mirando el menú de un lado a otro. Su celular vibra en su pantalón y lo saca para ponerlo sobre la mesa, desbloquea y puedo ver el principio del mensaje de Jasper: Alice sigue dormida. Edward presiona la pantalla para abrir la conversación. Escribe con un dedo sin levantarlo de la mesa así que puedo disimuladamente leer. Si esto no cambia, hablaré con Carlisle. La respuesta de Jasper llega en seguida: Dale un poco más de tiempo a Alice. Edward vuelve a guardar el celular. ¿Había dicho que había estado todo el día con su hermana? ¿y que quería matar a golpes a Peter? ¿Eso tendría alguna conexión con lo ocurrido en la fiesta de aniversario?
Ni siquiera el sábado por la madrugada que estuvimos hablando se veía tan decaído, ni siquiera cuando regresamos de la fiesta y mi corazón me patea con fuerza para que mueva o diga algo que pueda hacerlo sentir mejor.
—¿Sería una ida al cine como los simples mortales? —sus ojos azules se encuentran con los míos y parece aliviado, asiente y mi estómago revolotea cuando me fijo en la suave sonrisa de sus labios.
¿Cómo voy a dejar de quererlo a este paso? El día anterior me había obsequiado un gigantesco ramo de rosas blancas y esta tarde había descubierto que mientras yo me olvidaba de mi hermano, él estaba al pendiente de Charlie y ni siquiera lo había mencionado para sumar puntos conmigo. Ese simple gesto había tenido mayor valor para mí que si hubiese llenado el apartamento de flores.
Y con esa débil excusa para fingir que podía ser amistosa en una salida al cine, para subir sus animos, me encontré caminando hacia una cita.
Una hora más tarde estamos sentados sobre unas butacas de terciopelo negro frente a una pantalla gigante. Estuvimos formados en la fila de dulcería del cine, habíamos alcanzado a la ultima función de la noche, ninguno de los dos preguntamos por la sinopsis de la película, sencillamente adquirimos los boletos y nos preocupamos por tener un buen asiento en la fila del centro.
Edward compró un combo con todo lo vendible, palomitas, nachos, soda, dulces y chocolates. Nunca nadie me había comprado todo esto. Y honestamente no estaba segura de poder comérmelo todo. Aunque por suerte, era un combo para ambos.
La película resultó ser algo de extraterrestres, no lo suficientemente interesante para mantener mi atención en ella. Mi atención está en Edward y en evitar su mano cuando la introduzco en el bote de palomitas, pero Edward respeta la distancia establecida, sin intentar tomarme de la mano o pasar su brazo detrás de mi cuello. Y cuando lo veo de reojo él parece estar atento a la película. O al menos con los ojos clavados en la pantalla porque tiene un semblante serio y sus cejas a punto de tocarse.
¿Entonces por qué siento como un incendio en mi piel?
Sé el porqué.
La ultima vez que me había tocado había sido la mañana del viernes. Era martes. Puede que mi mente tuviera planes sobre desenamorarme, pero mi cuerpo tenía intenciones completamente opuestas. Me cruzo de brazos frunciéndole el ceño a la pantalla el resto de la película aunque por motivos completamente diferentes a los de él.
Y como si no fuese ya de por sí difícil hay una escena subida de tono luego de una hora de tortura en una sala oscura, silenciosa y vacía. Porque nadie vendría a ver una película tan mala con escenas de sexo en medio de una invasión alienígena. Excepto nosotros dos.
Se arma todo un numerito entre los protagonistas mientras están escondidos en una cabaña porque creen que están por morir y han decidido enviar a la mierda sus vidas por un buen polvo. Y vaya polvo.
Lo cierto es que nunca entendí la fascinación por la pornografía, pero luego de casi cinco días sin follar lo entiendo completamente, no sólo lo entiendo también siento, como una tensión en mi centro y sé que esta escena me está poniendo a prueba. Cruzo mis piernas mientras que cada mano va a mi codo contrario.
No soy una puberta y la escena de sexo ni es tan buena, pero ¿alguien podría culparme cuando vengo tan bien acompañada?
—¿Sabías de qué iba esta película? —pregunto de pronto queriendo poder descargar mi tensión sexual por enojo a Edward por hacerme esto.
—No. Aun intento entender de qué va esta película —suena honesto, poco afectado por la escena e incluso un poco distraído. Dejo salir el aire de mis pulmones de manera ruidosa.
—Es malísima —me quejo apretando los labios con fuerza cuando el tipo se monta a su compañera contra la barra de la cocina y recuerdo que Edward hizo algo así conmigo días atrás. Aprieto de nuevo las piernas.
—Si quieres podemos irnos, somos los únicos en la sala.
Ignoro su oferta de salir de aquí, mi cerebro y cuerpo solo están pensando en la segunda parte de su oración. Somos los únicos de aquí. Miro hacia las sillas de atrás y compruebo que estamos solos. Es correcto.
—Es que es muy mala —mi voz sale con dificultad, vuelvo a mirar al frente. Venga. Paren ya. Creo que ha durado más esta escena de sexo mal hecho que las escenas de acción contra los extraterrestres sin presupuesto de producción.
Edward pone la canasta con nuestra comida en la silla a su otro lado y luego pone una mano en mi muslo.
—Ven, vamos a buscar cena.
Pero no se levanta y la piel bajo su mano envía descargas eléctricas al resto de mi cuerpo. Y entonces, como ocurre casi siempre conmigo, actuo más que pensar.
Lo siguiente que sé es que estoy sentándome a horcajadas sobre sus piernas mirándolo de frente y besándolo de manera demandante. Sus manos se ajustan a mi espalda y trasero empujándome contra él. Sonrío mientras nuestras lenguas se encuentran al corroborar que tiene una evidente excitación bajo los pantalones. Al menos no he sido la única. Su mano se desliza bajo mi vestido hasta encontrar mi ropa interior, pero en lugar de introducir sus dedos en mí, masajea mi trasero sobre mis bragas. No. Por favor.
—Hazlo —mi voz suena casi como una suplica.
Su boca abandona la mía para besar mi cuello y succionar mi piel, pero sus manos siguen masajeando mi trasero en lugar de hacerse espacio en mi interior. Me aferro a su cuero cabelludo para mantenerlo aprisionado contra mí, aunque algo en la manera en que me besa me hace entender que incluso sin mis manos detrás de su cabeza él se mantendría cerca de mí.
Sigo moviendo mi cuerpo contra su entrepierna, llevar vestido hace que pueda sentir la dureza que hay bajo la tela, y si él dejara mi trasero y se aventurara a mi interior podría comprobar lo húmeda que estoy.
—Edward.
Su nombre es un buen sinónimo para decir "por favor, solo follame". Aunque él no parece entenderlo así porque me da un largo beso en mi clavicula antes de mirarme con seriedad.
—Vamos a cenar.
¿Está bromeando? Jalo del cuello de su camisa para volver acercarlo a mí, he tenido suficiente distancia de él en estos días para aceptar mantenerme lejos de nuevo. Lo quiero tan cerca como sea físicamente posible, y eso quiere decir que lo quiero dentro de mí. ¿Cómo es que eso puede ser igual a ir a cenar?
—Bella —su tono con mi nombre es sinónimo de "espera".
Le levanto una ceja esperando por él, si la dureza de su pantalón no demostrara lo muy participativo que está con respecto a mis planes sentiría pena por un rechazo, pero su cuerpo habla mucho mejor de lo que sus labios podrían hacerlo.
—Sólo hazlo —paso mi mano por la barba de un par de días. Usualmente va rasurado aunque me gusta mucho como se ve así. Mi pulgar se desliza por todo su mentón.
—Si para cuando llegamos al edificio sigues pensando igual, entonces lo haré.
Es la promesa que necesito.
Me pongo de pie sin dudarlo, y él también lo hace agarrando la bandeja con los desperdicios de nuestra comida, demasiadas chucherías de sobra. Agarro los chocolates y golosinas no queriendo que eso termine en el bote de basura sin abrirse.
El camino al edifico me parece una eternidad. Las manos de Edward se aferran al volante mientras intentamos hacer una conversación trivial sobre las películas de extraterrestres y las peores películas que hemos visto alguna vez.
Coincidimos en que esta película ha sido terrible, aunque quizás también la añado a mis favoritas sin decírselo.
Al llegar al edificio, el portero, Teodoro, nos saluda mientras toma las llaves del automóvil de Edward. Para cuando esperamos frente al elevador el portero ha encendido el automóvil para llevarlo a resguardar al estacionamiento que hay en el sótano del edificio. Edward se mantiene firme mirando hacia el frente, pero mi opinión no ha cambiado por un trayecto en auto de veinte minutos.
Miro a las puertas de acero cerradas con molestia, ¿por qué tiene que ser tan lento?
—Lamento lo de antes, creo que ambos nos dejamos llevar y —no dejo que continué hablando, pongo mi mano tras su cuello y me levanto en puntillas para besarlo, suave, dulce, lento. Cuando las puertas del elevador se abren entramos ahí sin dejar de besarnos. Su mano en mi espalda me sostiene con fuerza contra su cuerpo.
—Un elevador —mi voz sale entre besos como una respuesta a una pregunta vieja.
Siento la sonrisa de Edward extenderse contra mis labios, sabe a qué me refiero.
Muchas gracias por leer, comentar y seguir esta historia.
Yo no quiero insinuar que deberías dejar ahora tu comentario para recibir un adelanto con las primeras 1,500 palabras ni nada así. Me parece poco ético sugerir algo como eso, pero aquí un adelanto con las primeras 150 palabras del siguiente capítulo.
Apenas las puertas se cierran a mis espaldas, regreso a ella. Dejo un recorrido de besos en su cuello hasta su escote, mientras mi mano levanta su vestido, atrapo su trasero acercándola contra mi cuerpo.
—¿Has terminado de pensar?
Deja caer su cabeza hacia atrás, deslizo mi lengua sobre la piel de su cuello, succionando y repartiendo besos.
—Uh… yo… ya… sí. Demasiado tiempo.
—¿Estás segura?
Asiente mientras mis manos suben al contorno de sus pechos.
—No voy a volver a darte un segundo libre, ¿entendiste? —su risa relajada llena el pequeño espacio del elevador y el vacío grande que había estado estos días en mi interior.
—Parece —gime cuando mi mano se desliza cerca de su ropa interior— justo.
Jadea cuando mi mano se introduce debajo de su ropa interior, masajeando su clítoris y abriéndome espacio dentro de ella. Vuelve a gemir cuando deslizo la manga de su vestido hacia abajo haciendo que...
Y tal vez si quieres leer el resto de las 1350 palabras que le siguen será necesario dejar tu mensaje. Que aquí no hay nada ético.
Y para recordarles que UNA MUJER SIN CORAZÓN es una historia preciosa llena de risa y momentos tiernos, que vale la pena la oportunidad. Además de una oportunidad para conocer a Edward desde una perspectiva diferente.
