XLVIII
El desacuerdo

El siguiente en hablar fue Dot Pixis. A juzgar por lo poco que conocía a ese hombre, creí que su prioridad sería defender los muros, tomando ciertos riesgos. Él era un punto medio entre Erwin y Nile, pero con una compulsión por el trago que yo hallaba cuando menos incomprensible. Aparte de todo eso, a veces podía comportarse de una forma… digamos… extravagante. Sin embargo, cuando llegaba el momento de ponerse serio, lo hacía.

—Estoy de acuerdo, en su mayor parte, con Nile —dijo, lo que confirmó mis suposiciones sobre su postura respecto al tema en debate—. No tenemos aliados. La única oportunidad que teníamos se nos escapó de las manos porque el trato no era conveniente para nosotros. Nuestra mejor oportunidad es usar a los prisioneros para que nos divulguen secretos militares de la nación de Marley, y así mejorar nuestro poder bélico. Sin embargo, y aquí es donde difiero con mi colega, es que no deberíamos limitarnos a defendernos una vez que tengamos la suficiente fuerza militar. Otras naciones reconocerán nuestro poderío, y querrán aliarse con nosotros. Otra cosa en la que difiero con Nile, es en no usar el retumbar de la tierra. Si se trata de algo que nos puede dar ventaja, entonces deberíamos usarla.

Pixis quedó en silencio, e Historia hizo un gesto con su cabeza para denotar que Erwin podía tomar la palabra. De los tres comandantes, era él a quién conocía mejor, y podía afirmar con cierto grado de certeza que su postura involucraría correr riesgos muy grandes. De todos modos, Erwin era un apostador, no en un juego de cartas, sino que en el campo de batalla.

—Yo soy de la idea de usar lo que tengamos en nuestro poder para librar esta guerra, porque es una guerra lo que se viene. —Erwin dijo esas palabras con calma y absoluta confianza, como era su costumbre cada vez que le pedían su opinión en algo—. No obstante, el retumbar de la tierra es algo sobre lo que tenemos pocos antecedentes, y sería muy poco inteligente usar algo que ni siquiera sabemos en qué consiste. Lo único que sabemos es que se trata de algo que puede ayudarnos a tener la ventaja en contra de Marley, y eso no es suficiente. Si queremos librar una guerra, tenemos que contar con toda la información disponible antes de tomar decisiones. Sabemos que esa tal Yelena no posee los detalles del retumbar de la tierra, que conoce a Zeke Jaeger, y que él posee una cantidad significativa de información. Podríamos empezar por ahí. En lo que sí estoy de acuerdo con mis otros dos colegas, es en que podríamos emplear a los prisioneros para descubrir secretos de Marley, cómo están organizados, cuántos titanes cambiantes poseen, su armamento, y si pueden ayudarnos con nuestra tecnología bélica. De esa forma, podremos armar una misión de infiltración en Marley, y contactar con Zeke Jaeger. En cuanto a la condición que ellos pusieron a cambio de su cooperación, me parece una proposición razonable, contrario a lo que dice Nile. Es una oportunidad de poseer otro titán cambiante.

Los demás miembros de la reunión, incluyéndome, quedamos atónitos ante la propuesta de Erwin. ¿Una misión de infiltración en la guarida del lobo? Si Historia daba luz verde a la misión, sería lo más peligroso que el Cuerpo de Exploración hubiera hecho alguna vez. Y también estaba esa condición de la que habían hablado Nile y Erwin. No tenía idea de en qué consistía, pero si involucraba ganar un titán cambiante, entonces podría ser algo bueno… o al menos eso pensaba yo.

—¿Quieres conducir una misión en territorio enemigo? —preguntó Historia, y su tono de voz concordaba a la perfección con su expresión de incredulidad—. ¿Estás al tanto de los riesgos que estaremos corriendo si hacemos algo así? Si la misión fracasa, por cualquier razón, Marley contraatacará con todo lo que tiene. Incluso puede que tenga aliados que no sepamos. ¿Has medido las repercusiones de lo que quieres hacer? Muchas cosas pueden salir mal, y todas ellas pueden conducir a nuestra total desaparición como nación. Además, ¿te has preguntado por qué Zeke no entregó toda la información sobre el retumbar a Yelena, lo que habría hecho más fácil tomar decisiones?

La expresión de Erwin permaneció impasible ante toda la artillería verbal que le tiró Historia. Para ser justos, sus palabras no eran irrazonables. Eran las preguntas que cualquier persona con sentido común haría. Pero Erwin no había llegado a ser comandante del Cuerpo de Exploración sin saber cómo plantar cara a situaciones adversas, ya fuese frente a los titanes o en una discusión.

—Con el debido respeto, la cantidad de información que posea Yelena no es relevante para este punto en particular, puesto que necesitamos traer a Zeke a la isla, con indiferencia de cuánto sepa ella sobre el retumbar. La única condición que puso es que alguien heredara el titán bestia, y para eso, necesitamos a Zeke aquí. Será sometido a un interrogatorio, y obtendremos la información de todas maneras. —Erwin hizo una pausa para que los demás comprendieran cada palabra que había dicho, para luego continuar, con el mismo aplomo y confianza de antes—. Y, con respecto al plan general, ¿en qué eso sería diferente a cuando nos enfrentábamos a los titanes? Sí, usted tiene razón en que nos enfrentamos a una posible extinción como nación, pero también hay que considerar lo que pasaría si la misión tiene éxito. Tendremos la información que necesitamos para considerar si el retumbar de la tierra es una opción viable o no. Considerando lo que Yelena y sus compañeros nos dijeron, sabemos solamente dos cosas relacionadas con el retumbar: que solamente puede ser activado por el titán fundador en presencia de un descendiente de la realeza de Eldia, y que los titanes cambiantes mueren al cabo de trece años desde que heredan el poder titán. De acuerdo con Yelena, Zeke está por cumplir ese plazo de trece años, y, por eso, necesita pasar su poder titán a otro portador. Es por eso que necesitamos efectuar la misión, de forma de extraer a Zeke, obtener la información que necesitamos, y tomar las mejores decisiones. Eso significa que, con independencia de la naturaleza del retumbar de la tierra, tenemos una oportunidad para poseer un nuevo poder titán.

Todos miramos de forma involuntaria a Historia, y ella miró a todos los presentes con una expresión de nerviosismo. Yo podía entender cómo se sentía. El plan de Erwin, muy acorde a su naturaleza, era bastante arriesgado, muchas cosas podían salir mal, y si algo me había enseñado la experiencia, era que usualmente así era. Por otro lado, también conocía a Historia, mucho mejor que a Erwin, y supe que ella iba a acceder a la propuesta del comandante.

—Es una decisión difícil —dijo ella, y el temblor en su voz indicaba lo arriesgado del plan—. No es algo que sea posible decidir de la noche a la mañana. Además, está la idea de que alguien de la isla debe heredar el poder del titán bestia. Debemos considerar que, quienquiera que sea esa persona, tendrá que lidiar con el hecho que solamente podrá vivir por trece años más. No es algo que cualquier persona pueda asumir. Tener un poder titán es una responsabilidad enorme, y el precio que hay que pagar es bastante alto.

—Eso es cierto —dijo Erwin, carraspeando—. Es, en verdad, un alto precio que hay que pagar por poseer un poder titán, por eso no espero que a la persona elegida le sea fácil aceptar tal rol. Propongo que alguien del ejército sea el elegido para heredar el titán bestia.

—Eso tiene sentido —secundó Nile, quien, por una vez, estaba de acuerdo con Erwin—. De todas maneras, un soldado tiene más preparación que una persona normal para tomar esa responsabilidad. Requiere disciplina y dedicación para desempeñar ese rol sin sucumbir a la presión.

—Coincido con Nile y Erwin —dijo Dot Pixis.

—Yo también —dijo Darius Zackley lacónicamente, poniendo los brazos sobre la mesa y juntando ambas manos—. Propongo, además, que los candidatos sean elegidos de forma objetiva, es decir, a través de sus aptitudes. Además, a juzgar por las palabras de Yelena, bajo ninguna circunstancia, un titán cambiante puede ser heredado por un Ackerman. Esto quiere decir que los capitanes Levi y Mikasa Ackerman quedan automáticamente descalificados para el proceso.

De acuerdo, aquello era extraño. Si Yelena había provisto esa información, eso significaba que aquella había sido una condición de Zeke. Si ese era el caso, entonces él sabía cuál era la naturaleza de los Ackerman, y por qué no podíamos heredar un titán cambiante. Pese a la extrañeza que me causó, no pude evitar sentirme aliviada por el hecho que no tendré mis días contados. Miré a Historia, para ver si su cara reflejaba el mismo alivio que yo sentía, pero me sorprendí al verla pensativa, como si estuviera tratando de tomar una decisión difícil, probablemente si aceptar el sistema de selección que había propuesto el capitán general, o si era posible encontrar otra alternativa.

E Historia abrió la boca. Cuando la miré, noté que sus ojos estaban dilatados, como si tuviese miedo de lo que iba a decir.

—Nadie hará nada —dijo, y yo pensé que ella iba a oponerse al plan de Erwin o cambiar el método de selección de los candidatos. Me equivoqué rotundamente—. Nadie hará nada, porque yo heredaré el titán bestia.

Cuando Historia acabó de hablar, nadie dijo una sola palabra. La conmoción podía palparse en el aire. Todos mirábamos a la reina como si ella se hubiera caído muerta delante de nosotros. Yo, en particular, tenía el estómago retorcido por lo que ella había dicho. No sabía si era consciente de que su vida se acortaría bastante, lo que sería malo para la monarquía, y, hay que decirlo, para mí también. Yo no quería tener a Historia por solamente trece años más, maldita sea. Quería tenerla hasta envejecer juntas, con un demonio. Pero mis pensamientos fueron interrumpidos por Erwin. Observé su expresión por un rato, y me dio la impresión que no lucía muy desconcertado por la decisión que Historia había tomado.

—¿Está segura de que es eso lo que quiere hacer?

—¿Pero que mierda estás diciendo? —intervino Nile con bronca—. ¡No puedes permitir que nuestra reina herede el titán bestia! ¡Es una locura!

—Nile tiene razón —añadió Dot Pixis, taladrando a Erwin con la mirada—. ¡Piensa un poco! Si permites que Historia haga esto, tendremos reina solamente por trece años.

Pero Erwin no se dejó amedrentar por sus colegas. Mientras tanto, Darius permanecía en silencio, observando en qué iba a desembocar aquella discusión.

—Ustedes olvidan que Historia Reiss, antes de ser nuestra reina, fue una soldado de la Policía Militar, y luego del Cuerpo de Exploración. Tiene experiencia de combate, aun siendo nuestra reina. ¿Acaso olvidan que ella participó en la operación de retomar Shiganshina? No hay razón para negar su ofrecimiento, pues cumple con los criterios que ustedes mismos propusieron, además que se ofreció voluntariamente a realizar esa tarea. —Erwin quedó en silencio por un momento, como si se acabara de percatar de un detalle que hubiese pasado por alto, y, en efecto, así era—. En cuanto a su reinado, la solución es simple. Basta con que nuestra reina cuente con un heredero, y, obviamente, no puede dejar descendencia con su actual esposa.

Debo admitir que la posibilidad de que Historia debiese dejar un heredero era la menor de mis preocupaciones, aunque sí hubo una parte de mí que me recordó la forma en que los seres humanos llegaban al mundo, y me molestaba un poco que ella debiese tener relaciones con un hombre para dejar un heredero. Lo que realmente me tenía con los nervios clamando en protesta era la posibilidad de que Historia heredara el titán bestia, y ya saben lo que pensaba al respecto.

Historia me dedicó una mirada muy sutil, como queriendo buscar mi aprobación en lo que ella había decidido. No había que ser muy observador, especialmente si han prestado atención a mi narración hasta el momento, para darse cuenta que yo no podía estar de acuerdo con algo así, especialmente cuando se trataba de la vida de mi esposa. Yo debía tener una voz en la discusión, porque era una decisión que traería consecuencias para mí, y para la nación de Paradis en general.

—¡No puedo estar de acuerdo con algo así! —exclamó Eren de repente, poniéndose de pie y apoyando sus manos sobre la mesa, mirando a los presentes con el ceño fruncido y los dientes apretados—. No puedo permitir que nuestra reina sacrifique su libertad por el plan. Tampoco estoy de acuerdo con el plan en sí mismo. Por cómo hablan, tratan de ponerse un escudo delante de ustedes en contra de Marley, y esperar lo mejor. Marley es una amenaza, y debemos tratarla como tal, con fuerza y determinación. No podemos actuar como cobardes frente a una nación que quiere invadirnos por nuestros recursos naturales. Tenemos que atacarlos y derrotarlos en sus propias tierras.

—¿Cómo? —preguntó Erwin, y Eren no dijo nada—. No podemos hacer mucho con información incompleta. Necesitamos saber en qué consiste el retumbar de la tierra. Si es algo que puede ayudarnos, podemos usarlo para defendernos de nuestros enemigos. Sin embargo, no podemos destruir Marley. Estaríamos transmitiendo el mensaje incorrecto a las otras naciones. Si invadimos Marley, sus aliados nos verán como enemigos, y seremos invadidos, desatando una guerra que no queremos. La idea siempre ha sido ser una nación fuerte, pero abierta a entablar diálogo con el resto del mundo. Si queremos sobrevivir como nación, debemos hallar aliados.

—Ellos fueron los responsables de toda la miseria que ha caído sobre nosotros desde que los titanes penetraron en Shiganshina —dijo Eren, bajando un poco el tono de su voz, pero no la intención con la que las estaba diciendo—. El titán colosal, el titán acorazado, el titán hembra, el titán bestia, todos ellos provienen de Marley. Quieren nuestros recursos naturales, quieren el titán fundador, y no se van a rendir hasta que lo consigan. Están dispuestos a acabar con nosotros para obtener lo que quieren. Debemos actuar para que no puedan concretar sus metas. Debemos destruir Marley, por el bien de nuestra nación. Ese es el mensaje que debemos transmitir. Ellos son los enemigos, ellos son lo que han estado detrás de nuestro dolor todo el tiempo. Hay que acabar con ellos, hasta que no quede ninguno.

Eren tomó asiento lentamente, como si hubiera estado hablando del clima. Ninguno del resto de nosotros dijo algo por un buen rato, al menos hasta que Historia abrió la boca.

—Eren, ¿estás al tanto de que la única razón por la que estás aquí es porque Yelena te mencionó explícitamente? —dijo, sin pararse de su asiento, y mirando a Eren como si fuese un niño malcriado—. Lo único que queríamos de ti era saber si conocías a Yelena o a alguno de sus otros compañeros. No necesitábamos que vinieras a imponernos tus puntos de vista sobre cómo debemos actuar. Te conozco, Eren, y entiendo que Marley es la fuente de todo tu dolor, frustración y rabia, pero es precisamente eso lo que no te califica para opinar sobre nuestros futuros planes de acción. Necesito opiniones objetivas, libres de emociones, y eso, por desgracia, tú no me lo puedes ofrecer. Así que, si quieres permanecer en esta reunión y estar al tanto de lo que se decida en esta sala, por favor, guarda silencio, y habla solamente cuando te lo pidan. —Cuando Historia dejó de hablar con Eren, quien no reaccionó en absoluto a sus palabras, bordeando la apatía, me dirigió la mirada, tragando saliva, y supe que quería mi opinión al respecto—. Mikasa, ¿qué piensas de todo esto?

No respondí de inmediato, pues, después de toda la artillería verbal que le tiró a Eren, pensé que iba a recibir palabras más duras de su parte. Después, me di cuenta de lo tonta que fui. Historia no tenía ninguna razón para estar enojada conmigo. Respondí al cabo de unos pocos segundos.

—No creo que esta reunión sea el lugar correcto para decirte lo que pienso —dije, sintiendo las miradas de los demás en mí, y tragué saliva—. Recién dijiste que necesitabas opiniones objetivas, libres de emociones, y eso es algo que no puedo hacer, por mucho que quiera.

—Entiendo —repuso Historia, componiendo una expresión triste en su cara—. Podremos hablar con más libertad después de la reunión—. Historia desvió sus ojos de los míos, y miró al grupo en general—. ¿Alguno de ustedes cree que yo sea una digna heredera del titán bestia?

Mientras miraba a los demás ponderar sus respuestas, noté que Historia tenía los ojos ligeramente abiertos mientras esperaba por respuestas. Era obvio que estaba asustada por los detalles del plan, pero seguía adelante, pese a lo que sentía en el momento. Si aquello no era coraje, no sabía qué podría serlo.

No obstante, el desacuerdo entre Eren e Historia no sería el único. Ni el más doloroso de ellos.