L
Hacia la guarida del lobo

La construcción del barco que nos iba a llevar a Marley tomó tres meses, tiempo que fue empleado para planificar la inminente invasión. Primero, un grupo pequeño, entre los que iba Eren, se infiltraría en la nación enemiga y obtendría la información necesaria para localizar a Zeke y, si era necesario, capturarlo. Todos esperábamos que él se entregara voluntariamente, pero podría darse el caso de que los altos mandos militares de Marley estuvieran protegiéndolo, o él se encontrara en un lugar que no fuese fácil de acceder. Debíamos asumir esa clase de dificultades, pues Marley no iba a arriesgarse a perder un poder titán, especialmente cuando venían de una batalla en la que, de hecho, habían perdido un titán cambiante.

Yelena y sus compañeros habían dado los lineamientos bajo los cuales debía ser construida la embarcación, de manera que no levantara sospechas entre los marleyanos (*). De su grupo, Yelena y el tipo de la piel oscura iban a ser los únicos que nos iban a acompañar, pues eran quienes conocían los procedimientos en el ejército marleyano, y podrían hacer un mejor trabajo indicándonos qué era lo que debíamos hacer. Los demás miembros de su equipo se quedarían en Paradis, colaborando con el ejército en el desarrollo de nuevas armas, o mejorando las que ya poseíamos. Parecía un buen plan.

En ese momento, no fui capaz de imaginar cuán equivocada estaba con respecto a eso último.

En fin, la construcción de la embarcación había concluido, y ya estaba preparado para el largo viaje hacia las costas de Marley. No era un barco muy grande, y era impulsado por lo que Yelena llamaba "motor a vapor". Usaba carbón como combustible, lo que a mí me tomó por sorpresa, pues jamás me imaginé (y, por extensión, ningún otro habitante de la isla) que el carbón podía ser usado para mover cosas. Nosotros lo empleábamos para calefacción y cocción, nada más. Como iba diciendo, todo estaba preparado para el viaje, y nosotros, bajo la mirada atenta de Historia, quien estaba ahí para ser testigo de los hechos, embarcamos y guardamos nuestras cosas en nuestros respectivos camarotes. Los demás salieron a cubierta para despedirse de sus compañeros y amigos presentes en el muelle, pero yo permanecí adentro, porque no quería ver a Historia, no porque alimentara algún resentimiento en su contra, sino porque no quería despedirme de ella. Si trataba de hacerlo, jamás podría irme, lo que invalidaría todo el punto de la misión. Normalmente, no soy una chica sentimental, y puedo tener el rango emocional de una cuchara en ocasiones, pero Historia ocupa un lugar especial en mi corazón, lugar que ella se ganó a pulso, y desarrollé un punto ciego cuando se trataba de ella. Y, considerando todo lo que ha pasado entre las dos, no puedo decir realmente que me sorprende.

El barco comenzó a moverse, pero no fue hasta media hora desde la partida que decidí salir de mi camarote y subir a la cubierta, donde se encontraban todos los miembros del equipo de infiltración. Éramos, en efecto, pocos. Jean, Sasha, Connie y Marlo eran viejos conocidos. Eren, por supuesto, era quien iba a hacer el trabajo pesado, y había una nueva adición al equipo. Se trataba de una chica de cabello castaño claro que había entrado al Cuerpo de Exploración hace poco, pero cuyas aptitudes le hicieron calificar para la difícil misión que tenía por delante. Cuando le pregunté al capitán Levi cómo había obtenido semejantes aptitudes, él me respondió que había tenido "inspiración" para ser una excelente soldado. No tenía idea de cuál pudo haber sido esa inspiración, pero, al verla con más detalle, noté algo familiar en su cara, pero que no pude identificar en su momento. Hasta donde yo sabía, era la primera vez que me encontraba con esa chica en toda mi vida.

Al menos hasta que ella me habló.

—Tú debes ser Mikasa Ackerman —me dijo la joven de quien había hablado antes, y yo la miré con desconcierto. Yo no tenía idea de quién era ella, pero ella sabía quién era yo. ¿De verdad conocía a esa chica, o ella había escuchado hablar de mí?

—¿Te conozco? —pregunté, sin evitar sonar un poco brusca. A ella no pareció preocuparle, sin embargo.

—Probablemente no —reconoció ella, pero, de nuevo, no lucía muy afectada por ello—, pero yo recuerdo perfectamente quién eres. Tú fuiste la soldado que nos salvó de ese titán en Trost, y la que amenazó a ese mercader para que nos dejara pasar. Después de ver la forma en que acabaste con ese titán y nos salvaste a todos, quise ser como tú. Tú fuiste la inspiración que yo necesitaba para ingresar al ejército. Verte en acción me motivó a ser cada vez mejor, más veloz, más fuerte y más hábil. Salí tercera en mi promoción… —La chica se dio cuenta que había hablado mucho en poco tiempo, sin siquiera decir su nombre, y se apresuró a corregir tal error—. Me llamo Louise, en caso que no lo supieras.

—No lo sabía —dije, pero, después de narrarme su historia, recordé a la niña que había salvado durante la defensa de Trost. Ni tenía idea que había sido yo su inspiración para entrar al ejército. Era la segunda vez que me ocurría algo similar, que alguien me vea como un modelo a seguir—. ¿Y eres consciente de los peligros a los que podríamos estar expuestos durante esta misión?

—No habría aceptado venir con ustedes si no lo estuviera —repuso Louise, luciendo esperanzada. Fruncí el ceño. Aquella era, en efecto, una mala señal.

—Esa no es una respuesta —dije, tratando de no sonar demasiado severa, pero no habría podido calmar el entusiasmo de Louise de todas maneras. Hacerlo sería tratar de calmarme inmediatamente después de haber hecho el amor con Historia—. Estoy segura que tienes lo que se requiere para llevar a cabo esta misión, pero, si algo me ha enseñado la experiencia, es que uno nunca está realmente preparado, sobre todo cuando estamos a punto de internarnos en territorio que no conocemos. Debes adaptarte a nuevas situaciones, nuevos enemigos o circunstancias que no se amoldan a los parámetros de la misión. ¿Dijiste que habías salido tercera en tu promoción? Pues eso no cuenta mucho cuando se trata de la realidad. Hay veces en las que sobrevives por suerte, otras, porque tienes buenos compañeros de armas, y algunas en que tu capacidad para adaptarte es capaz de salvarte el pellejo. Incluso hay ocasiones en que sobrevives por una combinación de esos tres factores. Así que, no vayas con mucho entusiasmo a una misión. La cabeza fría es muy importante. Tenlo muy en cuenta.

Sin embargo, bien pude haber estado hablando con una pared, porque Louise no lucía menos ansiosa después de mi discurso, al menos hasta que ella abrió la boca.

—Guau. Si es la gran Mikasa Ackerman quien lo dice, entonces lo haré.

Enrojecí un poco al escuchar la frase "gran Mikasa Ackerman", no por sentirme halagada, sino por incomodidad. No era una frase que escuchara de parte de un soldado. Diablos, ni siquiera Historia se había referido a mí de ese modo. Claro, ella respetaba mis decisiones en el campo de batalla, y a menudo hablaba de lo fuerte y hábil que yo era, pero no como si yo fuese alguna especie de leyenda. Era obvio que Louise era (no puedo creer lo que estoy a punto de decir) una fan, y eso, al menos para mí, no era una situación normal. Decidí dejar aquellos pensamientos en pausa, le dije a Louise que recordara las palabras que le dije, y me acerqué a mis demás compañeros, quienes lucían divertidos por alguna razón.

—Así que —comenzó Connie, mirando a la línea en la que se había convertido la isla de Paradis—, ya conociste a la cabecilla del club de fans de Mikasa Ackerman. En serio, no para de hablar de ti y de lo fuerte y hábil que eres.

Suspiré. Debí asumir que mis compañeros podrían estar escuchando mi conversación con Louise, pero no creí que alguien hiciera un comentario al respecto.

—Lo noté —dije entre dientes—. Será difícil deshacerme de ella.

—No tienes que deshacerte de ella —dijo Jean, quien, como Connie, miraba al horizonte, quizás pensando en lo que estaba dejando atrás—. Podrías convertirte en su mentora, alguien que ella respete y valore. Por cómo se comporta, creo que lo necesita. No dudo de sus capacidades como soldado, pero tienes razón en que hay que mantener la cabeza fría durante la misión.

¿Yo? ¿Mentora? Honestamente, creí que Jean estaba bromeando, pero, cuando busqué su mirada, me di cuenta que estaba hablando en serio. Lo irónico era que, sin pensarlo, había actuado como una cuando conversé con Louise. Supongo que no debía tratar de forma consciente de ser una maestra para ella, así que no pensé más en el asunto. No me era difícil dejar ese tópico atrás, porque mis pensamientos iban más allá del barco en el que navegaba hacia Marley, y alcanzaban a la persona que hace tres años se había ganado mi corazón. Mi único consuelo era que Historia debía sentirse del mismo modo que yo, porque, pese a que la había apoyado en su decisión de heredar el titán bestia, no la compartía en absoluto. Si fuese por mí, habría tratado por todos los medios de que viniera conmigo en la misión, pero si algo había aprendido de mis experiencias con Annie, era que no podía forzar la voluntad de una persona, por la razón que fuese. Estaría siendo egoísta, y aquello habría sido bastante destructivo para mi relación con Historia. Irónicamente, haber tomado la decisión correcta me tenía pensativa y algo melancólica cuando no había nada más en mi cabeza.

—Se nota que extrañas a Historia —dijo Marlo, acercándose a mí, y mirándome con un poco de preocupación—. Es imposible no hacerlo cuando se trata de tu esposa.

No dije nada. Había una razón por la que Marlo me había dicho esas palabras, y era bastante simple: él también pasaba por lo mismo que yo. Antes de embarcar, él me había confesado que tenía intenciones de comprometerse con Hitch, pero ella le había disuadido de hacerlo, al menos hasta que regresara de la misión. Yo estaba con Hitch en eso, porque un compromiso justo antes de una misión era siempre una mala idea. Si Marlo acababa muriendo, sería mucho dolor para ella.

—Y asumo que echas de menos a Hitch.

—Bueno, no echo de menos sus ronquidos, eso tenlo por seguro —repuso Marlo con una carcajada breve—, pero todo lo demás, obvio que sí. Pese a que pertenece a la Policía Militar, me acepta por lo que soy, aunque a veces me dice "maldito explorador", a modo de broma, claro está.

—Yo no echo de menos a mi madre —intervino Jean, poniendo una cara de pocos amigos—. Odio cada vez que me llama "Jeanbo", y tiene mucho apego hacia mí, demasiado para mi gusto.

—No deja de ser tu madre solamente por eso —dijo Marlo, encogiéndose de hombros—. Al menos debes reconocer que ella sí te echa de menos.

—Supongo —gruñó Jean, mirando nuevamente al mar.

—Yo echo de menos la comida —dijo Sasha, sobándose el estómago—. Especialmente la que prepara Nicolo.

—Oye, esa es una gran revelación —repuso Connie sarcásticamente—. Creo que te escuché hablar de ese tal Nicolo y su restaurante en la capital un par de veces.

—O veinte —añadió Jean con una risita.

—¡No sean malos! —exclamó Sasha, poniéndose colorada—. No es que sea mi novio o algo parecido.

—Yo creo que sí es tu novio, y no quieres admitirlo —dijo Connie, componiendo una sonrisa burlona—. De todas formas, la forma más rápida y efectiva de conquistar a Sasha Blouse es por el estómago.

—¡No es verdad! —se defendió Sasha, y su cara se fue tornando cada vez más roja—. Nicolo… Nicolo simplemente cocina buenos platillos.

—Son tal para cual —dijo Marlo, y Jean y Connie asintieron vehementemente con la cabeza.

Pese a que me divertía un poco aquellos intercambios verbales, tenía que admitir que, sin la presencia de Historia, el mundo lucía un poco más oscuro y lúgubre, estando lejos de su amor y calidez. Pero al menos debía reconocer que Sasha no perdía el sentido del humor, y que se mantenía como una llama ardiente en medio de un mundo cruel y despiadado, una chispa de optimismo que nadie era capaz de apagar.

O al menos eso pensaba.


(*) He visto que en algunas traducciones usan el gentilicio "marleyenses", en lugar de "marleyanos". Desde el punto de vista ortográfico, ambos se consideran como correctos, aunque yo prefiero llamarlos "marleyanos".