LIII
Festejo

Dos semanas habían transcurrido desde nuestra llegada a Marley, y habíamos averiguado muchos detalles sobre la ciudad en la que nos habíamos instalado, así como diseñado un esquema detallado de la urbe, en el cual se encontraban ubicados todos los puntos estratégicos, así como las bases militares y los mejores lugares por los que comenzar la invasión. Gracias a Jean, supimos que el ejército de Marley había librado una batalla reciente contra una nación de un lugar llamado Medio Oriente, y que los titanes cambiantes de Marley habían tenido participación en la contienda. Aunque los altos mandos de Marley no se encontraban en la ciudad a la que habíamos llegado, la que se llamaba Liberio, Eren nos había informado que tenían planes de trasladarse a esta ciudad, para realizar un trato con un individuo llamado Willy Tybur. Según Eren, Willy Tybur era uno de los personajes más influyentes de Liberio, y había hablado de celebrar una ceremonia, cuya finalidad desconocíamos. Ustedes se preguntarán cómo Eren se contactaba con nosotros, si se encontraba de infiltrado. Pues, había reclutado a un joven soldado llamado Falco Grice para dejarnos cartas de forma periódica. Falco era un joven de cabello rubio y maneras amables, y, por supuesto, no tenía idea de que nosotros no éramos de Marley, lo que me indicaba que él era un soldado bastante ingenuo e idealista, porque cuando nos preguntó de dónde veníamos, nosotros le dijimos que éramos de un país lejano hacia el oriente, y él nos creyó. Pobre niño. A mí no me gusta aprovecharme de la ingenuidad de una persona, pero no estábamos en una posición que nos permitiera actuar de acuerdo a nuestra moral.

Ese día, para echar una cana al aire, hicimos una pequeña fiesta. Jean, Connie y Marlo se ofrecieron para comprar las cosas necesarias, mientras que Sasha se encargó de preparar la comida. Las únicas que no teníamos algo que hacer éramos yo y Louise, aunque esta última ardía en ganas de ser útil en algo, y, realmente no la podía culpar. Había pasado las últimas dos semanas sin ser un aporte, y Louise se caracterizaba por su entusiasmo inacabable.

—¿Sabes cocinar? —le pregunté. A ella le brillaron los ojos.

—Solía ayudar a mi mamá con eso —repuso ella, y, aunque debo reconocer que no hacía grandes aspavientos para mostrar su entusiasmo, su lenguaje no verbal era bastante revelador—. Sasha puede contar conmigo.

Louise no dijo nada más, y partió a la cocina. Inmediatamente después, lamenté haber hecho esa pregunta. Puede que ella no fuese la persona más madura del mundo, pero al menos era alguien con quién podía conversar. Por culpa de eso, no tenía a nadie con quién desahogarme de todo lo que me estaba pasando. El único momento del día donde podía compartir mis penas con alguien era en la noche, durante la cena, la que era, por norma general, bastante breve. Todos teníamos habitaciones individuales, y había ocasiones en las que no podía dormir, pensando en lo que debía estar haciendo Historia, si ya había hallado a alguien con quien… bueno… pueda quedar embarazada. Como había dicho antes, no era el hecho que Historia se acostara con alguien que no era yo lo que más me molestaba. Era su decisión de heredar el titán bestia. Que tenga sexo con un hombre es lo de menos, en comparación con la posibilidad de tener a Historia por un tiempo limitado. Louise quería compartir su dormitorio conmigo, pero yo no quise, no porque estuviera tentada a tener sexo con una chica que no fuese Historia (y ella era mucho menor que yo, por lo que no se vería bien (*)), sino porque ella no se quedaba dormida hasta bien entrada la noche, y yo terminaría con ojeras todos los días. Bueno, como dije, había noches en las que no dormía, pensando en Historia y en sus dramas, pero no eran todas las noches. Con Louise como compañera de habitación, no habría noche en que pudiera dormir bien.

Para sacarme los malos pensamientos de la cabeza, decidí colaborar con los demás en la preparación de la fiesta. Lo único malo era que Eren no iba a estar presente, pues su rol en la misión no le permitía darse esa clase de lujos. Además, si lo conocía bien, él no querría participar, pues estaba demasiado comprometido con el éxito de nuestra operación. No decía nada, sin embargo, mientras colgaba guirnaldas y ponía los platos, vasos y cubiertos sobre la mesa, y mis compañeros lo notaron.

—Es Historia, ¿verdad? —me preguntó Jean, luciendo preocupado.

—Todavía me duele su decisión —le respondí, mientras ponía el último vaso, y me ocupaba de poner las botellas de vino sobre la mesa—. Sé que he dicho esto hasta la náusea, pero no quiero pasar solamente trece años con ella.

—Nadie quiere eso —me dijo Jean, poniendo más botellas de vino sobre la mesa—, pero debes entender que es su decisión, no la tuya. Eres su esposa. Tienes el deber de apoyarla, sobre todo cuando ella sabe lo que piensas al respecto. Al menos se tomó el tiempo de escucharte. Si hubiera tomado la decisión sin avisarte, en ese caso, habrías tenido todo el derecho de quejarte, porque no participaste de la decisión.

—Lo sé, Jean —dije, sintiéndome derrotada—, pero perder a Historia, después de todo por lo que pasamos juntas… no sería justo.

—Pocas cosas en esta vida lo son —repuso Jean, dejando botellas de jugo sobre la mesa, tal vez considerando que había mucho vino ya—. Mira, yo no puedo hacer que dejes de pensar en Historia. Es tu esposa, después de todo. Pero debes dejar de complicarte por las decisiones que ella toma. Está haciendo lo que cree que es mejor para el pueblo, y, permíteme que te lo diga, pero ella demostró tener agallas cuando anunció que ella heredaría el titán bestia.

—Ella aprendió a ser valiente —dije, y Jean asintió con la cabeza.

—Seguramente notaste que ella también estaba asustada por la noción, pero dio un paso hacia delante de todas formas. Nadie se lo pidió, o le obligó a hacerlo. Fue su decisión, y enteramente su decisión.

Decidí no seguir hablando del tema, porque, pese a que Jean tenía razón, él no estaba en mi posición. Si él tuviera una novia allá en Paradis, y ella decidiera acompañarle en la misión, estoy segura que Jean no lo habría aceptado. ¿Quién permitiría poner a un ser querido en peligro? Habría que ser un individuo completamente desalmado para hacer algo así.

Sin embargo, estaba equivocada con respecto a esto último.

La fiesta comenzó con un brindis por todos lo que estábamos presentes, los que no, y los que habían dado su vida para que pudiéramos estar aquí. Hubo un minuto entero de silencio por los que murieron durante la batalla de Shiganshina, especialmente por Armin, el responsable de que tuviéramos al titan colosal de nuestra parte. Pasamos varios minutos hablando de él, de cómo había pasado de ser un niño tímido a un soldado que no dudó en entregar su vida por el bien común. Hubiera deseado que Eren estuviera presente, porque estaba segura que él tendría mucho que decir sobre Armin. Después de todo, era su mejor amigo desde la infancia, y así había sido hasta que la muerte los separó.

—Creo que hay otra persona a la que podría afectar la muerte de Armin —dijo Sasha, mientras devoraba un trozo de carne sin ninguna elegancia—. Y está encerrada en un trozo de cristal.

—Gracias por traer ese tema a la conversación —dije, entre dientes. Seguramente recordarán aquel episodio de mi vida en que Annie se aprovechó de mí sin ninguna contemplación. Creo que a Sasha se le olvidó aquel detalle.

—Pero Mikasa —repuso Sasha en un tono ligero que no ayudó en nada a sentirme mejor—, eso pasó hace mucho tiempo. No vale la pena amargarse por eso ya.

—Se nota que jamás has sido violada —contesté, y los demás me dieron la razón, quienes miraron a Sasha con los ojos entornados y los brazos en jarras. Ella solamente atinó a seguir comiendo de su carne como si no hubiera probado bocado en siglos. En ese momento, tuve que admitir que, pese a que su comentario había sido un poco desafortunado, Sasha traía ese aire de distensión al grupo, porque nos permitía pensar en otra cosa que no fuese la misión, y eso aligeraba la carga y nos traía una sonrisa a la cara.

—Es por eso que no tengo novio —dijo Sasha, después de acabar con su trozo de carne.

—¿Y qué hay de Nicolo? —preguntó Connie mordazmente, y Sasha enrojeció de inmediato.

—Ya te dije que él solamente me prepara comida deliciosa —contestó Sasha, bebiendo un vaso de agua de un trago, pensando que haciendo eso podría aplacar el calor en su interior. Pues, pensó mal, porque el resto volvió a taladrarla con la mirada, y su cara se asemejó a la de un rábano.

—¿Hasta cuando vas a pretender que no es tu novio? —desafió Marlo, quien, de todas las personas presentes, podía decir con certeza cuándo una chica estaba enamorada de un chico—. Tus palabras dicen que no, pero tu cara dice que sí.

—Y ya sabes lo que dice el dicho —añadió Connie con una voz socarrona—. "Una imagen vale mil palabras"… o algo así.

—Hasta Louise puede disimular mejor que tú —comentó Jean, y Louise le dedicó una mirada de confusión.

—Yo no estoy disimulando —dijo, y no había ni rastro de un tinte rojo en sus mejillas, o alguna otra señal de estar enamorada de alguien—. En realidad creo que no hay tiempo para tener novio en el ejército. Es una distracción que no me puedo permitir tener, sobre todo cuando estoy en una misión crucial para el futuro de Paradis.

Yo arqueé una ceja. Era la primera vez que escuchaba a Louise hablar en serio sobre nuestra operación, sin sonar demasiado entusiasmada. Era como, de pronto, había cobrado conciencia de lo que estaba en juego. Tal vez había juzgado mal a Louise, basándome en la mera apariencia, o podía ser que lo hubiese dicho para desviar la conversación de su situación sentimental. Decidí creer que se trataba de lo primero, y le dediqué una sonrisa de aprobación. Fue cuando Louise dio la primera muestra de rubor en todo el tiempo que la había conocido. Me imagino que se sentía así por mi muestra de aprobación, pues hay que recordar que ella me tenía en un pedestal. Desafortunadamente, aquella fue la oportunidad de Sasha de sacarse la vergüenza que pasó cuando los demás hablaban de Nicolo siendo su novio.

—¡Louise está sonrojada! —exclamó, mientras se llevaba una patata cocida a la boca.

—Y lo hizo después que Mikasa le sonrió —añadió Connie, y ambos pusieron caras de sospecha—. ¿Podría ser que a Louise le gusta Mikasa, y no quiera admitirlo?

Yo rodé los ojos, y Louise hizo lo mismo, pero fue ella quien respondió.

—¿De qué rayos estás hablando? —dijo, y noté que el rubor se le había pasado, lo que concordaba con lo que yo había pensado—. No me gustan las chicas. Nunca he tenido una experiencia con otra chica y nunca la tendré. No es porque odie a ese tipo de chicas; simplemente, no me llaman la atención.

Después de eso, nadie más hizo preguntas sobre la situación sentimental de Louise, aunque yo aún albergaba dudas sobre su férreo compromiso por no tener una relación de pareja con nadie, pero sería algo que sabría después. Me olvidé del asunto, y me dediqué, por un momento siquiera, a compartir con mis compañeros, aunque dejé perfectamente claro que no iba a aceptar excesos. Y así fue.

Nos fuimos a nuestras habitaciones relativamente temprano, sintiéndonos contentos por haber hecho la fiesta. El día de mañana tendríamos nueva información de Eren, información relacionada con el día en que se iba a llevar a cabo la ceremonia de la que había hablado, aunque no esperábamos que revelara el motivo por el que iba a realizarse. Supuse que lo íbamos a saber en su momento, y me quedé dormida con ese pensamiento en la cabeza.


(*) Por increíble que parezca, hay gente que shippea a Mikasa con Louise, porque es una relación similar a la que tiene Mikasa con Eren. Como diría el rey T'Challa, "en este fic no hacemos eso".