LVIII
Reencuentro
El viaje de vuelta a Paradis transcurrió en completo silencio. Ni Hange, que se caracterizaba por su personalidad extrovertida y carismática, decía algo para aportar a las circunstancias. El cadáver de Sasha había sido cubierto con una manta, y tanto Connie como Jean y Marlo le hacían compañía, aunque no valiera la pena ya. Por mi parte, pese a que no decía nada tampoco, me sentía responsable de lo que le había pasado a Sasha. Si no hubiera estado ocupada tratando de consolar a Louise por la muerte de su novio, Sasha pudo haber tenido una oportunidad de sobrevivir, pero tampoco podía dejar a Louise sola con su dolor. Pero, fuese mi culpa o no, yo era su superior directo, y, por consiguiente, su vida estaba bajo mi responsabilidad. Tenía que aceptarlo, aunque no quisiera hacerlo, aunque me habría gustado que las cosas fuesen distintas, porque era algo que un capitán hacía.
Era la primera vez que un soldado bajo mi mando perdía la vida, y la experiencia era sobrecogedora. A cada momento pensaba en alternativas que pude haber tomado para que aquella desgracia no ocurriera, pero siempre chocaba con la fría pared de la realidad, repitiéndome hasta el infinito que Sasha estaba muerta, y que no podía hacer nada al respecto. Al final, era tal la presión, que decidí aislarme en el compartimento de carga. Cerré la puerta y me senté en el suelo, llevándome ambas manos a la cabeza, pensando en cómo las cosas pudieron haber salido tan horrorosamente mal. Claro, pensaba de ese modo porque jamás había estado en esa situación antes, porque, objetivamente hablando, no había forma de predecir que una niña marleyana pudiera aprender a ocupar un equipo de maniobras tridimensionales en poco tiempo. En todo caso, teníamos a Gabi (así se llamaba la niña) y a Falco a buen recaudo, y estaba segura que iban a ser interrogados por los altos mandos de nuestro ejército, y puestos en el calabozo. No sé si Falco mereciera semejante castigo, pues no lucía como un niño que pudiera hacerle daño a alguien, pero Gabi era harina de otro costal. Había demostrado que podía matar a sangre fría, y estaba segura que lo haría de nuevo. Esto me decía que ella poseía entrenamiento militar, pues, según Jean y Connie, Gabi había maniobrado un rifle sin ningún problema, eso sin mencionar que esa clase de armas tenía un retroceso bastante apreciable, que podría lastimar a una persona sin preparación. De cualquier modo, toda esa situación me sobrepasaba, y era por eso que no quería que nadie me mirara a los ojos o me dirigiera la palabra. Lo que quería yo, era otra cosa.
Necesitaba a Historia, necesitaba que ella me escuchara, y que me apoyara, algo que supongo que yo también debía hacer con la decisión que había tomado, esa terrible decisión de heredar el titán bestia. Si quería que ella me apoyara, yo también tenía que hacerlo, pese a que no me gustaba para nada lo que pretendía hacer. ¿No era recíproco el amor? ¿No se trataba de dar y recibir al mismo tiempo y en la misma medida? Si amaba a Historia, tenía que honrar su decisión, costara lo que me costara.
Era de mañana cuando Onyankopon nos avisó que nos estábamos aproximando a Paradis. Yo, después de varias horas encerrada en el compartimento de carga, salí a la cubierta principal, y me aproximé a la cabina de mando, comprobando que, en efecto, aquella era la línea costera de nuestra isla. Fuimos descendiendo de a poco, de manera que estuviéramos a pocos metros del suelo cuando atravesáramos la línea de la costa.
Aterrizamos sobre una plataforma improvisada, y toda la cubierta se sacudió moderadamente. Algunos tuvieron que apoyarse en las paredes para no caer al suelo. Cuando todo se tranquilizó, la compuerta de acceso se abrió, y Erwin fue el primero en salir, seguido de Hange y ambos capitanes, o sea yo y Levi. Cuando miré la comitiva que nos esperaba, bajé un poco la cabeza en señal de decepción, pues esperaba ver a Historia entre los presentes. En su lugar, había un destacamento de soldados de la Policía Militar y la Tropa de Guarnición, quienes habían dispuesto una treintena de caballos para los soldados que habían participado en la operación, y, por alguna extraña razón, tres carruajes. Vi que tanto Erwin como Levi abordaron uno de ellos, y ambos traían a Zeke consigo. El segundo carruaje era más austero, y había sido destinado para trasladar potenciales prisioneros adicionales. A ese carruaje subieron Eren, Gabi y Falco, todos convenientemente atados de manos. El tercer carruaje era más ostentoso que los otros dos, y me preguntaba a quién estaba destinado, cuando un soldado de la Tropa de Guarnición me indicó que subiera al carruaje ostentoso. Tragué saliva al principio, para luego componer una sonrisa involuntaria.
Ella había venido después de todo.
Apenas abrí la puerta del carruaje, vi a Historia, ataviada con un uniforme militar, el que acostumbraba usar recientemente. Apenas me vio, compuso una enorme sonrisa, y me animó a que pusiera cómoda. Cerré la puerta, y, una rápida mirada a mi alrededor me dijo que Historia había puesto especial énfasis en la privacidad. Era obvio que ella quería un reencuentro íntimo. Con eso no quería decir que íbamos a tener sexo dentro del carruaje. Eso sería una locura, tomando en cuenta todo lo que había pasado en la misión. Lo que quise decir era que Historia quería hablar personalmente conmigo. Eso quería decir que ella estaba ahí para apoyarme… y consolarme de ser necesario. Una lágrima traicionera cayó por mi mejilla, e Historia la tomó con un dedo para limpiármela.
Por un momento, pensé que ella me iba a decir algo, a juzgar por la expresión de su cara, pero cambió de opinión, y se acercó lentamente a mí, tomándome una mejilla con una mano, y el hombro con la otra.
Y me besó.
Ella cerró sus ojos cuando sus labios tocaron los míos, y yo hice lo mismo. Ya saben lo que me pasa cada vez que Historia quería besarme: no había nada que yo pudiera hacer al respecto para impedirlo, así que me entregué, olvidando toda congoja y dolor anterior, al menos por un momento. La estreché firmemente entre mis brazos, y las lágrimas se asomaron por mis ojos, sabiendo que ese gesto de parte de Historia hacía mucho más que las más dulces palabras de consuelo que hubiese recibido alguna vez. Ya he reiterado varias veces que yo no soy normalmente una chica emocional, pero cuando se trata de Historia, no puedo evitarlo. Ella me vuelve vulnerable, hace que yo me olvide por momentos de que soy una soldado, y me recuerde que soy un ser humano, después de todo.
Cuando ella se separó de mí, me tomó ambas manos, y me miró directamente a los ojos, como invitándome a que le confesara lo que fuese que me tenía con un humor tan sombrío.
—Sasha… Sasha murió —dije en voz baja, como si no quisiera que Historia escuchara, pero lo hizo, y su reacción fue de sorpresa inusitada, mezclada con una conmoción inconmensurable. No dijo nada por un minuto completo, y miraba en cualquier dirección, menos a mis ojos, con los ojos vidriosos. No lloraba, pero su rostro expresaba desolación y profunda tristeza. No la podía culpar en absoluto. Ella, tal como yo, había sido su compañera durante el Cuerpo de Entrenamiento y, por supuesto, durante la batalla de Shiganshina. Se conocían bien, aunque yo no haya hecho mucho hincapié en ello. Tampoco era que fuesen amigas inseparables, pero era alguien cercano a ella, de todas maneras. La muerte de alguien que conociste por varios años igual te llega al corazón, y más cuando se trata de una mujer tan sensible como Historia.
—No… no puedo creerlo —dijo ella débilmente, y, a partir de ese momento, yo fui quien sostuvo sus manos, apretándolas con firmeza—. Primero Armin… y ahora Sasha. ¡Malditas guerras! ¡Solamente sirven para destruir vidas!
Cuando vi la cara de impotencia de Historia, comprendí completamente su punto. Yo había sido soldado desde hace más de tres años ya, y había tomado las vidas de titanes y humanos por igual, pero las palabras de Historia me hicieron ver, o mejor dicho, me recordaron la cruda verdad. Los titanes no eran más que humanos transformados, víctimas de un problema mucho mayor de lo que habíamos imaginado, humanos que seguramente tenían familias detrás, con independencia de lo que hubieran hecho antes.
—Sasha merece un funeral digno —dije con voz queda, e Historia asintió con la cabeza, con la mirada perdida—. Ella entregó su corazón por Paradis, por todos nosotros, al igual que los demás que perecieron en la misión.
—Y pensar que no estuve de acuerdo con la misión en primer lugar —dijo Historia, mirando a sus piernas, y asumí que se sentía avergonzada de no haber sido más firme en su momento—. Pero acepté el plan de Erwin, y vidas se perdieron. Es un precio alto por obtener información sobre el retumbar de la tierra.
—Al menos ahora podremos saber en qué consiste —dije, tratando de sonar entusiasmada por el éxito de la misión, pero fue un intento fallido, porque la muerte de Sasha aún estaba fresca en mi mente, e Historia seguía conmocionada por la noticia.
—Espero que no se trate de un arma, o algo parecido, pero tengo la impresión de que se trata de algo terrible —dijo Historia, alzando sus ojos hacia los míos, y vi que brillaban, como si estuviera a punto de llorar, pero no me dio la impresión que ese fuera el caso. Sus palabras habían sido lúgubres, pero su mirada era como si estuviera buscando un refugio ante tanta calamidad. Ella sabía que podía encontrar refugio en mí siempre que lo quisiera, pero me dio la impresión que quería más que simple consuelo. Fue cuando entendí qué era lo que Historia realmente quería, pero juzgué que no era el momento para eso. Había cosas que hacer, cosas ineludibles que no podían esperar más tiempo. Había que interrogar a Zeke, Eren, Gabi y Falco, atender al funeral de Sasha y el de los otros soldados caídos en combate. Sabía que no era algo que disfrutáramos, pero era necesario, porque siempre era mejor enfrentar el dolor que huir de él. Ya habría tiempo para pasar un momento a solas con Historia… o varios… o toda una noche.
—Lo nuestro puede esperar —le dije, acariciando sus manos con dulzura y mirándola con una sonrisa, aunque asumo que no sonreí realmente, porque Historia tampoco lo hizo. Si no lo había hecho a causa de lo que dije o la situación general, no podía decirlo con certeza, pero no cambiaba el hecho que debíamos anteponer el deber al placer. Pero no quiero que piensen que a mí me gustaba dejar para después lo que disfrutaba hacer con Historia. Detestaba esperar por eso, sobre todo después de haber pasado por toda la mierda que resultó ser la misión, pero tenía que aguantar las ganas de hablar con ella de manera más distendida, de tener momentos románticos con ella, y, para qué negarlo, momentos más íntimos.
El resto del viaje transcurrió en completo silencio. No había nada más que aportar. Ya habíamos dicho todo lo que necesitábamos decir en ese momento, y lo único que me bastaba para soportar el dolor y la bronca que me causaba la muerte de Sasha y la traición de Eren era la presencia de Historia. La dulzura de su mirada, la suavidad de sus manos, y el apoyo incondicional que recibía de parte de ella eran como bálsamos para mi alma y mi corazón. Mientras tuviera a Historia a mi lado, podría soportar casi cualquier cosa. Y sabía que ella podría decir lo mismo de mí.
Cuando estábamos a medio camino de Shiganshina, nos abrazamos, sin decir nada. El sólo hecho de tenerla en mis brazos era todo lo que necesitaba saber. Era como si yo le dijese "estoy aquí para lo que necesites", y viceversa, y eso me hacía sentir un poco mejor. Pero ambas sabíamos que aquello solamente era pasajero, porque se venían momentos dolorosos, pero el consuelo que tenía era que no enfrentaría estos demonios sola. Tenía a alguien que aliviaría mi dolor, curaría mis heridas y me brindaría el calor que necesitaba.
Honestamente, a estas alturas, ya no sé qué haría sin ella.
