LX
Entrega total, Parte 1

Después de culminado el interrogatorio, el comandante Erwin decidió poner a Zeke bajo custodia del capitán Levi y un contingente numeroso de soldados del Cuerpo de Exploración. No estaría encerrado en una cárcel, tal como Eren, Falco y Gabi, sino que estaría al aire libre, en el bosque de árboles gigantes. Al principio, pensé que la idea era una locura, porque existía una posibilidad de que Zeke tuviera la intención de escapar, pero después comprendí que era la mejor opción. Si Zeke intentaba escapar transformándose en titán, el bosque facilitaba el uso de equipos de maniobras, y todos sabíamos que el capitán Levi era el mejor soldado de la humanidad cuando usaba su equipo de maniobras. Sin embargo, en lo personal, esperaba que Zeke aceptara las condiciones de su custodia. Era solamente una medida de precaución, y, en el mejor de los casos, él entendería la situación.

En cuanto a Eren, la junta militar tenía la intención de llevarle a juicio a causa de sus crímenes. Según lo que pude escuchar, si resultaba culpable, el castigo sería la muerte. Aquello hizo que se me contrajera el estómago. Por un lado, las acciones de Eren resultaron en la muerte de Sasha y varios soldados más, y comprometieron el éxito de la misión, pero, por el otro, no podía permitir que ejecutaran a Eren por esos crímenes. A lo más, una vida entera en prisión, y admito que deseaba que aquel fuese el desenlace, porque, aunque estuviese privado de libertad, podría ir a verle de forma regular. En resumen, quería que Eren pagara por lo que hizo, pero no con su vida.

Dos días después del interrogatorio a Zeke, los de la 104 fuimos a ver a Eren, con autorización del comandante Erwin. Pese a que no dijo gran cosa durante su propio interrogatorio, esperaba que se abriera un poco más a nosotros, pues creíamos que nos debía una explicación por lo que había ocurrido en Liberio.

Encontramos a Eren sentado sobre la cama en su celda, con los codos apoyados sobre sus piernas, y el mentón apoyado sobre sus manos, mirando a la pared como si hubiera un detalle fascinante dibujado sobre ésta.

—Si vienen a hacerme hablar, entonces solamente están perdiendo el tiempo —dijo Eren con voz monocorde, mirándonos de reojo.

—No vinimos a interrogarte —dijo Jean, sin preámbulos, mirándonos a todos, y asentimos con la cabeza, dándole a entender que podía continuar—. Vinimos a preguntarte qué mierda pasó por tu cabeza para actuar de la forma en que lo hiciste. ¿Eres consciente de que tus acciones condujeron a la muerte de Sasha?

—Sasha hubiera muerto, hicieran lo que hicieran —dijo Eren, con la misma voz monocorde con la que había hablado al principio—. Desde el momento que la llevaron a Marley, sellaron su destino.

—No digas tonterías —replicó Jean, perdiendo la paciencia—. Sabes que tú eres el culpable de lo que le pasó. Si no hubieras hecho la mierda que hiciste, habríamos cumplido con la misión sin arriesgar la vida de nadie. Aparte de todo eso, le diste todas las razones a Marley para que nos invadieran. Es cuestión de tiempo para que vengan acá con todo lo que tienen.

—Ah, no digas tonterías —repuso Eren, poniéndose de pie y encarando a Jean con los ojos entornados—. Estás suponiendo cosas. Sabes que no había forma de extraer a Zeke sin combatir.

—Era una posibilidad que debiésemos combatir, pero tú la convertiste en nuestra única opción porque actuaste de manera unilateral, y todo porque querías poseer otro poder titán. ¡Me das asco!

—¿Cómo puedes estar ahí, y decirnos que el destino de Sasha estaba escrito en cuanto aceptó venir con nosotros? —preguntó Connie con los puños crispados—. ¿Alguna vez te has preguntado qué sería lo que Armin hubiera hecho si estuviera con vida? ¡Habría encontrado una forma de cumplir con la misión sin tener que pelear! ¡Y tú le habrías escuchado!

—El ejército quiere enjuiciarte por tus acciones, Eren —dije, tratando de mantener la tristeza a raya, pero no pude—, y no está por encima de ejecutarte si es que eres hallado culpable. ¿Recuerdas la primera vez que estuviste en esa situación? El Cuerpo de Exploración te salvó porque realmente creía que tus poderes serían valiosos para nuestra lucha contra los titanes. Esta vez no habrá nadie quien te defienda, porque tus acciones no tienen justificación alguna. Quiero que tengas esto bien claro, Eren: yo nunca te desearé el mal, y haré lo posible para que no te condenen a muerte, pero considera estas palabras como el final de nuestra relación. Por mucho que me duela separarme de ti, por mucho que llore por las noches al saber que ese niño que soñaba con la libertad se convirtió en un monstruo, debo hacerlo. Ya no eres mi familia.

Eren permaneció en silencio por un rato antes de responder. Sus palabras venían cargadas con veneno.

—Escuché algo interesante mientras estaba infiltrado en el ejército de Marley —dijo, en un tono bajo primero, como si lo que iba a decir no tuviese mucho peso, pero, por desgracia, sí lo tenía, como lo comprobaría a continuación—. Es sobre los Ackerman. Verás, Mikasa, los Ackerman son un subproducto de la ciencia que rodea a los titanes. Por eso es que tienen esa fuerza y habilidad, y es por eso que pueden desafiar titanes cambiantes y no estarían en mucha desventaja. Ellos fueron destinados a proteger a la familia real eldiana, y se caracterizaban por ser extremadamente leales a sus amos, tanto así que llegaba a producirse un vínculo amo-esclavo entre los dos. ¿No te suena familiar, Mikasa?

No fui capaz de decir nada, pues no conocía nada sobre los Ackerman, y bien Eren pudo haber mentido, buscando herirme, pero sí recordé el momento en que desperté mis poderes… y el momento en que mi peculiar dependencia por Eren comenzó. Era claro que había una relación entre ambos hechos, y, al parecer, mi sangre me condicionaba para que sirviera de manera incondicional a Eren. Pero había una falla en la lógica de Eren, y no tardé en hacérsela saber.

—Pero eso me haría leal a la familia real, no a ti.

—Dije que fueron destinados a proteger a la familia real, pero fueron condicionados para servir a cualquiera con quien tuviera una conexión cercana. En el pasado, ellos rara vez se relacionaban con personas ajenas a la familia real, pero el condicionamiento no se limita a miembros de la familia real. ¿Nunca te has preguntado por qué no podías contradecirme, o te costaba trabajo hacerlo?

Cuando Eren dejó de hablar, me percaté que él tenía razón. Un sudor recorrió mi espalda cuando cobré conciencia de que él había descubierto por qué me comportaba del modo en que lo hacía cada vez que Eren estaba en peligro, o trataba de argumentar en su contra.

—Sí, Mikasa, eres una Ackerman, y, por lo tanto, una esclava —dijo Eren con una nota agria en su voz—. Y no hay una cosa que odie más en este mundo que un esclavo. Esta lucha se trata sobre la libertad, y tú representas exactamente lo que yo quiero destruir.

—Cuida tus próximas palabras —le advirtió Connie, y Jean arrugó el entrecejo—. Estás hablando de la persona que más se preocupa por ti, y la estás hiriendo.

—Cállate —le espetó Eren, y el aludido tragó saliva, mientras crispaba los puños. Después, Eren me dirigió la palabra, hablando en un tono lento y deliberado, cosa que yo entendiera cada sílaba—. En cuanto a ti, quiero que sepas que siempre detesté que estuvieras protegiéndome, actuando como si yo fuese un niño que no pudiera cuidarse por sí mismo. Era irritante y molesto. Por eso, desde que éramos niños, Mikasa, siempre te he odiado.

Se hizo el silencio en la celda. Era un silencio tenso, como si el aire estuviera a punto de estallar. Ninguno de los tres presentes podíamos decir algo frente a palabras tan lapidarias. Yo luchaba por no sucumbir ante el dolor de escuchar una declaración tan clara y abrumadora de odio, y, de a poco, fui crispando los puños y elevando la cabeza, pero me costaba horrores hacer ambas cosas. Tenía que seguir resistiendo aquel impulso de doblegarme ante la voluntad del hombre que se había vuelto mi amo sin que yo lo quisiera, y lentamente, fui adoptando una postura más estoica. Eren arqueó una ceja al ver que yo resistía sus intentos de hacerme daño. Momentos más tarde, encontré la fuerza para decir lo que necesitaba decir.

—Repite eso —desafié, mirándole fijamente a los ojos.

—Siempre te he odiado —reiteró Eren, sin vacilar ni temblor en la voz.

—Bien —repuse, arrugando el entrecejo, endureciendo el tono de mi voz—. Ódiame todo lo que quieras. Yo realmente pensaba hacer todo lo posible para ahorrarte una pena de muerte, pero, después de lo que dijiste, no vale la pena mover siquiera un dedo para salvarte. Sigo sin desear tu muerte, pero si te terminan ejecutando, no voy a llorar por ti. Ninguno de nosotros lo hará después de lo que dijiste.

Hice una seña para que los demás me siguieran, y, con Eren en completo silencio, abandonamos las celdas subterráneas, discutiendo sobre sus acciones y sus palabras, a ratos preguntándome si yo estaba bien, a lo que respondía que iba a estarlo… eventualmente.

Y yo sabía exactamente dónde podía sentirme mejor.

Historia había salido de una reunión protocolar hace una media hora atrás, y se encontraba en su habitación, descansando. Eso fue lo que me dijo el guardia en la entrada del palacio real antes de dejarme entrar. Sin embargo, me advirtió que tuviera cuidado con ella, pues, en opinión del guardia, ella se encontraba emocionalmente inestable, pero no podía explicar por qué. Yo pasé de todas maneras, sabiendo que el embarazo era el responsable de la volatilidad de su humor.

Toqué a la puerta de la habitación de Historia, y ella me dejó pasar, sin decir ninguna palabra. La observé por un momento. No parecía de mal humor, pero sí caminaba por el dormitorio arrastrando los pies, como si estuviera triste por alguna razón. Después, recordé que el embarazo podía poner a una mujer emocionalmente inestable, y estar triste por ninguna razón entraba en la categoría de "emocionalmente inestable". No podía dejarla sola. Ella era mi esposa. Tenía que ayudarle, si era necesario.

Me senté a su lado, sin decir nada, sin siquiera tomarle su mano. Dejé que ella fuese quien tomara la iniciativa. Dos minutos después, supe que había tomado una buena decisión, porque Historia colapsó sobre mi regazo, y se echó a llorar, abrazándome como si temiera que alguien me arrojara lejos de ella.

—¿Por qué es tan difícil? —preguntó ella entre hipidos, crispando los puños en señal de una impotencia que yo no podía ver—. Desde que quedé embarazada que paso por estos… problemas. Me enojo por ninguna razón, me dan ganas de comer como una troglodita por ninguna razón, me pongo triste por ninguna razón y me pongo a llorar por ninguna razón. ¿Por qué las mujeres somos tan complicadas?

—No tengo una respuesta para esa pregunta —dije, y yo no me sentía mucho mejor, porque, pese a que había sido capaz de responder a las palabras de Eren, no era tan fácil sacarme el dolor de saber que Eren nunca me quiso, ni como medio hermano o siquiera como un amigo—. Pero estoy aquí para lo que quieras, aunque sea solamente poner el hombro para que puedas desahogarte.

Historia estuvo sollozando por otro par de minutos, y volvió a sentarse sobre la cama, limpiándose las lágrimas con la manga de su vestido.

—Gracias por estar conmigo —dijo en voz baja, tomando mis manos y tratando de sonreír, cosa que consiguió a medias—. No necesitaba realmente una respuesta para lo que me pasa. Solamente necesitaba un apoyo, alguien con quien desahogarme.

—Bueno, estoy aquí —dije, acariciando sus manos y sonriéndole, también a medias, porque recuerden que yo tampoco me encontraba en un estado emocional sólido—. Dime qué es lo que necesitas, y, si puedo, lo haré.

Historia se quedó en silencio por un rato, y sus ojos volvieron a brillarle, de la misma forma en que cuando estábamos a solas en el carruaje. En esa ocasión, le dije que no era el momento, pero ya habíamos pospuesto el placer por mucho tiempo. Fue cuando recordé que, dentro de una hora más, tendría lugar el funeral de Sasha. Sería una falta de respeto no asistir.

—Quiero entregarme completamente a ti —dijo Historia suavemente, pasándose sutilmente la lengua por sus labios—. Ahora, más que nunca, lo necesito. Por favor, Mikasa, hazme el amor.

Diablos, no quería decirle que no, pero era necesario. Porque yo también necesitaba una dosis de amor erótico con Historia, pero, nuevamente, sería una falta de respeto no ir al funeral de Sasha.

—Lo haremos, pero después del funeral de Sasha, bien después quiero decir.

Historia sonrió.

—De acuerdo —dije, poniéndose de pie y desvistiéndose, encaminándose hacia el baño para tomarse una ducha—. Pero me tomaré una ducha primero. Si quieres, puedes acompañarme.

Diablos.