LXIX
Louise expuesta

—Zeke Jaeger ha escapado del bosque de árboles gigantes —anunció el soldado con la voz trémula, como si esperara un castigo de mi parte—. No sabemos dónde se encuentra, ni cuáles son sus motivaciones. Lo que sí sabemos es que hallamos el cuerpo del capitán Levi cerca de un río. Él… él está muerto… capitana.

Cuando escuché las últimas palabras del soldado, me sentí como si me hubiera caído un chorro de agua helada. ¿Cómo demonios podía acabar de ese modo el soldado más fuerte de la isla? ¿Muerto, en la ribera de un río, sin ninguna explicación? Traté de mantener la calma, crispando los puños, y miré al soldado directo a los ojos.

—¿No sabes cómo perdió la vida?

—Bueno… no es tan simple como parece —repuso el soldado, tragando saliva—. Estábamos haciendo una patrulla por el área, y la jefa de escuadrón Hange iba con nosotros. Pasábamos por un río cercano, cuando vimos una carreta hecha pedazos. Los restos humeaban, por lo que asumo que hubo una explosión reciente. Buscamos señales de vida cerca de la carreta, y, en la ribera norte del río, vimos un cuerpo ensangrentado. Hange se acercó a inspeccionar, y, con horror, nos dimos cuenta de que era el capitán Levi. Estábamos tan pendientes de la escena, que no nos percatamos que estábamos siendo seguidos por una tropa de Jaegeristas, y, en menos tiempo del que creímos, nos rodearon. El líder de ellos era un tipo alto, con un cabello que semejaba la cresta de un gallo.

Fruncí el ceño y arrugué la cara. Sabía a la perfección de quién se trataba. Era ese maldito Floch Forster, el infeliz que impidió que Armin recibiera el suero que hubiera salvado su vida. Pero más rabia me dio cuando supe que ese energúmeno era un Jaegerista. Formaba parte de los mismos tipos que tuvieron a la capital en vilo por seis meses.

—En fin, el líder del grupo que nos emboscó nos obligó a revisar el cuerpo del capitán Levi, para asegurarse que estuviera muerto —continuó el soldado, luciendo cada vez más descorazonado por la muerte de Levi—. Hange se mostró desafiante al principio, pero bastó con un disparo para que cooperara. Pasó un buen rato revisando el cuerpo, tomándole el pulso, y, al final, anunció que estaba muerto. Habló de haberse desangrado severamente por sus heridas. El líder de ellos se iba a asegurar que Hange estuviera diciendo la verdad, pero ella aprovechó su descuido, y lo agarró por detrás, amenazando con matarle. Ella estaba lívida, muy enojada, y los demás soltaron sus armas. Nosotros las tomamos y nos deshicimos de ellas.

—¿Y qué pasó con los Jaegeristas?

—Están bajo custodia en las barracas de Shiganshina —repuso el soldado—, pero faltan Jaegeristas por atrapar. El punto es que, con el capitán caído en combate, usted debe ocupar su lugar. Las órdenes del comandante fueron claras: debe armar un equipo especial para dar caza a Zeke Jaeger y recapturarle.

—¿Y por qué el comandante quería que la reina fuera donde él?

—Porque quería que pasara el resto de su embarazo en Shiganshina. Está más cerca del bosque de árboles gigantes, donde se suponía que debía tener lugar el procedimiento de heredar el titán bestia. No esperábamos que ella diera a luz tan pronto.

—Sea como sea, Historia debe descansar por unos cuantos días —dije, sabiendo que heredar el titán bestia aún no era una opción—. Yo me ocuparé de atrapar a Zeke Jaeger. Tendré a mi equipo listo en dos horas. Informa al comandante de las novedades, para que pueda tomar las mejores decisiones.

El soldado hizo el saludo militar, y, junto con el otro efectivo, salieron de la habitación real. Acto seguido, di media vuelta, y me acerqué a Historia, para despedirme de ella… una vez más.

—Debo irme —le dije, en el tono más suave que pude—. He recibido órdenes del comandante Erwin. Debo atrapar a Zeke Jaeger para que tú puedas heredar su poder titán. Pero… no sé si pueda lograrlo. No soy tan fuerte, hábil o experimentado como el capitán Levi, y el titán bestia es muy peligroso. Puede que no salga de ésta con vida.

Historia me dedicó una mirada dulce, y al mismo tiempo, firme.

—No te menosprecies —me dijo, tomando una de mis mejillas, y acariciándola suavemente—. Eres una Ackerman, igual que el capitán Levi. Estoy segura que encontrarás la fuerza que necesitas para enfrentar el desafío que tienes frente a ti. Tienes el potencial. Depende de ti que le saques todo el provecho que puedas.

No estaba segura de si me sentía más animada que antes, pero Historia tenía razón. Dependía solamente de mí sobrevivir a la batalla que, de forma invariable, debía enfrentar. Volví a la prisión a caballo, para anunciar las nuevas órdenes a mis compañeros. En teoría, eran solamente Connie, Marlo y Jean. En cuando a Louise, no sabía si estaba en forma para pelear, pero mi mayor preocupación era su lealtad. Sus acciones durante el escape de Eren me decía claramente que ella era una Jaegerista, y que había ocultado su verdadera naturaleza todo este tiempo. Me dolía un poco que ella hubiera admitido tener sentimientos hacia mí, solamente para traicionarme liberando a Eren, pero tenía que ser objetiva. Ella jamás mostró odio hacia nosotros, y, decididamente, no quería nuestras muertes. Debía haber una forma de hacerle ver que estaba luchando a favor del bando equivocado, y creía que la única manera de conseguirlo, era que ella nos acompañara. Pero, cuatro soldados no eran suficientes para enfrentar al titán bestia. Necesitaba, cuando menos, diez soldados competentes para tener una oportunidad en contra de semejante adversario.

Cuando llegué a la prisión, pude ver a algunos soldados recogiendo escombros y apilándolos afuera. Jean, Connie y Marlo ayudaban a reparar mesas, sillas y otros muebles que fueron rotos por la transformación de Eren. Me acerqué a Jean, y pregunté por Louise.

—Está en la enfermería —repuso, sin mirarme. Era obvio que aún sentía animadversión por Louise, debido a lo que había hecho. Le entendía a la perfección, pero, no podía descartarla como una potencial aliada. Con eso en mente, acudí a la enfermería, la que se encontraba en dirección opuesta al pasillo que conducía a las celdas subterráneas, abrí la puerta, y vi que todas las camas estaban ocupadas. Se podían advertir algunos cuerpos cubiertos por mantas manchadas con sangre, y, en una de las últimas filas, pude ver a Louise. No lucía como si hubiese sido herida de gravedad en el pecho, pues estaba sentada sobre la cama, comiendo un refrigerio. Sin embargo, tenía la cabeza gacha, y no miraba a nadie. Sin saber qué esperar, me acerqué a ella, y le hablé.

—Hola, Louise —dije, y ella dejó de comer de inmediato. Me miró a los ojos por tres segundos completos, y, enseguida, unas lágrimas silenciosas cayeron por sus ojos.

—Lo siento —dijo ella, limpiándose las lágrimas con una mano—. Es que… nunca quise decirte que era una Jaegerista, porque estaba segura de que no me ibas a ver con los mismos ojos.

—¿Y eso de que yo te gustaba? ¿Lo dijiste en serio, o fue una excusa para que no sospechara de ti?

—Por ambas razones —repuso Louise, pestañeando furiosamente para reprimir las lágrimas—. Lo que sentía por ti era real, tan real que creí que mi corazón me estaba jugando una broma, pero también me permitió tener una excusa para que no sospecharas que yo era una Jaegerista.

Honestamente, no sabía cómo sentirme ante aquella revelación. Por una parte, agradecía que, por lo menos, sus sentimientos fuesen reales, pero, por otro lado, me sentía traicionada, porque Louise había aprovechado sus emociones para su provecho, y eso hacía más difícil creerle. Lo mejor que podía hacer, era entenderla.

—¿Desde cuándo que eres una Jaegerista?

Louise se quedó mirándome, como si no esperara que yo lo hiciera esa pregunta. No respondió de inmediato, como si estuviera tratando de decidir cuánto confesar, y qué cosas en específico. No obstante, compuso una sonrisa pequeña al ver que yo no estaba tratando de criticarle o juzgarle por el camino que había tomado.

—Desde que conocí a un tal Floch Forster —dijo Louise, evitando mi mirada, como si lo que estuviera a punto de decir fuese bastante vergonzoso—. Nos conocimos hace unos tres años atrás, cuando yo aún estaba en el Cuerpo de Entrenamiento. Seguramente andaba buscando seguidores jóvenes, personas a quienes pudiera convencer más fácilmente de su causa. Hablaba de las hazañas de Eren Jaeger, de cómo había luchado todo este tiempo por la libertad, desde que tenía nueve años. Decía que había sido la providencia quien había decidido que Eren portara el titán de ataque, y que, gracias a sus recuerdos, había entendido que el titan de ataque siempre luchaba por la libertad. Por eso decía que no había sido coincidencia que Eren hubiera heredado el titán de ataque, un individuo que siempre había añorado la vida fuera de los muros. Debo reconocer que su entusiasmo era infeccioso, y, de pronto, quería saber más sobre Eren Jaeger, y lo que había hecho en servicio de Paradis. Yo aún era joven, y no era capaz de pensar de manera crítica, y los argumentos de Floch eran bastante persuasivos. Finalmente, me convenció de unirme a su causa, pero no fue hasta mucho después que me encomendó una misión. Tenía sentido, porque la monarquía pensaba que el movimiento Jaegerista era solamente un grupo de gente descontenta, sin mucha organización detrás.

—Y asumo que la misión era infiltrarte en nuestro grupo para obtener información.

—No fue tanto para obtener información, sino más bien para formar parte del grupo sin que nadie sospechara de mis reales lealtades. Floch esperaba que Eren fuese arrestado por lo que estaba dispuesto a hacer. Sabía que él no iba a descansar hasta que Paradis fuese libre de la amenaza de Marley, y que haría lo que fuese necesario para alcanzar ese objetivo, incluso desafiar a la autoridad. No sabía la forma en que aquello iba a ocurrir, pero sabía que iba a pasar. Después de todo, para lograr grandes cosas, hay que correr grandes riesgos. Teniendo en cuenta eso, Floch me dijo que me infiltrara en tu grupo para ganarme la confianza de ustedes, y nadie sospechara que, en algún momento, podría traicionarles.

Escuchando a Louise, me di cuenta que ella había sido ingenua al creer en la causa de un hombre. Sin embargo, era conocido que una persona, con la convicción suficiente, podía convencer a cualquiera de seguirle, especialmente si esa persona aún no era capaz de pensar de manera crítica. No tenía idea de que ese maldito de Floch fuese capaz de inspirar de esa forma a la gente. No le veía con el carisma suficiente para lograr tal cosa. Pero, había algo que no me quedaba claro aún, y necesitaba que Louise me diera la información que necesitaba. Era importante para la misión que tenía por delante.

—¿Y por qué esperaste seis meses para actuar? —pregunté. La reacción de Louise ante aquella pregunta fue bastante reveladora. Ella tragó saliva y miró a otro lado, como si esperara que apareciera un asesino en medio del hospital, listo para acabar con ella—. Necesito una respuesta.

Pero Louise seguía sin decir nada. Comenzó a mirar en todas direcciones, como si pudiera ver a un ente invisible que amenazara su vida. Enseguida, la impaciencia me dominó, y tomé la cabeza de Louise, y la forcé a que mirara a los ojos.

—Tienes que decirme por qué esperaste hasta ahora para actuar —dije, en un tono bajo, que ocultaba pobremente mi apuro—. ¿Acaso temes que, si abres la boca, alguien te va a matar?

Louise dilató bastante los ojos antes de hablar.

—Floch… Floch me dijo que si… que si hablaba a cualquier persona de mi misión… bien podría comenzar a ponerme ojos en la nuca, porque haría todo lo que estaba a su alcance para silenciarme. ¡No quiero morir, Mikasa! ¡Realmente no quiero!

Y Louise se echó a llorar. Mientras escuchaba sus llantos, y la consolaba de manera inconsciente, me pregunté hasta qué punto podría llegar Floch para que, lo que fuese que estuviera tramando, no llegara a los oídos de cualquiera. Fue cuando me di cuenta que la única forma de que Louise cooperara era que nos acompañara, y ofrecerle mi protección. Teniendo en cuenta lo que ella pensaba de mí, tenía la impresión que iba a tener éxito en mi cometido.