Como parte de la estrategia diplomática de restablecimiento de la civilización mundial, acordaron que en diferentes momentos los principales representantes de la misión lunar fueran entrevistados un par de veces por año, según lo solicitaran los distintos países y reporteros interesados. En ocasiones esas entrevistas eran en Japón, y otras veces tenían que viajar por el mundo. Los científicos por un lado, a cargo de Xeno y Senku, Sai como matemático y programador, Ryusui como asistente de piloto y por su proeza de salvar el anclaje del cohete cuando había sufrido una avería del sistema eléctrico en pleno vuelo espacial, y por otro lado Kohaku y Stan como los guerreros, además de que el soldado había sido el piloto oficial.
No era ya una tarea emocionante para ninguno, pero habían acordado poner su mejor disposición y actitud, y así ayudaban a Gen como el diplomático principal que tenía la ardua tarea de viajar constantemente de un país a otro para mantener la paz, los recursos y el apoyo de todo el mundo para los proyectos científicos que se hicieran a partir de la investigación del dispositivo despetrificador, así como seguir edificando y modernizando las ciudades restablecidas.
Dos años después del inicio de la nueva era de paz mundial, los que habían viajado a Sudamérica para su entrevista habían sido Stan y Kohaku, que además sumaban la curiosidad y el jugoso dato sensacionalista de que la última vez que habían estado en ese lado del continente americano, habían sido mortales enemigos y se habían enfrentado cara a cara, y años después volvían a encontrarse como aliados, siendo parte de la tripulación que salvó el mundo. Los dos rubios ya estaban acostumbrados y se reían por dentro de las repetitivas preguntas que buscaban saber cómo se habían sentido con ese cambio, siendo que se los veía relajados y con una amistosa relación. Ambos eran agradables y carismáticos, Kohaku mucho más extrovertida y efusiva que Stan, quién encantaba por su parte con su atractivo, confianza y serenidad, aunque tenía también un humor provocador.
Lo único que era un tanto incómodo de esos viajes, además de las largas horas de vuelo que tenían a veces, era el abrupto cambio de estación cuando iban del hemisferio norte al sur, o a un país con un clima más extremo. En esa ocasión, ellos habían partido de Japón en un invierno bastante frío, para encontrarse con un verano latino que los derretía bajo el sol. Stan estaba bastante acostumbrado a usar su uniforme militar largo en cualquier estación y temperatura, gajes del oficio, mientras que Kohaku también seguía usando su viejo y sencillo vestido azul de la aldea Ishigami, el cual era bastante conveniente para no sufrir el clima caluroso, así como se había acostumbrado su cuerpo luego de tantos años a soportar bajas temperaturas con ese mismo vestido, y sólo con el abrigo de su capa de tela y piel animal, y unas botas para sus pies.
Normalmente ese cambio no suponía un problema por mucho tiempo, ya que Francois solía ir a buscarlos en coche al aeropuerto, pero en la ocasión de la vuelta de ese viaje, la mayordomo había ido a acompañar a Ryusui a otro lugar, y él tenía siempre la prioridad por el vínculo de trabajo con la familia Nanami. Por lo que cuando aterrizaron, a Kohaku y Stan no les quedó de otra que hacer el recorrido de vuelta solos. Como ambos eran sencillos y no gustaban de cargar equipaje de un lado a otro, solían dejar un bolso con mudas de ropa y accesorios de higiene directamente en una sala del aeropuerto, luego los asistentes del lugar se encargaban de enviárselos.
Los dos seguían viviendo en el reino científico, Kohaku tenía su propia cabaña allí junto a la aldea, y Stan también se había asentado junto a sus colegas estadounidenses, no habían vuelto al castillo más que para algún viaje corto. A medida que seguían expandiéndose y construyendo ciudades más parecidas a las que solía haber en el mundo moderno, el único que quiso hacerse una "elegante casa" extra fue Xeno, bien lejos del enorme laboratorio principal en el que seguía trabajando junto a los científicos, ya que su filosofía era tener un espacio lejos de su trabajo para poder descansar apropiadamente.
Esa tarde que habían aterrizado, en cuanto habían salido del aeropuerto se habían encontrado con un frío crudo que no esperaban, para colmo todo nublado y ni un rayo de sol se filtraba para aliviarlos con un poco de calor. Stan vestía sólo su uniforme y Kohaku su vestido, la capa y las botas, por lo que ambos se estremecieron ligeramente reconociendo que estaban en el punto límite de necesitar más abrigo. Al rato que habían empezado a caminar, ya que para ambos era algo agradable hacer largas caminatas de al menos seis kilómetros, tuvieron la desventura de que había empezado a nevar. En un primer momento habían sido sólo unos suaves copos de nieve, que incluso los había hecho sonreír. Sin embargo, cuando habían recorrido unos tres kilómetros, la nevada se había vuelto más copiosa y molesta.
Se sobresaltaron cuando de pronto una puerta se abrió, una ciudadana saludándolos desde la puerta, aunque se veía preocupada en su rostro.
- ¡Deben apurarse! ¡Anunciaron por la radio que está llegando antes de lo previsto un temporal de nieve muy fuerte!
- Gracias por el aviso –Contestó Stan con voz fuerte y clara.
La mujer asintió y se metió en su hogar, y los dos se miraron e hicieron una mueca.
- Vaya recepción, justo cuando Francois no pudo venir a recibirnos, y rechazamos a los demás que se ofrecieron –Murmuró Kohaku resignada.
- No sabíamos que iba a ponerse así, y no estaba nada mal la idea de estirar las piernas. Tanto vuelo y transporte estos días, ya me quedó el trasero cuadrado.
- A mí también –Rió la rubia, divertida con la imagen.
- Si se pone feo, de todas formas lo mejor será ser precavidos y buscar refugio hasta que pase. Si no me equivoco… –Entrecerró los ojos y miró unos puntos de referencia alrededor– Estamos aproximadamente entre uno y dos kilómetros de la casa de Xeno, podemos quedarnos ahí. No hay nadie, así que nos ahorraremos la incomodidad de pedirle a alguna otra persona que nos reciba.
- ¡Ja! "Nada mal" –Aceptó Kohaku, bromeando con la frase insignia de su compañero, a lo que él la miró alzando una ceja, sonriendo.
- Es que no está nada mal de verdad, creo que no conoces la casa por dentro. Con lo exigente y elegante que es él, es un lujo comparado con nuestras viviendas.
- Está bien, se lo merece, Xeno trabaja muy duro. Y por esta vez nosotros podremos aprovecharlo. ¿No se enojará de que le vamos a invadir la casa?
- No, y es por seguridad nuestra, lo entenderá. Mientras dejemos todo ordenado y pulcro como lo encontremos, no ladrará.
Caminaron lo que quedaba a un paso mucho más acelerado, lo que no supuso ninguna exigencia para ellos. Finalmente llegaron, habían dado un par de vueltas más ya que Stan no recordaba exactamente la calle. Como allí todo era tranquilo y seguro, no había necesidad de cerraduras, por lo que entraron a la casa directamente activando el picaporte. Apenas entró, Kohaku soltó una exclamación de sorpresa y entusiasmo, no podía creer lo grande y distinta que era esa casa. Paredes claras impolutas, techo alto, una sala de estar en el que había un sillón largo en el que cabían hasta cuatro personas cómodamente sentadas, una chimenea a leña, una mesa rectangular con sillas alrededor, y había al menos tres o cuatro puertas más para el resto de los ambientes.
- ¡Esto es enorme! ¡Nunca había visto una casa así, y con este estilo! –Exclamó con ingenuidad la rubia.
- Sí, Xeno se consintió bastante. Tiene la estructura y diseño de las casas de nuestro país, al menos una forma de no sentir tanta nostalgia –Frunció el ceño al mirar el techo– Aunque nos jugará en contra que tenga techo alto, costará mantener caliente la casa. A él le funciona porque detesta el calor.
- Sólo estaremos aquí por unas horas, tampoco será un gran problema.
- Voy a encender el fuego en la chimenea para que se vaya calentando el ambiente.
- Estaría bien. ¿Tengo que traer leña?
- No, aquí hay una reserva. Luego buscamos más, primero entremos en calor.
No tenían mucho que acomodar ya que sólo llevaban lo puesto, por lo cual se quedaron allí parados. Stan se miró el uniforme, así como la ropa y botas de Kohaku.
- Quitémonos la ropa cuanto antes, está húmeda de la nevada. Si la dejamos cerca se va a secar, lo cual será mejor para la vuelta.
- ¡Buena idea, Stan!
Kohaku asintió, y sin demora ni irse a otro lado empezó a quitarse su capa de abrigo y su vestido, que era cierto que estaba todo frío y húmedo, ni hablar el calzado. Al darse cuenta que Stan estaba quitándose lo suyo también con toda naturalidad cerca de ella, rió por lo bajo, que igualmente fue oído por el soldado, quién la miró con curiosidad.
- ¿Qué fue lo divertido?
- Que no te diste vuelta ni te incomodó que yo me desvistiera aquí también.
- Ah –Mostró una media sonrisa– Eso es porque ya te conozco, y sé que no te importa en lo más mínimo hacerlo frente a otro, hombre o mujer.
- ¡Ja! No, es verdad –Asintió con una sonrisa más amplia.
- Desde los entrenamientos de astronauta, creo que no te faltó nada por mostrar.
- ¡Oye, que igual siempre estaba algo vestida! –Protestó un poco avergonzada.
- Lo sé, era una broma. ¿Lo ves? Un poco te importa.
- Es que son dos cosas distintas, no me molesta cambiarme, pero tampoco estoy caminando desnuda por todos lados. Como sea, olvídalo, yo fui la que empezó.
- Ven, vamos a ver si hay algo que podemos ponernos para no pasar frío aquí dentro.
- ¿Ropa de Xeno?
- Sí, al menos para ti. Aunque... –la miró de arriba abajo rápidamente, pensando en lo incompatible que era la figura generosamente curvilínea de su compañera con la esbelta de su amigo– Veremos qué puede funcionar.
- ¿Y para ti?
- No creo que me sirva nada, me va a quedar chico todo lo de él. Quizás un abrigo o un saco me quede apretado pero tolerable.
Se dirigieron al dormitorio de Xeno, y Kohaku volvió a mirar alrededor admirada. Tampoco podía creer lo grande que era la cama, allí cabían cómodamente hasta tres personas juntas. Tocó el esponjoso colchón cubierto con sus prolijas mantas, y sonrió cuando tuvo una divertida idea. Hizo un salto con buen impulso para aterrizar en el medio de la cama, y soltó una carcajada cuando su cuerpo rebotó. Stan la observó con una sonrisa amplia, esa era la reacción normal e inocente de cualquier persona fascinada con un colchón nuevo, le trajo recuerdos.
- Que Xeno no se entere de que estás saltando en su cama, o se quejará de lo poco elegante que estás siendo con sus cosas.
- Perdón, fue irresistible –Murmuró con una mezcla de culpa y picardía.
- Lo sé, todos lo hicimos alguna vez –Desestimó, guiñándole un ojo– Las camas tan grandes dan ganas de hacer eso. Bueno, veamos qué hay por aquí.
Stan abrió el armario que tenía toda la ropa prolijamente colgada y doblada de Xeno, y sacó una camisa al azar, que se la dio a Kohaku para que se la probara. Pareció quedarle bastante bien, larga hasta los muslos, hasta que llegó el momento de cerrar los botones, y fue evidente que los que estaban a la altura de sus pechos no iban a cerrar, así como tampoco los que terminaban a la altura de la cadera. Ella pareció satisfecha, a pesar de que no le convencía que le quedaran tan largas las mangas, pero Stan no pudo evitar notar la imagen tan sensual que ella ofrecía. Lo que era peor, como la había visto anteriormente más veces en ropa interior mientras ella se cambiaba, el verla con una camisa de hombre y la piel de sus pechos y muslos expuestos a medias le resultaba incluso más sensual. Tuvo que rechazar el tentador pensamiento de su mente, y la dejó elegir si quería quedarse con eso puesto o no, mientras buscaba más ropa.
- No es lo más cómodo, pero me mantendrá más caliente –Observó la rubia– ¿No hay un pantalón también?
- No te quedará.
- Si no me lo pruebo no lo sabré.
- Sí, sé. No te va a subir por el… –Se detuvo a tiempo para corregirse– Por los muslos. Tendrá que alcanzarte con eso, luego puedes cubrirte con una manta el resto del cuerpo.
- Está bien, de todas formas no es tan distinto a lo que cubre mi vestido, me las arreglaré.
Stan asintió, y buscó algo para él. Encontró un saco largo negro, otro que su amigo tenía de cambio, y se lo probó directamente sobre su torso desnudo. Ni bien empezó a ponérselo, hizo una mueca cuando ya sintió sus brazos bastante más musculosos entrando con dificultad, no podría siquiera flexionarlos luego. Si lo dejaba abierto podría considerarlo aceptable, no había forma de que cerrara ni un solo botón, pero no podía con tan limitada movilidad de sus brazos, prefería también quedarse en ropa interior hasta que se secaran sus ropas, y cubrirse con una manta de abrigo.
En ese momento fue Kohaku la que se quedó mirando unos segundos más de la cuenta al estadounidense, y cómo lucía esa ropa tan ajustada que a la vez exponía su musculado pecho y abdomen, y todo lo que estaba más abajo. No supo por qué le llamó tanto la atención y le generó un poco de calor incluso, estaba más que acostumbrada a ver hombres encuerados ya que al menos Tsukasa y Hyoga la mayor parte del tiempo habían estado así bajo sus capas, pero había algo distinto y más llamativo en los finos y a la vez masculinos rasgos de Stan, además de su actitud, que la volvió más consciente de su atractivo en ese momento.
- No, no funciona, maldito flacucho –Gruñó– . Toca cubrirse con una manta y quedarse cerca del fuego.
- Suena bien igual. Podríamos hacer un té para entrar en calor.
- Sí, eso no estaría nada mal. ¿Sabes usar la estufa que tiene esta cocina?
- Eeeh… No –Admitió avergonzada– ¿Me enseñas?
- Claro.
Luego de encontrar dos mantas de abrigo que no era demasiado grande ni pesada, las llevó a la sala de estar para dejarlas apoyadas en el sillón, y se dirigieron juntos a la cocina para encender la hornalla, alimentada por las garrafas de gas. Para no sentirse tan inútil, Kohaku había llenado una jarra de metal con agua, así como había encontrado dos tazas y las hebras de té. Como Xeno era tan pulcro y organizado, le había resultado muy fácil encontrar todo, cada envase o lata de acero inoxidable tenía su etiqueta. Cuando estuvo listo, sirvieron allí la bebida y cada uno llevó la suya a la sala de estar, donde se sentaron bien cerca del fuego de la chimenea, y se envolvieron en las abrigadas mantas. Luego del primer sorbo de la caliente bebida que los reconfortó por dentro, suspiraron profundamente al unísono, por lo que se miraron y sonrieron.
- No hay nada como sentir el té calentando la boca y el cuerpo cuando hace tanto frío alrededor, ¿eh? –Dijo Kohaku satisfecha.
- Sí, aunque yo iba a decir lo mismo de descansar frente a una chimenea así, hay algo muy familiar y hogareño, mucha tranquilidad, me gusta.
La joven asintió, y cerró los ojos para saborear ambas experiencias, verdaderamente agradables. Como no tenían mucho que hacer hasta que se secara la ropa y dejara de nevar, se quedaron allí sentados en un cómodo silencio. Sin dudas el sillón sería más cómodo para sentarse largo rato, pero estaba demasiado lejos de la chimenea y había una mesa baja grande en el medio, tampoco querían desacomodar tanto por un rato.
Sin embargo, un par de horas después vieron que empezaba a atardecer, la nieve no paraba, incluso parecía más copiosa.
- Me parece que tendremos que pasar la noche aquí –Dijo Stan.
- ¿Habrá comida, o tendremos que aguantarnos?
- Estamos hablando de Xeno, Kohaku, por supuesto que tendrá reservas de comida, al menos de las secas. Hablando del rey de Roma, deberíamos decirle que estamos aquí, ya le debe extrañar que nuestro avión llegó, pero nosotros no.
Stan se puso de pie, y buscó el teléfono fijo. Llamó al laboratorio, se imaginaba que su amigo todavía estaría allí trabajando. No atendió él, pero le pasaron la llamada de inmediato.
- ¿Stan? ¿Dónde estás?
- En tu casa de descanso. Estamos aquí con Kohaku.
- ¿Por qué están ustedes en mi casa?
- Estábamos volviendo del viaje, y empezó a nevar. Un ciudadano dijo que se avecinaba un fuerte temporal de nieve, y estábamos relativamente cerca de aquí, por lo que nos refugiamos aquí. Pero la nevada no afloja, así que lo más seguro será quedarnos esta noche.
- Entiendo. Sí, está bien, no hay problema… Mientras no desacomoden mucho las cosas.
Stan rodó los ojos mientras sonreía, Xeno era demasiado previsible.
- Hay comida y suficiente leña, que luego tendrán que reponer. Y no se les ocurra acostarse en mi casa vestidos con sus ropas sucias.
- Oye, tampoco digas "sucias". De todas formas estamos sin ellas, se están secando –Miró a Kohaku de reojo, y se giró para darle la espalda y hablar en confidencia en inglés, con una sonrisa llena de diablura– A Kohaku no le queda nada mal tu camisa, qué lástima que todavía no haya smartphones con cámara para mostrarte.
- ¿Qué…? –Su turbación fue evidente, mientras se hacía una imagen de la situación completa– ¡Stan!
- Sólo digo. Te dejo trabajar, supongo que mañana nos volveremos a ver.
- No, espera… El temporal que se avecina esta noche de verdad va a ser muy fuerte, lo hemos comprobado, y se esperan más nevadas al menos el día de mañana. Es probable que haya una acumulación de nieve de hasta veinte centímetros en algunas zonas, no será buena idea moverse.
- ¿Estás diciendo que mejor nos quedemos aquí hasta que se derrita la nieve o que alguien pueda venir a buscarnos de forma segura? No me molesta y no estoy apurado, pero Kohaku y yo somos resistentes, podemos intentar volver en cuanto mejore un poco.
- ¿Para qué arriesgarse? Y si algo pasa o luego se enferman, eso no será nada elegante. Hay provisiones para varios días.
- De acuerdo, entonces nos quedamos aquí –Sonrió a medias– Será como revivir la experiencia del cohete, sólo que aquí tendremos menos cosas para hacer aún.
- Se las arreglarán, aunque me temo que a la enérgica Miss Kohaku no le gustará tanta pasividad.
- Ya lo veremos.
Luego de despedirse, Stan cortó la llamada, y le confirmó a la joven que iban a quedarse allí no sólo por esa noche, sino probablemente el día siguiente también, por el inoportuno temporal. La mirada alrededor que Kohaku dedicó a la casa bastó para evidenciar que se estaba preguntando qué haría con tanto tiempo libre, cuando encima esa no era su casa y no tenía sus pertenencias. Él la entendía, se encontraba en la misma situación, por lo que se imaginó que al menos iban a recuperar mucho descanso y dormir largamente.
Una hora más tarde se fijaron en la cocina qué había para cenar, y encontraron afortunadamente varias latas de conservas de carnes y vegetales, aceite, huevos, mucha harina de maíz y arroz, además de unos vegetales deshidratados. Stan se ofreció a cocinar, lo cual le vino genial a Kohaku ya que ella no tenía esa práctica con aquellos productos. Se tomó un buen tiempo para preparar un arroz con verduras y algo de carne, además de hacer un sencillo pan de maíz que iba a servirles también de desayuno.
- ¡Mmmm! ¡Huele muy bien! –Exclamó Kohaku, que ya se le había hecho agua la boca– ¡Ja! ¡De verdad sabes cocinar, Stan, qué inesperado!
- ¿Cómo crees que hice para vivir en el siglo XXI, y estos últimos años? Es lo elemental.
- Igual, me sorprendí. ¿Podemos comer de la olla directamente?
- Cuantos menos trastos tengamos que limpiar después, mejor, así que no tengo problema. Y menos mal que no está Xeno aquí para joder con su elegancia y etiqueta –Dijo burlón– Lleva esto a la mesada de la sala, yo voy a buscar las cucharas, vasos y algo de agua fresca.
Una vez listos, empezaron a comer y hundieron sus cucharas en la modesta cena, no podían permitirse ser abundantes con la cantidad para no agotar las reservas antes de tiempo, por lo que al menos compensaba con el buen sabor. Para colmo, los dos eran de buen comer, así que se llenaron con el pan de maíz. Quedaron bastante satisfechos, y disfrutaron de estar allí sentados junto a la chimenea, hasta que la leña se consumió y Stan decidió apagarla, iba a ser mejor irse a dormir. El soldado se detuvo a pensar que no les quedaba de otra que compartir la cama, aunque con lo grande que era y que a Kohaku no solía importarle ni se avergonzaba fácilmente, no creía que hubiese problema. Como pensaba, ella no puso objeciones, pero ni bien entraron al dormitorio, la rubia se estremeció visiblemente.
- ¿No hay calefacción aquí? –Preguntó Kohaku, sentía demasiado fría la habitación.
- Me temo que no.
- ¿Y no podemos dormir en la otra sala?
- Ya apagamos el fuego, y tampoco deberíamos usar demasiado los recursos, en especial si no sabemos cuándo mejorará el clima, tenemos que cuidar la leña que queda.
- Hmm, de acuerdo –Murmuró resignada.
- Ah, y Xeno nos mataría si nos metemos en su cama vestidos y con nuestra ropa usada, por más que se haya secado. Así que tendremos que dormir sólo con la ropa interior –Y continuó, al verla que iba a protestar– No te preocupes, nos vamos a tapar con todas las mantas que podamos.
- Si no queda de otra.
Como la cama tenía sus propias y más pesadas mantas, se sacaron las que cubrían sus cuerpos -lamentándolo porque estaban muy calentitos y cómodos ya- y se metieron en la cama, Stan del lado izquierdo y Kohaku del derecho. A la rubia se le puso la piel de gallina cuando sintió las frías sábanas contra su piel, y tembló de pies a cabeza ante la horrible sensación, lo último que faltaba. No importaba la cantidad de mantas que se pusiera encima, las sábanas estarían frías hasta que se acostumbrara. Se hizo un ovillo, tratando de hacerse una bola de protección y calor con el abrigo. Por su lado, en ese momento fue Stan el que se estremeció cuando quedó casi destapado, el aire fresco contra su piel, además de haber experimentado el mismo fresco desagradable de la tela.
- Oye, no te lleves toda la manta, somos dos aquí.
- ¡Ah! Perdón, Stan, me acostumbré a dormir sola.
- Sólo no jales demasiado, trata de quedarte con tu mitad, no puede separarse en dos la frazada.
Una vez que recuperó su abrigo, Stan se giró de lado, dándole la espalda a Kohaku para evitar la incomodidad de estar tan cerca y con tan poca ropa. No era realmente incomodidad, no le desagradaba para nada, e instintivamente sentir el peso de otra persona en la cama a su lado le traía gratos recuerdos. Por su parte, la joven se encontró con la "pared" que era de pronto la amplia y fuerte espalda de Stan, y le resultaba raro el dormir en esa cama grande con alguien más. Era cómodo, pero se preguntaba si los movimientos de uno u otro al dormir no iban a despertarlos eventualmente, esa era la ventaja de las bolsas de dormir o las camas individuales.
Kohaku no podía librarse de la molesta y fría sensación de la habitación y de las sábanas, incluso la almohada en la que apoyaba su cabeza estaba demasiado fresca todavía. Suspiró resignada, cerrando los ojos para tratar de atraer el sueño. Sin embargo, unos minutos después empezó a percatarse de un agradable y sutil calor cercano, procedente de la espalda de Stan. Era tentador buscar al menos un poco de sentir esa sensación más cálida, por lo que mínimamente se arrastró como una oruga para acercarse. Él no pareció percatarse, quizás hasta estaba dormido, por lo que ella se relajó y cerró los ojos, sonriendo más a gusto de esa peculiar sensación confortable de tener a alguien cerca, no estaba incómoda ni nerviosa, además de que confiaba en el soldado.
Sin embargo, la quietud no duró mucho, cuando de pronto Stan se removió y acabó chocándose contra ella, de lo cerca que se había puesto la joven. Se sobresaltó y abrió los ojos, girando la cabeza para sorprenderse al encontrarla tan cerca, y que lo miraba apenada.
- ¡P-Perdón! –Se disculpó, muy sonrojada, avergonzada de que al final él se diera cuenta– Me acerqué porque sentí el calor de tu cuerpo, sólo eso, no quería invadir tu espacio… Yo…
- Está bien, no te preocupes –La calmó, notando lo nerviosa que se había puesto. Se giró para quedar frente a frente con ella– ¿Tienes frío todavía?
- Sí… Con mi vestido no suelo pasar frío porque es de cuero animal, y lo mismo con mis abrigos y mantas, me acostumbré así pese a lo "moderno" de estas telas y camas. Pero aquí no logro entrar en calor.
- Entiendo. Hay algo que podemos hacer, si no te incomoda. Es una forma comprobada, y la más efectiva para ayudar a templar a alguien.
- ¿De qué se trata?
- Compartir calor corporal mediante cercanía, en un abrazo o algo así –Intentó decirlo lo más casual y serio que pudo– Funciona mejor con poca ropa como estamos nosotros, ya que así se transfiere con más facilidad el calor de un cuerpo a otro, del más cálido al más frío.
- Ah… ¿Dormir abrazados, dices? –Preguntó con duda, creyó entender eso.
- Sí. Si no estás segura o te incomoda no te preocupes, no te sientas presionada. A mí no me molesta, y es lo único que se me ocurre para ayudarte.
- Hmmm… Bueno –Aceptó, sin pensarlo demasiado– Algo así pensé antes, cuando me fui acercando a ti sentí calor, funcionó.
- ¿Segura que es sólo por eso que quieres acercarte tanto a mí y que te dió calor cuando lo hiciste? –Bromeó Stan con tono acaramelado y juguetón, provocándola.
- ¿Qué…? ¡Ay, calla! –Se sonrojó furiosamente, y se alejó de él, indignada, volviendo a hacerse un ovillo– Olvídalo, voy a entrar en calor sola tarde o temprano.
- Era una broma, ven aquí –Rió Stan suavemente, y la jaló para acercarla a su cuerpo, abrazándola con fuerza para vencer la resistencia temperamental de ella– Necesitas entrar en calor, y es cierto que entre dos es más fácil lograrlo y mantenerlo, ya que no tenemos otra fuente.
- Bueno… Pero compórtate.
Luego de atraparla en sus brazos y que ella ya no se resistió, el rubio respiró profundamente, y se quedaron los dos quietos y tranquilos un rato. Stan sonrió un poco contento, tenía que admitir que era agradable y se sentía bien esa calidez y esa cercanía, así como los buenos y tiernos recuerdos de abrazar suavemente a una mujer. Le generaba un poco de ternura esa nueva faceta de Kohaku, siempre ella era tan independiente, enérgica y directa, que se relajara y se mostrara así de confiada y hasta un punto vulnerable. Instintivamente le despertaba protegerla y cuidarla, asegurarse de verla bien. Respiró profundamente, la calidez empezando a darle sueño, por lo que adelantó las piernas al buscar acurrucarse más contra ella, hasta de que de pronto se sobresaltó.
- ¡Ah! –Jadeó Stan sonoramente, con una inspiración brusca, como si se hubiera asustado.
- ¡¿Qué pasó?!
- Tus pies… Están congelados, mujer
- ¡Perdón! ¡Te dije que tenía frío! –Rozó los de él una vez más, y pudo verle a pesar de la oscuridad los ojos entrecerrados y guardando otra queja– Es injusto, los tuyos están calentitos.
Stan suspiró, y la miró en silencio, para al fin apiadarse de ella.
- Si quieres puedo frotar tus pies entre los míos, a ver si con la fricción generas un poco más de calor.
- ¿Podrías hacerlo? –Lo miró con ruego– Lo que sea para librarme de este endemoniado frío. Si tuviera algo más de ropa quizás no estaría tan congelada.
- Como si me quedara otra opción, si me pones esos ojos de cordero degollado.
- ¿De… qué? –Preguntó Kohaku, que nada de eso tuvo sentido para ella, y apenas contuvo una risa burlona.
- Es un decir, no le des vueltas. Es como los chistes, pierde la gracia si los explicas.
- No, pero… ¿Cómo es la mirada de un cordero degollado? –Insistió, jocosa.
- Así como la tuya ahora, ya –Contestó Stan, empezando a avergonzarse de haber usado esa frase.
- Pero si al cordero lo degollan, pierde la cabeza. Así que… ¿cómo es que tiene le ves la expresión, si ya no tiene la cabeza?
- Buen punto, nada mal. Pero cállate, o te dejo morirte de frío y esos cubitos que tienes por pies van a quedarse así –Amenazó, aunque sonriendo un poco.
- No vas a poder hacerlo, ahora que expusiste tu debilidad.
- ¿Mi debilidad? No tengo debilidades –Declaró con soberbia.
- ¿Ah, no? –Dijo con malicia– ¿Qué tal esto?
Rápida, Kohaku aprovechó que tenía las manos frías también para apoyarlas en el torso de Stan, al mismo tiempo que hizo lo mismo con las plantas de los pies en los muslos de Stan, quién jadeó de frío y soltó un insulto ante la repentina sensación.
- ¡Aléjate! ¡Mujer Yeti! –Stan le atrapó las manos para que no lo volviese a tocar, mientras trataba de alejar sus piernas del alcance de ella.
- ¡¿Qué es un "Yeti"?!
- Es un gorila gigante que vivía en las nieves –Explicó con burla.
- ¡¿Tú también con eso?! ¡No soy una gorila!
- Si sigues peleándome así de fuerte y toda fría, no estás muy lejos, mujer Yeti.
Ante eso, Kohaku se lo pensó dos veces y dejó de forcejear, aunque hervía por dentro. En su lugar, soltó su indignación y se mostró herida por el poco caballeresco comentario -Stan nunca la había llamado así antes, eso sólo era un feo apodo de Senku y Chrome- al darse vuelta y arrastrarse al borde de la cama, jalando con fuerza todas las mantas para cubrirse ella, dejando a Stan totalmente destapado. El soldado siseó al instante por el aire fresco que recorrió su cuerpo, pero como ella no le había contestado ni siguió moviéndose, se le quedó mirando con culpa de haberla molestado, no se esperaba que ella fuera tan sensible a los chistes burlones, había sido bastante divertido hasta ese momento, lo cual también era inusual entre ellos.
- Hey… Kohaku, ¿de verdad te enojaste por eso? –Preguntó, dudoso.
En lugar de contestar, la rubia se hizo un ovillo más apretado. Si alguien que nunca había escuchado ese apodo también le decía algo parecido, era porque ella debía de estar actuando así. Estaba molesta con él, pero más consigo misma, era evidente que ella no era alguien que supiera bromear ni tolerar bromas, el humor no era lo suyo.
- Perdón, no quise ofenderte –Continuó Stan– ¿Tregua de paz?
- No me gusta que me traten de gorila, leona o cualquier otro animal salvaje sólo porque soy fuerte. Soy una mujer, ¿no puedo simplemente ser una mujer fuerte?
Stan entendió que sí había sido eso lo que le había dolido a su compañera, y no podía negar que tenía la razón. Estiró una mano para apoyarla sobre la espalda de ella por encima de las mantas, a modo de suave caricia de consuelo.
- Sí, eres una mujer fuerte, y tu fuerza ayudó a salvar a la humanidad –Reconoció con tono sereno– No volveré a bromear con eso si no te divierte, no era mi intención herir tus sentimientos, Kohaku.
Luego de unos segundos, la joven soltó la férrea posesión de las mantas, permitiendo recuperar a Stan "su parte". Una vez bien tapado nuevamente, el soldado se le quedó mirando, esperando que ella decidiera voltear una vez más. Tentando su suerte, y la paciencia de la joven, quiso hacer las paces y se acomodó detrás de ella aunque sin invadirla, rodeándola muy suavemente por encima del abrigo, invitándole de esa forma indirecta a que volvieran al plan original de compartir la cercanía para que el calor corporal de ambos ayudara a que se le pasara el frío.
- ¿Estarías más cómoda de frente o de espaldas a mí? –Preguntó el soldado– Si no te molesta, de frente puede ser la mejor opción, ya que el cuerpo irradia más calor por el pecho, cara y abdomen que la espalda.
Al escuchar eso, Kohaku se giró lentamente, todavía en silencio. En un gesto conciliador, Stan sonrió y abrió sus brazos para animarla a acercarse, y así quedaran ambos más centrados en la cama. Cuando ella finalmente se quedó a un palmo de distancia de él, bajando un poco la cabeza para no mirarlo a los ojos, el soldado completó la distancia que los separaba y la rodeó con sus fuertes brazos colándolos por debajo de las mantas, y así transferir su calor con más eficacia.
Kohaku agradeció la oscuridad que los rodeaba para no evidenciar su repentino sonrojo, nunca había estado tan cerca de Stan de esa forma, y por más que fuera algo inocente y con el objetivo de lidiar con el frío alrededor, una parte de ella empezó a ser consciente de que estaban semi desnudos y compartiendo la misma cama. Juntó sus brazos flexionados y los acercó a su pecho, de esa forma al menos no tenía que pensar en si devolverle o no el abrazo, o si se pondría más o menos cohibida con eso. Sin embargo, no tardó en darse cuenta que lo que decía el hombre era bien cierto, podía sentir con mucha más claridad el calor que emanaba el cuerpo de él, y podía sentir su cálida respiración soplando junto a su frente.
- ¿Estás mejor, se te pasó un poco el frío? –Preguntó Stan en un susurro.
- Sí.
- Podemos dormir así para mantenernos calentitos y dormir mejor, aunque eres libre de alejarte en cuanto quieras.
- Está bien., sí.
El rubio acomodó ligeramente su cuerpo, y sus piernas volvieron a chocar con los fríos pies de Kohaku. En lugar de bromear o volver a acotar sobre eso, lo dijo con tranquilidad y confianza.
- Voy a hacer lo de frotar nuestros pies a ver si también entran en calor así, es más difícil dormir cuando los sentimos fríos.
- Gracias –Murmuró la joven, estirando sus piernas para que estuvieran más alineadas con las de Stan y así facilitarle la tarea.
El soldado empezó a mover sus pies en forma de una suave caricia alrededor de los pies y pantorrillas de ella, y no tardó en soltar una breve risa por lo bajo, tenía su gracia y un poco de torpeza hacer eso, además de que sentía unas ligeras cosquillas. No fue el único, ya que percibió que Kohaku estaba sonriendo también, aunque tratando de contener su risa. Aliviado con que ella había recuperado el humor, y reconociendo lo gracioso y a la vez hasta tierno que era eso, Stan dejó salir una risa más audible, aunque con la boca casi cerrada. Eso contagió y relajó a la rubia, que también se tentó y dejó salir unas risillas.
Pasaron unos breves minutos en que ambos reían tontamente, el soldado eventualmente logró sincronizar sus pies de una forma más fluida y que parecía más un masaje, y ya podía sentir que los pies de Kohaku habían tomado una temperatura más pareja con la de él. Si se preguntaba cuándo había hecho algo así con una mujer anteriormente, la respuesta era probablemente "nunca", y lo más asombroso era ese nivel de simple ternura y hasta intimidad aunque no hubiera una intención romántica entre ellos. No eran más que compañeros y colegas, quizás podían considerarse amigos ya, y sin embargo allí estaban, acurrucados durmiendo juntos apenas en ropa interior -aunque eso por fuerza mayor de que no tenían unas condiciones más apropiadas y decentes-, haciendo esas cosas que podrían considerar casi bochornosas ya que no tenían el grado de confianza e intimidad para eso.
A pesar de esa aparente realidad, Stan no podía ser hipócrita y negar que no la había apreciado más de una vez como una hermosa mujer, Kohaku tenía no sólo un rostro fino y bello, sino que su figura atlética y a la vez curvilínea y generosa en los mejores lugares rozaba la perfección. Si a eso le sumaba su increíble agilidad, velocidad y fuerza, era casi increíble, apenas había conocido un par de mujeres que reunieran todas esas características en la misma persona. Pero siempre la había considerado y tratado con respeto y compañerismo, nada más, quizás porque una parte de él no lograba reconciliarse con el hecho de que en el pasado habían sido enemigos y le había disparado por cumplir con su misión, y simplemente habían pasado página, nunca le había preguntado si ella lo había perdonado por eso.
Posiblemente tenía su respuesta sin palabras allí mismo, dudaba que Kohaku, más con lo honesta y directa que era siempre, albergara algún resentimiento hacia él, y a la vez le permitiera esa confianza y cercanía, brevemente amenazada cuando él le había herido su orgullo femenino. Cuánta fuerza y sensibilidad albergaba esa joven, era digna de admiración y de interés, sin dudas. Junto con la conclusión de sus pensamientos fue que notó que al fin la rubia estaba ya bien calentita de pies a cabeza, y suspiró aliviado.
- Gracias, Stan, me siento mucho mejor –Murmuró ella, y se animó a quitar los brazos del frente de su pecho, bajando al fin sus defensas.
- Me alegro. Yo también me siento mejor.
- No… No me molesta quedarnos así –Admitió un poco sonrojada– Si dices que ayudará a que no nos vuelva el frío.
- Así es. Mientras mantengamos el calor, dormiremos mejor.
- Bien, confío en eso entonces.
- Buenas noches.
- Para ti también.
Quedándose al fin quieto, Stan se acomodó a una posición más cómoda y flexionada de todo su cuerpo, y mantuvo un abrazo suave alrededor de los hombros de Kohaku, que alcanzó a apoyar su cabeza rozando el pecho de él. Los cuerpos de ambos estaban enfrentados cerca y sin tocarse más, excepto las piernas que habían quedado ligeramente entrelazadas. Con los ojos cerrados, sintió cómo ella se movía cada tanto para acomodarse, le pareció que estaba permitiendo relajarse poco a poco, lo cual lo hizo sentir bien, dejaba un buen sabor saber que confiaban en él. Se dejó vencer por lo confortable que se sentía, una paz y bonita serenidad, era increíble cómo podía cambiar el ánimo una simple cercanía y abrazo.
Cuando Kohaku volvió a abrir los ojos, la luz natural de un nuevo día llegó a ella, aunque era una luz más bien gris y opaca, que no invitaba a levantarse enérgicamente para ver lo que deparaba el día. Sin embargo, dicha luz fue suficiente para revelar su situación. Si bien sabía que se había quedado dormida muy cerca de Stan, a causa del eficiente método de compartir calor corporal que la ayudó mucho, era muy distinto verlo con toda claridad. Empezó a sentir su propio cuerpo a medida que despertaba, y con ello sintió también el peso de la mano grande del soldado sobre ella. Él se veía profundamente dormido todavía, y el brazo que había quedado rodeando el hombro de ella por la noche se había deslizado hacia abajo, cómodamente apoyado en la cintura de la joven, anclado allí gracias a las curvas del cuerpo.
La rubia sintió su corazón dar unos latidos más fuertes y rápidos al percatarse de aquello, en especial porque se sentía natural e íntimo, nunca había despertado con un hombre abrazándola, fuera o no intencional con cariño. Como estaban ambos tapados hasta el cuello, levantó la cabeza y la mirada lentamente hasta encontrarse de frente a la de Stan, y pudo contemplarlo discretamente. Si bien él siempre solía mostrarse sereno, tenía una expresión de total relajo, sus carnosos y cincelados labios entreabiertos mientras respiraba suavemente, sus largas y tupidas pestañas parecían aún más largas, y su flequillo largo cayendo a un lado. Era guapo, muy guapo.
No sabía si moverse o no, no solía quedarse remoloneando en la cama, ella era más de abrir los ojos y levantarse al instante, con las energías renovadas para empezar el día. Sin embargo, esa vez no sólo dudaba si hacerlo para no despertarlo, sino porque de verdad se sentía muy bien estar descansando así, para variar. Un bostezo surgió de pronto de ella, y con ello un breve estremecimiento de su cuerpo entre la rigidez y el posterior estiramiento de desperezarse instintivamente. No pudo evitarlo, y eso bastó para despertar al hombre a su lado, que se removió y emitió un gemido bajo y ronco, mientras batía sus pestañas al abrir los ojos adormilados. Kohaku se sintió culpable de despertarlo, pero quedó inmediatamente atraída por esa mirada color esmeralda que había conectado con sus ojos, inspiró profundamente al quedarse viéndose mutuamente mientras él despertaba del todo.
Stan empezó a situarse en dónde estaba, todavía confundido y arrastrado por el sueño, además de que se sentía como flotando de tan relajado y calentito que estaba, demasiado a gusto. A su vez, era tan raro el darse cuenta que estaba despertando en la misma cama que Kohaku, agregando que se percató de que no se habían separado de la cercanía y del abrazo en toda la noche. Le estaba dando la impresión de que habían dormido más horas de lo habitual, todavía no lo sabía, pero la latencia de su cuerpo por el profundo estado de relajación así lo hacía parecer. Incluso era muy raro para él quedarse dormido de más, tantos años de acostumbrarse a despertar al alba, su reloj biológico lo hacía madrugar, pero curiosamente había "fallado" esa mañana.
Cuando al fin sus ojos se aclararon, se encontró mirando fijamente los grandes y de color aguamarina tan cristalinos como un lago de Kohaku, era fácil perderse en ellos, más estando adormilado y tan tranquilo. De hecho, hacía mucho tiempo que no experimentaba tanta paz, ni urgencia por despertarse y disponerse a trabajar o a entrenar. Y más curioso aún, era lo cómodo y normal que se sentía estando así, como si fuese algo habitual despertar junto a ella, y no la primera vez en su vida, al menos de esa forma. También era la primera vez que despertaba junto a una mujer pero sin que hubiera pasado absolutamente nada romántico o sexual, pura inocencia. Eso lo hizo sonreír por dentro, aunque su gesto se reflejó en la comisura de sus labios y en el brillo de sus ojos.
- Buen día –Saludó Stan con voz suave y una cálida sonrisa.
Kohaku tardó un poco en responder, sus labios se habían entreabierto, pero ninguna palabra había salido de su boca, ya que por un instante se había quedado como hipnotizada con el inesperado tono tan suave y esa expresión de él, que recién en ese momento quitó su mano de encima de ella.
- B-Buen día.
- ¿Dormiste bien toda la noche?
- Sí, no me desperté, descansé muy bien.
- Yo también. Me siento como si hubiera dormido un día entero, y ahora tampoco quiero levantarme.
Kohaku entrecerró los ojos mientras miraba la pequeña ventana que tenía enfrente, detrás de Stan.
- Hmm, no tenemos mucho que hacer de todas formas, sigue nevando, como había anticipado Xeno.
- Eso significa que tenemos otro día completo aquí.
- No lo odio, pero no sé qué hacer con tanto tiempo libre y tan quieta.
- Si hay algo que yo siempre odié, fue levantarme los días que empezaban oscuros. Así que hoy tengo la excusa perfecta para no hacer nada, sin presión.
- Disfrútalo entonces, yo voy a levantarme e iré calentando la casa con el fuego de la chimenea.
Kohaku se giró para el otro lado y se sentó, estremeciéndose un poco al sentir el fresco de la habitación contra su piel, inmediatamente extrañó el abrigo y el calor de la cama. Buscó la cobija que había dejado a un lado la noche anterior, y se cubrió enteramente con ella, caminando luego hacia la sala. Encontró su ropa extendida, y comprobó con alivio que ya estaba todo seco, por lo cual pudo vestirse con todo eso, dejando a un lado la manta. Pensó en abrir la puerta para chequear qué tan grave había sido la nevada, pero le bastó con mirar por la ventana al frente de la casa para saberlo, y quedó boquiabierta: La estrecha calle parecía cubierta por un colchón de nieve blanca e impoluta, las casas, árboles y todo lo que allí había tenía una capa de un par de centímetros por encima. Pocas veces en su vida había visto tanta nieve junta lejos de un bosque o una montaña, de verdad que no había chance de que volvieran al reino científico ese día, probablemente tampoco el siguiente, ya que encima el cielo seguía amenazando con seguir dejando caer más de la nevada.
Resoplando resignada, se dispuso a echar leña en la chimenea y encenderla con fuego, la casa estaba helada. Quería darse un baño caliente, aprovechando que Stan seguía dormitando, así desayunaban luego juntos un té y las sobras del pan del día anterior. De camino al baño, para preparar el agua caliente, dobló la ropa del soldado que también estaba seca, y se la llevó, apoyándola a los pies de la cama, del lado vacío que ella había dejado.
- Gracias, Kohaku.
- De nada. Pensé que estarías dormido otra vez.
- Era la intención, pero no tengo nada de sueño. Ya me imaginaba que no podía ser tan fácil, demasiada costumbre de disciplina y actividad.
Stan dijo eso, pero también había una pizca de otra cuestión: En cuanto la joven se había ido de la cama y la habitación, algo cambió y ya no estaba tan motivado a seguir durmiendo, hasta le estaba empezando a parecer aburrido y una pérdida de tiempo.
- Te entiendo, me pasa igual. Me voy a dar un buen baño, luego si quieres puedes hacerlo tú, así desayunamos después de eso.
- Bien. En el segundo o tercer cajón del armario hay toallas
- Gracias.
Kohaku buscó y encontró una, y se fue a dar ese ansiado y delicioso baño, que fue tan bueno como lo imaginó, le calentó el cuerpo maravillosamente, por fuera y por dentro. No quería salir, pero tenía que dejarle el lugar a Stan, así que se quedó unos pocos minutos más y luego se secó y vistió. Mientras lo hacía, le llegó un aroma delicioso a comida, lo cual fue inesperado. Salió del baño, curiosa.
- ¿Stan? ¿No ibas a bañarte, y luego desayunar? Eso no es olor a desayuno.
- No, es almuerzo. Mira la hora –Contestó, señalando con el cucharón el reloj que colgaba de la pared– Quería tener el desayuno listo para cuando salieras del baño, pero me pareció un poco tarde para eso, de paso ahorramos comida y unimos ambas.
La rubia miró el reloj y quedó boquiabierta, eran las doce y media del mediodía. Nunca en la vida se había despertado a esa hora, excepto alguna vez que había tenido una fiebre alta, o se recuperaba de algún malestar fuerte.
- ¿Tan tarde? No sé cómo sucedió eso.
- Ni yo. Aunque si le buscamos una explicación lógica, acabamos de volver de un continente al otro lado del mundo, exactamente la hora opuesta aquí. Quizás era lo que necesitábamos para volvernos a acomodar.
- Sí, será eso. ¿Te ayudo?
- Con los vasos y el agua, si vamos a volver a comer de la olla no hay mucho que preparar además de eso.
Un rato después la comida estaba lista, y disfrutaron el rico almuerzo igual que la noche anterior, delante del fuego de la chimenea, aunque en esa ocasión estaban los dos ya vestidos normalmente. Stan prefirió bañarse por la tarde, no le gustaba hacerlo con el estómago lleno, y luego de comer tuvieron otra vez la sensación de no saber qué hacer para pasar el tiempo. Como esa era la casa de descanso de Xeno y él vivía solo allí, no había muchas cosas entretenidas, y a pesar de los avances tecnológicos y de comunidad, la prioridad había estado en hacer las ciudades con los servicios básicos cubiertos, por lo que no se habían dedicado al entretenimiento todavía. Tampoco podían salir, por lo que sus únicas dos opciones fueron conversar entre ellos o dormir, además de limpiar un poco la casa.
Entre la limpieza, Stan encontró un mazo de cartas de póker, lo cual fue como un oasis en el desierto. Se las mostró a Kohaku con alegría, hasta que ella reconoció que no sabía ningún juego de cartas, siempre miraba a otros jugar. Eso lo frustró un poco, pero se solucionaba fácilmente, enseñándole las reglas de un par de juegos, al menos ella tenía una excelente memoria, era astuta, y era buena en la matemática básica, por lo que dedicaron la tarde a entretenerse de esa forma, y se divirtieron bastante.
Antes de cenar el soldado se dio su merecido baño, y luego chasqueó cuando por la ventana vio que había vuelto a empezar a nevar, y fuerte, justo que a la tarde se había detenido. Al menos tenía unos atados de cigarrillos más para calmar su frustración y ansiedad por el encierro forzado, aunque desde el entrenamiento de astronauta que había empezado a fumar un poco menos, ya que necesitaba toda la fuerza de sus pulmones sanos, y luego ya se había acostumbrado a mantener esa cantidad diaria más saludable y que a la vez lo mantenía satisfecho.
Al igual que la noche anterior, esperaron a que la leña estuviera a punto de consumirse por completo para irse a dormir. También era agradable cómo compartían ese rato de la cena y hasta acostarse, charlando de sus vidas antes de conocerse, o comparando lo que estaban haciendo en el castillo a la par que desarrollaban el reino científico. Tenían muchas cosas en común en la forma de ver la vida y sus valores, quizás no tanto en cómo hacían las cosas, ya que Stan era mucho más calmo y observador, estratégico y preciso, mientras que Kohaku era mucho más impulsiva e improvisada, le gustaba más la acción que pensar. A pesar de los años que ya se conocían, ambos se dieron cuenta que no lo hacían en profundidad hasta ese entonces, lo cual volvió más grato ese intercambio.
- Bueno, mucha charla por hoy, guardemos algo para mañana, que nos espera otro día de reclusión –Dijo el rubio, poniéndose de pie con agilidad.
- ¡Ja! Si no quieres hablar voy a patearte el trasero ganándote con las cartas, ahora que aprendí bien
- Oooh, nada mal, me gusta ese espíritu competitivo, la discípula retando al Maestro. Quizás si te animas podemos apostar algo.
- ¡Acepto el desafío!
Con una sonrisa cómplice, finalmente se dirigieron al dormitorio, ya mentalizados en lo difíciles que iban a ser esos primeros momentos de calentar las frías sábanas contra sus cuerpos tan desvestidos. El soldado se metió primero, estremeciéndose y siseando con desagrado, lamentando que no le quedara la ropa de Xeno, tampoco la de dormir. Lo que lo sorprendió mucho y le hizo olvidar todo eso, fue que Kohaku no dudó en acercarse y acurrucarse contra él apenas se metió en la cama, tal como se habían quedado dormidos la noche anterior. Se quedó muy quieto por unos segundos, genuinamente sorprendido, y sintió cómo sus mejillas aumentaron de temperatura al instante.
- ¿Podemos hacer esto otra vez? –Preguntó la rubia sin mirarlo.
- ¿Primero haces y luego preguntas? –Re-preguntó Stan, con humor.
- Es que luego sentí que te pusiste rígido –Murmuró con pena– No quiero molestar ni ser pesada, perdón…
Se arrepintió de su exceso de confianza, y empezó a alejarse, cuando él la detuvo, apoyando rápidamente una mano en la espalda de ella para evitar que se alejara más.
- No lo haces, y no dije que no podemos, tranquila.
Aliviada, Kohaku se relajó y volvió a acercarse a Stan, solamente dudando de qué hacer con sus manos. Sabía que lo más cómodo sería apoyar al menos la superior sobre él, pero no se terminaba de animar, quizás eso sería demasiado íntimo, aunque Stan parecía muy relajado y que no le estaba dando vueltas a las cosas, para él seguro que sólo era ayudarla con lo de entrar en calor y ya. Sin embargo, lo que él continuó diciendo después, con ese mismo tono juguetón y bromista, fue el tiro de gracia para que lo que le hirviera fuera el rostro, aunque de vergüenza.
- Sólo me sorprendí, te acercaste tan fácil y dócil como una cachorrita.
- ¡Agh! ¡Contigo no se puede! –Se quejó, volviéndose a alejar, pero Stan la detuvo a tiempo otra vez, tan rápido que le pareció que había incluso anticipado que ella iba a reaccionar así.
- Es la verdad, no me estoy burlando, me dio ternura –Dijo, ampliando su sonrisa, y sosteniéndola con firmeza de la espalda.
- No sabes callarte, esa es la única verdad –Replicó roja hasta las orejas, que le dijera que le había parecido tierno la había abochornado más.
- Hablo poco normalmente, así que no creo que sea tan así.
- ¡Pero con lo poco que dices, lo arruinas!
Eso silenció a Stan un rato, que parpadeó varias veces, perplejo. ¿Qué… había arruinado? ¿Acaso ella buscaba algo más, y él la había expuesto con esa broma? No, no podía ser, no había percibido ningún tipo de insinuación de su parte, ninguna mirada particularmente dulce. No podía descartarlo, ya que no conocía los sentimientos de Kohaku hacia él más allá del compañerismo y la confianza que le mostraba, pero tenía su experiencia con mujeres como para detectar cuando una estaba interesada en él, que más bien era lo común. Eso también era lo entretenido con ella, que era una de las pocas que no se le quedaba viendo como tonta, y que no se sonrojaba cuando él se le acercaba más.
No podía quedarse callado mucho más tiempo, aunque tampoco sabía bien cómo contestarle. No quería volver a meter la pata, pero tampoco ser indiferente para no herir sus sentimientos, de los cuales sólo podía hacer suposiciones, y probablemente una exageración suya. Kohaku era demasiado honesta y directa como para jugar a las indirectas con él. Por lo tanto, optó por lo más prudente y que no iba a fallar, mientras se proponía ser mucho más observador desde ese momento.
- Lo siento, lo que te dije antes lo pensé como un halago. Es reconfortante saber que confías en mí tanto como para hacer eso, y te agradezco, eres generosa.
Lo había dicho honestamente, a él tampoco le gustaba exagerar o mentir para quedar bien, y una parte suya se ablandó cuando notó que ella se había doblado un poco más sobre sí misma, haciéndose un ovillo para que él no pudiera verla.
- Ya… Cállate –Murmuró la joven.
Si algo no sabía, era aceptar halagos sin ponerse tímida, no estaba nada acostumbrada. Para colmo, Stan tenía esa facilidad en su carácter para ponerse serio y respetuoso inmediatamente, con mucho tacto y siempre correcto, además de su usual buen humor, por lo cual era difícil quedarse indignada o enojada con él. Apenas pudo contener un jadeo de sorpresa cuando sintió que él la rodeaba en un abrazo más contenedor como el de la noche anterior, aunque era gracioso que siempre lo hiciera después de provocarla o molestarla con sus "bromas".
- No diré más, que descanses –Susurró Stan.
Eso bastó para aflojarla, aunque el susurro y el aire caliente de la respiración de él tan cerca le generaron una repentina ola de calor que la recorrió entera, y apretó sus piernas juntas para contener la sensación. Lo peor era que Stan no había sido desagradable ni había dicho algo malo, sólo era ella y su torpeza de que le costaba oír cosas que la avergonzaran. Pero lo que debía ser muy confuso para él, y podía entenderlo, era que la noche anterior se había enojado porque la había tratado de gorila indirectamente, por su fuerza bruta, y esa noche se estaba enojando porque él había hecho lo contrario, considerándola adorable. De ser honesta, prefería mil veces la segunda opción, aunque lo que le molestaba era ese punto de vulnerabilidad que evidenciaba el ser considerada "tierna".
Para no darle el mensaje incorrecto, reunió toda su valentía y aguantó su vergüenza, antes de respirar hondo y apoyar tímidamente su mano en el musculoso brazo de él, como si pretendiera devolverle el abrazo o algo así. No era tan íntimo como tocarle el pecho o la cintura, era un buen punto medio.
- Gracias, tú también –Murmuró.
Ese fue el turno de Stan de quedarse otro tanto boquiabierto, cuando sintió la pequeña mano de ella apoyarse con delicadeza sobre su brazo. Era un toque casual, seguido de un recatado agradecimiento, por lo que no se esperó que le provocara un aumento en la velocidad y fuerza de los latidos de su corazón. ¿Era por el gesto, por la sensación, por la cercanía, por ella…? No lo tenía claro, era la primera vez que se lo planteaba. Pero sin dudas le destapó algo, ya no podía ser indiferente, y tenía que admitir que no sentía rechazo, sino curiosidad, y unas instintivas ganas de abrazarla un poco más fuerte, ya fuera empatía, consuelo o algo más de su parte, tampoco iba a desentenderse de sí mismo. Por esa noche lo dejó estar, no quería darle más vueltas, aunque no podía ni imaginar el embrollo de pensamientos y emociones que dejaría de tarea para el día siguiente.
Durante la noche, probablemente debido a que su sentido de vulnerabilidad la había dejado más expuesta, Kohaku despertó de pronto y confundida, aunque no tardó más de un segundo en darse cuenta de por qué: En ese mismo momento, en aparente inconsciencia mientras dormía, Stan se estaba removiendo y acomodando en la cama, y como estaban tan cerca ella lo había percibido. Sin embargo, la rubia ahogó un jadeo cuando sintió el preciso momento en que él inspiraba profundamente y la abrazaba por la cintura con fuerza, acercándose a la vez hacia ella, por lo que sus cuerpos se juntaron completamente. Ya fuera por el calor corporal compartido, o por la conmoción que le generó, le pareció que ese contacto fue como poner las manos en el fuego, le dio la sensación de que sus pieles juntas ardieron por un breve instante.
- ¿Stan? –Susurró con un hilo de voz, para comprobar si él había hecho eso dormido o despierto.
No encontró respuesta, y él no se movió ni un milímetro más después de eso, por lo que dedujo que estaba dormido. Aún así, no podía aquietar los pulsantes latidos de su corazón, y un calor vibrante recorriéndola. Estaban demasiado cerca, demasiado. No sabía si despertarlo, o si alejarse ella haciéndose la dormida, para evitar la incómoda situación y no exponerlo. Era eso, o quedarse quieta, y no hacer nada más que eventualmente relajarse. Tragó duramente cuando se dio cuenta que le causaba más curiosidad que rechazo, no quería realmente alejarse, ni tampoco generar una incomodidad entre ellos. No cuando ella había sido la que se había acercado a él en busca de calor esa noche, sería injusta si luego lo alejaba por un motivo probablemente igual.
Intentando controlar su corazón desbocado, respiró hondo para tranquilizarse, así como trató de relajar su cuerpo. Tan cerca estaban, que no le quedó de otra que apoyar su cabeza contra el pecho de él, y dejó que su mano se mantuviera apoyada sobre el antebrazo del rubio, rozando su cintura, hasta que se dio cuenta que era más cómodo dejarla colgar alrededor de la misma. Poco a poco logró calmarse, hasta que fue el suave latido del corazón de él que la invitó a sincronizarse, llamándola después a que el sueño volviera a ella.
Cuando Stan despertó a la mañana siguiente, quedó tanto o más sorprendido que como se había dormido: Kohaku estaba pegada a él, abrazada. No supo en qué momento había cambiado, si ella lo había hecho adrede, aprovechando su "sueño", o si se había dejado llevar inconscientemente, pero allí estaba. Durmiendo profunda, apoyando la mejilla contra el pectoral de él, y abrazándolo por la cintura. Se sonrojó cuando sintió sus cuerpos tan juntos, los pechos de ella se presionaban contra la parte superior de su abdomen. Intencional o no, ya no le cabía mucha duda, Kohaku sentía algo más por él, eso era otro tipo de abrazo al de sólo buscar calor.
No podía creerlo, no salía de su asombro, y más aún le sorprendió que él tampoco quería alejarla, sino lo contrario. Si la rechazaba sería un completo idiota, él mismo había reconocido que le llamaba la atención lo fácil que era llevarse bien y conectar juntos, tanto en lo profesional como compañeros luchadores, como en lo personal, potenciado por esos últimos dos días que estaban compartiendo. Con eso en mente, inspiró profundo, y cerró sus dedos alrededor de la cintura de ella, que ya calzaban en el lugar, curiosamente.
Esa presión extra hizo que Kohaku despertara, parpadeando lentamente hasta que abrió sus ojos, y al instante sus mejillas tomaron calor y color cuando vio que seguía tan cerca de Stan como cuando se había logrado dormir a mitad de la noche, sólo que ya tenía la luz de día para verlo con claridad. Levantó la vista poco a poco, hasta que se encontró por segundo día consecutivo con aquella mirada verde tan brillante y cálida, aunque esa mañana fue ella la que estaba siendo observada.
- Buen día –Saludó Stan con voz aterciopelada, mostrando su sonrisa afloja-rodillas, y en vez de aflojar el abrazo por la cintura de ella, lo reforzó.
Y por segundo día consecutivo, Kohaku quedó torpe e hipnotizada, tuvo que contener su boca de abrirse, con todas sus fuerzas. ¿Qué era esa sonrisa, ese tono de voz tan cautivador, ese toque, ni bien despertaba? ¿Acaso Stan sentía algo por ella, más que una amistad, y se estaba animando a actuar, dado que ella parecía corresponderle con su cercanía física? No podía creerlo, dudaba mucho que alguien como él estuviera interesado en ella, además de que habían estado dos noches juntos, apenas en ropa interior, y él no había intentado nada, ni la había mirado con deseo. El soldado le parecía alguien que estaba fuera de su alcance, muy lejano, y a la vez… A la vez, todo se daba tan natural y relajado entre ellos, que si no prejuzgaba, tampoco podía decir que fuera una locura que pudiera haber un interés romántico eventualmente, eran unas buenas bases.
Pero empezaba a tener sentido, que él ofreciera su cercanía, que la tratara con cuidado, que estuviera atento a su bienestar… Que hubiera pensado de esa forma tierna de ella, cómo no dudaba en rodearla con sus brazos, el "abrazo" en sueños durante la noche, y en ese momento, cómo lo estaba haciendo voluntariamente, hasta con una bonita sonrisa y los ojos cálidos. No podía interpretarlo tan mal, algo de eso tenía que haber, nunca había tenido algo parecido con ninguno de sus compañeros o amigos. Aunque a decir verdad, tampoco había tenido nada romántico con un hombre, por lo cual no podía asegurarlo. Quizás Stan era un hombre simplemente confiado y con mucha ternura por dentro, por más que no lo pareciera a primera vista, relajado y mucho más maduro emocionalmente. De la forma que fuera, le estaba empezando a interesar.
- Creo que no tengo que preguntar si dormiste bien, te veo cómoda –Continuó, con ese mismo tono.
- Lo mismo podría decir de ti –Replicó Kohaku, sonriendo ligeramente a la par, aunque le pareció astuto que él ignorara que había sido el primero en acercarse así.
- Despertarse así no está nada mal, nada mal.
- Hmm, sí –Reconoció en voz baja– Funciona muy bien tu táctica de calor corporal.
- Sí, claro, "mi táctica" –Sonrió burlón. ¿Así que la estrategia de ella era acercarse y justificar todo con eso?
- ¿Por qué lo dices así?
- Nada, nada. Sabes, nada nos apura a levantarnos, podemos quedarnos un poco más aquí –"Así" era más preciso, pero prefería empezar más sutil, a ver cómo reaccionaba.
- Es verdad. Pero yo no soy buena para quedarme quieta en la cama sin hacer nada.
Stan tuvo que respirar hondo y contener su sonrisa pícara, ni decir algo al respecto. En otra ocasión, si ya hubieran tenido un acercamiento más dulce o uno caliente, ese "nada" se transformaría en algo mucho más interesante. Sin embargo por el momento, ella tenía la razón, y no podía justificar de otra forma el que se quedaran juntos en la cama. Siguiente a eso, Kohaku quitó su mano de la cintura de él, y giró su cuerpo sólo un poco, para que ya no se estuvieran rozando. ¿Así que era de las tímidas que no se aprovechaba de la oportunidad? Para todo lo directa que la conocía, era lindo que tuviera también esa faceta. Fluyendo con esa intención, Stan asintió y le dio la razón, tardando unos segundos más en quitar su mano de encima de ella.
- ¿Quieres bañarte ahora, y luego comemos? No sé si será desayuno o almuerzo hoy.
- Sí, está bien. Mejor que sea almuerzo, así ahorramos comida.
Kohaku no necesitaba tanto ese baño inmediato para asearse, como sí para "refrescarse" y pensar. Tal como el día anterior, apenas salió de la cama se cubrió con su cobija, agarró su único cambio de ropa, y se dirigió primero a la sala para encender la chimenea, y luego al baño, donde le dio muchas vueltas a sus pensamientos, decidiendo que se tomaría ese día para observar mejor las actitudes de Stan, y tratar de identificar si las actitudes de él eran casuales, o si había algo más Cuando salió del baño, olfateó el aire pero no parecía haber comida en proceso.
- ¿Tienes hambre? –Preguntó Stan, detrás de ella, divertido cuando la vio dar un salto, desprevenida– Ya que dijiste que almorzamos directamente, y hoy no es tan tarde, preferí bañarme yo también ahora.
- Ah, bien –Asintió, tratando de no desviar su mirada del rostro de él cuando se dio cuenta que estaba bien tranquilo en ropa interior, sin cubrirse con la manta.
- En la mesa te dejé pan de maíz y un té listo en la tetera, sírvete si quieres.
- Oh, gracias...
Con un guiño amistoso, el soldado pasó por su lado y se dirigió al baño. Antes de entrar, se dio vuelta y la llamó.
- No le digamos nada a Xeno, pero pensé que podemos usar los calzones de él mientras lavamos lo nuestro, están en el primer cajón. Luego le compramos otros de repuesto, porque de seguro vamos a estirarlos.
- Buena idea –Asintió con una risilla.
Para que no se enfriara el té que Stan le había dejado preparado, Kohaku fue primero a desayunar, tenía una pequeña sonrisa en el rostro que no se le iba, y ella tampoco se percataba. Luego fue a la habitación a ver eso de la ropa interior, le dio un poco de vergüenza revisar entre la ropa interior del científico, pero era cierto que tenían que lavar la de ellos, ya iban dos días además del viaje que no se cambiaban. El sostén iba a tener que aguantar, tampoco había hecho ejercicio como para sudarlo, y sino no tendría con qué cubrir sus pechos a la hora de dormir, ya que no podía usar su vestido en la cama, y la ropa de Xeno tampoco le cerraba bien ahí.
Eligió uno y se lo probó, frunciendo el ceño cuando sintió lo ajustados que le quedaban, pero no quedaba de otra, tendría que apurarse a lavar sus bragas y quizás podía dejarlas secar más rápido cerca de la chimenea.
Por su parte, Stan disfrutaba del revitalizador baño caliente, especialmente relajado luego de haberse ocupado del tentador despertar de sus partes bajas. Además de lo que se había encontrado a la mañana con Kohaku, y recordar ciertas sensaciones de sus cuerpos tan juntas, el hecho de imaginarla brevemente con la ropa interior de hombre -que en su mente podía imaginar que fuera suya, y no de su amigo- hizo su magia rápidamente. Aunque claro, después de eso sabía que le costaría mucho más mirarla con indiferencia durante la tarde, mientras buscaba desentrañar las verdaderas intenciones de la joven con él.
Terminó su baño, e hizo una mueca cuando se puso los calzones de Xeno, ya que eran unos cómodos boxers, pero a él le quedaban como un ajustado slip, y apretaba demasiado sus musculosos muslos. Ya que iba a comprarle otros, podía hacerle unos ajustes, así que cortó un poco la costura inferior y los lados para que no le apretara tanto. No podía hacer nada por lo otro, que le ajustaba bastante pero no era insoportable, por lo que también se apuró a lavar sus calzones para tenerlos listos cuanto antes.
Como él no era friolento, había hecho esas modificaciones con un cuchillo en la cocina, todavía en ropa interior y con la toalla húmeda colgando de su cuello, y levantó la vista rápidamente cuando oyó un jadeo, y se encontró a Kohaku con los ojos graciosamente abiertos y detenida en su paso, mirándolo.
- Ah, perdona, era más fácil hacerlo aquí que estar llevando y trayendo el cuchillo.
- N-no, está bien, no es problema.
- Ahora están mejor, me apretaban todo –Sonrió satisfecho, y sólo por diablura, puso las manos en sus caderas para lucirse y provocarla, mostrándose de frente y por detrás– ¿Me queda bien?
- Eeh… Sí, supongo. Es lo que hay, ¿no?
Kohaku trató de contestar lo más casual que pudo, luchando con sus mejillas que querían prenderse fuego, mientras el atlético cuerpo de Stan se lucía completo frente a ella, y el maldito le había hecho fijarse especialmente en sus partes privadas, lo cual no había podido evitar de cualquier forma. Esos pantaloncillos parecían una segunda piel, le marcaban todo, y los llenaba a reventar de ambos lados, una imagen que no esperaba encontrarse, menos en ese momento en que estaba empezando a sentir nuevas emociones con su compañero. Aunque podía devolverle el golpe, el desgraciado no iba a divertirse con ella, por lo que jaló el borde de su vestido y lo levantó para mostrarle cómo le quedaban los calzones de Xeno, también girando su cuerpo. Ella no se había atrevido a modificarlos, al menos eran de un algodón elástico y suave, y la tela que cubría su trasero estaba empezando a transparentarse de tan estirada que estaba la prenda.
Sonrió con malicia cuando vio la misma expresión ligeramente boquiabierta de él, también sus mejillas poniéndose coloradas, aunque titubeó cuando vio que él tardó un poco más en mirar a otro lado, era evidente que los hombres eran criaturas visuales, todos.
- Nada mal –Murmuró Stan– Es lo que hay, ¿eh? Bueno, voy a terminar de vestirme.
El estadounidense hizo todo lo posible para no mostrar su sobresalto y controlar su expresión aturdida al girarse e irse de ahí, dejando a Kohaku con una sonrisa de picardía, había logrado su cometido. Si bien comenzaban a llevarse de manera mucho más abierta, demostrandose mayor confianza en cada interacción, era evidente que tras aquella escena ambos habían empezado a dar lugar al atrevimiento y divertida seducción. Mientras caminaba al baño, Stan no dejaba de sonreír y no podía evitar pensar que lo que quedaba de esa estancia juntos allí podría tornarse un poco más interesante, las personalidades fuertes y siempre honestas nunca se contenían, y su instinto le decía que ellos no serían la excepción.
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Buenaaas! Así se presenta y avanza este two-shot de esta bella y potente pareja, y la magia de este fic es que lo estamos escribiendo juntas con mi querida Kawaii Miawgical Girl. Calculamos dos capítulos, uno para que se desarrolle a fuego lento la atracción, y el otro para que explote el amor y la ricura (próximo capítulo, cambia a "M", +18, avisamos)
Gracias por leer, comentar, dejar estrellas, kudos y reviews, y todas las posibilidades que tienen de dar su apoyo y amor a la historia. No sé si lo próximo que se viene será terminar este fic, o actualizar "Otros Caminos", dependerá de los tiempos (aunque el hype no falta aquí jaja), pero no va a faltar amor a esta ship próximamente.
Hasta el próximo capítulo! Buena semana!
