El almuerzo de ese día fue el más silencioso de toda la estadía hasta el momento. No por molestia o incomodidad, sino porque ambos todavía estaban procesando el sutil cambio que se estaba dando entre ellos. Ambos se habían percatado de la búsqueda de cercanía del otro, además de que se estaban permitiendo chistes más en confianza y atrevidos sólo por divertirse. El problema era que dada la "confusión" de la noche anterior, uno creía que el otro era al que se le estaban despertando sentimientos e intenciones más allá del compañerismo que tenían, ignorando su propia parte. Stan, porque no se había enterado que él la había abrazado tan fuerte y con suma cercanía mientras dormía, mientras que Kohaku había sido ambigua con sus expresiones y el atento soldado las había tomado como muestras de interés romántico.
Como resultado de eso, ambos planearon observarse con disimulo durante todo el dia, tratando de buscar más signos que confirmaran su hipótesis de los sentimientos del otro, aunque lo cierto era que en ese caso ninguno iba a responder con indiferencia. Durante el almuerzo, eso llevó a que empezaran a ser mucho más atentos entre ellos, sus miradas cada tanto encontrándose, y ante eso había tanto pequeñas sonrisas como miradas huidizas, no queriendo ser tan evidentes. Como no podía ser de otra forma, eso no hizo más que alimentar la suposición de que el otro estaba tan interesado que no podía dejar de mirarlo.
Para Stan el hecho de ser tan observado o que una mujer gustara de él no le resultaba novedoso, más bien era a lo que más estaba acostumbrado, aunque le sorprendía que Kohaku lo hiciera, no había mostrado ese interés durante esos años desde que se habían aliado. Aunque tampoco habían sido tan cercanos antes, eso estaba marcando la diferencia. No sabía si era indiferencia o simplemente mucho recato en ese tema, ya que creía no haberla visto de forma romántica con un hombre. Sí la había visto bastante cercana y cómoda con Tsukasa, dos guerreros afines, y que el siempre estoico lancero Hyoga -que él había disparado a quemarropa- era especialmente paciente e indulgente con ella, pero nada más que eso. O no se mostraba y era privada con sus afectos, o de verdad era una mujer sin vida romántica.
Por su parte, él sí había salido con algunas mujeres, aunque ninguna lo había cautivado como para seguir con algo más serio. Estaba bastante seguro de que Charlotte sentía algo más que admiración por él, y había considerado invitarla a salir, pero la rubia se mostraba tan rígida y era pura alabanzas con él, que al final desistió. Prefería una mujer que representara un desafío y fuera interesante seducirla y conocerla, no una que ya estuviera entregada en bandeja y adorándolo desde el principio. Y eso mismo era lo que empezaba a gustarle de Kohaku, si recapitulaba: Que no babeaba abiertamente por él, era segura y confiada, siempre sonriente y amante de los desafíos, un bellezón especial, muy habilidosa e intuitiva, y también tenía ese punto de timidez y vulnerabilidad de su inocente corazón. Aunque claro, a la vez no había tenido problema en mostrarle desfachatadamente los calzones de Xeno que llevaba puestos por el momento, eso le había hecho mucha gracia, y la forma en que había confiado al compartir la cama y la cercanía con él desde la primera noche… Qué chica intrigante, no estaba nada mal.
Por su parte, Kohaku estaba empezando a no saber manejar bien las imborrables pequeñas sonrisas y las miradas de Stan, tenían algo que le hacían difícil ignorarlas. Para colmo, se percataba de que el soldado la miraba cada vez más seguido, siempre en silencio y con disimulo, y no podía más que preguntarse por qué, qué debía hacer con eso, si seguirle el juego y ver lo que pretendía, o si ignorarlo y esperar a que él se decidiera a hacer algo. Cuando sus ojos se encontraban, él no hacía la mirada a un lado, como si hubiera sido atrapado, sino que mostraba una mínima sonrisa. Sus pensamientos fueron interrumpidos en ese momento por la voz de Stan.
- Sigue habiendo una montaña de nieve afuera, el temporal se extendió bastante. Ya que vamos a estar al menos otro día más aquí, podríamos hacer el cambio de poner el sofá cerca de la chimenea, y dejar esa mesa enorme que no usamos mucho detrás, ¿qué te parece?
- Está bien. Mejor que estar sentados en el piso o en cojines para estar calentitos frente al fuego, ya que hay más comodidad.
- Bien, hagámoslo ahora entonces.
Luego de lavar los trastes del almuerzo, levantaron el sillón gracias a la fuerza de ambos, y lo cambiaron de lugar con la decorativa y enorme mesa baja, poniéndolo a una prudente distancia de la chimenea, aunque lo suficiente para recibir el calorcito de esta. Satisfechos con el almuerzo, agarraron una sola cobija grande y se sentaron cómodamente en el sillón, compartiéndola. Stan seguía vestido con parte de su uniforme, su camisa blanca y pantalones, mientras que Kohaku se lo pasaba con su vestido azul, cubriendo parte de su cuerpo con el abrigo de piel del mismo color. Se tapó las piernas descubiertas con la manta, agradeciendo la calidez y suavidad extra del material.
- No, no, esto hay que hacerlo bien, no puedes taparte simplemente así con una cobija de sillón –Dijo Stan.
- ¿Eh? ¿Por qué está mal?
- Porque no estás aprovechando todo su potencial, se nota que te faltan siestas así. Mira.
El soldado estiró los brazos para agarrar el mayor largo posible de la amplia manta, y la sacudió una vez para que la tela se extendiera por completo y cayera sobre ellos. Primero "arropó" a Kohaku, subiéndole la cobija hasta el cuello, y luego se la acomodó él también para estar igual, y asintió, con una sonrisa satisfecha y casi infantil.
- Así está mucho mejor, ya vas a ver cómo te dan ganas de cerrar los ojos en cualquier momento.
- ¿Otra vez vamos a dormir? –Preguntó la rubia frunciendo el sueño.
- No dormir, pero es una siesta, ¿sabes que la siesta después de comer era una costumbre en el siglo XXI? Hasta dos horas se tomaban muchas personas. Descansar, reponer energías, y seguir con el día.
- No tenemos que reponer mucha energía, no la estamos gastando –Contestó con burla.
- Tampoco tenemos mucho que hacer, aprovecha para descansar. Apenas volvamos con los demás empezaremos a trabajar como siempre.
- Me gusta más ocupar el tiempo en hacer algo más productivo.
- A mí también, pero no está nada mal simplemente tomarse unos días para relajar y no hacer nada, disfrutar sin culpa.
- No te pensaba como un hombre de siestas y cobijas.
- Entonces tienes que conocerme mejor –Dijo Stan, guiñándole un ojo– Disfruto de las buenas cosas, sencillas, también los pequeños detalles que hacen a los buenos momentos de la vida.
- Eso es bueno, también me gustan las cosas sencillas.
- ¿Lo ves? Por esos pequeños detalles es que nos entendemos y hacemos un buen equipo, a pesar de las diferencias.
Kohaku asintió con una sonrisa confiada, y se sintió bien con el agradable comentario. Le daba la impresión que desde esa mañana Stan estaba más abierto y expresivo con ella, había algo más de simpatía y juego en la forma en que se expresaba últimamente, como si estuviera contento de darse a conocer un poco más, y que ella compartiera esa apertura. Eso hacía que confirmara cada vez más su suposición de que había un interés personal con ella, nunca lo había visto hablar o interactuar así con otra mujer, no era algo que solía hacer abiertamente, al contrario que el seductor de Mozu o el siempre caballero y halagador Ryusui. El soldado era mucho más sereno y recatado, no llamaba la atención adrede, y siempre muy sensato. Sumado a lo guapo que era, no podía negar que era buen partido, y se sentía honrada de que él estuviera interesado en ella, al parecer.
El silencio se hizo entre ellos, mientras estaban sentados cómodamente en el sillón, uno junto al otro, bajo la misma cobija. No era incómodo, pero la hizo preguntarse si debería hacer algo más. El problema era que no sabía mucho de esas cosas, no era femenina ni cuidadosa, y no quería mostrarse indiferente, aunque tampoco actuar con un cariño que no sentía, ni exagerar, ya que tampoco sabía cómo iba a reaccionar Stan, era obvio que era un hombre con mucho más trayecto y experiencia en el romance, no lo había visto ponerse torpe, incómodo o muy sonrojado en esos días, al contrario de ella, por lo cual se estaba delatando.
Miró de reojo a Stan, que ya tenía los ojos entrecerrados en un estado de relajación. Respiró profundo, armándose de valor, y se fue inclinando de lado poco a poco, hasta que apoyó la cabeza en el hombro del rubio. Sólo fue eso, no lo abrazó ni se acercó a él, y cerró los ojos inmediatamente, tratando de mantenerse relajada. No quería mirarlo a los ojos, ya que de seguro iba a sonrojarse, lo sabía.
El estadounidense abrió los ojos inmediatamente, sorprendido de que ella buscara su contacto también ahí, cuando no era necesario realmente porque ya estaban bien calentitos y cómodos entre el fuego y la cobija. Teniendo eso en cuenta, no tuvo dudas que Kohaku estaba buscando más de esa tierna cercanía que estaban desarrollando, que se estaba direccionando cada vez con más claridad a que empezaban a haber sentimientos entre ellos fuera del compañerismo.
Estaba tentado de rodearla con su mano para demostrarle que estaba a gusto con ese contacto, pero dado que ella había hecho algo muy sutil, podía hacer él eso mismo. Inclinó su cabeza a un lado, hasta apoyarla sobre la de la joven, y se quedó atento a la reacción. Como Kohaku no se movió, decidió quedarse así con ella. Sentía un fuerte impulso de hacer algo más, ese abrazo le resultaba irresistible, pero sabía que seguramente esa noche tendrían otra vez la ocasión de dormir así juntos como la anterior, y quién sabía, tal vez algo más, era prometedor.
Pronto la somnolencia les llegó a ambos, había algo muy reconfortante en la calidez y paz de estar así juntos, y acabaron quedándose dormidos. No fue hasta poco más de una hora después que Kohaku despertó, abriendo los ojos lentamente. Sin embargo, estaba demasiado cómoda como para abandonar su dulce descanso, y no había nada mejor que hacer si era sincera, por lo cual se hizo un ovillo, poniéndose más de lado hacia Stan y no de frente a la chimenea, y volvió a cerrar los ojos. En ese movimiento, ya no sólo su cabeza estaba apoyada sobre él, sino también sus brazos y costados se tocaban, poco le faltó a la rubia para enroscarse a su compañero.
Sin embargo, ese cambio de posición había despertado también al soldado, que sin abrir los ojos sintió todo a su lado, y todavía entregado a su sueño y convicción de que no había nada mejor que ese estado actual, no dejó pasar la oportunidad y también se removió para girarse un poco. Al fin se decidió a rodear a Kohaku, con mucha liviandad para no sobresaltar ni despertarla, lo suficiente para corresponderle el gesto.
Otra hora más pasó, hasta que esa vez fue Stan el que se despertó, y notó que la sala estaba ligeramente más fría, el fuego estaba a punto de consumir por completo la leña. No le iba a quedar de otra que levantarse a poner otro buen trozo, pero eso significaría interrumpir la deliciosa siesta, y siempre costaba ese primer momento de decidirse a ponerle fin. Miró a Kohaku, todavía dormida a su lado, y se sorprendió que no fuera ella la que se había despertado por el fresco primero. El mechón ancho de pelo se había caído hacia adelante, a poco de rozar los labios de ella. Con suma delicadeza, acercó un par de dedos para quitarlo de en medio y acomodarlo, y acabó deslizándolos por la quijada de la rubia en una suave caricia, ida y vuelta.
Se dio cuenta en ese entonces que era la primera vez que le tocaba el rostro, y sin embargo lo había hecho con suma naturalidad y confianza. Como no sabía cuál iba a ser la reacción de ella estaba a punto de quitar su mano, cuando de pronto los brillantes orbes aguamarina se entreabrieron y se fijaron en él. Fueron unos breves y a la vez eternos segundos de completa quietud, en los que Kohaku miró de reojo a los dedos tan cerca, y luego miró los ojos verdes que lucían un tanto sorprendidos. No dijo nada, mientras muchos pensamientos empezaban a inundar su mente, y el corazón se le iba acelerando. Tampoco sabía qué decir, por lo que sólo se quedó mirando a Stan, sin moverse un milímetro.
Durante el rato en que el tiempo pareció detenerse para los dos, la joven empezó a sentir una curiosa atracción, como un imán, no podía interrumpir la conexión de sus miradas, ni podía tampoco alejarse. Adelantarse parecía ser la única opción, responder a ese instintivo llamado de cercanía. Y empezó a hacerlo, luchando contra la quietud de su cuerpo, cuando de pronto fue Stan el que la soltó, y con un ligero carraspeo sonrió nerviosamente. Los labios de Kohaku se entreabrieron en un ahogado jadeo de sorpresa, repentinamente arrancada de ese clima tan particular, pero no tenía las fuerzas ni la reacción para moverse, sólo se quedó mirando al soldado con confusión.
- Vaya siesta, ¿eh? Estuvo buena –Comentó Stan, disimulando.
- Sí…
- Me desperté porque se está apagando el fuego, tengo que avivarlo. Ah, y perdona, se te estaba metiendo el cabello en la boca –Se justificó, mientras hacía a un lado la cobija y se levantaba.
Kohaku no se movió de allí, no podía responder más que monosílabos, mientras la realización de que había estado a punto de besar a Stan, cautivada por su tierno toque y cercanía. Tampoco había besado a alguien antes, pero sin dudas había pensado en hacerlo. Tanto que creía que él era el que estaba interesado en ella, y resultó ser que la que estuvo a punto de dar el primer paso con toda claridad había sido ella, hasta que se interrumpió. La siguiente pregunta que la había dejado helada, fue por qué Stan lo había interrumpido. ¿De verdad lo había interpretado todo tan mal? Aunque ese toque, ese abrazo, y él tampoco le había quitado la mirada de encima. No, ahí había algo más también, era una completa novata en eso, pero tenía una certeza clara.
La mente del estadounidense no estaba muy distinta, mientras se arrodillaba frente al fuego y echaba una leña más al fuego, una de las pocas que quedaban. No sólo le había prácticamente acariciado el rostro en "secreto", impulsado más allá de la razón, sino que se había perdido completamente en esa cristalina mirada como un lago, hasta que percibió cómo la rubia se había empezado a acercar más a él, y había estado a muy poco de tomar eso como la iniciativa para besarla, aunque ella parecía más bien la que estaba dando el primer paso. Completamente confirmado, Kohaku tenía sentimientos por él, y él… quería corresponderle, probar cómo sería con ella, pero no sentía que estuviese bien hacerlo en ese momento, cuando la había tocado sin pedirle permiso o que lo viera venir. Era el rostro, tampoco nada atrevido, pero intuía que ella era tan nueva en todo eso, que no quería lucir como que se estaba aprovechando, o que era un cobarde.
La rubia se levantó del sofá, y caminó en dirección al baño, cerrando la puerta tras de sí con suavidad. Stan, que la había visto y podía notar una poco común lentitud en ella, resopló frustrado, lo había arruinado. No había forma de remontar eso, por lo que tenía que cambiar de tema con urgencia, y aunque fuese torpe, agarró el mazo de cartas para jugar como el día anterior. Cuando la vio volver, pareciendo más ella misma, le sonrió y agitó las cartas frente a él.
- ¿Qué decías ayer de patearme el trasero con los juegos? Espero que no hayan sido palabras vacías.
- ¡Ja! Ya quisieras. No te enojes luego cuando pierdas.
- Ya veremos.
Aliviado de su respuesta desafiante y segura como siempre, eligió el juego que ella había aprendido mejor, y pasaron así la tarde. Le sorprendió que de verdad acabaron empatando, y era muy divertido provocarse con tonta finalmente se cansaron, se dispusieron a hacer la cena, Kohaku ya estaba aprendiendo a seguir las recetas sencillas pero ricas a las que trataban de darle un toque diferente para no repetir tan igual. A ella le daba lo mismo, tan acostumbrada había estado muchos años a comer pescado y verduras asadas, pero Stan tenía un paladar más fino y prefería algo de variedad si tenía la opción.
Luego de cenar, el soldado de pronto maldijo entre dientes cuando se dio cuenta que se había olvidado de ir a buscar otra bolsa de leña, y ya no quedaba para empezar un fuego decente para el siguiente día. De seguro el pequeño depósito al lado de la casa de Xeno tenía algunas reservas, su amigo era de lo más previsor y no le gustaban las sorpresas ni abastecerse a último momento. No tenía ni pizca de ganas de hacerlo a esa hora, pero no quedaba de otra.
- Kohaku, voy a buscar más leña, vuelvo en un rato.
- ¿Vas a cortar árboles? Te ayudo.
- No, no, ya está lista. ¿Viste la puerta del costado, por fuera de la casa?
- Ah, sí.
- Eso es un depósito, allí hay materiales, montañas de cosas de Xeno, y puedo apostar que leña y algo más. Vuelvo en un rato.
Kohaku asintió, y se quedó allí sentada. Con todo lo energética que solía ser, era raro de pronto estar tanto tiempo sentada, y a la vez sentía su cabeza flotando, mientras trataba de alejar de su mente las preguntas y dudas que tenía con respecto a la actitud de Stan, de nada servía darle vueltas.
El soldado se encontró con que el pequeño depósito estaba atiborrado de cosas, no estaba desordenado, pero tampoco le fue fácil encontrar un bolsón de leña entre tantos papeles, rollos, materiales y prototipos científicos de Xeno. Y como evidentemente eran cosas guardadas y medio olvidadas, había una capa de polvo y tierra que se había filtrado, haciéndolo estornudar un par de veces. Al fin tenía algo para molestar a su amigo con que no era absolutamente elegante. Demás estaba decir que el depósito estaba helado, entre el polvo y el frío necesitaba darse un buen baño.
Volvió a la casa, y encontró a Kohaku acostada en el sofá, con la mirada perdida en el fuego. Colocó la bolsa de madera en el lugar de la otra, que ya no quedaban más que dos troncos.
- Misión cumplida –Dijo satisfecho, y la miró– Me voy a bañar, lo necesito.
- Está bien, yo voy a quedarme aquí un poco más.
Stan asintió, y fue a hacer lo suyo, mientras recapitulaba en su mente lo que había pasado en el día, mientras trataba de no hacerse muchas expectativas y preguntas por cómo sería esa noche. Creía que Kohaku también lo había dejado fluir, aunque no podía evitar la duda de si ella volvería a abrazarlo como la noche anterior, o si la tonta actitud de él la haría poner distancia, para evitar otra incomodidad, la chica era orgullosa sin dudas. Quería demostrarle que no la estaba rechazando, por lo que en ese caso podía ser él quién se acercara.
Luego del relajante baño, fue directamente al dormitorio, que estaba vacío. "¿Así que yo tengo que calentar la cama? Qué astuta, nada mal", pensó, y apretó los dientes cuando nuevamente la fría sensación de las sábanas le desagradó. Afinó su oído, atento a si escuchaba algún movimiento de Kohaku en la sala, pero el silencio era absoluto. Estuvo tentado de llamarla o ir a la sala, pero tampoco quería apurarla a ir a la cama, como si fuera un esposo reclamando la compañía y el irse a la cama juntos.
Aunque sí lo dejó pensando, quizás ella estaba esperando adrede a que él se quedara dormido primero, para evitar dicha incomodidad. Algo le decía que tendría que descartar la idea de dormir compartiendo el calor, y le dio un poco de pesar, se estaba acostumbrando y le estaba gustando mucho, sentía una calidez y paz interior que antes no tenía, era lindo compartir. Los minutos pasaron, por más que no era un hombre friolento, esa noche le costó entrar en calor como nunca, y la cama le parecía de pronto demasiado grande y vacía. Resignado, cerró los ojos y se obligó a dormir.
Como era de esperarse, no tardó en despertarse a mitad de la noche, y todavía con los ojos cerrados tuvo el reflejo de estirar el brazo al otro lado de la cama. No encontró nada más que las mantas, y abrió los ojos, con eso se despabiló al instante. ¿Por qué Kohaku no había vuelto a la cama? Tuvo la mala impresión de que en el fondo había quedado incómoda con la confusa situación de la tarde, y lo de que uno "durmiera en el sofá" le provocó una sonrisa amarga por lo literal que estaba siendo, pese a que tampoco creía que fuera para tanto. Junto con ese pensamiento, fue consciente del frío que sentía, sólo que no era sólo una sensación física.
No podía quedarse así, por lo que se levantó de la cama y caminó hasta la sala, encontrando a Kohaku dormida en el sofá, tapada a medias con la cobija. El fuego se había extinguido hacía rato, y la habitación estaba mucho más fresca que el dormitorio, a causa de los ventanales y el espacio tan grande y de techo altos. Sintió una presión en el pecho que no le gustó, y al menos quiso taparla bien, subiendo la manta hasta taparle el cuello.
A pesar de lo lento y cuidadoso que fue, vio cómo los ojos de la rubia se abrieron lentamente, parpadeando confundida por el sueño.
- ¿Stan?
- Me desperté y no estabas en la cama, así que quería chequear que estuvieras bien. Sólo te tapé un poco más, podrías resfriarte.
- Ah, me quedé dormida –Frunció el ceño.
- ¿De verdad? –Preguntó Stan, con un dejo de alivio en la voz. Eso podía significar que no lo había hecho adrede.
- Sí, cerré los ojos mientras te bañabas porque estaba cómoda, y me terminé durmiendo –Lo miró con los ojos más abiertos y cuando lo vio en ropa interior se estremeció ella de verlo así, con tan poco abrigo– ¿Acaso no tienes frío?
Stan mostró una media sonrisa, y tuvo el impulso de ser más honesto, todavía se sentía un poco culpable por lo del día.
- Sentí frío cuando me desperté solo, que no estabas.
- Pero si ya estabas durmiendo y siempre estás calentito, qué raro.
- Frío por dentro –Dijo con voz suave, mirándola a los ojos.
Kohaku entreabrió los labios al oír eso. ¿Qué se suponía que significaban esas palabras? Creía entenderlo, pero de ser así… No pudo seguir con sus pensamientos, cuando el soldado bajó la mirada y continuó hablando.
- ¿Quieres venir a dormir a la cama? Aquí te puedes resfriar si te destapas.
- Eeh… Sí, claro.
Se puso de pie, manteniéndose cubierta con la abrigada manta, y Stan empezó a caminar hacia el dormitorio. Como forma de agradecimiento porque él se había levantado a mitad de la madrugada para chequear cómo estaba y abrigarla apropiadamente, lo cual le pareció muy considerado y dulce, se quitó la cobija y se la echó por detrás al rubio, que se giró con sorpresa.
- Me da frío sólo de verte, al menos yo estaba vestida, el que se va a resfriar eres tú, qué descuidado.
- Oh, gracias. No lo pensé siquiera.
Se detuvo sobre sus pasos, hasta que se dio cuenta de otra posibilidad que podía ser mejor para ambos. Estiró el abrigo y extendió un brazo cubierto como si fuera un ala, y le hizo un gesto a Kohaku para invitarla a acercarse a él, y compartir el calor. "Compartir", era algo que le estaba gustando mucho, y le dibujaba una sonrisa imborrable en los labios. La joven titubeó, pensando que no estaban tan lejos del dormitorio como para que fuera necesario compartir el abrigo, hasta que se dio cuenta que no era eso lo que importaba, y nuevamente el gesto de Stan le producía un agradable calor en el interior de su cuerpo, en su pecho precisamente. Asintió con una pequeña sonrisa, y se puso "bajo el ala", el soldado rodeándole el hombro con su mano y la manta, y caminaron así la escasa distancia hasta la cama, donde se metieron luego de que ella se desvistiera rápidamente.
En cuanto se acostaron, Stan sonrió animado con sus pensamientos: Aunque otra vez la cama se sintiera un poco fresca ya no estaba solo, y en su interior volvía a recobrar el agradable calor. Rió suavemente cuando vio a Kohaku tiritar también con una sonrisa tensa, de seguro antes ya estaba más calentita con su abrigo. Esa vez no iba a equivocarse, y sin dudarlo la abrazó y la acercó a él, frotándole la espalda.
- Ven aquí, cosita fría –Bromeó.
- Hoy no estás tan calentito, creo que yo lo estoy más, así que la cosita fría eres tú.
- ¿Entonces será tu turno de devolver gentilezas, quizás?
- ¡Ja! Es lo justo, me parece bien.
Kohaku dudó un segundo antes de devolverle el abrazo, y trató de no sonrojarse cuando su rostro se apoyó en el pecho de Stan. Eso le llevó el recuerdo nuevamente de lo que había pasado a la tarde, y la reciente expresión tan sentida de él hacía unos minutos. "Frío por dentro"... Eso, sumado a la caricia anterior, no podía olvidarlo. Tampoco iba a poder dormir si seguía pensando en eso. Se alejó sólo un poco, para poder levantar la cabeza y mirar a Stan, y cuando él le devolvió la mirada, se la sostuvo.
- Stan –Lo llamó con suavidad.
- ¿Sí?
Quería decirle algo, sacarse la duda de una vez si podía pasar algo romántico entre ellos, pero encontrar las palabras no era su fuerte, ella era más de la acción. En su lugar, juntó todo su valor, y lo miró fijo, sus ojos pasando de los orbes esmeralda de él a sus labios, sólo por un momento, antes de volver a mirarlo a los ojos. No sabía si eso alcanzaría, por lo que se animó a acercarse mínimamente, mientras dedicaba otra breve mirada a los apetecibles labios del soldado. Cuando vio que el hombre abrió ligeramente los ojos con sorpresa y no se echó para atrás, sino que cerró sus dedos con más firmeza alrededor de ella, fue que sintió una pizca de alivio. De reojo vio la mano de Stan acercarse lentamente al rostro de ella, hasta apoyarse en su mejilla.
- Kohaku, ¿puedo hacerlo bien esta vez? ¿Continuar lo de la tarde?
- Sí –Susurró, entendiendo la indirecta por el gesto.
- Perdona por cómo reaccioné antes, no fue mi intención rechazarte, sólo que no sentía que estuviese bien como yo lo había hecho.
- Está bien. Entonces yo también continuaré.
Ante la mirada curiosa de Stan, la joven no lo pensó dos veces y se impulsó y adelantó para darle un beso rápido en los labios. Sonrió con coqueta timidez, ese había sido su primer beso, y se lo había dado ella. Pudo ver a pesar de la oscuridad el reflejo de los ojos del estadounidense, parpadeando un par de veces con el batir de sus largas pestañas, hasta que le devolvió la sonrisa coqueta.
- Te alejaste demasiado rápido, no pude ni saborear ese dulce beso.
- ¿Cómo sabes que era dulce? –Inquirió, enternecida.
- Es verdad, necesito probarlo de nuevo para confirmarlo –Contestó con voz acaramelada, acercándose hasta quedar a unos pocos centímetros.
- ¡Ja! Qué astuto. ¿Así coqueteas con todas las chicas?
- No, sólo contigo. Otras no se animan a besarme primero tampoco, sólo tú.
Stan volvió a acariciarle la mejilla para llevar luego la mano hacia la parte trasera de la cabeza de ella, y sostenerla así mientras le daba un beso suave en los labios, mucho más largo, y se separó mínimamente luego para mirarla con los ojos entrecerrados.
- Sí, fue dulce, nada mal. Y para que sepas algo más de mí, me gusta mucho lo dulce, y me gusta repetir.
Apenas la dejó sonreír con su respuesta, cuando recortó la distancia entre ambos nuevamente para darle un beso con más presión y pasión, abrazándola con fuerza con su otra mano para pegarla a su cuerpo. Repitió luego besos más cortos sin separarse del todo de los pequeños y tersos labios de la joven, succionando cada labio alternadamente, cada rincón de esa linda boquita que le estaba encantando probar. Sólo interrumpió su ataque romántico para dejarla recobrar el aire, aunque ya no quería alejarse por mucho rato, y le daba pequeños y cortos besos en las comisuras y en los labios, Kohaku correspondiéndole tímidamente los que alcanzaba.
- Me parece que el dulce aquí eres tú, Stan.
En respuesta, el estadounidense volvió a acercarse hasta quedar tan cerca de ella que sus respiraciones se mezclaban, y amagó darle un beso, deteniéndose justo antes. Cuando la rubia vio que él no pensaba terminar lo que había empezado, se animó a besarlo ella, y al sentir que no volvía a unir sus labios, pero tenía una linda sonrisa en el rostro, se decidió a ser ella la que lo besara. Compartieron así un ida y vuelta de suaves y tiernos besos, algunos más juguetones, otros más largos y apasionados, hasta que suspiraron a la par. Stan no soltaba su abrazo, y pasó a acariciar toda la espalda de ella de arriba abajo, entreteniéndose también con el surco de la columna.
Por su parte, Kohaku lo abrazó por la cintura con más fuerza, mientras apoyaba su cabeza en el pecho de él, esa vez ya sin timidez ni duda. No podía creer lo que había pasado de un momento a otro, y sin embargo se sentía tan bien y emocionada. Tantos besos, todos distintos y especiales, no tenía idea que podía ser así, siempre había visto tímidos y castos besos. Tampoco se esperaba que fueran tan cálidos y sentidos de parte de Stan, como si de verdad la quisiera, eso la había emocionado y la había relajado. Y que después la siguiera mirando con una expresión de contento y dulzura, acariciándola con delicadeza y caballerosidad, no se había propasado ni la había presionado a algo más apasionado o incómodo.
Se derritió de ternura cuando luego Stan le dio un beso en la cabeza, la llamó con suavidad, y le dio otro último beso infinitamente largo y bonito. Apenas podía creerlo, y al mismo tiempo era coherente con los gestos tan cálidos que él había tenido con ella desde la primera noche. Para todo lo intimidante que era por su habilidad y su habitual seriedad, compensaba totalmente con toda esa ternura que sólo con ella y en ese momento estaba dejando ver.
- Ahora sí será una buena noche, que descanses –Dijo Stan con voz baja y suave, mientras se acurrucaba más contra ella en el abrazo que compartían.
Sí, la noche había sido de lo más tranquila, sin más despertares excepto por un momento en que ella había cambiado de posición y se había girado de espaldas a él, quién no rompió el abrazo tampoco entonces, sólo lo adaptó. Kohaku podía sentirse tan cómoda y relajada entre el cobijo de los fuertes brazos de Stan, un abrazo verdaderamente cálido, que la hacía olvidar completamente del extremo frío que había en realidad en el exterior.
Podía percibir que la luz matutina se filtraba tenuemente por la ventana junto con los primeros rayos de sol cálidos sobre su adormilado rostro, se removió cómodamente entre las sábanas, todo era tan agradable que no tenía la menor intención de querer dejar ese sitio, podía casi suspirar de gusto. Finalmente podía escuchar la apacible y serena respiración de Stan que dormía profundamente a sus espaldas, se sentía más que bien aquella cercanía.
En un discreto movimiento fue bajando su cuerpo para intentar girarse sin despertar a Stan y fue entonces que una presión que antes no había, se rozó contra su cuerpo, específicamente a lo bajo entre su trasero y sus piernas, una dureza que obviamente no era de una mano, ligeramente esa presión la hizo sobresaltarse y abrir los ojos por completo, eso tan abultado y rígido era algo que no podía ignorar. De inmediato el rostro se le puso completamente rojo, su respiración se aceleró al igual que los latidos de su corazón, y se contuvo de emitir un chillido de sorpresa, simplemente se quedó completamente inmóvil.
Se encontró abochornada en sentirlo así, era algo abrumador y aunque estaba sumamente avergonzada no lo encontraba mal, nunca se hubiera imaginado que dicha situación pudiera estar pasando ni bien se despertaran y sin ninguna interacción entre ellos en esa mañana, ¡por todos los dioses! No era desagradable, por el contrario, sentirlo presionar tan cerca con esa parte de su cuerpo estaba agradándole más de lo conveniente hasta el punto de provocar que un fino jadeo se le escapara, su cuerpo reaccionando más instintivo que su mente.
Se llevó las manos a los labios para taparse la boca y callarse. Justo en ese sobresalto, Stan abrió los ojos, percatándose inmediatamente que estaba en ese estado, y se quedó igual de inmóvil mientras tragaba duro, sus cuerpos estaban tan juntos que era difícil disimular. Inspiró fuerte, iba a mover su cadera hacia atrás, cuando para su mala suerte Kohaku giró su cabeza hacia él, encontrando el rostro del estadounidense con una expresión nerviosa y sonrojada. El intercambio de sus miradas atónitas fue breve, Stan se fijó que Kohaku estaba con las mejillas completamente enrojecidas, se encontró aún más inquieto y mortificado, no pudo expresar ni una palabra, no encontraba forma de poder explicarse. Soltó a Kohaku del abrazo, apartándose, y salió disparado en un salto fuera de la cama, casi corriendo hasta el cuarto de baño, cerrando violentamente la puerta al entrar.
- Fuck! –Stan maldijo entre dientes, conteniendo las ganas de gritar, llevando sus manos hacia su entrepierna.
Estaba más que excitado y a su pesar tenía razones suficientes, si bien la noche anterior había sido increíblemente conmovedora al compartir aquellos besos tan suaves con Kohaku. A su mente dormida le habían vuelto todas las escenas de aquella primera unión de sus labios y el intercambio tan íntimo, tan único, tan especial. Todo eso le había provocado muchas sensaciones agradables en su interior, había sido tan real y perfecto que le costaba creer que aquello había sido completamente real y no un sueño.
Aunque hubo algo de eso último, ya que se habían detonado otra serie de escenas, precisamente recuerdos del sueño que tuvo a lo largo de la noche, imágenes detalladas del hermoso rostro de Kohaku, una luz del sol resplandeciendo contra su cabellera rubia, iluminando su piel, el brillo de sus ojos, su sonrisa, sus pequeños y rosados labios, una visión absolutamente cautivadora, la contemplaba mientras ella lo llamaba con voz aterciopelada.
- Stan.
La dulce voz de la rubia lo llamaba, ella se mostraba frente a él con su divino cuerpo a la vista, acercándose más mientras se inclinaba y notaba como sus generosos pechos destacaban a su vista. Era perfecta, su cuerpo atlético, firme y esbelto en ropa interior. Ese fue su sueño, toda esa fantasía suya había detonado ese calor en su interior y esa reacción natural e instintiva que con urgencia necesitaba aliviar. No iba a rechazar esa llamada, pero evidentemente no era el mejor de los momentos.
Kohaku aún estaba inmóvil sola y bajo las sábanas, enterrando su rostro aún más rojo que un tomate, condenadamente avergonzada, la manera en la que Stan se había despertado estaba provocando una serie de cuestionamientos con respecto a todo lo que había ocurrido entre ellos dos, el haber experimentado por primera vez un intercambio de besos tan dulces, verdaderamente la emocionaba tanto que provocaba que su corazón se acelerara. ¿De verdad podía haber algo más entre ellos? Cada vez le tenía más estima a su compañero y se sentía mucho más interesada en él, tenía que confesarlo, aunque no quería verse ni desesperada ni atrevida, ya no podía ocultar por más tiempo como se sentía con Stan. Hubo un silencio que perduró un largo rato más, ya que el estadounidense permaneció dentro del cuarto de baño alrededor de unos diez minutos.
Kohaku no podía quedarse el resto del día ocultando su rostro entre las sábanas, por lo que se levantó de la cama vistiéndose y luego envolviéndose con una de las enormes cobijas, así ya se había acostumbrado en esos días. Caminó directo a la sala, de alguna manera tenía que buscar despejar su mente y calmar su sobresaltado estado.
En la sala, el fuego de la chimenea empezaba a arder tenuemente, Kohaku se encargó de poner un poco más de leña y de atizar más las llamas hasta que la calefacción fuera lo suficientemente confortable para toda la habitación. Mientras se ocupaba y concentraba en eso, notó que Stan se asomó acercándose al sofá, de inmediato ella se giró nerviosamente hacia él, tenían que enfrentar lo sucedido. Aquellos ojos verdes tan intensos no esquivaron ni evitaron encontrarla, miraron fijamente a los suyos aguamarina, contemplándola también con inquietud y culpa.
- Entiendo si esta noche prefieres dormir otra vez aquí, discúlpame si te hice sentir incómoda.
- No, no, nada de eso –Kohaku se apresuró a responder.
- De verdad, perdón, debí ser más precavido con que algo así podía pasar, es una reacción completamente instintiva y que no podemos controlar como quisiéramos. Les sucede a todos los hombres, no quiero que pienses mal de mí, no tengo ningún tipo de mala intención contigo, mucho menos aprovecharme de ti mientras dormías.
- Está bien Stan, lo comprendo, por eso no hay problema.
- ¿Segura?
- No te preocupes más, si es como dices, les sucede a los hombres como algo natural e involuntario. Llevamos varias noches aquí juntos, simplemente durmiendo y protegiéndonos de todo el frío, en ningún momento he sentido algún tipo de importunación de tu parte, ni siquiera anoche cuando solo nos besamos, y nunca buscaste aprovecharte de mí. Me consta que eres un buen hombre y que no tienes ninguna mala intención, me agrada mucho la cercanía que tenemos, y no quisiera que eso cambiara.
- Kohaku…
- Si te soy honesta con todo lo que está pasando, no es para nada incómodo, por eso quiero que la confianza que ya tenemos siga. Me gustaría que continuemos así, compartiendo buenos momentos juntos –Comentó, calmada y sonriente– Si tú quieres…
Kohaku dio un paso adelante, acercándose a Stan mientras él la miraba conmovido por aquella declaración, no había rechazo, ni un rastro de molestia, por el contrario, la rubia estaba confesándole que estaba bien si continuaban tratándose de manera íntima.
- Yo… Yo también quiero eso, sí.
- Entonces ya, dejemos de discutirlo –Comentó con ternura– Y si ambos somos honestos con lo que hacemos y sentimos no hay nada de qué avergonzarnos, ¿verdad?
Stan le dedicó la más amplia y jovial sonrisa, se acercó a Kohaku, aceptando más que encantado la propuesta de estar juntos, con toda la confianza el estadounidense llevó una de sus manos para buscar tomar la de ella y entrelazar sus dedos juntos.
Sin soltar la mano de Stan, Kohaku extendió los brazos, levantando así parte de la cobija que la envolvía, invitándolo a que se acercara, de inmediato el rubio dio un paso adelante para pegarse, así los dos terminaron por cubrirse con la gran cobija para darse calor con todo gusto y afecto, ya más tranquilos y sabiendo que ambos querían eso.
- ¿Te parece si desayunamos?
- Vendría estupendo, ya tengo algo de hambre
- Bien, yo me encargo. Si te parece bien, luego de comer podríamos acostarnos en el sofá como ayer.
Ambos compartieron una risilla en confidencia, mostrándose más que contentos. Stan le dio un beso en la mejilla a Kohaku, provocando que ella reaccionara con un respingo de sorpresa, de inmediato sus mejillas se tiñeron de rojo, pero sonrió tiernamente sin contener su gozo, el rubio le guiño el ojo seductor mientras también le dedicaba una media sonrisa atrevida.
Compartir las comidas de manera cómoda se había establecido como parte de su rutina, Stan procuraba aprovechar los ingredientes y las provisiones disponibles para preparar algunas variaciones de sus platillos, una habilidad que continuaba sorprendiendo a Kohaku y que no dejaba de agradecer que el estadounidense la consintiera con una comida de tan buena sazón.
Al terminar con su desayuno, Kohaku amablemente se ofreció a lavar los trastes, esto en retribución por que Stan ya se había encargado de cocinar. Después de ese breve quehacer, Kohaku y Stan dieron paso a recostarse en el sofá para simplemente disfrutar su cercanía, abrazados y envueltos bajo el calor de las cobijas, confortados también por la calefacción que les llegaba de la chimenea. Habían decidido que pasarían la mañana así, en completa tranquilidad, la calidez que emanaba del enlace de sus cuerpos abrazados también los relajó hasta el punto de que empezaran a dormitar.
La siesta les duró una larga hora, Stan abrió los ojos primero, para deleitarse una vez más con la imagen de Kohaku durmiendo entre sus brazos, una visión que le enternecía y le aumentaba el calor en su pecho, consideraba injusto despertar a su joven bella durmiente, pero se atrevió a darle un suave beso, simplemente por afecto.
Apenas sintió la fina presión sobre sus labios, Kohaku abrió sus ojos, encontrando con su mirada la de Stan.
- ¿Puedo confesarte algo? –Preguntó con suavidad el soldado.
- Habla con toda confianza.
- Hay algo en ti que me cautiva, no es solo admiración por tu personalidad valerosa y atrevida. Me conmueve tu buen corazón, es un tanto inocente, pero no es algo para aprovecharse, solo me hace apreciarte mucho más. Realmente hay algo especial en ti, Kohaku.
- Sé que lo estás diciendo con honestidad, me halagas.
- Más que halagarte, quería expresar mi gratitud, ya que me siento más que afortunado de que nos encontremos así aquí, y confíes tanto en mí.
- Yo… No sé bien cómo responder a palabras tan dulces.
- No hay necesidad, con tu sonrisa lo dices todo, y veo que te gusta sonreír.
- Ay, ya basta –Murmuró abochornada, mirando a un costado, recibir halagos no era lo suyo.
- Ahora no te la guardes, sino me ocuparé de provocarla
- ¿Eh?
Con una actitud juguetona y a la vez predadora, Stan adelantó sus manos en forma de garras. Sin tener la menor idea de lo que pretendía, Kohaku lo miró intrigada, hasta que los dedos del soldado le tocaron la zona de las costillas de una forma rápida que le dio una sensación cosquilleante, de la cual quiso alejarse. Stan amplió su sonrisa pícara provocando que Kohaku dejara escapar una divertida risa, el soldado no perdía oportunidad para provocarla, por lo que la rubia decidió hacer un contraataque con la acción de sus manos de igual forma. Llevó sus dedos al abdomen de Stan para propinarle una serie de cosquillas, él se sobresaltó y con eso solo se vio más animado a continuar el juego, cambiando ágilmente a hacerle las cosquillas en el cuello, la rubia tratando de esconderlo como una tortuga.
- ¡Basta!
- ¡Tú lo buscaste!
Ambos luchaban por contener la risa, forcejeando bajo la cobija y buscando escapar de los ataques de los dedos de cada uno, hasta que las manos de Stan fueron más rápidas y hábiles. Kohaku ya no pudo contener la carcajada y explotó de risa, involuntariamente empujando a Stan fuera del sofá de una patada con su gran fuerza.
- ¡Tiempo fuera! –Exclamó entre risas el soldado, levantando la mano desde el piso.
- ¡Ay, Stan! ¡Lo siento! ¿Te lastimé?
- No, estoy bien, una patada samurái no me matará.
- ¡Perdiste! –Kohaku exclamó burlona.
- ¡Claro que no!
- ¿Quieres empezar otra vez? –La rubia expresó con provocación.
- No, ya estamos bien –Dijo con una gran sonrisa mientras se sentaba, alzando las manos en alto– Suficiente de eso
Mientras el estadounidense se ponía de pie, Kohaku se percató que el clima de afuera se notaba diferente, definitivamente se veía mucho más soleado y la nieve que estaba acumulada se había disminuido considerablemente. Stan se sorprendió también y se alegró que el cielo se viera mucho más despejado, los dos aprovecharon acercarse y asomarse a una de las ventanas para confirmar que el clima estuviera verdaderamente en mejores condiciones para salir.
- All clear…
Dijo con una expresión en su idioma nativo, mientras sonreía contento. Aunque al instante, su sonrisa flaqueó cuando se dio cuenta que eso significaba que pronto volverían a la "normalidad", cada uno a su casas y rutinas. Cuando fue consciente de su desánimo, se quedó mirando a Kohaku, cuyos ojos brillaban radiantes de contemplar al fin el cielo azul y la calidez de los rayos del sol rebotando contra la ventana y todo a su alrededor. Le parecieron tanto más hermosos ese par de ojos aguamarina con esa expresión, que lo que fuera que había del otro lado de la ventana, le costó quitar la mirada, y supo que odiaría irse justo cuando habían empezado a compartir algo tan bonito, a solas.
- Kohaku –La llamó con suavidad.
- ¿Sí, Stan?
- Hoy podríamos volver, pero… Me gustaría pasar un día más aquí –Apoyó su mano sobre la de ella.
- No me molestaría –Negó con una sonrisa tímida– Aunque no sé si a Xeno le extrañará, sólo nos quedamos aquí para refugiarnos del temporal.
- Puedo hablar con él y que nos deje quedarnos un día más, además tenemos que comprar todas las provisiones para reponer lo que consumimos, leña y comida. Nos damos el gusto y preparamos algo especial para hoy, un último día juntos ¿qué dices?
- Está bien, me gusta la idea –Asintió.
- Haré entonces la llamada, déjamelo a mí.
Stan se dirigió a la mesada que tenía el teléfono, y llamó al laboratorio donde ya sabía que estaba su amigo, quién tomó la llamada luego de que un operario se la pasara.
- Buenas –Saludó Stan.
- Hola, Stan, ¿todo bien por allí?
- Sí, todo en orden.
- Supongo que estás haciendo la llamada desde mi casa para avisarme que están por volver, o para que mandemos un coche a buscarlos.
- En realidad era para preguntarte si podemos quedarnos un día más, y mañana podrías mandar ese coche, es buena idea.
- El temporal pasó y los caminos de nieve se derritieron bastante, ni tú ni Kohaku son del tipo delicado, ¿qué sucede? –Contestó con extrañeza.
- Es tal como dices, aunque… Queremos pasar un último día juntos aquí, luego de que compremos todas las provisiones para abastecer de nuevo tu casa.
- ¿Juntos? –Repitió el científico, confundido porque le pareció que había una connotación distinta en esa palabra– ¿Juntos de compartir el espacio por lo cómodo, o…?
- Ayer pasaron cosas, y acabamos besándonos.
- Oh –Xeno dejó salir una suave exclamación de sorpresa.
- Sí, y hoy…–Decidió ignorar su vergonzoso despertar– Nos gustaría pasar un día más a solas, antes de volver, y no cortar en la mejor parte.
- Ya veo. Así que tú y Kohaku.
- Nada mal, ¿eh? –Dijo con voz suave.
- Si oyeras el tono con que te expresaste recién… –Xeno iba a bromear, pero acabó sonriendo– Qué elegante. Bien, no hay problema. Mañana a las cuatro de la tarde podemos mandarles un coche, así tienen tiempo de poner todo en su lugar.
- Gracias, amigo.
- Sólo espero que no… Sean poco elegantes con mi cama –Advirtió, incómodo– En el peor de los casos, hay protección en mi mesita, pero preferiría que no fuera necesario.
- Xeno, por cómo se pone tímida todavía, apuesto que Kohaku es más virgen que el aceite de oliva. ¿De verdad crees que buscaría algo así con ella apenas después de unos besos?
- Lo digo justamente porque te conozco a ti, desconozco la experiencia de ella.
- Sí, pero sé controlarme según el contexto, no estoy desesperado. Y Kohaku… Es una buena mujer, no quiero apurarme con ella, ni presionarla.
- Eso sí es elegante, excelente –Asintió Xeno, apoyando a su amigo, aunque sorprendido por lo suave que lo oía, hacía años que no lo escuchaba así– Tengo que seguir trabajando, disfruten el día, suerte con eso.
- Gracias, amigo.
Stan cortó la llamada y se quedó un momento frente al teléfono, pensando en lo que había dicho. Agradecía el apoyo de Xeno, y que no hubiera hecho muchas preguntas, todavía era un poco sorprendente para sí mismo lo que estaba pasando con su compañera, aunque lo recibía con los brazos abiertos, real y metafóricamente, de tantos abrazos que habían compartidos, ya fuera por calor o por cariño.
- ¿Todo bien con Xeno? –Preguntó Kohaku, acercándose.
- Sí, no tuvo problema. ¿Vamos a comprar? Hay unos puestos comerciales por la zona.
- ¡Sí! Aunque... ¿Con qué dinero? No tenemos nuestras cosas aquí.
- Podría preguntarle a Xeno si tiene algo guardado en la casa, o simplemente comprarlo a cuenta y pagarlo luego, no somos caras desconocidas precisamente.
- Prefiero lo segundo, estoy segura que los vendedores entenderán y serán gentiles.
- Bien, entonces vamos.
Apenas lo dijo, Stan extendió su mano abierta hacia Kohaku, ofreciéndosela para que ella la tomara. La vio titubear, mirando fijamente su mano, hasta que se decidió a apoyarla sobre la de él, y fue cuando se dio cuenta que lo había hecho muy natural y relajando, siquiera pensándolo. Quizás a ella le preocupaba que alguien más los viera así, aunque a él no le importaba, y tampoco había muchos vecinos a la vista, la zona era muy silenciosa y la gente estaba ocupada. Con decisión, cerró sus dedos alrededor de la pequeña mano de Kohaku, y salieron.
El aire estaba helado, refrescante, un gran contraste respecto del ambiente cálido que habían logrado en la casa. La primera respiración los sorprendió y les hizo sonreír a la vez, la exhalación saliendo con vapor de entre sus labios. Stan guió el camino, recordando dónde estaban los pequeños mercados, que eran sencillos puestos como los de ferias, a lo largo de unas calles. Había un poco de todo gracias a que se importaban recursos de todo el mundo en los grandes barcos de la nueva corporación Nanami. Toda clase de verduras de estación, harinas, algunas frutas, hongos, quesos, panes, lácteos y conservas.
- ¿Qué te gustaría comer, Kohaku? Algo diferente, ya tuvimos suficiente de arroz con verduras y carne enlatada.
- Hmm, creo que prefiero dejarte la elección a ti, me gusta cómo cocinas. Me gustaría probar algo típico de tu país, François nunca preparó algo así.
- ¿Algo típico? Veamos...
Recorrieron los puestos a lo largo, hasta que sonrió ampliamente y sus ojos brillaron cuando reconoció algo.
- Esto servirá.
- ¿Qué es? –Preguntó con curiosidad Kohaku, viendo un disco fino de una masa de color pálido.
- Masa de pizza ya preparada.
- ¿Pizza? Creo que nunca comí eso antes.
- No me jodas... –Dijo horrorizado, sin poder creerlo– Inadmisible. No es precisamente estadounidense, pero sí es una comida muy habitual. Y en todo el mundo.
- ¿Qué lleva?
- Hay muchos tipos, la más común es de salsa de tomate y queso. Podemos ponernos creativos, pero esa no falla, no está nada mal. Y en este puesto comercial venden todo lo necesario, puré de tomate enlatado, queso, y... ¡OOOOOOH!
Ante la expresión tan honestamente sorprendida y efusiva de Stan, al cual nunca en todos años lo había oído reaccionar así, Kohaku siguió la mirada de él para encontrar lo que había generado eso, todavía los ojos verdes del rubio estaban ampliamente abiertos, así como su boca en una enorme sonrisa que por poco y mostraba todos sus dientes.
- ¿Qué es eso, Stan?
- Pepperoni. ¡Nada mal, nada, nada mal!
Ante el ceño fruncido de la joven, que seguía sin entender, se controló para explicarse, mientras agarraba el ingrediente para olerlo mientras cerraba los ojos, con una expresión de puro gozo y buenos recuerdos.
- Es un tipo de salami... un embutido, como una salchicha seca y curada, con condimentos picantes y a la vez dulzones como el pimentón. Y es como la bandera de la pizza estadounidense. Huélelo.
- ¡Mmm! Me gusta, parece bueno. Hagamos entonces esa pizza.
Se presentaron frente al vendedor, que los reconoció inmediatamente, y explicaron un poco avergonzados su situación. Lejos de ponerles a cuenta la comida, el señor estaba tan agradecido con ellos y honrado de conocer a dos de los héroes que habían participado de la misión lunar, que con todo gusto les regaló los ingredientes, agregándoles incluso otro pepperoni más, y unos ramilletes de hierbas como albahaca y orégano secos, para que le diera más sabor. Le agradecieron mucho al señor, y antes de volver a la casa fueron a comprar unas bolsas de leña para la chimenea, esas sí cargándolas a cuenta. Le entregó a Kohaku la bolsa de papel con los ingredientes para las pizzas, y él cargó los bolsones de leña.
- No puedo creer que realmente consiguiera esto aquí –Dijo Stan, todavía sorprendido y feliz con los ingredientes– Ese maldito ambicioso de Ryusui se ganó mi entero reconocimiento. No lo había visto antes por aquí, así que será un producto nuevo que pidió hacer o traer, ese genio de verdad lo desea todo, y le agradezco esta vez. Al fin puedo saborear mi patria aquí.
- Yo lo que no puedo creer, es verte reaccionar así –Acotó Kohaku en tono burlón.
- Es que no te das una idea cuánto significa volver a probar algo que adoraba hace miles de años, y en esta década que pasó, que me recuerde a mi hogar. Ni siquiera Xeno se había tomado la molestia de hacerlo, y mira que es otro que le pone el ojo a los detalles y cosas más insólitas para darse sus gustos.
- Me gusta esa expresión que tienes, pareces feliz –Quería agregar "inocente", ya que veía una expresión tan luminosa y aniñada en su rostro, pero se contuvo.
- Lo estoy, no puedo esperar.
Ni bien llegaron a la casa, Stan demostró la honestidad de sus palabras, y lo primero que hizo fue cortar unas lonjas del embutido, dándole a Kohaku para probar, y comiéndola él también de un solo bocado. La expresión de satisfacción y placer en su rostro con los ojos cerrados y una imborrable sonrisa fue tan evidente, que la rubia estalló en una carcajada, y probó un bocado.
- ¡Mmmm! ¡Esto está delicioso! –Trató de contener otra risotada– Parece que vas a llorar, Stan.
- Estoy a poco, es demasiado bueno –Dijo con la boca llena, porque se había metido otra lonja en la boca.
- Lo bueno es que nos regaló una más, así que podemos picotear esta mientras.
- Sí, podemos –Asintió encantado con la propuesta, comiendo otra más mientras le daba una segunda a Kohaku.
- Así que también puedes poner esas expresiones por la comida, ¿eh?
- Te lo dije, soy un hombre que disfruta mucho las pequeñas cosas.
- ¡Ja! ¡Me gustas mucho más así! –Expresó con toda sinceridad la rubia, aunque al instante se percató que lo había dicho en voz alta.
Por un momento, Stan detuvo su masticar por lo sorprendido que estaba de oír esa declaración, y cómo cada segundo luego el rostro de Kohaku adquiría un tono más colorado que empezaba a parecerse al del salami.
- Ah... Perdón, yo... Quiero decir...
- No lo aclares.
En un segundo, el soldado había recortado la distancia entre ambos y le estaba plantando un fuerte y largo beso en los labios, con el atrevido gesto luego de relamerse los propios.
- Qué rico. Si ya estaban buenos por separado, el pepperoni y tus labios juntos están aún más deliciosos, nada mal –Susurró con tono acaramelado, provocándola adrede para molestarla.
- ¡Stan! –Se quejó la joven, alborotada.
Sin embargo, nuevamente quedó muy sorprendida cuando oyó una risa fuerte y libre de parte del estadounidense, otra cosa nueva. Él era de las sonrisas pequeñas y misteriosas, a veces regalaba esas otras más amplias que hacían perder la fuerza de las piernas, pero casi nunca lo había oído reír tan fuerte y agradable, se lo veía realmente relajado y animado.
- Si comer cosas así te pone de tan buen humor, tendrías que comer esto más seguido –Bromeó ella, picándolo.
- Me encantaría, pero tengo que cuidar la figura –Contestó, guiñándole el ojo y señalándose el firme y musculado abdomen– Y ya ves como en unos segundos desapareció la mitad, es un peligro. Aaah, pero...
Volvió a acercarse a ella, para rodearle la cintura con su aire seductor, y le habló junto a sus labios.
- Podría ser nuestro secreto, y sólo tú puedes ser testigo de este permitido.
Si pretendía seguir siendo divertido, Kohaku no pudo procesarlo, ya que quedó inmediatamente cautivada y sintiendo un inesperado calor y hormigueo en el interior de su cuerpo, en su bajo vientre. No tuvo ninguna respuesta ingeniosa o provocadora, y sólo pudo asentir, antes de que el soldado la sorprendiera con otro beso un poco más tentador, que no ayudó a bajar su fogata interna. De los tiernos besos de la noche anterior, sus primeros besos en toda su vida, a ese último, había una gran diferencia, la habían hecho sentir muy distinto. No sabía si era porque Stan estaba más suelto y animado, pero no había siquiera dudado en acercarse y besarla de esa forma, con tanta confianza y seducción, además del comentario atrevido que había hecho antes con respecto al sabor de su beso y lo otro juntos. No le disgustó para nada, aunque todavía no estaba acostumbrada a esas cosas, por lo cual sólo alcanzó a mostrarle una sonrisa que trató que luciera natural, mientras controlaba su acelerado corazón.
Afortunadamente, Stan se concentró en hacer la pizza a continuación, disponiendo prolijamente los sabrosos ingredientes, y poniéndolos a cocinar en el horno de la cocina. Un rato después, el delicioso aroma del queso gratinado empezó a inundar el ambiente, y se les hizo agua la boca inmediatamente, no podían esperar para comer. Cuando sacaron la pizza del horno, se veía deliciosa, el estadounidense sirvió dos buenas porciones en cada plato, y volvió a poner la comida en el horno apagado para que no se enfriara.
- Sólo falta "una buena fría" y sería perfecto.
- ¿Una qué? –Preguntó Kohaku sin entender.
- Una cerveza. Pero no dudo que podré conseguirla para la próxima vez.
- ¿Esa bebida amarga y espumosa de color miel? ¡Ja! ¡La hicimos con Senku antes de viajar al país de ustedes?
- ¿Lo dices en serio? –Preguntó Stan incrédulo.
- Sí, bebimos bastante en el viaje, y el resto se perdió cuando... Bueno, cuando tú y tu equipo secuestraron el barco, y luego se echó a perder con la petrificación mundial.
- Oh... –Frunció el ceño ante el incómodo recuerdo, y luego sonrió más bromista– No puedo creer que nos hayamos perdido eso, qué descuido el nuestro al no saquear su barquito científico.
Kohaku le sacó la lengua, y luego le dio un buen mordisco a su porción de pizza, abriendo mucho los ojos y soltando una expresión de gusto con la boca cerrada.
- Está buena, ¿verdad? –Preguntó Stan con confianza, antes de probar la suya– Te dije, no falla.
- ¡Por todos los dioses, esto está más que delicioso! ¡Ahora entiendo por qué te indignaste cuando te dije que no lo había probado antes, qué lástima!
- ¿Lo ves? Es muy sencillo, y a la vez de las comidas más ricas que hay.
- No va a sobrar nada, desde ya te lo aseguro.
- Los permitidos hay que aprovecharlos bien. Aunque no te preocupes, la idea es cenar lo mismo hoy, quedó un poco de todo para hacer otra, así que tendremos la ocasión de volver a saborearla.
Comieron muy bien, acabando toda la enorme y abundante pizza entre los dos, y sólo de glotones hubieran comido otra, pero estaban satisfechos. Luego de las escuetas comidas con las que se habían alimentado esos días, era un verdadero gusto terminar la estadía con algo tan rico y especial como eso.
- Es claro que vamos a dormir otra buena siesta juntos y pasar la tarde en el sillón frente a la chimenea después de esto, ¿verdad? –Dijo Stan con una sonrisa cómplice.
- ¡Claro que sí!
Más allá de que siguieran sin muchas opciones de entretenimiento, esa tarde sí tenían ganas de pasarlo así, disfrutando la compañía y la cercanía sin distracciones. Luego de encargarse de limpiar y ordenar lo que habían usado, alimentaron el fuego con unos trozos de leña. Kohaku se sentó primero, poniéndose la cobija sobre los hombros, dispuesta a acomodarse en cuando Stan se sentara a su lado, pero en su lugar el soldado le palmeó los muslos.
- ¿Puedo recostar mi cabeza aquí?
- Eeeh, sí, claro.
El estadounidense se recostó a lo largo del sofá, apoyando su cabeza sobre el regazo de la joven, mirándola con una de sus sonrisas cálidas y deslumbrantes. Kohaku no sabía bien qué hacer, nunca había dejado a un hombre descansar así sobre sus piernas, por lo que empezó con cubrirlo con la cobija, y dejó su mano apoyada sobre el pecho de él, mientras le devolvía la sonrisa. Le quitaba el aliento lo guapo, relajado y dócil que Stan se estaba mostrando, cada vez más desde esa mañana, aunque sin desmerecer su actitud en los días anteriores, y la dulce noche anterior que había expuesto los nuevos sentimientos de ambos. Y ese cabello rubio brillante y suave, le daban ganas de acariciarlo y pasar sus dedos por allí, aunque se contuvo. Se sobresaltó ligeramente cuando los dedos de una mano del soldado tocaron su mejilla, en un suave pellizco amistoso.
- ¿Qué es esa expresión en ti? No logro descifrarla. ¿Te incomoda esto?
- ¡No, no es eso! –Negó rápidamente, maldiciendo lo transparente que era con su rostro– Es que te ves tan relajado, como si fuese lo más natural para nosotros estar así, y no estoy acostumbrada a hacer estas cosas.
- Estoy relajado, sí. Normalmente no sería tan confianzudo con una chica que estoy conociendo y empezando a tener más cercanía, pero ya que parece que estamos avanzando escalones de dos en dos y no está nada mal, es cuestión de probar. Si algo te incomoda, sólo dímelo.
- Gracias, está bien. No se siente mal, sólo que me tengo que acostumbrar. Confío en ti.
- Acércate –Dijo Stan, haciéndole un gesto con el dedo para llamarla.
Con curiosidad, Kohaku se dobló sobre sí misma para acatar el pedido del hombre, y se sorprendió cuando él levantó ágilmente su cuerpo para robarle un rápido beso, y volvió a su lugar, guiñándole un ojo y sacándole la lengua, en actitud juguetona.
- Te haces la brava, pero eres una cosita adorable.
- ¡Ah! –Exclamó, sonrojándose– ¡Podría decir lo mismo de ti! Sueles intimidar, pero pareces otro aquí.
- Puede ser, ¿por qué será? –Preguntó al aire Stan, suspirando y continuando con su tono provocador.
Pasaron un rato así, bromeando entre sí y en conversación ligera, hasta que tanto confort les dio tanto relajo como sueño. Stan se quitó del regazo de ella, acomodándose para cambiar de posición. Se colocó él hacia el borde, estirando bien las piernas, y Kohaku cambió para acurrucarse entre la parte alta del sofá y él, encimándose un poco, cubriendo a ambos con la amplia cobija que ya tenían ahí. Era llamativo para ella cómo la calidez y el abrazo con otro cuerpo la invitaba a un apacible sueño, una sensación de seguridad y paz muy agradables.
Las horas pasaron, entre dormitar y volver a conversar de a ratos, hasta que los colores del atardecer empezaban a filtrarse por la ventana. Decidieron levantarse tomar un baño y luego preparar la cena, una segunda ronda de esa exquisita pizza. Kohaku se ofreció a ayudar, cortando el pepperoni mientras Stan se ocupaba del queso fresco y de la salsa de tomate, y cenaron en cuanto estuvo lista. Dejaron pasar una hora para digerir antes de acostarse, jugando a las cartas como los días anteriores para divertirse un poco. Cuando se cansaron de repetir tanto, el estadounidense extendió su mano para tomar la de ella con delicadeza, por encima de la mesa.
- ¿Vamos a dormir?
- Sí, vamos.
Se dirigieron al dormitorio, desvistiéndose a medias y dedicando los primeros minutos como todas las noches para calentar la cama, ya lo hacían con una sonrisa resignada y con más ánimo. Kohaku estaba un poco ansiosa, preguntándose cómo sería esa noche, si volverían a besarse hasta dormir, o no, le había gustado mucho. Su mirada y pregunta silenciosa debió ser tan evidente, que Stan apoyó su mano para sostenerse la cabeza, y la miró con una sonrisa sensual, sus ojos verdes reluciendo bajo sus largas pestañas que les hacían sombra.
- Tus pensamientos hablan alto, Kohaku.
- ¿Eh...?
- Eres demasiado honesta. No me quejo, me gusta eso de las personas. Y también me gusta cuando van a buscar lo que quieren, sin miedo.
- No tengo miedo, sólo me preguntaba si soy la única que lo quiere.
- Veamos qué interpretas por esta respuesta.
Ante la mirada atenta de la rubia, Stan la abrazó por la parte más baja de la cintura para atraerla con fuerza hacia él. Sin embargo, el beso que le dio cuando sus labios conectaron fue mucho más suave y tentador, un notorio contraste que ella no se esperó. Compartieron un largo beso, continuando con otros más cortos, hasta que el soldado tuvo la iniciativa de darle uno más invasivo, abriendo más la boca, demandando más de ella. La joven apenas contuvo un suave gemido por el repentino calor que sintió ante eso, pero hizo lo mejor para corresponderle, le estaba gustando mucho también esos despliegues más apasionados.
De pronto, sí dejó escapar un jadeo cuando sintió algo mucho más caliente, suave y húmedo invadiendo su boca, y se sonrojó intensamente cuando se percató que Stan había empujado su lengua para acariciar la de ella, algo que no había hecho antes y le pareció mucho más atrevido.
- ¿Qué tal eso, eh? –Preguntó en un susurro el rubio, su voz grave y acaramelada haciendo eco en lo más profundo de ella– Quiero ver tu respuesta.
- Yo...
Stan la interrumpió apoyando su dedo sobre los labios de ella, silenciándola.
- No quiero que respondas con palabras.
Kohaku estaba a punto de humear por las orejas, pero asintió y se animó a corresponderle tratando de imitar el toque, acercándose con los ojos entrecerrados y empujando tímidamente su lengua dentro de la boca de él. Eso era una sensación completamente nueva para ella, y cuando oyó un gemido ronco de apreciación de él que le causó un agradable estremecimiento de pies a cabeza, se animó a hacerlo con más seguridad. Pronto esos besos se volvieron una sensual y apasionada lucha, en la cual ambos se alternaban para ir más profundo y recorrer la boca del otro.
- Nada mal, Kohaku, nada mal –La animó Stan en un provocador susurro, mordisqueándole el lóbulo de la oreja, antes de volver a reclamar su boca una vez más.
Continuaron con su fogoso intercambio, perdiéndose cada segundo un poco más en esa intensidad y entrega. Había algo distinto aquella vez, algo que se sentía con una necesidad y urgencia desconocidas para Kohaku, como si no le alcanzara sólo con esos besos y su cuerpo le estuviera pidiendo más, aunque ese "más" era algo más intenso que hasta ese momento desconocía. Abrazó la espalda de Stan con el brazo superior y con más firmeza, hundiendo un poco más sus dedos en la fibrosa y musculosa carne, mientras trataba de comunicar esa creciente y apasionada necesidad desconocida. Stan le correspondió con besos más profundos y demandantes, invadiendo su boca con una presión que no hacía más que alimentar ese fuego interno que empezaba a descontrolarse en ambos.
Eso le estaba gustando demasiado, el soldado besaba muy bien, pero no sabía si era bueno o malo que pronto eso tampoco le pareció suficiente, necesitaba más, el ardiente hormigueo en su bajo vientre empezaba a ser molesto, quería aliviarlo de alguna forma, nunca antes había sentido algo así con tanta intensidad. Quería abrazarse completamente con Stan, buscando más cercanía, por lo que colgó la pierna superior alrededor de la de él, y lo jaló y apretó contra ella. En cuanto lo hizo, una nueva sensación de lo más placentera la invadió y le produjo un agradable estremecimiento que la recorrió entera, haciéndola jadear. Lo que le llamó la atención fue no ser la única, el rubio también había dejado salir un jadeo que sonó de lo más cautivante junto a su oído.
Le tomó un segundo de más darse cuenta qué había hecho, y cuando la realización de que había chocado su intimidad directamente con la de Stan, que estaba nuevamente muy firme y caliente como el "accidente" de la mañana, se sobresaltó con vergüenza y se alejó inmediatamente, de pronto interrumpiendo el clima tan ardiente.
- ¿Qué pasa? –Susurró el soldado, acariciándole la cintura cuando la notó alterada, queriendo acercarla otra vez.
- Yo… Hice algo atrevido que no debía –Murmuró abochornada, su rostro hirviendo de calor.
- ¿Por qué no? Se sintió bien, no le pongas tanta cabeza.
Lo dijo con ligereza, pero debía imaginarse que Kohaku no estaría tan relajada con ese tipo de contacto más íntimo y directo. Por lo que sonrió para animarla y le levantó la barbilla con un dedo para que lo mirara a los ojos, dándole luego un tierno beso en la comisura de los labios.
- Eso que hiciste es algo bastante natural y normal cuando uno busca más placer, de hecho, es la parte del cuerpo que más placer genera con el contacto, para ambos. Y no tienes nada de qué avergonzarte, estamos en confianza, más cercanos e íntimos, ¿no es así?
- Sí…
- Te digo más, me encantaría volver a sentirlo, y apuesto que a ti también. Sé que eres nueva en todo esto, así que sólo hagamos un poco y a tu ritmo, siempre que tú así lo quieras. ¿O prefieres dejarlo así por hoy?
- No, no, me gustó… –Tragó y habló con más seguridad– Quiero seguir como estábamos.
- Yo también –Le dio un beso más largo en los labios.
Para volverla a hacer entrar en el clima tan sensual, empezó a besarla gradualmente con más intensidad, hasta que sintió que ella se relajó y volvió a corresponderle en sintonía. Como se imaginaba que todavía podía estar un poco tímida con animarse a hacer ese "atrevimiento", fue él quién le acarició el muslo largamente, una y otra vez, hasta que con delicadeza le sostuvo la pierna por detrás de la rodilla, y la jaló hacia él para que lo rodeara como antes. Con esa renovada cercanía y sin soltarle la pierna, Stan la besó profundamente al tiempo que empujaba su cadera con suavidad hasta volver a rozar sus intimidades. Él entreabrió sus labios en un gemido silencioso, mientras veía cómo Kohaku entrecerraba sus ojos con una divina expresión de placer. Cadenciosamente volvió a hacerlo una vez más, y luego otra, sin separar el contacto de sus sexos por encima de la ropa interior.
La miró con intensidad, no quería perderse ni un segundo de aquella expresión tan cautivante, de las primeras veces que ella tenía un contacto tan íntimo y caliente con un hombre. Le emocionaba cuánto confiaba en él, no había dudado de sus palabras ni de continuar, y por ello mismo quería hacerla sentir lo mejor posible. Pero en cuanto ella se dio cuenta que estaba siendo tan fijamente observada, volvió a sonrojarse y bajó la cabeza, escondiéndose contra el cuello de él.
- No me mires.
- ¿Por qué no? Vamos, no me prives del gusto de ver tan hermosas expresiones en tu rostro, me gusta mucho saber que lo estás pasando bien.
- Es raro, tu mirada… –Insistió, sin ceder. El corazón le había martillado cuando vio esa expresión tan intensa y llena de deseo.
- Como todavía no estás acostumbrada a conocer y decir lo que te gusta o cómo te sientes, necesito verte para saber si voy bien. Aunque si lo prefieres, hay otra opción.
- ¿Cuál?
En respuesta, Stan le sostuvo la espalda con una mano y el muslo con la otra, y dio medio giro para apoyar la espalda contra el colchón, Kohaku quedando recostada encima de él.
- ¡¿Qué haces?! –Exclamó, aún más abochornada, en ese momento podía sentir todo el cuerpo de Stan en contacto con el suyo, todo, incluso su agradablemente punzante erección que la hizo casi morderse el labio inferior de gusto.
- Si no quieres que te mire, puedes abrazarme fuerte así, pero a cambio, te mueves tú y eres libre de probar lo que más te guste.
- Fácil decirlo y hacerlo para ti –Se quejó Kohaku.
Stan cambió la posición de sus manos, subiendo la que estaba en el muslo de la joven para abrazarla contra su cuerpo, y la otra la bajó para hacerla flexionar la otra pierna, de forma que ella quedara recostada y con sus piernas rodeando las caderas de él. Eso hizo mucho más notable el contacto de sus sexos, podía rozar mucho más de la intimidad de Kohaku de esa forma, y estimular así deliciosamente la de ambos.
- Ooh, nada mal –Susurró con un gemido ronco y extasiado, también al sentir el gemido apenas ahogado de ella, que apretó los dedos de una mano con más fuerza sobre el pecho de él– Muévete así, sigue mi guía.
Confiando en que Kohaku se quedaría en esa posición, llevó las manos para apoyarlas en el hermoso trasero tan generoso de ella, sonriendo con diablura cuando le oyó un respingo. Con firmeza y lentitud, empezó a moverla desde allí hacia adelante y hacia atrás, para que sus intimidades se rozaran con más intensidad, y ella se acostumbrara a la nueva y tan deliciosa sensación. No pudo evitar mirarla un poco, era instintivo querer verla disfrutar, por suerte los ojos de ella estaban cerrados y no se dio cuenta, era toda sensaciones.
- Aah, Stan…
- ¿Te gusta cómo se siente esto? –Preguntó con voz acaramelada, entre sus propios suaves jadeos de placer.
- Sí… Sí… ¿Stan? –Abrió los ojos para encontrar sus miradas.
- Dime.
- No dejes de besarme.
El soldado llevó una mano al costado de la cabeza de la joven para jalarla suavemente hasta su rostro, y así besarla tal como le había pedido, aunque no hubiera hecho falta que lo hiciera, él quería lo mismo. Sus labios no se separaban mientras ella empezaba a moverse, acompasada a la guía de su compañero amante, dejándose llevar y tratando de no pensar en más nada que disfrutar ese momento. El cuerpo de Kohaku empezaba a moverse solo, acomodándose naturalmente para sentir esos lugares en que un calor casi electrizante la recorría entera.
Se estaba empezando a entusiasmar, era como si no pudiese detenerse, porque cada segundo se sentía más delicioso aquel contacto. Cuando dejó salir de su boca un gemido audible y largo entre los besos, Stan se estremeció bajo ella ante tal sensual sonido, y la miró con los ojos oscuros y cargados de deseo.
- Kohaku, ¿podemos cambiar, que yo quede encima tuyo? Tranquila, seguiremos con esto mismo.
La rubia asintió en respuesta, y el soldado se giró con ella encima para recostarla sobre el colchón, y se acomodó entre las piernas de ella separándose lo mínimo posible en el proceso. Cuando quedó arriba, se apoyó en un codo para no cargar todo su peso en ella, y la besó con pasión mientras con la mano libre le agarraba el muslo y lo jalaba hacia él para que Kohaku lo rodeara con sus piernas sin timidez. No quería ser demasiado invasivo, menos cuando la había dejado abajo a su merced, pero no podía resistirse a besarle algo más que la boca. Al compás de sus suaves empujes y movimientos cadenciosos y circulares, hizo un poco a un lado la cabeza para besarle el cuello. La oyó gemir sensualmente una vez más, y se animó a bajar un poco más, por la clavícula y sólo hasta el borde del sostén, jugando con tentarla con sus labios y lengua, antes de volver a besarla profundamente en la boca.
Sus movimientos empezaron a volverse más intensos y rápidos, concentrado en rozar su miembro por encima de la ropa directamente donde estaría el clítoris de ella, y supo que había hecho bien cuando Kohaku lo apretó más con sus piernas, a la par de abrazarlo por la espalda con más fuerza.
- Ooh, Stan… Eso… Eso es…
- Lo sé, te va a desconectar de este mundo –Contestó con una sonrisa confiada– Quizás nunca sentiste esto y lo que viene, pero tú tranquila, confía y déjate llevar, entrégate a lo que sientas.
- Está bien… Aah…
Kohaku se sentía cada vez más acalorada, las mejillas le ardían, y percibía cómo esa intensa sensación le embotaba la mente y la estaba arrastrando a un lugar desconocido, aunque no tenía miedo, menos aún desde la tranquilidad que le había dado Stan. Si ya creía que eso era suficientemente bueno, el rubio aumentó un poco más el ritmo y la incesante presión de sí mismo contra ella, y fue cuando instintivamente la joven empezó a buscar más a su vez. Se animó a mover sus caderas, tratando de sincronizarse con él.
- Oh, Kohaku, sí… –Gruñó Stan guturalmente, asintiendo con la cabeza– Sigue así.
Entusiasmada con la respuesta de él, repitió a continuación ese movimiento, que no hacía más que derretirla de gozo y pura excitación, la estaba llevando más rápido a eso que no sabía qué era, pero sabía que lo quería alcanzar. Podía sentir a Stan más acelerado y jadeando contra su oído, incluso luego se sobresaltó cuando sintió el filo de los dientes de él contra la piel de su fino cuello, estremeciéndose completa, con una sensación salvaje dentro, que le pedía más. Le preocupaba un poco que estaba empezando a perder el control de su respiración, también acelerándose, y por momentos no podía ni hacerlo, pero a la vez era como que tenía esa urgencia de continuar con ese nuevo placer y por nada del mundo quería interrumpirlo, era tanto o más necesario que respirar.
- ¡Stan! –Exclamó en medio de un gemido, hundiendo las puntas de los dedos en la musculosa espalda de él, cuando la sensación se estaba volviendo tan deliciosa como insoportable.
- Sigue así… Un poco más…
Ese "poco más" llegó medio minuto después, cuando sintió que llegó al límite de su control y resistencia, y algo simplemente se desbordó dentro de ella, anulando su mente y hasta su respiración, mientras una ola de las más intensas sensaciones se adueñaba de ella, empezando en el punto de su intimidad que Stan estaba frotando inclemente, y poco a poco recorriendo todo su cuerpo. No pudo controlar unos fuertes espasmos que le siguieron, y tuvo que empujar un poco al soldado desde el abdomen para pedirle así que se alejara un momento, no podía soportar más de ese abrumador placer. Cuando al fin pasó un poco y pudo volver a ingresar aire a sus pulmones, Stan volvió a empujarse contra ella, adquiriendo rápidamente un ritmo más frenético mientras dejaba salir de sus labios los más eróticos y bajos gemidos que había escuchado nunca. Unos segundos después lo sintió detenerse abruptamente y estremecerse visiblemente sobre ella, y notó con claridad una sensación bastante húmeda y caliente entre ellos.
El pecho del soldado se agitaba como si hubiera hecho una carrera a todo pulmón, y Kohaku hasta podía sentirle el corazón bombeando y martillando, parecía que quería salirse del cuerpo. No se alejó de ella por un momento más, frotándose contra su intimidad unas últimas veces más, con mucha presión como si buscara traspasar la ropa, que le generó el impulso de abrazarlo con sus brazos y piernas. Los dos se quedaron en silencio, recuperándose de su agitado y caliente estado, hasta que Stan se giró y se recostó al lado de ella, todavía sin abrir los ojos.
- No sabía que sentir algo así podía ser posible –Dijo Kohaku, mirándolo abrumada.
- Fue intenso, nada mal. Aun así, te aseguro que tienes mucho más por conocer, cuando quieras –Contestó el soldado, y luego frunció el ceño, al sentir su descarga en la ropa interior, se había dejado llevar demasiado, no pensaba que llegaran a eso tan pronto– Ah, perdona, pero vamos a tener que cambiarnos y dormir otra vez con los calzones de Xeno.
- Hmm, sí, ya me parecía… –Murmuró, tocándose disimuladamente y sintiendo la humedad en sus bragas, la suya y la de él.
- Ve tú primero al baño, cámbiate cuanto antes. Como estaba nuestra ropa de por medio, no creo que haya riesgo, pero… por las dudas –Musitó, incómodo al recordar cuánto se había presionado contra ella al final, luego de acabar.
Creyendo entender lo que significaba la indirecta de Stan, se puso un poco nerviosa y se levantó de la cama de un salto, envolviéndose con la cobija antes de ir a buscar la otra prenda que ya debía de estar seca del lavado del uso previo. Luego de cambiarse, y de que el estadounidense también lo hiciera, volvieron a acostarse juntos y acurrucarse. Al poco rato, Kohaku seguía con la necesidad de hacer una aclaración, todavía abrumada por los ecos de las sensaciones tan ardientes.
- Stan
- ¿Sí?
- Esta fue la primera vez que hacía algo así.
- Lo supuse –Asintió, mientras le acariciaba la espalda para animarla.
- Quiero decir que no es algo que pudiera hacer con cualquiera.
- Te agradezco la confianza, y yo también lo disfruté mucho. No te preocupes, esto quedará entre nosotros.
- Hmm, sí –Murmuró un poco frustrada, no era ni por asomo lo que había querido decirle– Buenas noches.
- Buenas noches, dulces sueños.
El cuerpo liberado de Stan le rogaba por entregarse al descanso, todavía se sentía flotar luego de tanto placer, por lo que no le costó caer dormido profundamente a los pocos minutos. La mente de Kohaku seguía muy activa, no tenía una pizca de sueño, y recordar lo que había sucedido le hacía arder las mejillas, y a la vez le plasmaba una enorme sonrisa pícara en el rostro. Por tradición no pensaba hacer ese tipo de cosas hasta casarse o algo así, pero se había dado de una forma tan natural y sin presiones, y con un hombre que le gustaba y que tenía muy en claro lo que tenía que hacer para que ella se sintiera cómoda y lo disfrutara, eso le había resultado revelador y tranquilizador. Levantó la mirada hacia Stan, viéndolo profundamente dormido, hasta así se veía guapísimo, por lo que sonrió y se animó a levantar una mano para acariciarle mínimamente el cabello rubio y tan suave que tenía, y luego de su toque secreto cerró los ojos y se concentró en dormir.
Luego de otra noche de sueño reparador y sin interrupciones, Stan despertó primero. Hacerlo con Kohaku entre sus brazos, demasiado confortables y calentitos los dos, se estaba volviendo un gusto culposo de lo más dulce y rico, más aún después de una noche tan especial. Se quedó un rato quieto mientras despertaba del todo, sin dejar de mirarla, hasta que no pudo contenerse y le dio un beso en la frente. No la despertó, por suerte, aunque pensó lo lindo que debía sentirse despertarse con el rostro regado por besos. Estuvo a punto de hacerlo, pero se contuvo, quizás era muy pronto para algo así, por lo que se contentó con otro beso en el mismo lugar, más largo. Eso sí la despertó, y la sintió enroscarse más fuerte a él y seguir intentando dormir, sin la mínima intención de abrir los ojos y levantarse.
Eso lo hizo reír por lo bajo y querer jugar un poco con ella, entre apretujarla y para darle unos ruidosos pequeños besos en el cuello, que seguro le harían cosquillas. Todavía parecía estar muy adormilada, ya que sólo sonrió y trató de esconder el cuello cual tortuga, y siguió intentando dormir. Sin rendirse, Stan acercó sus labios a la oreja de ella, para susurrarle.
- Buen día, bella durmiente y remolona.
- ¿Puedes culparme? –Dijo con voz ronca– Esto es demasiado cómodo y bonito
- Lo es... Pero hay que despertar del sueño.
- ¿A qué te refieres? –Eso la hizo abrir los ojos, y mirarlo con duda.
- Tenemos que volver a nuestras vidas "normales" en unas horas.
- Sí, pero... Esto no tiene por qué cambiar, ¿no? –Preguntó con timidez– Lo nuestro, digo.
Stan se quedó callado, su corazón fue el que se expuso latiendo más acelerado al oír eso. ¿Ellos, juntos? Lo que había pasado la noche anterior había sido un gran paso, y no lo había hecho solamente por excitación, era consciente que para Kohaku un nivel de intimidad sexual, aunque no hubiera completo desnudo ni penetración, no era juego ni algo para tomarse a la ligera. Tampoco significaba que ya fuesen novios, pero abría esa puerta a mediano plazo. No era un hombre que se apurara a formalizar, aunque tampoco le molestaba la idea de hacerlo si era con la mujer que se sintiera bien, que fueran compatibles. Y con Kohaku…
- Hay... Hay un "nosotros" ahora, ¿verdad?
La pregunta de Kohaku fue expresada con timidez, inseguridad incluso. Ante el silencio de Stan, de pronto tuvo un feo pensamiento de que lo que había pasado entre ellos podía acabar en cuanto volvieran a la "normalidad". Stan lo acababa de decir, despertar del sueño, y volver. Habían estado muy acaramelados últimamente, pero no habían intercambiado palabras de amor más allá de algún halago sentido. Quizás se estaba adelantando, y para un hombre "adulto" como él, y con sus costumbres del mundo moderno, algo tan dulce y a la vez tan atrevido como lo que habían hecho podía no significar lo mismo que para ella. Oyó a Stan suspirar, y levantó la vista para encontrarse con una intensa mirada esmeralda de él.
- Si quieres que lo haya, I'm all in.
- Stan... ¿De verdad te sientes así? ¿No porque te haya presionado con la pregunta?
- Deberías saber a esta altura que a mí nadie me obliga a nada, y no soy alguien que sea falso para contentar a otros. Todo lo que salga de mi boca es mío, en plena consciencia. Todo. Cada palabra, cada gesto –sonrió tiernamente–, cada beso.
Dicho eso, se acercó para darle un suave y largo beso en los labios a la joven, sorprendiéndose cuando la sintió relajarse bajo sus manos. Nuevamente, para todo lo segura que Kohaku, tenía también un grado de inocencia que le despertaba mucha ternura e instinto de protección, le parecía tan pura, y estaba seguro que nunca haría algo para jugar con sus sentimientos.
- Gracias, Stan.
- Lo mismo digo, gracias a ti, Kohaku.
- ¿Podemos quedarnos un ratito más, así juntos?
- Pretendamos que si cerramos los ojos, el tiempo se detiene.
- ¿Podemos hacer eso? –Preguntó Kohaku con una pequeña sonrisa.
- Por supuesto que podemos.
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Buenaaas! Como esperábamos... el two-shot se convirtió en tri-shot, qué raro, ¿no? xD. No hay dos sin tres, y es que es tan lindo escribir un romance a fuego lento, más realista y sentido, que las palabras sólo fluyeron, y aquí estamos. Así que habrá un capítulo más, con el desenlace y toda la ternura, pasión y el esperado delicioso que se hace sentir y desear jeje.
Gracias por leer, apoyar y dar amor, hoy y siempre! Es estimulante pensar nuevos escenarios y posibilidades, sin repetir a pesar de tantos capítulos y varias historias que le dedico a esta ship, siempre hay más por explorar para ellos y sus multiversos.
Ahora la duda es si terminar este fic, o escribir el de "Otros Caminos", que claro se me está demorando. Si gustan de opinar y elegir, seguiré el deseo de la mayoría, y sino... lo que la inspiración haga fluir primero jaja.
Hasta el próximo capítulo!
