11°. Una boda… ¡POR FIN!

La chica estaba vestida con el traje blanco, delante tenía al sacerdote. A su lado al novio. Ella se giró y lo miró. El joven estaba nervioso., sudaba a mares y estaba muy blanco.

El chico no temía casarse con la chica que estaba a su lado, estaba deseándolo hacerlo desde que la conoció. Pero eso no significaba que su timidez lo dejase actuar. La miró y la vio muy guapa, y eso lo hizo ponerse aún más nervioso, en eso notó la mano de su futura esposa. Y se miraron. Ella con la mirada le transmitió calma y él logró tranquilizarse… un poco.

Para los dos, toda la liturgia fue larga y tediosa, querían acabar y librarse de ser el centro de atención, había demasiadas miradas puesta en ellos, y era algo que no les gustaba.

El padre de la novia lloraba a mares. Su hija pequeña se casaba, ya hacía planes de cómo entrenaría entre él y su consuegro al futuro heredero.

La hermana mayor de la novia miraba a esta con orgullo. Su hermana sería una buena esposa. El novio, a pesar de sus defectos, la quería con locura y protegería siempre. Su hermana también quería a su prometido, y a pesar que ella también tenía defectos, serían una pareja feliz.

La hermana mediana miraba todo con aburrimiento. A partir de ahora se había acabado la diversión. La vida se volvería muy monótona y aburrida. Se tendría que buscar otra diversión, burlarse de su hermana y el esposo de esta no sería igual que antes.

El padre del novio estaba contento, habían juntado las dos escuelas. Por fin tendrían un dojo propio. Como el padre de la novia hacía planes para el heredero…planes en que la opinión de los futuros padres no contaba.

La madre del novio estaba orgullosa de su hijo, el chico al lado de su prometida era tan viril. Sería todo un hombre y le daría muchos nietos.

Los dos contrayentes estaban ajenos a los planes de sus padres. No pensaban en el futuro, sólo en el presente.

El sacerdote seguía hablando y llegó el momento que dijo las palabras malditas.

-Si alguien tiene algo que decir en contra de esta boda que hable o calle para siempre.

Los dos contrayentes se miraron asustados, era el momento que se podía torcer todo, no sería la primera vez que en ese momento, fuerzas externas actuasen. Todos los asistentes miraron a todos los lados esperando una interrupción, pero no ocurrió nada. Todo siguió en calma y el sacerdote siguió con la ceremonia.

-Tú, Ranma Saotome ¿Quieres a…? -preguntó el sacerdote.

El chico se quedó primero blanco y luego rojo. Miró a su prometida y tragó saliva.

-S…s.… si…si quiero- dijo el chico, y soltó un bufido de alivio. Lo había dicho, no había sido tan difícil como parecía.

La chica lo miró. A pesar de todo su prometido era muy tímido. Sonrió, ahora le tocaba a ella responder.

-Si quiero… y tanto que si- dijo y miró a su prometido sonriendo, este se sonrojó y puso cara de tonto feliz.

- … puedes besar la novia- dijo el sacerdote. Y así acabó la ceremonia.

Fue entonces cuando Ranma se puso más rojo y nervioso que nunca. Tuvo un ataque de nervios y se quedó quieto como una estatua, fue entonces cuando Akane tomó la iniciativa, le pasó los brazos por el cuello y lo besó. El mundo desapareció para los dos, estaban solos en su universo. Ranma de forma inconsciente la abrazó.

Cuando separaron sus labios habían pasado minutos, los asistentes los vitorearon. Ranma perdió la noción de lo que ocurría a su alrededor. Puso cara de tonto feliz. Adquirió una sonrisa idiota.

Akane lo miró y lo cogió por la mano.

- ¡Venga Ranma! Tenemos que saludar a nuestros invitados y agradecer su asistencia. -Ranma la miró como si fuera tonto. Y sonrió con una sonrisa idiota- Vamos Ranma, compórtate y olvida el miedo escénico.

Ella se giró y tiró del chico. Este se repuso y miró a su flamante esposa y puso una sonrisa traviesa.

Akane notó que tiraban de ella y se giró extrañada. Y miró a su esposo y vio que planeaba algo.

-Me ha gustado tu beso… ¡quiero más! - el chico tiró hacía él del brazo con que cogía la chica, la cogió por la cintura con el otro. Y la miró con dulzura.

- ¿Qué te propones Ranma? - preguntó ella asustada- estamos delante de…- no pudo seguir, su esposo la besaba con pasión. Entonces fue ella quien perdió la noción del tiempo. Entonces fue ella la que quería más besos así.

Cuando se separaron, era ella la que tenía cara de alucinada, una sonrisa idiota apareció en su rostro, y se quedó quieta, como ida. Y como él minutos antes, puso cara de tonta feliz.

- ¡Siiii! - gritó alegre el chico saltando de alegría, estaba eufórico. Por fin tenía lo que había soñado cada día durante casi tres años. Por fin él y Akane estaban casados. - ¡ya eres mía Akane!… ¡ya soy tuyo!, es lo que llevamos tanto tiempo deseando, ¡Vamos Akane! Tenemos que saludar a nuestros invitados y agradecer su asistencia. -dijo el chico- ella lo miró alucinada, salió de su ensueño y asintió y fueron a saludar a sus invitados.

Estaban llegando al fin del salón, los dos chicos estaban pletóricos, habían logrado lo que querían desde mucho tiempo atrás, casarse…sin que los interrumpieran.

Al llegar a la última fila, se acercaron a un grupo de jóvenes que no se había acercado a felicitarlos y permanecían sentados.

-Yo y mi esposa os agradecemos mucho vuestra asistencia a nuestra boda- dijo Ranma sonriendo.

-Se os ve que estáis alegres por nuestro enlace. - dijo ella sonriendo también.

Los seis jóvenes sentados negaron con la cabeza. En sus ojos se veía el horror, parecía que asistieron a una película de terror. Se había cumplido la peor pesadilla de cinco de ellos.

-¡Que callados y quietos han estado toda la boda!- dijo el chico a su esposa- pensaba que meterían más jaleo. Pero se han comportado bien.

- ¡Mira! Ranma aún siguen calladitos Debe ser de la emoción de asistir a nuestra boda. Sentimos dejaros, pero debemos ir al convite, os agradecemos que nos lo paguéis y después la luna de miel, que también os agradecemos que nos lo paguéis…-y puso un tono siniestro y los miró con maldad- es lo menos que podéis hacer después de destrozarnos cinco intentos de boda, después destrozar por segunda vez la casa de mi suegra y el dojo Tendo completamente. También os agradecemos vuestra colaboración en sus reparaciones.

Los dos recién casados los miraron y se giraron y se dirigieron hacía la salida del local, pero antes de salir. Giraron sus cabezas y miraron a los seis chicos sentados en la última fila.

- ¡Que quietos están! - comentó Akane riendo.

-Será que cuando llegaron los atamos y amordazamos, no se han podido mover en toda la ceremonia y han estado calladitos. - dijo el chico riendo. - teníamos que haberlo hecho la primera vez, nos hubiéramos ahorrado muchos problemas. -Los dos recién casados se carcajearon. Habían ganado definitivamente la partida.

Los dos jóvenes se giraron y abandonaron la iglesia hablando y riendo, dejando en la última fila, de la iglesia, a los seis rivales atados y con las bocas bien tapadas.

Fin