19º. Una Decisión importante.

Había sido un día muy malo, un día de perros. Desde el primer momento todo lo que pudo salir mal, salió mal.

Durante el desayuno se peleó con su padre, que le intentó robar la comida. El resultado fue catastrófico, Akane quedó implicada. Al quitarle el bol su padre, el tazón voló y cayó encima de Akane, manchándola. La chica reaccionó muy mal y él acabó siendo golpeado por el mazo de la joven. Ranma se enfureció, hasta ese momento todo iba bien, había quedado con Akane para ir a tomar algo. Y todo quedó anulado, por culpa de su padre, tarde o temprano se vengaría de su padre.

Al salir para la escuela se topó con Shampoo, con Ukyo y con… ese día tuvo la desgracia de encontrarse con todos sus pretendidas prometidas y sus rivales. Se tuvo que deshacer de todos ellos. Aunque con cada encuentro sólo consiguió una cosa, que su pelea con Akane fuera haciéndose más grande. Al llegar a la escuela, llegaron tarde, fueron castigados al pasillo, y allí su discusión siguió.

A la hora del almuerzo llegaron las otras tres prometidas ofreciéndole comida, ya había comido y las rechazó. Las tres locas lo obligaron a comérsela y acabó empachado y discutiendo de nuevo con Akane.

Volver a casa fue un suplicio. Entre ataques de sus rivales, acosos de sus prometidas y pelear con Akane, acabó de muy mal humor.

Ni en casa tuvo un momento tranquilo. Su padre y Soun lo sometieron a un entrenamiento especial. Luego se discutió con ellos, querían que se casase con Akane ya. Al llegar la hora de la cena su mal humor era enorme nadie quiso hablar con él, pensaban que reaccionaría muy mala forma. Su padre no lo vio así, e intentó robarle el poste y Ranma lo miró mal, miró a su bol y a Akane. Sabía que si defendía su comida su prometida se vería implicada. No se hablaban, ese día, estaban enfadados. Y él no quiso aumentar el enfado de ella.

Se volvió a su prometida y la miró, sabía que a Akane le volvía loca ese poste, y decidió que fuera ella quien se lo comiese.

-Toma Akane, no tengo más hambre- y le dio su comida. Ella lo miró asombrada, era la primera vez que el chico cedía su comida- no dejes que ese aprovechado te la robe-y se fue.

Había subido al tejado a tranquilizarse de todo el ajetreo de ese día. ¿Ese día? ¡Pero si desde la boda fallida era lo que pasaba cada día!

Las tres locas vieron que su derecho a ser la esposa de Ranma peligraba, no dejarían que se casase con Akane, esa chica no tenía ningún derecho sobre él. Los tres rivales pensaban igual, pero en este caso era él el que no tenía ningún derecho sobre Akane. Unas querían atarlo a ellas y los otros mandarlo al otro barrio.

Su familia se metía en su vida a cada momento, queriéndole marca su destino.

Y Akane… Akane se veía implicada en todo. Mientras él quería llevarse bien con su prometida, siempre se peleaban por culpa de otros. Eso debía cambiar.

Ya estaba cansado de pelearse continuamente con su prometida por tonterías. Que siempre que iba bien entre ellos dos, apareciera un idiota a estropearle el día.

Estaba cansado de tener que huir de tres que querían obligarle a casarse con una de ellas. Que tres locos lo siguieran para acabar con él y quedarse con alguna de sus prometidas.

Que su padre y Soun lo agobiasen con la boda. Últimamente la boda se había vuelto una obsesión para los dos patriarcas. No le desagradaba casarse con Akane, pero quería ser él que se lo pidiese a ella.

Estaba cansado que cada día lo atacasen, lo acosasen, lo amenazasen. Que, desde la boda fallida, él se hubiera vuelto la presa a batir.

Miró a las estrellas unas horas y se levantó. Había tomado una determinación. No le gustaría a nadie, pero debía hacerlo. Se metió en la casa y fue a su habitación, esa noche no dormiría.

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Akane estaba en su habitación, para ella fue también un día de perros. Las tres locas quisieron deshacerse de ella, lo hacían desde la boda fallida. Kuno se había vuelto más insistente, y Ryoga se había unido a la fiesta. Aunque este chico tenía novia, no parecía contento con que ella y Ranma siguieran juntos y siempre 9ntetaba separarlos.

Y Ranma… creía estar segura que el chico la quería, se lo decía como la miraba, como se ponía nervioso y se sonrojaba cuando le hablaba. Entonces no se explicaba por qué el joven se reía de ella. Se imaginaba que era la timidez del joven, unida a la tozudez y orgullo de ambos.

Ese día se habían vuelto a pelear, por culpa de otros. Debía pedirle perdón. La culpa no era del chico. Se levantaba para ir a la habitación del joven. Su prometido acaba de volver del tejado. Ella lo oyó bajar. Abrió la ventana, iría por el tejado, como hacía siempre el chico, cuando iba a la habitación de ella. Y cuando fue a salir por la ventana, un fuerte brazo la cogió y la sacó al tejado y le tapó la boca.

-No grites Akane, ¡No te asustes! ¡Soy yo, Ranma! - ella asintió, sabía que el joven no le haría nunca daño. - No te haré nada, tú sabes que nunca te haría nada. No estoy tan loco. -la miró- ¿Si te suelto no chillaras o me pegaras? -Ella asintió. Él la soltó y la joven lo miró con rabia, pero no chilló. El joven se asustó, su prometida seguía enfadada- escucha Akane, te tengo que contar algo. Estos últimos días han sido muy agobiantes. Me han perseguido continuamente, tanto esas tres locas como los tres idiotas, no he logado descansar ni aquí, con tu padre y el mío pensionándome para casarme contigo o para aprender una nueva técnica… y sólo me enseñan técnicas tontas. Pero lo peor es que llevamos días peleándonos tú y yo y la mayoría de las veces es por culpa de otras personas, reconozco que estoy de mal humor y lo pago con la única que es inocente, ¡Tú!

El chico andaba de un lado al otro estaba muy nervioso y Akane se empezaba a imaginar que quería decirle y no le iba a gustar.

- ¿Qué es lo que te propone hacer? -preguntó ella asustaba.

-Me voy a ir- contestó el chico. Ella se asustó. Se iba, la dejaba sola. Se iría con una de sus prometidas.

- ¡Te vas y me dejas sola! - dijo ella furiosa, pero en voz baja, no quería despertar a la familia. - ¿Te vas con algunas de tus amiguitas? Pues puedes irte- dijo enrabiada- pero no vuelvas nunca más. ¡No te quiero volver a ver nunca!

El chico vio que la chica había malinterpretado sus palabras.

-Te equivocas Akane, yo…-dijo Ranma muy nervioso, no sabía cómo explicárselo a la chica.

- ¿Tú qué? ¡Cobarde!, ¡eres un cobarde!. No tienes el valor de…- empezó la joven, pero no pudo seguir Ranma le volvió a tapar la boca.

- ¡Déjame acabar! Aunque sea sólo una vez- pidió el chico. Ella le mordió la mano y el chico la dejó ir y soltó un pequeño gruñido de dolor. La miró con rabia y ella a él desafiante. - ¿No puedes ser más amable? Siempre me tomas por culpable, no me dejas defenderme. Por una vez podías escucharme.

Ella lo miró y…

-Habla, tienes un minuto… después te echaré del tejado a patadas- dijo ella furiosa- y si te vas, no vuelvas a dirigirte jamás a mí.

-No huyo Akane, o tal vez sí. - estuvo unos segundos callado y cerró los ojos- Akane cada vez veo que no controlo mi vida, que otros quieren decidir por mí. Lo que haré en el futuro, a quien debo amar, con quien casarme… Mi padre, el tuyo y esos seis idiotas se creen capacitados para controlar mi vida, el único que no puede decidir soy yo…- la miró. Y casi suplicándole le dijo- ¡Akane! quiero tomar control de mi vida! ¡Ser yo quien decida con quien pasar el resto de mi vida o decidir lo que haré en mi futuro!. Sin nadie que me imponga a quien querer o no querer. Sin nadie que me persiga para obligarme a casarme o para liquidarme por estar prometido a alguien.

La chica lo miró asustada. El chico le estaba revelando una parte de él. Una parte que ella no sabía que existía, aunque la intuía, una parte oscura del joven.

- ¡Ranma yo no sabía esto de ti! ¿por qué no me lo contaste? Te podía haber ayudado.

-No quería implicarte más, ya tiene bastantes problemas… por culpa mía. ¡Ya no aguanto más! Estoy cansado que me presionen, ¡desde todos los lados!, y en direcciones que yo no quiero ir. Sé lo que quiero. Pero necesito meditarlo a fondo y aquí, con tantos locos por medios será muy difícil. Necesito desaparecer unos días. Para tranquilizarme. - la miró- aquí eres la única en quien puedo confiar. -La miró de forma extraña- necesito que me guardes las espaldas. Te pido que me ayudes. No te diré dónde voy, ni yo mismo lo sé. Cuanto menos sepas mejor, no me fio de lo que puedan hacerte para sacarte la verdad. No te preocupes, volveré.

- ¡Ranma! - dijo ella llorando- no te vayas… llévame contigo- pidió ella.

-No, nada me gustaría más que eso… pero esas pueden seguirme, al menos aquí estarás a salvo. No sé cuándo volveré, pero ten por seguro que lo haré y que no pasará mucho tiempo. – la miró. - Akane, eres lo único bueno que me ha pasado en mi vida, lo único bueno que hay en mi vida. Si seguimos como ahora… acabaremos mal. Cuando vuelva, quiero que todo mejore entre tú y yo.

-Cuando vuelvas, todo será mejor- dijo ella y lo abrazó y ocultó el rosto en el pecho del chico, él supo que ella estaba llorando.

- ¡Suéltame! - ella lo miró sorprendida- si no lo haces se me harás muy difícil irme- dijo él y sonrió- pase lo que pase, elija lo que elija, tú y yo seremos siempre algo más que amigos.

Se separó un poco de ella y la miró, le sonrió. La cogió por los hombros y la besó en la frente.

-Adiós Akane, ¡Adiós mi Akane! Cuando vuelva… - dijo el chico. Y lo dijo el joven quedó grabado en la cabeza de Akane. Y él se fue. Ella lo vio partir y lloró, de pena, de emoción. La dejaba sola, pero volvería, estaba segura que lo haría y ella esperaría que volviese sin desmostar ninguna emoción. Como él esperase que hiciera.

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El día siguiente fue una locura, cuando fueron a desayunar descubrieron que Ranma se había fugado. Toda familia dio su opinión. Aunque quedaron convencidos por el argumento de Nabiki.

-Se ha fugado con una de sus prometidas- dijo la joven.

Y todos quedaron convencidos por esa hipótesis. Akane ya furiosa por la desaparición del chico se vino abajo y subió muy afectada a su habitación. Una vez en ella, el semblante de la chica cambió y una sonrisa apareció en su rostro, nadie sabía la auténtica razón de la desaparición de Ranma u ella no contaría nada.

Al cabo de las horas aparecieron las tres rivales de Akane. Y empezaron a teorizar sobre la desaparición del chico.

-Lo deben haber hecho desaparecer sus rivales- comentó con tranquilidad Nabiki.

Todos se vinieron abajo. Hasta que aparecieron los tres chicos y se aclaró la inocencia de los tres jóvenes.

- ¿Dónde está Ranma? - preguntó Ryoga.

Todos se miraron desesperados, un chico había desaparecido sin dejar rastro.

Ukyo miró a Akane. La joven pensaba que la prometida oficial podía saber algo.

- ¡Akane! ¿Tú no sabrás donde está Ranchan?

- ¿Por qué debería saber dónde está ese idiota? - contestó la chica furiosa- Se ha ido sin avisar-dijo con rabia- si vuelve… le daré la lección que se merece- se levantó y miró a todos- si alguien me vuelve a mencionar a ese idiota… lo mando al hospital- y salió del salón, dejando a todos perplejos. la chica subió a su habitación y allí . se tumbó en la cama- Volverás Ranma, sé que lo harás ¿verdad?- ni ella estaba segura que el chico volviese.

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Los días fueron pasando y Ranma no volvía, pero Akane mantenía la esperanza, sabía que volvería. Aunque aparentemente parecía furiosa con el chico por desaparecer, era la única que sabía la causa de la desaparición de su prometido.

Cada día aparecían las tres prometidas y los tres rivales. Akane los miraba como una molestia, incluso a Ryoga lo veía como un fastidio, este le propuso retar a su prometido y al vencerlo, él sería su nuevo prometido, Akane ni le hizo caso, es más le echó en cara que él ya tenía novia. Akane le dijo de mala formas que era un mal hombre, tener una novia y querer dejarla para irse con ella no era de hombres.

Esos idiotas querían saber noticias de Ranma, si había llamado o se había puesto en contacto con la familia y la respuesta era siempre la misma.

- ¡No sabemos nada! Ha desaparecido como si jamás hubiera existido- decía alguien de la familia.

Casi dos semanas después de desaparecer Ranma, Akane estaba tomando un té, estaba sentada y miraba a todos con lastima. Las chicas hacían planes de boda para cuando Ranma volviese, lo obligarían a casarse con ellas. Los rivales lo retarían a muerte. Los patriarcas después de darle una lección por irse lo casarían con Akane. La chica los miró harta, se estaba cansando de las tonterías de esos locos. Comprendía por qué Ranma huyó.

Ese día el humor de la joven fue empeorando y cuando iba a estallar, ya no aguantaba más a esa troupe de locos, hoy les daría la lección que se merecían. De repente se quedó rígida, sus ojos se abrieron mucho. Nadie se dio cuenta, cada loco iba a lo suyo. Dejó el té en la mesa y se levantó.

- ¿Dónde vas Akane? Debes estar aquí y pelear por tu prometido-dijo su padre.

-Salgo. Me duele la cabeza de oír tantas tonterías. Ranma se fue, y no dijo nada a nadie. No quería saber de nosotros, nos buscamos que huyera, lo agobiamos mucho, fue culpa nuestra que huyera-los miro- viendo lo locos que sois, comprendo que huyera… yo también lo haría en su caso, si mañana volvéis alguno, - los miró con rabia y muy enfadada dijo- os mandó al hospital, no os quiero volver a ver en esta casa, ¡NUNCA! - y salió del comedor dejando a todos asombrados. Salió del dojo y se quedó apoyada en la puerta de entrada. Bajó la cabeza, metió las manos en los bolsillos, y sonrió con tristeza.

- ¿Por qué he salido? ¿Qué es esa sensación que he tenido? - se preguntó la joven. Hacía un poco de frio y se abrazó ella misma. - Estoy loca, mira que presentir a Ranma. Salir a la puerta por qué siento que viene. - se rio de ese pensamiento- cada vez me vuelvo más loca.

Volvió a tener el presentimiento de antes, pero con más fuerza, y alzó la cabeza y miró a un extremo de la calle, vacío, no había nadie. Miró al otro extremo, igual de vacío. Pero siguió mirando hacia allí, y a los pocos segundos apareció una figura, ella lo reconoció al instante.

Empezó a andar hacía esa figura, luego corrió y se paró cerca de ella. Los dos jóvenes se miraron durante unos segundos. Ella con algunas lágrimas en los ojos, el chico la miró.

- ¡Hola Akane! ¡He vuelto! - dijo él con la cara muy roja y con una tímida sonrisa.

Ella lo miró y rompió a llorar y se lanzó sobre el chico y lo abrazó, enterró la cara en el pecho del chico.

-Eres bienvenido… Te… te… he echado… mucho de menos- dijo ella entre sollozos. - no vuelvas a dejarme sola. Ni se te ocurra- amenazó la chica.

Él la miró y sonrió, le limpió las lágrimas de cara con una mano.

- ¿Por qué lloras tontita? Estas muy fea cuando lloras. -ella lo miró enfadada-cuando te enfadas y pones esa cara, estás muy guapa. Me gusta la cara que pones enfadada, es una de las razones por las que te enfado. - ella lo miró extrañada y vio en los ojos del joven que decía la verdad. - Cuando más me gustas es cuando te enfadas. - y llevó sus dedos índices a la comisura de los labios de la joven y le forzó una sonrisa-… y cuando sonríes, es en esas ocasiones cuando te encuentro más preciosa. Sobre todo, cuando sonríes, me haces bajar todas mis defensas. Si me atacas en ese momento no te podía vencer ni tampoco defenderme.

Ella lo miró y sonrió.

- ¿Ya has elegido? – preguntó ella.

El chico se rio.

-Fíjate como estamos- señaló él. La chica lo miró sorprendida, no entendía a qué se refería. De repente lo entendió, se estaban abrazando. Esa pregunta ya estaba contestada. - mi elección estaba hecha antes de irme. Aunque en ese momento aún no me había dado cuenta. No me fui sólo por eso.

-Entonces, ¿por qué te fuiste? - preguntó ella.

-Debía tomar una decisión. Debía elegir yo… y no ellos, es mi vida. Mi elección ya estaba hecha, pero… eso traería consecuencias. Y en ese caso… debía elegir lo que hacer a continuación. Debía estar convencido de si era bueno hacer público lo que siento. Sin temor a lo que pasase. Debía tener claro que no debía retroceder. Pero vuelvo con dudas, no sé si haré bien en declarar lo que siento. por qué te pondré en peligro, es lo que más me asusta.

Ella lo miró y le acarició la cara con la mano.

-No te preocupes, pase lo que pase, estaré contigo. Yo también te he elegido a ti. Tampoco retorceré, ni te dejaré para esas harpías. Tú también te podrás en peligro cuando se declaré todo. Ellos te intentaran atacar y yo te defenderé. – lo miró y sonrió, él se sonrojó y rio nervioso- No seas tan tímido, si no lo fuera tanto, si los dos no lo fuéramos. Habíamos aclarado esto hace tiempo. Pero nuestra timidez y orgullo se metieron por medio. Yo te apoyaré en todo. Si después de decláranos debemos luchar. te apoyaré y lucharé junto a ti. Y si debemos huir, te apoyaré y huiremos juntos.

El chico la miró y como ella había hecho le acarició la cara, le apartó un mechón de la cara y dejó la mano en el cuello de la joven.

- ¡Eres tan bella! ¡Que guapa que eres cuando sonríes, y cuando estás furiosa! Eres la más guapa de toda. -Ella se sonrojó y lo miró con timidez- ¡Que peligro tiene esa mirada! ¡Me tienes rendido a tus pies! Con esa sonrisa me vences.

Ella se rio. Se miraron y fueron acercando sus cabezas y se besaron. Fue un beso apasionado, uno que los dos deseaban desde mucho tiempo atrás, casi desde el principio de conocerse. Perdieron la noción del tiempo y del espacio. Nunca supieron cuánto estuvieron besándose, pero cuando se separaron, lo hicieron por falta de aire.

Se miraron y sonrieron.

-Te quiero Akane… mi preciosa compañera. No sabes cuánto te quiero.

-Te quiero Ranma… mi preciado compañero- lo miró y entrecerró los ojos.

El chico se sintió en el paraíso, adoraba a su amiga cuando hacía ese gesto.

-Sabes que va a haber gente que no estará ni contenta ni de acuerdo con esto-Aclaró la joven- que te exigirá sus supuestos derechos sobre ti. Que no nos dejará que esto llegue a buen puerto. Que nos hará la vida imposible.

Él la miró muy serio.

-Casarse, es algo que se hace entre dos personas, y yo no quiero compartir mi vida con ninguna de ellas. A quien no le guste mi elección… peor para él, o para ella. ¡Soy una persona! ¡no un objeto! Nadie decidirá por mi- la miró- nadie decidirá por nosotros, nosotros hemos elegido libremente. No hay marcha atrás. Sólo somos tú y yo, nadie más puede meterse por medio.

Ella asintió e hizo la pregunta que los dos temían.

- ¿Entramos? -dijo ella señalando el dojo.

El chico miró el dojo, trago saliva y miró asustado a su prometida. Debían entrar no había marcha atrás. Cogió a Akane por la mano y todo el miedo desapareció de ellos.

- ¡Entremos, afrontemos nuestro destino, somos uno y ya nadie podrá separarnos!

Ella asintió y los dos cogidos de la mano entraron al dojo.

FIN