El viernes me atropellaron el pie, ya voy a ir al médico. Aun así, le eché ganas a este capítulo. Y hablando de capítuloooo, me quedó muy largo, entonces lo dividí en dos partes para su disfrute. Como soy de actualización lenta por mi trabajo y mis preocupaciones post universidad, traigo algo largo que espero sea suficiente hasta la siguiente actualización.
Ojala les gusten estos dos capítulos en uno.
Also, unos datos que considero importantes de los personajes para la lectura del fic, pues este es mi universo en donde han pasado seis años desde VOCALOID2 y las actualizaciones de la tecnología son constantes. Y datos con la teoría de la personalidad de los personajes porque no estudié eso pa nada JAJA
Luka - 24 años, 183 cm de altura, ISTP 8w9
Miku - 22 años, 155 cm de altura, ENFJ 3w2
Rin - 20 años, 161 cm de altura, ENFP 7w8
Len - 20 años, 175 cm de altura, INTP 5w4
Meiko- 26 años, 169 cm de altura, ESTJ 1w9
Kaito - 26 años, 183 cm de altura, ESFJ 6w7
Gumi - 22 años, 163 cm de altura, ISFP 7w8
Lily - 23 años, 177 cm de altura, ENTP 6w7
Gakupo - 26 años, 193 cm de altura, ESTP 8w9
IA - 22 años, 165 cm de altura, INFP 4w3
Yukari - 24 años, 162 cm de altura, INTP 4w3
SeeU - 23 años, 169 cm de altura, ESFP 2w3
Y ya, pero en Tumblr les voy a tener sus fichitas de personaje a todos.
Ojala les guste!
Cap. 1: Baile en el fin del mundo
Aunque resultes un poco mareada, disfruta de la emoción del fin
—Luka... ¿qué te pasó?
Ambos cruzaron miradas en medio de la cocina, a media noche. La aludida lo observaba silenciosamente con un bocado de pan a medio masticar en la boca y Len, con los ojos temblorosos, no podía dejar de prestar atención al ojo morado, la nariz chueca y sobre todo: al collarín que rodeaba su cuello. Tenían por lo menos tres días que no se cruzaban en la cocina, de hecho, eran tres días durante los que nadie sabía del paradero de Luka. Sabían que residía dentro de la empresa, pero Kei se negaba a dar más explicaciones que no fueran un llano "está incapacitada".
Luka tragó y abrió la boca para decir algo, más no encontró palabra alguna que no espantara al muchacho frente a ella. Hizo un mapa mental sobre las lesiones que tenía más allá de la cara; hizo un repaso a sus piernas, a sus brazos y a su torso; sintió el collarín y el cabestrillo que inmovilizaba su brazo izquierdo, ¿cómo explicaría algo así?
—Tuve un accidente mientras entrenaba. — Claro.
No le creyó.
Se miró en su espejo de mano antes de bajar del vehículo junto con los demás. Los enfermeros y médicos hicieron milagros con su nariz, se atrevería a decir que se la dejaron mejor que como estaba antes. El brazo recuperó su movilidad total mientras que los moretones sobre su piel desaparecieron con el tiempo, todo con paciencia y esfuerzo; más allá de alguna cicatriz que haya quedado debajo de la ropa, los mayores problemas parecen haber desaparecido por fin.
¿Las cicatrices emocionales? Son tema para otro día.
Rin fue la primera en bajar de la camioneta, como de costumbre, y Len le seguía en contra de su voluntad, siendo jaloneado por el brazo fuerte de su hermana gemela, producto de todo el tiempo que pasaba entrenándose en el gimnasio.
—Hey, tengan cuidado. La empresa no va a pagar por sus destrozos. —dijo Kei mientras terminaba de darle las indicaciones a la conductora de la camioneta para el día siguiente.
—Ya oyeron a Kei, hay que dejar bien parado el nombre de Crypton—Meiko levantó las manos al cielo para aplaudir, con tal de que todos escucharan —; propongo que formemos una fila, ¡Kaito delante y Miku entre Luka y yo!
Pero la tal Miku hizo caso omiso. Cuando todos voltearon la cara para buscar su mata de cabello turquesa debajo del sol de París, ésta ondeaba ya detrás de las también siluetas desobedientes de los gemelos Kagamine. Meiko ahogó un resoplido; estos días, si no eras un fan o empresario de Crypton o en general, difícilmente podías lidiar con el humor cambiante de la diva de Crypton, quien para el día de hoy ya le hacía honor a su nombre.
Constantemente, Meiko tenía que poner los ojos en blanco y mirar a su interior, buscando cada uno de los recuerdos que dieron vida al profundo cariño que sentía por Miku. Visualizaba a la adolescente de dieciséis años que un día se acercó para decirle lo mucho que la admiraba, hizo recopilaciones de cada palabra de aliento que le dedicó y cada sonrisa cálida y genuina que le provocó. En efecto, lo que sentía por ella al día de hoy ya podía ser llamado como amor, eso era lo único que la impulsaba a tratar de comprender el reciente comportamiento de la muchacha. Una parte de ella culpaba a Kei por mimarla de más los últimos seis años.
Aun así, seguía siendo un comportamiento extraño.
Kaito se acercó con Luka detrás de todos como era lo usual, detrás de todos a una distancia y paso tranquilos. Kei los siguió mientras se apresuraban a entrar al lobby, con dos ayudantes de alta tecnología cargando todas las maletas con la fuerza de sus esqueletos de metal.
— ¡Magical Mirai, los quiero aquí a mi lado! Rin, hace mucho que no tienes catorce años; compórtate un poco. —exclamó Kei mientras colocaba la mirada delante del escáner de retina que le tendió la señorita del mostrador.
La famosísima gemela Kagamine se encontraba tocando, fascinada, la cara de uno de los empleados del hotel, admirando las diferencias tecnológicas entre el país que la recibió hoy y en el que vive. O al menos, lo que ella creía que era tecnología.
—Rin, ese no es un androide. —le aclaró Len con un suspiro. Su hermana apartó la mano, apenada.
—Ah, lo siento.
Kei se masajeó las sienes.
—Hemos venido aquí mil veces. Ya, acérquense todos, les tengo que decir algo.
—Uy, como que este también anda de mal humor. —susurró Meiko a Kaito, llamando la atención de su manager.
— ¿Quieres ser tú la manager? Es un trabajo muy fácil, te lo aseguro.
Venas palpitantes y el ceño fruncido. Claramente no era su día. Meiko se encogió de hombros y negó con la cabeza.
—Ya, lo siento, Kei.
¿Por qué todos estaban más irritables de lo normal?
Primero, Luka se desaparecía un mes entero y el trabajo volvía a la circulación habitual tras su regreso. Nuevos proyectos en puerta para grabaciones, apariciones especiales, los preparativos para el gran evento de Yamaha y mañana, el Festival de Música de Alta Tecnología, con su cede en París para esta ocasión. Si bien, se trata de un evento de magnitudes internacionales que se encuentra celebrando su cuarto año de existencia, es cierto que los ensayos, las charlas y la organización de la logística llegaron tarde a las instalaciones de Crypton. Hubo poco tiempo para los ensayos, las coreografías y el decidir sobre qué canciones presentar, sumado a que Luka, luego de su incapacidad, se incorporó tarde a todas estas actividades. Eso, más una llamada que Kei recibió hace algunas horas, podrían explicar el raro humor del manager.
En fin. Hoy volvían a visitar las calles más bonitas y lujosas de París; todo estaba listo para mañana y era eso lo importante.
Rin llegó a su lado después de Len, escondiendo la vergüenza de su expresión con los mechones de su cabello. Len rodó los ojos, sintiendo compasión; le revolvió los cabellos dorados con su mano, aprovechando que él, a diferencia de Rin, había dado el llamado "estirón" y parecía el hermano mayor pese a ser gemelos. Miku llegó al poco tiempo, con una expresión en blanco, silenciosa. Ella nunca deja de hablar. Todos están actuando tan raro.
Al poco tiempo, todos estaban sentados en un sitio para descansar en el lobby. Los empleados que sí estaban hechos de tecnología ya se habían llevado todo el equipaje a sus habitaciones y ellos, siendo un grupo tan pintoresco, llamaban la atención sentados en la pequeña sala. En las pantallas que rodeaban el espacio se proyectaban programas de espectáculos de todo el mundo, los sonidos de las computadoras inundaban sus sonidos y las miradas cansadas de los VOCALOID de Crypton se encontraron bajo la iluminación de colores cálidos.
Kei inhaló aire profundamente al mismo tiempo que frotaba sus manos para llenarse de calor.
—Pues... el trabajo ha regresado para todos. Kaito, Meiko, Luka: agradezco su paciencia. Felicito a Magical Mirai por los buenos números el último mes y espero que los Cryptonloids estén preparados para todo lo que está por venir—los ojitos de Kaito se iluminaron y Kei por fin soltó una sonrisa — ¿están listos para mañana?
Rin y Kaito afirmaron, Luka y Len se encogieron de hombros y Meiko y Miku se dedicaban a mirarlo fijamente.
—Bien, tengo algunas indicaciones y anuncios parroquiales. Primero, mañana los quiero aquí en el lobby a más tardar a las ocho en punto de la mañana. Tenemos pruebas de vestuario, sonido e iluminación temprano. Mientras tanto... quiero que se porten bien—la vista del manager se dirigió a dos figuras conocidas—; Rin, Meiko, hablo por ustedes... y por Luka.
Nadie dijo nada; todos se quedaron helados, pero nadie hizo más que fijar la vista sobre la alfa, con mil preguntas arremolinándose en sus mentes, sobre todo, porque Luka de problemática no tiene nada. Seguramente tenía que ver con la causa de su repentina desaparición.
— ¡Pero no se pongan tan serios, son cosas que pasan! Si pueden, quisiera que compartiéramos una cena todos juntos en la noche, hay más cosas de las que me gustaría hablarles con más tranquilidad.
Los cuerpos helados no duraron nada, porque eso le bastó a Meiko para volver a entrar en calor.
— ¿Eso significa que podemos ir al bar hasta entonces? — A Kei le sudó la nuca — ¡No seas tímido, vamos! Kaito, trae a Luka, ¡y todos están invitados!
Oh no...
Entre el caos y los jaloneos, Len paseó la vista buscando vestigios de su hermana. Para su suerte, ésta ya estaba jaloneando a la pobre de Miku para que juntas descubrieran la habitación que compartirían. Se sintió aliviado; entre él y Miku existía una especie de acuerdo en repartirse turnos para pasar tiempo con Rin pues ésta podía exigir mucha energía de sus acompañantes.
Sin embargo, antes de que él pudiese viajar a las profundidades de su propia habitación para descansar, Kei, quien se anclaba al suelo con sus pies para que Meiko no se lo llevara al alcoholismo tan fácil, intentaba comunicarse con él entre los juegos de fuerza.
— ¡Len, espera! No quería-¡espera, Meiko! No quería que Rin escuchara porque sé lo intensa que puede ser, pero tengo buenas noticias para ustedes dos, así que por favor, ¡intenta venir a la cena de esta noche! —Las fuerzas del manager finalmente se agotaron, y todo fue como si Meiko se lo estuviese llevando al abismo — ¡Qué estén todos, ah!
Y fue así como Len Kagamine se quedó solo en el lobby. Luka hace mucho que había dejado de resistirse a los planes de Meiko así que ya no contaba con una compañera para pasar tiempo, en silencio, en tranquilidad, para ver una película. A Miku la devoró el trabajo hacia años y Rin, desde esa extraña relación que comenzó hace unos cuantos meses, raramente abría la boca para hablar de otra cosa que no fueran las maravillas de su pareja.
Mas no todo era tragedia. Si había algo que ansiaba hoy, eso era tirarse sobre la cama y cerrar los ojos luego del largo de viaje de camino.
Eso estaría muy bien.
Rin lo metió a una situación incómoda, otra vez.
Cuando caminaba por los pasillos del hotel para llegar a su habitación, una mano se alargó para tomarlo por un abrazo y jalarlo así dentro de una habitación que no era la suya. La esperanza de una cama caliente y un sueño reparador se esfumó cuando la puerta se cerró delante de sus ojos y Len sólo pudo ahogar un quejido decepcionado. Lo peor es que no podía golpear a nadie, porque ese nadie en realidad se trataba de su hermana; Rin le miraba con una expresión indescifrable: juraba que sus ojos estaban desorbitados, la cara le brillaba por la sangre que había enrojecido su cara y la boca le temblaba.
No respiraba, tampoco estaba respirando.
— ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? —pero no tuvo respuesta. Rin levantó las manos y abrió la boca en vano, pues lo único que salía de ella no eran más que sonidos sin sentido, — ¿Rin, qué tienes? ¡Rin! —Len la tomó por los hombros y la zarandeó para ver si conseguía algo, claramente nada, hasta que se le ocurrió mirar sobre el hombro de su hermana para ver lo que había detrás de ella.
Así reaccionó.
— ¡N-n-n-n-no trajo sus medicamentos!
— ¡¿Medicamentos para qué?!
— ¡¿Pues para qué crees, estúpido?! ¡Eso!
Mierda.
Detrás de Rin, al fondo de la habitación, intentando ocultarse en la parte más oscura del cuarto, estaba Miku. Pero no cualquier Miku, sino una Miku diferente, una que sufría. Jadeaba y respiraba a velocidades preocupantes y muy por debajo, Len alcanzó a escuchar que lloraba, en pequeños pero acongojantes sollozos; ocultaba la cara entre sus manos para tratar de mitigar los espasmos de su cuerpo y desde lejos, los gemelos podían notar lo mucho que le dolía el simple hecho de nacer y existir siendo una omega.
Hasta ese momento, no había notado el olor a feromonas que volvía locos a los alfas, pero que a ellos, siendo betas, sólo lograba ponerlos nerviosos y alerta. Tuvo que taparse un poco la nariz porque no era precisamente agradable, aunque al poco tiempo, el humor de Rin se le había contagiado y ahí en la habitación sólo existían una omega en un ciclo de celo inesperado y dos betas medio estúpidos intentando averiguar qué hacer.
— ¿Qué hacemos? —le preguntó Rin, tuvo la osadía, y él sólo se alteró más.
— ¿Qué hacemos con qué? ¡¿Por qué me metiste en esto?!
— ¡Porque alguien tiene que hacer algo! ¡Recuerda nuestras clases de biología! — ¿Recordar qué? Si no terminaron la escuela por volverse VOCALOIDS, y no es que como si les hubieran puesto mucha atención a sus profesores particulares en la empresa. Es más, no recordaban nada sobre los omegas y su anatomía.
—Sí, ¿y qué? ¿Eso qué? —pero la respuesta de Rin no le gustaría.
—Pues que alguien la tiene que ayudar ¿no es así como funciona?
...
Oh no, no se estaba refiriendo a ayudar ¿verdad?
Los colores rápidamente atacaron la cara de Len, en una mueca desfigurada que hacía difícil identificar si estaba enojado o en pánico.
— ¡Vete a la mierda! ¿¡Por qué yo!? ¿Por qué no lo haces tú? —ahora, los colores brincaron a la cara de Rin, pero no la volvieron lo suficientemente imprudente como para gritar lo que estaba por decir.
—Porque a quien le gustaba Miku era a ti. —exclamó Rin en voz muy bajita, Len la siguió.
—A ti también te gustaba, idiota.
— Pero yo ya tengo novia y—
—Dejen de pasarse la pelota de a ver quién se hace cargo, como si fuera un animal.
Ambos cayeron en silencio. El pánico se convirtió en vergüenza y lentamente giraron la vista a la cantante estrella de Crypton: yacía de pie en medio de la sala, con la mirada temblorosa y el corazón acelerado; difícilmente se mantenía en su lugar, las piernas le temblaban aunado a su falta de oxígeno. Por un segundo, los gemelos admiraron su fortaleza y se sintieron, de cierta manera, intimidados por su olor y presencia. Pero eso duró apenas un momento.
La poca fuerza en sus huesos se quebró, haciéndola caer de rodillas sobre la alfombra. Ellos exclamaron su nombre antes de correr a auxiliarla, tomaron sus brazos para dejarla sobre la cama, pero Miku se negó; encontró la manera de ponerse de pie nuevamente, con la diferencia de que esta vez encontraría fuerza que llevar a sus brazos para así poder empujar a los dos betas entrometidos a la salida.
— ¡Miku, espera, sólo queremos ayudar! —se quejó Rin y Miku hizo oídos sordos. A ella la jaloneaba por uno de sus brazos y a Len lo empujaba desde la espalda.
—Si tanto les interesa, pueden ir a decirle a Kei que me consiga supresores de emergencia, ¿no les parece mejor? —Antes de que la puerta se cerrara tras sus espaldas, sólo alcanzaron a escuchar un grito más— ¡Y no se tarden!
Con el azote de la puerta, los gemelos se quedaron en el pasillo del hotel, mirándose el uno al otro.
Al mirar por la ventana el mundo giraba como de costumbre, pero al mirar a sus ojos, el suyo parecía haberse detenido. Len juraba que Rin sentía ganas de llorar, pues la vio apretar los labios y desviar los ojos a otro punto en el infinito. No es que es que estuviera asustada o escandalizada, tal vez simplemente cayó en cuenta de lo difícil que ha sido la situación de Miku todos estos años no sólo dentro de la empresa, sino desde que nació. En todo caso: se trataba de una ingenua más.
—Ya, calma, no vas a ayudar a nadie si te pones así, —Len le dio unas palmaditas en la espalda, tratando de desviar la conversación a otro lado —tú busca a Kei, yo vigilo.
¿Vigilar qué? Las pupilas de Rin lo pusieron nervioso.
— ¿Por qué me miras así? Tú sabes a qué me refiero —pero ella no dijo nada, alterándolo —Rin... Miku es omega y está en celo. Si hay algún alfa en el edificio y pasa por aquí habrá problemas. Además, no olvides que trajimos a una alfa con nosotros.
...
—No... Luka no es así...
— ¿Cómo sabes? Te prometo que ella tampoco lo sabe, así que hazme caso: mejor prevenir que lamentar.
Durante un instante pequeño, la imagen de Luka se materializó en los pensamientos de ambos. Pensaron en esa mujer que mucho más allá de ser apática, en realidad era simplemente tranquila y disfrutaba de su propia compañía y pensamientos; podía decirse que contaba con una maestría en piano y composición, y de vez en cuando, cuando creía que nadie la veía, se detenía a mirar por la ventana para darle forma a algún verso que se le ocurriese; ella misma le daba mantenimiento a sus instrumentos y pese a que el baile no era su fuerte, hacía su mayor esfuerzo en dar esa imagen elegante e imponente con la que todos conocían a las mujeres alfas. Luka se encontraba con Len en la cocina porque a los dos suelen darle antojos de media noche. Luka parece querer hacer como si ser una alfa no fuese un problema pero al mismo tiempo da la impresión de estar incómoda al respecto y por eso se encorva de manera inconsciente cada que se topa con Rin.
Sí, puede que ella y Miku no se llevasen bien y pese a que nadie sabía por qué ni siquiera lo intentaban, de ahí a intentar hacerle daño por un aspecto "biológico" era una tontería. O eso querían creer.
—Ya ve, yo me quedo aquí a ver si camuflo su olor con el mío, no sé. Pero apúrate.
—Ya voy, ya voy.
Pero se detuvo, pues al parecer sus pensamientos manifestaron a la mujer de la que tanto hablaban.
Con el cabello rosa ondeando, la cara un poco enrojecida, seguramente porque Meiko la hizo tomar alcohol en bruto siendo ella alguien que toma poco, Luka apareció ligeramente tambaleándose por el corredor, sosteniendo su bolso con fuerza, tal vez porque temía perderlo. Ella no parecía tener ni idea de la presencia de los otros dos, pero ellos se volvieron presos de sus instintos al verla aproximarse. Pronto, la tuvieron en frente. Se les activaron las alarmas y se posicionaran delante de la puerta, formando una barrera protectora: el miedo existía y sus instintos los mandaban a correr en aquel momento que Luka, de pie frente a ellos, erguida en todo su tamaño, les miraba desde lo alto con una ceja levantada y una expresión confundida en el rostro. Sin embargo, ninguno de ellos retrocedió, sino todo lo contrario.
—Hey... ¿qué pasa? —ambos tensaron los cuerpos ante su pregunta. Entonces, Rin hizo algo que en el mundo de los alfas es inaudito.
—Vete de aquí, Luka. —le mostró los colmillos.
El corazón de Len se detuvo. Tal vez Rin no lo notaba, pero ella también estaba actuando por instinto y seguramente, luego de unos minutos, la razón tomaría posesión de su cuerpo para hacerla sentir remordimiento y confusión. Juraba que la cara de la alfa se descompuso por un corto periodo de tiempo, pero no fue por furia, ni siquiera por indignación, parecía más bien curiosidad salpicada con un toque de vergüenza y compasión inconsciente.
Luego, ella olfateó la puerta, y las amenazas de ambos se volvieron más severas: se prepararon para atacar. La sangre viajaba rápidamente a sus cerebros para llenarlos de adrenalina, esto con tal de adormilar el dolor que se aproximaba en los próximos segundos. Pero nada pasó.
Luka buscó dentro de su bolso, delante de los ojos de ambos, y sacó un frasco que puso en una de las manos de Rin sin más.
— Yo sí tomo mis supresores, díganle a Miku que haga lo mismo. —Y se alejó.
Contaron al menos quince pasos sin apartar la vista de su espalda, hasta que la vieron desaparecer en una curva del pasillo. Con el último indicio de sus mechones rosas, la razón en la que Len pensaba momentos atrás regresó, como de golpe. Para Rin fue como si el sistema se le reiniciara: las piernas dejaron de responder y en consecuencia cayó al piso sobre sus rodillas; dejó las manos y la vista sobre la alfombra, ahogando un pequeño grito que su corazón bombeó hasta su garganta. Entre tanto, su hermano quiso hacer algo para ayudar pero la realidad es que él no es bueno con las palabras ni el contacto físico, por lo que sólo le quedaba esperar hasta que ésta se sintiera mejor. Se preguntó si vomitaría; no pasó. Simplemente la observó tallarse la cara con las palmas de las manos al mismo tiempo que inhalaba aire hondamente, buscando la paz y la tranquilidad.
Y no, ser beta no resultaba tan fácil como lo pintaban: el celo y las feromonas no importaban en su mundo como sí le pasaba a los omegas y a los alfas, pero al ser éstos últimos tan especiales de tratar, los betas habían desarrollado ciertas funciones que les permitían pelear y defenderse. Pero estos instintos sólo se activaban en situaciones especiales de las que no tenían control, dejándolos exhaustos y asustados cuando recuperaban la conciencia.
A ambos les ha pasado alguna vez; ninguno habló de ello porque tampoco es que fueran ajenos al tema y tanto ellos como a Luka seguramente lo dejarían pasar para cuando fuera la hora de la cena, dado que no es como si alguno tuviera la culpa de la situación.
—Te ayudo. —Len le dio la mano, finalmente, para ayudarla a ponerse de pie — ¿Estás bien? —Rin asintió con la cabeza.
—Me... me dio esto —murmuró dándole el frasco que Luka le dejó — ¿Por qué los alfas son tan raros? Y los omegas y todos...
—Quién sabe —la última frase se alargó en su mente por unos segundos, los cuales se detuvo a examinar el frasco que Rin le tendió—. Son supresores para omega.
— ¡Aleluya! Dame tus llaves, me voy a ir a tirar a tu cama. No quiero saber nada de nadie.
No hizo más preguntas, sí así podía ayudarla a estar más tranquila haría lo que fuera.
Su hermana se alejó corriendo del cuarto de Miku, y no la culpaba, si él fuese el mismo niño de catorce años tal vez le hubiera pasado igual pero si algo le enseñó este mundo mientras crecía, es que situaciones así eran el pan de cada día y no puedes confiar ni en tus propios amigos, pues no sabes el día que sus instintos tomen el control y tú te encuentres en medio cuando eso pase.
Aun así, lo que sí hizo fue pensar en Luka. Los recuerdos de su sonrisa pequeña y discreta aunque sincera atravesaron su mente cuando se detuvo a examinar el frasco de supresores, y eso le estrujó el corazón.
La esperada noche en el restaurante llegó, pese a que la mitad del grupo intentaba evitarla.
Como opinión personal, la mayoría de ellos encontraba más acogedora la cocina de la empresa —tampoco es como si acostumbraran salir a comer fueras—, pero en esta ocasión se acomodaron a los gustos de Kei: un restaurante elegante, con la mejor tecnología para cocinar y para atender. Al menos por hoy Luka no encontraba la carne muy apetitosa, pero no encontraba algo más en el menú que se le antojase.
Kei entregó la carta a un androide y le dio vueltas a su copa de Martini, antes de dirigir la vista hacia sus preciados "niños"; una Meiko que de milagro no estaba inconsciente, a un Kaito al que se había olvidado rasurarse la barba hoy, unos gemelos estresados, una Luka con la que tenía que estirar el cuello para hablarle y una Miku, que desde que llegó no ha abierto la boca.
"No te estreses, Kei." Pensó.
—Pues esperar la cena no hará las cosas diferentes—dijo dándole un sorbo a su bebida; revolvió los cabellos de Miku, haciendo que ésta ruede los ojos—; Miku ya sabe, algunas cosas al menos, pero me ha hecho el favor de guardar el secreto para ustedes.
Kaito devoraba las entradas de pan, preso de la ansiedad. Los sonidos de cubiertos chocando contra platos y vasos ya no existía. Alguien más hizo un sonido con la boca, no es que fueran celos, la relación de Kei y Miku siempre ha sido muy estrecha, incluso desde antes del lanzamiento de la primera versión del banco de voz de ésta. Tampoco es como que fuese algo que envidiar.
— ¿Sí vamos a renovar nuestro banco de voz para VOCALOID5? —ese fue Kaito, otra vez preso de la ansiedad. Kei abrió la boca, pero la cerró inmediatamente —Es que no he escuchado nada de Crypton...
—Sí, aún es pronto para saberlo, en realidad yo quería pedirles que feliciten a Rin y Len — y así se desvía una conversación—; espero que todos estén listos para la primera Kagamine Expo.
Nadie dijo nada. Nadie. Dijo. Nada. Ni los aludidos, ni sus compañeros, ni los comensales, ¡ni nadie! – Al menos así fue en sus cabezas –. Meiko se ahogó con su bebida, Kaito dejó caer el pan de su boca; Rin y Len dejaron de respirar mientras Miku esbozaba una sonrisa que capturó toda la atención de Luka. Desde ese momento, ella no le quitaría la mirada de encima.
La gemela más efusiva de Japón y la industria musical del mundo se levantó de su sitio de golpe, con la boca abierta y los ojos brillosos.
— ¡No estés jugando, Kei, te propuse esto el año pasado! —ahora sí Miku arrugó el entrecejo.
— ¿Eh?
—No me malinterpretes, Miku, Magical Mirai somos los tres, pero no podemos seguir dependiendo de la disponibilidad de tu agenda para que todos podamos hacer las expo... y eso incluye a Kaito, Meiko y Luka... —qué linda.
—Qué bueno que sacas el tema porque para allá voy.
Len tomó a Rin de la ropa para volverla a sentar, de nuevo, entre él y Miku se repartían turnos con Rin. Luka, a su lado, sintió a Meiko tensarse durante unos micro segundos e intuyó que las palmaditas en la espalda de Kaito no serían de mucha ayuda esta vez. Por ese instante deseo ser omega para usar sus feromonas relajantes, porque Miku no estaba usando las suyas; lo único que la vio hacer fue desviar la mirada.
—Esperé a contarles aquí porque ya saben que la empresa siempre es un caos: alguno siempre tiene que faltar. Justamente, no es novedad que Miku siempre esté ocupada pero... lo estará más y no quiero que eso sea un freno para todos —la vio morderse una mejilla por dentro —Eso no significa que no participará en la Kagamine Expo, pero confío en que puedo dejarles todo el peso pesado a ustedes dos dada la apretada agenda de Miku, ¿cierto?
Len quería estar igual de feliz que Rin, de verdad, pero no podía y fingir era algo que no se le daba bien pese a hacer de actor un montón de veces durante toda su carrera.
Kaito lo rodeó con uno de sus brazos fuertes mientras lo zarandeaba y felicitaba, Meiko le pasó una bebida para brindar a la cual Rin no le hizo ningún feo. Kei guió los movimientos de todos al levantar las copas al cielo para hacerlas chocar; sus ojos se quedaron en la sonrisa torcida e incómoda de Miku. Han vivido en el mismo techo por seis años, aunado a que entre ellos podían llamarse "mejores amigos", por supuesto que lo iba a notar. Y Luka hacía lo mismo, sentía en toda su piel a la omega tensa del grupo. Al parecer entre ellos reconocieron que habían notado la misma cosa, por eso se dedicaron el uno al otro una mueca fuera de lugar, haciéndolos reír un poco en sus adentros.
Después de las risas, los abrazos y los planes a futuro, Kei tomó del aire el poder que tenía sobre al ambiente del grupo, lo dejó en lo alto durante unos segundos más hasta que llegó el momento de aterrizarlo... con fuerza.
—Por cierto, quería pedirles a todos un favor— las risas se detuvieron paulatinamente, pues la expresión de su manager había cambiado por completo —; me llamaron de la empresa por la mañana y me preguntaron por cambiar ligeramente los planes de sus presentaciones.
El Martini y la cerveza ya se habían terminado, sólo quedaba su mueca seca.
—Pues mañana es el aniversario luctuoso de uno de nuestros fans y productores más queridos, especialmente de Miku. Sé que el descuido es nuestro, pero la empresa preparó algo de último momento por el error.
Cuando se hizo mención al poder de Kei sobre el grupo y sus ánimos, era una amenaza seria.
Es cierto, se trataba de una fecha que se encontraba flotando especialmente en la cabeza de la Diva de Crypton la última semana, pero la presión de su manager y sus quehaceres no le permitieron detenerse a dedicarle un pensamiento de homenaje. Y al parecer para la empresa tampoco, porque es la primera vez que se ha hablado del tema el último mes. Fue una época difícil, especialmente para ella. Habiendo él producido y compuesto uno de los álbumes más importantes en toda su carrera utilizando su banco de voz, lo llegó a sentir como una extensión de su propia alma, sentimientos y ser; él confió en ella y se sintió vista, tal vez, incluso, una parte importante de su carrera se debía a esa confianza.
—Miku, Luka, ¿creen poder mañana rendirle un homenaje cantando World's End Dancehall? Los fans lo pidieron y todo lo demás está listo.
¿Cómo negarse? No había ninguna razón para hacerlo, ¿cierto? Era imposible.
Al final, todo quedaría pactado con un asentimiento de cabeza; no dependía de ellas y tampoco es que se tratara de ellas en su totalidad, pues no serían más que los canales para transportarle un mensaje a él, en donde quiera que esté. Y eso estaba bien.
Transcurrieron diez minutos de eso, al menos, antes de que Miku llamara la atención de todos al levantarse de la mesa luego de pedir disculpas. Nadie sabía el contexto de que no se trataba de una ida al baño común y corriente, pero había alguien en la mesa que sí lo sabía, tal vez ese alguien no fuera una persona sino dos, tal vez tres, o cuatro, así que la situación no pasó desapercibida a sus ojos.
—Perdón, ya vengo.
Una de esas personas era Luka, la segunda en levantarse de la mesa cargando intenciones difíciles de descifrar pero sí de mal interpretar.
—Rin, ve a ver qué hacen.
La sangre se le fue a los pies apenas escuchó la orden de Kei. Giró los ojos para observarlo tomar otro Martini, sin siquiera devolverle la mirada al menos para ver su reacción: su piel blanca emblanqueció todavía más hasta simplemente palidecer; la boca se le secó y su corazón subió hasta su garganta. Todos vieron sus ojos temblorosos: su pánico.
—Anda, ¿qué esperas? —ella abrió la boca para murmurar algo.
—K-Kei... yo...
—Déjala, yo voy— ¡gracias, Meiko! —: qué estrés, espérate un rato ¿no sabes respetar la privacidad de las mujeres o qué?
Cuando la puerta se cerró la máscara se cayó.
La sonrisa incómoda que adornó su cara por casi una hora por fin podía ir a tomar un descanso.
— ¡Mierda!
Miku corrió rápidamente a uno de los cubículos de baño tras asegurarse de que no hubiese nada ni nadie para verla. Apenas dentro se sentó sobre una tapa cerrada en el inodoro y dejó que el berrido más sincero de toda su existencia, nacido desde sus entrañas, viera la luz.
— ¡Mierda, mierda, mierda!
El calor que experimentó hoy por la mañana ya se había transformado en otra cosa, como si el ignorarlo todas estas horas sólo hubiera provocado que la temperatura siguiera subiendo: ahora le dolía: le ardía; la quemaba por dentro. Intentó ahogar su sufrimiento ocultando la cara entre sus manos, sus dedos hundiéndose sobre su piel gracias a su inconsciente mientras las pastillas que Len le dio, las cuales se enteró que pertenecían a Luka, yacían en las profundidades de su bolso, perdidas entre todas sus cosas. Ni siquiera las había tocado. Claro, al principio temía que alguien entrara por la puerta y descubriera que la Diva de Crypton no era siempre la imagen que se proyectaba por todas partes pero en ese instante, en el que contemplaba a la muerte como una mejor opción para terminar con todo, ya nada le importaba. Entre cada retortijón y sensación de su propio aliento caliente quemando su garganta todo importaba menos y menos, cada vez menos.
¿Por qué tenía que pasar por esto?
Malditos sean los alfas.
Malditos sean los betas.
Malditos sean todos.
—Miku, ¿estás bien?
Otra vez esa maldita pregunta, de la misma maldita voz.
Ella se cayó de golpe. ¿Querían que sufriera en silencio? Bien, sufriría en silencio. Ahogó sus sollozos mas no pudo hacer lo mismo con sus lágrimas.
—Sé que estás usando un perfume, pero pocos son efectivos con nosotros y no sólo los betas... —vio la silueta de Luka delante de la puerta, aunque con su estatura bien podría fijarse por encima de ésta sin problema: no lo hizo — ¿Por qué no te tomaste los supresores?
Se pidió disculpas a sí misma, es que ya no podía soportarlo más.
Miku sacó la casta y por unos micro segundos que fueron eternos, ella contempló en los ojos de Luka lo que parecía ser un susto de verdad. La Diva de Crypton salió del cubículo casi que envuelta en llamas, con los puños blancos de tanto apretarlos. Le mostró los colmillos y Luka tuvo que retroceder ante la amenaza, más por sorpresa que otra cosa.
— ¿Por qué? ¿Me preguntas "por qué? ¡Yo ya te lo había dicho! —Cabe decir que Luka estaba erguida en todo su tamaño y Miku no se veía ni un poco intimidada —Te pedí que nos quedáramos como estábamos ¿y dime si lo has hecho?
Habrá que hacer memoria junto con Miku. Dio unos pasos, tensando cada uno de sus músculos y esos mismos pasos que ella dio al frente, Luka los tuvo que dar hacia atrás.
— ¿Crees que no sé que eres tú la que le pregunta a Charlie por mí? ¿Me estás cuidando porque me crees débil, porque soy omega o por las dos cosas? Yo no te pedí que me compraras supresores.
—Miku, no, escúchame...
Pero el "enfrentamiento" siguió, pese a todo. Luka no pudo seguir retrocediendo porque pronto sintió su cuerpo chocar contra los lavabos del baño, así que sólo le quedaba soportar la cercanía de Miku hasta que ésta decidiera calmarse, lo cual, hay que decirlo: no parecía que fuera a ser pronto.
Fue un instante, pero pensó en los mentados alfas de Internet Co.: Lily y Gakupo. Los conocía lo suficiente para saber que en este momento estarían riéndose de ella a carcajadas porque en esa precisa situación... estaba a merced de una omega. Llevó ambos brazos a uno posición de guardia delante de su cara haciendo una mueca dado que no podía dejar de mirar los colmillos de Miku, o sus garras, o su ceño fruncido.
Pese a todo, era su parte racional la que no se sentía avergonzada y fue a esa a la que decidió hacerle caso.
—Ah, ya entendí.
¿Se calmó, tan pronto? Aun así no dejó que su cuerpo se relajara. Ella retrocedió un paso, sin dejar de mirarle y después, en ese momento, Luka fue consiente de la distancia que existía entre ellas, no sólo figurativa sino también literalmente. Miku era muy pequeña en comparación suya –agregando que actualmente, Miku es la más pequeña de entre todos sus compañeros pues Rin y Len hace años que la sobrepasaron y Len a su hermana–; Sí, puede sonar tonto, ¿cómo no lo habría notado si han vivido juntas durante seis años? La explicación simple es que nunca le había prestado verdadera atención, mientras que la explicación larga... era que ella encontraba el tamaño de Miku en su nombre y no su estatura: Hatsune Miku, el primer sonido del futuro, la Diva de Crypton: la Diva Virtual.
Unos zapatos muy grandes, ¿no es así?
O la amas o la envidias.
Después, el objeto de sus pensamientos sacó el mentado frasco de supresores delante de sus ojos. Lo abrió y luego... puso la boca del frasco directamente en su propia boca.
— ¡MIKU, NO!
La siguiente escena era una curiosa: Luka salió de su letargo para abalanzarse rápidamente sobre la omega. La tomó por ambos brazos con la intención de alejarla del frasco y de las posibles consecuencias a su salud que éste podría traer, obteniendo los ojos furiosos de Miku clavados sobre los suyos, otra vez.
— ¿Estás loca? ¿Sabes que esas cosas son bombas hormonales? —preguntó mientras forcejeaba con ella, tampoco es que Miku tuviera muchas chances.
— ¿Qué importa? ¿No era eso lo que querías? — le cuestionó entre los mismos forcejeos, la fuerza que hacía se notaba en su voz —¡estás marcando tu territorio, ¿no?!
— ¡No, estás mal! ¡No quiero que te pase lo del otro día, eso es todo!
¿Por qué?
El ceño fruncido de Miku se relajó considerablemente.
—Perdón... si te ofendí...
Luka comenzó a deshacer su agarre poco a poco, pero no lo suficientemente rápido para que Meiko no las viera al entrar.
La cara de las tres era un poema. La alfa y la omega, incluso, se quedaron tiesas.
Meiko cerró la puerta detrás de sí, lentamente, sin quitarles la vista de encima. No sabía qué decir, se notaba porque ella no se trata de una persona a la que precisamente le guste permanecer en silencio, más bien todo lo contrario.
—Según yo... ustedes no se dicen ni los buenos días...
Ambas se alejaron de la otra a la velocidad de la luz. Sin embargo, la sangre que coloreaba sus caras no podía ocultarse ni con los mechones de su cabello o sus miradas disimuladas.
—Miren, no voy a decir nada, — oh no — de hecho, me sorprende que haya pasado hasta ahora pero... podrían esperar a que al menos nos vayamos a dormir ¿no?
—No, no, estás mal interpretando todo. —comenzó Miku.
—Me olvidé de la coreografía de mañana, nada más.
—Sí, ya sabes que el fuerte de Luka no es el baile.
— ¡Sí! No... tienen que explicarme nada... —las detuvo ante todo pronóstico, pensando ya en el dolor de cabeza de mañana. —Soy yo, las estoy juzgando mal, perdonen.
Meiko les creyó, al menos por ahora.
—Ustedes los betas son un misterio para mí... —Rin escuchó un suspiro hondo al otro lado del teléfono, ella, entre tanto, se sorbía los mocos mientras escuchaba—Megurine, ¿por qué con Megurine?
Rin emitió un quejido, se sentía regañada.
—Rinny... hasta yo lo pensaría si tuviera que meterme con ella y yo soy alfa, ¿por qué tú no? Es más, ¿por qué Len no dijo nada? ¿Está por ahí? Necesito decirle algunas cosas.
Hubo un suspiro interno que perteneció a la Kagamine; se acomodó sobre la cama mientras miraba el cielo nocturno por la ventana, secando su cabello mojado entre una toalla. Le encantaba y extrañaba su voz, suspiró como una adolescente apenas la escuchó responder al teléfono y agradecía que no estuviera ocupada, pero le encantaría más escucharla en persona y no regañándola vía telefónica.
SeeU se dio cuenta de que Rin ya no la escuchaba y ésta última imaginó su mueca molesta al otro lado del teléfono. También la escuchó gruñir por lo bajo.
—Ya, ya, sigo aquí—dijo limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano—. No es culpa de Len, ni siquiera es culpa de Luka o Miku, es sólo que... están actuando extraño.
Aquí viene lo raro.
—Hmm.
La cara de tristeza de Rin se transformó a la velocidad de la luz.
— ¿"Hmm"? ¿Qué significa "hmm"? ¿Qué quieres decir con "hmm"?
Tenía razón: SeeU era muchas cosas excepto discreta. Aun así, Rin Kagamine parecía ser la única persona en el globo terráqueo que hasta la fecha no sabe interpretar del todo bien sus intenciones. Eso la remonta al tiempo en que ella era cortejada por SeeU y todo mundo se dio cuenta excepto ella. Historia larga y graciosa de contar para Rin, frustrante para SeeU.
Volviendo al presente, oyó la risa gentil y burlona de su novia al otro lado de la línea.
—Ay, Rinny... ¿no recuerdas tus clases de biología?
—No, en realidad no. — ah, claro.
—Hmm.
— ¡Ya deja ese "hmm", ve al grano! —se exasperó y su novia se rió. Nadie sabe cómo terminaron saliendo, pero pasó.
—Mira: Megurine es alfa, Hatsune es omega. Si tu empresa no lo vio venir entonces son unos imbéciles por no considerar que pudiera pasar y no andar con los ojos abiertos.
— ¿Pero qué cosa es lo que pudiera pasar?
Oh no.
—Pues... tú sabes...
—No, ilumíname.
—Pues... eso, que cojan.
...
Abrió la boca tanto que sintió como si se le fuera a desprender de la cara.
No había pensado en eso, ni siquiera se le cruzó por la cabeza la sola posibilidad. Dejó que sus pensamientos viajaran a al menos cuatro años en el pasado, por no ir tan lejos, a la época donde los VOCALOID de Crypton ya estaban terminando de consolidarse como figuras públicas a nivel internacional.
Pensó en cada interacción de ellas desde entonces, incluso en ese tiempo donde ella misma seguía a Miku a todas partes como la adolescente enamorada que era; si Luka tenía una intensión desde aquel tiempo era imposible – sí, al menos esa Rin del pasado prestaba atención a algo – que se le pasara por alto cualquier comportamiento extraño. No encontró nada. Magical Mirai ocupaba todo el tiempo de Miku, podía hasta decirse que Len y ella disponían de la Diva de Crypton casi todo el día, todos los días. Ni siquiera cuando Minato compuso Magnet volviendo ésta un bom en la plataforma, hubo indicios de que algo sucediera desde ahí. ¿Por qué?
El silencio prolongado preocupó a SeeU, por un momento creyó que efectivamente... la había roto.
—Rinny, no te espantes... es normal, todos los alfas lo hacen.
— ¿Tú lo haces?
—... Ah, vaya; me cerraste la boca. — Ese es un súper poder exclusivo de Rin Kagamine, por cierto.
—SeeU, en serio te quiero pero esta vez voy a diferir contigo. Tú no las conoces como yo y si algo pasara, estoy segura de que Miku me lo diría.
¿Cierto?
Esa Miku gentil, la que era su amiga. La Miku con la que se escabullía de Kei después de un ensayo para perderse entre los pasillos de la empresa que, durante ese tiempo, les seguían resultando nuevos y misteriosos; esa Miku con la que estaría feliz de seguir compartiendo el escenario a su lado.
—Oye... —pronunció su novia con calma, dispuesta a dejar escapar los malos ratos —tienes razón, lo siento.
—Hmm.
—Graciosita—llegó de sorpresa, pero una especie de nube rosa se formó alrededor de los corazones de ambas, pese a la distancia —; mira, ya lo había pensado antes pero no sentí que debía decirte porque aún no era seguro para mí. Pero, y escúchame bien, Kagamine Rin, pero: si dices que Megurine está tan exaltada puede que lo que le haga falta sean las feromonas de otra alfa en su espacio para bajarle un poquitito los humos. Qué huelan bien, para variar.
Los ojos de Rin se iluminaron. Su corazón se saltó un par de latidos.
— ¿A qué te refieres? —Ush.
—Pensaba hacer que mi manager me consiguiera un papel en la nueva temporada de Evillious Chronicles, así que... espero que Crypton me haga espacio por un rato.
No puede ser.
—Además, creo que te extraño. Pero que no se te suba a la cabeza.
Esta vez, su corazón se detuvo completamente.
Len hubiera puesto los ojos en blanco si la viera saltar como lo hacía ahora, todo como un mecanismo alternativo a gritar. Claro, la verdad es que tampoco se contuvo de gritar en tonos al menos bajitos para no lastimar los tímpanos de SeeU al otro lado de la línea. Por ese instante el mundo no interesaba, pero tal vez valía preguntarse si su felicidad la volvía una egoísta en ese momento que Miku entró en su campo de visión, saliendo del baño, en medio de la oscuridad.
Por tercera vez en el día la sangre bajó hasta sus pies. ¿Desde hacía cuánto tiempo que estaba en la habitación?
La omega avanzó al espacio en el que compartían camas, sin mirarla a los ojos siquiera.
— ¿Miku?
No dijo nada; se dejó caer sobre el colchón que le tocaba, dándole la espalda.
Rin volvió a llamar pero ella ya había caído dormida.
