27º. Una noche de Navidad a solas.

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Los personajes de este fic no son de mi propiedad. Pertenecen a Rumiko Takahashi. Tampoco hago esto con ánimo de lucro.


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La joven estaba moviéndose por el comedor. Miró a su alrededor, su vivienda era pequeña. Un comedor, una cocina, una habitación con una cama grande, una habitación pequeña con una cama pequeña y otra habitación con una antigua bañera, si querían bañarse debían calentar agua y tráela en cubos y llenar esa bañera.

La chica miró sus ropas, era un kimono, muy antiguo, pero en perfecto estado. Estaba oscureciendo y la joven había encendido las velas. Se acercó a la chimenea, ardía con un buen fuego, esa joven tembló de frio, estaba nevando, hacía mucho frío, echó más leña a ese fuego y volvió a la cocina. Cogió una cuchara de madera y comprobó el gustó de lo que se cocinaba, estaba riquísimo. No podría negarlo, pensó con un poco de envidia, su acompañante era mejor cocinando que ella, tan bueno como su hermana y como…

Oyó como se abría la puerta, y salió a ver como entraba a la vivienda un joven, muy abrigado, que cerraba la puerta con el pie. Iba cargando un fajo de leña, que dejó al lado de la chimenea. Miró a la joven y sonrió. Se volvió a acerca la puerta y la atranco, no quería que el viento, que empezaba a soplar con fuerza, la abriese. Hacía mucho frío.

-Hola Akane he vuelto- dijo el joven.

- ¿Cómo te ha ido fuera? - preguntó ella.

-Hace mucho frío. Está nevando con fuerza, y empieza a soplar el viento. Esta noche hará mucho, mucho, mucho frío. Suerte que tenemos mantas y leña.

Ella se dio cuenta que el chico le ocultaba algo, no la quería asustar.

- ¿Qué pasa Ranma? ¿Qué me ocultas? Hay algo que no quieres decir.

Ranma bajó la cabeza, no sabía cómo decirle eso.

-He ido hasta el paso, por donde entramos hace dos semanas. -era un camino entre dos montañas. - con las nieves caídas los últimos días… las montañas se llenaron de nieve… con los truenos de ayer noche. Ha habido un alud, la nieve de las montañas ha caído al camino… no se puede pasar, estamos incomunicados hasta el deshielo de primavera.

Akane se quedó blanca, dos meses o tres con Ranma, solos. El chico la miró y recordó que no se había quitado el abrigo, lo hizo y lo guardó en un armario del comedor, se quitó el calzado y el gorro y los guardó en ese armario y tembló de frío. Como ella iba vestido con un antiguo kimono, en su caso masculino.

- ¡Incomunicados! - dijo al fin la joven.

-Si.

La chica lo miró con miedo, pero no hacía él. Si no hacía el hecho de estar prisioneros en ese sitio, sin posibilidades de salir.

- ¡Pero Ranma…! Piensa, estamos aquí, solos, sin poder salir de este valle. Dos o tres meses aquí. Podemos enfermar, o tener un accidente o, o… No tenemos comida, poca ropa. Mira nuestros ropajes, tienen siglos, literalmente. Nos alumbramos con velas. Parece que hemos retrocedido en el tiempo. La joven estaba desesperada. No veía solución a ese problema- No debías haber venido conmigo, te he metido en un buen problema.

Ranma se enfureció. Ni se le había ocurrido pensar en dejarla sola. Cuando ella le dijo que se iba, no pensó ni un segundo, iría con ella. Ella nunca lo había metido en problemas y ese en particular fue mala suerte.

- ¿Pero ¿qué dices Akane? Tú no me has metido en este lio. No hemos tenido suerte, y nos tendremos que quedar más tiempo de lo que deberíamos. - sonrió, intentaba tranquilizar a la joven. Ahora no era tiempo de reírse de ella- ¿vestidos antiguos?, si, con esta ropa y en esta casa parecemos una pareja del periodo Tokugawa ¿Comida? Es un valle fértil. Hay fruta y animales, agua y pescado. No nos moriremos de sed ni de hambre. Y estaremos tranquilos durante mucho tiempo, cosa que no lo hemos estado desde hace mucho.

-Si, pero… estamos aquí, tú me seguiste en mi huida, me acompañaste.

Él la miró serio, la chica tenía lágrimas en los ojos.

-Te atacaron, para librarse de ti. Atacaron a nuestra familia. Tú pensantes que debías huir para alejar el peligro de la familia. Viniste a mi habitación y me contaste que te ibas y porque lo hacías, yo te apoyé en tu huida y me fui contigo.

- Pero…

-Si sólo hubieras huido tú no se hubiera solucionado nada, me hubieran acosado a mí. Se hubieran peleado entre ellas. Y hubieran destrozado todo a su paso. No tienen cuidado- miró a su prometida y puso una sonrisa triste- yo estaba pensando en vengarme, en vencerlas y romper con ellas. No me iba a contener, las pensaba dejar en muy mal estado. Ya sabes lo que hicieron a mi madre, es mi deber vengar esa ofrenda. Tú me libraste de eso, de quedar como un maltratador de mujeres, a parte tus hermanas…- no pudo seguir estaba furioso, su ira contra esas personas era grande- y todo por quererte liquidar. Cuando vuelva voy a tener una conversación con ellas…-se lo pensó-… y con ellos, con esos tres idiotas también-les voy a dar un ultimátum, o se alejan de mí, o pido una orden de alejamiento.

Ella lo miró, no lo haría, Ranma era demasiado bueno para hacer eso, o tal vez era un idiota. Pero vio que su prometido hablaba en serio, pensaba vengarse, alejándose de ellas.

-Ya hablaremos de eso. Tenemos mucho tiempo para hacerlo. Nadie nos molestará.

-Si, debemos hacer la cena. Tú me ayudarás- contestó el chico.

Horas después, la joven preparaba la mesa para comer, la estaba arreglando mucho, esa noche era especial. Y todo debía quedar bien.

Oyó cantar al joven mientras cocinaba, recordó a Kasumi, ella también cantaba mientras cocinaba. Se acercó a la cocina, al ser una casa tan pequeña, el olor de la comida inundaba todo. Se quedó parada en la puerta y vio a Ranma cocinando, esa imagen le hizo recordarse de cuando veía a su madre cocinar. Se vio a ella de pequeña en la puerta de la cocina viendo como su madre cocinaba. Después esa imagen viajó al futuro y vio a Kasumi cocinando, primero sola y luego con Nodoka. Esos recuerdos llenaron sus ojos de lágrimas y tuvo que huir al salón, no quiso romper el momento feliz de Ranma.

El chico vio a la chica en la puerta de la cocina, y después la vio salir corriendo hacía el salón. Sin duda debía recordar a su madre y a su familia. Los echaba de menos. Una cena como la de ese día con la familia. La cena hecha por las manos experta de Kasumi y su madre. Las bromas de Nabiki, las borracheras de su padre y de tío Soun, mandar a volar a Happosai. Recordó sus tristes navidades solo con su padre, como cambio eso con la llegada al dojo Tendo. Volvió a pensar en su madre. Se limpió una lagrima del ojo. Como Akane, añoraba a la familia, si ella lo viese con lágrimas en los ojos se reiría de él. Movió la cabeza, no haría eso, Akane se reprimiría más, se consideraría culpable. Su prometida no debía verlo así. Se volvió a limpiar los ojos y siguió cocinando y cantando, aunque sólo cantaba para dar ánimos a la chica.

Cuando Ranma acabó de cocinar y sacó los platos, quedó maravillado, su prometida había adornado la mesa y el salón. Con lo poco que tenían en esa casa, todo quedó muy bien.

- ¡Akane! ¡Qué bien te ha quedado! ¡Eres una experta decorando! ¡Y con pocas cosas!

Ella se ruborizó, no se esperaba este halago de alguien tan poco dado a las palabras como Ranma.

-Gracias, Ranma- dijo ella tapándose la cara con las manos- me has hecho ponerme roja, ¡Qué vergüenza! No me mires.

El joven sonrió al menos había alejado la tristeza de la joven, y de él. Pero sabía que ambos volverían a caer en manos de la tristeza esa noche, los dos volverían añorar a su familia. En una noche como esa, era normal recordarse de los que no estaban con ellos.

Los dos se sentaron en la mesa y empezaron a cenar. Akane halagó al cocinero, fue el turno de Ranma de sonrojarse. Estaban pasando una noche agradable, sin peleas ni gritos. Esa noche no querían pelearse. Ranma sabía que su prometida estaba muy sensible, no quería provócale un enfado, ni que se entristeciera más de lo que ya estaba.

Akane miró a su prometido, el chico parecía alegre y contento, no parecía preocuparse por la situación en que se encontraban. No quería preocupar al joven, se esforzaba para que ella lo pasara bien. Al menos no dejaría ver que estaba triste. Él no tenía la culpa de su pena.

-Venga Akane come un poco de pescado, me costó mucho pescarlo- los dos se rieron cono "pesco" a ese pescado. Ranma se cayó al helado rio, cuando salió de él convertido en chica, temblando de frío, llevaba en las manos ese pescado. No supieron como lo cogió. Él al tener sus ropas mojadas tuvo que ponerse ese kimono antiguo.

- Un poco más y pescas un resfriado. - contestó la joven. Los dos jóvenes se volvieron a reír.

- No sé cómo tú también te mojaste, estabas lejos del rio- los dos se rieron, lejos significaba a unos metros, ella acabó también empapada de agua, como Ranma acabo vestida con un kimono.

Se sentaron en la mesa, uno enfrente del otro. Comieron y bebieron. Tenían aún una reserva de comida comprada. Antes de quedar encerrados en el valle. Bajaron varias veces a varios de los pueblos cercanos. No iban siempre al mismo, no querían que la gente se quedara con su cara y poderlos delatar si llegaban esos seis.

En la última de esas escapadas habían comprado, aceite, harina, azúcar, pan, patatas y un pollo que cocinó Ranma y ahora estaba en medio de la mesa. También compraron dos botellas de cava, al final reservaron una para fin de año.

La cena continuó entre risas y bromas. Los dos dejaron sus habituales peleas para el día siguiente, esa noche, ese día no era para peleas.

La alegría de la cena, el efecto de la botella de cava, llevaron a los dos chicos a reírse, a cantar villancicos, suerte que nadie los oyó cantar. A aproximarse más él uno al otro. Y por desgracia a recordar.

- ¿Te recuerdas aquella navidad que tu desapareciste? - preguntó riendo la joven.

- Si, me lo pase toda la tarde buscando los regalos que tú me pediste. Te lo di en parque.

- Si, cuando llegamos a casa estaban esos seis.

- Si, ellas me recordaron que tú me reclamaste como tuyo- se rio, - para continuación reclamarme su regalo de Navidad. Tuve que escapar a mi forma, esas locas me siguieron toda la noche.

No tuvo respuesta, levantó la vista y miró a su prometida. Por lo movimientos de la chica supo que estaba llorando, recordaba y echaba de menos a su familia. Se insultó a él mismo, era un idiota, cuando ella empezó a recordar esa navidad, debió cambiar de tema enseguida.

- ¿Qué te pasa Akane? - preguntó el chico alarmado.

-No teníamos que estar aquí… debíamos estar en casa, con la familia. -Ella lloraba con mucha pena- es Navidad es una fiesta para estar con la familia y ellos…ellos, no están con nosotros.

Ella se levantó y se giró, no quería que él la viese llorar.

-Akane, ellos no están...- el chico se levantó y se acercó a su prometida muy preocupado.

Ella se giró se abalanzó sobre el chico llorando y lo abrazó. Él se quedó rígido, como siempre que lo abrazaba.

-Deberíamos estar con ellos, con mi familia, con la tuya… con nuestra familia. Y mirarnos estamos solos e incomunicados, porque tuvimos que huir. Me atacaron, hirieron al resto de la familia en su locura por liquidarme. Esta noche me hubiera gustado estar con Kasumi, comer su cena, no tengo nada contra la tuya. Pero quisiera estar con mi padre, con mis hermanas, con tus padres y… contigo.

Ranma se quedó blanco. Él deseaba lo mismo. Iba ser su primera Navidad con su madre, era algo que llevaba deseando con ansia durante meses. Había pensado en hacerle un buen regalo, había hablado con Akane, ella le ayudaría… Ahora eso ya no podría ser, todo por esas locas.

Akane seguía llorando escondiendo su cabeza en el pecho de joven, cuando algo cayó en su rostro. Era una lagrima, alzó la cabeza y vio a Ranma llorar, él también echaba de menos a la familia.

- ¡Ranma! - exclamó ella sorprendida. Le acercó la mano a la mejilla y con un dedo cogió una lagrima del joven y la miró, comprendió todo, él también estaba recaído y triste. - ¿Qué pasa? – preguntó ella.

- Los echo de menos, a mis padres, y al tuyo, y a tus hermanas. Sé que están bien- negó con la cabeza- no, no lo están. Tu hermana Kasumi estará triste y preocupada y mi madre también, en estos momentos se estarán preguntado si estamos bien, si comemos bien. Como hacemos tú y yo… querían que estuviésemos allí. – el chico negó con la cabeza- es tu casa, nuestro lugar, donde debemos estar. Cuando acabe y podamos salir, iremos a casa. Y sin pensar en esos a los que debemos este encierro, viviremos y disfrutaremos al lado de los nuestros, con quien realmente nos quieren.

La chica miró a su alrededor, lo triste que era esa casa, con una pobre decoración, hecha de hojas y ramas. Sin árbol de navidad, sin pastel, sin música.

-Es la peor Navidad de mi vida. Sin árbol, sin pastel, sin familia. Encerrados en un valle. Con frio y casi sin ropa. En esta casa, esta noche no hay nada alegre. – miró al joven- nos han quitado todo. Nuestra alegría, nuestra risa. Nuestra Navidad- y la joven bajó los brazos derrotada.

Ranma por un momento, se sintió tan abatido como ella, pero se dio cuenta que no podía desfallecer, al menos delante de ella. Si él se rendía, ella no tendría ningún asidero para resistir.

- ¡No! Nuestras risas, nuestra alegría siguen aquí. Como nuestra Navidad. Es nuestra, nadie nos la ha arrebatado. Vamos a disfrutar de este día. Vamos a esperar el día que podamos reunir con nuestra familia. Mientras eso no ocurre tendremos días buenos y malos. Cuando nos reunamos se enfadarán y se alegraran, y ten por seguro que nos obligaran a casarnos- y sonrió, eso era seguro, cuando volviesen a casa, los casarían- y el año que viene, tú y yo junto a nuestra familia pasaremos la mejor Navidad de nuestra vida.

- ¿Me lo prometes? - dijo ella, intentando no llorar- y le tendió el menique de la mano derecha.

Él le cogió el meñique con el suyo.

-Te lo prometo-lo dos sonrieron, pero él cambió de cara- lo siento Akane me llama la naturaleza.

Akane lo miró furiosa y divertida, este Ranma era único para destrozar los mejores momentos, ¡que le iba a hacer! ¡Ranma era así de torpe!

El chico cogió el abrigo se lo puso y salió al urinario. Estaba fuera de la casa.

Volvió en segundos. Fue al armario, cogió el abrigo de su amiga y se lo echó.

-Póntelo y sal conmigo- dijo en un tono extraño. El chico debió ver algo ahí fuera por que volvió enseguida y con cara de haber visto algo que lo sorprendió. No era algo malo, o hubiera entrado y atracado la puerta y las ventanas. Akane se puso el abrigo, y salió con el joven lo que vio la sorprendió y la dejó maravillada.

Alrededor de la casa había árboles, casi todos cubiertos de nieve. El resto estaban mojados. Pero el frío había helado esa agua que ahora parecía trozos de cristal donde se reflejaba la luz de la luna. Luna llena, muy grande y hermosa con una fuerte e increíble luz. Esa luz en el hielo cristalizado hacía parecer que los árboles estaban adornados con miles de bolas brillantes. Durante minutos los dos jóvenes vieron el espectáculo que se desplegaba a su alrededor. Olvidaron sus problemas y tristeza. Y sonrientes, con una nueva esperanza, los dos muy juntos, él cogiéndola por la cadera y ella por el hombro, fueron cocientes de que era felices él junto a el otro, se miraron sonrieron y siguieron mirando el espectáculo hasta que una nube tapó la luna.

En ese momento se giraron, él la cogió por la cadera, ella por los hombros.

- ¡Ranma! - dijo ella casi suspirando.

- ¡Akane! - dijo él. Los se miraron emocionados, con los ojos brillantes. Sin darse cuenta del frio que hacía. Sus labios se fueron acercando y…, en ese instante.

Akane levantó los ojos y en el cielo vio algo.

- ¿Qué es eso? - preguntó la chica.

Ranma se giró y miró hacía donde miraba Akane, sus ojos se abrieron mucho. Lo que estaban viendo.

No es posible!- dijeron a la vez los dos sorprendido, y no asustados jóvenes.

Minutos después, lo que vieron en el cielo ya había desaparecido hacía un rato. Los dos prometidos siguieron su trayecto hasta que las montañas les impidieron seguir viéndolo. Fue entonces cuando volvieron a sentir frío. Ranma recordó porque había salido y fue a hacerlo.

Akane también sintió la llamada de la naturaleza y tuvo que acudir hacerle caso.

Los dos chicos entraron en la casa y en la puerta se quedaron parados.

El salón de la casa estaba lleno de regalos, los dos se miraron con las bocas abiertas.

- ¡Entonces era verdad! ¡Hemos visto a…!

-Si Akane, ¡Hemos visto a Santa Claus! Y nos ha traído regalos, no debemos ser tan malos niños al ver esa cantidad de regalos.

Los dos chicos se acecharon y fueron abriendo regalos, parecían que eran los regalos que les tenía que hacer la familia, pero también había otros dados por el propio Santa Claus. Los dos chicos abrieron esos regalos con la misma emoción de dos niños, riendo y alegrándose con cada regalo.

Había incluso una tarta de Navidad, que los dos jóvenes, muy golosos, acabaron con deleite.

Había hasta una carta, que leyeron.

Hola niños:

Soy Santa Claus, también podéis llamarme Papa Noel.

Este año habéis sido unos niños muy buenos, aunque habéis cometido cuartas travesuras, que puedo pasar por alto. Os merecéis unos buenos regalos, os he traído los regalos que os habían reservado vuestra familia, y otros de mi propia cosecha. A parte os daré dos regalos que os merecéis. Uno es que vuestros rivales han contraído compromisos que los hacen incompartibles con vosotros… el otro lo veréis mañana vosotros mismos.

Santa Claus, o séase Papa Noel.

Los dos chicos se miraron y abrazaron. Estaban contentos, según la carta se habían librado de sus perseguidores, según dedujeron su familia estaba bien. Eso era motivo de alegría, tanta alegría sintió que cuando se dieron cuenta se estaban besando. No se echaron atrás siguiendo con ese beso que comenzó de forma inconsciente. Al separar sus labios se miraron unos momentos sonrojados y se volvieron a lanzar sobre los labios del otro. Con una pasión sedienta, avara acaparadora.

Pasaron el resto comiendo, bebiendo y cantando, aun estando solos no fue una mala noche de Navidad. Y por primera vez durmieron juntos, sólo durmieron, dejaron los demás para más para adelante, para cuando lo casaran.

Los primeros rayos de sol despertaron al joven, que se movió inquieto en la cama, maldijo en silencio esos rayos

Cuando se giró vio a su prometida dormida a su lado, con una sonrisa en los labios la chica estaba muy guapa. El joven sonrió, con cuidado se levantó y se vistió. Iba a salir a correr, entrenar un poco.

- ¿Dónde vas? - preguntó una soñolienta- hace frío, sería mejor que no salgas.

Él la miró.

-Necesito salir, que me dé un poco el aire -contestó el chico.

Ella asintió.

-Vale, te entiendo, no estés mucho tiempo fuera que hace frío.

-Sólo unos minutos-contestó el chico y se fue.

La chica se despertó del todo. Se levantó y se vistió. Estaba preparando su desayuno y él de Ranma, cuando entró este exaltado.

- ¡Recoge todo, nos vamos! - dijo el chico.

- ¿Cómo que nos vamos? - preguntó ella sorprendida.

-Ya sé el regalo sorpresa de Santa Claus. ¡Nos ha abierto el paso! – anunció el joven. ¡podemos irnos!

Ella abrió mucho los ojos y abrazó al joven.

- ¡Nos vamos!

- ¡Si! Si nos darnos prisa, en unos días estaremos de vuelta en casa.

- ¡Y pasaremos fin de año en casa!

Los dos se besaron y…

- ¡VAMOS! – se animaron los dos y empezaron a recoger sus cosas.

Minutos después salieron de esa casa, se giraron y le agradecieron que los cobijase esa semana. Cuando los chicos se alejaron, la casa desapareció, había hecho su trabajo. Volvería a aparecer cuando se la necesitara, cuando alguien buscara cobijo y esperanza.

Horas después los dos jóvenes habían llegado a un pueblo donde cogieron un tren en dirección a Nerima, mejor dicho, tendrían que coger varios trenes para llegar a su casa.

Los dos sentados felices y contentos, la chica con su cabeza en el hombro del chico, este cogiéndola por el hombro y los dos dirigiéndose a su casa, volviendo con sus seres queridos. Volviendo a la 'tranquilidad" del hogar.


Notas del autor:

Hola.

Cuando escribí esta historia, no quise hacerla de todo alegre, quise que los dos personajes pasaran el día de Navidad, lejos de su familia, sin posibilidad de poder reunirse con ella. Quise representar la tristeza de pasarla lejos de la familia, recordando lo que no están- También quise que no fuera sólo Akane la que sufriera, sino que Ranma también echase de menos a los suyos y también sufriera.

-Aclaración:

¿Por qué beben Cava y no Champagne?

El Cava es como se llama el Champagne hecho en España. Le pasa lo mismo que al Brandy, no se puede llamar Coñac. Todo por derechos de nombre entre países.

Le puse Cava porque me es más fácil recordar como se escribe Cava que Champagne, y tiene menos letras. A esto se llama la ley de mínimo esfuerzo.

La navidad de la que hablan Ranma y Akane, es la del capítulo "Una navidad sin Ranma. En estos momentos no sé si es el capitulo 123 o el 125. En internet me dicen los dos número como el capitulo en cuestión.

-Agradecimientos:

A los que leen y me siguen y ponen cometarios.

A Ranma84, gracias por tus comentarios.

A Btaisho, gracias también por tus comentarios. No recuerdo que haya escrito muchos fics que Ranma y Akane se sean infieles y se engañen, sólo en "infidelidad, infelicidad y otros vicios" son un poco infieles y no entre ellos, en ese fic son amantes. Tampoco me gustan que se engañen, pero sí que engañen a los demás y se alíen para hacerlo. No te puedo decir la frecuencia que subo los fic, no lo sé. Sólo los escribo cuando voy a trabajar y cuando vuelvo a casa. Puedo tardar semanas en hacer una historia de pocas páginas. Y una cosa más, me gusta que Ranma y Akane se fuguen juntos, lo he hecho en varias historias.

Por cierto, ya que este fic lo pienso subir en Nochebuena, ¡Feliz Navidad!