Baile en el fin del mundo (segunda parte)
El aire denso de los barrios bajos de París se filtraba por las alcantarillas cercanas al domo. El filtro de aire comenzaba en la entrada y en el centro de éste, donde ya podía apreciarse el escenario flotante y circular que se había preparado para la noche, nada entraba gracias al cristal y la tecnología que purificaba el aire que se volvía fresco para quienes pudiesen entrar a la construcción. Cuando llegaron no siguieron más que pasos de rutina, éstos no variaban mucho entre festival y festival: el staff se dividía entre los que montaban el escenario, entre los que se encargaban de que el sonido y la iluminación funcionara sin problema y los que coordinaban a los artistas. Dieron sus nombres a los chicos que pasaban lista y todo estaba en su lugar: su vida habitual se abrió pasó y comenzaron a nadar entre la gente y las luces como peces en el agua.
El espacio ocupado por los cantantes era el mismo que ocupaban los deportistas para prepararse antes de salir a los partidos. Para llegar a la parte alta del escenario, es decir, esa parte principal, tenías que llegar desde una plataforma desde abajo o bien tenían que mandarte en un panel flotante desde espacios colocados estratégicamente entre las gradas. Esto último a Kaito le daba pánico, pero a Meiko le divertía.
A Miku la seguía Rin. Compartían una especie de ritual personal en el que ambas intentaban reconocer matas de cabello conocidas entre los cantantes que arribaban para luego contar quién conocía más o en su lugar, intentaban adivinar cuantos artistas virtuales nuevos se sumaban a la larga lista de caras y competencia.
—Por favor, esperen indicaciones y no se separen de sus representantes. Las pruebas de sonido y vestuario comenzaran en breve; estén atentos para que escuchen cuando se les nombre. —indicó una voz robótica por el altavoz.
Entre tanto, ya se había montado toda la publicidad que hiciera falta. En el gran cristal que rodeaba al domo desde el cielo podía verse una recopilación de hologramas y proyecciones de las diferentes empresas de tecnología que participaban hoy.
Rin sonrió mientras apuntaba al cielo.
—Ahí está Internet Co., ¡te lo dije! —Miku rodó los ojos, sin poder evitar contagiarse de su sonrisa.
—Me quejo por Gakupo y Lily, aunque saludar a Gumi estaría bien.
Iría a buscarla dentro de unos minutos, sin dudarlo.
Mientras, ellas se sorprendían por ver algunas empresas nuevas u otras que suelen aparecer muy de vez en cuando en eventos como este: AH-Software, Voctro Labs y PowerFX tomaron su lugar en la proyección seguidas de nuevas empresas chinas e internacionales, sumadas las que no formaban parte de VOCALOID pero decidieron incursionar en la música digital con otros desarrolladores de voces sintetizadas. Vieron matas de cabello conocidas, algunas no tanto así como otras completamente nuevas.
—Mira, ahí está Yukari, sigo sin hablarle mucho, ¿tú le hablas? —Miku se encogió de hombros ante la pregunta de Rin.
—Poco, creo que no congeniamos.
—Me pasa, ¡pero ahí está Miki! ¡Hola, Miki! —Rin levantó la mano efusivamente a lo que la aludida la saludó con la misma energía desde la distancia —Está ocupada. ¿Ese de ahí no es Yohio?
—Sí, no le digas a nadie pero ¿sabías que es omega? —Rin dejó caer la boca.
—No me digas, ¿cómo lo sabes? —Miku se señaló la nariz con una sonrisa obvia. —Claro.
—Pero él prefiere que sea secreto, así que shhh.
Se rieron juntas, ya había pasado rato desde la última vez que pasó. Era casi como si los eventos de ayer no hubiesen acontecido. Ojala las cosas se quedaran así.
Kaito y Meiko se habían quedado detrás de ellas varios metros a la distancia, todo por no dejar a Luka y a Len a solas con Kei, quien parecía molesto con ellos: resulta que tuvieron la brillante desgracia de quedarse dormidos, dando como resultado que los planes de todos para el día de hoy se retrasaran. Soportaron sus regaños por más de la mitad del trayecto así como su mirada gélida lo que restaba de él. A Len no le importaba mucho, de hecho, existían pocas coas que no le resbalaban; Luka, hace tres años puede que su situación fuese la misma que la de Len pero ahora, con los años haciéndola más sabía y más centrada, se sentía muy avergonzada. Además no es algo que suela pasarle, ni siquiera durante su adolescencia en la que muchas veces se quedó con las ganas de romper las reglas.
Aun así y con todo, las cosas parecían ir marchando como se había planeado.
Más tarde, unos minutos para ser exactos, el espacio ocupado por Internet Co. se materializó delante de los ojos de todos pues pasando éste se encontraba el de Crypton. Rin se quedó a formar parte del pacto de apoyo a los dormilones y Miku desapareció de su lado al poco tiempo.
La silueta de Gumi se materializó delante de sus ojos a los pocos pasos y aunque ésta lucía su semblante mal humorado habitual, no restaba que para Miku era un verdadero gusto volverla a ver, además de convivir con otra omega, para variar.
Además, había que aprovechar que las figuras y olores de Gakupo y Lily no se percibían alrededor.
— ¡Gumi Megpoid! —llamó con efusividad, dando pequeños brincos.
La chica de cabellos verdes se dio vuelta al poco tiempo, sabiendo que no podría evitar el contacto físico que se aproximaba.
—Hey, ¿qué tal Mik-MIERDA.
Pasó algo que cortó todo el ambiente y llamó la atención de todos al rededor.
Miku bajó la velocidad de sus pasos poco a poco, hasta quedar frente a Gumi, observándola con una ceja levantada y un gesto de confusión en el rostro.
— ¿Gumi? ¿Estás bien? —cuestionó al ver a su compañera tapándose la nariz, evitando mirarla.
—No, Miku, carajo, ¿por qué hueles así?
... ¿qué?
CUL y Kokone estaban alrededor, siendo éstas compañeras de Gumi, aunque parecían tan absortas en sus propios preparativos como para prestarle atención a las protagonistas de la situación actual más allá de simples miradas curiosas.
Entre tanto, la cara de Miku daba risa.
—Gum-
—No, ven conmigo.
Creía que Rin era la única que la jaloneaba.
Antes de arrastrarla a los baños, Gumi se detuvo a pedirle a Kokone que le pasara su mochila, quien aceptó con una mueca de confusión en el rostro al verla tan apurada. Finalmente, lo único que sabía es que estaban en los baños del domo y que la cantante de cabellos verdes se apuró a arrastrarla frente a los lavabos.
Delante de los ojos de Miku, Gumi buscaba algo en su mochila y también notó que respiraba por la boca para no seguirla oliendo. Se olfateó su propia ropa, con un rojo ligeramente iluminando sus mejillas.
—Gu—pero la volvieron a interrumpir antes de terminar una palabra, esta vez al ser roseada con una fragancia desconocida proveniente de un frasco curioso— ¡Hey, qué te pasa!
—Apestas, ¡apestas! — exclamó para enseguida proceder a tomarla por los hombros. Gumi pasó la nariz por su persona, olfateando desde su ropa hasta su cabello — ¿Por qué hueles así? ¿Estás en celo?
No entendía a qué se refería, al menos no ahora que había comenzado a tomarse los supresores que Luka le consiguió.
Miku tenía a Gumi frente a ella, sosteniéndola por los hombros ahora que la examinaba con la mirada: sintió sus pupilas escudriñar en lo más profundo de su cuerpo, corazón y alma. En un principio lo que sentía era vergüenza pero ésta ya se había transformado en irritación ahora que su compañera regresó a clavar los ojos sobre los suyos, con una expresión severa en su ceño.
— ¿Quién es? — a Miku se le detuvo la respiración ante su pregunta —¿Con qué alfa te juntaste y por qué huele así? —por la expresión de Miku, Gumi dedujo que no tenía ni idea de lo que hablaba —Miku... ¿en serio no lo sientes?
A Gumi se le averió en sentido del olfato, eso debía ser. Seguro que pasar tanto tiempo bajo el mismo techo que Lily y Gakupo por fin la habían roto. En consecuencia, la omega más famosa de VOCALOID se quitó a su compañera de encima, con un muy ligero empujón que dejaba relucir su propia cara de hastío.
—No bromees.
—Miku...
—Por fin alguien se lo dice, yo también la sentí cuando llegó: es nauseabundo.
Los ojos de ambas se dijeron hacia la interlocutora de la nueva voz en el baño.
Sus zapatos con tacón resonaban dentro de las cuatro paredes al acercarse a los espejos. A su cuerpo la cubría un vestido corto, brillante y bonito como de costumbre y los olores dulces que emanaba su piel las hicieron sentir ligeramente intimidadas. Una de ellas le prestaba atención a esos ojos azules que resaltaban bajo sus pestañas largas con el toque exacto de rímel, la otra observó con especial detalle cómo ésta, frente al espejo, renovaba el brillo de sus labios con un labial que sustrajo de su bolso.
Se llevó un mechón de su cabello largo, sedoso y cuidado detrás de la oreja antes de girarse a mirarlas. Entonces, delante de ellas impuso su presencia perfecta con una sonrisa: la mujer que encarnaba mejor que nadie lo que un omega "debía de ser": Aria Planetto.
IA, en su nombre de artista.
—No soy nadie para juzgar, Miku, pero deberías elegir mejor a los alfas con los que te juntas —a Gumi se le descompuso el rostro por completo —Gumi y tú huelen muy lindo, y he escuchado que Lily huele a miel y este... huele a pescado.
Ah, sí, ya recordaba por qué evitaba toparse con IA en festivales y proyectos en común.
El mal humor característico de Gumi Megpoid incrementó lo suficiente para que las otras dos omegas pudiesen sentirlo en el aire. La omega de Internet Co. se posicionó delante de Miku para apartarla de IA, con un plan maligno atravesando sus pensamientos: tomó el frasco de fragancia con el que roció a Miku momentos atrás y sin previo aviso, roció la cara de IA.
— ¿¡Qué te pasa, idiota!? —gritó llevándose las manos a la cara. Una acción mal intencionada fue suficiente para derribar su máscara de semblante tranquilo e impoluto.
—Tú también hueles a alfa, IA —la cantante de cabello verde se acercó peligrosamente a la curvatura de su cuello. Aria tensó todos y cada uno de los músculos de su cuerpo con la vista apenas pérdida en el infinito — ¿Quién es esta vez?
—1st Place: prueba de sonido y vestuario entre bastidores.
Esa era la señal para irse. Aria apartó a Gumi de sí con un empujón ligero pero con la fuerza necesaria. Recuperó la compostura, no sin antes dedicarle una larga mirada a las dos. Dio media vuelta y desapareció de su vista dando largas zancadas de indignación.
Gumi bufó y Miku dio un suspiro.
—A veces siento que me odia... —pronunció la diva de Crypton con una clara pizca de amargura. Su acompañante negó con la cabeza. — ¿De verdad huelo tan mal?
—No le hagas caso, evítala, eso hacemos todos. —con todos se estaba refiriendo a los omegas en VOCALOID. —Pero si en algo tiene razón es que hueles a un alfa muy extraño... Tampoco te espantes, ningún alfa huele así de manera natural, ¿qué caso tendría si el olor es para atraernos a nosotros?
Le dio una última roseada en todo el cuerpo tras hacer que cerrara los ojos, justo antes de pronunciar las palabras que harían que todo hiciera sentido.
—El alfa que hizo esto tenía muy claro su propósito: ningún otro alfa se te acercará oliendo así.
Algo se rompió dentro de Miku: su paciencia. Sólo que nadie en el mundo real podía verlo, se trataba de algo que se quedó para sí misma.
La iba a matar.
Intentó desviar la conversación a otro sitio.
—Gumi, parece que sabes mucho sobre alfas. —la aludida respondió con una risa sarcástica.
—Si algo envidiamos los de Internet Co. de ustedes es que Luka sea su alfa. Ella es linda, me cae bien — ajá... — Intenta vivir con Gakupo y Lily un mes, te prometo que aprenderás una cosa o dos sobre alfas.
¿Por qué todo mundo dice eso? Es cierto que... alguna vez... sintió sus ojos brillantes clavados sobre ella a la distancia, pero como siempre intuía que se trataba de una cultura de alfas que no comprendía ni quería comprender.
— ¿Y dónde están? —cuestionó Miku, con curiosidad. Gumi se vio más irritada ante la pregunta.
—No sé ni me importa, se habrán perdido por ahí.
—Gumi... ¿estás bien?
—Sí. —quiso contar hasta diez. Se dio cuenta de que Miku realmente nunca tiene la culpa de su mal humor y en ese instante pequeño empezó a reflexionar la razón por la que tal vez no tenía tantos amigos —Miku... ¿de verdad no te diste cuenta? ¿Kei no lo notó?
Es cierto. Kei. No sólo él, todos los empresarios. Los deseos de matar a cierta alfa incrementaron a niveles insuperables apenas su nombre le cruzó por la cabeza. Aun no entendía cómo funcionaban los alfas, pero la cara preocupada de Gumi por la razón de que Miku no notaba el olor sobre su propia persona también la consternaba.
—Quédatelo —dijo dejándole el frasco de fragancia entre sus manos. —; ese alfa... o no conoce tu situación o no es tu amigo. Protégete.
Sin embargo, hubo algo que no cuadraba de todo en la escena de la que era participe. Dejó que el remolino de pensamientos se adueñara de su mente mientras analizaba el frasco que le había tendido la omega de Internet Co.; como ponía en las letras del instructivo, se trataba de una fragancia especializada para cubrir el olor de feromonas de alfa, sea cual sea la índole de éstas. Pero, ¿por qué tendría que existir un producto así? Tenía dos respuestas: o todos los alfas andan rociando gente con sus feromonas por ahí sin preguntar a nadie, o en los omegas existía la problemática y la necesidad de ocultar estos olores cuando salen a la calle.
Aguantando la respiración, Miku regresó a mirar la figura de su compañera, con una pregunta en los labios.
—Gumi... ¿por qué tienes esto? —la respuesta que tuvo no pudo haber sido más simple, ni siquiera la pensó.
—Por si las dudas.
La noche llegó.
Los reflectores se encendieron, el tráfico se detuvo y los lugares se llenaron.
Entre los gritos, los vítores y los sonidos eléctricos de los instrumentos, el domo se quedó en total oscuridad. De pronto, en el centro de todo, una luz de colores cambiantes iluminó la cara de todos en el edificio, asemejando un río que brilla con luz propia en sus profundidades, proyectándolo hasta el techo. El escenario flotando apareció desde lo más hondo hasta el centro y los reflectores, uno a uno, comenzaron a encenderse.
Los hologramas animados con los logos de los patrocinadores y las empresas se empezaron a reflejar en el centro, los cuales quedarían grabados en las retinas de los asistentes durante varios días después.
Finalmente, cuando cada empresa había visto su publicidad terminada y cumplida, un hombre y una mujer, ambos con alas y hechos de pixeles en tonos azules, se proyectaron en el escenario; volaron al rededor el domo, sobre las cabezas de todos, entre pupilas brillantes y bocas abiertas, y cuando volvieron al centro, lo hicieron con tal fuerza que se desintegraron en partículas que dieron paso, en letras grandes, al holograma con el nombre del evento.
El Festival de Música de Alta Tecnología.
Luka se sintió mareada cuando se asomó a darle un vistazo a todo desde su sitio, el cual estaba estratégicamente posicionado en el fondo del domo, cerca de las plataformas dentro del escenario que la llevarían a la cima de éste.
Nunca, ni por todos los años que siga haciéndolo ni por todo el dinero del mundo, se acostumbraría a la sensación de toda una multitud viéndola y vitoreando su nombre. Por eso siempre miraba los reflectores: la luz que proyectaban era lo suficientemente fuerte para dejarla ciega y esto la ayudaba a entrar en personaje; las personas ya no eran cuerpos con vida y personalidad propia, sino que se transformaban en bultos borrosos que podían ser cualquier cosa que ella quisiera. Todo menos personas.
—Tenga, señorita Megurine, ya casi es su turno. — ¿Tan rápido?
Un joven perteneciente al staff encargado de llevar la logística del evento le tendió un pequeño cubo color azul brillante, tan pequeño que cabía en la palma de su mano. Tocó el traje que llevaba puesto con las yemas de sus dedos: este justamente se lo dieron como actualización de vestuario cuando la empresa por fin liberó su banco de voz para VOCALOID4. Prefería el de VOCALOID2, era más cómodo, pero el mundo del arte requiere actualizaciones constantes ¿no?
—El vestuario que me pidieron para su canción está ahí, ya sabe cómo funciona, ¿cierto?
—Sí, por supuesto.
Esa cosa; hace algunos años, dos siendo exactos, en el evento organizado por YAMAHA se liberó un prototipo de tecnología que facilitaría todo el tema del espectáculo que tenía que ver con los vestuarios de los artistas. No más incomodidad, prisas y retrasos: el cubito que resplandecía en su palma no era otra cosa que moléculas programadas con una forma, color y textura en específico que se ajustaría a su cuerpo al romperse.
Claro está que el espectáculo visual que era verlo era uno insuperable.
—Busque a la señorita Hatsune, ya falta nada. Recuerde que una vez que la plataforma sube, no puede detenerse hasta llegar a la cima o la magia se rompería.
Magia...
Pero, sí... Miku... ugh.
Mientras tanto, en el escenario, IA brillaba por su talento.
Sí, Miku seguía sintiéndose avergonzada por el suceso en los baños pero eso no era suficiente como para que no admitiera lo mucho que admiraba a la cantante estrella – y la única – de 1st Place. Su mirada siempre era gélida bajo el escenario pero sobre él... notabas el brillo en sus pupilas y lo resplandeciente de su piel. Aun así, ¿que eso no lo hacían todos ahí, ser otra persona bajo los reflectores?
Los bailarines bajaron de las plataformas que volaban por todo el escenario para acompañar a IA y en ese instante Miku apartó la mirada para regresar a sus propias preocupaciones. Caminó a la parte del escenario que la subiría a la cima.
Al parecer el olor se había, confiaba en ello porque Kei no había dicho nada al respecto y él es Kei, si algo estuviera mal él se lo diría de inmediato. Volvía a caminar sobre terreno seguro y a pesar de todo, no experimentaba tranquilidad alguna.
El staff recién le comunicaba que pronto sería su turno y eso sólo significaba una cosa: tener que compartir terreno vital con Luka Megurine.
Muy en contra de su voluntad se había estado tomando los supresores que ésta le consiguió pero cabe la posibilidad de que sí fuesen demasiados... Su humor estaba atravesando una etapa cambiante e incontrolable y su mal humor estaba por las nubes. Temía lo que podría pasar.
Y ese temor empezaba a materializarse justo ahora. La escuchó carraspear y posicionarse a su lado, sin decir nada. Tenía que ser así pues esas eran sus posiciones para aparecer juntas en el escenario.
Ella no la miraba, aunque notaba su incomodidad. Miku intentó inhalar su olor, usarlo para buscar algún recuerdo en lo profundo de su psique: cierto, las feromonas de Luka no olían mal... Luka huele a un campo de flores. Siempre intentó evitar ese olor. En cada pasillo, en cada habitación, ese aroma que se extendía por el pequeño mundo que era su empresa.
Claro que los dos olores eran incompatibles, pero fue ella. Sólo ella.
La mirada de Miku se ensombreció.
—Lo hiciste otra vez, Luka. —por supuesto que se ganó una expresión confusa, por no decir consternada. Aun así, ninguna volteó la mirada para verse.
—Sólo son negocios.
—No hablo de esto, era obvio, trabajamos juntas —dijo mientras un haz de luz comenzaba a iluminar los rostros de ambas —hablo de las feromonas que me echaste.
La cara se le descompuso y el corazón se le detuvo. Estuvo a nada de girarse a verla, pero encontró las fuerzas suficientes para no hacerlo; abrió la boca pero la cerró inmediatamente, irritando todavía más a la conocida diva de Crypton.
— ¿Qué? ¿Me vas a decir que no fuiste tú o que no sabías lo que hacías?
—No... yo... — a Luka le tembló la voz.
Y la plataforma se activó.
En el escenario, antes de verlas llegar, se estaba proyectando un holograma diseñado para rendir homenaje al productor y músico del que hablaban con Kei al día anterior. Se escucharon sus canciones más icónicos y los colores que le caracterizaban llenaron el domo. El ambiente cambió y ese mismo escenario parecía ya una pista de baile, flotando sobre el fin del mundo.
La tensión que se había formado entre ellas no dejó de existir ni siquiera cuando la plataforma las subió hasta la cima de todo, a los ojos de todos.
El mundo gritaba, resonaba y expresaba su existencia. Ellas no podían escucharlo.
Las guitarras empezaron a sonar; ya no había marcha atrás.
Ambas, al mismo tiempo, reventaron los cubos de vestuario que yacían en las palmas de sus manos. Un haz de luz las cubrió y pronto lucían dos característicos trajes a negro y blanco. De igual manera, sus voces y baile iniciaron al unísono mientras los bailarines volvían a reaparecer en escena para acompañar el show.
Nadie lo notó, cosa curiosa, pues todos pueden ver lo que pasa bajo los reflectores pero nadie ve lo que sucede en los corazones de sus artistas cuando la música comienza; lo que coordinaba a Luka y a Miku no era el talento, ni los ensayos, ni su amor por la canción: lo que las conectaba era un enfrentamiento. La coreografía era la misma que han visto en diferentes conciertos, eso pocas veces cambiaba, lo diferente era ver a Luka intentando evitar encontrarse con la mirada de Miku a toda costa, la cual le recordaba a los volcanes en ebullición.
Las luces y los hologramas eran como filtros para las emociones en su mundo, sin embargo, incluso bajo la influencia de éstos, Luka era capaz de ver reflejadas perfectamente todas y cada una de las emociones e intenciones de esa omega; pensó en los supresores que le había conseguido y sus efectos secundarios y desde ese momento supo que lo que pasara en este instante, en el escenario que era su pista de baile, terminaría en un final desastroso; en derrumbe.
¿Por qué no tratas de tomar mi mano?
Luka siguió el movimiento que indicaba la coreografía, tendiendo la mano para que Miku la tomara; en cuanto palmas se encontraron, el fin comenzó.
—Eh... señor Kei... —el hombre estaba tan absorto en el espectáculo que no escucho a la joven del staff que lo llamaba — ¡Señor Kei, surgió un problema!
Problemas. Su palabra más odiada. Ahí, perdidos en un lugar estratégico en lo alto de las gradas, los problemas continuaron.
Él la miró, con una expresión sombría en el rostro.
—Es Hatsune Miku... — continuó —: apagó su micrófono.
—Y Megurine Luka también — siguió otro —; ya no tenemos conexión, tuvimos que poner el playback.
Kei estaba a nada de estallar en cólera, pero tal y como se lo exigían los valores de la empresa para la que trabaja, se contuvo, al menos por ahora.
— ¿A qué te refieres con que perdieron conexión? ¿Cómo es que ustedes no tienen control sobre los micrófonos desde aquí?
—No tenemos esa tecnología acá... — Imbéciles, en Japón sí.
— ¡Pues hagan algo! ¡Es el Festival de Música de Alta Tecnología! ¿Dónde está la alta tecnología?
Sin embargo, el desastre en el escenario no se detenía en vivo. El público no lo sabía, pero todos en el staff sabían que lo de ahí arriba no estaba planeado ni era actuado.
Luka intentó hacer de todo para evitar el desastre en cuanto vio el fuego encendido en las pupilas de su compañera, mas era inútil, nada en el mundo podría apagarlo. Miku le lanzó el micrófono de diadema y a ojos de todos tanto a confusión de los bailarines, empezó a perseguir a Luka.
Mientras tanto, la sangre de cada uno de los Cryptonloids y su manager... se heló.
—Me las van a pagar, — siseó Kei, apretando los puños —Rin, Len, van ustedes.
Ambos detuvieron sus respiraciones, con los labios temblando.
— ¿No me oyeron? Van ustedes. Arreglen este desastre sin arreglo.
Pero no se movieron de su sitió, lo que estalló la impaciencia del manager. Él se acercó a ellos y los tomó por los brazos ante las miradas nerviosas de Kaito y Meiko, para así arrastrarlos a las plataformas voladoras que los transportarían al escenario.
Rin se tropezó con un quejido y cayó sobre una de éstas, a lo que Len tuvo que ayudarla a ponerse de pie.
—Desde hoy ustedes son mis favoritos, ayuden a Crypton —esto lo dijo en voz baja para que los cryptonloids mayores no escucharan.
Los beats salvajes de la canción del momento de los gemelos Kagamine gracias al genio de Giga inundaron el ambiente, BRING IT ON ahogó a World's End Dancehall en cuestión de nada y la atención del público fue desplazada inmediatamente a donde Kei quería: sobre las cabezas de la gente, donde plataformas volaban y rodeaban todo el domo, en distancias paralelas, dejando detrás un humo amarillo que alejó su vista de lo que sucedía en el escenario principal.
La voz de Rin los atrapó:
¡No le pongan atención a esa chica verde todo el tiempo!
La gran plataforma bajó para sacar a Luka y Miku del centro de atención; los gemelos Kagamine tomaron su lugar.
El primero en entrar a la habitación del hotel fue Kei, con grandes zancadas y respiraciones fuertes poco comunes en personas como él. Le siguieron los gemelos, detrás venían Kaito y Meiko y finalmente, Miku llegaba seguida de Luka. El show de Crypton terminó, apenas Meiko se bajó del escenario tomaron sus cosas y se fueron sin esperar a las presentaciones de los demás. Miku quería ver a Gumi y los cantantes virtuales nuevos, pero sería en otra ocasión.
Ahí, en la habitación que le pertenecía a Kei, todos guardaban un silencio sepulcral, a la luz de la luna que entraba por la ventana y las lámparas de la estancia.
En su lugar, Miku sabía lo que seguía, lo único que quería es que no lo hiciera público, enfrente de todos sus compañeros.
Kei les daba la espalda, mirando la luna, como una estatua.
—Todos están aquí porque el acontecimiento de hoy nos afecta como equipo, —empezó a recitar, con una voz gélida, de negocios —como empresa y como familia.
Detrás de ella, Miku sintió a Len tomarla de la mano discretamente. Un gesto lindo, pues nadie sabía por qué pasó lo que pasó ni por qué tuvo que pasar.
—Luka y Miku nos avergonzaron hoy, y sus errores los vamos a arreglar todos. Ya todo está pautado, felicidades: años de trabajo les esperan.
Kei era un caso, un beta extraño de personalidades múltiples. Háblale del CEO de Crypton o los empresarios de alto rango que él llamaba clientes, seguro que lo ves más complaciente y hasta gracioso. Háblale de los VOCALOID que tiene a su cargo y coordina. Se vuelve otro. Usualmente da todo de su parte por conservar la armonía o incluso crearla, sin embargo, al parecer y eso ellos lo siguen aprendiendo, si lo deseaba podía desplegar su poder sobre los demás.
Un poder que no era físico, ni siquiera mental: era un poder que sólo encontrabas dentro de las empresas.
Se dio vuelta, finalmente, para ver como nadie a excepción de Kaito y Meiko se atrevían a mirarlo. Se masajeó las sienes, con la vista y el cuerpo cansados.
— ¿Ustedes creen que sus bailes, sus transmisiones en vivo y sus personalidades bien parecidas son suficientes para mantenernos en el lugar que estamos? ¿Dónde queda mi trabajo, el de nuestro CEO, Itoh, el de todos los fans que componen y escriben historias con su voz y sus caras?
Luka se dignó a mirarlo, pese a la vergüenza que sentía de sí misma. Kei se rascaba la cabeza, mirando al techo, con un pensamiento chocando con el otro en cuanto aparecían en su mente.
—Háganse a la idea, niños, y ya es hora de que lo sepan. Todos nosotros los hacemos a ustedes y cuando les dije que existen por sus fans, no es una estrategia de manipulación barata: ellos componen y escriben por mero amor a ustedes, nosotros revisamos lo que hacen y les compramos los derechos de la obra y de distribución y ellos aceptan por amor a ustedes. Acá afuera nosotros movemos todo y ustedes sólo están ahí, "viviendo sus sueños". Pero los sueños no sostienen una economía.
Cerró la cortina tras decir aquello.
Y en realidad no, no era secreto para ellos la manera en que el mundo de los sintetizadores de voz y sus cantantes se gestionaba: las páginas estaban ahí, los nombres de cada autor estaba ahí, sus canciones y su trabajo. En cierta manera, Miku y todos sus compañeros eran de dominio público hasta que la empresa decidiera lo contrario y se dispusiera a recolectar el contenido que fabricaste para ella.
Y tú aceptabas, por amor.
—Conciertos, cameos, entrevistas, canciones, videos, series: todo lo gestionamos nosotros. Y los fondos, no me hagan hablar de los fondos, ¿de dónde salen? De los clientes que compran su imagen.
Oh, Miku lo sabía tan bien.
—El evento de YAMAHA está a pocos meses. Ustedes van, comen, bailan pero yo hago contactos en nombre de nuestro CEO. Crypton durante años ha tenido el show principal en el evento, ¿o creen que cantan por puro gusto? No, hay empresarios que prefieren verlos en vivo para decidir ¿y qué creen que hará YAMAHA luego de ver la falta de respeto de hoy? Se lo va a dar a 1st Place o a Internet Co. Megpoid e IA les están pisando los talones y ustedes no saben nada, sólo nosotros. La popularidad de Miku no importa nada si nosotros no tenemos la manera de seguirnos actualizando.
Finalmente, agarró aire hondamente antes de soltar lo último que tenía para decir.
— Evillious Chronicles ya confirmó nueva temporada, acabo de pedir una adaptación para teatro de Crazy Night y una mini serie de Synchronicity. Harán algunas apariciones en televisión y papeles secundarios en dramas, graban nueva material y nos vamos de gira con el Kagamine Fest—por último, les dirigió una larga mirada a las protagonistas del desastre de hoy —; les voy a dar la oportunidad de ganarse mi perdón. Van a dar una entrevista en televisión y las quiero ver juntas grabando en vivos. Todos tienen que seguir pensando que VOCALOID es un proyecto seguro para omegas.
Y por fin... se terminó.
Uno a uno, salieron de la habitación tras despedirse de Kei. Len no soltó la mano de Miku en ningún y Meiko, detrás de ella, intentaba darle ánimos acariciando sus hombros con las manos, dedicándole una sonrisa quebrada – además, si algo bueno salió de esto es que por fin empezaban a activar a todos los elementos de Crypton –. Pese a eso, Meiko trataba de decirle que todo estaría bien, mientras estuvieran unidos.
—Luka, espera, necesito hablar contigo. Cierra la puerta, por favor.
Ella se congeló durante unos segundos, con el corazón en la garganta, antes de darse vuelta lentamente para quedar cara a cara con su manager. Él, más que mirarla con rabia, portaba una expresión de pena y preocupación.
—Oh, Luka... fuiste tú, ¿verdad? Tú hiciste que Miku oliera así.
Y ese corazón que yacía en su garganta, cayó hasta sus pies. Abrió la boca, pero de ésta no salieron más que sonidos incoherentes.
—No te juzgo. Quiero que sepas que yo no odio ni temo a los alfas, les guardo respeto. Y sé que todo mundo habla de los omegas y de los betas pero... nadie habla de lo difícil que es ser alfa.
El hombre colocó las manos sobre los brazos de Luka, mirándola directamente a los ojos. Lo que para otros hubiese sido compasión y confort, ella lo sintió como una dulce manipulación.
—Luka, me preocupas. Me preocupas porque no sabes muchas cosas y por eso no sabes lo que haces y te aseguro que Miku mucho menos, así que sea lo que sea, detenlo. Tienen que limpiar la imagen de la empresa, juntas, pero hasta ahí.
Dulce, dulce manipulación. Pero con justa razón.
—Kei... yo...
—No, no, escucha tú. Todos están aquí por una razón y aunque no lo creas, las personas te aman. Les gusta tu voz, tu música, tu personalidad y no sólo porque eres alfa, eso es un plus, claro, pero eres más que eso. Eres guapísima, a todos les encantan tus ojos y la sonrisa tímida que pones cada que alguien te reconoce y te canta una de tus canciones.
—No es... una sonrisa tímida, es incómoda... porque la única canción que se saben es "Luka, Luka, Night Fever" y ni siquiera es mi favorita...
Por no decir que odiaba esa canción.
—Eso no importa, igual te aman. Te adoran siendo parte del equipo, y sí yo sé que Magical Mirai ha acaparado el trabajo pero eso no significa que tú no seas importante, y lo sabes. Además, tú eres la única que se atreve a componer cosas originales porque ya sabemos el genio musical que eres, ¿cómo tocas tantos instrumentos y tan bien? Debería pagarte para darles clases a los otros.
Kei se rió para mitigar el ambiente. Luka intentó hacer lo mismo, sin buenos resultados.
—Y bueno... Miku lo ha intentado, sí, pero le falta mucha confianza en sí misma. Una pena, porque tiene mucho potencial. Así que sí, necesito que cuides tu trabajo porque los Cryptonloids no están completos sin su CV03, ¿de acuerdo? De acuerdo.
Ni siquiera la dejó responder.
Kei la soltó, finalmente, para proceder a darle unas palmadas en la espalda que lo único que hicieron fue ponerle los pelos de punta.
—No me decepciones, Luka. —se despidió antes de cerrar la puerta tras de ella.
Por favor, que alguien la saque de este mundo.
