Advertencia: Este capítulo tiene "consentimiento dudoso", es decir: no hay un "no" explicito, pero tampoco hay un "sí". Con las apariciones de ciertos alfas que ya se mencionaron antes, vienen los temas más fuertes que se van a retratar con el fic.
Fuera de eso, sería todo, dejo más notitas al final del cap, !que lo disfruten!
Sentada frente a su escritorio, en la soledad de su habitación, Miku se acomodó los lentes que resbalaban por el puente de su nariz.
De vez en cuando, dejaba de repasar el guion que los productores de Evillious Chronicles le habían facilitado para dedicarle una sonrisa a la pantalla de su móvil, en donde se transmitía su en vivo de esta mañana.
Al otro lado de la pantalla, pasando por todas esas redes y espacios que sólo existían en la virtualidad, sonreían otros miles de corazones aficionados.
—A ver... ¡ah, no, es que de verdad no les puedo decir! —una risa suave brotó de sus labios, provocando que miles de corazones bombardearan su pantalla —Estoy leyendo el guion por primera vez, ¡pero ya les dije, las sorpresas son magia!
Y era cierto, apenas esta mañana es que a todos se les habían facilitado las copias del guion para la siguiente temporada de la serie. Miku, por su lado, lo recibió en su impresora digital, junto a su computador y en cuanto leyó en letras grandes y rojas el logo de la famosa saga de Monthy, ella misma rompió con el mensaje de su famosa frase respecto a las sorpresas y la magia.
Mientras tanto, los comentarios emocionados no dejaban de brotar en su bandeja de chat.
Yurilala156: Miku, por favooooor por favor por favor, yo sólo quiero saber si veremos más cosas de Riliane y la saga del mal!
Ella se rió.
— ¿Y si mejor le preguntan a Rin?
Cryptonfan451: ¡Miku, no me ignores! ¿Es cierto que vas a incursionar en el teatro? ¡Te amo!
— ¡Eres una persona muy amable, gracias, siento lo mismo por ti! Y... no sé, tal vez. ¿Qué les dije sobre las sorpresas?
Uzuruchan: ¡Qué emoción verte actuar otra vez, te sale tan lindo!
BunnyBunny: ¡Mándanos un saludo de Charlie!
Okamiblue: Miku, el otro día vi fotos tuyas en ropa interior... ¿de verdad eras tú?
Su vista se quedó fija en el último mensaje, pero ella misma había dejado de estar presente.
Una densa nube negra empezó a formarse dentro de su cráneo mientras ella apartaba la vista del móvil, esta vez, con una sonrisa quebrada frente a su computador; fue una ingenua, nada más que una ingenua joven y romántica.
Sin embargo, el show debía de continuar.
Cap. 3: Alfas y omegas
—Kokone, ¿puedes ir a ver si encuentras a Gumi? Creí decirle que hoy teníamos sesión para sacar las fotos de los carteles promocionales de Evillious Chronicles en las instalaciones de Crypton, y mira la hora: no está. —fue esa la petición del manager designado de los Idols de Internet Co., Masami.
La cantante quiso inventarle alguna mentira para no tener que acceder, pero en cuánto vio la mirada cansada y ojerosa del manager no pudo sentir otra cosa que no fuera compasión: pobrecito, pensaba, para él, manejar a los cantantes estrella de la empresa se trataba de una batalla campal que debía librar casi a diario.
Ella se levantó de su asiento, tratando de ocultar sus nervios bajo los mechones de su largo cabello castaño.
— ¿Dónde... están Lily y Gakupo? — pero no tuvo que ocultar nada, pues su manager comprendía perfectamente su sentir.
—Salieron anoche y no los he visto regresar, así que no te preocupes, de eso me encargo yo. Sólo quiero que busques a Gumi.
De acuerdo...
Gumi Megpoid, la cantante número uno bajo el nombre de Internet Co. y también, la idol omega que todo mundo fuera de la empresa y del proyecto VOCALOID pensaba que era beta. No es que la misma Gumi quisiese que lo ocultasen, realmente le daba igual lo que la empresa quisiera hacer con esa información, es sólo que el CEO de Internet Co. y su manager consideraron más factible vender a su estrella principal como una beta pues no es que Gumi fuese la "omega más omega" a los ojos de cualquiera.
Miku era gentil y tenía un encanto natural con las personas; sus canciones, pese a abarcar una amplia gama de géneros, solían resaltar con beats alegres y letras que tendían a hablar del amor, el deseo a su propia persona y la superación personal; IA aprovechaba más su imagen femenina y olores dulces que podías percibir de ella apenas la veías entrar y Gumi, en el fondo, en realidad parecía fungir más un papel de contraparte en comparación con las primeras dos: es impulsiva, mal humorada, tosca y sumado a ello no duda en mostrarle a los demás su descontento en el momento que lo siente. No puede hacer eso con los fans por obvias razones, pero si todo lo demás en su persona podía ser aprovechado diferente, lo tomarían.
Podías hacerla cantar lo que quieras, esa es la magia de VOCALOID, pero el utilizar la voz de Gumi Megpoid para canciones estruendosas y nihilistas te garantizaba un éxito instantáneo. Aun así, la realidad virtual y la – por ahora – considerada tangible eran diferentes; podían coexistir y juntarse pero no revolverse y fusionarse: en cuanto se miraba al espejo, la omega de siempre estaba ahí.
Y era eso, una omega más.
Dentro de la empresa, entre las salas de ensayo y grabación, más adentro, existía una bodega a donde iba a parar toda la utilería que se ha creado para videos musicales y presentaciones en vivo, hoy más olvidada que nunca gracias a los avances tecnológicos hechos para el espectáculo que permitían hacer vestidos no con materia existente como las telas, sino crear dicha materia y darle forma con un programa. Si eras un alfa o un omega, había días, como estos, en los que si caminabas por los pasillos que te guiaban a dicho sitio, fácilmente podías encontrarlo por un olor peculiar que flotaba en el aire, específicamente en el interior de la bodega.
Pero Kokone era una beta común, llegó ahí por casualidad.
La puerta se abrió y el corazón de Gumi detuvo su ritmo; dejó de respirar unos segundos, tal vez y así no notarían su presencia.
—Gumi... ¿estás aquí? —preguntó apenas asomando la cabeza por la rendija que dejó.
No escuchó que le respondiese, pero tampoco fue necesario.
Vio sus ojos verdes brillando en la oscuridad, escondidos detrás de un par de mechones de su cabello; resaltaban debajo de una pila extensa de mantas, ropa y utilería suave como lo eran muñecos y peluches. En consecuencia, Kokone experimentó una corriente eléctrica pasearse por su columna vertebral: acostumbrarse a los extraños modos casi que salvajes de los alfas y los omegas era una cosa que aún no conseguía. A veces se sentía mal por no identificar sus aspectos culturales o tolerarlos del todo.
Aun así, hubo algo que sí identificó en esa pila con la que se cubría Gumi: se trataba de un nido de omega.
—Gumi... —la llamó poniendo un pie dentro de la habitación, provocando unos gruñidos de advertencia en su compañera: de bajo volumen, pero con el suficiente para hacerla desear estar en otro sitio—, Gumi, ¿por qué anidas aquí? ¿Eso no lo deberías hacer... en tu cuarto?
No hubo palabras, sólo gruñidos. Sabía que no eran amenazas vacías, pues se trataba de Gumi.
—Por favor... Masami te está buscando...
Ah, claro.
Gumi Megpoid era un caso. No pasaba mucho tiempo con sus otras colegas de compañía, podía decirse que apenas y socializaba con ellas. CUL y Kokone hicieron todo lo que pudieron para crear algún tipo de relación con ella, aun así, eso no significaba que se habían rendido del todo. Todavía existía el respeto y la admiración a su trabajo.
— ¿Vienes sola? ¿Lily y Gakupo están por ahí? — el corazón se le heló.
—No, sólo soy yo...
Al parecer le había permitido entrar. Salió de entre aquella pila de tela y sólo así pudo ver con más detalle ese nido improvisado que la omega se había construido en esa parte abandonada de la empresa, alejada de todos; algunos cojines, cobijas en el suelo y una luz pequeña y reconfortante que tal vez consiguió de algún video musical anterior. Fuera de eso, lo que llamó la atención fue el rostro de su compañera: al parecer había estado llorando.
Kokone tragó saliva y se acercó a su compañera con cautela: le tendió su mano afable con un aura de sinceridad y compasión rodeándola.
—Vamos, te acompaño.
Lo que al principio fue desconfianza no tardó en convertirse en un sentimiento fuerte que la conmovió. La omega tomó su mano con cuidado, pero pronto estuvieron fuera de la bodega de chucherías, con la puerta cerrándose lentamente detrás de ellas. Kokone miró a su compañera por el rabillo del ojo, notando que ésta no la miraba siquiera; sus pupilas yacían perdidas en la alfombra.
Siempre se preguntó qué estaría pasando por su mente. Cuando Gumi llegaba a los estudios de grabación, preparada para algún proyecto, solía hacerlo con un paso seguro e imponente que afectaba el ambiente. Daba la impresión, más bien, de estarse convenciendo a sí misma constantemente de su propio valor y seguridad. Una máscara, tal vez, Kokone sabía que los alfas y los omegas eran muy dados a conservar las apariencias y – o – el estatus quo. Tal vez toda esa rebeldía que hacía a Gumi Megpoid no era más que un performance.
Uno que se derrumba con una cosa.
Gumi apretó la mano de Kokone con fuerza, llamando su atención. Entonces, fue ahí cuando la cantante beta empezó a percibir los pasos que se acercaban a la posición de ambas: esos pasos los conocía, todos los cantantes de Internet Co. se prometieron a sí mismos no olvidarlos nunca.
—Son ellos... —susurró Kokone para sí misma. Aquellos instintos que los betas no controlaban se encendieron, esta vez, para pedirle correr—Gumi, perdón, de verdad lo siento mucho.
—No, por favor—la voz de Gumi se quebró y ésta intentó hacerla que se quedase—, por favor, no te vayas.
Pero fingió no escucharla. Soltó su mano y se apresuró a huir por una de las puertas que daban a otra habitación con pasos apresurados. Gumi se quedó sola, desamparada, con las piernas temblando y el espíritu desecho.
— ¡Aquí estás! — escuchó una voz mucho más que familiar; una que resonaba en lo más profundo de su psique, a veces, incluso, en sus propios sueños — Cada vez me haces más difícil esto de encontrarte, ¿por qué?
Algo en su tono de voz la hizo pensar que ella se tomaba esto como una cacería y que más allá de ello... eso la divertía.
Lily se estiró un poco en su lugar para intentar mitigar un poco el dolor que esta mañana atormentaba su espalda. La escuchó gruñir ligeramente por lo bajo cuando ésta se llevó una mano detrás del cuello, escondido entre sus cabellos dorados, para después dejar ir un largo bostezo, enseñando cada colmillo dentro de su boca. Pronto, el abrumador olor a miel que exudaba de los poros de la alfa le abrumaron y le nublaron un poco la vista: no era un accidente, a ella siempre le ha gustado bombardearla con eso, dejarla en un estado de reacción tardía, encandilada, seducida.; con una sensación de seguridad y confort momentánea, hecha para suavizar el golpe de realidad que venía después.
La alfa rodeó su cintura con sus brazos fuertes, sus profundos ojos azules indagaban dentro de los suyos, tan dentro que los sintió hasta el alma. Sólo fueron unos segundos que creyó eternos, pues Lily pasó sus labios encima de la piel de su cuello, inhalando cada aroma que proviniera de la omega.
Arrugó el entrecejo, algo la disgustó.
—Gumi, ¿por qué estás molesta?
—Y todavía preguntas— pronunció con hastío, apartando a la alfa ligeramente de sí, al menos lo suficiente para que sus pechos dejasen de tocarse — ¿dónde estaban?
—Una fiesta, nosotros te invitamos.
— ¿Para qué? ¿Para que me trataran como un trofeo entre todos sus amigos alfas? No, gracias. —Lily puso los ojos en blanco y eso sólo la irritó más —Lily, Masami nos está esperando.
— ¿Entonces qué haces aquí?
— ¿Dónde está Gakupo?
—Él fue a dormir un poco.
La última frase se quedó resonando unos segundos de más en la habitación, en las partículas del ambiente. Notó que su tono de voz empezó a sentirse diferente incluso antes de llegar a la última sílaba y más que un tono lo que cambió fue una intención o más bien, adquirió una. Ambas se quedaron en silencio, la mirada de una posada en la otra pero por razones distintas: Lily parecía pensar en algo y Gumi solamente quería saber de qué se trataba para entonces saber cómo reaccionar.
Lily pasó la lengua por encima de su labio inferior. Ya no miraba dentro de sus pupilas verdes, sino que pasaba los ojos por su boca, su cabello, o la curvatura de su cuello antes de pronunciar una pregunta.
— ¿Estás en celo? — no, en realidad no —Vamos a tu cuarto.
Ya lo sabía, pero intentó hacerse la tonta; le tuvo demasiada fe. Hoy la vio llegar cansada pero por alguna razón recuperó sus fuerzas en ese instante que sus brazos se ciñeron más firmemente a su cintura.
—Lily... —un gruñido de advertencia brotó de la garganta de Gumi, pero la alfa no hizo más que ignorarle. Sintió su aliento caliente chocar contra su boca y la omega se sentía más y más adormecida —Lily... Masami... Crypton...
—Tienes razón, tu cuarto está muy lejos. Puede ser aquí... no me molesta.
Intentó utilizar lo último que le quedaba de fuerza para apartarla de sí pero como siempre, un aroma dulce, a miel natural, se encargó de arrebatarle a sus brazos y a sus piernas cada ápice de vitalidad que pudiese estar guardando. Entre cada beso se vio arrastrada a un abismo cada vez más profundo, y cada caricia, cada mordida, se sentía como un acto profano al pequeño e improvisado santuario que se había hecho para sí misma en las profundidades de la empresa que nunca terminó de sentirse como un hogar.
No podía evitarlo, cada segundo que estaba expuesta a su aroma era como caer a una trampa más y más onda; Gumi pasó los brazos por encima de sus hombros y Lily, emitiendo gruñidos graves, aprovechó para arrinconarla contra la puerta de madera. Sus aromas se mezclaban y el cuerpo de la omega se arqueó para encontrarse con el cuerpo caliente e impaciente de la alfa, entre gruñidos furiosos y mordidas dolorosas. Lily se abrió paso entre sus labios para saborear su lengua; Gumi se ciñó más contra su cuerpo, enterró los dedos entre sus cabellos largos y le dio permiso de plantar besos en toda la extensión de su garganta.
La odiaba. Pero olía tan bien.
Se sentía tan bien.
La necesitaba también.
La alfa tomó sus muslos entre sus manos y la levantó del suelo.
Un gemido de sabor amargo brotó de la manera más sincera, desde lo profundo de sí, en cuanto Lily, sin preguntar, hizo a un lado la tela que cubría el centro húmedo entre sus piernas y se deslizó dentro, sin más; si los gruñidos de Gumi eran de dolor o de placer, ya era difícil distinguirlo. La alfa dejó salir una risa que usaba de combustible el aire caliente que chocaba contra el cuello de la omega, una carcajada que Gumi odiaba en la misma medida que adoraba, pues ésta era un mezcla entre tonos triunfantes y gruñidos juguetones; los besos se detuvieron, permanecieron con la vista fija en los ojos de la otra, con las pupilas dilatadas, la boca abierta y la mirada nublada mientras la fricción que acontecía entre sus piernas se volvía más insistente, más fuerte.
Por hoy, sería algo rápido.
Luka pensó en lo tranquila que parecía esta mañana. Despertó entre la calidez de sus sábanas, procedió a darse un baño relajante para despertar sus sentidos y lo condimentó con una ida a desayunar en compañía de sus colegas y amigos. El problema fue intentar no sobrecargarse con el olor y la energía de una Rin inquieta y nerviosa.
La gemela apenas y terminó medio plato de su desayuno, Kaito, sentado a su lado, juraba que la mesa se había movido de lugar un par de veces por las piernas enérgicas de Rin que no dejaban de moverse bajo el acero inoxidable. Meiko intentaba encontrar respuestas al interrogar con la mirada a Len y Miku, por esta ocasión, agradeció en sus adentros que por esta mañana la atención la secuestrase otra persona porque desde los acontecimientos en el Festival de Música de Alta Tecnología, los ojos de todos parecían estar sobre ella la mayor parte del tiempo.
Sin embargo, pronto dejaría de dar las gracias.
Después de desayunar, todos fueron llamados al lobby a petición de Kei y eso hizo que la energía de Rin se disparara. Para ese momento, Miku ya esperaba lo peor. Y justo como imaginaba, el mal que presentía se materializó en una persona. Kuem, la célebre manager que trabaja para SBS Artech entró con sonrisas y buen humor a los recintos principales de Crypton Future Media. Una beta que olía impecable y que su vistosa personalidad sólo era sólo un reflejo de su destreza y buen ojo a la hora de manejar artistas. Sin embargo, quien más llamaba la atención de todos era la mujer que la venía siguiendo.
Con una pose para museo y una manicura perfecta, se abrió paso en medio del pasillo ondeando su melena de león dorada y sedosa. A sus labios los cubría la capa de brillo exacta y detrás de sus lentes de sol yacían dos párpados con el toque de sombra adecuado. Hacía calor así que sus zapatos frescos, su mini falda y su blusa de tirantes robaban protagonismo en su cuerpo.
Miku y Luka sintieron una explosión de feromonas con olor a frutas apenas cruzó el umbral. Las irritó; para SeeU Da Hee todo era un espectáculo cuando se trataba de su persona.
Kei esbozó una sonrisa en cuanto tuvo a Kuem frente a él.
—Gracias por elegir a Crypton como su recinto, siempre es un honor recibirlas aquí.
—Deja las formalidades, Kei, tú lo sabes, yo lo sé— Kuem guió la mirada de ambos hacia alguien más —; así lo quiso la princesa.
—Por supuesto — el manager de Crypton se aclaró la garganta antes de dirigirse a sus niños — ¡Escuchen, reciban cordialmente a la señorita Da Hee! Por un trato entre Artech y Crypton, la recibiremos en nuestra familia mientras el rodaje de la nueva temporada de Evillious Chronicles se esté llevando a cabo.
Oh no.
Todos, al mismo tiempo, efectuaron una reverencia por orden de su manager.
— ¡Bienvenida a Crypton, es un gusto tenerte con nosotros! —exclamaron todos, unos mucho más sinceros que otros, claramente.
Varios empleados de Crypton ingresaron al lobby cargados de maletas grandes y pesadas. En el siguiente instante, cuando Kei se distrajo para intercambiar una charla amena con Kuem, las máscaras comenzaron a caerse ahora que la presión no estaba tan presente.
—Ugh, ¿a quién le echamos la culpa? —se quejó Meiko, como era habitual. Tener más alfas al rededor no le era muy placentero, dados los acontecimientos. Len rodó los ojos.
—A Rin.
—Claro, era obvio.
SeeU saludó a todos con una media sonrisa alzada, tan sólo unos segundos para fingir interés. Sólo unos segundos antes de abalanzarse sobre Rin.
— ¡SeeU, nos están viendo todos! —se quejó, pero no puso ni un ápice de resistencia a su abrazo.
Miku cerró los ojos con fuerza y arrugó la nariz ante la oleada de feromonas que asaltó el ambiente, otra vez. Luka se tapó la nariz, deseando ser beta en ese instante: qué fácil debía ser tener olfato solamente si se trataba del celo de los omegas, y eso que esto era porque así podían decidir si se encontraban o no en peligro, dada la naturaleza de los alfas.
Qué suerte ser Rin: cuando SeeU estaba cerca, olía a alfa todo el día, todos los días, y no lo notaba. Su novia era muy insistente a la hora de marcar su territorio, y ella no padecía las consecuencias.
La omega de Crypton chasqueó la lengua.
—Las espero en la cocina. — expresó Kaito con incomodidad, antes de retirarse con Meiko tras él.
—Felicidades... —se despidió Len.
— ¿Ustedes también se van ya? Creí que por fin podríamos formar una manada. —dijo SeeU, por fin, lanzando un par de miradas a Luka y Miku.
Ay no, otro de esos encuentros raros propios de los alfas y omegas.
Rin, siendo tomada de la mano por SeeU, dibujó una sonrisa incomoda en los labios.
Luka hizo algo que hacía poco: mostrar su descontento. Sin tapujos, frente a la alfa notoriamente más pequeña que ella en estatura, se tapó la nariz.
— ¿Sabes que es de mala educación liberar tus feromonas así como lo haces siempre? —Rin se puso tensa. SeeU no iba a quedarse callada, temía lo que diría y sus temores se hicieron realidad.
— ¿O sea que sólo tú puedes hacerlo?
— ¡SeeU!
Váyanse a la mierda.
— ¿Saben qué? Todos los alfas son iguales, me tienen harta, jodanse. —para sorpresa de todas las presentes, por primera vez en la vida, escucharon a Miku Hatsune exclamar una grosería.
Delante de los ojos de las tres, sin siquiera dedicarles una mirada, se dio media vuelta y empezó a alejarse, dando largas zancadas de indignación. Luka, presa del pánico, le dedicó una mirada apresurada a la omega para luego regresarla a la alfa recién llegada: su ceño era severo.
—SeeU, yo sé que Rin ve algo en ti que yo todavía no puedo, pero... —Luka inhaló aire fuertemente, estiró una mano en el aire que terminó cerrando en un puño, justamente, para contenerse— Disculpen.
Y se fue de la misma manera que Miku: a zancadas largas y gruñidos molestos.
Kei no se olvidó de gritarles a todos que no olvidaran que hoy habría sesión fotográfica con Internet Co., que esperaba estuvieran listos.
Rin y SeeU se quedaron de pie, en el lobby, con sentimientos encontrados. Pronto y sin previo aviso, los sentidos de la alfa no dejaban de prestarle atención al aura molesta de su novia y sí, lo admitía, eso la hacía sentir culpable.
Maldición, ¿por qué? ¿Por qué siempre tenía que abrir su gran boca? ¿Por qué no pensaba antes de hablar?
— ¿Por qué dijiste eso? ¡Ahora mi mejor amiga creerá que te cuento todos sus secretos! —SeeU hizo un puchero ante el regaño.
— ¡Pero si no fuiste tú! Rinny, todo mundo lo sabe, y Hatsune no es tonta, seguro ya sabe que todos saben.
No estaba mintiendo. El fiasco de Crypton, como llamaban al suceso en voz baja, haciendo eco en los corredores de todas las empresas, no tardó en ser tema de conocimiento general. Había tantas cosas que se contaban, tantas conjeturas, tantas observaciones y tantas teorías, pero todos los alfas y omegas presentes aquella vez – también, los que se encargaron de esparcir la información de boca a boca – contaron que, efectivamente, Miku llegó oliendo a un alfa aquella vez y a juzgar por todo lo sucedido, esa alfa no podía ser otra que Luka.
Claro, Rin ni nadie en Crypton podían dejar de lado que esa información se esparció con el especial objetivo de perjudicar a la empresa y a la misma Miku.
—Esa no es excusa...
—Ya, lo siento...
Y la perdonaría, gracias a los sentimientos que ella le despierta, tan recientes y tan a flor de piel, seguro que todo pasaría a mejor vida dentro de la siguiente hora.
Maquillaje, luces y cámara.
Había que ser sincera: sí, lo ha hecho un montón de veces y aun así, todavía existían otras tantas en las que tener a cuatro personas sobre ella, frente al espejo con luces, arreglando su cabello y su maquillaje, resultaba tedioso. No podía respirar y vaya que lo necesitaba.
— ¿Sabías que tus seguidores me mandan mensaje de vez en cuando? —Miku le dedicó una mirada curiosa a la maquillista que en ese instante, sostenía una brocha con la que llenaba sus mejillas de color— ¡Sí, te lo juro! Me preguntan por el largo de tus pestañas y el color de tus labios.
Qué miedo. Se sintió avergonzada y con la necesidad de disculparse en nombre de sus fans. Solían ser unos pesados, pero nadie sabe que ella piensa eso.
Más allá de todo, otro día de trabajo pesado había llegado. Crypton firmó todos los papeles y contrató a todos los expertos que necesitasen ser contratados; invirtió un gran capital en la nueva temporada de la aclamada serie de Mothy y las expectativas estaban por los cielos. A decir verdad, no era su saga favorita. Estaba segura de que sus amigos y colegas de proyecto se llevaron los mejores papeles, o al menos, los más divertidos. Por ejemplo, Rin tenía un papel – de los tantos que tenían en esa saga – de una princesa tirana y Meiko una regente caníbal; hoy, tanto a ella como a Meiko, les tocaba tomarse fotos formando parte de un harem para un duque. Y qué duque, qué fastidio de duque.
Kei entró apurado, como era lo usual, al camerino donde se producía a todos los cryptonloids.
—Miku, ¿ya? ¡Te estás tardando mucho, Internet Co. ya casi sale de camerino! — ¿y a quién le importa Internet Co.? —A pesar de que llegaron retrasados, ¿puedes creer esa poca profesionalidad? —y el manager bufó mientras miraba su reloj.
Los maquillistas y estilistas la soltaron por fin; alejaron sus secadoras, brochas y planchas para cabello; Miku se dio vuelta en su silla giratoria para dejarse ver en todo su esplendor: a su largo cabello turquesa lo adornaban dos brillantes y perfectos listones que hacían juego con su vestido de satén. Su rostro brillaba por su maquillaje, pero no gracias a su ceño fruncido.
— ¡Quita esa cara, tienes que dar buena impresión! —esta vez, la voz de Kei irritó a una Meiko que también terminaba de ser producida.
Se levantó de su silla, con su traje a juego con el de Miku, y caminó hasta él con una expresión de hastío en el rostro.
—Ya déjala en paz, lleva casi dos semanas haciendo todo lo que le dices, ¡dale un respiro, Kei! —en respuesta, Kei le dedicó una mirada indescifrable; estrechó los ojos al mismo tiempo que chistaba la lengua y regresaba la vista a Miku.
— ¡Cinco minutos, y eso va para todos! —gritó antes de irse.
De ese modo, fue como la omega consiguió volver a respirar al menos por un rato.
— ¿Cómo te sientes, Miku? —la escuchó preguntarle, así regresó al mundo real.
— ¡Bien! Sólo que me pica un poco este vestido, ¿por qué tiene que tener tanto encaje? —comentó al tocar la tela que le cubría, soltando un pequeña risa que apretujó el corazón de Meiko — Te lo agradezco mucho, pero de verdad, no es tan malo como parece.
— ¿De qué hablas? Es un tirano: Rin y Len están muertos de cansancio, Kaito está atravesando una crisis de ansiedad y tú y Luka trabajan todo el día. A ti apenas y te veo.
De hecho. Esa amenaza que hizo tras el desastre del Festival de Música de Alta Tecnología se volvió realidad; ensayos, grabaciones, ensayos, grabaciones, prácticas de coreografías, sesiones de fotos y un largo etcétera que no se atrevía a nombrar.
Pasaba poco tiempo en su habitación, si se sinceraba. Apenas hablaba con los gemelos, o con Meiko, o Kaito. Todo era trabajo.
Los cinco minutos estaban por terminar. Miku se levantó para dirigirse directo al estudio donde todo el equipo esperaba; Meiko se fue detrás de ella, no sin antes terminar con su charla, la cual se llevaba a cabo por el bien de la menor. Le pasó un brazo por encima de los hombros, mientras caminaban al encuentro de todos en el set.
—Miku, yo sé que soy yo la que todo el tiempo te dice que te esfuerces y trabajes duro, pero ignorar a Kei de vez en cuando no estaría mal; tú eres la estrella, ¿qué hará él sin ti?
Quería creerle, de verdad, es sólo que...
—Prométeme que te darás un descanso si él no te lo da.
—Lo voy a intentar... —no fue una respuesta lo suficientemente satisfactoria, pero al menos por hoy, se conformaría con ello.
Tras unos segundos, se encontraron con el mundo del que formaban parte: el equipo de fotografía preparaba el equipo con especial esmero, testeando la iluminación, las computadoras y las cámaras mismas; el set asemejaba una mansión lúgubre y oscura, con telas de colores oscuros y muebles de época. Muchas cosas existían ahí en materia física pero otras tantas se replicaban conla tecnología holográfica.
Lo que más resaltaba era una silla de madera, tapizada de terciopelo rojo, asemejando un trono personal y una cama con sábanas de seda: a juzgar por todo, Crypton no escatimó en gastos. La responsabilidad sobre sus hombros se sentía ya más pesada.
— ¡Mira nada más, la alegría que traen a mis ojos!— ese fue Kaito, arrebatando una sonrisa de Meiko. Claramente intentaba imitar un acento elegante que sólo consiguió hacerlo sonar gracioso — ¿Me conceden un baile?
— ¡Qué lindo vestido! ¿Quién te lo confeccionó? —Miku se dejó seguir el juego, reverenciando al hombre que en ese momento, además del encaje y los adornos, lucía un maquillaje perfecto, a juego con su peluca rubia — ¡Te ves mejor que cualquiera de nosotras, qué envidia me das!
Kaito levantó sus faldas y reverenció a la gran Diva de Crypton, antes de pasar con Meiko; tomó su mano y la hizo girar un par de veces, logrando arrebatarle un par de risas enternecidas.
—Me gustas más así, deberías usar pelucas y maquillaje más seguido. —el comentario de Meiko hizo que Kaito inflara el pecho, con una sonrisa triunfante en sus labios.
Luego, Kei apareció. Tomó cada partícula de buen humor en el ambiente y la estrujo entre sus dedos, sin compasión.
— ¡Ya dejen de estar jugando, estamos en el trabajo! —apareció detrás de ellos, como una sombra, arrastrando una cadena amarga con la que estranguló cada una de sus risas antes de desaparecer por donde vino, apurando a todo el mundo.
El corazón de Kaito se hizo pequeño y la cara de Meiko se descompuso en una mueca casi fúrica, intentando contener sus malos pensamientos. El ceño sentimental de Miku volvió a instalarse en su rostro, para no volver a dejarla en lo que restaba del día. Kaito lo notó; posó sus manos sobre sus hombros en un gesto reconfortante que condimentó con una sonrisa sincera.
—Lo siento mucho. —pronunció la omega, con un hilo de voz que se quebraba. El mayor negó con la cabeza.
—No es culpa de nadie. Estamos bien. Además, Meiko y Luka no dejaban de quejarse sobre la falta de trabajo, ¡así que estarán contentas, Miku, no te preocupes por nosotros! —esto último lo gritó mirando directamente a Meiko, quien rodó los ojos.
Por otro lado, sí que era culpa de alguien, pero Miku no se atrevía a decirlo: sólo a pensarlo.
Luego, la atención la llamó otra persona, hablando del diablo.
Kei le había prohibido encorvarse frente a las cámaras pese a su incomodidad, así que se acercaba a pasos que trataban de verse lo más relajados posibles, sin mucho éxito. Usaba un vestido a juego con sus compañeras y su cabello rosa, recogido en una coleta bien peinada, permitía que la forma de su cara y la esbeltez de su cuello fuesen más evidentes.
Su piel brillaba y ese brillo se reflejó en los ojos de todos las personas al rededor, de todas las que tuvieron el honor de verla.
Esa era, pues, la admirada belleza de las alfas.
Ojala pudiese sentirse cómoda con la atención; lo único que quería era esconderse.
— ¡Mejor arráncame el corazón, Megurine Luka, pues más me hacen sufrir estos celos que siento cada que alguien voltea a verte! —el chistoso de Kaito, otra vez. Tomó la mano de Luka y se inclinó a darle un beso, ganándose una risa enternecida por parte de ella.
—Eres un tonto. —y Luka siguió riéndose. Con esa risa suave y dulce, un poco tímida, haciendo honor a su aroma floral que parecía activarse con sus emociones más sinceras y naturales; se desprendía de su piel y se dejaba habitar en el aire.
Miku se irritó cuando el olor llegó a ella, odiaba tenerlo tan grabado en su memoria; pero su preocupación duraría poco, al menos esta, porque vendría otra más importante.
— ¡Disculpen la tardanza! Tuvimos un problema con el traje de Kamui, pero Internet Co. ya está listo, ¡podemos empezar! —exclamó alguien del staff y a partir de ese momento, nada saldría bien en las siguientes horas.
El olor de Luka se perdió en el aire, dejando paso a otro tan irritante como el suyo: no, muchísimo menos grato. Un olor tan fuerte, exuberante de auto confianza y narcisismo, a madera de roble. Los pequeños cabellos detrás de la nuca de Miku se erizaron conforme lo sintió más y más cerca, hasta que, seguido de Lily y Gumi, el alfa más alto que haya conocido jamás hizo acto de presencia en medio del set.
Vestido en un traje de época, Gakupo pasó sus pupilas púrpuras sobre los miembros de Crypton; Luka no se atrevió a liberar sus propias feromonas, pues se dio cuenta de su juego: un juego de egos y pechos inflados, por ver quién tenía al mejor alfa: si Crypton Future Media o Internet Co.
Qué tonterías.
—No vayas a dejar que te provoque, él es así. —Miku escuchó la advertencia de Kaito en voz baja, levantando un brazo frente a ella en forma protectora.
Al parecer, la sólo presencia de Gakupo en el sitio era razón suficiente para que pequeños gruñidos en bajas frecuencias brotaran de su garganta involuntariamente; se sorprendió a sí misma; se cubrió la boca con sus dedos, sintiendo vergüenza de su propio cuerpo.
El mundo se congeló algunos segundos que se alargaron en cuanto las miradas de alfas y omegas de ambas compañías se cruzaron en medio del set. No habían dicho nada, pero tampoco es que fuera necesario: por alguna razón, el dúo de alfas contaba con una reputación cuestionable incluso fuera de los círculos de alfas y omegas de la empresa, arrastrando ligeramente a Gumi en el proceso debido a que ésta siempre estaba en compañía de Gakupo y Lily. Se decía que eran una manada problemática; las salidas nocturnas de Lily y Gakupo siempre dejaban chismes para propagarse después.
Pero hoy estaban trabajando, y a nadie le importaba nada más. Por ahora.
Gakupo parecía pez en el agua; sólo tenía que sentarse en su trono y verse poderoso. Masami trataba de darle instrucciones desde su sitio junto al fotógrafo designado: sube la barbilla, relaja un poco los hombros, sé un poco más humilde. Qué estupidez.
Luka intentó ocultar su propio hastío; se sentía humillada. Por supuesto, se trataba de una actuación, como siempre, pero el sólo hecho de pensar que tendría que fingir estar bajo el hechizo y a disposición del personaje de Gakupo la hacía querer vomitar. Sólo estaba ahí, de pie, con las demás, esperando su turno para inflar el pecho del alfa frente a una cámara.
—Luka.
Kei, otra vez.
Por el rabillo del ojo, sólo vio cómo éste le daba un par de indicaciones para cambiar su semblante. Con sus dedos dibujó el contorno de una sonrisa en su propio rostro, antes de regresar a su propia cara seria y seguir su camino, revisando que todo estuviera en orden.
Maldito sea el día que se le ocurrió ayudar a Miku en contra de su voluntad, desde entonces, no hay ni un sólo día que Kei no tenga los ojos puestos sobre ellas.
—Qué mierda, ¿ese es tu jefe? —cuestionó Gumi delante de ella, con una ceja levantaba que evidenciaba su hartazgo. —Parece una joyita difícil de tolerar.
Ay, sí estaba hablando con ella, qué nervios.
—No siempre es así, sólo está pasando por un momento... difícil... —Luka pensaba mucho lo que iba a decir, no quería que Miku escuchara algo que se pudiese malinterpretar.
—Sí, eso escuché. —ay no— ¿Y por qué dejas que te trate así? Eres alfa, ¿no?
—Supongo... ¿por qué? —hubo una pequeña risa que escapó de los labios de Gumi ante su pregunta.
—Gakupo y Lily sólo tienen que gruñir para que Masami los deje en paz, ¿por qué no haces eso?
No era la primera vez que recibía ese tipo de cuestionamientos, pero no por eso dejaba de ser menos incómodo el pensar en la respuesta y más aún el contestar en voz alta. Clavó la vista sobre Gakupo en medio del set, y en Lily caminando hacia su encuentro, acompañada de Meiko, y dejó que la misma pregunta echa por Gumi flotara en el aire mientras pensaba en su respuesta.
¿Por qué no hacía ella lo mismo?
—Lo siento, Luka, a veces olvido que tú eres diferente y termino incomodándote con mi gran boca. —por suerte, Gumi notó las sombras de los pensamientos poco placenteros que se reflejaban en sus pupilas—Primero debí saludarte y decirte que me alegra trabajar contigo otra vez, —para finalizar, la omega le dedicó una sonrisa y un guiño de ojo amistoso — ya sabes, alcanzando corazones con nuestra melodías.
Ah, claro, Happy Synthesizer, buenos tiempos.
No iba a mentir, la pequeña risa divertida que escapó de su parte fue sincera y esta vez, Gumi también se sintió contagiada por la misma.
—También me alegra saludarte, Gumi.
Eso de que las empresas compartían una rivalidad no tenía por qué ser cierto, ¿verdad? Al menos no siempre.
Ojalá Miku pudiese decir lo mismo, pues allí, en el set, la insistencia de la cámara digital volvía a hacerla atravesar una de sus peores pesadillas y esta vez, en medio de todo el mundo: estar bajo el control de un alfa, esta vez, bajo el poder de unos peores que haya conocido jamás: Kamui Gakupo.
—Miku ¡sí, sí! A tu personaje no le afecta el poder del Duke, ¡pero eso no lo saben aún, actúa un poco más "hechizada"! —y Kei seguía y seguía y ella sólo sentía que el cariño que sentía por él se perdía más de vista.
— ¡Hey, eso es un spoiler! —gritó Kaito, pegado a la mesa de tentempiés mientras esperaba.
— ¡A esta altura ya debiste leer el guion!
Sí, pero no todo.
En fin.
Sentarse en las piernas de un alfa como él, como un accesorio más, era lo que la tenía tan molesta. Hatsune Miku era la maestra de las sonrisas forzadas y los encantos naturales y ficticios, debería ser fácil para ella lidiar con otro alfa, ¿no? Culpaba a Luka, otra vez.
Pero cabe la posibilidad de que le estuviera dando todo el crédito a sus olores agradables y miradas tímidas que ocultaban que, a fin de cuentas, era una alfa más. Gakupo por sí mismo estaba haciendo ya gran parte de su trabajo, acumulando por su propio mérito puntos para irritar a la omega de Crypton.
—Gakupo, prueba a pasarle una mano por la pierna, pero que se vea natural. — Hijos de puta.
Y obedeció sin siquiera pensarlo dos veces. El rostro de poker de Miku era indescifrable, ningún beta hubiese sido capaz de leer bajo su expresión de completa neutralidad, pero Gakupo no era beta, era alfa y el olor que le llegó por parte de la omega, un poco amargo si le preguntaban, lo hizo reír en sus adentros.
¿Le gustaba molestarla? No tuvo que preguntarle directamente.
— ¿Por qué te pones así, Hatsune? ¿Tu alfa es muy posesiva?
¿Qué?
—Puedes ir y decirle que sólo es trabajo, ¿cuál es el problema?
Oh no, no estaba hablando de ese tema. No le sorprendería que él fuese alguno de los chismosos que esparció esa información entre los asistentes del festival. ¿Por qué simplemente no podían dejarlo pasar, por qué tenían que hacer un circo de todo ello? ¿Por qué les parecía tan divertido, qué tenían precisamente contra ella?
—No sabes de lo que hablas, ese día... —pero el alfa la ignoró.
—No te muevas, todos nos están viendo.
Gakupo dibujó una sonrisa de medio lado, ignorando cada uno de esos gruñidos bajitos e involuntarios que hacían eco en sus cuerdas vocales; el aliento caliente del alfa chocaba contra sus labios, con sus bocas casi tan cerca que por poco y rozaban la una con la otra.
Miku afiló las garras pero nada más pasó, sólo un flash y la foto que todo el equipo buscaba.
—Perfecto, hacemos este y otro cambio y al final la foto grupal, ¿les parece? —ambos managers asintieron conformes.
La omega saltó lejos de su regazo casi por inercia, como si él fuese tóxico, incluso radioactivo.
Cabe la posibilidad de que, al terminar el día, ella tuviese que pasar horas en la ducha para quitarse la sensación de suciedad que atravesaba su piel.
—Bien, yo sé que ambos son alfas pero uno tiene que dominar sobre el otro, obviamente Kamui así que, ¿podrías cooperar un poco, Luka?
Qué humillante. Qué humillada que se sintió apenas el equipo indicó que su foto con Gakupo sería en la cama de seda y no en el trono, que no dejaba de ser humillante pero tal vez y lo era menos; no tendría que verlo directamente a la cara, sólo fingir letargo y sumisión.
Puede y que todo se trate del karma dándole una lección, no descartaba la posibilidad.
Ahora sólo existía ahí, alimentando el morbo, el amor al arte.
En cuanto Gakupo tomó la posición de poder sobre ella, deslizándose sobre la cama, su cerebro mandó la señal de tensar cada músculo de su cuerpo. Tener la vista de todos sobre ella lo hizo peor, especialmente de aquellos a quienes percibía como una amenaza.
—Cálmate, Megurine, sólo estamos trabajando. —le espetó Gakupo, notoriamente irritado. Después de todo, las riñas entre alfas nunca eran placenteras y sí podías evitarlas, mejor.
Pero eso no quitaba que tenía razón. Sí, cuando entró a VOCALOID su único objetivo era dedicarse al mundo de la música, pero al parecer que tenía que aceptar todo el paquete si quería continuar ahí. Siempre lo ha hecho, por supuesto. Ahora tenía que fingir, demostrar que era un ser humano y no un animal preso de sus instintos.
Tenía que relajarse. Ojalá el mismo Gakupo le pudiera hacer ese trabajo más sencillo.
— ¿Por qué estás molesta?
—Porque me molestas—señaló lo obvio, soportando la posición mientras el set se apresuraba a trabajar. —Ya tuve esta plática hoy, pero la tendré de nuevo: es de mala educación liberar tus feromonas de la manera en que lo haces.
Tal vez debió quedarse callada y soportar todo. Tal vez así no habría pasado todo lo que seguía.
Delante de las cámaras, ciegas a cada emoción sincera que pudiese acontecer detrás de sus mechones de cabello, el alfa de Internet Co. dibujó una sonrisa amarga, pero divertida. Luka, como buena alfa, era experta en el lenguaje corporal, así que pasar por alto su grosería comenzaba a tornarse difícil.
El fotógrafo chasqueó la lengua, disconforme.
—Estaba pensando en el contexto y recuerdo que Lukana, sí, estaba hechizada, encantada por el duque, pero eso no quita su poder sobre ella ¿verdad? —ah, un conocer de la obra, qué alegría. — ¿Tal vez podemos ver un poquito más de dominación?
¿Y por qué sólo pedía eso ahora? ¿Tenía algún fetiche con los alfas el tipo? Qué asco.
—Ya lo escuchaste. —y la sonrisa de Gakupo se disolvió. En cuanto Luka se dio cuenta, Gakupo ya había atrapado una de sus muñecas entre los dedos de su mano. —Por cierto, he querido preguntarte algo desde que te vi.
Temió lo peor. Hubo un pequeño gruñido de advertencia de parte de Luka, uno involuntario, advirtiéndole que más le valía tener cuidado con lo que dijese a continuación. Por supuesto que al alfa sobre ella no le agradó su comportamiento, así que la presión que existía sobre su muñeca se volvió más insistente, esa fue su respuesta.
—Relájate, sólo es una duda. —todos a su alrededor parecían absortos en la ilusión de la ficción; sus managers, todos — ¿Qué se siente saber la respuesta de lo que todo mundo nos preguntamos?
...
— ¿De qué hablas?
—Tú sabes, ¿qué se siente cogerte a una omega como Miku?
Perdió el control, al menos momentáneamente.
Dejó que los gruñidos más sonoros y amenazantes brotaran de su garganta; su cerebro se apagó unos segundos, no sabía decir qué fue lo que tomó el control en su lugar pero no se atrevía a llamarlo como parte de ella: sólo algo, algo que existía.
— ¡Luka, sé alguien profesional y cálmate! —escuchó el grito de Kei; ayudó un poco, al parecer.
Recuperó la compostura, pero era tarde. Gakupo, en respuesta, pensando que no tenía por qué soportar sus amenazas como si nada, hizo aún más fuerza sobre su muñeca. Esta vez, Luka sintió que ese algo que la tomó a ella hace tan sólo unos segundos tomó posesión de él; pese a su sonrisa casi que tallada en mármol, juraba que él mismo empezaba a disolverse en otro punto del universo.
Nadie lo vio, pero en su muñeca empezaba a correr un líquido caliente: su propia sangre.
—Yo sé que es actuado pero aun así... los alfas me asustan un poco, a veces. —comentó Meiko junto a la mesa de tentempiés, a lo que Kaito asintió con la cabeza.
—No están actuando. —respondió Miku; su voz le enfrió los corazones a los dos hasta que ésta misma se quebró al verlos a los ojos. —No están actuando...
—Ah, mierda. —Lily chasqueó la lengua en señal de irritación. Se zampó lo último que quedaba de su pastelillo, intentando ignorar el olor a sangre que inundaba sus fosas nasales —Gakupo es un imbécil, le dije que cerrara el puto hocico.
Los cryptonloids restantes se miraron entre ellos largamente, con pupilas asustadas y labios temblorosos tras abrirse para decir nada. En consecuencia, los tres hicieron lo único que cruzó por sus mentes:
— ¡KEI!
Por el lado de Luka, las cosas se ponían peor.
Intentó hacer uso de todas sus fuerzas para liberarse, pero fue en vano: no importaba cuando gruñera o amenazara, el alfa despertado de Gakupo se alzaba en todo su poder, aprisionando sus muñecas contra el colchón, posicionándose con su cadera entre sus piernas, entre gruñidos igual o más amenazantes que los suyos. Él no le enseñaba sus colmillos, no fue necesario, pero tal parece que ella lo ofendió al intentar defenderse y estas eran las consecuencias.
—Yo sólo quiero que seamos amigos, Luka, sólo quise saber si por fin tenemos algo en común.
Nadie de los trabajadores hacía nada, al parecer seguían creyendo que se trataba de una actuación y lo permitieron. Incluso, por un instante, parecían fascinados con el despliegue de poder. Habría muchas fotos de esto. Por otro lado, Luka estaba dispuesta a no dejarse doblegar, algo dentro de ella se lo prohibía. Sería imperdonable, y más si todos la estaban viendo pero de pronto, pasó otra cosa que su mente nunca dejaría que se olvidara.
Gakupo quebró su sonrisa de mármol en cuanto Luka le enseñó los colmillos, en señal de advertencia. Él enseñó los suyos y de pronto, entre sus piernas, Luka sintió una presión dura que no venía de su propia ropa, sino de los pantalones de su adversario, una que se presionaba contra su entre pierna con intenciones dudosas o más bien, intenciones que no quería descubrir.
Él buscaba someterla, fuese la manera que fuera, bajo cualquier medio.
Cuando el alfa fuera de control hizo presión en la garganta de Luka con sus dedos, haciéndola recordar aquel día que se peleó con otro alfa en este mismo estudio, apenas todo mundo reaccionó.
— ¡Suéltala, bastardo! —Kaito fue el primero en acudir a su auxilio: tomó a Gakupo por uno de sus brazos en un intento patético y humillante de quitárselo de encima, pues el alfa sólo necesitó de un golpe con su brazo para mandarlo al piso, al menos a dos metros lejos de ellos.
Aun así, él fue el único que, para rescatar a su amiga, se atrevió a enfrentarse a Gakupo en el estado que se encontraba.
Sorprendentemente, fue Masami, el manager escuálido y cansado de Internet Co., el que acabó con todo y evitó una tragedia: llevó un silbato especial a su boca y sopló; pronto, cada alfa y omega en el set tuvieron que llevarse las manos a sus oídos para protegerlos, pues las frecuencias emitidas por el silbato... lastimaban; causaban nauseas.
— ¡Mierda, Masami! —se quejó Gakupo, aparentemente regresando en sí. Kaito y Lily llegaron al encuentro del hombre, apartándolo de Luka tomándolo fuertemente por sus brazos.
En medio del caos, de los olores de alfas y omegas apaciguándose poco a poco, Meiko llegó al auxilio de su compañera, quien intentaba recuperar el aliento entre tos e inhalaciones y exhalaciones torpes.
Fuese lo que fuese, ese de ahí no fue Gakupo, pero él permitió que lo poseyera.
—No sabes el placer que voy a sentir cuando tenga que apuñalarte con esto mientras actuamos. —amenazó Kaito enseñándole su daga de utilería, ganándose un gruñido en respuesta antes de correr al encuentro con Meiko para ayudar a Luka.
— ¿Qué estás haciendo, Kamui? Nos haces quedar mal. —regañó Lily. Entre ella y Gumi apartaron a un Gakupo todavía agitado, arrastrándolo a los camerinos.
El alfa, pese a todo, aun hacía evidente su turbación; con pupilas temblorosas y respiraciones exaltadas que eran alimentadas por fuertes inhalaciones y exhalaciones. Sus colmillos afilados se hallaban a la vista y la sensación de cada vello en su espalda, erizado, lo ponía alerta para prepararse al siguiente arrebato de otro salvaje frenesí alfa.
Gumi lo previó deslizando la palma de su mano bajo su traje de época: su tacto, en combinación con los olores relajantes que ahora se desprendían de ella, provocó una sensación que de alguna manera se traducía a un remolino fresco dentro de su cráneo. Su vista se nubló y la energía que corría normalmente en su sistema nervioso... se apagó, por un segundo; se tambaleó al punto que perdió el equilibrio, tuvo que apoyarse sobre una rodilla para no dar de lleno contra el suelo y finalmente, Gumi tuvo que lidiar con su tacto insistente y demandante, atrapada entre los brazos fuertes del alfa, en una clase de abrazo de sensaciones extrañas.
Mientras tanto, al otro lado del estudio, con quien Luka tenía que lidiar no era otra persona además de sí misma.
Estaba molesta. Sus ojos le picaban pero no podía llorar, sus manos temblaban y no podía detenerlas y sus pensamientos regresaron, una y otra vez a cada sensación que experimentó delante de la cámara, cada una captada por la misma, pero a la que también le fue imposible descifrarlas o siquiera prestarles atención.
Ante las miradas asustadas de Kaito y Meiko, ella sólo podía ocultar su rostro entre sus manos, tal vez y así ella misma podía sacar de su cráneo cada sensación horrible que habitaba ya en él.
¿Qué era eso que estaba sintiendo? ¿Qué significaba?
¿Por qué?
—Luka, ¿cómo te encuentras? —ese fue Kei. En cuanto levantó la mirada se encontró con un hombre que se sentía como otra persona, no como su manager de modos insistentes.
—Kei, ¿es que no la ves? Está temblando. —Meiko resopló con hastío, fue ella quien le terminó pasando un abrigo sobre los hombros, más por protegerla que por cubrirla del frío.
—Sí, la estoy viendo, no estoy ciego. —pero no hubo mal humor de su parte, lo vio en sus pupilas: compasión, cierto toque de remordimiento —Descansa, yo hablaré con el equipo.
Y se fue, con ese equipo dudoso de cómo proceder. Los enfrentamientos entre alfas solían ser así: inesperados y tratados como alguna riña cualquiera entre animales otras tantas veces. Imaginaba que tratarían lo que acaba de tratar justo de ese modo, que nadie hablaría de ello en ningún lado.
Nadie hablaría del ataque de nervios que estaba atravesando, ni de sus ganas de vomitar, ni de su corazón que atacaba furiosamente su pecho, amenazando con salir disparado, atravesando sus costillas y su carne.
Sólo Miku, al parecer, estaba dispuesta a hablar de eso.
Para sorpresa de los cantantes presentes, ella se había puesto de pie delante de ella, mirándola largamente con esos ojos grandes que brillaban incluso en la noche más oscura.
—Luka. —la llamó, pero la alfa fingió no escucharla, estaba demasiado ocupada siendo un ovillo en asiento. Siendo un ovillo, lo único que quería ser para siempre. —Luka, sé que me estás escuchando, no finjas. Sólo quiero que me prestes tu mano.
— ¿Para qué?
—Tú préstamela, es... un favor, nada más. —porque en parte se sentía culpable por todo esto, tal vez.
La alfa obedeció a la omega. Miku se inclinó delante de Luka, quien ni siquiera la miraba; tomó su mano larga y fría entre las suyas todavía calientes. Para sorpresa de la mayor, cada pensamiento desagradable, cada sensación de suciedad, cada sensación profana... se disolvió con su tacto. Después, fue casi como si el olor que comenzaron a desprender sus poros tuvieran cualidades desintoxicantes, en cuanto lo inhaló y lo exhaló... fue como si todo el dolor de su alma se fuera allí.
— ¿Qué haces? —preguntó Kaito, ganándose una mirada de Meiko que lo hizo sentir culpable, como si estuviera interrumpiendo algo.
—La alejo del dolor—fue su simple respuesta. Los ojos de Luka, por fin encontrándose con los suyos, la pusieron incomoda.
—Gracias... —Miku se tensó.
—No es... no es nada.
—Pensé que estabas molesta conmigo.
—Molesta es... una palabra muy corta, en realidad, —soltó su mano lentamente, esta vez con los ojos clavados en el piso, evitando mirar su rostro a toda costa—pero nadie debería pasar por esto, ¿no crees?
No, nadie debería pasar por esto. Entonces, ¿por qué pasaba?
Luka quiso decir algo más: tal vez una disculpa, en nombre de todos los alfas, una disculpa nada más... por existir.
Sería otro día.
¡Y sería todo por ahora! Antes de terminar, les quiero contar que escribir esto me ha hecho muy feliz los últimos días, nunca había estado tan emocionada por un long-fic al punto de actualizar tres veces en menos de un mes JAJA
De hecho, es una bendición y un problema, porque me he enfrascado tanto en esto que he descuidado un poco de mí, así que me voy a dar un descanso por un tiempo, para descansar y hacer otras cosas antes de continuar. Por ahora, espero les esté gustando, les agradezco cada manera en la que me de dicen que les gusta!
Y pues mi obra favorita hasta ahora, es un omegaverse, quien lo diría JAJA -es furra pero no-
