Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

- ¡¿EL PROMETIDO DE AKANE?!- Coreó la familia Tendo y Saotome, mientras que al cántico se le unían las voces de todos los demás invitados que solían coincidir temprano, los fines de semana, en el dojo Tendo.

Ahí estaba él, el verdadero prometido de aquella chica sin gracia, con la mandíbula desencajada y la trenza dibujando una curva parabólica. La impresión le había caído peor que un baldazo de agua fría, y a él el agua fría le caía muy pero muy mal. No podía dejar de sentir cómo se le erizaban los vellos en los brazos, como gatos caminando agudamente por su dermis, jugando con sus folículos, arañándole la tes. La sensación casi hizo que entrara en aquel otro modo maldito, donde olvidaba que existía la razón y se convertía en un felino para afrontar el trauma. Esto que estaba escuchando era, ciertamente, traumático.

- Uy, cuñadito, ahora sí la tienes difícil.- El codo de Nabiki, hundiéndose entre sus costillas, apenas sí lo despertó del encierro mental.

- ¡Esto es una afrenta! ¡El único prometid…!- Pero Kuno cayó inconsciente antes de poder terminar.

- ¡Esto no puede ser!- Sentenció Ryoga, con los nudillos enrojecidos tras haber sellado los labios de Tatewaki.

Sintió las miradas de todos sobre él, sobre su acalorada cara. Aunque… faltaban miradas. Algunas. Otras eran, más bien, esporádicas. Shampoo, Ukyo y Kodachi, que nunca habían aprendido a dejarlo en paz, alternaban entre la visión de su adorado Ranma y… y él. Un joven demasiado a… a… "Maldita sea, el bastardo es apu… pasable", logró admitir, aunque hasta sus pensamientos castañeaban de la impotencia y la rabia.

El tipejo traía una camiseta de tirantes pegada al cuerpo, que dejaba entrever las vendas que le envolvían el montañoso pecho. Otras vendas más delineaban sus brazos, marcados por la infatigable dureza de los músculos de un hombre… uno completo. Era alto, de cara angulosa, mentón rígido, pómulos erguidos, nariz burlona y ojos engatusadores. Su cuello tenía un par de marcas, hechas sin lugar a duda durante el fragor de los entrenamientos. Cuando se había girado para recoger la carta de Akane de su pequeña mochila, había podido vislumbrar hematomas frescos en el ápice de sus deltoides.

- ¿Qué me miras tanto? ¿Te gusto o qué?

Una voz desbordó nuevamente el salón principal de los Tendo. Aún lleno de gente, el sonido de aquella voz retumbó por todos lados, pasando entre las personas, produciendo eco. Era, sin lugar a dudas, un tipo imponente. Le sacaba, por lo menos, una cabeza. ¿Akane siempre los había preferido altos? Pero él había crecido, también. En los últimos 2 años, había podido fijarse en cómo, cada vez más, su sombra cubría un poco más la delicada silueta de su prometida. Pero no había podido hacer más comparaciones desde ese entonces. ¿Habría cambiado? La chica había desaparecido, voluntariamente, desde hacía unos 4 meses. ¿Algo… lo que fuese… habría cambiado? Aunque la prueba de que, efectivamente, así era, estaba en frente suyo, no podía aún procesarlo.

- Joven, le agradecería que no insinúe semejantes cosas.- El shock no lo había dejado contestar, Nodoka eso lo sabía, pero por algo él tenía ahora a su madre.- Mi hijo es muy varonil. Solo está sorprendido, como el resto de nosotros.

No era normal en Ranma actuar como un dócil caballito de feria, de esos que pasean niños en sus lomos alrededor de un pequeño perímetro, guiados por una soga. Como recapacitando, estampando las manos sobre la mesa y dispuesto a salir desembocado hacia cualquier dirección que ahora su indignación tomase, gruñó:

- ¡Dile que me alegra que por fin haya encontrado a alguien que quiera casarse con ella!

Sin más, se dispuso a abandonar la sala…

Pero la verborrea ya había empezado. Por más que intentó cerrar su boca y no vomitar la cantidad de atrocidades que sabía que no podría reprimir en frente de todos, siguió:

- ¡Es una marimacho insufrible! ¡No cocina, no baila, no canta, no nada, nada, nada de nada!- A pesar de lo mucho que rasgueaba con su lengua las sílabas de cada cosa que no quería decir, sus brazos no se movían. Su cuerpo, rígido, continuaba expulsando el veneno que la presencia y declaración de aquel desconocido había ingresado en su ser.- ¡Estuve dos años obligado a hacerle el favor y al fin soy libre! ¡Dile eso! ¡Que puede regresar o quedarse o morirse!

Sin querer, dejó de ser completamente consciente de su fuerza y, al apoyarse de nuevo en la mesa, los bordes se vencieron y él cayó de rodillas en el piso. Su respiración, agitada como si hubiese corrido una maratón en la que el premio final era el mismo oxígeno, no paraba de entrecortarse. Escuchó un pequeño susurro, un "hijo mío", y sintió una mano fina a la altura de su espalda baja. La manito iba de arriba hacia abajo, en un ritmo que, poco a poco, pudo regular la forma en que inhalaba y exhalaba aire.

- Ella regresará dentro de poco, así que puedes decírselo tú mismo.- Respondió el otro, tan poco impactado por la explosión del caballo caótico que Genma no pudo reprimir sentir un poco de vergüenza ajena.- Si tienes el valor.

El reto estaba echado. El hombre, demasiado hombre como para rebajarse ante los arrebatos de quien parecía aún un niño a su lado, se acomodó en su sitio para fijar la mirada en el patriarca Tendo.

- Sé que…- Meditó un segundo, no era así como había querido empezar esa frase, pero no pudo hacer más que continuar.- Sé que esto es inesperado. Yo y… yo y Akane lamentamos…

"Yo y Akane...", repitió Ranma en su mente. ¿Existía eso? ¿Podía alguien más que él decir algo así con derecho y sabiéndose cien por ciento en lo correcto? Por instinto, se giró a ver a Ryoga. Su aura estaba cambiando. Sus colmillos se asomaban aún más, como si estuviese listo para clavarlos en la clavícula de quien ahora hablaba tan respetuosamente a quien, no hace mucho, era su proclamado suegro. Luego, se viró para ver a Kuno incorporado, pero tuvo que dejar de mirarlo sino lo habría molido a golpes sin que ni siquiera las reconfortantes manos de su madre hubiesen podido detenerlo. Parecía que estaba mucho más afectado al saberse menos atractivo que aquel extraño que se atrevía a llenar su boca con el nombre de su prometida.

- …trar que puedo hacerme cargo del dojo. Si no puedo vencer a cada hombre que ahora quiera usurpar mi lugar, sé que ni siquiera Akane estaría dispuesta a continuar con el compromiso. Pero si logro hacerlo, sé que ella aceptará casarse conmigo ese mismo día.

Por única réplica, Soun dejó escapar un "Hmmm" meditabundo. Al observar bien a quien tenía delante, se dio cuenta de que este no era capaz de sostenerle la mirada. Ocultaba sus terrosas orbes por entre las rendijas de su flequillo. ¿Estaría ocultándole algo? Lo escudriñó con cuidado, como hace todo padre ante el pretendiente de una hija. Sin embargo, pronto sus dudas se despejaron. Veía sus manos temblorosas dejar densas manchas de sudor en el suelo. Si prestaba más atención, el chico ni siquiera tenía aún la capacidad de crecer una verdadera barba. Aún con su gran musculatura y presencia dominante, era como Ranma.

- ¡¿Y la opinión de ella qué?!- Intervino Ryoga, alzando una rodilla para posicionarse mejor, presto al ataque en caso de escuchar algo que no fuera a gustarle. Y ya había escuchado mucho ese día.

- Esta es la opinión de ella.- Se limitó a decir el aludido, que estaba solo del otro lado de la mesa, aún con la vista sobre el de cabellera larga.- Su carta apoya mis palabras, Tendo-sama.

Le hablaba con tanto respeto. Definitivamente no era del todo como Ranma. Quizá fuera porque no lo conocía lo suficientemente bien como para entender que, a pesar de su áspero semblante, Soun Tendo era un engreidor sin remedio. Y eso Genma lo sabía. Aunque estuviese llamado a jugar con una pelota ante una situación tan enredosa, no podía dejar las cosas en manos de su amigo. Si aquella carta era verídica, como las otras enviadas por Akane a través del correo, entonces el futuro de su muchacho estaba sellado. Había mejorado mucho en los últimos casi dos años y medio. Era imposible que lo vencieran. ¡Le había disputado la vida de Akane hasta a la misma muerte! Si lo que quería era una prueba de amor y de fuerza, ¿qué más que esa? Eso debía valer algo..

- Soun-kun.- Habló, sin haber pensado en cambiar a su forma de panda más que en un par de veces.- Si así lo quiere Akane, nosotros no nos oponemos.

- ¡Pero, ¿de qué rayos hablas, viej…?!

- ¿No lo entiendes, Ranma?- Estaba preguntando lo obvio, pero era siempre una buena forma de hacer que el mocoso se callara y lo escuchara.- Si se trata de un duelo, esto te conviene.

- ¡Yo no voy a pelear por esa marimacho desconsiderada!- Tan solo las manos de su madre, ahora envolviendo con parsimonia parte de su espalda, lo frenaban de ir más lejos.

- Soun-kun, sin importar lo que pueda haber pasado en estos últimos meses…- No pudo evitar mirar de soslayo al otro joven, quien no tuvo más remedio que agachar la mirada ante la referencia velada que hacía el mayor.-... nuestros hijos están prometidos desde hace mucho. Ranma probó su valor cuando salvó a Akane en Jusenkyo.

- ¡Eso solo significa que ambos están a mano!- Dijo, enardecido por primera vez, el alto y espigado desconocido.- Ella dio su vida por él, él se la devolvió. No están en deuda.

Entonces… ella se lo había contado. Le había dicho lo que había pasado. Pero, ¿le contó todo? Si lo supiese todo entonces, ¿aún estaría aquí con ese altivo porte? ¿Creyéndose superior a él? ¿A todos? ¡La traidora seguramente no se lo dijo! Pero claro, a él sí se lo reclamaba hasta el martirio. "¡¿Cómo que no lo recuerdas?!", le decía, con ese taladrante timbre de voz que alcanzaba cuando estaba hasta la coronilla de él. "¡Ugh, eres un insensible, Ranma!". Jamás en su vida podría olvidar esa vocecita. Incluso cuando dejase de ser un maldito de Jusenkyo, esa voz lo perseguiría por el resto de su vida, nublando sus días y calentando sus noches, como había ocurrido desde su partida.

- Aún así, muchacho, el futuro de la Escuela de Combate Libre está en riesgo. Como nuestros herederos, Ranma y Akane…- Ambos nombres, juntos, juntos como debía de ser, calaron la columna vertebral de Ramna. Nodoka trató de seguir atenta a las palabras de su esposo, aunque la llenaba de pesar sentir el dolor que su hijo torpemente disfrazaba con desdén.-... tienen el deber de…

¡CRACK!

Sonó como el infierno siendo demolido bajo sus pies. Aquel ruido cortó las palabras Genma al instante.

- … de… de… ¿no piensas arreglar eso?- Se desvió Genma, al ver, incrédulo, cómo la mano del menor había crujido.

- ¡Ups!- Para no haberlo planeado, no estaba nada asombrado. Diferentes eran las caras de todos los demás presentes.- No se preocupe, solo son dedos.- Sin mucha premura, empezó a enderezar de nuevo las falanges que había dislocado al arrugar las manos con furia.

"Este chico está loco", pensó el patriarca de la familia Saotome. Trató de encontrar algún gesto de dolor en la faz del más joven, pero fue imposible dar con tan siquiera una minúscula muestra de dolor. ¿Quién era este que poseía tal potestad sobre sus propias emociones?

- Ejem, como decía… ellos tienen el deber de mantener con vida e impulsar la Escuela de Combate Libre.

- Es cierto, muchacho.- Asintió el de bigote, con los brazos tensos y doblados sobre el pecho.- Hay mucho en juego, eh…- Entrecerró los ojos, como si eso hiciera que su memoria mejorara.

- Kano.- Se apresuró a decir.

- Oh, sí, joven Kano.

"Algo no está bien…". Y Genma no se equivocaba. Aunque Kano no tendría más edad que la de su propio hijo, su madurez asustaba. Pensó que lograría impacientarlo y hacer que tuviese una rabieta, demostrando así que no era mejor que cualquiera de los otros pretendientes de Akane. Pero, como única forma de rebatir sus argumentos, el jovencito había girado en busca de su mochila. "¿Quién es este sujeto?". ¿En verdad tendría la misma edad que los demás niños que llenaban la habitación? La tensa línea del costado de su torso parecía de acero. Cuando él giró, pudo vislumbrar la desarrollada forma de su cuerpo. No era normal. No se trataba de atractivo físico, sino de poder. Con una fisonomía como esa, no era difícil de imaginar que tenía una condición óptima para las artes marciales. Ranma y Ryoga tenían también una complexión única, pero este chico… era aún más único.

- Tengan.- Más que triunfante, puso sobre la mesa su as bajo la manga.

- Es… es…- Soun no daba crédito a sus ojos.

- Pero…- Genma no podía creerlo.

- ¡Eres un pervertido!

La piel de Ranma se entumeció apenas reconoció en la foto las bragas de Akane. Sin poder sentir ninguna de las manos que ahora lo agarraban, se le lanzó en estampida al chico que yacía, inmóvil y tranquilo, sentado en su lugar.

NOTAS FINALES:

¡Hola! ¿Le gustó el primer capítulo? La próxima semana publicaré otro. También estaré publicando viejos proyectos que edité, centrados en el anime/manga Naruto. Si quieren leer una novela original, los invito a leer La Caja de mis Quimeras.

Es una novela propia. Había publicado algunos capítulos antes y, después, edité la trama pero, por lástima, ya no pude borrar la versión antigua de otras páginas porque olvidé la contraseña. Esta novela contiene violencia y sexo explícito, por lo que no es apta para público sensible. Teniendo eso es cuenta, si la leen, espero que les guste. ¡Nos leemos pronto!