Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Su puño iba a conectar, cientos de veces, sobre aquella cara intachable que ni siquiera se doblegaba ante su encelada ira. Pero sus planes no se concretaron porque no había podido lanzar más de un golpe.
- ¡Tch!- Su brazo, extendido, tirante, temblaba al ser frenado por la palma, ahora cerrada, de Kano.
- Airen…- Musitó Shampoo, con la incredulidad coloreándole el rostro.
La amazona presenciaba, con los latidos de su corazón en vela, cómo ese, el que ahora tenía que ser sin lugar a dudas el prometido de Akane, había detenido el puñetazo de su amado Airen. Con la mano ya cerrada, impedía que el hombre de la trenza pudiese retraer su extremidad para desencadenar la técnica de las castañas calientes.
- ¡Toma est... argh!
Antes de poder anunciar un nuevo intento mortal al desprender un pie del suelo para propinar un golpe en el cuello a su rival, Ranma había caído al suelo. Había bastado agarrarlo de la trenza y aprovechar la trayectoria de sus movimientos para doblegarlo contra el sólido piso y, luego, estamparle la mano entera en la cara y mantenerlo cautivo.
- No quiero más destrozos en el dojo.- La voz de Kano sonó gutural.
La mesa había volado por los aires ante la arremetida de Ranma. Incluso el golpe que Ryoga le había dado a Kuno había astillado el suelo. También la llegada de las prometidas del popular jovencito habían provocado la erosión del hogar Tendo ese día. Pero no era algo que solo sucedía ese día. Era algo que ocurría día tras día. Desde hacía los últimos casi 2 años y medio.
- Tendo-sama, cuando yo asuma el manejo del dojo, nunca más tendrá que preocuparse por esto.- Determinó, lanzando dagas a través de la sala a los inesperados huéspedes que siempre los acompañaban.
"Miedo… e-este maldito me da miedo", pensó Ryoga, con el sudor frío rodando desde sus sienes. Ranma estaba imposibilitado de moverse. Lo había visto intentarlo y, luego de un ligero apretón que observó hacer a Kano, desistir. Sus manos entonces eran ¿así de fuertes? ¿Capaces de triturar un… cráneo humano?. "Akane, ¿por qué?". Sus ojos se precipitaron a recolectar agua. Era inimaginable. ¿Por qué su dulce Akane se habría embarcado en algún tipo de r-relación con semejante bruto mastodonte? Tenía que admitir que, aunque ni él ni Ranma tenían modales sobrios, a su lado, eran hasta civilizados. No podían compararse con él… por ahora. "Kano". El tipo desprendía un aura indómita que causaba cierto pavor. "Está lleno de cólera". ¿Cómo podría haberse fijado en él su apacible, delicada y melodiosa Akane?
- ¿Y me puedes decir por qué nos muestras una foto con las pantaletas de mi hermana?- La tensión fue interrumpida por Nabiki.
- ¡¿Las qué?!
Soun cogió a toda velocidad la foto, como si se creyera capaz de reconocer donde fuera cualquier cosa que perteneciera a su niñita. Pero esas pantaletas no se parecían a ninguna de las que alguna vez le había comprado a su hija, aunque ya hacía bastante tiempo que ella estaba demasiado grande para usar la ropa interior de niña que él le había proveído en su infancia.
- ¡A eso es a lo que me refiero!- Relinchó Ranma, aprovechando el desliz en la atención de su captor para darle un rodillazo en el estómago.
Aún así, no hizo más que surtir el efecto contrario. Su contrincante empezó a endurecer más los tendones de su brazo, constriñendo de a pocos sus dedos alrededor del rostro de su presa.
- Joven Kano, ¿sería tan amable de soltarlo y explicarnos esto, por favor?- Pidió Kasumi, con una paciencia infinita.
Presto a quedar bien con quienes serían su futura familia, el aludido únicamente hizo un movimiento rápido para deshacerse de lo que había atrapado. El de cabellos negros salió disparado hacia una de las paredes de la estancia. "¡Ja! Tonto". Tan rápido como lo había soltado, Ranma se impulsó para regresar con más potencia y finalmente darle una bien ganada paliza al embustero que osaba…
- ¡Alto, Ranma!
- ¡Suéltame, viejo!
Pero la pelea se la ganó otro. Genma luchaba por contener a su hijo, quien no hacía más que darle en cuanto punto débil le encontraba para poder acercarse a quien realmente anhelaba destruir.
- Ese es, ¿el maestro Happosai?- La voz de Soun apenas sí podía oírse en medio de la trifulca.
El viejito, que lucía más acabado que la última vez que lo habían visto rondando por la casa, cargaba gloriosamente la prenda. A su costado, arrodillado, Kano alzaba dos dedos en señal de paz, pero tenía un escueto mohín de bochorno atirantándole la línea de los labios.
- Yo también soy discípulo directo del maestro y, por lo tanto, heredero de la Escuela de Combate Libre.
Genma pudo observar de soslayo la escena. "¡Maldición!", masculló internamente. Era una pesadilla. Había pasado. No es que no lo viniera venir, pero creyó que, para ese punto, ya ambos chicos estarían casados y no habría marcha atrás. Sabía que existían mejores partidos que su hijo para la hija de su gran amigo. Soun tenía un Dojo, una reputación y una familia que heredarle a Akane. Mientras, Genma solo tenía… bueno, tenía a Ranma. Pero no había sido capaz de darle más que un entrenamiento traumático. Por supuesto, su gran ventaja era haber compartido el purgatorio de Happosai junto con Soun. Era lo único que necesitaba. Soun no tendría más remedio que casar a su hija con su hijo para preservar su estilo de lucha.
Pero ahora, helo ahí. El perfecto ejemplar de yerno que…
- ¡Un momento! Soun, viejo amigo, ¿sabe lo que esto significa?- Preguntó, para luego apuntar con el índice entre los ojos mortificados de Kano.- ¡Si este mocoso es discípulo de Happosai… entonces es un gran pervertido!
- ¡Mi bebeeeeé!- Chilló el hombre con bigote, derramando inagotables lágrimas al imaginarse lo que significaba que tuviera una foto de las prendas íntimas de su Akane.
- ¿Qué no fueron ustedes también sus discípulos?- Indagó con aburrimiento el menor, moviendo de en frente de su cara el dedo acusador de Genma.- ¿Debo creer, entonces, que mi prometida fue criada por un pervertido?
- ¡Jamás, siempre he sido un padre decente!- La cabeza de Soun estaba tan grande que, ante un insulto más, amenazaba con explotar.
- Si así es, ¿de qué se preocupa?
- Debes considerar que es muy extraño que nos muestres una foto con las pantaletas de mi hermana, segundo cuñadito.
La miró de soslayo. La chica Tendo no iba a ser fácil de predecir. La escaneó velozmente, fijándose en la forma en que lo enfrentaba. A ella le tenía más respeto que a cualquiera de los ahí presentes porque comprendía el problema que podría significar. No iba a ser fácil lidiar con ella.
- La condición que el maestro me puso para ser su discípulo fue llevarle eso. Así es como conocí a Akane.- Contestó con naturalidad, evitando que su lengua soltara más de la cuenta.
Casi sin que nadie se hubiera percatado de ello, el turno de medio tiempo del sol había terminado y ya le cedía su lugar a la luna. Pronto algunos de los acompañantes inoportunos tendrían que regresar a atender sus propios asuntos. Ukyo fue la primera, ya que los okonomiyakis no iban a prepararse solos. Su corazón se despidió de todos con un sentimiento ambivalente. Por un lado, estaba más que feliz por saber que, por fin, Akane había salido oficialmente del ruedo. Pero, por otro, estaba dolida. Akane era la única que desconocía que Ranma la amaba. Lo que había sido una sospecha primero, luego aparente en algún momento, y después terriblemente cierto en Jusenkyo, era una verdad imposible de desvelar para la pareja. Y mientras así fuese, todos guardaban esperanza. Pero, ¿él de verdad la dejaría ir esta vez?
- Hmm…- Kasumi y Nabiki siguieron examinando la carta que Kato había entregado luego de aclarar, sin mucho detalle, el asunto de las pantaletas.- Sí, esta es su letra, papi.- Determinó la mayor de las hermanas, devolviéndole el papel al hombre.
El contenido había sido tan aterrador para Kuno que no había aguantado más la humillación y se había retirado, llevándose a rastras a su hermana en el camino. No solo se había enterado de que Akane estaba dispuesta a contraer nupcias con esa bestia si los derrotaba a todos ellos y a quien quiera más que quisiese participar en el duelo, sino que había corroborado que el sujeto era mucho más apuesto y varonil que él. Su propia hermana, que tan deschavetada había demostrado ser al perseguir a Saotome por doquier, intentaba ahora captar la atención de ese… ese… "¡Bruto perseguidor de la inocencia!". No lo permitiría. No permitiría que su hermana también cayera presa del encanto antinatural de alguien peor que Ranma. Solo una cosa aún lo preocupaba
- No te preocupes, mi bella niña de los cabellos de fuego, yo volveré por ti.- Le oyeron exclamar, mientras se alejaba del dojo.
Quizás Akane estuviese perdida, pero mantendría a salvo a la jovencita pelirroja aunque le costase la vida. Y, si el destino le sonreía, también podría algún día rescatar a la voluble heredera del dojo y se haría con el favor del patriarca Tendo.
- Tengo que admitir que…- Sus cabellos largos resbalaron hacia al frente cuando volvió a observar la foto del chico con Happosai y la carta de su hija menor. La mirada atenta de su compañero de batallas lo buscaba, sin éxito. ¿Cómo decir lo que estaba a punto de decir delante de la familia de quien era casi su hermano?-... que estoy muy… agradablemente sorprendido.
Ranma ahogó un "¡traidor!". ¡Eso se parecía a lo que le había dicho a él luego de descubrir que era un hombre y no una mujer! ¿En serio iba a recibirlo como yerno con los brazos abiertos? Así lo había hecho dos años y medio, casi, atrás y nunca había mostrado arrepentimiento, casi, en todo ese tiempo. Ahora, le daba la bienvenida a otro. Jamás lo había hecho con ninguno de los otros admiradores de la menor de sus hijas, ¿cómo se atrevía a hacerlo ahora? Había tratado de casarlo con Akane, había participado en todas las jugarretas para lograr enamorarlos, había estado de acuerdo con todo… bueno, a excepción de algunas cuantas comprensibles cosas. Pensó que se rehusaría a que Akane siguiese con paradero desconocido y amenazando con contraer nupcias con esta cosa espantosa que seguía instalada en la sala, pero no. Lo estaba… aceptando.
- Oye, ¿puedo hablar contigo?- Ryoga se inclinó hacia adelante y, Nodoka, para atrás. Ambos jovencitos necesitaban hablar. Aunque peleaban todo el tiempo y estaban detrás de lo mismo, ella sabía que, ante cualquier catástrofe, contaban el uno con el otro.
Ranma asintió, más calmado. Agarrarse a golpes con su padre le había servido para deshacerse de algunas de las preocupaciones que le relampagueaban en el pecho.
- Y, ¿nos cuentas otra vez la historia de cómo se conocieron?
"¡Maldita Nabiki!". Justo cuando estaban por salir, la pregunta los frenó a ambos.
- No la conté.- Alcanzó a decir antes de sorber el segundo té que Kasumi le había traído, mientras masticaba recatadamente su tercera porción de onigiris con algas recién hechos.- Muchas gracias por esto.
- No hay problema. Si quieres más, tenemos fideos.- Contestó la mayor, amablemente, con una sonrisa que a Ranma le supo a traición.
- ¡Oh, sí, por favor! ¡Les pagaré, señor Tendo! Lamento mucho comer tanto.- Se excusó, con una mano detrás de su cabeza, sin poder evitar seguir atrayendo a su boca el arroz.- Este cuerpo necesita de mucho mantenimiento.
- Pues haces un buen trabajo, hombrezote.
- ¡Nabiki!
El formidable jovencito, sin inmutarse, asintió con cortesía ante el atrevido cumplido. Lo que pensaba, esa iba a ser la complicada. Tal vez un tiempo atrás esos comentarios hubiesen surtido efecto y logrado hacerlo tartamudear en medio del enrojecimiento. Pero a estas alturas, tras librar tantas batallas contra sí mismo, convivir tanto con el género femenino, y ver más de lo que creyó que vería durante el entrenamiento con Happosai, ya nada lograba perturbarlo realmente.
- Sobre Akane…- Ambos lo miraban, lo sabía. Y aunque tanto Ryoga como Ranma lo asesinaban en sus pensamientos, lo que más le incomodaban eran las miradas de persistente Shampoo. Había algo en ella que le hacía creer que estaba en peligro, en un peligro algo desconocido.- No puedo decirles donde está, como comprenderán.- Aclaró, haciendo que los familiares de la joven recordaran las cartas donde siempre se negaba a decir su ubicación.- Pero ella… ella está muy bien.
"¡Urgh!". Al pobre chico Saotome se le estrujó el estómago. Tenía que ser. Tenía que ser uno de esos con esas sonrisas. Ya lo había visto antes. El estúpido de Shinnosuke tenía una de esas. ¡Y el doctor Tofu! Era un desastre. ¿Cómo vencer a un hombre que, no solo era escandalosamente fuerte, sino que empuñaba un arma mortal en la cara? Si le había sonreído de esa forma a la boba de Akane, si había tenido la osadía, quizás le había hecho reconsiderar todo. ¡Hasta Shampoo estaba completamente embelesada, mirándolo como en otroras lo había hecho por primera vez con él al descubrir que su Airen no era una mujer sino un hombre!
- Casi… casi lo olvido.- El susurro del intruso quebró el aire. Cabizbajo, sacó algunas fotografías más.- Ella me pidió que les diera esto.
"Ella", repitió el pelinegro en su mente. Ella le pedía cosas ahora a él. Todavía no sabía desde hacía cuánto que la conocía, cómo habían finiquitado el arreglo de su compromiso o si este en verdad existía. Con tan poca información, todavía existía una… esperanza.
- ¡Oh, se ve tan feliz!- Expresó con verdadero amor Nodoka.
Seguía siendo su hija… y Ranma se preguntó si la seguiría tratando así aún si no se casaba con él. ¿Es que nadie estaba de su lado? Vio las fotos, varias, esparcidas y que se recogían de la mesa como si fueran figurillas coleccionables. "¡Pásame esa!" decían, "¿ya viste esta?", canturreaban. En todas, era Akane.
- ¡Está preciosa!
- ¡Maldita sea, Kuno, vete de una vez!- Gritó, azorado, Ranma al ver que el ex Rayo Azul de Furinkan había vuelto como convocado por la sola mención de "fotos" y "Akane" en una misma oración.
- ¡Pero me llevo estaaaaa!- Llegó a afirmar, antes de ser expulsado por el techo, formando un hueco.
- Ugh, esa era mi preferida.- Farfulló Kano, dándola por perdida.
Pero al eterno prometido de Akane se le quebró el corazón al escuchar eso. El recuerdo que voló junto a Tatewaki solo logró verlo por el rabillo del ojo. Iba a prestarle más atención cuando el metiche de Kuno metió mano y se apoderó de la foto primero. Pero bastaron segundos para grabar la imagen en su memoria. Ella traía unos shorts muy cortos y un polo que, por la humedad, aparecía amoldado como una segunda piel a su pecho. Una cascada había sido inmortalizada justo a sus espaldas. Podía imaginarse el estremecedor timbre de su voz, agudizada por la felicidad, amando cada instante de la frescura del agua. Agua fría, por supuesto, porque ¿dónde se ha visto una cascada por la que corra agua caliente? Entonces, si esa era la foto preferida de Kano… ¿quizás él la había tomado? ¿Quizás él había nadado junto a ella? ¿Quizás él le había prestado su fuerte cuerpo, que no disminuía en tamaño ante la frialdad del agua, para que ella no se hundiera como un trozo de cemento hasta tocar fondo?
- Nos divertimos mucho ese día.
Se sintió mal. Nauseabundamente mal. Ryoga tenía el mismo aspecto. O peor. Lo miró mejor y se percató de que estaba petrificado, una mueca de inmenso desagrado le deformaba la boca. Tenía una imagen entre sus dedos poseídos por un sismo débil, y la dejó caer cuando no pudo contener más la perturbadora mezcla de emociones que se freían en su estómago y…
- ¡Blergh!- Vomitó, apenas sí apartándose lo suficiente como para no ensuciar los pisos.
Después, colapsó. En un rápido movimiento, el extraño lo tomó del brazo antes de que cayera de bruces sobre la tierra. Shampoo hizo una mueca de asco. Era la única que seguía estando ahí, en pie, fiel, aunque contrariada. Con una delicadeza que parecía ajena, el alto y corpulento joven depositó al de la bandana cerca de Kasumi, quien le pasó un paño frío por las mejillas.
- Creo que hoy ha sido un día agitado.- La maternal hermana mayor continuó abanicando y reconfortando al conmocionado Hibiki, que seguía sin volver en sí.
- Lamento mucho los problemas. Eh… Tendo-sama, repararé su techo antes de irme.
- No es necesario.- Se negó el aludido, pero no pudo rechazar más la oferta cuando el más joven le dijo:
- Hay nubes en el cielo, lloverá esta noche.
¿Cómo podía saberlo? "Nos salió metereólogo, el idiota". Con sus desconfiados ojos azules, palpó el cielo a través del agujero que había hecho en el tejado. Efectivamente, estaba nublado y la bóveda sobre Nerima transmutaba de un tono terracota a uno cada vez más oscuro. Iba a llover. "Ni siquiera tuvo que mirar para saberlo". Estoico, pausado, indescifrable, así era Kano para Ranma. Quizás había echado un vistazo a la predicción del clima más temprano, aún así, seguía siendo anormal que diera en el clavo con tanta precisión. "Todo es anormal". La ausencia de Akane, la debilidad de Ryoga, la contemplación de Shampoo, el polo casi transparente de Akane, la aceptación de Soun, el apoyo de su padre, las kilométricas caderas de Akane, la hospitalidad de Kasumi, la piel tierna y empapada de Akane, su propio silencio.
- Joven Kano, si repara el techo se hará muy tarde. ¿Por qué no se queda a dormir esta noche?
- ¡Kasumi, eso…!- La traición, el dolor, hermano. Su vida entera era un gran meme, pero este le venía como anillo al dedo. La persona menos esperada le estaba dando una puñalada por la espalda..
- Sería un honor hospedarte por esta noche.- ¡Y otro! Quiso buscar los ojos de su padre en complicidad, pero vio que estaban clavados con coraje en el rostro de su, antes, mejor amigo.
- Se los agradezco, señorita Kasumi y Soun-sama.- Acompañó sus palabras con una reverencia.
Y eso fue todo. Él iba a pasar la noche ahí, bajo el techo que solo estaba destinado a albergar a los Tendo y a los Saotome. ¿Acaso Soun estaba loco? Un mastodonte así podía pasar por encima de él y adueñarse de su casa. ¿Cómo podía exponer a sus dos hijas? Quizá no debería sorprenderle, después de todo, también los había recibido a él y a su padre con los brazos abiertos. Y a Ryoga. Y a cuantas personas fueran a aparecerse. Incluso al maestro Happosai. "¡Ese maldito viejo libidinoso tiene la culpa!". Él lo había entrenado y lo había vuelto fuerte. Pero eso no se quedaría así. La vieja momia que Shampoo insistía en llamar bisabuela lo ayudaría. Luego de lo que la china había visto, seguro hasta le rogaría a Cologne que lo entrenara.
No se quedó más tiempo a escuchar los detalles sobre la reparación del techo o cuáles serían sus aposentos. Apenas vio a Kasumi salir en busca del teléfono para llamar al doctor Tofu, se encaminó hacia ella.
- ¿Por qué hiciste eso?- La encaró, encontrándola con el teléfono en la mano.
- Disculpa, Ranma, estoy preocupada por Ryoga y necesito llamar al…
- ¿Por qué?- Inquirió, posando su mano sobre el cuerpo del aparato, dispuesto a machacarlo si no obtenía una respuesta. ¿Lo haría? Con lo molesto que estaba, quizás.
- Shampoo también puede quedarse si se hace muy tarde.- Respondió, con su característica gentileza.
- ¡No quiero que se quede! ¿Por qué lo invitaste?- Levantó el teléfono, sin estrellarlo aún.
- Es lo que hace un buen anfitrión, primer cuñadito.- Nabiki estaba a sus espaldas.- Ya antes hemos hospedado a muchos de tus amigos, ¿por qué un amigo de Akane no puede quedarse?
- ¡Ese no es su amigo!- ¿Lo rompería? No lo sabía. Esa no era su casa, en verdad, pero ya era muy tarde para pensar en ser buen huésped.
- Oh, cierto, es su prometido. Todavía mejor. Tus prometidas ya han dormido aquí antes… algunas incluso contigo… ¿por qué no podría quedarse Kano?
- ¡Eso fue diferente! ¡Yo jamás las traje…!
- Tampoco las echaste.
- ¡Nabiki, no…
- Nunca hiciste nada, Ranma, ¿por qué piensas hacerlo justo ahora?
Esta vez, fue Kasumi quien habló. Lentamente, de puntillas, tomó de entre las manos de Ranma el aparato. Marcó el número y llamó. Él se quedó ahí, escuchando, no porque quisiera. Nada en él respondía. Era cierto. ¿Qué pensaba hacer justo ahora? En estos últimos años, no había hecho más que rendirse. No había tenido el valor. ¿Qué quedaba por hacer? Aún atrayéndola de vuelta a la vida con el anzuelo de su amor, había sido tan patético como para luego dejarla a la deriva, pisoteando sus propias palabras. Negándolo todo. Negándola. Ni siquiera había sido capaz de hacer que respetaran su boda. Y después, para terminar de rematarla, le había dado la peor semana de su vida.
- Hola, doctor Tofu… estoy bien, gracias… ¡jajaja! Ay, doctor, pero qué gracioso es usted con sus ocurrencias...
Ryoga también se quedaría esa noche, al igual que Shampoo. ¿Por qué no era capaz de echarlos? ¿De reclamar lo que supuestamente iba a ser suyo? No se atrevía. Mientras, Kano ordenaba tablones de madera, presto a escalar ágilmente hasta la cúspide de la casa familiar como alguna vez también lo había hecho Genji Heita. Su padre se había preocupado en esa ocasión, pero lo que estaba pasando ahora era completamente diferente. Al ver subir al fornido chico, cargando maderos como si nada, el caballo imprudente supo que debía vencerlo a como diera lugar. "Kano, vas a caer".
- ¿Quieres saber qué le impactó tanto a Ryoga?
Sin darse cuenta, Kasumi ya había terminado con su llamada y era Nabiki la que estaba más cerca de él, hincándolo donde sabía que lograría hacerlo reaccionar: su curiosidad.
- ¥10,000 y te doy la foto que casi mata a P-chan. Y créeme, por lo que vas a ver, te la estoy cobrando barato.
