Cap 3
Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Las 2:47 de la mañana.
El viento nadando por entre las paredes exteriores del hogar Tendo, acariciando los árboles, susurrando por encima del agua platinada del estanque.
Un pez koi decidió saltar para regalarse a sí mismo un chapuzón.
Todo esto lo oía Ranma con atención, sin posibilidad de conciliar la paz que anteviene al sueño.
En sus manos estaba la prueba. Ryoga había sido más débil y no lo había soportado. Ahora dormitaba en alguna parte de la casa, tras las atenciones que el doctor Tofu, previa desaparición de Kasumi para evitar que la cura fuese peor que la enfermedad, le había prestado. Sus padres también se habían quedado, y ocupaban otra habitación. Así, él había quedado completamente solo ahí, con la evidencia que anunciaba la gran, gran vileza.
Quizás Shampoo hubiese ido a verlo de no ser porque le pagó extra a Nabiki para que viese la forma de regresarla al Neko Hanten. Entre lo que pagó por la foto y una noche en relativa paz, sus ahorros de dos meses se habían disuelto en menos de 24 horas. Pero no quería interrupciones. Lo que estaba por hacer le daba vergüenza. ¿Cómo no, si ese era uno de los motivos por los que jamás lograría superar a Kano ante Akane? Agarró el vaso de agua fría que había escabullido a su alcoba. No quería hacerlo, pero no podía más. La prueba estaba ahí y, aunque las figuras permanecían estáticas, era aliciente suficiente para recrear en su cabeza el ritual viperino que ese par había llevado a cabo. Sin más preámbulos, vació el contenido del vaso sobre su cabeza.
Y empezó a llorar.
Ranko le daba la libertad de hacerlo. Los lamentos de una mujer suenan menos ridículos que los de un hombre. No es masculino llorar. No es de hombres mostrar sentimientos. "¡Maldita sea, viejo!". Si tan solo su madre hubiese permanecido por más tiempo en su vida, durante esos cruciales años, muchas cosas ahora tendrían un mejor desenlace. Podría haber aprendido a sentir amor y sufrir por él sin miedo. No se habría cruzado con Ukyo. No habría enfrentado a Shampoo. No habría fragmentado su hombría en Jusenkyo. "Jusenkyo". El peor lugar del mundo. El lugar donde su orgullo había muerto y donde la parca había cortejado con insistencia a Akane. El lugar de sus pesadillas.
Aún así, la maldición del estanque de la mujer ahogada nunca había sido más útil que ahora. Las lágrimas partían desde el interior de sus párpados inferiores, deslizándose curvilíneamente por su rostro ya que se mecía de un lado a otro. Su cuerpo se ahogaba en electricidad. Estaba inquieto. Debía ir y… matarlo. Pero, ¿ella lo perdonaría? Todavía no le perdonaba por lo que había pasado durante esa semana tras su segundo fiasco de boda, tal vez no era buena idea agregar gasolina al infierno que era el temperamento de Akane. ¡También era su culpa! Si tan solo hubiese sido menos hosca y antipática, más asertiva y cariñosa. ¡Trataba a todos bien, a todos, y todos se enamoraban de ella y por eso todos merecían que los partiera un rayo! También lo había enamorado a él, a punta de golpes, gritos, atenciones, ayuda, preocupación, risas, lamentos, complicidad, sarcasmo. Entre todo eso, se había enamorado de ella. Y ahora, ¿qué?
- Ahora está comprometida con otro.
Se respondió a sí mismo, sintiendo la energía de un volcán desbordarse por sus venas. No iba a aguantarlo más. Si se mataban, se mataban. Si sobrevivían, pues sobrevivían. Si hablaban, hablaban. Pero iba a ir a enfrentarlo. De hombre a hombre.
- ¡Urgh, chikuso!- Pero antes, iría a calentar la tetera.
Se quemó un poco el pecho al calcular mal la temperatura. Pero ya estaba acostumbrado al agua caliente, hirviendo o ardiendo como el fuego.
Se dirigió hasta el dojo. Ahí estaría él, descansando plácidamente, creyéndose dueño ya de todo. ¡La dueña era Akane! Todo le pertenecía. ¿Quién se creía para andar diciendo que no permitiría destrozos, que arreglaría cosas? ¿Quién era él para decidir? Eso le correspondía a los Tendo. Aún cuando estuvieran casados, Ranma siempre había pensado en cuál sería su lugar. Él no tenía nada, y solo podía aspirar a ganarse lo que viniera a pulso. Y así, algún día, pasarle a sus hijos algo que fuese realmente suyo. "Nuestro". Esa era la idea. Y los planes cambiaban, cambiaban porque un gorila creído aparecía arrodillado frente a su prometida en una fotografía.
Sí, arrodillado, estrujando la mano de la joven de cabellos negros tornasolados. Hincado en una rodilla frente a ella, galantemente, bajo la refulgente luz de un sol que parecía haber brillado aún más solo para ellos dos aquel nefasto día. Ella, con un vestido blanco de verano, el que tendría que haber sabido que era su favorito porque la había mirado con hambre e ilusión el día en que se lo vio puesto de estreno, parecía avergonzada. ¡Se sonrojaba! Le había mostrado ese coqueto color granate que antaño solo rebosaban sus mejillas cuando era él, Ranma Saotome, quien, por azares que él mismo buscaba, se apachurraba contra ella.
En un arranque de celos de los que tan solo a él podían poseerlo, se metió el papel con la figura de ambos jóvenes risueños en la boca. Masticó la fotografía, cuya ligera capa plastificada hizo que fuese más difícil para él deshacerla con sus dientes. Sin lugar a dudas, esa cosa le causaría más indigestión que las fotos que Kodachi alguna vez imprimió para tratar de hacerle creer a Akane que se habían besado. Ya podía sentirlo, los bordes puntiagudos de ese desastroso tentempié nocturno luchando con su garganta al bajar. Luego, los ácidos de su estómago sin saber qué hacer para deshacerse de la cara de Kano y conservar la de Akane. Sintió un malestar incontrolable y supo enseguida que, a pesar de poder comer hasta piedras, digerir que su marimacho ya no fuese suya le era imposible.
Tuvo la impresión de estar acompañado y se detuvo al instante antes de salir de la casa. Quizás solo fuera su estómago, todavía debatiéndose por borrar completamente al chico desconocido de la foto y preservar el rostro de la joven, enmarcándolo así en su interior. Ya habían pasado 4 meses desde que la había visto y todavía se sentía ridículo por ir, entre noches, a revisar su habitación. A veces se quedaba con sus padres, a veces, con los Tendo, también había ido a entrenar a las montañas: pero siempre se encontraba de vuelta en el alféizar de su ventana, jurando que su instinto estaba en lo cierto, ahora sí, o que sus pasos tan conocidos le habían despertado, que había visto su sombra deambular o que las sábanas de su cama se habían movido un poco.
Esa noche, no fue a revisar su cuarto. Tenía un objetivo e iba a ejecutarlo, sin importar quién estuviese o no en el perímetro. Mientras más se acercaba a la entrada del dojo, más se alejaba de las atentas miradas de dos adultos que, resguardados por la oscuridad, podían atestiguar con calma los acontecimientos que estaban próximos a nacer. Habían visto, primero y con una gran gota de sudor en la cabeza, que el impetuoso caballo joven había salido olvidando la lluvia. Así, empapado y en forma femenina, lo habían visto regresar corriendo al interior de la casa y salir otra vez, como hombre y con una sombrilla.
- ¿No les preocupa?
- ¡Argh!
Ambos adultos se estremecieron ante la presencia de un tercero a sus espaldas. Era Nodoka, que traía té.
- ¿Qué haces despierta a estas horas, mujer?- Inquirió Genma, desviando la vista para fijarse en la bandeja y tratar de tomar un vaso.
- Gracias Nodoka.- Soun demoró más en intentar servirse algo
Los tres observaban con paciencia a Ranma ir hacia su mayor, e imprevisto, rival.
- Me preocupa mucho.- Nodoka se sentó al costado de su esposo, calentando sus manos con el té antes de sorberlo.
- A mí me preocupa más el descaro de algunos de llamarse amigos.- Soltó el hombre del turbante, con mala cara.
- Sabe, Genma-kun, que siempre he querido a Ranma para Akane. Pero no puedo obligarla a nada.
- ¡Antes no pensaba igual, querido amigo!
- ¡Antes mi hija no había huído!
Nodoka los paró a ambos con el chasquido amenazante del filo de la katana a medio desenvainar. El silencio reinó otra vez junto con la oscuridad. Ranma estaba por ingresar al dojo. Después de eso, los 3 debían estar atentos. Soun ya le había advertido a Kano que era posible que tuviese que enfrentarse nuevamente al que siempre había sido el único prometido de su hija y que, si eso ocurría, contradeciría las propias palabras de Akane en la carta.
El duelo debía llevarse a cabo ante ella. Cualquier otra pelea que dejase incapacitado a un contendiente oficial, y Kano y Ranma eran hasta el momento los únicos verdaderamente oficiales, podía considerarse como motivo de descalificación. Así, el patriarca Tendo esperaba lograr comprar tiempo. Kano era más fuerte que Ranma, pero Ranma era innegablemente ágil, tenaz y, por sobre todo, un cabezota sin remedio. En los breves segundos de duración que tuvo el combate más temprano, ambos hombres adultos habían podido darse cuenta de las terribles consecuencias que podrían sobrevenir si los dos menores se encaraban de nuevo.
- Quiero que su hijo se case con mi hija, Genma-kun.- Se sinceró, preparado para intervenir si es que la pelea dentro del dojo se salía de control.- Pero amo a mi hija.- Ante esto, ambos amigos no pudieron reprimir lagrimear un poco.
- Ya entró.- Musitó la única fémina que los acompañaba en vela, perdiendo de vista la silueta de quien ella más amaba en el mundo.
